Vivimos tiempos difíciles. Nuestro mundo ha cambiado casi en un abrir y cerrar de ojos y una vez más, mientras huimos de un enemigo tan invisible como letal, millones de personas en todo el mundo corren el riesgo de perder lo poco que aún les queda.
Es verdad. Cuesta contener el llanto ante la pérdida de decenas de miles de vidas y a pesar de los esfuerzos de un sistema sanitario PROFUNDAMENTE CASTIGADO POR LOS RECORTES Y LA ESPECULACIÓN EMPRESARIAL. Esto es así, no podemos negarlo.
Hemos de tener muy claro que la pandemia del COVID-19 no puede considerarse únicamente como una crisis de carácter sanitario, también es representa un enorme desafío social y económico en donde TODA LA COMUNIDAD INTERNACIONAL DEBE DAR UNA RESPUESTA COORDINADA Y, POR ENCIMA DE TODO, SER CAPAZ DE RESPONDER A LAS NECESIDADES DE QUIENES SON MÁS VULNERABLES.

Es cierto, por mucho que pretendamos hallar la causa o señalar a los culpables, nadie esperaba ni estaba preparado para esto. Se podrá discutir cuándo debió actuarse y de qué manera pero, por mucho que queramos discutir, eso no cambiará nada. ¿Y por qué? PORQUE CUANDO NO SABES QUÉ VA A PASAR, TAMPOCO SABES QUÉ HACER. Lo que sí podemos prever y combatir son las consecuencias de un virus que, sin duda, ha puesto en jaque todo un sistema de vida al que estábamos acostumbrados y que hará que nada vuelva a ser igual.
Si de algo ha servido esta de situación es sin duda para darnos cuenta de dos cosas: La primera de ellas es, sin duda, LA INEXCUSABLE NECESIDAD DE CONTAR CON UN SISTEMA SANITARIO FUERTE que permita afrontar futuras situaciones de crisis sanitaria y evitar un nuevo drama humano. La segunda de ellas, es el darnos cuenta de lo frágil que es el sistema en el que vivimos y las profundas grietas que existen dentro del mundo laboral y del mercado económico. Más de 440 millones de empresas en todo corren serias dificultades y muchas de ellas se encuentran al borde de la quiebra. Si embargo, el verdadero drama, SIEMPRE POR DETRÁS LA PÉRDIDA DE VIDAS HUMANAS, es la destrucción de millones de puestos de trabajo y la incapacidad de dar respuesta y cobertura a todas ellas.
Hoy, PRIMERO DE MAYO, DÍA INTERNACIONAL DEL TRABAJO, quiero que pensemos que, a nivel mundial, solo el 20% de la población activa tiene derecho a alguna clase de prestación por desempleo. Es decir, que cuatro de cada cinco personas, no tendrán respaldo de ninguna clase para afrontar esta situación, lo que, a su vez, supondrá una catástrofe para millones de familias en todo el mundo. Muchas de ellas, se verán obligadas a seguir trabajando bajo ENORMES PRESIONES, AMENAZAS Y COACCIONES de sus empleadores. Incluso, SERÁ IMPOSIBLE CUANTIFICAR el número de personas que, aún estando enfermas, deben seguir trabajando para alimentar a sus familias.

Reconozcámoslo, todas y todos, seamos quienes seamos y vivamos donde vivamos, SI NO ACTUAMOS A TIEMPO VAMOS A SUFRIR LAS CONSECUENCIAS DE UNA SITUACIÓN QUE NADIE ESPERABA Y QUE NADIE PUEDE CONTROLAR. Es más, más allá del riesgo continuo de contagio y aunque se descubra una vacuna hoy mismo (ojalá fuera así), sabemos que el resultado de todo esto será endurecimiento de los ciclos de pobreza y el aumento del desempleo a todos los niveles además de la desigualdad social y la falta de oportunidades en todo el mundo.
