Heridas que aún recuerdan

(Escrito en 🇪🇸🇲🇽– Written in 🇬🇧🇺🇸– Scritto in 🇮🇹🇸🇲– Rédigé en 🇫🇷🇨🇩– Escrito em 🇵🇹🇧🇷

🇪🇸ESPAÑOL🇲🇽

Hace ya más de veinte años ocurrió algo que nadie en España ha podido olvidar. El 11 de marzo de 2004 el tiempo se detuvo en Madrid de la forma más cruel imaginable. Aquella mañana, 192 personas fueron asesinadas y más de 2.000 resultaron heridas en una cadena de atentados terroristas cometidos en varios trenes que llegaban a distintas estaciones de la ciudad. Diez explosiones en cuatro trenes. Diez estallidos que rompieron vidas, familias y proyectos, y que dejaron una herida imposible de borrar en la historia reciente de nuestro país y, sobre todo, en el corazón de quienes perdieron a alguien y de todas las personas que sobrevivieron con cicatrices visibles e invisibles.

Tras el horror llegaron el desconcierto, el miedo y una tristeza colectiva difícil de describir. Pero junto al dolor empezó a extenderse algo más, una sensación de desinformación que se propagó rápidamente por toda la sociedad española. Desde muchos ámbitos se denunciaron intentos de manipulación deliberada por parte del Gobierno de José María Aznar respecto a la autoría de los atentados. Las semanas posteriores quedaron marcadas por la incertidumbre, la polémica y las dudas sobre quién había sido responsable de semejante barbaridad. Una discusión que no terminó entonces y que, más de dos décadas después, todavía sigue presente.

En las primeras horas, el Gobierno señaló a la organización terrorista ETA como autora de los ataques. Durante décadas, ETA había golpeado España dejando más de 850 víctimas mortales, por lo que esa hipótesis fue asumida rápidamente por gran parte de la población. Sin embargo, conforme avanzaban las horas y se iban conociendo nuevos datos, la investigación empezó a apuntar en otra dirección, ya que los atentados habían sido perpetrados por una célula terrorista vinculada a Al-Qaeda que actuó como represalia contra España por su participación en la Guerra de Iraq. Ese cambio en la explicación oficial provocó un enorme malestar social y abrió un profundo cuestionamiento sobre cómo se había gestionado la información en los primeros momentos.

Mientras el país entero lloraba a sus víctimas, la sensación de que había existido desinformación deliberada y posibles intentos de manipulación no solo afectó a la percepción de la realidad por parte de la ciudadanía, sino también al clima político del momento. Un clima que, en cierta forma, ha dejado huella durante estas dos décadas. Todo ocurrió además a pocos días de unas elecciones generales que terminaron produciendo un vuelco electoral inesperado, marcado por la sensibilidad social, el descontento ciudadano y la creciente desconfianza hacia las declaraciones oficiales sobre la autoría de los atentados.

El Gobierno de José María Aznar, que además no se presentaba a la reelección, fue duramente criticado por su gestión informativa. Muchos cuestionaron la rapidez con la que se atribuyó la autoría a ETA sin pruebas sólidas que lo respaldaran. Aquello alimentó teorías conspirativas, sospechas y la sensación de que podían existir motivaciones políticas ocultas tras la versión oficial que se ofrecía en aquellos primeros días.

La sociedad española, rota por el dolor y la conmoción, quedó dividida entre quienes confiaban en la versión inicial del Gobierno y quienes reclamaban algo muy simple, una investigación profunda, rigurosa y transparente. La ciudadanía quería saber la verdad. Una verdad que muchos sintieron que había sido ocultada por intereses partidistas.

Sea como fuere, la tragedia del 11 de marzo dejó cicatrices emocionales que tardarán generaciones en cerrarse. También evidenció algo inquietante, que como sociedad somos especialmente vulnerables ante la manipulación informativa cuando el miedo, el dolor y la incertidumbre lo ocupan todo.

Mientras España entera lloraba a las víctimas, también exigía transparencia a sus gobernantes. No pedía nada extraordinario. Pedía lo mínimo. Y ese mínimo era simplemente la verdad.

Con el paso de los años, las investigaciones judiciales confirmaron de manera clara la vinculación de los atentados con células terroristas relacionadas con Al-Qaeda. El juicio posterior a los responsables, salvo aquellos que murieron al hacer explotar el piso de Leganés donde se escondían, en cuya explosión también perdió la vida un agente de los GEO, dejó establecido quién estaba detrás de la masacre. Pero además evidenció algo igualmente importante, la necesidad de combatir la desinformación intencionada, un problema que, por desgracia, sigue muy presente en nuestra sociedad.

Las teorías seguirán circulando, muchas sin pruebas ni base racional alguna. Pero por encima de todo permanece algo indiscutible, el deber colectivo de recordar. Recordar a quienes perdieron la vida, a quienes sobrevivieron, a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y a tantas personas anónimas que, sin pensarlo dos veces, corrieron a ayudar en medio de aquel escenario insoportable de dolor, caos y muerte.

