(Escrito en 🇪🇸️ – Written in 🇬🇧️ – Scritto in 🇮🇹 – Rédigé en 🇫🇷️ – Escrito em 🇵🇹)
🇪🇸️ESPAÑOL🇪🇸️
La Paz no debería ser únicamente la ausencia de violencia, debería ser el estado natural de todo aquello que nos rodea y que, a pesar de nuestras diferencias, nos permitiese ser capaces de avanzar conjuntamente, en plena armonía, en total convivencia, en constante evolución y dejando a un lado toda forma de hostilidad.
La propia Carta de las Naciones Unidas reconoce el compromiso de “preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra” que en dos ocasiones golpeó al conjunto de la humanidad durante el pasado siglo y que, por desgracia, en la actualidad, sigue golpeando a buena parte la población en numerosas regiones de todo el mundo contabilizándose millones de víctimas inocentes en los más de 50 conflictos bélicos que, a día de hoy, aún permanecen activos.

No basta con intentar únicamente el mantenimiento de la Paz a través del envío de fuerzas que eviten más enfrentamientos entre las partes enfrentadas. Tampoco es efectivo intentar construir la paz toda vez que regiones enteras han sido arrasadas sin que las heridas estén cicatrizadas. Tampoco es una panacea el descargar todas las responsabilidades en la diplomacia preventiva.
Nada de todo esto por separado es efectivo por sí solo pero, al mismo tiempo, todo forma parte de un conjunto esencial que debe ser elevado al máximo nivel si realmente queremos trabajar por una paz mundial y duradera. Todo ese conjunto a ese máximo nivel recibe un nombre que muy pocas veces es pronunciado no solo por los altos cargos de los diferentes gobiernos que conforman la comunidad internacional, sino que tampoco nuestros mismos labios pronuncian. Y ese nombre es: CULTURA DE LA PAZ.

Solo en apariencia, la cultura de la paz parece no tener ninguna posibilidad frente la cultura de la guerra y de la violencia, que tantos intereses mueve aunque no queramos o no sepamos reconocerlos. Igualmente, de esa cultura de la guerra, la impunidad y la intolerancia toman su fuerza todos aquellos que no creen en la paz y que, desafortunadamente, cada vez están más presentes en nuestra sociedad. Luchar contra todo es un reto complejo que debe ser enfocado desde múltiples perspectivas y a través de mecanismos que se antojan demasiado lentos y con demasiados errores. Pero es el único camino posible y el recorrerlo no es una opción, sino todo lo contrario, es una obligación de toda sociedad que, sin duda, puede y debe conseguirse.
Tal vez un día, 24 horas, no sean suficientes para reivindicar todo aquello que pueda exigirse en el Día Internacional para la Paz. La Paz no tiene que reivindicarse únicamente hoy, día 21 de septiembre, con un alto el fuego en día de hoy, sino que debe reivindicarse y exigirse constantemente para todos los líderes del mundo comiencen a escuchar de una vez por todas a todos los pueblos del mundo.
Pueblos que solo piden el fin de la violencia, de la represión y de la intolerancia; pueblos que claman por el respeto a hacia sus derechos y libertades fundamentales más básicas pero que apenas tienen posibilidad de hacerlo porque sus voces han sido silenciadas; pueblos que buscan desesperadamente la protección de sus familias huyendo del hambre, del dolor, de la destrucción y de una muerte segura.

Existen muchos aspectos relacionados con la ausencia de la paz que no únicamente se reducen a los enfrentamientos armados. Son muchas las causas que rodean los distintos conflictos de la actualidad; la falta de asistencia médica y humanitaria, la extrema pobreza, la prevención de enfermedades como el cólera, el tifus o el VIH; los desastres naturales fruto de un cada vez más evidente cambio climático; la falta de un sistema político que respete la democracia, la inviolabilidad de la dignidad humana y los derechos humanos; la falta de control de la venta de armas y la ausencia de compromisos de desarme; o la ausencia del cumplimiento de los compromisos contraídos por el resto de la comunidad internacional como las operaciones de paz en las zonas afectadas o ausencia de ayudas de cooperación al desarrollo.
Quizá ahora, cuando el mundo está siendo azotado por una brutal pandemia, es cuando más debemos pensar en mantenernos unidos para luchar contra un enemigo común que amenaza a toda la humanidad. Un enemigo común que no solo está causando una enorme pérdida de vidas humanas sino que, también, pone en serio peligro la estabilidad, la paz y la seguridad en todo el mundo.
No importa que no podamos estar cerca entre nosotros porque la distancia nunca podrá impedir que sigamos trabajando conjuntamente por un futuro mejor marcado por el respeto, la igualdad, la justicia social y, por supuesto, por la paz como único camino posible.
El papel de los jóvenes en la construcción y en el desarrollo de un futuro de paz es totalmente esencial. Solo a través de la Paz, es posible un mayor grado de desarrollo que permita aumentar la igualdad de oportunidades entre los jóvenes, mujeres y hombres del futuro, que residen en las zonas de conflicto.
Es preciso proteger a las nuevas generaciones procurándoles un ambiente sano y una educación inclusiva para que, como protagonistas fundamentales del mañana, y a través de su enorme potencial, dirijan a sus respectivos países hacia un futuro mejor en donde la paz y el desarrollo sostenible de su comunidad se hagan realidad desde una estabilidad y seguridad que son necesarias para erradicar la pobreza extrema, el hambre y las enfermedades que, aún teniendo fácil cura, se cobran demasiadas vidas inocentes precisamente por la ausencia paz.

