Día de la Cero Discriminación.

Sin duda, la discriminación y la vulneración de los derechos más básicos e inalienables que sufren millones de personas en todo mundo constituye uno de los principales problemas, así como una de las principales amenazas, que nos acechan a nivel global y en la actualidad. Hoy, por el Día de la Cero Discriminación, quiero recordar la necesidad de comprometernos en redoblar todos nuestros esfuerzos para luchar contra toda forma de discriminación hacia cualquier persona por el mero hecho de ser portadora del VIH. En este sentido, es importante recordar que todo acto de discriminación hacia una persona que sea portadora de VIH constituye un ataque directo e injustificado a su dignidad personal y una clara violación de derechos humanos. E, igualmente, cualquier ataque hacia la dignidad y hacia los derechos humanos de una sola persona en cualquier lugar del mundo supone una amenaza hacia la dignidad y hacia los derechos humanos de todas y de todos en todas partes.

Por otro lado, también es preciso recordar que este día no guarda únicamente relación con la lucha en contra de la discriminación por tener el VIH o con otras situaciones de discriminación relacionadas únicamente con esta enfermedad en concreto que, afortunadamente, gracias a los avances en investigación médica, ya no supone una condena a muerte como hace décadas. Este día, este 1 de marzo, también presenta un carácter universal y transversal para con otros muchos aspectos relacionados con distintas causas de discriminación injusta que sufren millones de personas en todo el mundo. En este sentido, teniendo en cuenta la situación que viven millones de mujeres y niñas en todo el mundo, desde UNAIDS-ONUSIDA se ha querido lanzar un mensaje más genérico, con una clara perspectiva de género pero siempre enmarcado en la lucha contra toda forma de discriminación y, muy especialmente, en la lucha contra la discriminación de las personas que conviven con el VIH. 

Las razones que motivan este mensaje con una mayor perspectiva de género es que, principalmente, la discriminación sobre mujeres y niñas sigue siendo una de las principales conductas discriminatorias a nivel global, indudablemente, también influye notoriamente en la lucha contra el VIH. El Feminismo, la defensa de los derechos humanos en todo el mundo, la cero discriminación hacia las personas portadoras de VIH y, en definitiva, la lucha contra toda forma discriminación, han de erigirse como valores arraigados en todos el mundo, en toda sociedad que se tenga a sí misma por una sociedad plural, libre, justa, feminista, diversa, democrática y avanzada. En consecuencia, es imposible desligar la lucha por la igualdad de los derechos de mujeres y niñas de la lucha por la derrota definitiva de la pandemia del VIH que afecta millones de personas en todo el mundo y de la que, únicamente uniendo fuerzas, estoy convencido de que el VIH acabará siendo no solo una patología vencible sino también, en un futuro cada vez más próximo, será una patología TOTALMENTE VENCIDA y ERRADICADA en 2030.

En este sentido, también teniendo como referente que este año 2020 se cumplen 25 años de la Conferencia Mundial sobre la Mujer de Beijing, y que en los próximos meses se van a celebrar distintos actos de relevancia internacional como lo son el Congreso de Beijing+25, la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer y la Reunión de Alto Nivel de la Asamblea General de Naciones Unidas, es por lo que desde UNAIDS-ONUSIDA se ha querido dar este enfoque mucho más próximo a la perspectiva de género sin que eso suponga, el modo alguno, el dejar de lado todas las metas y retos pendientes de consecución promovimos en campañas anteriores desde el seno de la Organización de las Naciones Unidas. 

Es cierto. Existen muchos desafíos que tendremos que abordar de forma transversal, directa y conjunta si realmente queremos acabar con toda forma de discriminación y muy especialmente con aquella que afecta a millones de mujeres y niñas en todo el mundo. MUJERES QUE, CADA DÍA, SUFREN TODA CLASE DE VIOLENCIA y en donde no podemos dejar de lado a todas aquellas que conviven con el VIH; a las mujeres que son forzadas y explotadas sexualmente; y, por supuesto, a las mujeres transgénero que históricamente han sido las más atacadas en su dignidad  y en sus derechos más básicos e inalienables de la forma más cruel y descarnada, incluso desde el seno de países supuestamente democráticos y desde partidos que, a día de hoy, cuenta con voz y voto dentro de nuestras instituciones y que cuestionan la dignidad inviolable y los derechos inalienables de millones de seres humanos en todo el mundo.

