La Historia Nos Observa

(Escrito en 🇪🇸🇲🇽– Written in 🇬🇧🇺🇸– Scritto in 🇮🇹🇸🇲– Rédigé en 🇫🇷🇨🇩– Escrito em 🇵🇹🇧🇷

🇪🇸ESPAÑOL🇲🇽

(Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto)

Conocer la historia es esencial para tener un pensamiento crítico acerca de lo que sucedió tiempo atrás, muy especialmente cuando hablamos del episodio más oscuro de nuestra historia como humanidad. Un episodio que supuso la negación absoluta de los derechos humanos inherentes de toda persona y de su dignidad humana inviolable.

Por muchas razones, el 27 de enero es una fecha particularmente especial. Lo es para todas aquellas personas que defendemos a ultranza, con firmeza, de manera incansable, y desde la más absoluta de las convicciones, los derechos humanos de toda persona, procurando, al mismo tiempo, que los errores y, sobre todo, los horrores del pasado nunca más vuelvan a repetirse. 

Dicho esto, hoy, Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto, y tal vez más que nunca, necesitamos mirar al pasado para rendir un sincero homenaje a los millones de víctimas inocentes que fueron asesinadas por la locura más irracional y abominable que el mundo ha conocido: el Holocausto. 

Aquel horror, aquel acto inhumano, negacionista de la propia humanidad, motivado por el odio más destructor, acabó cruelmente con la vida de millones de personas, arrebatándoles previamente su dignidad para después abolir por completo su humanidad. 

Nadie en este mundo, o al menos nadie que tenga un mínimo de decencia y de conocimiento de la historia, puede dudar que la Shoah fue el mayor acto de terrorismo de Estado conocido en toda la historia de la humanidad. Un acto despiadado de la propia humanidad en contra de sí misma y que estuvo amparada en la sinrazón más abominable y ungida desde la maldad más absoluta de todas.  

Cuando se cumple el 80º aniversario de la liberación del campo de concentración de Auschwitz-Birkenau, lugar en el que más de un millón de personas fueron salvajemente asesinadas, tenemos la obligación moral de rendir homenaje a quienes murieron a manos del odio destructor, que acabó con la vida de más de seis millones de judíos, entre hombres, mujeres y niños, y a los que hay que sumar prisioneros de guerra, gitano-romaníes, eslavos, polacos, homosexuales, masones, personas con discapacidad, republicanos españoles, testigos de Jehová, católicos y disidentes de toda aquella monstruosa barbarie. En total, según los cálculos de los últimos estudios, se estima que alrededor de 17 millones de personas fueron salvajemente asesinadas bajo la cobarde mirada y el silencio cómplice de quienes, a pesar de que sabían muy bien todo lo que estaba pasando, no hicieron  absolutamente nada para evitarlo. 

A lo largo de todo este tiempo, siempre hemos creído que la humanidad era capaz de aprender de sus propios errores y, sobre todo, de los horrores de hace décadas. Sin embargo, en los últimos años, estamos asistiendo, también prácticamente impasibles, al resurgimiento de aquellas sombras oscuras que traen la violencia más atroz, la discriminación más irracional e injusta y el odio más destructor. Y esas sombras están resurgiendo porque nunca se fueron, siempre han estado ahí, escondidas pero muy presentes en nuestra sociedad, esperando el momento adecuado para cernirse sobre ella. No reconocer esta realidad, no sería únicamente un acto de clara ignorancia, sino también la demostración de ese cinismo que todo lo envuelve y que solo contribuye a que la sociedad actual, y muy especialmente las generaciones más jóvenes, desconozca y olvide el pasado, corriendo, por tanto, el enorme riesgo de volver a repetir las mismas atrocidades y abominaciones contra nuestros semejantes. 

Ha pasado poco a poco y no nos hemos dado cuenta de ello. Ya no se esconden quienes, abiertamente, defienden y promueven la violencia, el odio y la discriminación en sus extremos más oscuros y tenebrosos. Han aguardado pacientemente esperando el momento para reaparecer cuestionando, trivializando y negando los derechos inherentes de toda persona y también los crímenes más atroces que la humanidad ha conocido jamás. Lo hacen desde la más aberrante de las crueldades restando importancia y negando toda responsabilidad a los criminales que perpetraron todo aquel horror desde la vileza e indignidad más absolutas.

Es cierto, de la misma manera en la que tenemos que reconocer que los errores del pasado pueden traer consigo los horrores que jamás han de repetirse, también hemos de ser conscientes de la necesidad de aprender la lección más importante de todas: NO PODEMOS PERMITIR QUE VUELVA A SUCEDER. Sin embargo, o no hemos aprendido nada, o, peor aún, hemos olvidado deliberadamente todo. A lo largo de estos 80 años la violencia se ha expandido por todo el mundo, la amenaza de la guerra global sigue en aumento, el sufrimiento de millones de víctimas inocentes lo impregna todo aunque los medios de comunicación apenas digan nada al respecto, y el genocidio, a lo largo de las últimas décadas, ha seguido estando y está muy presente. Así que, no, no parece que hayamos aprendido nada o, tal vez, hemos querido olvidar todo. Como humanidad, lo olvidamos todo durante las dictaduras en los países del Cono Sur de América Latina, lo olvidamos todo en Ruanda, lo olvidamos todo en la Guerra de los Balcanes, lo olvidamos todo en Darfur (Sudán), lo olvidamos todo en el antiguo Zaire (actual República Democrática del Congo), lo olvidamos todo en Myanmar con los rohingya, lo olvidamos todo en Ucrania y lo hemos vuelto a olvidar todo en Gaza. 

Los compromisos hay que cumplirlos y, cuando no se cumplen, hemos de exigir que se cumplan. Por todo el mundo, gobiernos e instituciones de todo color y orientación política han incumplido su palabra de incluir en sus programas educativos la enseñanza de lo sucedido durante el holocausto en centros de enseñanza de todos los niveles. Porque solo cuando conocemos la historia, cuando somos verdaderamente conscientes de la crudeza del pasado, somos capaces de actuar a tiempo y evitar que todo vuelva a repetirse. Conocer la historia es crucial si no queremos que el pasado se vuelva presente y amenace nuestro futuro. Y es que desconocer o negar la historia es también desconocer y negar la muerte y el sufrimiento de millones de víctimas inocentes, de sus familias y sus descendientes. Desconociendo o negando la historia volveremos a caer en el mismo error y cometeremos el mismo horror. Como decía Primo Levi, “aquellos que niegan Auschwitz estarían dispuestos a volver a hacerlo”. Y es verdad, porque, de alguna manera, ya está sucediendo aunque no seamos capaces o no queramos reconocerlo. 

El odio es muy poderoso, pero nuestra voluntad para vencerlo tiene que ser mucho más poderosa aún. Solo si somos capaces y tenemos voluntad real de querer vencer al odio estaremos rindiendo el mayor de los homenajes a todas las víctimas. Porque solo cuando el odio sea totalmente erradicado, cuando las naciones del mundo se unan para construir un mundo donde la igualdad, la justicia, la libertad y la paz imperen, lograremos un mundo donde el respeto hacia los derechos humanos y la dignidad humana inviolable de toda persona estén siempre presentes en nuestro día a día.

Esa es la razón que debe movernos a insistir en un único y verdadero mensaje de paz y de hermanamiento entre todas las naciones y entre todos los pueblos. Porque no hay un legado más valioso que dejar a las futuras generaciones que un mundo unido en la fraternidad universal y libre de toda forma de violencia, odio y discriminación. 

Honremos la memoria de quienes vieron sus vidas arrebatadas y mantengamos viva la luz de su recuerdo para ahuyentar a las sombras del pasado. 

Conozcamos la historia, reconozcamos el dolor, aprendamos del pasado.

Evitemos caer en el mismo error.

Porque la Historia nos observa. 

Antes de que sea tarde. 

🇬🇧ENGLISH🇺🇸

HISTORY IS WATCHING US

(International Holocaust Remembrance Day)

Knowing history is essential for critical thinking about what happened in the past, especially when it comes to the darkest episode in our history as humanity. An episode that involved the absolute denial of every person’s inherent human rights and inviolable human dignity.

For many reasons, 27 January is a particularly special date. It is for all those of us who defend the human rights of every person to the hilt, firmly, tirelessly and with the utmost conviction, while at the same time ensuring that the mistakes and, above all, the horrors of the past are never repeated. 

That said, today, International Day of Commemoration in Memory of the Victims of the Holocaust, and perhaps more than ever, we need to look to the past to pay heartfelt tribute to the millions of innocent victims who were murdered by the most irrational and abominable madness the world has ever known: the Holocaust. 

That horror, that inhuman, humanity-denying act, motivated by the most destructive hatred, cruelly took the lives of millions of people, first robbing them of their dignity and then completely abolishing their humanity. 

No one in this world, or at least no one with a modicum of decency and knowledge of history, can doubt that the Shoah was the greatest act of state terrorism known in the entire history of mankind. A ruthless act of humanity itself against itself, and one that was covered in the most abominable unreason and anointed with the most absolute evil of all.  

