Oda a Andalucía

(Escrito en 🇪🇸🇲🇽– Written in 🇬🇧🇺🇸– Scritto in 🇮🇹🇸🇲– Rédigé en 🇫🇷🇨🇩– Escrito em 🇵🇹🇧🇷

🇪🇸ESPAÑOL🇲🇽

(Día de Andalucía)

¡Andalucía! ¡Tierra de luz y embrujo! ¡Lugar donde la historia ha dejado su huella imborrable en cada rincón!

El tiempo parece detenerse para contemplar la belleza de sus paisajes, la calidez de sus gentes y la riqueza de su cultura y tradiciones. Quien pisa su suelo, quien respira su aire, quien siente su esencia, solo puede enamorarse de esta tierra que ha sido cuna y crisol de civilizaciones venidas de lejanas tierras para unirse en una sola: ANDALUCÍA.

Desde los albores del tiempo y la memoria, Andalucía ha sido punto de encuentro de pueblos y culturas. Íberos, fenicios, romanos y árabes dejaron en su geografía las huellas de su paso, y aún hoy, en sus calles y plazas, en sus monumentos y tradiciones, resuena el eco de ese pasado de hermanamiento que aún perdura. Tierra de historia viva, donde cada piedra cuenta su propio pasado milenario, donde el presente no se entiende sin la grandeza de su pasado, la fuerza de su presente y la esperanza de su futuro.

Pero Andalucía no es solo historia, es también naturaleza desbordante. Sus montes, ríos y valles conforman un paisaje que inspira y cautiva a mil poetas de mil lenguas diferentes. Sierra Morena se alza majestuosa, mientras la Vega del Guadalquivir se extiende fértil y generosa. Sus mares, el Atlántico y el Mediterráneo, bañan sus costas, desde San Juan de los Terreros en Almería hasta Ayamonte en Huelva, con aguas de azul profundo, acariciando las playas con la brisa de la eternidad de miles de navegantes aventureros, ricos en sueños de esperanza, que abrieron el mundo desde los puertos de Andalucía. Desde los olivares interminables de Jaén, con noches de plata bajo la luz de la Luna, hasta la belleza de los atardeceres en las marismas de Doñana. La belleza de los atardeceres de la Alhambra, el aroma de azahar de las calles de Córdoba junto a la Mezquita, la magia de Sevilla con su perfume a incienso y la luz de Cádiz con la brisa marinera que todo lo envuelve, y Málaga abierta al Mediterráneo como un abrazo de luz, donde la Alcazaba custodia siglos de memoria bajo el sol de Andalucía. Cada rincón de esta tierra es un canto a la vida, a la esperanza y cuna de la historia que se abre para toda la humanidad.

Sin embargo, lo que hace de Andalucía un lugar único no es solo su geografía o su historia, sino su gente. Hospitalaria y abierta, acogedora y generosa, ha hecho de su mestizaje su mayor valor. Aquí, quien llega de fuera no tarda en sentirse en casa, pues la calidez de su gente es un reflejo del sol que ilumina su corazón y alimenta las almas de quienes buscan un lugar al que llamar “mi hogar”. Andalucía es la madre que nos mece, es el abrazo que nos acoge y la voz que nos canta, es el pueblo que comparte, ríe y, sobre todo, sueña con seguir construyendo un mañana mejor luchando cada día. 

Porque el pueblo andaluz no solo vive su tierra, la siente, la lleva dentro donde quiera que esté, la transforma en arte, en música, en poesía. Es la voz de un pueblo que se declara libre de toda cadena. Es tierra de flamenco y copla, de alegrías y penas convertidas en ingenioso duende. Es la guitarra que llora y la voz que canta, es el paso firme del bailaor y el lamento profundo de la saeta en Semana Santa. En cada feria, en cada romería, en cada taberna y en cada plaza, Andalucía se expresa con la intensidad de quien vive la vida con pasión y entrega, reivindicándose a sí misma con dignidad, desde la riqueza de su diversidad, y por derecho propio ante lo que es  justo.

Y, sin embargo, hay quienes no lo ven, quienes no lo sienten, quienes no comprenden la grandeza de esta tierra. ¡POBRES ALMAS! Porque perderse Andalucía es perderse la esencia de lo auténtico, de lo que es puro, de lo que es eterno. Es perderse el alma de un pueblo que, a pesar de todo, sigue amando, soñando y ofreciendo al mundo lo mejor de sí, por sí y para toda la humanidad. 

Andalucía no se explica, se vive. Se siente en la piel, en el alma y en el corazón. Por encima de ella solo están las estrellas que la iluminan. 

Es mi tierra, y nada hay más hermoso que poder llamarla así. 

¡Es mi tierra!

¡Andalucía!