Según datos recientes de la ORGANIZACIÓN INTERNACIONAL DEL TRABAJO, alrededor de 1.600 MILLONES DE PERSONAS ESTÁN EN SERIO RIESGO DE PERDER SU FUENTE DE INGRESOS por la crisis sanitaria global provocada por la pandemia. Pensemos un poco en las cifras: De los cerca de 3.500 MILLONES DE PERSONAS que forman la población activa a nivel global, alrededor de 2.000 TRABAJAN EN ECONOMÍA SUMERGIDA. De estos 2.000 millones de personas, alrededor de 1.600 MILLONES ESTÁN EN SERIO RIESGO DE PERDER TODAS SU FUENTES DE INGRESOS y, de entre ellas, CASI 750 MILLONES SON MUJERES que perderán la única fuente de ingresos para ayudar a sus familias, muy especialmente, en zonas rurales de países en vías de desarrollo.

Sin duda, en un futuro próximo, cuando lo peor la pandemia haya pasado, tendremos que afrontar una situación dramática con el empeoramiento de la calidad y de la oferta de empleo. Millones de personas verán afectadas sus condiciones de trabajo y se verán forzadas a aceptar otras que no solo serán mucho más duras sino que, en buena parte de los casos, pondrán en serio riesgo su dignidad y sus derechos. Todo esto teniendo en cuenta que, antes de la crisis del Covid-19, alrededor de 700 MILLONES DE PERSONAS de países de rentas medias y bajas ya vivían en condiciones de POBREZA EXTREMA a pesar de contar con un empleo.
Por supuesto, toda esta situación también contribuirá a que la brecha de género no solo no se cierre sino que, muy probablemente, se hará mucho más profunda.. Todos los avances de las últimas décadas corren el riesgo de perderse afectando especialmente a los avances en materia de igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres. Pensemos que tres de cada cinco de los 3500 millones de personas que conforman la población activa mundial son hombres. Al ser las mujeres las principales perjudicadas, muchas de ellas correrán serio riesgo de caer de nuevo en la exclusión laboral, de ver cómo su trabajo no es igualmente valorado o retribuido con similares contraprestaciones y sueldo por una misma labor realizada, de volver a ejercer trabajos de escasa cualificación sin posibilidad de emprendimiento o, en el peor de los casos, de sufrir una clara explotación laboral que, por desgracia, también tendrá una alta probabilidad de convertirse en otras formas de EXPLOTACIÓN DE CARÁCTER SEXUAL en donde mujeres, chicas jóvenes y niñas son las principales víctimas.
Como antes he señalado, NO TODO ES CULPA DEL COVID-19. Desde hace algunos años, en todo el mundo se está retrocediendo en la protección de los derechos de la clase trabajadora. Así lo puso de manifiesto la Confederación Internacional de Sindicatos que, en su ÍNDICE-GUÍA GLOBAL DE LOS DERECHOS DE LA CSI 2018, ya alertaba de los sucesivos recortes en materia de protección laboral en diferentes países en donde, además, se estaba llevando a cabo la persecución de quienes arriesgan su vida por defender derechos de los trabajadores al tiempo que intentan minar la confianza entre trabajadores y sindicatos a los que se intenta desprestigiar a toda costa.

La JUSTICIA SOCIAL (sí, lo escribo en mayúsculas), vuelve a ser tan necesaria ahora como lo fue en el pasado tras las dos Guerras Mundiales. Parafraseando a ALBERT THOMAS, aunque nuestro mundo se halle dividido y en crisis, y a pesar de las enormes diferencias que a veces nos separan, ahora más que nunca es necesaria la JUSTICIA SOCIAL (sí, en mayúsculas otra vez) si no queremos que las generaciones futuras carguen con dolor de nuestro presente y que este les haga retroceder al pasado. Pensemos que el coste de vulnerar los derechos económicos sociales de un parte de la población por la coyuntura económica puede ser incalculable pero, sin duda, el drama humano que de esta vulneración se derive puede ser aún mucho peor.