Hoy, más que nunca, la memoria debe unirnos por encima de cualquier diferencia. Porque recordar no es abrir heridas, sino impedir que el olvido las borre.

Porque aquel día no lloraron solo las víctimas ni sus familias. Lloró un país entero, consciente de su fragilidad y de su humanidad compartida.

Porque nuestras lágrimas fueron las lágrimas de todo un país… y siguen cayendo cada vez que recordamos sus nombres, sus historias y todo lo que nos arrebataron.

Olvidar nunca fue una opción.

Y recordar es de justicia.

🇬🇧ENGLISH🇺🇸
Wounds That Still Remember

More than twenty years ago something happened that no one in Spain has been able to forget. On the 11th of March 2004 time came to a cruel standstill in Madrid. That morning 192 people were killed and more than 2,000 were injured in a series of terrorist attacks carried out on several trains arriving at different stations across the city. Ten explosions on four trains. Ten blasts that shattered lives families and plans, leaving a wound impossible to erase from the recent history of our country and, above all, in the hearts of those who lost someone and of all those who survived with both visible and invisible scars.

After the horror came confusion fear and a collective sadness that is difficult to describe. But alongside the pain something else began to spread a sense of disinformation that moved rapidly through Spanish society. Many voices denounced deliberate attempts at manipulation by the government of José María Aznar regarding who was responsible for the attacks. The following weeks were marked by uncertainty controversy and questions about who had carried out such atrocity. A debate that did not end then and that, more than two decades later, still resonates today.

In the first hours the government pointed to the terrorist organisation ETA as being behind the attacks. For decades ETA had struck Spain leaving more than 850 people dead so that hypothesis was quickly accepted by much of the population. However, as the hours passed and new information came to light the investigation began to point in another direction because the attacks had been carried out by a terrorist cell linked to Al-Qaeda acting in retaliation against Spain for its involvement in the Iraq War. That change in the official explanation caused widespread public anger and prompted deep questioning about how information had been handled in those early hours.

While the whole country mourned its victims the sense that there had been deliberate disinformation and possible attempts at manipulation affected not only people’s perception of reality but also the political climate of the moment. A climate that in some ways has left its mark over the past twenty years. Everything happened just days before a general election that ended in an unexpected political shift driven by social sensitivity public discontent and growing distrust in the official statements about who was responsible for the attacks.

The government of José María Aznar, who was not standing for re-election, was heavily criticised for its handling of information. Many questioned the speed with which ETA was blamed without solid evidence to support it. This fed conspiracies suspicions and the sense that hidden political motives might have been behind the official version presented in those first days.

Spanish society, broken by grief and shock, was divided between those who trusted the government’s initial version and those who demanded something very simple a thorough rigorous and transparent investigation. Citizens wanted to know the truth, a truth that many felt had been hidden for partisan reasons.

Whatever the case the tragedy of the 11th of March left emotional scars that will take generations to heal. It also revealed something troubling that as a society we are particularly vulnerable to manipulation of information when fear grief and uncertainty occupy everything.

While all of Spain mourned the victims it also demanded transparency from its leaders. Nothing extraordinary was asked. Only the minimum and that minimum was simply the truth.

Over the years judicial investigations clearly confirmed the connection of the attacks to terrorist cells linked to Al-Qaeda. The subsequent trial of the perpetrators, except for those who died when the Leganés safe house exploded in which one GEO agent also lost his life, established exactly who was behind the massacre. But it also revealed something equally important the need to fight deliberate disinformation a problem that, unfortunately, still persists in our society.

Theories will continue to circulate many without any evidence or rational basis. But above all something remains indisputable the collective duty to remember. To remember those who lost their lives those who survived the forces and security services and the countless anonymous people who without hesitation ran to help in that unbearable scene of pain chaos and death.

Today more than ever memory must bring us together above all differences because to remember is not to open wounds but to prevent forgetfulness from erasing them.

Because that day it was not only the victims or their families who cried. The whole country wept aware of its fragility and shared humanity.

Because our tears were the tears of an entire country and they continue to fall every time we recall their names their stories and all that was taken from us.

Forgetting was never an option.

And remembering is justice.

🇮🇹ITALIANO🇸🇲
Ferite che ancora ricordano

Più di venti anni fa accadde qualcosa che nessuno in Spagna è riuscito a dimenticare. L’11 marzo 2004 il tempo si fermò a Madrid nel modo più crudele immaginabile. Quella mattina 192 persone furono uccise e più di 2.000 rimasero ferite in una serie di attentati terroristici compiuti su diversi treni in arrivo in varie stazioni della città. Dieci esplosioni su quattro treni. Dieci esplosioni che distrussero vite famiglie e progetti, lasciando una ferita impossibile da cancellare nella storia recente del nostro Paese e, soprattutto, nei cuori di chi aveva perso qualcuno e di tutte le persone sopravvissute con cicatrici visibili e invisibili.