On the 80th anniversary of the liberation of the Auschwitz-Birkenau concentration camp, where more than a million people were savagely murdered, we have a moral obligation to pay tribute to those who died at the hands of destructive hatred, which took the lives of more than six million Jews, men, women and children, plus prisoners of war, Roma, Slavs, Poles, homosexuals, Freemasons, disabled people, Spanish Republicans, Jehovah’s Witnesses, Catholics and dissidents from all that monstrous barbarism. In total, according to the latest estimates, it is estimated that around 17 million people were savagely murdered under the cowardly gaze and complicit silence of those who, despite knowing full well what was going on, did absolutely nothing to prevent it. 

Throughout all this time, we have always believed that humanity was capable of learning from its own mistakes and, above all, from the horrors of decades ago. In recent years, however, we are witnessing, also virtually unmoved, the re-emergence of those dark shadows that bring the most heinous violence, the most irrational and unjust discrimination and the most destructive hatred. And those shadows are re-emerging because they never went away, they have always been there, hidden but very present in our society, waiting for the right moment to hover over it. Not recognising this reality would not only be an act of clear ignorance, but also a demonstration of that all-enveloping cynicism that only contributes to today’s society, and especially the younger generations, ignoring and forgetting the past, thus running the enormous risk of repeating the same atrocities and abominations against our fellow human beings. 

It has happened little by little and we have not realised it. Those who openly defend and promote violence, hatred and discrimination in their darkest and darkest extremes are no longer in hiding. They have waited patiently for the moment to reappear, questioning, trivialising and denying the inherent rights of every person and also the most heinous crimes humanity has ever known. They do so from the most abhorrent of cruelties, downplaying and denying any responsibility to the criminals who perpetrated all that horror from the most absolute vileness and indignity.

True, just as we must recognise that the mistakes of the past can bring with them horrors never to be repeated, we must also be aware of the need to learn the most important lesson of all: WE CANNOT ALLOW IT TO HAPPEN AGAIN. However, either we have learned nothing, or, worse still, we have deliberately forgotten everything. Over the past 80 years, violence has spread around the world, the threat of global war continues to grow, the suffering of millions of innocent victims permeates everything even if the media barely says anything about it, and genocide, over the past decades, has remained and is still very much present. So, no, we don’t seem to have learned anything or, perhaps, we have wanted to forget everything. As humanity, we forgot everything during the dictatorships in the Southern Cone countries of Latin America, we forgot everything in Rwanda, we forgot everything in the Balkan War, we forgot everything in Darfur (Sudan), we forgot everything in the former Zaire (now the Democratic Republic of Congo), we forgot everything in Myanmar with the Rohingya, we forgot everything in Ukraine and we have forgotten everything again in Gaza. 

Commitments must be honoured, and when they are not honoured, we must demand that they be honoured. All over the world, governments and institutions of all colours and political persuasions have failed to keep their word to include in their educational programmes the teaching of what happened during the Holocaust in schools at all levels. Because only when we know history, when we are truly aware of the harshness of the past, are we able to act in time and prevent it from happening again. Knowing history is crucial if we do not want the past to become present and threaten our future. To ignore or deny history is also to ignore and deny the death and suffering of millions of innocent victims, their families and their descendants. By ignoring or denying history, we will make the same mistake and commit the same horror. As Primo Levi said, ‘those who deny Auschwitz would be ready to do remake it’. And it is true, because, in a way, it is already happening even if we are unable or unwilling to recognise it. 

Hatred is very powerful, but our will to overcome it has to be much more powerful still. Only if we are able and have the real will to overcome hatred will we be paying the greatest tribute to all the victims. Because only when hatred is totally eradicated, when the nations of the world unite to build a world where equality, justice, freedom and peace prevail, will we achieve a world where respect for human rights and the inviolable human dignity of every person are always present in our daily lives.

That is why we must insist on a single true message of peace and brotherhood in all nations and among all peoples. For there is no more precious legacy to leave to future generations than a world united in universal brotherhood and free from all forms of violence, hatred and discrimination. 

Let us honour the memory of those whose lives were taken and keep alive the light of their memory to chase away the shadows of the past. 

Let us know the history, acknowledge the pain, learn from the past.

Let us avoid making the same mistake.

Because History is watching us. 

Before it is too late. 

🇮🇹ITALIANO🇸🇲

LA STORIA CI OSSERVA

(Giornata Internazionale di Commemorazione delle Vittime dell’Olocausto)

Conoscere la storia è essenziale per pensare criticamente a ciò che è accaduto nel passato, soprattutto quando si tratta dell’episodio più oscuro della nostra storia di umanità. Un episodio che ha comportato la negazione assoluta dei diritti umani intrinseci e della dignità umana inviolabile di ogni persona.

Per molte ragioni, il 27 gennaio è una data particolarmente speciale. È per tutti coloro che difendono i diritti umani di ogni persona fino in fondo, con fermezza, instancabilmente e con la massima convinzione, facendo in modo che gli errori e, soprattutto, gli orrori del passato non si ripetano mai più. 

Detto questo, oggi, Giornata internazionale di commemorazione in memoria delle vittime dell’Olocausto, e forse più che mai, dobbiamo guardare al passato per rendere un sentito omaggio ai milioni di vittime innocenti che sono state uccise dalla follia più irrazionale e abominevole che il mondo abbia mai conosciuto: l’Olocausto. 

Quell’orrore, quell’atto disumano, che nega l’umanità, motivato dall’odio più distruttivo, ha crudelmente tolto la vita a milioni di persone, privandole prima della loro dignità e poi abolendo completamente la loro umanità. 

Nessuno al mondo, o almeno nessuno con un minimo di decenza e conoscenza della storia, può dubitare che la Shoah sia stato il più grande atto di terrorismo di Stato conosciuto nell’intera storia dell’umanità. Un atto spietato dell’umanità stessa contro se stessa, ricoperto della più abominevole irragionevolezza e unto del male più assoluto.  

Nell’80° anniversario della liberazione del campo di concentramento di Auschwitz-Birkenau, dove più di un milione di persone furono selvaggiamente assassinate, abbiamo l’obbligo morale di rendere omaggio a coloro che sono morti per mano dell’odio distruttivo, che ha tolto la vita a più di sei milioni di ebrei, uomini, donne e bambini, oltre a prigionieri di guerra, rom, slavi, polacchi, omosessuali, massoni, disabili, repubblicani spagnoli, testimoni di Geova, cattolici e dissidenti da tutta quella mostruosa barbarie. In totale, secondo le ultime stime, si calcola che circa 17 milioni di persone siano state selvaggiamente assassinate sotto lo sguardo vile e il silenzio complice di chi, pur sapendo benissimo cosa stava accadendo, non ha fatto assolutamente nulla per impedirlo. 

In tutto questo tempo, abbiamo sempre creduto che l’umanità fosse in grado di imparare dai propri errori e, soprattutto, dagli orrori di decenni fa. Negli ultimi anni, però, stiamo assistendo, anche quasi impassibili, al riemergere di quelle ombre oscure che portano la violenza più efferata, la discriminazione più irrazionale e ingiusta e l’odio più distruttivo. E queste ombre stanno riemergendo perché non sono mai scomparse, sono sempre state lì, nascoste ma molto presenti nella nostra società, in attesa del momento giusto per aleggiare su di essa. Non riconoscere questa realtà non sarebbe solo un atto di evidente ignoranza, ma anche una dimostrazione di quel cinismo totalizzante che contribuisce solo a far sì che la società di oggi, e soprattutto le giovani generazioni, ignorino e dimentichino il passato, correndo così l’enorme rischio di ripetere le stesse atrocità e gli stessi abomini contro i nostri simili. 

È successo a poco a poco e non ce ne siamo resi conto. Coloro che difendono e promuovono apertamente la violenza, l’odio e la discriminazione nei loro estremi più oscuri e tenebrosi non si nascondono più. Hanno atteso pazientemente il momento di riapparire, mettendo in discussione, banalizzando e negando i diritti intrinseci di ogni persona e anche i crimini più efferati che l’umanità abbia mai conosciuto. Lo fanno partendo dalla più ripugnante delle crudeltà, sminuendo e negando ogni responsabilità ai criminali che hanno perpetrato tutto quell’orrore dalla più assoluta bassezza e indegnità.

È vero, così come dobbiamo riconoscere che gli errori del passato possono portare con sé orrori da non ripetere mai più, dobbiamo anche essere consapevoli della necessità di imparare la lezione più importante di tutte: NON POSSIAMO CONSENTIRE CHE AVVENGA DI NUOVO. Tuttavia, o non abbiamo imparato nulla o, peggio ancora, abbiamo deliberatamente dimenticato tutto. Negli ultimi 80 anni, la violenza si è diffusa in tutto il mondo, la minaccia di una guerra globale continua a crescere, la sofferenza di milioni di vittime innocenti permea tutto, anche se i media non ne parlano quasi mai, e il genocidio, negli ultimi decenni, è rimasto ed è ancora molto presente. Quindi, no, non sembra che abbiamo imparato nulla o, forse, abbiamo voluto dimenticare tutto. Come umanità, abbiamo dimenticato tutto durante le dittature nei Paesi del Cono Sud dell’America Latina, abbiamo dimenticato tutto in Ruanda, abbiamo dimenticato tutto nella guerra dei Balcani, abbiamo dimenticato tutto in Darfur (Sudan), abbiamo dimenticato tutto nell’ex Zaire (ora Repubblica Democratica del Congo), abbiamo dimenticato tutto in Myanmar con i Rohingya, abbiamo dimenticato tutto in Ucraina e abbiamo dimenticato di nuovo tutto a Gaza. 