🇬🇧ENGLISH🇺🇸
ODE TO ANDALUSIA

(Day of Andalusia)

Andalusia! Land of light and enchantment! A place where history has left its indelible mark in every corner!

Time seems to stand still to contemplate the beauty of its landscapes, the warmth of its people, and the richness of its culture and traditions. Whoever steps on its soil, breathes its air, or feels its essence can only fall in love with this land, which has been the cradle and melting pot of civilisations from distant lands, coming together as one: ANDALUSIA.

Since the dawn of time and memory, Andalusia has been a meeting point of peoples and cultures. Iberians, Phoenicians, Romans and Arabs left their mark on its geography, and even today, in its streets and squares, its monuments and traditions, the echo of that past of fellowship still resonates. Land of living history, where every stone tells its own millennial story, where the present cannot be understood without the greatness of its past, the strength of its present, and the hope of its future.

But Andalusia is not only history; it is also overwhelming nature. Its mountains, rivers and valleys form a landscape that inspires and captivates a thousand poets in a thousand different languages. Sierra Morena rises majestically, while the Vega del Guadalquivir stretches fertile and generous. Its seas, the Atlantic and the Mediterranean, bathe its coasts, from San Juan de los Terreros in Almería to Ayamonte in Huelva, with deep blue waters caressing the beaches with the eternal breeze of thousands of adventurous navigators, rich in dreams and hope, who opened the world from Andalusian ports. From the endless olive groves of Jaén, with silver nights under the moonlight, to the beauty of sunsets over the marshes of Doñana. The beauty of the sunsets at the Alhambra, the scent of orange blossoms in the streets of Córdoba next to the Mosque, the magic of Seville with its incense perfume, and the light of Cádiz with the sea breeze that envelops everything, and Málaga open to the Mediterranean like an embrace of light, where the Alcazaba guards centuries of memory under the Andalusian sun. Every corner of this land is a song to life, to hope, and the cradle of history that opens to all humanity.

However, what makes Andalusia unique is not only its geography or its history, but its people. Hospitable and open, welcoming and generous, they have made their cultural mix their greatest value. Here, those who come from afar soon feel at home, for the warmth of its people is a reflection of the sun that illuminates their hearts and nourishes the souls of those seeking a place to call “home”. Andalusia is the mother who rocks us, the embrace that welcomes us, the voice that sings to us; it is the people who share, laugh, and above all, dream of building a better tomorrow through daily effort.

For the Andalusian people do not merely live their land, they feel it, they carry it within wherever they are, transforming it into art, music, and poetry. It is the voice of a people who declare themselves free from all chains. It is land of flamenco and copla, of joys and sorrows turned into ingenious duende. It is the guitar that weeps and the voice that sings, the firm step of the dancer and the deep lament of the saeta during Holy Week. In every fair, pilgrimage, tavern, and square, Andalusia expresses itself with the intensity of one who lives life with passion and dedication, claiming itself with dignity, through the richness of its diversity and by rightful claim to what is just.

And yet, there are those who do not see it, who do not feel it, who do not understand the greatness of this land. POOR SOULS! For to lose Andalusia is to lose the essence of the authentic, the pure, the eternal. It is to lose the soul of a people who, despite everything, continue loving, dreaming, and offering the world the best of themselves, for themselves and for all humanity.

Andalusia cannot be explained, it must be lived. It is felt in the skin, in the soul, and in the heart. Above it, only the stars that illuminate it shine.

It is my land, and nothing is more beautiful than to be able to call it so.

It is my land!

Andalusia!

🇮🇹ITALIANO🇸🇲
ODE ALL’ANDALUSIA

(Giornata dell’Andalusia)

Andalusia! Terra di luce e incanto! Un luogo dove la storia ha lasciato un segno indelebile in ogni angolo!

Il tempo sembra fermarsi per contemplare la bellezza dei suoi paesaggi, il calore della sua gente e la ricchezza della sua cultura e delle sue tradizioni. Chiunque calpesti il suo suolo, respiri la sua aria o ne senta l’essenza, non può che innamorarsi di questa terra che è stata culla e crogiolo di civiltà venute da terre lontane per unirsi in una sola: ANDALUSIA.

Sin dall’alba dei tempi e della memoria, l’Andalusia è stata punto d’incontro di popoli e culture. Iberi, Fenici, Romani e Arabi hanno lasciato il segno nel suo territorio, e ancora oggi, nelle sue strade e piazze, nei suoi monumenti e nelle sue tradizioni, risuona l’eco di quel passato di fratellanza che perdura.Terra di storia viva, dove ogni pietra racconta il proprio passato millenario, dove il presente non si comprende senza la grandezza del passato, la forza del presente e la speranza del futuro.