Sus voces, que también son las nuestras, deben ser escuchadas porque, incluso mucho antes de lo que se esperaba, jóvenes de todo el mundo, mujeres y hombres del mañana, están demostrado su enorme fuerza y capacidad de compromiso en favor de aspectos tan esenciales como lo son el respeto hacia la dignidad y hacia los derechos humanos de toda persona (especialmente en la defensa de los derechos de migrantes y refugiados que se ven obligados abandonar todo cuanto poseen para salvar su vida); la defensa de un modelo de desarrollo sostenible que permita combatir los efectos del cambio climático; la promoción del empoderamiento de la sociedad civil a través de la fuerza de la democracia como mejor instrumento para combatir en favor de la igualdad entre mujeres y hombres; para luchar contra toda forma de discriminación por racismo, xenofobia, LGTBIfobia, enfermedad o discapacidad; y para impulsar y materializar un sistema de educación cívica e inclusiva que permita el máximo nivel de participación de la sociedad en aspectos tan esenciales como lo es la búsqueda y el mantenimiento de la Paz.
También debemos empezar a ser plenamente conscientes de la vital importancia que tiene un modelo de desarrollo sostenible en la consecución de la Paz. A través de programas de sostenibilidad se pueden abordar todas aquellas necesidades fundamentales de la población sin que eso ponga en riesgo que las próximas generaciones ven reducidas sus posibilidades de cubrir las que serán sus necesidades del mañana y permitiendo que puedan desarrollar todo su potencial.
Hemos de entender que la extrema pobreza, el hambre endémica de algunas regiones, el agotamiento de los recursos naturales, la escasez de algo tan vital como es el agua y la degradación del medio ambiente son elementos que alimentan el caldo de cultivo desde donde surge la corrupción, el racismo, la xenofobia y, en consecuencia, suponen una fuente de alimentación para los conflictos bélicos actuales y un verdadero riesgo para la paz en aquellas zonas afectadas por aquellos factores. A través del desarrollo sostenible pueden eliminarse estas causas de conflicto y contribuir a una paz duradera en las zonas afectadas que, al mismo tiempo, contribuirá a que existan las condiciones necesarias para avanzar precisamente en ese camino del desarrollo sostenible para alcanzar las cotas más altas de prosperidad.

Algunos negarán siempre todo los que he dicho hasta ahora y utilizarán argumentos falaces, vacíos y absurdos a la vez que traten de buscar responsables ajenos a modo de chivos expiatorios. Y lo harán desde el cinismo y el recurso fácil de argumentos extendidos por quienes promueven posturas ideológicas contrarias a la dignidad humana y los derechos humanos, señalando a quienes son diferentes como los únicos responsables de su situación y culpándoles de ser causantes de problemas que les son totalmente ajenos.
Sin embargo, en un mundo interconectado las responsabilidades también lo están y, por tanto, la obligación de defender la Paz es siempre una obligación compartida entre todos los pueblos. Por eso, es preciso saber utilizar los instrumentos necesarios para desacreditar a quienes, desde el cinismo y la falacia, intentan dividir a la sociedad en algo tan básico como lo es la búsqueda de la paz y la eliminación de toda forma de violencia, de intolerancia y de discriminación. Una violencia, una intolerancia y una discriminación que solo contribuyen a seguir degradando a seres humanos por el mero hecho de ser diferentes cuando, en realidad, todas y todos contamos con la misma dignidad inviolable y con los mismos derechos de carácter inalienable.

Por todas estas razones, hemos de asumir la necesidad de sumar nuestra voz en favor de la defensa de la Paz. Hagámoslo siempre, no únicamente en el día de hoy, clamando por el fin de la violencia, de la represión, de la intolerancia y en favor de la democracia, de la libertad, de la igualdad, de la dignidad y de los derechos humanos.
Sabemos cuáles son los factores que provocan la ausencia de paz y tenemos a nuestro alcance los medios para salvaguardarla. Todo ello con la fuerza, la energía y la vitalidad de las nuevas generaciones cuyo papel es esencial para conseguir alcanzar una Paz que, más que una meta, es el único camino si realmente queremos avanzar como una sociedad global comprometida con nuestro entorno y con nuestro futuro.
Porque defender la Paz es proteger la dignidad y defender los derechos humanos, es luchar en contra de la intolerancia, de la violencia y de la discriminación; es construir puentes de entendimiento; es convertir el dolor, el miedo y la desolación en vida y en esperanza; es recordar el sentido de nuestra humanidad; y porque defender la paz es, sin duda, el único camino.

🇬🇧ENGLISH🇬🇧
THE ONLY WAY.
Peace should not only be the absence of violence, it should be the natural state of everything that surrounds us and that, despite our differences, allows us to be able to advance together, in full harmony, in total coexistence, in constant evolution and leaving aside all forms of hostility.
The Charter of the United Nations recognises the commitment to «save succeeding generations from the scourge of war», which twice afflicted the whole of humanity during the last century and which, unfortunately, today continues to afflict a large part of the population in many regions of the world, claiming millions of innocent victims in the more than 50 armed conflicts that are still going on today.

It is not enough to attempt only peacekeeping by sending forces to prevent further confrontation between the warring parties. Nor is it effective to try to build peace when entire regions have been razed to the ground without the wounds being healed. Nor is it a panacea to unload all responsibilities on preventive diplomacy.
None of this is effective on its own but, at the same time, it is all part of an essential whole that must be raised to the highest level if we really want to work for lasting world peace. This whole group at this highest level receives a name that is rarely pronounced not only by the senior officials of the different governments that make up the international community, but also by our own lips. And that name is: CULTURE OF PEACE.