Por esta razón, es necesario crear una mayor masa crítica de conciencia social y generar movimientos de apoyo que fuercen la toma de políticas acompañadas de medidas eficaces que rompan con todos los frentes de discriminación que sufren millones de mueres y niñas a la hora de acceder a los servicios más básicos como lo son el acceso a la salud o el ejercicio del derecho humano a recibir una educación. Es más, en relación con las situaciones de violencia y discriminación que sufren mujeres y niñas, creo que muchas y muchos aún no son conscientes de la INCUESTIONABLE URGENCIA de luchar por los derechos de mujeres y niñas por el libre acceso a los servicios sanitarios y de salud sexual y reproductiva; de la IMPERIOSA OBLIGACIÓN MORAL que supone de la lucha por la total erradicación de todas las formas de violencia sobre la mujer; de la URGENTE ABOLICIÓN de toda práctica relacionada con los matrimonios concertados, muy especialmente en aquellos casos que afectan a niñas; de la ABSOLUTA NECESIDAD de medidas urgentes que contribuyan al fin de la discriminación y en favor del total empoderamiento de mujeres y niñas desde el empleo, desde la independencia económica con absoluto respeto a sus derechos sucesorios y patrimoniales y desde la educación como herramientas esenciales; y, por supuesto, desde la LUCHA RADICAL en contra de la criminalización de las mujeres y niñas cuando estas entran en la espiral de la explotación sexual de carácter forzado sin que exista voluntad ni consentimiento algunos.

Si realmente nos consideramos como una sociedad democrática y avanzada, respetuosa con los derechos y la dignidad de toda persona por el mero de hecho, no podemos permitir que millones de seres humanos continúen siendo tratados como personas de segunda clase o de inferior valía. NO ES POSIBLE VENCER AL VIH SI LAS CAUSAS DE DISCRIMINACIÓN SOCIAL Y ECONÓMICA CONTINÚAN ENRAIZADAS EN LO MÁS PROFUNDO DE NUESTRA SOCIEDAD Y MENOS AÚN MIENTRAS EXISTAN GRUPOS MARGINADOS DE POBLACIÓN. Tanto más cuando hablamos de grupos de personas SISTEMÁTICAMENTE CUESTIONADAS en sus derechos más básicos como lo son las personas del Colectivo LGTBIQ+; las personas que se han visto abocadas al trabajo sexual forzado y, por tanto, insisto, sin que exista voluntad ni consentimiento; y también aquellas personas que han tenido la mala fortuna de caer en mundo de las adiciones. 

Hemos de ser conscientes de que millones de personas en todo el mundo, han visto silenciada o, peor aún, han decidido silenciar su propia voz por el miedo que, en no pocas ocasiones, les provoca la activad o, más bien, la inactividad de las distintas administraciones frente a los casos de violencia y abusos normalizados socialmente y que están radicalmente en contra del respeto hacia sus derechos y dignidad inviolables como seres humanos. 

Por eso, es tarea obligada de todos los Estados la del establecimiento de mecanismos normativos que tengan como finalidad la protección de toda persona, desde el respeto hacia sus derechos más básicos, con independencia de cualquier clase de consideración y circunstancia personal o social.

Solo a través del cumplimiento de esta exigencia hacia los Estados estaremos ejercitando el verdadero sentido de lo que significa nuestra HUMANIDAD, reconociendo que TODO SER HUMANO ES PERSONA, que nosotras y nosotros LO SOMOS porque ellas y ellos también LO SON.

Podemos hacerlo. Podemos acabar con toda forma de discriminación, con la cero discriminación y, por su puesto, también podemos acabar con el VIH. 

Por tanto, si es posible y está en nuestras manos,

¡HAGÁMOSLO!

¡Jamás me callaréis!

Quienes me conocen saben de sobra que siempre he sido, y voy a seguir siendo, un profundo defensor de la inviolabilidad de dignidad humana, de los Derechos Humanos y de la Igualdad de toda persona, por el mero hecho de serlo, y sin que exista ninguna clase de excepción. Nunca, insisto, NUNCA, me he sentido, ni me sentiré, amedrentado por aquellas personas que creen SER muy valientes ocultándose en perfiles falsos de redes sociales y amenazando a través de ese falso anonimato cuando ven peligrar sus «privilegios» basados en una estúpida concepción de superioridad racial, social o cultural o también cuando ven amenazada esa absurda concepción de cuál debe ser la verdadera y única «masculinidad» o «feminidad» que, últimamente, algunas cabezas descerebradas están intentando extender desde puestos de representación que pagamos todas y todos.