Ma l’Andalusia non è solo storia, è anche natura prorompente. I suoi monti, fiumi e valli formano un paesaggio che ispira e cattura mille poeti di mille lingue diverse. La Sierra Morena si erge maestosa, mentre la Vega del Guadalquivir si estende fertile e generosa. I suoi mari, l’Atlantico e il Mediterraneo, bagnano le sue coste, da San Juan de los Terreros ad Almería fino ad Ayamonte ad Huelva, con acque di un blu profondo che accarezzano le spiagge con la brezza eterna di migliaia di navigatori avventurosi, ricchi di sogni e speranza, che hanno aperto il mondo dai porti andalusi. Dai secolari uliveti di Jaén, con notti d’argento sotto la luce della luna, alla bellezza dei tramonti sulle paludi di Doñana. La bellezza dei tramonti all’Alhambra, il profumo dei fiori d’arancio nelle strade di Córdoba accanto alla Moschea, la magia di Siviglia con il suo profumo d’incenso e la luce di Cadice con la brezza marina che avvolge tutto, e Malaga aperta al Mediterraneo come un abbraccio di luce, dove l’Alcazaba custodisce secoli di memoria sotto il sole dell’Andalusia. Ogni angolo di questa terra è un canto alla vita, alla speranza e culla della storia che si apre a tutta l’umanità.

Tuttavia, ciò che rende l’Andalusia unica non è solo la sua geografia o la sua storia, ma la sua gente. Ospitale e aperta, accogliente e generosa, ha fatto del suo meticciato il suo più grande valore.Qui, chi arriva da fuori non tarda a sentirsi a casa, poiché il calore della sua gente è il riflesso del sole che illumina il cuore e nutre le anime di chi cerca un luogo da chiamare “casa”. L’Andalusia è la madre che ci culla, l’abbraccio che ci accoglie e la voce che ci canta; è il popolo che condivide, ride e, soprattutto, sogna di costruire un domani migliore con il lavoro quotidiano.

Perché il popolo andaluso non solo vive la sua terra, la sente, la porta dentro di sé ovunque sia, trasformandola in arte, musica e poesia. È la voce di un popolo che si dichiara libero da ogni catena. È terra di flamenco e copla, di gioie e dolori trasformati in ingegnoso duende. È la chitarra che piange e la voce che canta, il passo fermo del ballerino e il lamento profondo della saeta durante la Settimana Santa. In ogni fiera, in ogni pellegrinaggio, in ogni taverna e in ogni piazza, l’Andalusia si esprime con l’intensità di chi vive la vita con passione e dedizione, rivendicandosi con dignità attraverso la ricchezza della sua diversità e per diritto di ciò che è giusto.

Eppure ci sono coloro che non lo vedono, non lo sentono, che non comprendono la grandezza di questa terra.POVERE ANIME! Perdere l’Andalusia significa perdere l’essenza dell’autentico, del puro, dell’eterno. Significa perdere l’anima di un popolo che, nonostante tutto, continua ad amare, sognare e offrire al mondo il meglio di sé, per sé e per tutta l’umanità.

L’Andalusia non si spiega, si vive. Si sente nella pelle, nell’anima e nel cuore. Al di sopra di essa ci sono solo le stelle che la illuminano.

È la mia terra, e nulla è più bello che poterla chiamare così.

È la mia terra!

Andalusia!

🇫🇷FRANÇAIS🇨🇩
ODE À L’ANDALOUSIE

(Journée d’Andalousie)

Andalousie! Terre de lumière et d’enchantement! Un lieu où l’histoire a laissé sa marque indélébile dans chaque recoin!

Le temps semble s’arrêter pour contempler la beauté de ses paysages, la chaleur de ses habitants et la richesse de sa culture et de ses traditions. Celui qui foule son sol, respire son air ou en ressent l’essence ne peut que tomber amoureux de cette terre, qui a été le berceau et le creuset de civilisations venues de contrées lointaines pour se rassembler en une seule: ANDALOUSIE.

Depuis l’aube des temps et de la mémoire, l’Andalousie a été un point de rencontre de peuples et de cultures. Ibères, Phéniciens, Romains et Arabes ont laissé leur empreinte sur sa géographie, et encore aujourd’hui, dans ses rues et places, ses monuments et traditions, résonne l’écho de ce passé de fraternité qui perdure. Terre d’histoire vivante, où chaque pierre raconte son propre passé millénaire, où le présent ne se comprend pas sans la grandeur de son passé, la force de son présent et l’espoir de son futur.