Only in appearance, the culture of peace seems to have no chance against the culture of war and violence, which moves so many interests even if we do not want to or do not know how to recognize them. Similarly, from this culture of war, impunity and intolerance take their strength from all those who do not believe in peace and who, unfortunately, are increasingly present in our society. Fighting against everything is a complex challenge that must be approached from multiple perspectives and through mechanisms that seem too slow and too wrong. But it is the only possible path and going down it is not an option; quite the opposite, it is an obligation for every society that can and must be achieved.
Perhaps one day, 24 hours, will not be enough to claim all that can be demanded on the International Day of Peace. Peace does not have to be claimed only today, September 21, with a ceasefire today, but must be constantly claimed and demanded for all world leaders to start listening once and for all to all the people of the world.
People who only ask for an end to violence, repression and intolerance; people who demand respect for their most basic rights and fundamental freedoms but have little chance of doing so because their voices have been silenced; people who desperately seek the protection of their families, fleeing from hunger, pain, destruction and certain death.

There are many aspects to the absence of peace that are not only reduced to armed confrontation. There are many causes surrounding the various conflicts of today; the lack of medical and humanitarian assistance, extreme poverty, prevention of diseases such as cholera, typhoid or HIV; natural disasters resulting from increasingly evident climate change; the lack of a political system that respects democracy, the inviolability of human dignity and human rights; the lack of control over the sale of arms and the absence of disarmament commitments; or the lack of compliance with commitments made by the rest of the international community such as peace operations in the affected areas or the absence of development cooperation aid.
Perhaps now, when the world is being hit by a brutal pandemic, is when we should think most about standing together to fight a common enemy that threatens all of humanity. A common enemy that is not only causing a huge loss of human life but also seriously threatening stability, peace and security throughout the world.
It does not matter that we cannot be close to each other because distance can never prevent us from continuing to work together for a better future marked by respect, equality, social justice and, of course, peace as the only possible way forward.
The role of young people in building and developing a future of peace is absolutely essential. Only through peace is it possible to achieve a greater degree of development that will increase equality of opportunity between the young people, women and men of the future, who live in conflict zones.
It is necessary to protect the new generations by providing them with a healthy environment and an inclusive education so that, as fundamental actors of tomorrow, and through their enormous potential, they can lead their respective countries towards a better future where peace and sustainable development of their community become a reality from a stability and security that is necessary to eradicate extreme poverty, hunger and diseases that, although easily curable, claim too many innocent lives precisely because of the absence of peace.

Their voices, which are also ours, must be heard because, even much earlier than expected, young people from all over the world, the women and men of tomorrow, are demonstrating their enormous strength and capacity for commitment in favour of such essential aspects as respect for the dignity and human rights of every person (especially in the defence of the rights of migrants and refugees who are forced to abandon everything they own to save their lives); the defence of a model of sustainable development that makes it possible to combat the effects of climate change; the promotion of the empowerment of civil society through the force of democracy as the best instrument to fight for equality between women and men; to fight against all forms of discrimination due to racism, xenophobia, LGBT-phobia, illness or disability; and to promote and materialize a system of civic and inclusive education that allows the maximum level of participation of society in such essential aspects as the search for and maintenance of peace.
We must also begin to be fully aware of the vital importance of a sustainable development model in achieving peace. Through sustainability programmes we can address all those fundamental needs of the population without this putting at risk that the next generations will see their possibilities of covering what will be their needs tomorrow reduced and allowing them to develop their full potential.
We must understand that extreme poverty, the endemic hunger of some regions, the depletion of natural resources, the scarcity of something as vital as water and the degradation of the environment are elements that feed the breeding ground from which corruption, racism and xenophobia arise and, consequently, are a source of nourishment for current war conflicts and a real risk to peace in those areas affected by those factors. Through sustainable development, these causes of conflict can be eliminated and a contribution made to lasting peace in the areas concerned which, at the same time, will help to ensure that the conditions are in place for progressing along precisely that path of sustainable development towards the highest levels of prosperity.

Some will always deny all that I have said so far and use fallacious, empty and absurd arguments while trying to seek out outside leaders as scapegoats. And they will do so with cynicism and the easy recourse to arguments extended by those who promote ideological positions contrary to human dignity and human rights, pointing to those who are different as the only ones responsible for their situation and blaming them for causing problems that are totally alien to them.
However, in an interconnected world, responsibilities are also interconnected, and therefore the obligation to defend Peace is always a shared one among all peoples. That is why we must know how to use the necessary instruments to discredit those who, from cynicism and fallacy, try to divide society into something as basic as the search for peace and the elimination of all forms of violence, intolerance and discrimination. Violence, intolerance and discrimination only contribute to the further degradation of human beings simply because they are different when, in reality, we all have the same inviolable dignity and the same inalienable rights.

For all these reasons, we must assume the need to add our voice in favour of the defence of Peace. Let us always do so, not only today, calling for an end to violence, repression and intolerance and in favour of democracy, freedom, equality, dignity and human rights.
We know what factors cause the absence of peace and we have the means to safeguard it. All this with the strength, energy and vitality of the new generations whose role is essential to achieve a Peace which, more than a goal, is the only way forward if we really want to move forward as a global society committed to our environment and our future.
Because defending Peace means protecting dignity and defending human rights, it means fighting against intolerance, violence and discrimination; it means building bridges of understanding; it means turning pain, fear and desolation into life and hope; it means remembering the meaning of our humanity; and because defending Peace is, without a doubt, the only way.

🇮🇹ITALIANO🇮🇹
L’UNICA VIA.
La pace non dovrebbe essere solo l’assenza di violenza, dovrebbe essere lo stato naturale di tutto ciò che ci circonda e che, nonostante le nostre differenze, ci permette di avanzare insieme, in piena armonia, in totale convivenza, in costante evoluzione e lasciando da parte ogni forma di ostilità.
La Carta delle Nazioni Unite riconosce l’impegno a «salvare le future generazioni dal flagello della guerra», che ha colpito l’umanità per due volte nel secolo scorso e che, purtroppo, continua a colpire gran parte della popolazione in molte regioni del mondo, causando milioni di vittime innocenti in più di 50 guerre che ancora oggi sono in corso.