Dopo l’orrore arrivarono confusione paura e un dolore collettivo difficile da descrivere. Ma accanto al dolore iniziò a diffondersi qualcos’altro, una sensazione di disinformazione che si propagò rapidamente in tutta la società spagnola. Da molti ambienti furono denunciati tentativi deliberati di manipolazione da parte del governo di José María Aznar riguardo alla responsabilità degli attentati. Le settimane successive furono segnate dall’incertezza dalla polemica e dai dubbi su chi fosse stato responsabile di tale atrocità. Una discussione che non terminò allora e che, più di due decenni dopo, è ancora presente.

Nelle prime ore il governo indicò l’organizzazione terroristica ETA come autrice degli attacchi. Per decenni ETA aveva colpito la Spagna causando più di 850 vittime, quindi quell’ipotesi fu rapidamente accettata da gran parte della popolazione. Tuttavia, con il passare delle ore e l’emergere di nuove informazioni, le indagini cominciarono a indirizzarsi in un’altra direzione perché gli attentati erano stati compiuti da una cellula terroristica collegata ad Al-Qaeda che aveva agito come rappresaglia contro la Spagna per la sua partecipazione alla Guerra in Iraq. Questo cambiamento nella spiegazione ufficiale provocò un grande malcontento sociale e portò a un profondo dubbio su come fossero state gestite le informazioni nelle prime ore.

Mentre l’intero Paese piangeva le sue vittime, la sensazione che ci fosse stata una disinformazione deliberata e possibili tentativi di manipolazione influenzò non solo la percezione della realtà da parte dei cittadini ma anche il clima politico del momento. Un clima che in qualche modo ha lasciato il segno negli ultimi venti anni. Tutto accadde inoltre pochi giorni prima delle elezioni generali che portarono a un inaspettato ribaltamento elettorale segnato dalla sensibilità sociale dal malcontento dei cittadini e dalla crescente sfiducia nelle dichiarazioni ufficiali sulla responsabilità degli attentati.

Il governo di José María Aznar, che inoltre non si ricandidava, fu duramente criticato per la gestione delle informazioni. Molti contestarono la rapidità con cui fu attribuita la responsabilità a ETA senza solide prove a sostegno. Questo alimentò teorie del complotto sospetti e la sensazione che potessero esserci motivazioni politiche nascoste dietro la versione ufficiale fornita in quei primi giorni.

La società spagnola, spezzata dal dolore e dallo shock, rimase divisa tra chi credeva nella versione iniziale del governo e chi chiedeva qualcosa di molto semplice una indagine approfondita rigorosa e trasparente. I cittadini volevano conoscere la verità, una verità che molti sentivano fosse stata nascosta per motivi di parte.

Ad ogni modo la tragedia dell’11 marzo lasciò cicatrici emotive che ci vorranno generazioni per rimarginarsi. Rivelò anche qualcosa di inquietante, che come società siamo particolarmente vulnerabili alla manipolazione delle informazioni quando paura dolore e incertezza occupano tutto.

Mentre l’intera Spagna piangeva le vittime, chiedeva anche trasparenza ai propri governanti. Non si chiedeva nulla di straordinario. Solo il minimo e quel minimo era semplicemente la verità.

Con il passare degli anni le indagini giudiziarie confermarono chiaramente il legame degli attentati con cellule terroristiche collegate ad Al-Qaeda. Il successivo processo ai responsabili, eccetto coloro che morirono nell’esplosione dell’appartamento di Leganés dove si nascondevano e in cui perse la vita anche un agente dei GEO, stabilì chi fosse dietro la strage. Ma mise in luce anche qualcosa di altrettanto importante la necessità di combattere la disinformazione intenzionale un problema che purtroppo è ancora molto presente nella nostra società.

Le teorie continueranno a circolare molte senza alcuna prova o base razionale. Ma sopra ogni cosa rimane qualcosa di indiscutibile il dovere collettivo di ricordare. Ricordare chi ha perso la vita chi è sopravvissuto le Forze e i Corpi di Sicurezza dello Stato e le tante persone anonime che senza pensarci due volte corsero ad aiutare in quello scenario insopportabile di dolore caos e morte.

Oggi più che mai la memoria deve unirci al di sopra di ogni differenza perché ricordare non è riaprire ferite ma impedire che l’oblio le cancelli.

Perché quel giorno non piansero solo le vittime o le loro famiglie. Pianse un intero Paese consapevole della propria fragilità e della sua umanità condivisa.

Perché le nostre lacrime furono le lacrime di un intero Paese e continuano a cadere ogni volta che ricordiamo i loro nomi le loro storie e tutto ciò che ci è stato tolto.

Dimenticare non è mai stata un’opzione.

E ricordare è giustizia.