Mais l’Andalousie n’est pas seulement histoire, c’est aussi une nature débordante. Ses montagnes, rivières et vallées forment un paysage qui inspire et captive mille poètes de mille langues différentes. La Sierra Morena s’élève majestueusement, tandis que la Vega du Guadalquivir s’étend fertile et généreuse. Ses mers, l’Atlantique et la Méditerranée, baignent ses côtes, de San Juan de los Terreros à Almería jusqu’à Ayamonte à Huelva, avec des eaux bleu profond caressant les plages sous la brise éternelle de milliers de navigateurs aventuriers, riches en rêves et en espoir, qui ont ouvert le monde depuis les ports andalous. Des oliveraies sans fin de Jaén, avec des nuits d’argent sous la lumière de la lune, jusqu’à la beauté des couchers de soleil sur les marais de Doñana. La beauté des couchers de soleil de l’Alhambra, le parfum des fleurs d’oranger dans les rues de Cordoue près de la Mosquée, la magie de Séville avec son parfum d’encens et la lumière de Cadix avec la brise marine qui enveloppe tout, et Malaga ouverte sur la Méditerranée comme une étreinte de lumière, où l’Alcazaba garde des siècles de mémoire sous le soleil andalou. Chaque coin de cette terre est un chant à la vie, à l’espoir et le berceau de l’histoire qui s’ouvre à toute l’humanité.

Cependant, ce qui rend l’Andalousie unique, ce n’est pas seulement sa géographie ou son histoire, mais son peuple. Hospitalier et ouvert, accueillant et généreux, il a fait de son métissage sa plus grande valeur. Ici, celui qui vient de loin se sent rapidement chez lui, car la chaleur de son peuple est le reflet du soleil qui illumine son cœur et nourrit les âmes de ceux qui cherchent un endroit à appeler « ma maison ». L’Andalousie est la mère qui nous berce, l’étreinte qui nous accueille et la voix qui nous chante; c’est le peuple qui partage, rit et surtout rêve de construire un demain meilleur par l’effort quotidien.

Car le peuple andalou ne vit pas seulement sa terre, il la ressent, il la porte en lui où qu’il soit, la transformant en art, en musique et en poésie. C’est la voix d’un peuple qui se déclare libre de toute chaîne. C’est la terre du flamenco et de la copla, des joies et des peines transformées en duende ingénieux. C’est la guitare qui pleure et la voix qui chante, le pas ferme du danseur et le profond lament du saeta pendant la Semaine Sainte. Dans chaque foire, chaque pèlerinage, chaque taverne et chaque place, l’Andalousie s’exprime avec l’intensité de celui qui vit la vie avec passion et dévouement, se revendiquant avec dignité, à travers la richesse de sa diversité et par le droit à ce qui est juste.

Et pourtant, il y a ceux qui ne le voient pas, qui ne le sentent pas, qui ne comprennent pas la grandeur de cette terre. PAUVRES ÂMES! Perdre l’Andalousie, c’est perdre l’essence de l’authentique, du pur, de l’éternel. C’est perdre l’âme d’un peuple qui, malgré tout, continue d’aimer, de rêver et d’offrir au monde le meilleur de lui-même, pour lui-même et pour toute l’humanité.

L’Andalousie ne s’explique pas, elle se vit. Elle se ressent dans la peau, dans l’âme et dans le cœur. Au-dessus d’elle, seules les étoiles qui l’éclairent brillent.

C’est ma terre, et rien n’est plus beau que de pouvoir l’appeler ainsi.

C’est ma terre!

Andalousie!

🇵🇹PORTUGUESE🇧🇷
ODE À ANDALUZIA

(Dia da Andaluzia)

Andaluzia! Terra de luz e encanto! Um lugar onde a história deixou a sua marca indelével em cada recanto!

O tempo parece parar para contemplar a beleza das suas paisagens, o calor do seu povo e a riqueza da sua cultura e tradições. Quem pisa o seu solo, respira o seu ar ou sente a sua essência, só pode apaixonar-se por esta terra que tem sido o berço e o cadinho de civilizações vindas de terras distantes para se unirem numa só: ANDALUZIA.

Desde a aurora do tempo e da memória, a Andaluzia tem sido um ponto de encontro de povos e culturas. Iberos, Fenícios, Romanos e Árabes deixaram na sua geografia vestígios da sua passagem, e ainda hoje, nas suas ruas e praças, nos seus monumentos e tradições, ressoa o eco desse passado de fraternidade que perdura. Terra de história viva, onde cada pedra conta o seu próprio passado milenar, onde o presente não se entende sem a grandeza do passado, a força do presente e a esperança do futuro.

Mas a Andaluzia não é apenas história, é também natureza abundante. As suas montanhas, rios e vales formam uma paisagem que inspira e cativa mil poetas de mil línguas diferentes. A Serra Morena ergue-se majestosamente, enquanto a Vega do Guadalquivir se estende fértil e generosa. Os seus mares, o Atlântico e o Mediterrâneo, banham as suas costas, desde San Juan de los Terreros em Almería até Ayamonte em Huelva, com águas de azul profundo acariciando as praias com a brisa eterna de milhares de navegadores aventureiros, ricos em sonhos e esperança, que abriram o mundo a partir dos portos andaluzes. Desde os olivais intermináveis de Jaén, com noites de prata sob a luz da Lua, até à beleza dos pores-do-sol nos pântanos de Doñana. A beleza dos pores-do-sol na Alhambra, o aroma das flores de laranjeira nas ruas de Córdoba junto à Mesquita, a magia de Sevilha com o seu perfume a incenso e a luz de Cádiz com a brisa marítima que envolve tudo, e Málaga aberta ao Mediterrâneo como um abraço de luz, onde a Alcazaba guarda séculos de memória sob o sol da Andaluzia. Cada recanto desta terra é um cântico à vida, à esperança e berço da história que se abre a toda a humanidade.