Desde que era niño, siempre me ha resultado mucho más fácil ponerme de lado de la persona más débil para defender sus derechos cuando estos le son pisoteados, negados y arrebatados. Por este motivo, y también desde hace más años de los que puedo recordar, MANTENGO UN FÉRREO COMPROMISO CON LA LUCHA POR LA IGUALDAD Y POR LOS DERECHOS HUMANOS DE TODA PERSONA, DE TODO SER HUMANO, SEA QUIEN SEA. Incluso, ese compromiso es tal que puedo llegar a defender los Derechos Fundamentales de aquellas personas que, absurdamente, se permiten el lujo de sentirse erróneamente superiores sobre otras tratando de imponer sus ideas mediante el uso la fuerza, la extorsión y la amenaza, al tiempo que DESPRECIAN a todas aquellas personas que defendemos y trabajamos a diario (y cada día somos más) por mundo en el que la Igualdad y el respeto hacia la dignidad y hacia los Derechos Humanos sean los auténticos ejes vertebradores de cualquier sociedad que se tenga a sí misma por una sociedad plural, libre, justa, diversa, democrática y avanzada. Y todo ese desprecio lo manifiestan no solo desde el prejuicio y el odio irracional sino, también, amparándose en su concepción de ERRÓNEA de libertad de expresión que, aunque no acaba cuando se cruza la barrera de la mentira, sí termina cuando se adentra en el terreno de la injuria y, sobre todo, cuando se actúa desde la incitación a la violencia, cuando se actúa desde el odio cuando se actúa desde el prejuicio discriminatorio materializándose todo en la imposición por la fuerza desde la coacción, desde la agresión y desde la amenaza.

Reconozco que, hace algún tiempo, yo mismo fui objeto de estos ataques que, más allá de la toma de acciones legales y de seguridad que pude llevar a cabo, lo que sí es cierto es que NUNCA CONSIGUIERON, y NUNCA CONSEGUIRÁN, minar en absoluto mi voluntad de cumplir con ese compromiso que adquirí y del que ya os he hablado. Así, sin perjuicio de las acciones legales que tomé en su momento, decidí darle la importancia justa a aquellas amenazas. Una importancia que tardó en diluirse lo que tardé en tomarme un café de máquina y mientras recibía una llamada con sentido amenazante en el que, la persona que estaba al otro lado, con un tono de voz y un acento que me resultaba familiar, decía; «Te vamos a partir las piernas cuando salgas de tu despacho y sabemos que estás dentro porque tienes la luz encendida».

Quizá en otras circunstancias, me hubiese sentido atemorizado por aquella situación que, sí, es cierto, fue sin duda muy desagradable vivirla. Pero, sin embargo, no lo hice. NUNCA PERMITÍ QUE EL MIEDO SE APODERASE DE MÍ y seguí trabajando hasta que, tras perder la noción del tiempo, me di cuenta de que eran casi las 3 de madrugada.

Para quien le cueste entender el porqué de mi forma de actuar en estos casos, la respuesta es mucho más simple de lo que imagináis. Para ello, para poder explicar por qué actúe y actúo de esta manera, quiero hacerlo planteando algunas preguntas previas.

PRIMERA.- ¿Me he llegado a sentir realmente amenazado? NO, EN ABSOLUTO. Eso supone dar un poder a quien no lo tiene. El miedo es la principal arma de quienes pretenden imponer por la fuerza ideas contrarias a la dignidad y a los derechos de toda persona. Por eso, no me he sentido nunca amenazado porque, en realidad, y con carácter general, estas acciones no son nada más allá de una mera idiotez propia de gente absurda y descerebrada que, como os digo, cree ser muy valiente bajo EL ANONIMATO INEXISTENTE de las redes sociales y otras vías. Así que, no hay de qué preocuparse. Siempre se pueden tomar ciertas precauciones pero, igualmente, de entre las precauciones que tomo, también cuento con formas de identificar a quienes pretenden infligir el miedo. Pero, en serio, EN ABSOLUTO ESTOY PREOCUPADO. Todo está bien y, lo más importante, SÉ QUE VA A SEGUIR ESTÁNDOLO.