🇫🇷FRANÇAIS🇨🇩
Des blessures qui se souviennent encore

Il y a plus de vingt ans, il s’est passé quelque chose que personne en Espagne n’a pu oublier. Le 11 mars 2004, le temps s’est arrêté à Madrid de la manière la plus cruelle imaginable. Ce matin-là, 192 personnes ont été tuées et plus de 2 000 ont été blessées dans une série d’attentats terroristes perpétrés dans plusieurs trains arrivant dans différentes gares de la ville. Dix explosions sur quatre trains. Dix explosions qui ont brisé des vies des familles et des projets et qui ont laissé une blessure impossible à effacer dans l’histoire récente de notre pays et, surtout, dans le cœur de ceux qui ont perdu un être cher et de toutes les personnes qui ont survécu avec des cicatrices visibles et invisibles.

Après l’horreur sont venus la confusion la peur et une tristesse collective difficile à décrire. Mais à côté de la douleur, quelque chose d’autre a commencé à se répandre, un sentiment de désinformation qui s’est propagé rapidement dans toute la société espagnole. De nombreux voix ont dénoncé des tentatives délibérées de manipulation de la part du gouvernement de José María Aznar concernant la responsabilité des attentats. Les semaines suivantes ont été marquées par l’incertitude la polémique et le questionnement sur qui avait été responsable d’une telle atrocité. Un débat qui ne s’est pas terminé à ce moment-là et qui, plus de deux décennies plus tard, est encore présent.

Dans les premières heures, le gouvernement a désigné l’organisation terroriste ETA comme étant à l’origine des attaques. Pendant des décennies, ETA avait frappé l’Espagne causant plus de 850 morts, si bien que cette hypothèse a été rapidement acceptée par une grande partie de la population. Cependant, au fil des heures et avec la découverte de nouvelles informations, l’enquête a commencé à prendre une autre direction, car les attentats avaient été commis par une cellule terroriste liée à Al-Qaïda qui agissait en représailles contre l’Espagne pour sa participation à la guerre en Irak. Ce changement dans l’explication officielle a provoqué une grande colère dans la société et a suscité un profond questionnement sur la manière dont les informations avaient été gérées dans les premières heures.

Alors que tout le pays pleurait ses victimes, le sentiment qu’il y avait eu une désinformation délibérée et de possibles tentatives de manipulation a affecté non seulement la perception de la réalité par les citoyens mais aussi le climat politique du moment. Un climat qui, d’une certaine manière, a laissé sa trace au cours de ces vingt dernières années. Tout cela s’est produit à quelques jours seulement d’élections générales qui ont conduit à un retournement électoral inattendu marqué par la sensibilité sociale le mécontentement des citoyens et la méfiance croissante envers les déclarations officielles concernant la responsabilité des attentats.

Le gouvernement de José María Aznar, qui ne se représentait pas, a été vivement critiqué pour sa gestion de l’information. Beaucoup ont remis en question la rapidité avec laquelle ETA a été accusée sans preuves solides pour l’étayer. Cela a alimenté des théories du complot des soupçons et la sensation que des motifs politiques cachés pouvaient se trouver derrière la version officielle présentée dans ces premiers jours.

La société espagnole, brisée par la douleur et le choc, est restée divisée entre ceux qui croyaient à la version initiale du gouvernement et ceux qui réclamaient quelque chose de très simple une enquête approfondie rigoureuse et transparente. Les citoyens voulaient connaître la vérité, une vérité que beaucoup ont senti avoir été cachée pour des raisons partisanes.

Quoi qu’il en soit, la tragédie du 11 mars a laissé des cicatrices émotionnelles qui mettront des générations à guérir. Elle a également révélé quelque chose de préoccupant, que nous sommes en tant que société particulièrement vulnérables à la manipulation de l’information lorsque la peur la douleur et l’incertitude envahissent tout.

Alors que toute l’Espagne pleurait ses victimes, elle exigeait également de la transparence de la part de ses dirigeants. Rien d’extraordinaire n’était demandé. Juste le minimum et ce minimum était simplement la vérité.

Au fil des années, les enquêtes judiciaires ont clairement confirmé le lien des attentats avec des cellules terroristes liées à Al-Qaïda. Le procès ultérieur des responsables, à l’exception de ceux qui sont morts lors de l’explosion de l’appartement de Leganés où ils se cachaient et dans laquelle un agent des GEO a également perdu la vie, a établi exactement qui était derrière le massacre. Mais cela a également mis en évidence quelque chose d’aussi important la nécessité de lutter contre la désinformation intentionnelle un problème qui malheureusement reste très présent dans notre société.

Les théories continueront de circuler, beaucoup sans aucune preuve ni fondement rationnel. Mais par-dessus tout quelque chose demeure indiscutable le devoir collectif de se souvenir. Se souvenir de ceux qui ont perdu la vie de ceux qui ont survécu des forces et corps de sécurité de l’État et des innombrables anonymes qui sans hésitation se sont précipités pour aider dans cette scène insupportable de douleur chaos et mort.

Aujourd’hui plus que jamais la mémoire doit nous unir au-dessus de toute différence car se souvenir ce n’est pas rouvrir les blessures mais empêcher l’oubli de les effacer.

Parce que ce jour-là ce ne sont pas seulement les victimes ou leurs familles qui ont pleuré. Tout un pays a pleuré conscient de sa fragilité et de son humanité partagée.