No entanto, o que torna a Andaluzia um lugar único não é apenas a sua geografia ou a sua história, mas o seu povo. Hospitaleiro e aberto, acolhedor e generoso, fez do seu mestizagem o seu maior valor. Aqui, quem chega de fora rapidamente se sente em casa, pois o calor do seu povo é um reflexo do sol que ilumina o coração e alimenta as almas de quem procura um lugar para chamar de “casa”. A Andaluzia é a mãe que nos embala, o abraço que nos acolhe e a voz que nos canta; é o povo que partilha, ri e, acima de tudo, sonha em continuar a construir um amanhã melhor através do esforço diário.

Porque o povo andaluz não vive apenas a sua terra, sente-a, carrega-a dentro de si onde quer que esteja, transformando-a em arte, música e poesia. É a voz de um povo que se declara livre de toda cadeia. É terra de flamenco e copla, de alegrias e tristezas transformadas em engenhoso duende. É a guitarra que chora e a voz que canta, o passo firme do bailarino e o profundo lamento da saeta durante a Semana Santa. Em cada feira, em cada romaria, em cada taberna e em cada praça, a Andaluzia expressa-se com a intensidade de quem vive a vida com paixão e entrega, reivindicando-se com dignidade através da riqueza da sua diversidade e por direito ao que é justo.

E, no entanto, há aqueles que não a veem, que não a sentem, que não compreendem a grandeza desta terra. POBRES ALMAS! Perder a Andaluzia é perder a essência do autêntico, do puro, do eterno. É perder a alma de um povo que, apesar de tudo, continua a amar, sonhar e oferecer ao mundo o melhor de si, por si e para toda a humanidade.

A Andaluzia não se explica, vive-se. Sente-se na pele, na alma e no coração. Acima dela só estão as estrelas que a iluminam.

É a minha terra, e nada há mais belo do que poder chamá-la assim.

É a minha terra!

Andaluzia!

La Humanidad no se negocia

(Escrito en 🇪🇸🇲🇽- Written in 🇬🇧🇺🇸)

🇪🇸ESPAÑOL🇲🇽

Han pasado ya varios años desde que recibí amenazas por denunciar públicamente a grupos neonazis. Las fotos y los mensajes que me enviaban eran bastante claros al respecto. Me los enviaron a través de esa red social que volaba con alas de pájaro en libertad y que, desgraciadamente, cada vez está más llena de odio, un odio que debemos señalar y erradicar, con una «X».

Hoy, años más tarde, todo esto me lo ha recordado esa red social llena de “caras” que no han leído muchos “libros”. Pero si algo tengo claro hoy, con más experiencia y más perspectiva, es que mi posición no solo no ha cambiado, sino que se ha reforzado.

Sigo siendo, y seguiré siendo, un defensor firme de la Igualdad y de los Derechos Humanos de toda persona por el mero hecho de serlo. Sin excepciones, sin matices interesados y sin cálculos personales para conseguir algo que no sea producto de mi trabajo. 

Las amenazas, los insultos y el ruido no han desaparecido, los sigo recibiendo de vez en cuando. De hecho, el contexto digital actual ha sofisticado el anonimato (pero sin eliminarlo del todo), ha amplificado el odio y ha normalizado discursos que hace no tanto parecían impensables en espacios públicos. Pero que algo se escuche más alto no significa que sea más legítimo. Al contrario, solo hace más evidente la necesidad de luchar por nuestra democracia y por todo lo construido en las últimas décadas. 

Es verdad, a veces hacer según qué cosas es muy difícil. Por eso, quiero plantear, de nuevo, algunas preguntas que quizá muchos se hacen. Quizá así mucha gente entienda las razones por las que sigo aquí, “de pie”, luchando contracorriente, muy solo algunas veces y sin pedir ayuda a nadie. 

¿Me siento amenazado? Soy consciente de que una amenaza nunca debe banalizarse. La violencia, ya sea física o verbal, no es una broma y el odio organizado existe. Pero hace tiempo que decidí que eso no iba a afectarme ni a paralizarme. No permito que el miedo marque mis decisiones ni mi compromiso por defender la dignidad de toda persona, aunque sea muy distinta a mí. Obviamente, tomo precauciones cuando es necesario, actúo siempre con responsabilidad y, como demócrata y ciudadano, confío siempre en la Justicia y en el Estado de Derecho. Eso es todo.