Gli impegni devono essere rispettati e quando non lo sono, dobbiamo pretendere che lo siano. In tutto il mondo, governi e istituzioni di ogni colore e orientamento politico non hanno mantenuto la parola data di includere nei loro programmi educativi l’insegnamento di ciò che è accaduto durante l’Olocausto nelle scuole di ogni ordine e grado. Perché solo quando conosciamo la storia, quando siamo veramente consapevoli della durezza del passato, siamo in grado di agire in tempo e impedire che si ripeta. Conoscere la storia è fondamentale se non vogliamo che il passato diventi presente e minacci il nostro futuro. Ignorare o negare la storia significa anche ignorare e negare la morte e la sofferenza di milioni di vittime innocenti, delle loro famiglie e dei loro discendenti. Ignorando o negando la storia, commetteremo lo stesso errore e lo stesso orrore. Come disse Primo Levi, “chi nega Auschwitz è quello stesso che sarebbe pronto a rifarlo”. Ed è vero, perché, in un certo senso, sta già accadendo, anche se non siamo in grado o non vogliamo riconoscerlo. 

L’odio è molto potente, ma la nostra volontà di superarlo deve essere ancora più forte. Solo se saremo in grado e avremo la reale volontà di superare l’odio, renderemo il più grande tributo a tutte le vittime. Perché solo quando l’odio sarà totalmente sradicato, quando le nazioni del mondo si uniranno per costruire un mondo in cui prevalgano l’uguaglianza, la giustizia, la libertà e la pace, realizzeremo un mondo in cui il rispetto dei diritti umani e l’inviolabile dignità umana di ogni persona siano sempre presenti nella nostra vita quotidiana.

Per questo dobbiamo insistere su un unico vero messaggio di pace e fratellanza in tutte le nazioni e tra tutti i popoli. Perché non c’è eredità più preziosa da lasciare alle generazioni future di un mondo unito nella fratellanza universale e libero da ogni forma di violenza, odio e discriminazione. 

Onoriamo la memoria di coloro che sono stati uccisi e manteniamo viva la luce del loro ricordo per scacciare le ombre del passato. 

Conosciamo la storia, riconosciamo il dolore, impariamo dal passato.

Evitiamo di commettere lo stesso errore.

Perché la Storia ci osserva. 

Prima che sia troppo tardi.

🇫🇷FRANÇAIS🇨🇩

L’HISTOIRE NOUS OBSERVE

(Journée internationale dédiée à la mémoire des victimes de l’Holocauste)

Connaître l’histoire est essentiel pour avoir une pensée critique sur ce qui s’est passé dans le passé, en particulier lorsqu’il s’agit de l’épisode le plus sombre de notre histoire en tant qu’humanité. Un épisode qui a impliqué le déni absolu des droits humains inhérents et de la dignité humaine inviolable de chaque personne.

Pour de nombreuses raisons, le 27 janvier est une date particulièrement spéciale. Elle s’adresse à tous ceux d’entre nous qui défendent les droits de l’homme de chaque personne avec acharnement, fermeté, inlassablement et avec la plus grande conviction, tout en veillant à ce que les erreurs et, surtout, les horreurs du passé ne se répètent jamais. 

Cela dit, aujourd’hui, Journée internationale dédiée à la mémoire des victimes de l’Holocauste, et peut-être plus que jamais, nous devons nous tourner vers le passé pour rendre un hommage sincère aux millions de victimes innocentes qui ont été assassinées par la folie la plus irrationnelle et la plus abominable que le monde ait jamais connue : l’Holocauste. 

Cette horreur, cet acte inhumain et dénué d’humanité, motivé par la haine la plus destructrice, a cruellement ôté la vie à des millions de personnes, les privant d’abord de leur dignité, puis abolissant complètement leur humanité. 

Personne dans ce monde, ou du moins personne ayant un minimum de décence et de connaissance de l’histoire, ne peut douter que la Shoah a été le plus grand acte de terrorisme d’État connu dans toute l’histoire de l’humanité. Un acte impitoyable de l’humanité elle-même contre elle-même, couvert de la déraison la plus abominable et oint du mal le plus absolu qui soit.  

À l’occasion du 80e anniversaire de la libération du camp de concentration d’Auschwitz-Birkenau, où plus d’un million de personnes ont été sauvagement assassinées, nous avons l’obligation morale de rendre hommage à ceux qui sont morts aux mains d’une haine destructrice, qui a coûté la vie à plus de six millions de Juifs, hommes, femmes et enfants, ainsi qu’à des prisonniers de guerre, des Roms, des Slaves, des Polonais, des homosexuels, des francs-maçons, des handicapés, des Républicains espagnols, des Témoins de Jéhovah, des catholiques et des dissidents de cette barbarie monstrueuse. Au total, selon les dernières estimations, ce sont environ 17 millions de personnes qui ont été sauvagement assassinées sous le regard lâche et le silence complice de ceux qui, tout en sachant pertinemment ce qui se passait, n’ont absolument rien fait pour l’empêcher. 

Pendant tout ce temps, nous avons toujours cru que l’humanité était capable d’apprendre de ses propres erreurs et, surtout, des horreurs commises il y a des décennies. Cependant, ces dernières années, nous assistons, presque impassibles, à la réapparition de ces ombres sombres qui engendrent la violence la plus odieuse, la discrimination la plus irrationnelle et la plus injuste, et la haine la plus destructrice. Et ces ombres réapparaissent parce qu’elles n’ont jamais disparu, elles ont toujours été là, cachées mais bien présentes dans notre société, attendant le bon moment pour planer sur elle. Ne pas reconnaître cette réalité serait non seulement un acte d’ignorance manifeste, mais aussi une démonstration de ce cynisme omniprésent qui ne fait que contribuer à ce que la société d’aujourd’hui, et surtout les jeunes générations, ignorent et oublient le passé, courant ainsi le risque énorme de répéter les mêmes atrocités et abominations à l’encontre de nos semblables. 

Cela s’est produit petit à petit et nous ne nous en sommes pas rendu compte. Ceux qui défendent et promeuvent ouvertement la violence, la haine et la discrimination dans leurs extrêmes les plus sombres ne se cachent plus. Ils ont attendu patiemment le moment de réapparaître, remettant en question, banalisant et niant les droits inhérents à chaque personne ainsi que les crimes les plus odieux que l’humanité ait jamais connus. Ils le font à partir des cruautés les plus abominables, en minimisant et en refusant toute responsabilité aux criminels qui ont perpétré toute cette horreur à partir de la bassesse et de l’indignité les plus absolues.

Certes, tout comme nous devons reconnaître que les erreurs du passé peuvent entraîner des horreurs à ne jamais répéter, nous devons aussi être conscients de la nécessité d’apprendre la leçon la plus importante : NOUS NE POUVONS PAS LA PERMETTRE À NOUVEAU. Or, soit nous n’avons rien appris, soit, pire encore, nous avons délibérément tout oublié. Depuis 80 ans, la violence s’est répandue dans le monde, la menace d’une guerre mondiale ne cesse de croître, la souffrance de millions de victimes innocentes imprègne tout, même si les médias n’en parlent guère, et les génocides, au cours des dernières décennies, sont restés et restent encore très présents. Alors, non, il semble que nous n’ayons rien appris ou, peut-être, que nous ayons voulu tout oublier. En tant qu’humanité, nous avons tout oublié lors des dictatures dans les pays du cône sud de l’Amérique latine, nous avons tout oublié au Rwanda, nous avons tout oublié lors de la guerre des Balkans, nous avons tout oublié au Darfour (Soudan), nous avons tout oublié dans l’ancien Zaïre (aujourd’hui République démocratique du Congo), nous avons tout oublié au Myanmar avec les Rohingyas, nous avons tout oublié en Ukraine et nous avons encore tout oublié à Gaza. 

Les engagements doivent être respectés, et lorsqu’ils ne le sont pas, nous devons exiger qu’ils le soient. Partout dans le monde, des gouvernements et des institutions de toutes couleurs et de toutes tendances politiques n’ont pas tenu leur promesse d’inclure dans leurs programmes éducatifs l’enseignement de ce qui s’est passé pendant l’Holocauste dans les écoles à tous les niveaux. Car ce n’est que lorsque nous connaissons l’histoire, lorsque nous sommes réellement conscients de la dureté du passé, que nous sommes en mesure d’agir à temps et d’empêcher que cela ne se reproduise. Connaître l’histoire est essentiel si nous ne voulons pas que le passé devienne présent et menace notre avenir. Ignorer ou nier l’histoire, c’est aussi ignorer et nier la mort et la souffrance de millions de victimes innocentes, de leurs familles et de leurs descendants. En ignorant ou en niant l’histoire, nous commettrons la même erreur et la même horreur. Comme l’a dit Primo Levi, « ceux qui dénient la réalité d’Auschwitz seraient prêts à le refaire ». Et c’est vrai, parce que, d’une certaine manière, c’est déjà en train de se produire, même si nous ne pouvons pas ou ne voulons pas le reconnaître. 