SEGUNDA.- ¿Acaso piensan que voy a rendirme? La respuesta es fácil. JAMÁS. NUNCA. Este tipo de actos no hacen otra cosa sino darme más motivos para continuar con mi propósito y que no es otro que seguir trabajando por la defensa de la dignidad humana inviolable y por todos los derechos inherentes de toda persona, sea quien sea. Por tanto, no solo creo firmemente en lo que hago sino que, además, junto a todas mi compañeras y compañeros, cuyo respaldo, cariño y afecto siento continunamente, puedo deciros con total seguridad que voy a seguir trabajando sin descanso por aquello que éticamente siento que es correcto.

TERCERA.- ¿Por qué hago todo esto? Esto me resulta muy fácil de explicar. Simplemente, por la sencilla razón de que mientras menos hagamos al respecto, más riesgo existirá para aquellas personas cuyos derechos y dignidad como seres humanos son cuestionados, relativizados y negados sistemáticamente. Unos derechos y una dignidad que, al ser de titularidad de toda persona sin excepciones, el ataque hacia una sola persona supone un amenaza real para la dignidad y los derechos de cualquier otra persona, de todas las personas en cualquier lugar del mundo. Por tanto, mientras más hagamos, mientras plantemos cara con fuerza y determinación, más y mejor serán protegidos la dignidad y los derechos de todas y de todos y, muy especialmente de quienes durante años, durante décadas e, incluso, durante siglos, han visto vulnerados, pisoteados y negados sus derechos más básicos e inalienables por el mero hecho de su lugar de origen o por el simple hecho de ser, sentir, rezar, pensar, hablar, amar de forma diferente pero, siempre, CON IGUAL EXIGENCIA DE RESPETO.

CUARTA.- ¿En algún momento voy a cambiar? Tampoco. No tengo la más mínima intención de dejar de trabajar por aquello que considero que es ético y por aquello que considero que es justo. Por tanto, una cosa es ser cauto, es decir, tomar algunas precauciones, y otra muy distinta es ceder ante las críticas, ante los insultos y ante las amenazas de quienes tienen o confían en una concepción o creencia absurda de un supremacismo social, moral y étnico-cultural INEXISTENTES.

CINCO.- ¿Tengo o he tenido miedo alguna vez por hacer lo que hago? Si entendemos como miedo esa sensación de sentirse angustiado por un peligro que me haga sentirme paralizado y aplicado a la tarea que estoy llevado a cabo, la respuesta es simple: NO, EN ABSOLUTO. Como ya he dicho, se pueden tener ciertas precauciones pero no hay que tener miedo en estos casos. Es cierto que no soy un caballero de reluciente armadura y tampoco lo pretendo. Además, afortunadamente, cada día somos más quienes trabajamos por un mundo mejor, más social, más plural, más libre, más justo, más igualitario, más diverso y más democrático. UN MUNDO EN DONDE LOS DERECHOS DE TODA PERSONA, SIN EXCEPCIÓN DE NINGUNA CLASE, SEAN RESPETADOS SIEMPRE ANTE CUALQUIER CIRCUNSTANCIA Y EN TODAS PARTES. Y como yo, que apenas soy un mero recién llegado, somos cientos de miles (por no decir millones) quienes ponemos todo nuestro empeño, trabajamos día a día con ahínco y creemos firmemente en que lo estamos haciendo es lo más justo y lo más correcto si realmente queremos construir una sociedad mejor, más justa, más libre, más igualitaria y más avanzada.

Dicho todo esto, soy muy consciente de que no elegí una línea de trabajo fácil, que los riesgos están ahí fuera y que hay gente dispuesta a todo por imponer por la fuerza sus criterios vulnerando la dignidad y los derechos de quienes piensan que no merecen ser titulares de los mismos. Pero eso no nos achantará nunca ni a mí ni a quienes creemos firmemente en la Igualdad, en la Libertad, en la inviolabilidad de la Dignidad Humana y en los Derechos Humanos de toda persona sin excepciones de ninguna clase.

Lo sé. Admito que, a veces, habrá situaciones de riesgo y extremadamente complicadas a lo largo del camino y que, en la mayoría de las ocasiones, no será un camino agradable. Pero, al mismo tiempo, quiero que comprendáis que muchas veces no somos realmente conscientes de hasta qué punto una sola persona puede llegar a marcar la la diferencia y hacer que las cosas vayan a mejor ante un problema que, en definitiva, nos afecta a todas y a todos como seres humanos.

Y es que, por favor, me gustaría que siempre tuviésemos muy presente lo siguiente:

La Humanidad, en toda su riqueza y en toda su diversidad, es sin duda nuestro mayor y más valioso patrimonio. ¡DEFENDÁMOSLA!

¡¡ROMPAMOS EL SILENCIO!!