Non è sufficiente cercare di mantenere la pace solo inviando forze che impediscano un ulteriore confronto tra le parti opposte. Né è efficace cercare di costruire la pace quando intere regioni sono state rase al suolo senza che le ferite siano guarite. Né è una panacea scaricare tutte le responsabilità sulla diplomazia preventiva.
Niente di tutto questo è efficace da solo ma, allo stesso tempo, fa tutto parte di un insieme essenziale che deve essere elevato al massimo livello se vogliamo davvero lavorare per una pace mondiale duratura. Tutto questo gruppo di alto livello riceve un nome che viene pronunciato raramente, non solo dagli alti funzionari dei vari governi che compongono la comunità internazionale, ma anche dalle nostre stesse labbra. E questo nome è: CULTURA DELLA PACE.

Solo in apparenza la cultura della pace sembra non avere alcuna possibilità contro la cultura della guerra e della violenza, che è il motore di tanti interessi anche se non li vogliamo o non siamo in grado di riconoscerli. Allo stesso modo, è da questa cultura della guerra, dell’impunità e dell’intolleranza che tutti coloro che non credono nella pace e che, purtroppo, sono sempre più presenti nella nostra società, traggono la loro forza. Lottare contro tutto è una sfida complessa che deve essere affrontata da molteplici prospettive e attraverso meccanismi che sembrano troppo lenti e sbagliati. Ma è l’unica strada possibile e percorrerla non è un’opzione, anzi, è un obbligo di ogni società che può e deve essere realizzato.
Forse un giorno, 24 ore, non sarà sufficiente per rivendicare tutto ciò che può essere richiesto nella Giornata internazionale per la pace. La pace non deve essere rivendicata solo oggi, 21 settembre, con un cessate il fuoco oggi, ma deve essere rivendicata ed esigere costantemente che tutti i leader del mondo comincino ad ascoltare una volta per tutte a tutti i popoli del mondo.
Popoli che chiedono solo la fine della violenza, della repressione e dell’intolleranza; popoli che chiedono il rispetto dei loro diritti più elementari e delle libertà fondamentali, ma che hanno poche possibilità di farlo perché la loro voce è stata messa a tacere; popoli che cercano disperatamente la protezione delle loro famiglie, fuggendo dalla fame, dal dolore, dalla distruzione e da morte certa.

Ci sono molti aspetti legati all’assenza di pace che non si riducono solo agli scontri armati. Le cause che circondano i vari conflitti di oggi sono molteplici; la mancanza di assistenza medica e umanitaria, l’estrema povertà, la prevenzione di malattie come il colera, il tifo o l’HIV; i disastri naturali derivanti da cambiamenti climatici sempre più evidenti; la mancanza di un sistema politico che rispetti la democrazia, l’inviolabilità della dignità umana e i diritti umani; la mancanza di controllo sulla vendita di armi e l’assenza di impegni di disarmo; o il mancato rispetto degli impegni assunti dal resto della comunità internazionale, come le operazioni di pace nelle zone colpite o l’assenza di aiuti alla cooperazione allo sviluppo.
Forse ora, quando il mondo è colpito da una brutale pandemia, è il momento in cui dovremmo pensare più che altro a stare insieme per combattere un nemico comune che minaccia tutta l’umanità. Un nemico comune che non solo sta causando un’enorme perdita di vite umane, ma sta anche mettendo seriamente a repentaglio la stabilità, la pace e la sicurezza in tutto il mondo.
Non importa che non possiamo essere vicini l’uno all’altro perché la distanza non può mai impedirci di continuare a lavorare insieme per un futuro migliore segnato dal rispetto, dall’uguaglianza, dalla giustizia sociale e, naturalmente, dalla pace come unica via possibile.
Il ruolo dei giovani nella costruzione e nello sviluppo di un futuro di pace è assolutamente essenziale. Solo attraverso la pace è possibile raggiungere un maggior grado di sviluppo che permetta di aumentare le pari opportunità tra i giovani, donne e uomini del futuro, che vivono in zone di conflitto.
Le nuove generazioni devono essere protette fornendo loro un ambiente sano e un’educazione inclusiva affinché, in quanto attori fondamentali del domani, e attraverso il loro enorme potenziale, possano guidare i rispettivi Paesi verso un futuro migliore in cui la pace e lo sviluppo sostenibile della loro comunità diventino una realtà in una prospettiva di stabilità e sicurezza, necessarie per sradicare la povertà estrema, la fame e le malattie che, sebbene facilmente curabili, rivendicano troppe vite innocenti proprio a causa dell’assenza di pace.