La haine est très puissante, mais notre volonté de la surmonter doit l’être encore plus. Ce n’est que si nous sommes capables et si nous avons la volonté réelle de vouloir vaincre la haine que nous rendrons le plus grand hommage à toutes les victimes. Car ce n’est que lorsque la haine sera totalement éradiquée, lorsque les nations du monde s’uniront pour construire un monde où règnent l’égalité, la justice, la liberté et la paix, que nous parviendrons à un monde où le respect des droits de l’homme et de la dignité humaine inviolable de chaque personne sera toujours présent dans notre vie quotidienne.

C’est pourquoi nous devons insister sur un seul et véritable message de paix et de fraternité dans toutes les nations et entre tous les peuples. Car il n’y a pas d’héritage plus précieux à laisser aux générations futures qu’un monde uni dans la fraternité universelle et libéré de toute forme de violence, de haine et de discrimination. 

Honorons la mémoire de ceux qui ont perdu la vie et gardons vivante la lumière de leur souvenir pour chasser les ombres du passé. 

Connaissons l’histoire, reconnaissons la douleur, tirons les leçons du passé.

Évitons de commettre la même erreur.

Car l’histoire nous observe. 

Avant qu’il ne soit trop tard. 

🇵🇹PORTUGUÊS🇧🇷

A HISTÓRIA NOS OBSERVA

(Dia Internacional da Lembrança do Holocausto)

Conhecer a história é essencial para o pensamento crítico sobre o que aconteceu no passado, especialmente quando se trata do episódio mais negro da nossa história como humanidade. Um episódio que envolveu a negação absoluta dos direitos humanos inerentes a cada pessoa e da sua dignidade humana inviolável.

Por muitas razões, o dia 27 de janeiro é uma data particularmente especial. É para todos aqueles de nós que defendem os direitos humanos de cada pessoa até ao fim, com firmeza, incansavelmente e com a maior convicção, assegurando ao mesmo tempo que os erros e, sobretudo, os horrores do passado nunca mais se repitam. 

Dito isto, hoje, Dia Internacional de Comemoração em Memória das Vítimas do Holocausto, e talvez mais do que nunca, precisamos de olhar para o passado para prestar uma sentida homenagem aos milhões de vítimas inocentes que foram assassinadas pela mais irracional e abominável loucura que o mundo alguma vez conheceu: o Holocausto. 

Esse horror, esse ato desumano e negador da humanidade, motivado pelo ódio mais destrutivo, ceifou cruelmente a vida de milhões de pessoas, primeiro roubando-lhes a sua dignidade e depois abolindo completamente a sua humanidade. 

Ninguém neste mundo, ou pelo menos ninguém com um mínimo de decência e conhecimento da história, pode duvidar que a Shoah foi o maior ato de terrorismo de Estado conhecido em toda a história da humanidade. Um ato impiedoso da própria humanidade contra si própria, e que foi revestido da mais abominável desrazão e ungido com o mal mais absoluto de todos.  

No 80º aniversário da libertação do campo de concentração de Auschwitz-Birkenau, onde mais de um milhão de pessoas foram selvaticamente assassinadas, temos a obrigação moral de prestar homenagem àqueles que morreram às mãos do ódio destrutivo, que ceifou a vida de mais de seis milhões de judeus, homens, mulheres e crianças, além de prisioneiros de guerra, ciganos, eslavos, polacos, homossexuais, maçons, deficientes, republicanos espanhóis, testemunhas de Jeová, católicos e dissidentes de toda essa monstruosa barbárie. No total, segundo as últimas estimativas, calcula-se que cerca de 17 milhões de pessoas foram selvaticamente assassinadas sob o olhar cobarde e o silêncio cúmplice daqueles que, apesar de saberem muito bem o que se passava, não fizeram absolutamente nada para o impedir. 

Ao longo de todo este tempo, sempre acreditámos que a humanidade era capaz de aprender com os seus próprios erros e, sobretudo, com os horrores de décadas atrás. No entanto, nos últimos anos, estamos a assistir, também praticamente impassíveis, ao ressurgimento dessas sombras negras que trazem a violência mais hedionda, a discriminação mais irracional e injusta e o ódio mais destrutivo. E essas sombras estão a ressurgir porque nunca desapareceram, sempre estiveram lá, escondidas mas muito presentes na nossa sociedade, à espera do momento certo para pairar sobre ela. Não reconhecer esta realidade seria não só um ato de manifesta ignorância, mas também uma demonstração desse cinismo envolvente que só contribui para que a sociedade atual, e sobretudo as gerações mais jovens, ignorem e esqueçam o passado, correndo assim o enorme risco de repetir as mesmas atrocidades e abominações contra os nossos semelhantes. 

Aconteceu pouco a pouco e não nos apercebemos disso. Aqueles que defendem e promovem abertamente a violência, o ódio e a discriminação nos seus extremos mais obscuros e sombrios já não se escondem. Esperaram pacientemente pelo momento de reaparecer, questionando, banalizando e negando os direitos inerentes a cada pessoa e também os crimes mais hediondos que a humanidade já conheceu. Fazem-no a partir da mais abominável das crueldades, desvalorizando e negando qualquer responsabilidade aos criminosos que perpetraram todo esse horror a partir da mais absoluta vileza e indignidade.

É verdade que, tal como temos de reconhecer que os erros do passado podem trazer consigo horrores que nunca mais se repetirão, também temos de estar conscientes da necessidade de aprender a lição mais importante de todas: NÃO PODEMOS PERMITIR QUE ACONTEÇA DE NOVO. No entanto, ou não aprendemos nada, ou, pior ainda, esquecemo-nos deliberadamente de tudo. Nos últimos 80 anos, a violência espalhou-se por todo o mundo, a ameaça de uma guerra global continua a crescer, o sofrimento de milhões de vítimas inocentes permeia tudo, mesmo que os meios de comunicação social quase não digam nada sobre isso, e o genocídio, nas últimas décadas, manteve-se e continua bem presente. Portanto, não, não parece que tenhamos aprendido nada ou, talvez, tenhamos querido esquecer tudo. Como humanidade, esquecemo-nos de tudo durante as ditaduras nos países do Cone Sul da América Latina, esquecemo-nos de tudo no Ruanda, esquecemo-nos de tudo na Guerra dos Balcãs, esquecemo-nos de tudo no Darfur (Sudão), esquecemo-nos de tudo no antigo Zaire (atual República Democrática do Congo), esquecemo-nos de tudo em Myanmar com os Rohingya, esquecemo-nos de tudo na Ucrânia e voltámos a esquecer-nos de tudo em Gaza. 

Os compromissos têm de ser honrados e, quando não são honrados, temos de exigir que o sejam. Em todo o mundo, governos e instituições de todas as cores e convicções políticas não cumpriram a sua palavra de incluir nos seus programas educativos o ensino do que aconteceu durante o Holocausto nas escolas a todos os níveis. Porque só quando conhecemos a história, quando estamos verdadeiramente conscientes da dureza do passado, é que somos capazes de atuar a tempo e impedir que isso volte a acontecer. Conhecer a história é crucial se não quisermos que o passado se torne presente e ameace o nosso futuro. Ignorar ou negar a história é também ignorar e negar a morte e o sofrimento de milhões de vítimas inocentes, das suas famílias e dos seus descendentes. Ao ignorarmos ou negarmos a História, estaremos a cometer o mesmo erro e a cometer o mesmo horror. Como disse Primo Levi, “aqueles que negam Auschwitz estariam dispostos a fazê-lo novamente”. E é verdade, porque, de certa forma, já está a acontecer, mesmo que não consigamos ou não queiramos reconhecê-lo. 

O ódio é muito poderoso, mas a nossa vontade de o ultrapassar tem de ser ainda mais poderosa. Só se formos capazes e tivermos a verdadeira vontade de vencer o ódio é que estaremos a prestar a maior homenagem a todas as vítimas. Porque só quando o ódio for totalmente erradicado, quando as nações do mundo se unirem para construir um mundo onde prevaleça a igualdade, a justiça, a liberdade e a paz, conseguiremos um mundo onde o respeito pelos direitos humanos e a dignidade humana inviolável de cada pessoa estejam sempre presentes na nossa vida quotidiana.

É por isso que devemos insistir numa única e verdadeira mensagem de paz e de fraternidade em todas as nações e entre todos os povos. Porque não há herança mais preciosa a deixar às gerações futuras do que um mundo unido na fraternidade universal e livre de todas as formas de violência, ódio e discriminação. 

Honremos a memória daqueles cujas vidas foram ceifadas e mantenhamos viva a luz da sua memória para afastar as sombras do passado. 