¿Voy a rendirme? NUNCA. Jamás. Si algo he aprendido es que cada intento de intimidación confirma que la defensa de la Igualdad sigue siendo necesaria. Cuando alguien se enfada porque se cuestionan sus privilegios, no está defendiendo la libertad; lo que está haciendo es defender privilegios y las jerarquías injustas.

¿Por qué continúo? Por coherencia personal, sobre todo. Porque cuando bajamos la voz frente al odio, el odio ocupa más espacio. Porque los derechos que hoy damos por sentados costaron décadas, e incluso siglos, de lucha. Y porque hay personas que siguen siendo señaladas por ser, por amar, por sentir, por pensar o por tener un origen distinto. Y mientras eso ocurra, callar nunca podrá ser una opción. Lo último que hay que hacer frente a la violencia, al odio y a la discriminación es guardar silencio. Y yo nunca me quedaré callado.

¿Voy a cambiar mi forma de actuar? Pues depende. Ser prudente no es ser cobarde ni tomar medidas de precaución es retroceder. Pero ceder ante la intimidación y dejar de hacer lo que hago sí sería traicionar aquello en lo que creo. Y eso nunca va a ocurrir. NUNCA. 

¿Tengo miedo? A ver, soy humano. Claro que uno puede sentir miedo ante determinadas situaciones. Pero el miedo no puede gobernar nuestras vidas. Nuestras convicciones deben prevalecer siempre y pesar mucho más. Y mis convicciones personales nacen de una idea muy sencilla: la Igualdad no es una amenaza para nadie, sino una garantía para toda persona, sea quien sea. 

Por eso, defender los Derechos Humanos implica algo fundamental que no siempre se entiende. Y es que los Derechos Humanos también protegen a quienes los desprecian. Esa es su grandeza y su diferencia frente a las ideologías excluyentes. Los derechos humanos no se aplican según simpatía. Se aplican porque pertenecen a la condición humana y están directamente unidos a la dignidad humana inviolable e inherente de toda persona. 

Sí, es verdad, tengo que reconocerlo. No elegí el camino más cómodo. Defender los propios principios nunca lo es. Siempre hay momentos muy duros, de incomprensión y de mucho ruido alrededor. Pero también hay algo que el odio jamás podrá construir: un sentimiento de unión, de pertenencia y de comunidad.

Cada vez somos más quienes entendemos que la diversidad no debilita nada, sino que lo enriquece todo. Que la libertad no consiste en aplastar al diferente, sino en convivir con él desde el respeto a su dignidad y el reconocimiento de su persona. Que la fuerza de una sociedad no se mide por su poderío militar o por la riqueza de sus recursos, sino por cómo protege a quienes son más vulnerables.

Si algo tengo claro hoy es que una sola persona puede marcar la diferencia. No por heroísmo, sino por coherencia, por no mirar hacia otro lado y por no normalizar lo que es intolerable.

Y porque la Humanidad, en toda su riqueza y diversidad, sigue siendo nuestro mayor patrimonio.

Y eso, precisamente por eso, no se negocia.

Se defiende. 

🇬🇧ENGLISH🇺🇸
Humanity Is Not Up for Negotiation

Several years have now passed since I received threats for publicly denouncing neo Nazi groups. The photographs and messages they sent me were perfectly clear in their intent. They were sent through that social network which once flew freely on the wings of a bird and which, regrettably, is now increasingly filled with hatred, a hatred that must be identified and eradicated with an X.

Today, years later, all of this has been brought back to me by that social network full of faces that have not read many books. Yet if there is one thing I am certain of today, with greater experience and broader perspective, it is that my position has not merely remained unchanged, it has grown stronger.

I remain, and will continue to remain, a firm defender of Equality and of the Human Rights of every person simply by virtue of their being human. Without exceptions, without self serving nuances, and without personal calculations aimed at gaining anything that is not the result of my own work.

The threats, the insults and the noise have not disappeared. I still receive them from time to time. Indeed, the current digital landscape has refined anonymity without eliminating it altogether, amplified hatred, and normalised rhetoric that not so long ago would have seemed unthinkable in public spaces. But the fact that something is louder does not make it more legitimate. On the contrary, it only makes more evident the need to defend our democracy and everything that has been built over recent decades.

It is true that doing certain things can be very difficult. For that reason, I want once again to pose a few questions that many people may ask themselves. Perhaps in doing so, more people will understand why I am still here, standing firm, swimming against the current, at times very much alone and without asking anyone for help.

