El Legado de Federico

El 18 de agosto de 1936, cuando España se hallaba inmersa en una contienda fratricida e irracional, la voz de uno de los poetas y dramaturgos más importantes de todos los tiempos se apagó para siempre: la voz de Federico García Lorca.

El asesinato de Federico a manos de las fuerzas franquistas no solo desgarró para siempre el mundo de cultura en España y el mundo, también fue una clara muestra de la represión cruel y salvaje que marcarían los años siguientes durante la dictadura genocida de Francisco Franco. Por esta razón, mantener viva la memoria de García Lorca, así como de todas las víctimas de la Guerra Civil y de la dictadura, es vital para mantener vivo su legado y también para conocer los horrores del pasado con el fin de que nunca más vuelvan a repetirse. 

Pero Lorca era mucho más que un poeta y dramaturgo tocado por Erató, Melpómene, Polimnia o Talía, todas ellas las musas de las Artes. En su obra, con ejemplos tan notorios como “Yerma”, “La Casa de Bernarda Alba”, “Bodas de Sangre” o el “Romancero Gitano”, desgrana poco a poco cada recoveco del alma y del corazón del ser humano, haciendo un canto a la libertad desde la pasión desenfrenada y luchando contra la represión de las tradiciones que alimentan el desarraigo y ahogan el espíritu. Con un estilo único, entre lo vanguardista y lo tradicional, Lorca es considerado una de las figuras principales de la Generación del 27 además de un referente, no solo de la Literatura Española, sino también de la Literatura Universal. Su muerte, a manos del horror fratricida, no solo sesgó la vida de un genio excepcional, también fue el inicio de una de las épocas más oscuras de la Historia de España. 

Tanto la Guerra Civil Española (1936-1939) como la posterior dictadura de Francisco Franco (1939-1975), dejaron una profunda herida que, a pesar del transcurso de las décadas, aún no ha cicatrizado o, al menos, no totalmente. Durante la dictadura, se llevaron a cabo multitud de violaciones de derechos humanos: ejecuciones extrajudiciales, detenciones arbitrarias, desapariciones forzadas, secuestro de menores recién nacidos, además de una brutal represión política. El asesinato de Lorca fue una de las miles de tragedias humanas, personales y familiares, que golpearon a todo un pueblo sumido en los horrores de una guerra que, como todas las guerras pasadas y presentes, jamás tuvo que suceder. Por eso, para mantener vivo el recuerdo de todas las víctimas, es esencial que se conozca la historia y así evitar que las abominaciones del pasado vuelvan a repetirse en el futuro. Tenemos que hacerlo si realmente queremos construir una sociedad basada en la libertad, en la igualdad, en el respeto hacia cualquier persona, en la reconciliación y en la democracia.

El papel de la memoria histórica ese esencial para reconstruir una identidad como pueblo, desde la reconciliación y la comprensión mutuas de nuestra sociedad desde el humanismo y cultura. Pretender ignorar, cuestionar e, incluso, negar los dramas del pasado solo contribuye a perpetuar la injusticia y un sufrimiento inhumano transmitidos de generación en generación durante décadas. Honrar a Lorca, así como a todas las víctimas de la Guerra Civil y de la dictadura, no solo es un acto en recuerdo de todas ellas y en restitución de su dignidad, también es un acto de responsabilidad para con las nuevas generaciones de hoy y las del mañana. Y debemos hacerlo como la única forma posible y legítima de recodar que los derechos humanos y los valores democráticos universales de convivencia han de protegerse permanentemente y con determinación para evitar que las oscuras sombras del pasado opresor vuelvan a resurgir. 

Pero esta labor de preservar la memoria de las víctimas, no es únicamente una responsabilidad que corresponda al gobierno, sea este local, autonómico o nacional, también es una responsabilidad que pertenece al conjunto de la sociedad. A través de la educación y de la cultura puede mantenerse vivo el recuerdo de las víctimas. Monumentos, exposiciones, actos conmemorativos y demás espacios para la memoria, son instrumentos excelentes para invitar a la reflexión, para aprender a conectar con la historia y para comprender la importancia de luchar por la democracia y por la defensa de los derechos humanos de todas las personas y en cualquier lugar.

Tanto el arte como la literatura, es decir, la cultura en general, tienen un papel esencial en la conservación de la memoria. Así, la obra de Lorca y tantos otros artistas de todas las disciplinas que sufrieron las consecuencias de guerra, de la persecución y del exilio, son claro testimonio del drama de aquellos años. Su arte que nos acerca a quienes vivieron, sufrieron y resistieron ante horror de la guerra y de la dictadura. Y es que, basta con leer los versos apasionados de Lorca o sumergirse en sus obras de teatro para entender la genialidad del poeta, apreciar la enorme riqueza de su legado y mantener vivo su espíritu y honrar su recuerdo. 

Actualmente, existe una enorme polarización acerca de la memoria histórica en España. Hay quienes argumentan que recordar el pasado solo contribuye a reabrir las heridas y fomentar la división en la sociedad. Pero, otro lado, también están las opiniones de quienes entienden que es necesario enfrentar la realidad de la historia para poder sanar definitivamente las heridas aún abiertos y seguir avanzado en la consolidación de nuestra democracia. Sea como fuere, lo cierto es que es necesario abordar de una vez por todas las reivindicaciones de los miles de familias que cuentan con víctimas de ambos bandos para que, desde el reconocimiento mutuo del dolor provocado por una guerra fratricida, puedan darse respuestas nacidas desde la justicia, pero, sobre todo, desde la reconciliación. 

Así pues, en la fecha en la que recordamos la figura de Lorca y, por extensión, a todas las víctimas de la Guerra Civil y de la dictadura franquista, es esencial que seamos capaces de conocer y comprender la historia para entender la sociedad del presente. Mantener vivo su legado es un acto de reparación de la dignidad de todas las víctimas y un acto de resistencia ante la injusticia y la opresión sufridas durante décadas. A través del arte, de la cultura y de la educación, podemos rendir homenaje a quienes perdieron la vida en una lucha fratricida, aprendiendo de los errores del pasado y trabajar conjuntamente para construir un futuro en donde la igualdad, la libertad y la justicia sean patrimonio común y no solo de los vencederos de una guerra en la que, en realidad, todos perdieron y ninguno ganó. 

Recordar a Federico García Lorca en el día de su muerte, de su cruel asesinato, es también recordar a todas las víctimas. Y debemos hacerlo sin olvidar jamás cuáles son las consecuencias de la represión sufrida por quienes alzaron la voz en contra de la injusticia y la intolerancia que les costó la vida.

No quisiera acabar este texto, sin hacer mención a un fragmento del poema escrito por el gran Antonio Machado, también poeta universal, en homenaje a Lorca:

EL CRIMEN FUE EN GRANADA: A FEDERICO GARCÍA LORCA

(I) El crimen

  “Se le vio, caminando entre fusiles, 

por una calle larga, 

salir al campo frío, 

aún con estrellas de la madrugada. 

Mataron a Federico 

cuando la luz asomaba. 

El pelotón de verdugos 

no osó mirarle la cara. 

Todos cerraron los ojos; 

rezaron: ¡ni Dios te salva! 

Muerto cayó Federico 

—sangre en la frente y plomo en las entrañas— 

… Que fue en Granada el crimen 

sabed —¡pobre Granada! —, en su Granada.”
(…)

¡AY, FEDERICO!

¡YA ERAS ETERNO CUANDO TE HICIERON INMORTAL!