Parce que nos larmes étaient les larmes d’un pays entier et elles continuent de couler chaque fois que nous nous rappelons leurs noms leurs histoires et tout ce qui nous a été enlevé.

Oublier n’a jamais été une option.

Et se souvenir c’est justice.

🇵🇹PORTUGUÊS🇧🇷
Feridas que ainda se lembram

Há mais de vinte anos aconteceu algo que ninguém em Espanha conseguiu esquecer. A 11 de março de 2004 o tempo parou em Madrid da forma mais cruel imaginável. Naquela manhã 192 pessoas foram assassinadas e mais de 2.000 ficaram feridas numa série de atentados terroristas cometidos em vários comboios que chegavam a diferentes estações da cidade. Dez explosões em quatro comboios. Dez explosões que destruíram vidas famílias e projectos e que deixaram uma ferida impossível de apagar na história recente do nosso país e, acima de tudo, no coração daqueles que perderam alguém e de todas as pessoas que sobreviveram com cicatrizes visíveis e invisíveis.

Após o horror vieram a confusão o medo e uma tristeza colectiva difícil de descrever. Mas ao lado da dor começou a espalhar-se algo mais uma sensação de desinformação que se propagou rapidamente por toda a sociedade espanhola. Muitos denunciavam tentativas deliberadas de manipulação por parte do governo de José María Aznar relativamente à responsabilidade pelos atentados. As semanas seguintes ficaram marcadas pela incerteza polémica e dúvidas sobre quem teria sido responsável por tal atrocidade. Um debate que não terminou na altura e que mais de duas décadas depois ainda continua presente.

Nas primeiras horas o governo apontou a organização terrorista ETA como responsável pelos ataques. Durante décadas a ETA tinha atingido a Espanha causando mais de 850 vítimas mortais pelo que essa hipótese foi rapidamente aceite por grande parte da população. No entanto à medida que as horas passavam e surgiam novos dados a investigação começou a apontar noutra direcção pois os atentados tinham sido perpetrados por uma célula terrorista ligada à Al-Qaeda que agiu em represália contra a Espanha pela sua participação na Guerra do Iraque. Essa mudança na explicação oficial causou grande indignação social e suscitou um profundo questionamento sobre como a informação tinha sido gerida nas primeiras horas.

Enquanto todo o país chorava as suas vítimas a sensação de que tinha existido desinformação deliberada e possíveis tentativas de manipulação afectou não só a perceção da realidade por parte da população mas também o clima político do momento. Um clima que de certa forma deixou marcas ao longo destas duas décadas. Tudo aconteceu ainda poucos dias antes de umas eleições gerais que acabaram por produzir uma inversão eleitoral inesperada marcada pela sensibilidade social pelo descontentamento dos cidadãos e pela crescente desconfiança nas declarações oficiais sobre a autoria dos atentados.

O governo de José María Aznar que para além disso não se recandidatava foi duramente criticado pela forma como geriu a informação. Muitos questionaram a rapidez com que se atribuiu a autoria à ETA sem provas sólidas que a sustentassem. Isso alimentou teorias da conspiração suspeitas e a sensação de que poderiam existir motivações políticas ocultas por detrás da versão oficial apresentada nesses primeiros dias.

A sociedade espanhola partida pela dor e pelo choque ficou dividida entre quem confiava na versão inicial do governo e quem exigia algo muito simples uma investigação profunda rigorosa e transparente. A população queria saber a verdade uma verdade que muitos sentiram ter sido ocultada por interesses partidários.

Seja como for a tragédia de 11 de março deixou cicatrizes emocionais que levarão gerações a sarar. Revelou também algo inquietante que enquanto sociedade somos especialmente vulneráveis à manipulação de informação quando o medo a dor e a incerteza ocupam tudo.

Enquanto toda a Espanha chorava as vítimas também exigia transparência aos seus governantes. Não se pedia nada de extraordinário apenas o mínimo e esse mínimo era simplesmente a verdade.

Ao longo dos anos as investigações judiciais confirmaram claramente a ligação dos atentados a células terroristas relacionadas com a Al-Qaeda. O julgamento posterior dos responsáveis exceto aqueles que morreram na explosão do apartamento de Leganés onde se escondiam e na qual também morreu um agente dos GEO determinou exactamente quem estava por detrás da matança. Mas revelou também algo igualmente importante a necessidade de combater a desinformação intencional um problema que infelizmente continua muito presente na nossa sociedade.

As teorias continuarão a circular muitas sem qualquer prova ou base racional. Mas acima de tudo permanece algo indiscutível o dever colectivo de recordar. Recordar quem perdeu a vida quem sobreviveu as Forças e Corpos de Segurança do Estado e as dezenas de pessoas anónimas que sem pensar duas vezes correram a ajudar naquele cenário insuportável de dor caos e morte.

Hoje mais do que nunca a memória deve unir-nos acima de qualquer diferença porque recordar não é abrir feridas mas impedir que o esquecimento as apague.

