(Escrito en 🇪🇸🇲🇽 – Written in 🇬🇧🇺🇸 – Scritto in 🇮🇹 – Rédigé en 🇫🇷🇨🇩 – Escrito em 🇵🇹🇧🇷)
🇪🇸🇲🇽ESPAÑOL🇪🇸🇲🇽
Con el inicio del nuevo año, no puedo evitar compartir algunas reflexiones acerca de los muchos desafíos que hemos enfrentado y las muchas lecciones que hemos aprendido, a veces de forma dramática, a lo largo de 2023.
Sin duda, ha sido un año lleno de altibajos, de momentos muy difíciles que han puesto a prueba nuestra capacidad de resistencia y de adaptarnos a circunstancias particularmente difíciles. Sin embargo, a pesar de todo, hemos podido salir adelante y seguimos en pie para cerrar otro capítulo más de nuestras vidas al mismo tiempo que aguardamos lo que nos depara el 2024.
A lo largo de 2023, hemos sido testigos de la importancia de mostrar nuestra empatía y solidaridad para con quienes nos rodean. Hemos visto comunidades enteras unirse para apoyarse mutuamente, a personas que han mostrado valentía en medio de la adversidad, trabajando codo con codo, y a líderes de todo el mundo que han tomado decisiones extremadamente difíciles, con menor o mayor acierto, en busca del bienestar de la población. Sin embargo, también hemos sido testigos de la persistencia de la injusticia, la violencia, el odio y la discriminación en muchas partes del mundo.
La llamada a la acción en este 2024 es clara: la defensa de los derechos humanos es una tarea inexcusable que compete a toda la sociedad. En un mundo donde la paz y la justicia son valores fundamentales, debemos recordar que la lucha por los derechos humanos no es algo opcional, sino una responsabilidad común que compartimos como sociedad. En este fin de año, hagamos todo cuanto sea posible para construir un mundo más justo, libre e igualitario.
La defensa de los derechos humanos no conoce fronteras, no tiene límites. No importa en absoluto el lugar donde vivamos o a qué nos dediquemos. Tenemos una responsabilidad compartida e ineludible de trabajar por un en entorno donde cada persona pueda vivir libremente desde el respeto máximo hacia su dignidad humana inviolable. Y, en estos momentos en los que la desigualdad, la violencia, el odio y la discriminación aún persisten, no existen excusas que nos impidan trabajar para erradicar cualquier forma de injusticia, cualquier forma de violencia, de discriminación y de dolor.
Es verdad, la violencia, el odio y la discriminación son venenos que amenazan nuestra sociedad global. Debemos luchar contra estas fuerzas destructivas con la misma determinación con la que enfrentamos otras amenazas como el cambio climático, que es ya una realidad innegable. Pero, sin lugar a dudas, en nuestra diversidad encontramos también la fortaleza necesaria para superar cualquier obstáculo por difícil que sea. Debemos abrir nuestras conciencias a la comprensión, la compasión, la bondad y el amor para así reconocer nuestra verdadera grandeza como integrantes de la humanidad y desde la aceptación y el respeto mutuos.
Nunca olvidemos que los derechos humanos no son un privilegio de unas pocas personas, sino un derecho inherente de toda persona, sea quien sea y en cualquier lugar del mundo. Así, la libertad de expresión, la igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres, la justicia social, la libertad y, en definitiva, todos y cada uno de los derechos que reconoce la Declaración Universal de los Derechos Humanos, deben estar al alcance de toda persona, sin importar su origen étnico, credo religioso, ideología, sexo, género, orientación sexual, identidad de género o cualquiera circunstancia o característica personal. Por tanto, hemos de ser capaces de exigir y, por tanto, garantizar que todos estos derechos sean totalmente respetados y plenamente protegidos en cualquier lugar del mundo.
