Samuel Luiz: La Sentencia

Hoy, día 8 de enero, la justicia ha hablado. La Audiencia de A Coruña ha dictado una condena total de 74 años y medio de prisión para los cuatro responsables de la muerte de Samuel Luiz, ocurrida en la madrugada del 3 de julio de 2021 en el paseo marítimo de la ciudad. La decisión sigue el veredicto del jurado, y la magistrada Elena Fernanda Pastor Novo ha detallado las penas para cada acusado. Diego M.M., al que se le aplicó la agravante de discriminación por orientación sexual, recibió 24 años de cárcel, casi el máximo permitido por la ley (25 años de prisión). Sin embargo, el jurado no consideró la agravante de ensañamiento, por lo que no alcanzó esa cifra. En la sentencia, la jueza explicó que pesaron mucho factores como la gravedad de lo sucedido, la participación directa de Diego desde el inicio hasta el final del ataque, y su falta de empatía hacia la víctima y su familia. Según sus palabras, Diego mostró “una crueldad y falta de humanidad que merecen un mayor reproche penal”.

Por otro lado, Alejandro F.G. fue condenado a 20 años de prisión. En su caso, no se aplicaron agravantes ni atenuantes, por lo que la pena se fijó en la mitad inferior del rango previsto (15 a 20 años). La jueza señaló que su papel fue destacado: atacó a Samuel por la espalda, lo inmovilizó y le impidió defenderse o escapar. Algo similar ocurrió con Kaio A.S.C., quien también recibió 20 años y medio, aunque su condena incluye tres años y medio adicionales por robo con violencia. Según el fallo, Kaio no tuvo un rol tan determinante como Diego y Alejandro, pero su participación en la agresión fue activa y evidente. Por último, Alejandro M.R., que actuó como cómplice, fue sentenciado a 10 años de cárcel. Aquí, la jueza optó por la pena inferior, que para los cómplices va de 7 años y medio a 15 años, porque aunque no golpeó directamente a Samuel, facilitó que la agresión siguiera adelante.

En el análisis de las condenas, la magistrada consideró la gravedad de los hechos, el sufrimiento causado a los padres de Samuel, tanto por la pérdida de su hijo como por las secuelas psicológicas, y la indiferencia de los condenados hacia la víctima, a quien dejaron abandonada en una rotonda, inconsciente y ensangrentada. Este abandono, según la jueza, añadió una carga de dolor especial para la familia.

La sentencia confirma que Samuel Luiz, de 24 años, murió tras una brutal agresión grupal que comenzó cuando Diego M.M., acompañado de su entonces pareja, Catherine S.B., creyó erróneamente que Samuel lo estaba grabando con el móvil mientras hacía una videollamada. El jurado consideró probado que Diego asumió que Samuel era homosexual y lo insultó con expresiones como: “DEJA DE GRABAR, A VER SI TE VOY A MATAR, MARICÓN”. Esta creencia desató una reacción violenta y discriminatoria. Diego se abalanzó de repente sobre Samuel, golpeándolo con puñetazos y patadas, centrándose en la cabeza y la cara. Poco después, su amigo Alejandro F.G. se unió al ataque, sujetando a Samuel por el cuello desde atrás.

En cuestión de segundos, más personas se sumaron al grupo agresor. Entre ellas estaba Kaio A.S.C., quien propinó al menos una patada, según la resolución. Mientras tanto, Alejandro M.R. permaneció cerca del lugar inicial, sin golpear, pero colaborando para impedir que Samuel escapara o recibiera ayuda. El jurado concluyó que Diego, Alejandro F.G., y Kaio lideraron la agresión, mientras que Alejandro M.R., como cómplice, contribuyó a bloquear cualquier posibilidad de defensa de Samuel.

El ataque fue despiadado. Samuel, superado en número y completamente indefenso, intentó huir con la ayuda de dos ciudadanos senegaleses, pero el grupo lo persiguió unos 150 metros antes de que cayera al suelo, inconsciente. En ese momento, los agresores, incluidos los cuatro acusados, se dispersaron por las calles cercanas. Según el fallo, Diego, Alejandro F.G. y Kaio sabían que los golpes podían acabar con la vida de Samuel y aceptaron ese riesgo. Alejandro M.R., aunque no golpeó directamente, entendió que su participación facilitaba el ataque y asumió las posibles consecuencias mortales.

