¿A qué estamos esperando?

(Escrito en 🇪🇸– Written in 🇬🇧– Scritto in 🇮🇹– Rédigé en 🇫🇷– Escrito em🇵🇹)

🇪🇸ESPAÑOL🇪🇸

En estos difíciles tiempos de pandemia, no podemos olvidar que existe otra “pandemia” que no podemos olvidar: la pandemia social de la discriminación. Sin duda, la discriminación y la vulneración sistemática de los derechos más básicos e inalienables que sufren millones de personas en todo mundo constituye, en la actualidad, uno de los principales problemas y amenazas, que nos acechan a nivel global.

A pesar de las dificultades actuales, hoy, Día de la Cero Discriminación, es necesario resaltar la enorme necesidad de continuar con la lucha contra toda forma de discriminación hacia cualquier persona por el mero hecho de ser portadora del VIH. Recordemos que todo acto de discriminación hacia cualquier persona que sea portadora de VIH es un ataque directo hacia su dignidad personal y, por tanto, una clara violación de derechos humanos. Es más, no olvidemos que cualquier ataque hacia la dignidad humana inviolable y hacia los derechos humanos de una sola persona, supone una amenaza hacia la dignidad y hacia los derechos humanos de todas y de todos en cualquier lugar del mundo.

Pero este día no guarda únicamente relación con la lucha en contra de la discriminación por tener el VIH que, afortunadamente, gracias a los avances en investigación médica, ya no supone una condena a muerte como hace décadas. Este día también presenta un carácter universal y transversal para con otras causas de discriminación injusta que sufren millones de personas en todo el mundo. Teniendo en cuenta la situación que viven millones de personas en todo el mundo, principalmente mujeres y niñas, el mensaje debe ser mucho más genérico y ha de contar con una clara perspectiva de género para dar respuesta toda forma de discriminación. 

La razón que motiva este mensaje con una mayor perspectiva de género es que, principalmente, la discriminación sobre mujeres y niñas sigue siendo una de las principales formas de discriminación a nivel global que, indudablemente, también influye en la lucha contra el VIH. Así pues, el feminismo, la defensa de los derechos humanos, la cero discriminación hacia las personas portadoras de VIH y, en definitiva, la lucha contra toda forma discriminación, han de ser los cimientos de toda sociedad que se tenga a sí misma por una sociedad plural, libre, justa, feminista, diversa, democrática y avanzada. Pensemos que no es posible desligar la lucha por la igualdad de los derechos de mujeres y niñas de la lucha por la derrota definitiva de la pandemia del VIH. Una pandemia que afecta millones de personas en todo el mundo y de la que, únicamente uniendo esfuerzos, acabará siendo no solo una patología vencible sino también una patología totalmente vencida y erradicada en futuro cada vez más próximo.

Ciertamente, y teniendo en cuenta la actual situación de pandemia producto del COVID-19, son muchos los desafíos que deben de abordarse de forma transversal, directa y conjunta si realmente queremos acabar con toda forma de discriminación y muy especialmente con aquella que afecta a millones de mujeres y niñas en todo el mundo. Mujeres y niñas que, cada día, sufren toda clase de violencia; mujeres y niñas que conviven con el VIH; mujeres y niñas a las que se les niega el derecho a la educación, a la igualdad salarial o a la igualdad de derechos en el matrimonio; mujeres y niñas que son forzadas y explotadas sexualmente o que trabajan en condiciones de esclavitud; y, por supuesto, a las mujeres transgénero que históricamente han sido las más atacadas en su dignidad  y en sus derechos más básicos e inalienables de la forma más cruel y descarnada, incluso desde el seno de países supuestamente democráticos y desde partidos que, a día de hoy, cuenta con voz y voto dentro de nuestras instituciones y que, a diario, cuestionan la dignidad inviolable y los derechos inalienables de millones de seres humanos únicamente por su orientación e identidad sexual, origen nacional, etnia, cultura o creencias.

