(Escrito en 🇪🇸🇲🇽 – Written in 🇬🇧🇺🇸)
🇪🇸ESPAÑOL🇲🇽
(Día de la Visibilidad Intersex)
Durante demasiado tiempo, hemos intentado que todos los cuerpos encajen en unas categorías muy concretas, como si solo existieran dos maneras posibles de ser y todo lo que se salga de ellas tuviera que corregirse. Nos cuesta aceptar aquello que no conocemos y, a veces, esa dificultad termina convirtiéndose en rechazo, discriminación e incluso en decisiones que pueden marcar la vida de una persona para siempre.
Pero, ¿por qué nos cuesta tanto aceptar que la naturaleza humana es diversa y que ningún cuerpo debería tener que cambiar para satisfacer las expectativas de los demás? Las personas intersexuales nacen con características sexuales que presentan variaciones respecto a las definiciones médicas tradicionales de los cuerpos típicamente masculinos o femeninos.
Estas características pueden estar relacionadas con los cromosomas, las hormonas, los genitales o los órganos reproductivos. Algunas se conocen desde el nacimiento, mientras que otras se descubren durante la adolescencia o en la edad adulta. No todas las personas que presentan estas variaciones utilizan el término intersexual para identificarse, por lo que también es importante respetar la forma en que cada cual entiende y describe su propia realidad.
Ser intersexual no determina la identidad de género ni la orientación sexual. Una persona intersexual puede identificarse como hombre, mujer o persona no binaria, y puede sentir atracción por personas de cualquier género. Son realidades diferentes que merecen ser comprendidas y respetadas. El problema no es la diversidad de nuestros cuerpos, sino que todavía buena parte de la sociedad considera que todo aquello que se aparta de lo habitual constituye un error que debe corregirse.
Una de las cuestiones más preocupantes es la realización de intervenciones quirúrgicas y otros procedimientos médicos irreversibles en bebés y menores intersexuales sin que exista una necesidad médica que justifique su realización inmediata. En algunos casos, estas intervenciones buscan adaptar la apariencia de sus genitales a los modelos tradicionales de masculinidad y feminidad.
Pensemos por un momento en lo que significa. Una criatura llega al mundo y, antes de poder comprender lo que sucede o expresar su voluntad, otras personas toman decisiones sobre su cuerpo que pueden tener consecuencias durante toda su vida. Algunas intervenciones pueden provocar dolor crónico, pérdida de sensibilidad, dificultades sexuales, infertilidad o sufrimiento emocional.
No todas las personas intersexuales experimentan estas consecuencias, y los riesgos dependen del procedimiento realizado y de las circunstancias individuales. Precisamente por eso, cualquier decisión médica debe basarse en la evidencia científica, en las necesidades concretas de la persona y en una valoración cuidadosa de sus posibles beneficios y riesgos.
Esto no significa rechazar la medicina ni negar que algunas personas necesiten tratamientos. Algunas variaciones de las características sexuales pueden requerir seguimiento médico o intervenciones para proteger la salud. Cuando existe una urgencia clínica, debe actuarse de acuerdo con las necesidades de la persona. La cuestión es distinguir esas situaciones de aquellas en las que se pretende modificar un cuerpo simplemente para ajustarlo a las expectativas sociales.
El interés superior de la infancia no puede confundirse con la obligación de tener un cuerpo que encaje en lo que otras personas consideran normal. Los menores necesitan protección, información adecuada y la posibilidad de participar en las decisiones que afectan a sus vidas según su edad y madurez. Cuando una intervención irreversible no es necesaria ni urgente y puede aplazarse sin poner en peligro la salud, debemos preguntarnos si no sería más respetuoso permitir que la propia persona participe en esa decisión cuando tenga capacidad suficiente para hacerlo.
La discriminación tampoco termina en los hospitales. Muchas personas intersexuales se enfrentan a burlas, acoso escolar, rechazo familiar, dificultades para recibir una atención sanitaria adecuada y situaciones en las que su intimidad no es respetada. A veces, el desconocimiento hace que otras personas se sientan con derecho a preguntar, juzgar o divulgar información que pertenece exclusivamente a la vida privada de alguien. Por eso es tan importante hablar de intersexualidad con naturalidad. No para obligar a nadie a contar su historia, sino para construir una sociedad en la que nadie tenga que esconderse por miedo al rechazo.
También necesitamos profesionales sanitarios preparados, familias que reciban información comprensible, centros educativos comprometidos con el respeto e instituciones capaces de prevenir los abusos, investigar las vulneraciones de derechos y ofrecer reparación a quienes las hayan sufrido. Sin embargo, esa formación sigue siendo insuficiente, por no decir prácticamente inexistente, en gran parte de los centros educativos, de trabajo, de atención sanitaria e, incluso, en la administración.
En España, referente internacional de la diversidad y la protección de los derechos LGTBI, la dignidad, la igualdad, la integridad física y moral, la intimidad y la protección de la salud cuentan con reconocimiento constitucional. Estos derechos deben servir también para proteger a quienes se encuentran en una situación de especial vulnerabilidad. La igualdad no significa que todos tengamos que ser iguales, sino que nadie debe recibir un trato injusto por ser diferente.
Debemos recordar, además, que las personas intersexuales no son un grupo homogéneo. Cada una tiene su propia historia, sus sentimientos y sus necesidades. Algunas desean compartir su experiencia y otras prefieren mantenerla en privado. Todas merecen el mismo respeto. Por eso, la lucha contra la discriminación requiere algo más que buenas palabras. Necesitamos información, educación, garantías jurídicas y decisiones políticas que sitúen a las personas en el centro. También necesitamos escuchar a quienes han vivido estas situaciones y reconocer que nadie conoce mejor su propia experiencia que la persona que la vive.