Además, Kaio aprovechó el caos para robar el móvil de Samuel. Por todo esto, el jurado determinó que Diego, Alejandro F.G. y Kaio actuaron como coautores del asesinato, mientras que Alejandro M.R. fue considerado cómplice.

En cuanto a Catherine S.B., la pareja de Diego, el jurado concluyó que su participación fue pasiva. Según la sentencia, intentó frenar a Diego en un principio e incluso trató de separarlo de Samuel. Por esta razón, se la consideró no culpable.

La jueza destacó que el jurado tomó en cuenta testimonios contundentes y las grabaciones de las cámaras de tráfico y otros lugares cercanos, como un pub y una máquina de vending. También fue clave el análisis de los médicos forenses, quienes concluyeron que Samuel murió por una combinación de golpes. Detallaron más de treinta lesiones en su cuerpo, especialmente en la cabeza y el rostro, y explicaron que cada golpe amplificó el daño causado por los anteriores, siendo todos necesarios para el desenlace mortal.

El jurado consideró que los acusados actuaron con dolo homicida, en su modalidad de dolo eventual. Esto significa que, aunque quizás no buscaban directamente la muerte de Samuel, eran conscientes de que su brutal agresión podía terminar en eso y lo aceptaron. La jueza subrayó la violencia extrema del ataque, la elección de zonas vitales como la cabeza para golpear y la total indiferencia de los acusados hacia Samuel, incluso cuando ya estaba inconsciente y herido de muerte.

También se señaló la alevosía del ataque. Samuel fue sorprendido y rodeado por un grupo numeroso, sin posibilidad de defenderse ni escapar. Las pruebas indicaron que no tenía heridas defensivas, lo que refuerza la idea de que fue golpeado de manera constante hasta quedar inconsciente.

En cuanto a la indemnización, Diego, Alejandro F.G. y Kaio deberán pagar, de forma conjunta, 303.284 euros a los padres y a la hermana de Samuel. Alejandro M.R. será responsable subsidiario del 30 % de esa cantidad. Además, los tres principales condenados seguirán en prisión provisional, comunicada y sin fianza, mientras que la sentencia permite presentar recurso ante el Tribunal Superior de Justicia de Galicia (TSXG).

¿QUÉ NOS ESTÁ PASANDO?

La LGTBIfobia sigue siendo un problema grave y está lejos de desaparecer. Los crímenes de odio han aumentado de manera preocupante en los últimos años, y cada vez son más las personas que sufren violencia física, verbal o psicológica simplemente por ser quienes son. No podemos mirar hacia otro lado. Este odio, muchas veces normalizado o incluso alimentado por discursos de intolerancia, pone en peligro vidas y destruye familias. Como sociedad, no podemos permitir que la homofobia se cuele en nuestras calles, en nuestras conversaciones y en nuestras instituciones. Es hora de alzar la voz, educar en respeto y actuar para que nadie tenga que vivir con miedo por su orientación sexual o identidad.

Esto no es solo una sentencia, es un grito de justicia por Samuel Luiz, un joven que perdió la vida de una forma que nunca debió ocurrir. Lo que pasó aquella madrugada del 3 de julio de 2021 con Samuel fue una barbaridad, un brutal asesinato que deja claro hasta dónde puede llegar el odio y la intolerancia. ¿Cómo es posible que alguien pueda actuar con tanta crueldad, con tanta falta de humanidad? Golpes, insultos, amenazas… Y todo por un prejuicio absurdo, por una creencia infundada y discriminatoria. Esto no puede ni debe olvidarse.

El dolor de la familia de Samuel, que ha tenido que revivir una y otra vez esa noche, no se borrará nunca. Han perdido a un hijo, a un hermano, de una forma desgarradora. Y duele pensar que, mientras ellos sufrían, los culpables se dispersaban por las calles, como si no hubieran dejado a un joven tirado, moribundo, en una rotonda. Esa indiferencia duele casi tanto como los golpes que acabaron con su vida.

Pero esta condena, aunque nunca podrá devolver a Samuel, marca un camino. Es un mensaje claro: no hay lugar para la homofobia, para la violencia gratuita, para el odio en ninguna de sus formas.

La justicia ha hablado, y aunque el dolor sigue ahí, hoy al menos sabemos que el sistema ha respondido. Ojalá como sociedad aprendamos de esto, para que nadie más tenga que pasar por algo así.

Porque Samuel tenía toda la vida por delante.

Y se la arrebataron.