Indudablemente, es necesario crear una mayor masa crítica de conciencia social y generar movimientos de apoyo que fuercen la toma de políticas acompañadas de medidas eficaces para romper con todass las barreras de discriminación que sufren millones de mueres y niñas a la hora de acceder a los servicios más básicos, como lo es el acceso a la salud, o el ejercicio de los derechos humanos más elementales como el derecho a recibir una educación. Es más, aún no somos conscientes de la incuestionable urgencia de luchar por los derechos de mujeres y niñas por el libre acceso a los servicios sanitarios y de salud sexual y reproductiva; de la imperiosa obligación moral que supone de la lucha por la total erradicación de todas las formas de violencia sobre la mujer; de la urgente abolición de toda práctica relacionada con los matrimonios concertados, muy especialmente en aquellos casos que afectan a niñas; de la absoluta necesidad de medidas urgentes que contribuyan al fin de la discriminación y en favor del total empoderamiento de mujeres y niñas desde el empleo, desde la independencia económica, con absoluto respeto a sus derechos sucesorios y patrimoniales, y desde la educación como herramientas esenciales para tal fin; y, por supuesto, desde la lucha radical en contra de la criminalización de las mujeres y niñas cuando estas entran en la espiral de las redes de trata de explotación sexual.

Como sociedad no podemos permitir que millones de seres humanos continúen siendo tratados como personas de segunda clase e inferior valía. E, igualmente, no es posible vencer al VIH si las distintas causas de discriminación social continúan profundamente enraizadas y que afectan especialmente a grupos de población bajo de un sistema de exclusión y marginación. Tanto más cuando hablamos de grupos de personas que sistemáticamente ven cuestionados, trivializados e, incluso, negados sus derechos más básicos como lo son las personas del Colectivo LGBTIQ+; las personas migrantes y refugiadas; las personas que han entrado, sin consentimiento ni voluntad, en la espiral de la explotación sexual forzada; las personas sin hogar que, sin duda, se encuentran en especial situación de vulnerabilidad; o, también, quienes han caído en el mundo de las adicciones.

No olvidemos que millones de personas en todo el mundo han visto su voz silenciada. Incluso, hay quienes han decidido no alzar su propia voz por el miedo que, en no pocas ocasiones, les provoca la activad o, más bien, la inactividad de las distintas administraciones frente a los casos de violencia, odio, discriminación y abusos socialmente normalizados y que están radicalmente en contra del respeto hacia sus derechos y hacia su dignidad inviolable como seres humanos. 

Por tanto, es inexcusable la exigencia a todos los Estado para que establezcan los mecanismos necesarios para protección de toda persona, con absoluto respeto a hacia sus derechos más básicos y con independencia de cualquier otra circunstancia personal o social. Sólo a través del cumplimiento de esta exigencia estaremos poniendo de manifiesto el verdadero sentido de lo que significa la palabra “humanidad” al reconocer que todo ser humano es persona, que todas nosotras y todos nosotros lo somos porque todas ellas y todos ellos también lo son.

Podemos hacerlo, podemos acabar con toda forma de discriminación, conseguir la Cero discriminación y, por supuesto, también podemos acabar con el VIH.

Si posible y está en nuestras manos, ¿a qué estamos esperando?

¡HAGÁMOSLO!

🇬🇧ENGLISH🇬🇧

WHAT ARE WE WAITING FOR?

In these difficult times of pandemic, we cannot forget that there is another «pandemic» that we cannot forget: the social pandemic of discrimination. Undoubtedly, discrimination and the systematic violation of the most basic and inalienable rights suffered by millions of people all over the world constitute, at present, one of the main problems and threats, which beset us globally. 

Despite the current difficulties, today, Zero Discrimination Day, it is necessary to highlight the enormous need to continue the fight against all forms of discrimination against any person simply because they are HIV positive. Let us remember that any act of discrimination against anyone living with HIV is a direct attack on their personal dignity and therefore a clear violation of human rights. Moreover, let us not forget that any attack on the inviolable human dignity and human rights of any single person is a threat to the dignity and human rights of everyone everywhere in the world. 

But this day is not only about the fight against discrimination on the basis of HIV status, which fortunately, thanks to advances in medical research, is no longer a death sentence as it was decades ago. This day also has a universal and cross-cutting character with regard to other causes of unfair discrimination suffered by millions of people around the world. Taking into account the situation of millions of people around the world, mainly women and girls, the message must be much more generic and must have a clear gender perspective in order to respond to all forms of discrimination. 