Conheçamos a história, reconheçamos a dor, aprendamos com o passado.

Evitemos cometer o mesmo erro.

Porque a História nos observa. 

Antes que seja demasiado tarde.

Brillarás de nuevo

(Escrito en 🇪🇸🇲🇽– Written in 🇬🇧🇺🇸– Scritto in 🇮🇹🇸🇲– Rédigé en 🇫🇷🇨🇩– Escrito em 🇵🇹🇧🇷

🇪🇸ESPAÑOL🇲🇽

(Día Mundial de la Lucha contra la Depresión)

Quiero hacerte una pregunta muy personal. ¿Alguna vez te ha pasado que sientes un vacío dentro de ti que no puedes explicar? Es como si algo dentro de ti se apagara, aunque todo «parezca» estar bien. Yo también me he sentido así. Así que, no, no estás solo, no estás sola. Hoy, más que cualquier otro día, quiero hablarte de tú a tú, quiero hablarte desde el corazón. Eso sí, solo si tú me lo permites.

Mucha gente suele confundirse cuando intenta explicarlo, pero, no, la depresión no es únicamente estar triste. La depresión es una continua y auténtica batalla interna que muchas personas, quizá por miedo al estigma y al rechazo, enfrentan en silencio cada día y, a veces, desde la más absoluta soledad. Y aunque no siempre se ve, créeme, es algo muy real. A veces llega poco a poco, como un leve susurro, casi imperceptible, que te quita las ganas de levantarte de la cama. Otras veces es como un grito ensordecedor, que solo tú puedes oír y que te atrapa hasta dejarte totalmente inmóvil. Pero tengo que decirte algo muy importante: no, no te has roto; no, no eres la única persona a la que le pasa; y, sí, por supuesto que hay salida, por supuesto que hay esperanza. 

Hoy, 13 de enero, se celebra el Día Mundial de la Lucha contra la Depresión. Pero, más que celebrar nada, yo personalmente lo que quiero es abrazarte. Quiero hacerlo tan fuerte como sea posible si alguna vez nos vemos, o a través de estas palabras, porque, sin duda, cada una de ellas es un abrazo que espero que sientas mientras lees este texto. Y quiero abrazarte a ti y a todas aquellas personas que están luchando, a quienes han pedido ayuda porque no pueden más, y a quienes todavía no son capaces de encontrar el momento adecuado para decir: “Por favor, ayúdame, porque no puedo con esto”. 

Sé muy bien que pedir ayuda no es fácil. Nos hacen pensar que pedir ayuda es un signo de debilidad. Pero, no, no es así. Pedir ayuda es un acto de enorme valentía. ¿Por qué lo digo? Muy sencillo, porque en este mundo lleno de “tanta mierda”, de “cryptobros” cargados de testosterona, de “influencers” de la nada, de “coaches de vida saludable” y demás psicología barata, hay que ser muy valiente para mostrarse vulnerable, para llorar sin miedo, para decir “basta”, para decir “no quiero seguir así, no me merezco nada de todo esto”. Créeme, sé muy bien lo que es sentirse así de vulnerable. 

Convivir con la depresión es algo muy duro, pero no es algo que no se pueda vencer, porque claro que se puede. Siempre hay decenas de personas dispuestas a ayudarte. No, no me refiero solo a profesionales de la psicología y la psiquiatría, en los que siempre hay que confiar, también me refiero a nuestras familias, a nuestras amistades, a todas aquellas personas que están dispuestas a escucharte, a abrazarte y a secar tus lágrimas. Eso sí, admito que el primer paso puede dar mucho miedo, pero, al mismo tiempo, es el más importante, porque desde ese primer paso todo empieza a cambiar. Sí, muchas veces tendrás dudas y, no, no tienes que ser fuerte todo el tiempo. Llorar está bien, porque alivia la carga que llevamos dentro; tener ganas de “cagarse en todo lo que se mueve” es tan natural como reír con una buena serie de humor; y emocionarse cuando ves algo bello a tu alrededor es una muestra clara de que tu corazón sigue vivo. Y aunque creas que nunca vas a volver a estar bien, te prometo que no será así. Volverás a estarlo. Pero tienes que dar tú el primer paso y decir: “Necesito ayuda”. 

Así que, si conoces a alguien que esté pasando por esto, solo te pido una cosa: sé esa mano amiga. Muchas veces no hacen falta grandes discursos, grandes acciones ni piruetas en circos de siete pistas para arrancar una sonrisa. A veces, solo hace falta estar ahí. ¿Y qué es estar ahí? Pues un simple mensaje de buenos días con esas imágenes de florecillas y animalitos; un café por la tarde, un rato de conversación con el teléfono en manos libres mientras hacemos las cosas de casa, pero, sobre todo, un simple “hola, ¿cómo estás?” en el momento adecuado puede marcar una gran diferencia.  

Sabemos de sobra que la vida no es fácil. Es más, a veces es más complicada que las ecuaciones Navier-Stokes y la Hipótesis de Riemann juntas. Pero, aunque no siempre seamos capaces de verlo, también tiene momentos que valen la pena: los atardeceres que parecen que han sido pintados a mano, las risas inesperadas cuando nos cuentan un buen chiste, o esas travesuras y juegos de niños pequeños cuando corretean a nuestro alrededor. Esos momentos también están ahí y, aunque no puedas verlos ahora mismo, créeme, están esperándote. Tal vez tardes un poco más en verlos, pero los verás. Por tanto, quiero que te quede claro una cosa: no estás luchando en soledad. 

Hemos de ser capaces de comprender lo que significa vivir con depresión y tenemos que hacerlo desde la empatía, pero también desde la comprensión, la compasión, la bondad o, si lo prefieres, desde la esperanza que nace del amor de aquellas personas que nos rodean y que están dispuestas a ayudarte. 

Piensa que solo en la oscuridad notamos el brillo de las estrellas. 

Y aunque creas que tu luz se ha ido, volverá.

¿Quieres saber por qué lo sé?

Porque esa estrella eres tú.

Porque tú importas.

Brillarás de nuevo.

Confía en mí.

Lo sé.

🇬🇧ENGLISH🇺🇸

YOU WILL SHINE AGAIN

(World Day to Combat Depression)

I want to ask you a very personal question: Have you ever felt an emptiness inside you that you can’t explain? It’s as if something inside you shuts down, even though everything ‘seems’ fine. I’ve felt that way too. So, no, you are not alone, you are not alone. Today, more than any other day, I want to talk to you face to face, I want to talk to you from my heart. But only if you allow me to do so.

Many people often get confused when they try to explain it, but, no, depression is not just about being sad. Depression is a real and ongoing internal battle that many people, perhaps for fear of stigma and rejection, face in silence every day, sometimes in complete solitude. And although it is not always seen, believe me, it is very real. Sometimes it comes little by little, like a faint whisper, almost imperceptible, that makes you want to get out of bed. Other times it’s like a deafening scream that only you can hear and that traps you until you are completely immobile. But I have to tell you something very important: no, you are not broken; no, you are not the only one who is; and, yes, of course there is a way out, of course there is hope. 

Today, 13 January, is World Day to Combat Depression. But, more than celebrating anything, I personally want to embrace you. I want to do so as tightly as possible if we ever meet, or through these words, because, without a doubt, each one of them is a hug that I hope you feel as you read this text. And I want to hug you and all those people who are struggling, those who have asked for help because they can’t take it anymore, and those who are not yet able to find the right moment to say: ‘Please help me, because I can’t cope with this’. 

I know very well that asking for help is not easy. We are made to think that asking for help is a sign of weakness. But, no, it is not. Asking for help is an act of enormous courage. Why do I say that? Quite simply, because in this world full of ‘so much bullshit’, testosterone-fuelled ‘cryptobros’, ‘influencers’ out of nowhere, ‘healthy living coaches’ and other cheap psychology, it takes a lot of courage to be vulnerable, to cry without fear, to say ‘enough’, to say ‘I don’t want to go on like this, I don’t deserve any of this’. Believe me, I know very well what it’s like to feel this vulnerable. 

Living with depression is very hard, but it’s not something you can’t overcome, because of course you can. There are always dozens of people willing to help you. No, I don’t just mean psychology and psychiatry professionals, who are always to be trusted, I also mean our families, our friends, all those people who are willing to listen to you, to hug you and dry your tears. I admit that the first step can be very scary, but, at the same time, it is the most important, because from that first step everything starts to change. Yes, many times you will have doubts and, no, you don’t have to be strong all the time. Crying is okay, because it relieves the burden we carry inside; feeling like ‘shitting on everything that moves’ is as natural as laughing at a good comedy series; and getting excited when you see something beautiful around you is a clear sign that your heart is still alive. And even if you think you’ll never be well again, I promise you won’t be. You will. But you have to take the first step and say: ‘I need help’. 

So, if you know someone who is going through this, I ask only one thing of you: be that helping hand. Sometimes it doesn’t take big speeches, big actions or seven-ring circus stunts to bring a smile. Sometimes you just need to be there. And what does it mean to be there? Well, a simple good morning message with those pictures of little flowers and animals; a coffee in the afternoon, a moment of conversation with the phone on hands-free while we do the housework, but, above all, a simple ‘hello, how are you?’ at the right time can make a big difference.  