Porque nesse dia não choraram apenas as vítimas ou as suas famílias chorou um país inteiro consciente da sua fragilidade e da sua humanidade partilhada.

Porque as nossas lágrimas foram as lágrimas de um país inteiro e continuam a cair cada vez que recordamos os seus nomes, as suas histórias e tudo o que nos foi tirado.

Esquecer nunca foi uma opção.

E recordar é justiça.

¿Mediación en el bullying?

(Escrito en 🇪🇸🇲🇽– Written in 🇬🇧🇺🇸)

🇪🇸ESPAÑOL🇲🇽

Hay ideas que, a priori, suenan bien desde el primer momento. Ideas que parecen modernas, dialogantes y casi incuestionables. Una de ellas es esa que afirma que la mediación sirve para prevenir el acoso escolar y el bullying.

Es verdad, suena razonable, suena pedagógico y suena, incluso, humano. Pero el problema es que no siempre es verdad. ¿Por qué? Porque antes de hablar de soluciones bonitas conviene llamar a las cosas por su nombre.

Seamos claros, el bullying no es un conflicto entre iguales. No es una discusión, no es un malentendido, ni tampoco un choque de caracteres entre dos alumnos. El acoso es violencia, es una relación desigual en la que una persona ejerce poder sobre otra de manera repetida, consciente y, sobre todo, dañina. Y cuando confundimos violencia con “conflicto” empezamos a equivocarnos desde el principio. Y algunos errores pueden llegar a ser tan dramáticos como mortales. Ya lo hemos visto muchas veces en los medios de comunicación. Por tanto, la pregunta es, ¿vamos a seguir equivocándonos por mucho más tiempo? Porque, sí, el bullying no es solo una «cosa de niños». El bullying es un delito. Y, a veces, ese delito puede acabar con la vida de la víctima.

A ver, es verdad que la mediación funciona cuando dos personas discuten porque ambas tienen algo que negociar. Pero en el acoso escolar no hay negociación posible. ¿Qué negocia la víctima? ¿Que la insulten menos? ¿Que la excluyan solo algunos días? ¿Que el daño sea un poco más llevadero? ¿Que la agredan solo los días impares o solo dos recreos a la semana? No, no se puede mediar cuando tenemos situaciones como estas y mucho menos si están prolongadas en el tiempo.

Sentar frente a frente a quien sufre y a quien agrede bajo la idea de que ambos deben dialogar puede parecer progresista. Quizá en algún momento funcione, pero muchas veces solo traslada a la víctima una responsabilidad que nunca debió asumir. Y eso es añadir aún mucha más presión sobre una víctima que, como en muchas ocasiones, ya no lo puede soportar más.

Vivimos tiempos en los que se habla mucho de la cultura del diálogo, pero muy poco de cultura de la protección. Cuando un menor está siendo acosado no necesita primero dialogar, lo que necesita es sentirse seguro, necesita que los adultos intervengan y necesita que alguien diga claramente que lo que ocurre está mal, que es injusto, que no es negociable y que, por supuesto, no es culpa suya.

El problema es que la mediación, mal entendida, resulta muy cómoda para las instituciones. ¿Por qué? Porque permite “gestionar” el problema sin enfrentarlo del todo. Convierte una situación de violencia en un asunto relacional entre estudiantes, en un mero caso de “problemas de convivencia” y diluye las responsabilidades de los centros educativos ante posibles casos de omisión, negligencia e, incluso, dolo.

La mediación puede ser útil en los primeros momentos, pero nunca cuando la situación ya está enraizada en el tiempo y el daño a la víctima, tanto físico como moral, ya está hecho y es profundo. Aparentemente, en la mediación todos participan, todos hablan y todos parecen aprender algo. Pero, mientras tanto, el mensaje que puede quedar flotando es peligroso. ¿Y qué mensaje es? Pues que todo se arregla hablando, que nadie es realmente responsable y que ambas partes han contribuido al problema. ¿En serio? ¿La víctima también es responsable de la violencia que sufre? ¿También ha contribuido al problema por ser objeto de una agresión continuada por el color de su piel, su país de procedencia, su aspecto físico, su clase social, su orientación sexual, su identidad de género, su cultura, su religión, su enfermedad, su discapacidad o, simplemente, porque sí?

No, no todo se arregla hablando y mucho menos cuando alguien está siendo humillado cada día. Además, existe un matiz que rara vez se menciona, y es que la víctima suele aceptar la mediación no porque quiera, sino porque teme empeorar las cosas, porque no quiere ser señalada y porque desea que todo termine cuanto antes. Entonces, es ahí cuando el sistema celebra un acuerdo que quizá nunca fue “libre” del todo. Y el consentimiento sin libertad ni es consentido ni tampoco es libre. Así que prevenir el bullying no consiste solo en enseñar a las víctimas a “dialogar mejor” con quienes las dañan, sino en crear entornos donde el abuso no encuentre espacio para crecer, con adultos que estén presentes, con normas claras, con una intervención temprana y con una comunidad educativa que entienda que la “neutralidad” ante la violencia nunca es neutral.