The reason for this more gender-sensitive message is that, primarily, discrimination against women and girls remains one of the main forms of discrimination globally, which undoubtedly also influences the fight against HIV. Thus, feminism, the defence of human rights, zero discrimination against people living with HIV and, in short, the fight against all forms of discrimination, must be the foundations of any society that considers itself a plural, free, just, feminist, diverse, democratic and advanced society. We cannot separate the fight for equal rights for women and girls from the fight for the definitive defeat of the HIV pandemic. A pandemic that affects millions of people all over the world and which, only by joining forces, will end up being not only a beatable pathology but also a pathology that will be totally defeated and eradicated in the ever nearer future. 

Certainly, and taking into account the current pandemic situation resulting from COVID-19, there are many challenges that must be tackled in a transversal, direct and joint manner if we really want to put an end to all forms of discrimination and especially to that which affects millions of women and girls throughout the world. Women and girls who, every day, suffer all kinds of violence; women and girls who live with HIV; women and girls who are denied the right to education, equal pay or equal rights in marriage; women and girls who are forced and sexually exploited or who work in conditions of slavery; and, of course, transgender women who have historically been the most attacked in their dignity and their most basic and inalienable rights in the most cruel and stark way, even from within supposedly democratic countries and from parties that, today, have a voice and a vote within our institutions and that, on a daily basis, question the inviolable dignity and inalienable rights of millions of human beings solely because of their sexual orientation and identity, national origin, ethnicity, culture or beliefs. 

Undoubtedly, it is necessary to create a greater critical mass of social awareness and generate support movements that force the adoption of policies accompanied by effective measures to break down all the barriers of discrimination suffered by millions of women and girls when it comes to accessing the most basic services, such as access to health, or the exercise of the most basic human rights such as the right to receive an education. Moreover, we are still not aware of the unquestionable urgency of fighting for the rights of women and girls to free access to health services and sexual and reproductive health services; of the imperious moral obligation to fight for the total eradication of all forms of violence against women; of the urgent abolition of all practices related to arranged marriages, especially in those cases that affect girls; of the absolute need for urgent measures to be taken to ensure that women and girls have access to health services and sexual and reproductive health services; of the urgent need for the abolition of all practices related to arranged marriages, especially in those cases that affect girls; of the urgent need for the abolition of all practices related to arranged marriages, especially those that affect girls; of the absolute need for urgent measures that contribute to the end of discrimination and in favour of the total empowerment of women and girls through employment, economic independence, with absolute respect for their inheritance and property rights, and through education as essential tools for this purpose; and, of course, through the radical fight against the criminalisation of women and girls when they enter the spiral of sexual exploitation trafficking networks. 

As a society we cannot allow millions of human beings to continue to be treated as second-class and inferior. And, equally, HIV cannot be defeated if the various causes of social discrimination remain deeply rooted and particularly affect population groups under a system of exclusion and marginalisation. All the more so when we are talking about groups of people whose most basic rights are systematically questioned, trivialised and even denied, such as LGBTIQ+ people; migrants and refugees; people who have entered, without consent or will, into the spiral of forced sexual exploitation; homeless people who are undoubtedly in a particularly vulnerable situation; or those who have fallen into the world of addictions. 

Let us not forget that millions of people around the world have had their voices silenced. There are even those who have decided not to raise their own voice because of the fear that, on many occasions, they are provoked by the activity or, rather, the inactivity of the different administrations in the face of socially normalised cases of violence, hatred, discrimination and abuses that are radically contrary to respect for their rights and their inviolable dignity as human beings. 

Therefore, it is inexcusable to demand that all States establish the necessary mechanisms for the protection of all people, with absolute respect for their most basic rights and regardless of any other personal or social circumstance. Only by fulfilling this demand will we be demonstrating the true meaning of the word «humanity» by recognising that every human being is a person, that all of us are human beings because all of them are human beings.

We can do it, we can end all forms of discrimination, we can achieve Zero Discrimination, and of course we can end HIV.

If it is possible and it is in our hands, what are we waiting for?

LET’S DO IT!

🇮🇹ITALIANO🇵🇹

CHE COSA STIAMO ASPETTANDO?