Antes he hablado de cómo afectará esta situación a las mujeres pero tampoco quiero olvidarme de todas las personas con discapacidad que también sufrirán los efectos de esta nueva crisis global a través de recortes en políticas sociales de inserción laboral y cuya exclusión de mundo laboral puede suponer un coste de alrededor del 7% de PIB. Por tanto, ES MUY IMPORTANTE QUE NADIE SE QUEDE ATRÁS PORQUE, ENTRE TODAS Y TODOS, SEAMOS QUIENES SEAMOS, SOMOS CAPACES DE SALIR ADELANTE.
Es obvio que las empresas, a las que antes también hice mención, jugarán un papel esencial en futuro. Ahora bien, toda empresa debe ser consciente de que, en modo alguno, NINGUNA SITUACIÓN DE CRISIS ES EXCUSA PARA VULNERAR LOS DERECHOS DE SUS TRABAJADORES O LOS DERECHOS INALIENABLES DE LOS GRUPOS DE POBLACIÓN EN DONDE EJERCEN SU ACTIVIDAD ECONÓMICA. Es decir, como señala JOHN RUGGIE, actuar dentro del ámbito empresarial de forma responsable y acorde con el respeto hacia la dignidad y hacia los derechos humanos de toda persona NO PUEDE CONVERTIRSE JAMÁS EN ALGO OPCIONAL. Igualmente, nosotros los consumidores deberemos empezar a tomar consciencia de nuestra propia responsabilidad individual y también colectiva a la hora de consumir determinados productos cuya procedencia y manufacturación están manchadas con el dolor y sufrimiento de miles de trabajadores y trabajadoras, muchos de ellos niñas y niños, que se ven abocados a llevar a cabo JORNADAS EXTENUANTES DE HASTA 16 HORAS por un sueldo diario que apenas llegaría a cubrir el coste medio de un café en cualquier cafetería.
En palabras de GUY RYDER, sin duda nos encontramos ante “la mayor prueba de cooperación internacional en más de 75 años”. Y es cierto. Desde finales de la Segunda Guerra Mundial el mundo no ha enfrentado un reto de tal envergadura como el que nos encontramos. SI NO SOMOS CAPACES DE APARTAR NUESTRAS DIFERENCIAS Y DAR UNA RESPUESTA COORDINADA, TODA LA COMUNIDAD INTERNACIONAL HABRÁ FRACASADO. Si no somos capaces de dar una respuesta quienes más lo sufrirán serán quienes menos responsabilidad tienen y son más vulnerables. Ya lo hemos vivido en el pasado y no podemos cometer los mismos errores. Literalmente, LA VIDA DE MILLONES DE PERSONAS EN TODO EL MUNDO ESTÁ EN JUEGO y dependiendo de cómo actuemos colectivamente así será nuestro grado de culpabilidad.
Decía al principio que vivimos momentos especialmente difíciles. Es cierto, esto es algo que conviene tener presente. Vamos a vivir tiempos muy difíciles en donde el incremento de los niveles de pobreza en cualquier lugar supondrá un riesgo para el futuro, la estabilidad y la prosperidad de todas y todos. Si no actuamos a tiempo, las próximas generaciones sufrirán el daño causado por NUESTRA IRRESPONSABILIDAD, por no haber aportado las soluciones necesarias a tiempo, por no haber sido capaces de doblegar no solo la curva de la enfermedad sino también la curva de otras “epidemias” como la POBREZA EXTREMA O EL HAMBRE, que MATA DIARIAMENTE A 25.000 PERSONAS EN TODO MUNDO, y por haber permitido que, una vez más, quienes más sufran sean los más vulnerables.
NO PODEMOS FRACASAR ESTA VEZ, NO PODEMOS FRACASAR DE NUEVO, NO PODEMOS FRACASAR NUNCA MÁS.