Do I feel threatened? I am fully aware that a threat must never be trivialised. Violence, whether physical or verbal, is no joke, and organised hatred exists. But some time ago I decided that it would neither affect me nor paralyse me. I do not allow fear to dictate my decisions or my commitment to defending the dignity of every person, however different they may be from me. Naturally, I take precautions when necessary, I always act responsibly and, as a democrat and a citizen, I place my trust in Justice and in the Rule of Law. That is all.

Will I give up? NEVER. Absolutely never. If I have learned anything, it is that every attempt at intimidation only confirms that the defence of Equality remains necessary. When someone becomes angry because their privileges are questioned, they are not defending freedom. They are defending privilege and unjust hierarchies.

Why do I continue? Above all, out of personal integrity. Because when we lower our voices in the face of hatred, hatred occupies more space. Because the rights we now take for granted were won through decades, even centuries, of struggle. And because there are still people who are singled out for who they are, for whom they love, for what they feel, for what they think, or for where they come from. While that remains the case, silence can never be an option. The very last thing to do in the face of violence, hatred and discrimination is to remain silent. And I will never remain silent.

Will I change the way I act? That depends. Being prudent is not cowardice, nor is taking precautionary measures a form of retreat. But yielding to intimidation and ceasing to do what I do would be a betrayal of what I believe in. And that will never happen. NEVER.

Am I afraid? I am human. Of course one can feel fear in certain situations. But fear must not govern our lives. Our convictions must always prevail and carry greater weight. And my convictions stem from a very simple idea: Equality is not a threat to anyone, but a guarantee for every person, whoever they may be.

For that reason, defending Human Rights entails something fundamental that is not always understood. Human Rights also protect those who despise them. That is their greatness and what distinguishes them from exclusionary ideologies. Human rights are not applied according to sympathy. They are applied because they belong to the human condition and are inseparably linked to the inviolable and inherent dignity of every person.

Yes, it is true, I must acknowledge it. I did not choose the easiest path. Defending one’s principles never is. There are difficult moments, moments of misunderstanding and of constant noise. Yet there is also something that hatred will never be able to build: a sense of unity, belonging and community.

More and more of us understand that diversity weakens nothing and enriches everything. That freedom does not consist in crushing those who are different, but in living alongside them with respect for their dignity and recognition of their personhood. That the strength of a society is not measured by its military might or the wealth of its resources, but by how it protects those who are most vulnerable.

If there is one thing I am certain of today, it is that a single person can make a difference. Not through heroism, but through integrity, through refusing to look the other way and through refusing to normalise what is intolerable.

Because Humanity, in all its richness and diversity, remains our greatest heritage.

And that, precisely for that reason, is not up for negotiation.

It is defended.

La educación afectivo-sexual en los institutos

Hay un dato que mucha gente desconoce o prefiere no mirar de frente. Sin embargo, cuando hablamos de libertad sexual, es necesario que sepamos que, en España, desde la reforma del Código Penal de 2015, la edad legal de consentimiento sexual está fijada en los 16 años. Es decir, la ley reconoce que a partir de esa edad una persona puede mantener relaciones sexuales consentidas. Pero claro, que algo sea legal no significa que todo el mundo esté preparado para hacerlo con cabeza, con información y con las herramientas emocionales suficientes. Y ahí es donde entra la educación afectivo-sexual y reproductiva. 

Aunque muchas veces creamos que así sea o intentemos que lo sea, nuestros hijos e hijas no viven en una burbuja. Tienen teléfonos móviles, redes sociales, acceso a pornografía con dos apenas dos clics y conversaciones que muchas veces se les escapan a los adultos que hay alrededor. Pensar que no hablar de sexo en el instituto va a retrasar que tengan relaciones es, sencillamente, vivir de espaldas a la realidad. Además, muchas veces se consigue el efecto contrario. ¿Por qué? Porque lo único que conseguimos callando es que aprendan a base de mitos, vídeos que nada tienen que ver con la realidad y comentarios de “colegas” que tampoco saben mucho más.

Obviamente, la educación afectivo-sexual no es enseñar “posturas” ni incitar a nadie a hacer nada. La educación afectivo-sexual es enseñar qué es el consentimiento de verdad, qué significa decir sí y qué significa decir no. Es explicar que el consentimiento no es el silencio, que no vale un simple “bueno…” dicho con miedo y que se puede cambiar de opinión en cualquier momento y parar. Todo esto, a partir de los 16 años, no es que sea opcional, es que es del todo imprescindible si verdaderamente queremos atajar un serio problema que, de no hacer nada, puede ir a peor. 

Porque el consentimiento legal existe, sí, pero el consentimiento real exige también madurez, autoestima y capacidad para poner límites y para respetarlos. Y eso no nace solo. Eso se trabaja, se aprende y se conversa. Si no lo hacemos en casa o dentro del aula con profesionales formados, lo aprenderán todo en el grupo de WhatsApp o en una web porno que les vende una idea distorsionada del sexo, donde no hay afecto, ni igualdad, ni respeto. Todo ahí es ficción y no un ejemplo a seguir. 