In questi tempi difficili di pandemia, non possiamo dimenticare che c’è un’altra «pandemia» che non possiamo dimenticare: la pandemia sociale della discriminazione. Indubbiamente, la discriminazione e la violazione sistematica dei diritti più elementari e inalienabili sofferti da milioni di persone in tutto il mondo costituiscono, attualmente, uno dei principali problemi e minacce che ci assillano a livello globale. 

Nonostante le difficoltà attuali, oggi, Giornata Mondiale della Discriminazione Zero, è necessario sottolineare l’enorme necessità di continuare la lotta contro tutte le forme di discriminazione contro qualsiasi persona per il solo fatto di essere portatrice di HIV. Ricordiamo che qualsiasi atto di discriminazione contro qualsiasi persona che vive con l’HIV è un attacco diretto alla sua dignità personale e, quindi, una chiara violazione dei diritti umani. Inoltre, non dimentichiamo che qualsiasi attacco all’inviolabile dignità umana e ai diritti umani di ogni singola persona è una minaccia alla dignità e ai diritti umani di tutti, ovunque nel mondo. 

Ma questa giornata non riguarda solo la lotta contro la discriminazione per avere l’HIV che, fortunatamente, grazie ai progressi della ricerca medica, non è più una condanna a morte come lo era decenni fa. Questa giornata ha anche un carattere universale e trasversale ad altre cause di ingiusta discriminazione subite da milioni di persone nel mondo. Tenendo conto della situazione vissuta da milioni di persone nel mondo, soprattutto donne e ragazze, il messaggio deve essere molto più generico e deve avere una chiara prospettiva di genere per rispondere a tutte le forme di discriminazione. 

La ragione di questo messaggio più sensibile al genere è che, principalmente, la discriminazione contro le donne e le ragazze rimane una delle principali forme di discriminazione a livello globale, che senza dubbio influenza anche la lotta contro l’HIV. Così, il femminismo, la difesa dei diritti umani, la discriminazione zero contro le persone che vivono con l’HIV e, in breve, la lotta contro ogni forma di discriminazione, devono essere le basi di ogni società che si consideri una società plurale, libera, giusta, femminista, diversa, democratica e avanzata. Non possiamo separare la lotta per la parità di diritti delle donne e delle ragazze dalla lotta per la sconfitta definitiva della pandemia dell’HIV. Una pandemia che colpisce milioni di persone in tutto il mondo e che, solo unendo le forze, finirà per essere non solo una patologia battibile ma anche una patologia che sarà totalmente sconfitta e sradicata nel prossimo futuro. 

Certamente, e tenendo conto dell’attuale situazione pandemica risultante dalla COVID-19, ci sono molte sfide che devono essere affrontate in modo trasversale, diretto e congiunto se vogliamo davvero porre fine a tutte le forme di discriminazione e soprattutto a quella che colpisce milioni di donne e ragazze in tutto il mondo. Donne e ragazze che ogni giorno subiscono ogni tipo di violenza; donne e ragazze che vivono con l’HIV; donne e ragazze a cui viene negato il diritto all’istruzione, alla parità di salario o alla parità di diritti nel matrimonio; donne e ragazze che sono costrette e sfruttate sessualmente o che lavorano in condizioni di schiavitù; e, naturalmente, le donne transgender che sono state storicamente le più attaccate nella loro dignità e nei loro diritti più elementari e inalienabili nel modo più crudele e crudo, anche dall’interno di paesi presunti democratici e da partiti che, oggi, hanno voce e voto all’interno delle nostre istituzioni e che, quotidianamente, mettono in discussione la dignità inviolabile e i diritti inalienabili di milioni di esseri umani solo per il loro orientamento e identità sessuale, origine nazionale, etnia, cultura o credo. 

Indubbiamente, è necessario creare una maggiore massa critica di consapevolezza sociale e generare movimenti di sostegno che forzino l’adozione di politiche accompagnate da misure efficaci per abbattere tutte le barriere di discriminazione subite da milioni di donne e ragazze quando si tratta di accedere ai servizi più elementari, come l’accesso alla salute, o l’esercizio dei diritti umani più fondamentali come il diritto a ricevere un’istruzione. Inoltre, non siamo ancora consapevoli dell’urgenza indiscutibile di lottare per il diritto delle donne e delle bambine al libero accesso ai servizi sanitari e alla salute sessuale e riproduttiva; dell’obbligo morale imperioso di lottare per l’eliminazione totale di tutte le forme di violenza contro le donne; dell’abolizione urgente di tutte le pratiche relative ai matrimoni combinati, soprattutto nei casi che riguardano le bambine; dell’assoluta necessità di misure urgenti che contribuiscano alla fine della discriminazione e a favore dell’empowerment totale delle donne e delle ragazze a partire dal lavoro, dall’indipendenza economica, nel rispetto assoluto dei loro diritti ereditari e patrimoniali, e dall’educazione come strumenti essenziali a questo scopo; e, naturalmente, dalla lotta radicale contro la criminalizzazione delle donne e delle ragazze quando entrano nella spirale delle reti del traffico di sfruttamento sessuale. 