La loro voce, che è anche la nostra, deve essere ascoltata perché, anche molto prima del previsto, i giovani di tutto il mondo, donne e uomini di domani, stanno dimostrando la loro enorme forza e capacità di impegno a favore di aspetti essenziali come il rispetto della dignità e dei diritti umani di ogni persona (soprattutto nella difesa dei diritti dei migranti e dei rifugiati che sono costretti ad abbandonare tutto ciò che possiedono per salvarsi la vita); la difesa di un modello di sviluppo sostenibile che permetta di combattere gli effetti del cambiamento climatico; la promozione dell’empowerment della società civile attraverso la forza della democrazia come il miglior strumento per combattere per l’uguaglianza tra donne e uomini; per combattere contro tutte le forme di discriminazione dovute a razzismo, xenofobia, LGBT-fobia, malattie o disabilità; e per promuovere e materializzare un sistema di educazione civica e inclusiva che permetta il più alto livello di partecipazione della società in aspetti essenziali come la ricerca e il mantenimento della pace.
Dobbiamo anche cominciare ad essere pienamente consapevoli dell’importanza vitale di un modello di sviluppo sostenibile per il raggiungimento della pace. Attraverso programmi di sostenibilità, possiamo rispondere a tutti i bisogni fondamentali della popolazione senza rischiare che le prossime generazioni vedano ridotte le loro possibilità di soddisfare i bisogni di domani e di sviluppare appieno il loro potenziale.
Dobbiamo comprendere che l’estrema povertà, la fame endemica di alcune regioni, l’esaurimento delle risorse naturali, la scarsità di qualcosa di vitale come l’acqua e il degrado dell’ambiente sono elementi che alimentano il terreno fertile da cui nascono la corruzione, il razzismo e la xenofobia e, di conseguenza, sono una fonte di nutrimento per gli attuali conflitti bellici e un rischio reale per la pace in quelle zone colpite da questi fattori. Attraverso lo sviluppo sostenibile, queste cause di conflitto possono essere eliminate e si può contribuire a una pace duratura nelle aree interessate, che al tempo stesso contribuirà a garantire le condizioni per percorrere proprio quel percorso di sviluppo sostenibile per raggiungere i più alti livelli di prosperità.

Alcuni negheranno sempre tutto quello che ho detto finora e useranno argomentazioni fallaci, vuote e assurde, mentre cercheranno i leader esterni come capri espiatori. E lo faranno per cinismo e per il facile ricorso ad argomentazioni estese da chi promuove posizioni ideologiche contrarie alla dignità umana e ai diritti umani, indicando i diversi come gli unici responsabili della loro situazione e incolpandoli di aver causato problemi a loro totalmente estranei.
Tuttavia, in un mondo interconnesso, anche le responsabilità sono interconnesse, e quindi l’obbligo di difendere la Pace è sempre condiviso da tutti i popoli. Per questo dobbiamo saper usare gli strumenti necessari per screditare coloro che, dal cinismo e dalla fallacia, cercano di dividere la società in qualcosa di così fondamentale come la ricerca della pace e l’eliminazione di ogni forma di violenza, intolleranza e discriminazione. La violenza, l’intolleranza e la discriminazione contribuiscono all’ulteriore degrado degli esseri umani solo perché sono diversi quando, in realtà, abbiamo tutti la stessa inviolabile dignità e gli stessi inalienabili diritti.

Per tutti questi motivi, dobbiamo assumere la necessità di aggiungere la nostra voce a favore della difesa della Pace. Facciamo sempre così, non solo oggi, chiedendo la fine della violenza, della repressione e dell’intolleranza e a favore della democrazia, della libertà, dell’uguaglianza, della dignità e dei diritti umani.
Sappiamo quali sono i fattori che causano l’assenza di pace e abbiamo i mezzi per salvaguardarla. Tutto questo con la forza, l’energia e la vitalità delle nuove generazioni il cui ruolo è essenziale per raggiungere una Pace che, più che un obiettivo, è l’unica via da percorrere se vogliamo davvero andare avanti come società globale impegnata per il nostro ambiente e il nostro futuro.
Perché difendere la Pace è proteggere la dignità e difendere i diritti umani, è combattere contro l’intolleranza, la violenza e la discriminazione; è costruire ponti di comprensione; è trasformare il dolore, la paura e la desolazione in vita e speranza; è ricordare il significato della nostra umanità; e perché difendere la Pace è, senza dubbio, l’unica via.

🇫🇷️FRANÇAIS🇫🇷️
LA SEULE VOIE.
La paix ne doit pas seulement être l’absence de violence, elle doit être l’état naturel de tout ce qui nous entoure et qui, malgré nos différences, nous permet de pouvoir avancer ensemble, en pleine harmonie, en totale coexistence, en constante évolution et en laissant de côté toute forme d’hostilité.
La Charte des Nations unies reconnaît l’engagement de «préserver les générations futures du fléau de la guerre», qui a frappé l’humanité à deux reprises au cours du siècle dernier et qui, malheureusement, continue de frapper une grande partie de la population dans de nombreuses régions du monde aujourd’hui, faisant des millions de victimes innocentes dans plus de 50 guerres qui se poursuivent encore aujourd’hui.

Il ne suffit pas de tenter uniquement de maintenir la paix en envoyant des forces qui empêcheront de nouveaux affrontements entre les parties adverses. Il n’est pas non plus efficace d’essayer de construire la paix lorsque des régions entières ont été rasées sans que les blessures ne soient cicatrisées. Ce n’est pas non plus une panacée que de se décharger de toutes les responsabilités sur la diplomatie préventive.
Rien de tout cela n’est efficace en soi mais, en même temps, tout cela fait partie d’un ensemble essentiel qui doit être porté au plus haut niveau si nous voulons réellement œuvrer pour une paix mondiale durable. Tout ce groupe, à ce plus haut niveau, reçoit un nom rarement prononcé, non seulement par les hauts fonctionnaires des différents gouvernements qui composent la communauté internationale, mais aussi par nos propres lèvres. Et ce nom est : CULTURE DE LA PAIX.