Esto no significa que la mediación sea inútil. Al principio, en su fase inicial, la mediación puede tener sentido. Incluso puede ayudar después, cuando el daño ha cesado, cuando existe reconocimiento real y cuando la víctima decide participar desde la seguridad, la libertad de consentimiento y no desde el miedo y la presión para “cerrar” todo cuanto antes. Pero convertirla en la gran herramienta estrella de la prevención es confundir el momento, la oportunidad, el objetivo y, sobre todo, la naturaleza del problema.

El bullying no necesita mediadores en primer lugar. Lo que necesita son límites, medidas claras de protección, prevención y sensibilización. Pero, por encima de todo, necesita valentía institucional y no una herramienta que pueda servir para eludir responsabilidades, tanto civiles como penales.

Quizá ha llegado el momento de dejar de buscar soluciones fáciles que solo hacen sentir bien a los adultos y empezar a aplicar aquellas soluciones que realmente hacen sentir seguros a los menores en los centros educativos que dejaron de serlo.

Porque la convivencia no se construye obligando a dialogar a quien sufre, sino garantizando que nadie tenga que aprender a convivir con el daño. Y es que, cuando proteger deja de ser negociable, la escuela vuelve a ser el espacio seguro que siempre debió ser.

Porque escuchar y dialogar está muy bien.

Pero proteger está mucho mejor.

Mucho mejor.

🇬🇧ENGLISH🇺🇸
Mediation in bullying?

There are ideas that, at first glance, sound right from the very beginning. Ideas that appear modern, dialogic and almost unquestionable. One of them is the claim that mediation serves to prevent school harassment and bullying.

It is true, it sounds reasonable, it sounds educational and it even sounds humane. But the problem is that it is not always true. Why? Because before talking about attractive solutions, we must call things by their proper name.

Let us be clear, bullying is not a conflict between equals. It is not an argument, it is not a misunderstanding, nor is it a clash of personalities between two pupils. Harassment is violence. It is an unequal relationship in which one person repeatedly, consciously and, above all, harmfully exercises power over another. And when we confuse violence with “conflict”, we begin to make mistakes from the very start. Some mistakes can become as dramatic as they are fatal. We have seen this many times in the media. Therefore, the question is this: are we going to continue making the same mistake for much longer? Because yes, bullying is not just a “children’s issue”. Bullying is a crime. And sometimes that crime can end a victim’s life.

Of course, mediation works when two people argue because both have something to negotiate. But in cases of school harassment there is no possible negotiation. What exactly does the victim negotiate? Being insulted less? Being excluded only on certain days? Having the harm made slightly more bearable? Being attacked only on odd numbered days or during only two breaks a week? No, mediation is not possible in situations like these, and even less so when they have been prolonged over time.

Placing the person who suffers and the person who harms face to face under the idea that both must engage in dialogue may appear progressive. Perhaps in some situations it may work, but very often it merely transfers onto the victim a responsibility they should never have had to bear. And that means adding even more pressure onto someone who, in many cases, can no longer endure it.

We live in times in which there is much talk about a culture of dialogue, but very little about a culture of protection. When a minor is being bullied, what they need first is not dialogue. What they need is to feel safe. They need adults to intervene. They need someone to say clearly that what is happening is wrong, that it is unjust, that it is not negotiable and that, of course, it is not their fault.

The problem is that mediation, when misunderstood, becomes extremely convenient for institutions. Why? Because it allows the problem to be “managed” without truly confronting it. It transforms a situation of violence into a relational matter between students, into a mere case of “coexistence problems”, and it dilutes the responsibility of educational institutions in situations that may involve omission, negligence or even intent.

Mediation may be useful in the early stages, but never when the situation has already become entrenched over time and the damage to the victim, both physical and moral, has already been done and runs deep. On the surface, everyone participates in mediation, everyone speaks and everyone appears to learn something. Yet meanwhile the message that may linger is dangerous. And what message is that? That everything can be solved through conversation, that nobody is truly responsible and that both sides have contributed to the problem. Really? Is the victim also responsible for the violence they suffer? Have they also contributed to the problem simply because they are subjected to ongoing aggression due to the colour of their skin, their country of origin, their physical appearance, their social class, their sexual orientation, their gender identity, their culture, their religion, their illness, their disability or simply for no reason at all?

No, not everything can be solved by talking, and certainly not when someone is being humiliated every single day. There is also an important nuance that is rarely mentioned. The victim often accepts mediation not because they want to, but because they fear making things worse, because they do not want to be singled out and because they want everything to end as quickly as possible. It is at that moment that the system celebrates an agreement that may never have been truly free. Consent without freedom is neither genuine consent nor true freedom. Preventing bullying therefore does not mean merely teaching victims to “dialogue better” with those who harm them. It means creating environments in which abuse finds no space to grow, with adults who are present, with clear rules, with early intervention and with an educational community that understands that neutrality in the face of violence is never neutral.