Come società non possiamo permettere che milioni di esseri umani continuino ad essere trattati come di seconda classe e inferiori. E, allo stesso modo, l’HIV non può essere sconfitto se le varie cause di discriminazione sociale continuano ad essere profondamente radicate e a colpire soprattutto gruppi di popolazione sotto un sistema di esclusione ed emarginazione. Ancora di più quando si tratta di gruppi di persone i cui diritti più elementari sono sistematicamente messi in discussione, banalizzati e persino negati, come le persone LGBTIQ+; i migranti e i rifugiati; le persone che sono entrate, senza consenso o volontà, nella spirale dello sfruttamento sessuale forzato; i senzatetto che sono senza dubbio in una situazione particolarmente vulnerabile; o coloro che sono caduti nel mondo delle dipendenze. 

Non dimentichiamo che milioni di persone in tutto il mondo hanno avuto la loro voce messa a tacere. C’è anche chi ha deciso di non alzare la propria voce per il timore che, in molte occasioni, viene provocato dall’attività o, piuttosto, dall’inattività delle diverse amministrazioni di fronte a casi di violenza, odio, discriminazione e abusi che sono socialmente normalizzati e che sono radicalmente contrari al rispetto dei loro diritti e della loro inviolabile dignità di esseri umani. 

Pertanto, è imperdonabile pretendere che tutti gli Stati stabiliscano i meccanismi necessari per la protezione di tutte le persone, nel rispetto assoluto dei loro diritti più elementari e indipendentemente da qualsiasi altra circostanza personale o sociale. Solo attraverso l’adempimento di questa richiesta mostreremo il vero significato della parola «umanità» riconoscendo che ogni essere umano è una persona, che tutti noi siamo esseri umani perché tutti sono esseri umani.

Possiamo farlo, possiamo porre fine a tutte le forme di discriminazione, possiamo raggiungere la Discriminazione Zero e, naturalmente, possiamo anche porre fine all’HIV.

Se è possibile ed è nelle nostre mani, che cosa stiamo aspettando?

FACCIAMOLO!

🇫🇷FRANÇAIS🇫🇷

QU’ATTENDONS-NOUS ?

En ces temps difficiles de pandémie, nous ne pouvons pas oublier qu’il existe une autre «pandémie» que nous ne pouvons pas oublier : la pandémie sociale de la discrimination. Il ne fait aucun doute que la discrimination et la violation systématique des droits les plus fondamentaux et inaliénables dont souffrent des millions de personnes dans le monde constituent, à l’heure actuelle, l’un des principaux problèmes et menaces qui nous assaillent au niveau mondial. 

Malgré les difficultés actuelles, aujourd’hui, Journée zéro discrimination, il est nécessaire de souligner l’énorme besoin de poursuivre la lutte contre toutes les formes de discrimination à l’encontre de toute personne du simple fait d’être porteur du VIH. Rappelons que tout acte de discrimination à l’encontre d’une personne vivant avec le VIH est une atteinte directe à sa dignité personnelle et, par conséquent, une violation manifeste des droits de l’homme. De plus, n’oublions pas que toute atteinte à la dignité humaine inviolable et aux droits de l’homme d’une personne est une menace pour la dignité et les droits de l’homme de chacun partout dans le monde. 

Mais cette journée ne concerne pas seulement la lutte contre la discrimination liée au VIH qui, heureusement, grâce aux progrès de la recherche médicale, n’est plus une condamnation à mort comme c’était le cas il y a plusieurs décennies. Cette journée a également un caractère universel et transversal par rapport aux autres causes de discrimination injuste dont souffrent des millions de personnes dans le monde. Compte tenu de la situation vécue par des millions de personnes dans le monde, principalement des femmes et des filles, le message doit être beaucoup plus générique et doit avoir une perspective de genre claire pour répondre à toutes les formes de discrimination. 