Ce n’est qu’en apparence que la culture de la paix semble n’avoir aucune chance contre la culture de la guerre et de la violence, qui est le moteur de tant d’intérêts, même si nous ne voulons pas ou ne pouvons pas les reconnaître. De même, c’est de cette culture de la guerre, de l’impunité et de l’intolérance que tous ceux qui ne croient pas en la paix et qui, malheureusement, sont de plus en plus présents dans notre société, tirent leur force. Lutter contre tout est un défi complexe qui doit être abordé sous de multiples angles et par des mécanismes qui semblent trop lents et trop erronés. Mais c’est la seule voie possible et la suivre n’est pas une option, bien au contraire, c’est une obligation de toute société qui peut et doit être réalisée.
Peut-être qu’un jour, 24 heures, ne suffira pas pour réclamer tout ce qui peut être exigé lors de la Journée internationale de la paix. La paix ne doit pas être revendiquée seulement aujourd’hui, le 21 septembre, avec un cessez-le-feu aujourd’hui, mais elle doit être revendiquée et exigée constamment pour que tous les dirigeants du monde commencent à écouter une fois pour toutes tous les peuples du monde.
Des gens qui ne demandent que la fin de la violence, de la répression et de l’intolérance ; des gens qui réclament à grands cris le respect de leurs droits les plus fondamentaux et de leurs libertés fondamentales mais qui ont peu de chances de le faire parce que leur voix a été réduite au silence ; des gens qui cherchent désespérément à protéger leur famille, fuyant la faim, la douleur, la destruction et une mort certaine.

Il y a de nombreux aspects liés à l’absence de paix qui ne se réduisent pas seulement à des affrontements armés. Les causes des différents conflits actuels sont multiples : le manque d’assistance médicale et humanitaire, l’extrême pauvreté, la prévention de maladies telles que le choléra, la typhoïde ou le VIH ; les catastrophes naturelles résultant du changement climatique de plus en plus évident ; l’absence d’un système démocratique respectueux de la démocratie, de l’inviolabilité de la dignité humaine et des droits de l’homme ; le manque de contrôle sur la vente d’armes et l’absence d’engagements en matière de désarmement ; ou le non-respect des engagements pris par le reste de la communauté internationale, comme les opérations de paix dans les zones touchées ou l’absence d’aide à la coopération au développement.
C’est peut-être maintenant, alors que le monde est frappé par une pandémie brutale, que nous devrions le plus penser à nous unir pour combattre un ennemi commun qui menace toute l’humanité. Un ennemi commun qui non seulement cause d’énormes pertes en vies humaines, mais qui met aussi gravement en péril la stabilité, la paix et la sécurité dans le monde entier.
Peu importe que nous ne puissions pas être proches les uns des autres, car la distance ne peut jamais nous empêcher de continuer à travailler ensemble pour un avenir meilleur marqué par le respect, l’égalité, la justice sociale et, bien sûr, la paix comme seule voie possible.
Le rôle des jeunes dans la construction et le développement d’un avenir de paix est absolument essentiel. Seule la paix permet d’atteindre un plus grand degré de développement qui permettra d’accroître l’égalité des chances des jeunes, femmes et hommes de demain, qui vivent dans les zones de conflit.
Les nouvelles générations doivent être protégées en leur offrant un environnement sain et une éducation inclusive afin que, en tant qu’acteurs fondamentaux de demain, et grâce à leur énorme potentiel, elles puissent conduire leurs pays respectifs vers un avenir meilleur dans lequel la paix et le développement durable de leur communauté deviennent une réalité dans une perspective de stabilité et de sécurité, nécessaires pour éradiquer l’extrême pauvreté, la faim et les maladies qui, bien que facilement guérissables, font trop de victimes innocentes précisément à cause de l’absence de paix.

Leurs voix, qui sont aussi les nôtres, doivent être entendues car, bien plus tôt encore que prévu, les jeunes du monde entier, femmes et hommes de demain, démontrent leur énorme force et leur capacité d’engagement en faveur d’aspects aussi essentiels que le respect de la dignité et des droits de l’homme de chaque personne (en particulier la défense des droits des migrants et des réfugiés qui sont contraints d’abandonner tout ce qu’ils possèdent pour sauver leur vie) ; la défense d’un modèle de développement durable qui permet de lutter contre les effets du changement climatique ; la promotion de l’autonomisation de la société civile par la force de la démocratie en tant que meilleur instrument pour lutter pour l’égalité entre les femmes et les hommes ; pour lutter contre toutes les formes de discrimination dues au racisme, à la xénophobie, à la phobie des LGBT, à la maladie ou au handicap ; et pour promouvoir et concrétiser un système d’éducation civique et inclusive qui permette le plus haut niveau de participation de la société dans des aspects essentiels tels que la recherche et le maintien de la paix.
Nous devons également commencer à prendre pleinement conscience de l’importance vitale d’un modèle de développement durable pour parvenir à la paix. Grâce aux programmes de durabilité, nous pouvons répondre à tous les besoins fondamentaux de la population sans risquer que les prochaines générations voient se réduire leurs possibilités de répondre aux besoins de demain et de leur permettre de développer tout leur potentiel.
Nous devons comprendre que l’extrême pauvreté, la faim endémique de certaines régions, l’épuisement des ressources naturelles, la rareté d’un élément aussi vital que l’eau et la dégradation de l’environnement sont des éléments qui alimentent le terreau d’où naissent la corruption, le racisme et la xénophobie et, par conséquent, sont une source d’alimentation pour les conflits de guerre actuels et un risque réel pour la paix dans les régions touchées par ces facteurs. Grâce au développement durable, ces causes de conflit peuvent être éliminées et une contribution peut être apportée à une paix durable dans les zones concernées, ce qui contribuera en même temps à garantir que les conditions sont en place pour avancer précisément sur cette voie du développement durable afin d’atteindre les niveaux de prospérité les plus élevés.