This does not mean that mediation is useless. In its initial phase it may make sense. It may even help afterwards, once the harm has ceased, when there is genuine acknowledgement of the damage caused and when the victim chooses to participate from a place of safety and free consent rather than fear or pressure to “close” the situation as quickly as possible. But turning it into the central tool of prevention is to misunderstand the timing, the opportunity, the objective and, above all, the very nature of the problem.

Bullying does not primarily need mediators. What it needs are limits, clear measures of protection, prevention and awareness. Above all, it requires institutional courage rather than a tool that may serve to evade responsibility, whether civil or criminal.

Perhaps the time has come to stop searching for easy solutions that merely make adults feel better and to begin applying those solutions that genuinely make children feel safe in educational environments that have ceased to be so.

Because coexistence is not built by forcing those who suffer to engage in dialogue, but by ensuring that no one has to learn how to live with harm. And when protection becomes non negotiable, school once again becomes the safe space it was always meant to be.

Because listening and dialogue are important.

But protection matters far more.

Far more.

Cuando llegue a ser tú

¿Aprendimos a querer sin miedo a perder? ¿Llegamos a aceptar que no podíamos salvarlo todo ni a todos?

Querido yo de 100 años:

Si estás leyendo esto, significa que el tiempo, ese viejo adversario al que tantas veces quise ganarle discusiones, decidió finalmente concedernos una tregua larga. Me pregunto cómo serán tus manos ahora. Si aún tiemblan cuando escribes algo importante y si todavía te indignan las pequeñas injusticias de tu alrededor, esas que casi nadie ve pero que siempre nos dolieron más que las grandes.

Hoy aún camino deprisa y aún creo que todo es urgente. Aún siento que hay demasiadas cosas por arreglar y demasiado poco tiempo para hacerlo. Tú, en cambio, seguro que ya sabrás algo que yo todavía estoy aprendiendo. Ese algo es aprender qué merece realmente la pena y qué no.

Eso sí, seguro que sigues repitiendo, mil y una veces, aquello que siempre escribiste: que “la dignidad humana es inviolable”. Seguro que no has parado de decirlo en todos estos años, siempre que has tenido oportunidad de decirlo en voz alta o de escribirlo y dejarlo plasmado en tu primer libro que tanto te costó escribir. Lo mismo que con tu tesis doctoral que tanto sufrimiento te costó, pero nunca dejaste de creer en ti a pesar de sufrir el mismo odio que siempre juraste combatir. Un odio que nunca te llevó a odiar, sino a ser cada día más humano.

Pero ahora dime, quiero que seas sincero conmigo, ¿aprendimos por fin a descansar sin culpa? ¿Aprendimos a querer sin miedo a perder? ¿Llegamos a aceptar que no podíamos salvarlo todo ni a todos?

Espero que, en todos estos años, no te hayas olvidado quién eras cuando aún dudabas, cuando te sentías fuera de lugar pero seguías adelante igualmente sin descanso y a pesar de toda la gente que hizo daño. Ojalá conserves esa incomodidad que nos hacía humanos, esa incapacidad de mirar hacia otro lado cuando alguien sufría. Si la perdiste, entonces llegar a ser un anciano de 100 años habrá sido solo una forma elegante de desaparecer. Pero estoy convencido de que no es así, que sigues adelante denunciando todo aquello que es injusto a tu alrededor, aunque, a veces, te olvides de ti mismo haciéndolo.

Quiero pensar que a los 100 años ya no necesitas demostrar nada, que entendiste que el valor no estaba en resistir siempre, sino también en saber soltar y que perdonaste más de lo que recuerdas y que te perdonaste a ti mismo antes que a nadie. Solo espero eso, te lo digo de todo corazón.

Si sigues aquí, mira alrededor con calma. Todo lo que hoy me preocupa ya habrá pasado. Todas las noches difíciles habrán terminado convirtiéndose en recuerdos tan lejanos como borrosos. Tal vez eso sea la vida, una sucesión de cosas que parecían eternas y que, al final, no lo eran.

No sé si estarás solo o acompañado. Eso sí, sé que has amado profundamente y que has sido correspondido, aunque tardaste en encontrar ese amor que sanó todas tus heridas o, al menos, las más dolorosas. Pero espero que nunca hayas dejado de sentirte acompañado por quien fuiste. Porque yo estoy intentando construirte con cuidado, decisión a decisión, palabra a palabra y paso a paso.

Si aún puedes, sal al sol un momento y respira despacio por los dos. Recuerda algo que todavía me cuesta aceptar: que sobrevivir, en mis tiempos, que eran y son los tuyos, ya era, en sí mismo, una victoria.

Gracias por haber llegado tan lejos. Nunca olvides quién fuiste, eres y, ojalá, con un poquito más de tiempo y suerte, seguirás siendo.

Tengo toda mi esperanza puesta en ti.

Con todo mi cariño y toda mi fuerza,

Tu “yo” de tu pasado presente.

Pero siempre tú.