La raison de ce message plus sensible au genre est que, avant tout, la discrimination à l’égard des femmes et des filles reste l’une des principales formes de discrimination au niveau mondial, ce qui influence sans aucun doute aussi la lutte contre le VIH. Ainsi, le féminisme, la défense des droits de l’homme, la discrimination zéro contre les personnes vivant avec le VIH et, en bref, la lutte contre toutes les formes de discrimination, doivent être les fondements de toute société qui se considère comme une société plurielle, libre, juste, féministe, diverse, démocratique et avancée. Nous ne pouvons pas séparer la lutte pour l’égalité des droits des femmes et des filles de la lutte pour la défaite définitive de la pandémie de VIH. Une pandémie qui touche des millions de personnes dans le monde entier et qui, seulement en unissant ses forces, finira par être non seulement une pathologie battable mais aussi une pathologie qui sera totalement vaincue et éradiquée dans un avenir proche. 

Certes, et compte tenu de la situation actuelle de pandémie résultant de COVID-19, il existe de nombreux défis qui doivent être relevés de manière transversale, directe et conjointe si nous voulons vraiment mettre fin à toutes les formes de discrimination et en particulier à celle qui touche des millions de femmes et de filles dans le monde. Les femmes et les filles qui, chaque jour, subissent toutes sortes de violences ; les femmes et les filles qui vivent avec le VIH ; les femmes et les filles qui se voient refuser le droit à l’éducation, à l’égalité de rémunération ou à l’égalité des droits dans le mariage ; les femmes et les filles qui sont forcées et exploitées sexuellement ou qui travaillent dans des conditions d’esclavage ; et, bien sûr, les femmes transgenres qui, historiquement, ont été les plus attaquées dans leur dignité et leurs droits les plus fondamentaux et inaliénables de la manière la plus cruelle et la plus brutale, même au sein de pays soi-disant démocratiques et de partis qui, aujourd’hui, ont une voix et un vote au sein de nos institutions et qui, au quotidien, remettent en question la dignité inviolable et les droits inaliénables de millions d’êtres humains uniquement en raison de leur orientation et de leur identité sexuelles, de leur origine nationale, de leur ethnicité, de leur culture ou de leurs croyances. 

Sans aucun doute, il est nécessaire de créer une plus grande masse critique de conscience sociale et de générer des mouvements de soutien qui forcent l’adoption de politiques accompagnées de mesures efficaces pour briser toutes les barrières de discrimination dont souffrent des millions de femmes et de filles lorsqu’il s’agit d’accéder aux services les plus fondamentaux, comme l’accès à la santé, ou d’exercer les droits humains les plus élémentaires comme le droit de recevoir une éducation. En outre, nous ne sommes toujours pas conscients de l’urgence indiscutable de lutter pour les droits des femmes et des filles à un libre accès aux services de santé et à la santé sexuelle et reproductive ; de l’obligation morale impérieuse de lutter pour l’éradication totale de toutes les formes de violence à l’égard des femmes ; de l’abolition urgente de toutes les pratiques liées aux mariages arrangés, en particulier dans les cas qui touchent les filles ; de la nécessité absolue de prendre des mesures urgentes qui contribuent à mettre fin à la discrimination et en faveur de l’autonomisation totale des femmes et des filles en matière d’emploi, d’indépendance économique, dans le respect absolu de leurs droits patrimoniaux et successoraux, et d’éducation en tant qu’outils essentiels à cette fin ; et, bien sûr, de la lutte radicale contre la criminalisation des femmes et des filles lorsqu’elles entrent dans la spirale des réseaux de traite à des fins d’exploitation sexuelle.