Certains nieront toujours tout ce que j’ai dit jusqu’à présent et utiliseront des arguments fallacieux, vides et absurdes tout en essayant de trouver des dirigeants extérieurs comme boucs émissaires. Et ils le feront par cynisme et par le recours facile à des arguments avancés par ceux qui défendent des positions idéologiques contraires à la dignité humaine et aux droits de l’homme, en désignant ceux qui sont différents comme les seuls responsables de leur situation et en leur reprochant de causer des problèmes qui leur sont totalement étrangers.
Cependant, dans un monde interconnecté, les responsabilités sont également interconnectées, et par conséquent l’obligation de défendre la Paix est toujours partagée par tous les peuples. C’est pourquoi nous devons savoir comment utiliser les instruments nécessaires pour discréditer ceux qui, par cynisme et par erreur, tentent de diviser la société en quelque chose d’aussi fondamental que la recherche de la paix et l’élimination de toutes les formes de violence, d’intolérance et de discrimination. La violence, l’intolérance et la discrimination ne font que contribuer à la plus grande dégradation des êtres humains simplement parce qu’ils sont différents alors qu’en réalité, nous avons tous la même dignité inviolable et les mêmes droits inaliénables.

Pour toutes ces raisons, nous devons assumer la nécessité d’ajouter notre voix en faveur de la défense de la Paix. Faisons-le toujours, et pas seulement aujourd’hui, en appelant à la fin de la violence, de la répression et de l’intolérance et en faveur de la démocratie, de la liberté, de l’égalité, de la dignité et des droits de l’homme.
Nous savons quels sont les facteurs qui causent l’absence de paix et nous avons les moyens de la sauvegarder. Tout cela avec la force, l’énergie et la vitalité des nouvelles générations dont le rôle est essentiel pour parvenir à une Paix qui, plus qu’un objectif, est la seule voie à suivre si nous voulons vraiment avancer en tant que société mondiale engagée dans notre environnement et notre avenir.
Parce que défendre la paix, c’est protéger la dignité et défendre les droits de l’homme, c’est lutter contre l’intolérance, la violence et la discrimination ; c’est construire des ponts de compréhension ; c’est transformer la douleur, la peur et la désolation en vie et en espoir ; c’est se souvenir du sens de notre humanité ; et parce que défendre la paix est, sans aucun doute, le seul voie.

🇵🇹PORTUGUÊS🇵🇹
O ÚNICO CAMINHO.
A paz não deve ser apenas a ausência de violência, deve ser o estado natural de tudo o que nos rodeia e que, apesar das nossas diferenças, nos permite avançar juntos, em plena harmonia, em total coexistência, em constante evolução e deixando de lado todas as formas de hostilidade.
A Carta das Nações Unidas reconhece o compromisso de «salvar as gerações seguintes do flagelo da guerra», que atingiu a humanidade duas vezes no século passado e que, infelizmente, continua a atingir uma grande parte da população em muitas regiões do mundo de hoje, fazendo milhões de vítimas inocentes em mais de 50 guerras que ainda hoje se desenrolam.

Não basta tentar apenas manter a paz enviando forças que impeçam novos confrontos entre as partes em confronto. Nem é eficaz tentar construir a paz quando regiões inteiras foram arrasadas até ao chão sem que as feridas tenham sido curadas. Também não é uma panaceia descarregar todas as responsabilidades na diplomacia preventiva.
Nada disto é eficaz por si só mas, ao mesmo tempo, faz tudo parte de um todo essencial que deve ser elevado ao mais alto nível se quisermos realmente trabalhar para uma paz mundial duradoura. Todo este grupo ao mais alto nível recebe um nome raramente pronunciado, não só pelos altos funcionários dos vários governos que compõem a comunidade internacional, mas também pelos nossos próprios lábios. E esse nome é: CULTURA DA PAZ.

Só aparentemente a cultura da paz parece não ter qualquer hipótese contra a cultura da guerra e da violência, que é a força motriz por detrás de tantos interesses, mesmo que não queiramos ou não sejamos capazes de os reconhecer. Do mesmo modo, é desta cultura de guerra, impunidade e intolerância que aqueles que não acreditam nela retiram a sua força e se tornam cada vez mais presentes na nossa sociedade. A luta contra tudo é um desafio complexo que deve ser abordado de múltiplas perspectivas e através de mecanismos que parecem demasiado lentos e com demasiados erros. Mas é o único caminho possível e tomá-lo não é uma opção, mas muito pelo contrário, é uma obrigação de toda a sociedade que, sem dúvida, pode e deve ser alcançada.
Talvez um dia, 24 horas, não seja suficiente para reclamar tudo o que pode ser exigido no Dia Internacional da Paz. A paz não tem de ser reclamada apenas hoje, 21 de Setembro, com um cessar-fogo hoje, mas deve ser reclamada e exigida constantemente para que todos os líderes do mundo comecem a ouvir de uma vez por todas a todos os povos do mundo.
Povos que apenas pedem o fim da violência, repressão e intolerância; povos que clamamam pelo respeito dos seus direitos mais básicos e liberdades fundamentais, mas que têm poucas hipóteses de o fazer porque as suas vozes foram silenciadas; povos que procuram desesperadamente a protecção das suas famílias, fugindo da fome, da dor, da destruição e da morte certa.