We know all too well that life is not easy. Indeed, it is sometimes more complicated than the Navier-Stokes equations and the Riemann Hypothesis put together. But, although we may not always be able to see it, it also has moments that are worthwhile: the sunsets that look as if they have been hand-painted, the unexpected laughter when we are told a good joke, or those antics and games of small children as they run around us. Those moments are there too, and even if you can’t see them right now, believe me, they are waiting for you. It may take you a little longer to see them, but you will see them. So I want to make one thing clear to you: you are not fighting alone. 

We have to be able to understand what it means to live with depression and we have to do it from empathy, but also from understanding, compassion, kindness or, if you prefer, from the hope that comes from the love of those people around us who are willing to help you. 

Think that it is only in the darkness that we notice the brightness of the stars. 

And even if you think your light has gone, it will come back.

Do you want to know why I know that?

Because that star is you.

Because you matter.

You will shine again.

Trust me.

I know you do.

🇮🇹ITALIANO🇸🇲

BRILLERAI DI NUOVO.

(Giornata mondiale della lotta contro la depressione)

Voglio farvi una domanda molto personale: avete mai sentito un vuoto dentro di voi che non riuscite a spiegare? È come se qualcosa dentro di voi si spegnesse, anche se tutto “sembra” andare bene. Anch’io mi sono sentito così. Quindi, no, non siete soli, non siete soli. Oggi, più di ogni altro giorno, voglio parlarti faccia a faccia, voglio parlarti con il cuore. Ma solo se mi permetterete di farlo.

Molte persone spesso si confondono quando cercano di spiegarlo, ma no, la depressione non è solo tristezza. La depressione è una battaglia interiore reale e continua che molte persone, forse per paura dello stigma e del rifiuto, affrontano in silenzio ogni giorno, a volte in completa solitudine. E anche se non sempre si vede, credetemi, è molto reale. A volte arriva a poco a poco, come un lieve sussurro, quasi impercettibile, che ti fa venire voglia di alzarti dal letto. Altre volte è come un urlo assordante che solo voi potete sentire e che vi intrappola fino a rendervi completamente immobili. Ma devo dirvi una cosa molto importante: no, non siete distrutti; no, non siete gli unici a esserlo; e sì, certo che c’è una via d’uscita, certo che c’è speranza. 

Oggi, 13 gennaio, è la Giornata Mondiale della lotta contro la depressione. Ma, più che celebrare qualcosa, personalmente voglio abbracciarvi. Voglio farlo nel modo più stretto possibile, se mai ci incontreremo, o attraverso queste parole, perché, senza dubbio, ognuna di esse è un abbraccio che spero sentiate mentre leggete questo testo. E voglio abbracciare voi e tutte le persone che stanno lottando, quelle che hanno chiesto aiuto perché non ce la fanno più, e quelle che non riescono ancora a trovare il momento giusto per dire: “Per favore, aiutatemi, perché non ce la faccio più”. 

So bene che chiedere aiuto non è facile. Ci viene fatto credere che chiedere aiuto sia un segno di debolezza. Ma non è così. Chiedere aiuto è un atto di enorme coraggio. Perché dico questo? Semplicemente perché in questo mondo pieno di “tante stronzate”, di “cryptobros” alimentate a testosterone, di “influencer” spuntati dal nulla, di “healthy living coach” e di altra psicologia da quattro soldi, ci vuole molto coraggio per essere vulnerabili, per piangere senza paura, per dire “basta”, per dire “non voglio andare avanti così, non mi merito niente di tutto questo”. Credetemi, so bene cosa significa sentirsi così vulnerabili. 

Vivere con la depressione è molto difficile, ma non è qualcosa che non si può superare, perché ovviamente si può. Ci sono sempre decine di persone disposte ad aiutarvi. No, non mi riferisco solo ai professionisti della psicologia e della psichiatria, di cui bisogna sempre fidarsi, ma anche alle nostre famiglie, ai nostri amici, a tutte quelle persone che sono disposte ad ascoltarti, ad abbracciarti e ad asciugarti le lacrime. Ammetto che il primo passo può essere molto spaventoso, ma, allo stesso tempo, è il più importante, perché da quel primo passo tutto inizia a cambiare. Sì, molte volte avrete dei dubbi e no, non dovete essere sempre forti. Piangere va bene, perché allevia il peso che ci portiamo dentro; sentirsi “cagare su tutto ciò che si muove” è naturale come ridere di una bella serie comica; ed emozionarsi quando si vede qualcosa di bello intorno a sé è un chiaro segno che il cuore è ancora vivo. E anche se pensate di non poter più stare bene, vi prometto che non sarà così. Lo farete. Ma dovete fare il primo passo e dire: “Ho bisogno di aiuto”. 

Quindi, se conoscete qualcuno che sta attraversando questo momento, vi chiedo solo una cosa: siate quella mano che vi aiuta. A volte non servono grandi discorsi, grandi azioni o acrobazie da circo a sette piste per strappare un sorriso. A volte basta essere presenti. E cosa significa essere presenti? Beh, un semplice messaggio di buongiorno con quelle immagini di fiorellini e animali; un caffè nel pomeriggio, un momento di conversazione con il telefono in vivavoce mentre facciamo i lavori di casa, ma soprattutto un semplice “ciao, come stai?” al momento giusto può fare una grande differenza.  

Sappiamo bene che la vita non è facile. Anzi, a volte è più complicata delle equazioni di Navier-Stokes e dell’ipotesi di Riemann messe insieme. Ma, anche se non siamo sempre in grado di vederlo, ha anche momenti che valgono la pena: i tramonti che sembrano dipinti a mano, le risate inaspettate quando ci viene raccontata una bella barzelletta, o le buffonate e i giochi dei bambini piccoli che ci corrono intorno. Anche questi momenti sono lì, e anche se non riuscite a vederli adesso, credetemi, vi stanno aspettando. Forse ci metterete un po’ di più a vederli, ma li vedrete. Quindi voglio che sia chiara una cosa: non state combattendo da soli. 

Dobbiamo essere in grado di capire cosa significa vivere con la depressione e dobbiamo farlo partendo dall’empatia, ma anche dalla comprensione, dalla compassione, dalla gentilezza o, se preferite, dalla speranza che nasce dall’amore per le persone che hanno bisogno di aiuto.

Pensate che è solo nell’oscurità che notiamo la luminosità delle stelle. 

E anche se pensate che la vostra luce si sia spenta, tornerà.

Volete sapere perché lo so?

Perché quella stella sei tu.

Perché voi siete importanti.

Tornerete a brillare.

Fidatevi di me.

So che è così.

🇫🇷FRANÇAIS🇨🇩

TU BRILLERAS À NOUVEAU

(Journée mondiale de lutte contre la dépression)

J’aimerais vous poser une question très personnelle : avez-vous déjà ressenti un vide intérieur que vous ne pouvez pas expliquer ? C’est comme si quelque chose en toi se refermait, même si tout « semble » aller bien. Cela m’est arrivé aussi. Alors, non, tu n’es pas seul, tu n’es pas seul. Aujourd’hui, plus que tout autre jour, je veux vous parler face à face, je veux vous parler avec mon cœur. Mais seulement si vous me le permettez.

De nombreuses personnes sont souvent confuses lorsqu’elles essaient de l’expliquer, mais non, la dépression n’est pas simplement une question de tristesse. La dépression est une bataille interne réelle et permanente que de nombreuses personnes, peut-être par peur de la stigmatisation et du rejet, affrontent en silence chaque jour, parfois dans une solitude absolue. Et bien qu’elle ne soit pas toujours visible, croyez-moi, elle est bien réelle. Parfois, elle arrive petit à petit, comme un léger murmure, presque imperceptible, qui vous donne envie de sortir du lit. D’autres fois, c’est comme un cri assourdissant que vous êtes le seul à entendre et qui vous emprisonne jusqu’à ce que vous soyez complètement immobile. Mais je dois vous dire quelque chose de très important : non, vous n’êtes pas brisé ; non, vous n’êtes pas le seul à l’être ; et, oui, bien sûr, il y a un moyen de s’en sortir, bien sûr, il y a de l’espoir. 

Aujourd’hui, 13 janvier, c’est la Journée mondiale de lutte contre la dépression. Mais, plus que de célébrer quoi que ce soit, je veux personnellement vous embrasser. Je veux le faire aussi étroitement que possible si nous nous rencontrons un jour, ou à travers ces mots, car, sans aucun doute, chacun d’entre eux est une étreinte que, je l’espère, vous ressentirez en lisant ce texte. Et je veux vous serrer dans mes bras, vous et tous ceux qui luttent, ceux qui ont demandé de l’aide parce qu’ils n’en pouvaient plus, et ceux qui n’ont pas encore trouvé le bon moment pour dire : « S’il vous plaît, aidez-moi, parce que je ne peux pas faire face à tout cela ». 