En tant que société, nous ne pouvons pas permettre que des millions d’êtres humains continuent à être traités comme des êtres de seconde zone et inférieurs. De même, le VIH ne peut être vaincu si les différentes causes de la discrimination sociale continuent d’être profondément enracinées et d’affecter particulièrement les groupes de population dans un système d’exclusion et de marginalisation. C’est encore plus vrai lorsqu’il s’agit de groupes de personnes dont les droits les plus fondamentaux sont systématiquement remis en question, banalisés, voire niés, comme les personnes LGBTIQ+, les migrants et les réfugiés, les personnes qui sont entrées, sans consentement ou volonté, dans la spirale de l’exploitation sexuelle forcée, les sans-abri qui se trouvent sans aucun doute dans une situation particulièrement vulnérable ou encore celles qui sont tombées dans le monde des toxicomanies. 

N’oublions pas que des millions de personnes à travers le monde ont vu leur voix réduite au silence. Il y a même ceux qui ont décidé de ne pas élever leur propre voix par crainte d’être souvent provoqués par l’activité ou plutôt l’inactivité des différentes administrations face à des cas de violence, de haine, de discrimination et d’abus socialement normalisés et qui vont radicalement à l’encontre du respect de leurs droits et de leur dignité inviolable d’êtres humains. 

Il est donc inexcusable d’exiger que tous les États mettent en place les mécanismes nécessaires à la protection de toutes les personnes, dans le respect absolu de leurs droits les plus fondamentaux et indépendamment de toute autre circonstance personnelle ou sociale. Ce n’est qu’en satisfaisant à cette exigence que nous montrerons le vrai sens du mot «humanité» en reconnaissant que chaque être humain est une personne, que nous sommes tous des êtres humains parce qu’ils sont tous des êtres humains.

Nous pouvons le faire, nous pouvons mettre fin à toutes les formes de discrimination, nous pouvons parvenir à une discrimination zéro et, bien sûr, nous pouvons aussi mettre fin au VIH.

Si c’est possible et que c’est entre nos mains, qu’attendons-nous ?

FAISONS-LE !

🇵🇹PORTUGUÊS🇵🇹

DE QUE ESTAMOS À ESPERA?

Nestes tempos difíceis de pandemia, não podemos esquecer que existe outra «pandemia» que não podemos esquecer: a pandemia social da discriminação. Sem dúvida, a discriminação e a violação sistemática dos direitos mais básicos e inalienáveis sofridos por milhões de pessoas em todo o mundo constituem, actualmente, um dos principais problemas e ameaças que nos assolam globalmente. 

Apesar das dificuldades actuais, hoje, Dia da Discriminação Zero, é necessário salientar a enorme necessidade de continuar a luta contra todas as formas de discriminação contra qualquer pessoa pelo simples facto de ser portador do VIH. Recordemos que qualquer acto de discriminação contra qualquer pessoa que viva com o VIH é um ataque directo à sua dignidade pessoal e, por conseguinte, uma clara violação dos direitos humanos. Além disso, não esqueçamos que qualquer ataque à dignidade humana inviolável e aos direitos humanos de qualquer pessoa é uma ameaça à dignidade e aos direitos humanos de todas as pessoas em qualquer parte do mundo. 

Mas este dia não se trata apenas da luta contra a discriminação por ter VIH que, felizmente, graças aos avanços na investigação médica, já não é uma sentença de morte como era há décadas atrás. Este dia tem também um carácter universal e transversal a outras causas de discriminação injusta sofridas por milhões de pessoas em todo o mundo. Tendo em conta a situação vivida por milhões de pessoas em todo o mundo, principalmente mulheres e raparigas, a mensagem deve ser muito mais genérica e deve ter uma clara perspectiva de género para responder a todas as formas de discriminação. 

A razão para esta mensagem mais sensível ao género é que, principalmente, a discriminação contra mulheres e raparigas continua a ser uma das principais formas de discriminação a nível global, o que sem dúvida também influencia a luta contra o VIH. Assim, o feminismo, a defesa dos direitos humanos, a discriminação zero contra as pessoas vivendo com VIH e, em suma, a luta contra todas as formas de discriminação, devem ser os fundamentos de qualquer sociedade que se considere uma sociedade plural, livre, justa, feminista, diversa, democrática e avançada. Não podemos separar a luta pela igualdade de direitos para mulheres e raparigas da luta pela derrota definitiva da pandemia do VIH. Uma pandemia que afecta milhões de pessoas em todo o mundo e que, só unindo forças, acabará por ser não só uma patologia vencível, mas também uma patologia que será totalmente derrotada e erradicada num futuro próximo. 