Por supuesto, la educación afectivo-sexual también es educación en igualdad. Se trata de desmontar la idea de que los chicos tienen que ir siempre “a por todas” y las chicas tienen que agradar o ceder. Es enseñar que nadie es propiedad de nadie, que los celos no son una prueba de amor y que controlar el móvil de tu pareja no es para nada romántico, sino una bandera roja enorme. Porque esto no va únicamente de sexo, sino también de tener relaciones sanas desde el respeto y el consentimiento. 

Pero hay algo todavía más importante que no podemos olvidar. Y es que una buena educación afectivo-sexual es una herramienta directa para reducir las agresiones sexuales en la adolescencia y también en la edad adulta. ¿Por qué? Porque cuando se trabaja de forma clara el concepto de consentimiento, cuando se explica que insistir no es ligar, que emborrachar a alguien para “tener más opciones” es violencia y que el silencio no es un sí, estamos cambiando mentalidades desde la base. Así que, prevenir no es solo castigar después, también es educar antes. Muchos comportamientos que hoy derivan en agresiones empiezan como dinámicas normalizadas de presión, de chantaje emocional o de cosificación, sobre todo de la mujer. Por tanto, si desmontamos todo eso en el aula, reducimos el riesgo en la calle.

Con todo lo anterior, también es clave que las posibles víctimas sepan identificar las situaciones de peligro y pidan ayuda a tiempo. Es decir, es necesario saber reconocer una relación abusiva, una coacción o una manipulación emocional, porque reconocerlo puede marcar la diferencia. Y, por supuesto, está la prevención de las infecciones de transmisión sexual. Poder hablar sin tabúes de preservativos, pruebas médicas, responsabilidad compartida o autocuidado, no supone ningún riesgo. Lo que hace es reducir los contagios y romper con la falsa idea de que “eso no me va a pasar a mí”. No olvidemos que la información no genera conductas de riesgo, lo que hace es reducirlas cada vez más. 

Hablar de salud es uno de los principales fines de la educación afectivo-sexual. Es necesario hablar de métodos anticonceptivos, de prevención de infecciones de transmisión sexual y de embarazos no deseados, porque esa es la realidad y va a seguir existiendo aunque se intente mirar hacia otro lado. Con una información clara, científica y adaptada a su edad los riesgos de contraer una ETS o de un embarazo no deseando se reducen muchísimo. Pero, más allá del aspecto únicamente físico, también está el lado emocional. Porque muchas primeras experiencias están cargadas de presión, de inseguridad y de miedo a “quedar mal”. Por eso, si no les damos herramientas, les dejamos solos frente a todo eso y al riesgo que la falta de información conlleva. 

Hay quien dice que estos temas deben tratarse solo en casa. Ojalá todas las familias pudieran hablar de sexualidad con naturalidad, sin tabúes y con información actualizada. Pero la realidad es que no siempre ocurre. Hay vergüenza, falta de tiempo, falta de conocimientos o directamente miedo a abordar el tema con chicos y chicas adolescentes. Pero, sin duda, el sistema educativo no sustituye a la familia, en todo caso la complementa. Y en cuestiones tan importantes, como lo es la educación afectivo-sexual, esa red compartida es fundamental para minimizar cualquier riesgo o saber abordar cualquier problema. 

A partir de los 16 años, cuando la ley ya reconoce capacidad para consentir relaciones, el Estado tiene una responsabilidad añadida. No basta con fijar una edad en el Código Penal. Hay que garantizar que ese consentimiento sea libre, informado y consciente. Porque si no, el papel aguanta todo, pero la vida real no. Por eso, educar en afectividad y sexualidad es también prevenir abusos y violencia sexual. Porque se trata de darles a los menores palabras para identificar las situaciones incómodas, para pedir ayuda y para reconocer que algo no está bien. Es enseñar que el respeto no se negocia, que no puede forzarse y que la libertad de la persona con la que estamos es tan importante como la propia. Y eso, lejos de ser una amenaza, es una garantía de convivencia y de respeto hacia los derechos de toda persona. 

Al final, la pregunta es sencilla: ¿preferimos jóvenes desinformados, aprendiendo a base de golpes y pantallas de contenido pornográfico, o jóvenes formados, críticos y capaces de decidir con criterio propio sabiendo lo que está bien y lo que está mal en una relación íntima? Porque la educación afectivo-sexual no adelanta nada que no vaya a llegar tarde o temprano, lo que hace es que la persona esté preparada para cuando ese momento llegue y pueda actuar de manera informada, consentida y libre.

Porque consentir no es solo poder decir que sí, también es saber por qué, para qué y hasta dónde. 

Y eso, si de verdad queremos protegerles, se enseña.

Y deben aprenderlo.