Je sais très bien qu’il n’est pas facile de demander de l’aide. On nous fait croire que demander de l’aide est un signe de faiblesse. Mais non, ce n’est pas le cas. Demander de l’aide est un acte de grand courage. Pourquoi est-ce que je dis cela ? Tout simplement parce que dans ce monde rempli de «  tant de conneries “, de ” cryptobros “ nourris à la testostérone, d” » influenceurs « sortis de nulle part, de “ coachs en vie saine ” et autre psychologie de bas étage, il faut beaucoup de courage pour être vulnérable, pour pleurer sans crainte, pour dire “ ça suffit ”, pour dire “ je ne veux pas continuer comme ça, je ne mérite rien de tout ça ”. Croyez-moi, je sais très bien ce que c’est que de se sentir aussi vulnérable. 

Vivre avec une dépression est très difficile, mais ce n’est pas quelque chose que vous ne pouvez pas surmonter, car bien sûr vous le pouvez. Il y a toujours des dizaines de personnes prêtes à vous aider. Non, je ne parle pas seulement des professionnels de la psychologie et de la psychiatrie, qui sont toujours dignes de confiance, mais aussi de nos familles, de nos amis, de toutes ces personnes qui sont prêtes à vous écouter, à vous serrer dans leurs bras et à sécher vos larmes. Je reconnais que le premier pas peut être très effrayant, mais en même temps, c’est le plus important, parce qu’à partir de ce premier pas, tout commence à changer. Oui, vous aurez souvent des doutes et, non, vous n’avez pas besoin d’être fort tout le temps. Pleurer est normal, car cela soulage le fardeau que nous portons en nous ; avoir envie de « chier sur tout ce qui bouge » est aussi naturel que de rire devant une bonne série comique ; et s’enthousiasmer lorsque vous voyez quelque chose de beau autour de vous est un signe clair que votre cœur est encore en vie. Et même si vous pensez que vous ne serez plus jamais bien, je vous promets que ce n’est pas le cas. Vous le serez. Mais vous devez faire le premier pas et dire : « J’ai besoin d’aide ». 

Alors, si vous connaissez quelqu’un qui traverse cette épreuve, je ne vous demande qu’une chose : soyez cette main secourable. Parfois, il n’y a pas besoin de grands discours, de grandes actions ou de cascades de cirque à sept pistes pour faire naître un sourire. Parfois, il suffit d’être là. Et qu’est-ce que cela signifie d’être là ? Un simple message de bonjour avec des images de petites fleurs et d’animaux, un café dans l’après-midi, un moment de conversation avec le téléphone en mains libres pendant que nous faisons le ménage, mais surtout, un simple « bonjour, comment allez-vous » au bon moment peut faire une grande différence.  

Nous ne savons que trop bien que la vie n’est pas facile. En effet, elle est parfois plus compliquée que les équations de Navier-Stokes et l’hypothèse de Riemann réunies. Mais, bien que nous ne puissions pas toujours le voir, elle comporte aussi des moments qui en valent la peine : les couchers de soleil qui semblent avoir été peints à la main, les rires inattendus lorsqu’on nous raconte une bonne blague, ou les pitreries et les jeux des petits enfants qui courent autour de nous. Ces moments sont là aussi, et même si vous ne les voyez pas en ce moment, croyez-moi, ils vous attendent. Il vous faudra peut-être un peu plus de temps pour les voir, mais vous les verrez. Je veux donc vous dire clairement une chose : vous ne vous battez pas seul. 

Nous devons être capables de comprendre ce que signifie vivre avec une dépression et nous devons le faire en faisant preuve d’empathie, mais aussi de compréhension, de compassion, de gentillesse ou, si vous préférez, de l’espoir qui naît de l’amour de ces personnes qui ont besoin d’aide.

Pensez que ce n’est que dans l’obscurité que nous remarquons l’éclat des étoiles. 

Et même si vous pensez que votre lumière s’est éteinte, elle reviendra.

Voulez-vous savoir pourquoi je sais cela ?

Parce que cette étoile, c’est toi.

Parce que tu es important.

Tu brilleras à nouveau.

Croyez-moi.

Je le sais.

🇵🇹PORTUGUÊS🇧🇷

VOLTARÁS A BRILHAR

(Dia Mundial da Luta contra a Depressão)

Quero fazer-te uma pergunta muito pessoal: alguma vez sentiste um vazio dentro de ti que não consegues explicar? É como se algo dentro de ti se fechasse, apesar de tudo “parecer” bem. Eu também já senti isso. Por isso, não, não estás sozinha, não estás sozinha. Hoje, mais do que em qualquer outro dia, quero falar contigo cara a cara, quero falar-te do meu coração. Mas só se me permitirem fazê-lo.

Muitas pessoas ficam confusas quando tentam explicar, mas não, a depressão não é apenas estar triste. A depressão é uma batalha interna real e contínua que muitas pessoas, talvez por medo do estigma e da rejeição, enfrentam em silêncio todos os dias, por vezes em completa solidão. E embora nem sempre se veja, acredite que é muito real. Por vezes, surge pouco a pouco, como um sussurro ténue, quase impercetível, que dá vontade de sair da cama. Outras vezes é como um grito ensurdecedor que só tu consegues ouvir e que te prende até ficares completamente imóvel. Mas tenho de te dizer uma coisa muito importante: não, não estás destroçado; não, não és o único que está; e, sim, claro que há uma saída, claro que há esperança. 

Hoje, 13 de janeiro, é o Dia Mundial da Luta contra a Depressão. Mas, mais do que celebrar o que quer que seja, quero pessoalmente abraçar-vos. Quero fazê-lo da forma mais apertada possível se alguma vez nos encontrarmos, ou através destas palavras, porque, sem dúvida, cada uma delas é um abraço que espero que sintam ao lerem este texto. E quero abraçá-lo a si e a todas as pessoas que estão a lutar, que pediram ajuda porque não aguentam mais, e que ainda não conseguiram encontrar o momento certo para dizer: “Por favor, ajude-me, porque não consigo aguentar isto”. 

Sei muito bem que pedir ajuda não é fácil. Somos levados a pensar que pedir ajuda é um sinal de fraqueza. Mas não, não é. Pedir ajuda é um ato de enorme coragem. Porque é que digo isto? Muito simplesmente, porque neste mundo cheio de “tanta treta”, de “criptobros” cheios de testosterona, de “influencers” do nada, de “healthy living coaches” e de outra psicologia barata, é preciso muita coragem para ser vulnerável, para chorar sem medo, para dizer “basta”, para dizer “não quero continuar assim, não mereço nada disto”. Acreditem, eu sei muito bem o que é sentir-se vulnerável. 

Viver com depressão é muito difícil, mas não é algo que não se possa ultrapassar, porque claro que se pode. Há sempre dezenas de pessoas dispostas a ajudar-nos. Não, não me refiro apenas aos profissionais de psicologia e psiquiatria, que são sempre de confiança, refiro-me também às nossas famílias, aos nossos amigos, a todas as pessoas que estão dispostas a ouvir-nos, a abraçar-nos e a secar as nossas lágrimas. Admito que o primeiro passo pode ser muito assustador, mas, ao mesmo tempo, é o mais importante, porque a partir desse primeiro passo tudo começa a mudar. Sim, muitas vezes vais ter dúvidas e, não, não tens de ser forte o tempo todo. Chorar não faz mal, porque alivia o fardo que carregamos dentro de nós; sentir vontade de “cagar em tudo o que mexe” é tão natural como rir de uma boa série de comédia; e entusiasmar-se quando vê algo bonito à sua volta é um sinal claro de que o seu coração ainda está vivo. E mesmo que penses que nunca mais vais estar bem, prometo-te que não vais estar. Vais ficar. Mas tens de dar o primeiro passo e dizer: “Preciso de ajuda”. 

Por isso, se conhece alguém que está a passar por isto, só lhe peço uma coisa: seja essa mão amiga. Por vezes, não são precisos grandes discursos, grandes acções ou acrobacias de circo de sete anéis para provocar um sorriso. Por vezes, basta estar presente. E o que é que significa estar presente? Bem, uma simples mensagem de bom dia com aquelas imagens de florzinhas e animais; um café à tarde, um momento de conversa com o telemóvel no modo mãos livres enquanto fazemos a lida da casa, mas, acima de tudo, um simples “olá, como estás?” na altura certa pode fazer uma grande diferença.  

Sabemos muito bem que a vida não é fácil. De facto, por vezes é mais complicada do que as equações de Navier-Stokes e a Hipótese de Riemann juntas. Mas, embora nem sempre o consigamos ver, também tem momentos que valem a pena: o pôr do sol que parece ter sido pintado à mão, as gargalhadas inesperadas quando nos contam uma boa piada, ou as travessuras e brincadeiras das crianças pequenas que correm à nossa volta. Esses momentos também existem e, mesmo que não os consiga ver agora, acredite que estão à sua espera. Pode demorar um pouco mais a vê-los, mas há-de vê-los. Por isso, quero deixar-vos uma coisa bem clara: não estão a lutar sozinhos. 

Temos de ser capazes de compreender o que significa viver com depressão e temos de o fazer a partir da empatia, mas também da compreensão, da compaixão, da bondade ou, se preferir, da esperança que vem do amor das pessoas que nos rodeiam e que estão dispostas a ajudar. 