Certamente, e tendo em conta a actual situação pandémica resultante da COVID-19, há muitos desafios que devem ser enfrentados de forma transversal, directa e conjunta se quisermos realmente pôr fim a todas as formas de discriminação e especialmente àquela que afecta milhões de mulheres e raparigas em todo o mundo. Mulheres e raparigas que, todos os dias, sofrem todo o tipo de violência; mulheres e raparigas que vivem com o VIH; mulheres e raparigas a quem é negado o direito à educação, salário igual ou direitos iguais no casamento; mulheres e raparigas que são forçadas e sexualmente exploradas ou que trabalham em condições de escravidão; e, claro, as mulheres transexuais que historicamente têm sido as mais atacadas na sua dignidade e nos seus direitos mais básicos e inalienáveis, da forma mais cruel e dura, mesmo de dentro de países supostamente democráticos e de partidos que, hoje em dia, têm voz e voto nas nossas instituições e que, diariamente, questionam a dignidade inviolável e os direitos inalienáveis de milhões de seres humanos apenas devido à sua orientação sexual e identidade, origem nacional, etnia, cultura ou crenças. 

Sem dúvida, é necessário criar uma maior massa crítica de consciência social e gerar movimentos de apoio que forcem a adopção de políticas acompanhadas de medidas eficazes para quebrar todas as barreiras de discriminação sofridas por milhões de mulheres e raparigas quando se trata de aceder aos serviços mais básicos, tais como o acesso à saúde, ou o exercício dos direitos humanos mais básicos, tais como o direito a receber educação. Além disso, ainda não estamos conscientes da urgência inquestionável de lutar pelos direitos das mulheres e raparigas ao livre acesso aos serviços de saúde e à saúde sexual e reprodutiva; da obrigação moral imperiosa de lutar pela erradicação total de todas as formas de violência contra as mulheres; da abolição urgente de todas as práticas relacionadas com casamentos arranjados, especialmente nos casos que afectam raparigas; da necessidade absoluta de medidas urgentes que contribuam para o fim da discriminação e a favor do total empoderamento das mulheres e raparigas do emprego, da independência económica, com absoluto respeito pela sua herança e direitos patrimoniais, e da educação como instrumentos essenciais para este fim; e, claro, da luta radical contra a criminalização das mulheres e raparigas quando entram na espiral das redes de tráfico de exploração sexual. 

Como sociedade, não podemos permitir que milhões de seres humanos continuem a ser tratados como de segunda classe e inferiores. E, igualmente, o VIH não pode ser derrotado se as várias causas de discriminação social continuarem a estar profundamente enraizadas e a afectar especialmente grupos populacionais sob um sistema de exclusão e marginalização. Ainda mais quando falamos de grupos de pessoas cujos direitos mais básicos são sistematicamente questionados, banalizados e mesmo negados, tais como pessoas LGBTIQ+; migrantes e refugiados; pessoas que entraram, sem consentimento ou vontade, na espiral da exploração sexual forçada; pessoas sem abrigo que estão sem dúvida numa situação particularmente vulnerável; ou aqueles que caíram no mundo das adições. 

Não esqueçamos que milhões de pessoas em todo o mundo já tiveram as suas vozes silenciadas. Há mesmo aqueles que decidiram não levantar a sua própria voz devido ao medo de, em muitas ocasiões, serem provocados pela actividade ou, antes, pela inactividade das diferentes administrações face a casos de violência, ódio, discriminação e abusos que são socialmente normalizados e que são radicalmente contra o respeito pelos seus direitos e a sua dignidade inviolável como seres humanos. 

Por conseguinte, é indesculpável exigir que todos os Estados estabeleçam os mecanismos necessários para a protecção de todas as pessoas, com absoluto respeito pelos seus direitos mais básicos e independentemente de qualquer outra circunstância pessoal ou social. Só através do cumprimento desta exigência estaremos a mostrar o verdadeiro significado da palavra «humanidade», reconhecendo que cada ser humano é uma pessoa, que todos nós somos seres humanos porque todos eles são seres humanos.

Podemos fazê-lo, podemos acabar com todas as formas de discriminação, podemos alcançar a discriminação Zero e, claro, podemos também acabar com o VIH.

Se é possível e está nas nossas mãos, de que estamos à espera?

VAMOS LÁ!