Al final, la pregunta es sencilla. ¿Queremos una sociedad que obligue a las personas a encajar o una sociedad en la que puedan vivir con dignidad sin tener que justificar su existencia? Como sociedad democrática, debemos ser capaces de dar una respuesta que proteja los derechos y la dignidad inherente de toda persona. Porque la diversidad humana no es una amenaza. Lo verdaderamente preocupante es que sigamos permitiendo que los prejuicios decidan sobre los cuerpos, las vidas y el futuro de otras personas.
Nadie debería pagar con su bienestar el precio de la comodidad social. La medicina debe cuidar, la educación debe enseñar a respetar y las instituciones deben garantizar derechos.
Ningún cuerpo necesita pedir permiso para existir y ninguna persona debería tener que sufrir para parecerse a lo que los demás esperan.
Los derechos humanos no se negocian.
Y la dignidad no se corrige.
Solo se respeta.

🇬🇧ENGLISH🇺🇸
Intersex People Need Rights
(Intersex Awareness Day)
For far too long, we have tried to make all bodies fit into very specific categories, as if there were only two possible ways of being and anything that fell outside them had to be corrected. We struggle to accept what we do not understand, and sometimes this difficulty turns into rejection, discrimination and even decisions that can affect a person’s life forever.
But why is it so difficult for us to accept that human nature is diverse and that no one should have to change their body to meet other people’s expectations? Intersex people are born with sex characteristics that vary from the traditional medical definitions of typically male or female bodies.
These characteristics may be related to chromosomes, hormones, genitals or reproductive organs. Some variations are identified at birth, while others are discovered during adolescence or adulthood. Not everyone with these variations identifies as intersex, so it is also important to respect the way each person understands and describes their own experience.
Being intersex does not determine a person’s gender identity or sexual orientation. An intersex person may identify as a man, a woman or a non binary person, and may be attracted to people of any gender. These are different aspects of human experience that deserve to be understood and respected. The problem is not the diversity of our bodies, but the fact that a large part of society still considers anything outside what is seen as usual to be a mistake that needs to be corrected.
One of the most worrying issues is the performance of irreversible surgery and other medical procedures on intersex babies and children when there is no medical need to carry them out immediately. In some cases, these procedures aim to make the appearance of their genitals conform to traditional ideas of masculinity and femininity.
Let us think for a moment about what this means. A child comes into the world and, before being able to understand what is happening or express their wishes, other people make decisions about their body that may have consequences throughout their life. Some procedures can cause chronic pain, loss of sensitivity, sexual difficulties, infertility or emotional distress.
Not all intersex people experience these consequences, and the risks depend on the procedure performed and the individual circumstances. That is precisely why every medical decision should be based on scientific evidence, the person’s specific needs and a careful assessment of the potential benefits and risks.
This does not mean rejecting medicine or denying that some people need treatment. Some variations in sex characteristics may require medical monitoring or interventions to protect a person’s health. When there is a medical emergency, action must be taken according to the person’s needs. The key is to distinguish these situations from those in which a body is changed simply to make it conform to social expectations.
The best interests of children must not be confused with an obligation to have a body that fits what other people consider normal. Children need protection, clear and appropriate information, and the opportunity to take part in decisions that affect their lives according to their age and maturity. When an irreversible procedure is neither necessary nor urgent and can be postponed without putting the child’s health at risk, we should ask ourselves whether it would be more respectful to allow the person to take part in that decision when they are mature enough to do so.
Discrimination does not end in hospitals. Many intersex people face ridicule, bullying at school, rejection by their families, difficulties accessing appropriate healthcare and situations in which their privacy is not respected. Sometimes, a lack of understanding leads people to believe they have the right to ask questions, pass judgement or disclose information that belongs entirely to someone else’s private life. That is why it is so important to talk about intersex people openly and naturally. Not to force anyone to share their story, but to build a society in which nobody has to hide for fear of rejection.
We also need properly trained healthcare professionals, families who receive clear and understandable information, schools committed to respect, and institutions capable of preventing abuse, investigating human rights violations and providing remedies to those who have suffered them. However, this training remains inadequate, if not virtually nonexistent, in many educational institutions, workplaces, healthcare settings and even public administrations.
In Spain, an international reference point for diversity and the protection of LGBTI rights, dignity, equality, physical and moral integrity, privacy and health protection are recognised in the Constitution. These rights must also serve to protect people in particularly vulnerable situations. Equality does not mean that we all have to be the same. It means that nobody should be treated unfairly for being different.
We must also remember that intersex people are not a homogeneous group. Each person has their own story, feelings and needs. Some wish to share their experiences, while others prefer to keep them private. Everyone deserves the same respect. That is why the fight against discrimination requires more than good words. We need information, education, legal safeguards and political decisions that put people at the centre. We also need to listen to those who have lived through these experiences and recognise that nobody understands their own experience better than the person living it.
In the end, the question is simple. Do we want a society that forces people to fit in, or one in which they can live with dignity without having to justify their existence? As a democratic society, we must be able to give an answer that protects the rights and inherent dignity of every person. Human diversity is not a threat. What is truly worrying is that we continue to allow prejudice to determine what happens to other people’s bodies, lives and futures.
Nobody should have to sacrifice their well being for the sake of social comfort. Medicine should care for people, education should teach respect, and institutions should protect rights.
No body needs permission to exist, and nobody should have to suffer to look the way other people expect them to.
Human rights are not negotiable.
And dignity cannot be corrected.
It can only be respected.