Há muitos aspectos relacionados com a ausência de paz que não estão apenas reduzidos a confrontos armados. Há muitas causas em torno dos vários conflitos de hoje; a falta de assistência médica e humanitária, a pobreza extrema, a prevenção de doenças como a cólera, a febre tifóide ou o VIH; as catástrofes naturais resultantes das alterações climáticas cada vez mais evidentes; a falta de um sistema político que respeite a democracia, a inviolabilidade da dignidade humana e os direitos humanos; a falta de controlo sobre a venda de armas e a ausência de compromissos de desarmamento; ou a falta de cumprimento de compromissos assumidos pelo resto da comunidade internacional, tais como operações de paz nas áreas afectadas ou a ausência de ajuda à cooperação para o desenvolvimento.
Talvez agora, quando o mundo está a ser atingido por uma pandemia brutal, seja quando deveríamos pensar mais em estar juntos para combater um inimigo comum que ameaça toda a humanidade. Um inimigo comum que não só está a causar uma enorme perda de vidas humanas como também a pôr seriamente em risco a estabilidade, a paz e a segurança em todo o mundo.
Não importa que não possamos estar próximos um do outro porque a distância nunca nos pode impedir de continuar a trabalhar juntos por um futuro melhor marcado pelo respeito, pela igualdade, pela justiça social e, claro, pela paz como o único caminho possível para avançar.
O papel dos jovens na construção e desenvolvimento de um futuro de paz é absolutamente essencial. Só através da paz é possível alcançar um maior grau de desenvolvimento que permita aumentar a igualdade de oportunidades entre os jovens, mulheres e homens do futuro, que vivem em zonas de conflito.
As novas gerações devem ser protegidas, proporcionando-lhes um ambiente saudável e uma educação inclusiva para que, como actores fundamentais de amanhã, e através do seu enorme potencial, possam conduzir os seus respectivos países para um futuro melhor em que a paz e o desenvolvimento sustentável da sua comunidade se tornem uma realidade numa perspectiva de estabilidade e segurança, necessárias para erradicar a pobreza extrema, a fome e as doenças que, embora facilmente curáveis, reclamam demasiadas vidas inocentes, precisamente devido à ausência de paz.

As suas vozes, que são também as nossas, devem ser ouvidas porque, mesmo muito antes do esperado, jovens de todo o mundo, mulheres e homens de amanhã, demonstram a sua enorme força e capacidade de empenhamento a favor de aspectos essenciais como o respeito pela dignidade e pelos direitos humanos de cada pessoa (especialmente na defesa dos direitos dos migrantes e refugiados que são forçados a abandonar tudo o que possuem para salvar as suas vidas); a defesa de um modelo de desenvolvimento sustentável que torna possível combater os efeitos das alterações climáticas; a promoção do empoderamento da sociedade civil através da força da democracia como o melhor instrumento para lutar pela igualdade entre mulheres e homens; para lutar contra todas as formas de discriminação devido ao racismo, xenofobia, LGBT-fobia, doença ou deficiência; e para promover e materializar um sistema de educação cívica e inclusiva que permita o mais alto nível de participação da sociedade em aspectos tão essenciais como a busca e manutenção da paz.
Devemos também começar a estar plenamente conscientes da importância vital de um modelo de desenvolvimento sustentável para alcançar a paz. Através de programas de sustentabilidade, podemos abordar todas as necessidades fundamentais da população sem correr o risco de as próximas gerações verem reduzidas as suas possibilidades de satisfazer as necessidades de amanhã e de lhes permitir desenvolver todo o seu potencial.
Temos de compreender que a pobreza extrema, a fome endémica de algumas regiões, o esgotamento dos recursos naturais, a escassez de algo tão vital como a água e a degradação do ambiente são elementos que alimentam o terreno fértil de onde provém a corrupção, o racismo e a xenofobia e, consequentemente, são uma fonte de alimento para os actuais conflitos bélicos e um risco real para a paz nas zonas afectadas por esses factores. Através do desenvolvimento sustentável, estas causas de conflito podem ser eliminadas e pode ser dada uma contribuição para uma paz duradoura nas áreas em questão, o que ao mesmo tempo ajudará a garantir que estão criadas as condições para avançar precisamente nesse caminho de desenvolvimento sustentável para alcançar os mais altos níveis de prosperidade.

Alguns negarão sempre tudo o que eu disse até agora e usarão argumentos falaciosos, vazios e absurdos enquanto tentam procurar líderes externos como bodes expiatórios. E fá-lo-ão a partir do cinismo e do fácil recurso a argumentos alargados por aqueles que promovem posições ideológicas contrárias à dignidade humana e aos direitos humanos, apontando aqueles que são diferentes como os únicos responsáveis pela sua situação e culpando-os por causarem problemas que lhes são totalmente alheios.
No entanto, num mundo interligado, as responsabilidades também estão interligadas, pelo que a obrigação de defender a Paz é sempre uma obrigação partilhada entre todos os povos. É por isso que devemos saber utilizar os instrumentos necessários para desacreditar aqueles que, por cinismo e falácia, tentam dividir a sociedade em algo tão básico como a busca da paz e a eliminação de todas as formas de violência, intolerância e discriminação. A violência, a intolerância e a discriminação só contribuem para uma maior degradação dos seres humanos simplesmente porque são diferentes quando, na realidade, todos temos a mesma dignidade inviolável e os mesmos direitos inalienáveis.

Por todas estas razões, devemos assumir a necessidade de juntar a nossa voz a favor da defesa da Paz. Façamo-lo sempre, não só hoje, apelando ao fim da violência, repressão e intolerância e a favor da democracia, liberdade, igualdade, dignidade e direitos humanos.
Sabemos quais os factores que causam a ausência de paz e temos os meios para a salvaguardar. Tudo isto com a força, energia e vitalidade das novas gerações cujo papel é essencial para alcançar uma Paz que, mais do que um objectivo, é o único caminho se realmente quisermos avançar como uma sociedade global empenhada no nosso ambiente e no nosso futuro.
Porque defender a Paz é proteger a dignidade e defender os direitos humanos, é lutar contra a intolerância, violência e discriminação; é construir pontes de entendimento; é transformar a dor, o medo e a desolação em vida e esperança; é recordar o significado da nossa humanidade; e porque defender a Paz é, sem dúvida, o único caminho.