Pense que é apenas na escuridão que notamos o brilho das estrelas. 

E mesmo que penses que a tua luz se apagou, ela voltará.

Queres saber porque é que eu sei isso?

Porque essa estrela és tu.

Porque tu és importante.

Voltarás a brilhar.

Confia em mim.

Eu sei que sim.

Samuel Luiz: La Sentencia

Hoy, día 8 de enero, la justicia ha hablado. La Audiencia de A Coruña ha dictado una condena total de 74 años y medio de prisión para los cuatro responsables de la muerte de Samuel Luiz, ocurrida en la madrugada del 3 de julio de 2021 en el paseo marítimo de la ciudad. La decisión sigue el veredicto del jurado, y la magistrada Elena Fernanda Pastor Novo ha detallado las penas para cada acusado. Diego M.M., al que se le aplicó la agravante de discriminación por orientación sexual, recibió 24 años de cárcel, casi el máximo permitido por la ley (25 años de prisión). Sin embargo, el jurado no consideró la agravante de ensañamiento, por lo que no alcanzó esa cifra. En la sentencia, la jueza explicó que pesaron mucho factores como la gravedad de lo sucedido, la participación directa de Diego desde el inicio hasta el final del ataque, y su falta de empatía hacia la víctima y su familia. Según sus palabras, Diego mostró “una crueldad y falta de humanidad que merecen un mayor reproche penal”.

Por otro lado, Alejandro F.G. fue condenado a 20 años de prisión. En su caso, no se aplicaron agravantes ni atenuantes, por lo que la pena se fijó en la mitad inferior del rango previsto (15 a 20 años). La jueza señaló que su papel fue destacado: atacó a Samuel por la espalda, lo inmovilizó y le impidió defenderse o escapar. Algo similar ocurrió con Kaio A.S.C., quien también recibió 20 años y medio, aunque su condena incluye tres años y medio adicionales por robo con violencia. Según el fallo, Kaio no tuvo un rol tan determinante como Diego y Alejandro, pero su participación en la agresión fue activa y evidente. Por último, Alejandro M.R., que actuó como cómplice, fue sentenciado a 10 años de cárcel. Aquí, la jueza optó por la pena inferior, que para los cómplices va de 7 años y medio a 15 años, porque aunque no golpeó directamente a Samuel, facilitó que la agresión siguiera adelante.

En el análisis de las condenas, la magistrada consideró la gravedad de los hechos, el sufrimiento causado a los padres de Samuel, tanto por la pérdida de su hijo como por las secuelas psicológicas, y la indiferencia de los condenados hacia la víctima, a quien dejaron abandonada en una rotonda, inconsciente y ensangrentada. Este abandono, según la jueza, añadió una carga de dolor especial para la familia.

La sentencia confirma que Samuel Luiz, de 24 años, murió tras una brutal agresión grupal que comenzó cuando Diego M.M., acompañado de su entonces pareja, Catherine S.B., creyó erróneamente que Samuel lo estaba grabando con el móvil mientras hacía una videollamada. El jurado consideró probado que Diego asumió que Samuel era homosexual y lo insultó con expresiones como: “DEJA DE GRABAR, A VER SI TE VOY A MATAR, MARICÓN”. Esta creencia desató una reacción violenta y discriminatoria. Diego se abalanzó de repente sobre Samuel, golpeándolo con puñetazos y patadas, centrándose en la cabeza y la cara. Poco después, su amigo Alejandro F.G. se unió al ataque, sujetando a Samuel por el cuello desde atrás.

En cuestión de segundos, más personas se sumaron al grupo agresor. Entre ellas estaba Kaio A.S.C., quien propinó al menos una patada, según la resolución. Mientras tanto, Alejandro M.R. permaneció cerca del lugar inicial, sin golpear, pero colaborando para impedir que Samuel escapara o recibiera ayuda. El jurado concluyó que Diego, Alejandro F.G., y Kaio lideraron la agresión, mientras que Alejandro M.R., como cómplice, contribuyó a bloquear cualquier posibilidad de defensa de Samuel.

El ataque fue despiadado. Samuel, superado en número y completamente indefenso, intentó huir con la ayuda de dos ciudadanos senegaleses, pero el grupo lo persiguió unos 150 metros antes de que cayera al suelo, inconsciente. En ese momento, los agresores, incluidos los cuatro acusados, se dispersaron por las calles cercanas. Según el fallo, Diego, Alejandro F.G. y Kaio sabían que los golpes podían acabar con la vida de Samuel y aceptaron ese riesgo. Alejandro M.R., aunque no golpeó directamente, entendió que su participación facilitaba el ataque y asumió las posibles consecuencias mortales.

Además, Kaio aprovechó el caos para robar el móvil de Samuel. Por todo esto, el jurado determinó que Diego, Alejandro F.G. y Kaio actuaron como coautores del asesinato, mientras que Alejandro M.R. fue considerado cómplice.

En cuanto a Catherine S.B., la pareja de Diego, el jurado concluyó que su participación fue pasiva. Según la sentencia, intentó frenar a Diego en un principio e incluso trató de separarlo de Samuel. Por esta razón, se la consideró no culpable.

La jueza destacó que el jurado tomó en cuenta testimonios contundentes y las grabaciones de las cámaras de tráfico y otros lugares cercanos, como un pub y una máquina de vending. También fue clave el análisis de los médicos forenses, quienes concluyeron que Samuel murió por una combinación de golpes. Detallaron más de treinta lesiones en su cuerpo, especialmente en la cabeza y el rostro, y explicaron que cada golpe amplificó el daño causado por los anteriores, siendo todos necesarios para el desenlace mortal.

El jurado consideró que los acusados actuaron con dolo homicida, en su modalidad de dolo eventual. Esto significa que, aunque quizás no buscaban directamente la muerte de Samuel, eran conscientes de que su brutal agresión podía terminar en eso y lo aceptaron. La jueza subrayó la violencia extrema del ataque, la elección de zonas vitales como la cabeza para golpear y la total indiferencia de los acusados hacia Samuel, incluso cuando ya estaba inconsciente y herido de muerte.

También se señaló la alevosía del ataque. Samuel fue sorprendido y rodeado por un grupo numeroso, sin posibilidad de defenderse ni escapar. Las pruebas indicaron que no tenía heridas defensivas, lo que refuerza la idea de que fue golpeado de manera constante hasta quedar inconsciente.

En cuanto a la indemnización, Diego, Alejandro F.G. y Kaio deberán pagar, de forma conjunta, 303.284 euros a los padres y a la hermana de Samuel. Alejandro M.R. será responsable subsidiario del 30 % de esa cantidad. Además, los tres principales condenados seguirán en prisión provisional, comunicada y sin fianza, mientras que la sentencia permite presentar recurso ante el Tribunal Superior de Justicia de Galicia (TSXG).

¿QUÉ NOS ESTÁ PASANDO?

La LGTBIfobia sigue siendo un problema grave y está lejos de desaparecer. Los crímenes de odio han aumentado de manera preocupante en los últimos años, y cada vez son más las personas que sufren violencia física, verbal o psicológica simplemente por ser quienes son. No podemos mirar hacia otro lado. Este odio, muchas veces normalizado o incluso alimentado por discursos de intolerancia, pone en peligro vidas y destruye familias. Como sociedad, no podemos permitir que la homofobia se cuele en nuestras calles, en nuestras conversaciones y en nuestras instituciones. Es hora de alzar la voz, educar en respeto y actuar para que nadie tenga que vivir con miedo por su orientación sexual o identidad.

Esto no es solo una sentencia, es un grito de justicia por Samuel Luiz, un joven que perdió la vida de una forma que nunca debió ocurrir. Lo que pasó aquella madrugada del 3 de julio de 2021 con Samuel fue una barbaridad, un brutal asesinato que deja claro hasta dónde puede llegar el odio y la intolerancia. ¿Cómo es posible que alguien pueda actuar con tanta crueldad, con tanta falta de humanidad? Golpes, insultos, amenazas… Y todo por un prejuicio absurdo, por una creencia infundada y discriminatoria. Esto no puede ni debe olvidarse.

El dolor de la familia de Samuel, que ha tenido que revivir una y otra vez esa noche, no se borrará nunca. Han perdido a un hijo, a un hermano, de una forma desgarradora. Y duele pensar que, mientras ellos sufrían, los culpables se dispersaban por las calles, como si no hubieran dejado a un joven tirado, moribundo, en una rotonda. Esa indiferencia duele casi tanto como los golpes que acabaron con su vida.

Pero esta condena, aunque nunca podrá devolver a Samuel, marca un camino. Es un mensaje claro: no hay lugar para la homofobia, para la violencia gratuita, para el odio en ninguna de sus formas.

La justicia ha hablado, y aunque el dolor sigue ahí, hoy al menos sabemos que el sistema ha respondido. Ojalá como sociedad aprendamos de esto, para que nadie más tenga que pasar por algo así.

Porque Samuel tenía toda la vida por delante.

Y se la arrebataron.