Si tuviésemos que pedir como sociedad global un único deseo, creo que, sin duda, pediríamos el final de todas las guerras, muchas de ellas olvidadas, que aún existen en el mundo. La guerra no solo arrebata vidas, sino que también marca para siempre a comunidades enteras con un profundo sufrimiento que se prolonga por generaciones. Como seres humanos, como integrantes conscientes y compasivos de esta familia que es la humanidad en su conjunto, debemos trabajar de forma incansable por la paz en todas partes.
En estos dos últimos años, han sido dos conflictos los que han centrado nuestra atención: La Guerra en Ucrania y en Gaza. En Ucrania, estos dos años de guerra han dejado heridas profundas en la sociedad y ha generado un sufrimiento inimaginable para muchas personas. Es hora de que la comunidad internacional deje de estar dividida y redoble sus esfuerzos para buscar soluciones pacíficas que pongan fin a una guerra en la que, al final, sea cual sea el resultado, nadie va a ganar.
En Gaza, la tragedia es aún más desgarradora. Tras los abominables atentados de Hamás, la respuesta de Israel, totalmente desproporcionada, se ha cobrado la vida de miles de niños y niñas inocentes atrapados en medio de un conflicto que no eligieron.
Decía el poeta español Jacinto Benavente que, “en cada niño nace la humanidad”. En este caso, cada vez que muere un niño en Gaza, o cualquier otro conflicto armado del mundo, la humanidad muere, muy especialmente cuando miramos hacia otro lado, bien porque no queremos renunciar a nuestra comodidad, bien porque no queremos caer en el sentimiento de vergüenza. Pero, por mucho que queramos evitar pensar en ello, la pérdida de vidas humanas, especialmente niñas y niños, es totalmente inaceptable en cualquier circunstancia, muy especialmente cuando hemos podido evitarlo y no se ha hecho, o no se ha querido hacer, lo suficiente.
Pero la paz no solo ausencia de guerra, también es la presencia de la igualdad y de la justicia. Si no combatimos la desigualdad y la falta de justicia social o en el acceso a lo más básico, tampoco podremos abordar ninguna situación de guerra.
Tenemos una responsabilidad común y no podemos permanecer indiferentes a las injusticias que ocurren a nuestro alrededor. Cada persona tiene el poder de marcar la diferencia, ya sea a través de una pequeña acción o sumándose a un proyecto mayor. Pero, sea cual sea la opción que escojamos, no subestimemos nunca nuestro potencial cuando actuamos con valentía y determinación.
En un mundo interconectado, la defensa de los derechos humanos no es solo una causa noble, sino una necesidad imperante que no puede eludirse. Nuestras acciones repercuten en todas aquellas personas que nos rodean. Por lo tanto, debemos actuar siempre con responsabilidad, empatía y no permanecer impasibles ante la injusticia. Alcemos la voz, trabajemos conjuntamente y construyamos un futuro de igualdad, justicia y libertad.
Ahora que comenzamos un nuevo año, debemos renovar nuestro compromiso con la más justa de las causas y defender la dignidad y los derechos de todas las personas.
El comienzo de un nuevo año también es el inicio de un nuevo camino en donde nada está escrito y todo está por hacer.
La esperanza reside en nuestras manos.
No lo olvidemos nunca.
Feliz Año Nuevo.

🇬🇧🇺🇸 ENGLISH🇬🇧🇺🇸
HOPE LIES IN OUR HANDS
With the start of the new year, I cannot help but share some reflections on the many challenges we have faced and the numerous lessons we have learned, sometimes dramatically, throughout 2023.
Undoubtedly, it has been a year filled with ups and downs, with very challenging moments that have tested our resilience and our ability to adapt to particularly difficult circumstances. However, despite it all, we have been able to overcome and stand tall to close another chapter in our lives while anticipating what 2024 holds for us.
Throughout 2023, we have witnessed the importance of showing empathy and solidarity towards those around us. We have seen entire communities coming together to support each other, individuals displaying courage in the face of adversity, working side by side, and leaders worldwide making extremely difficult decisions, with varying degrees of success, for the well-being of the population. However, we have also witnessed the persistence of injustice, violence, hatred, and discrimination in many parts of the world.
The call to action in 2024 is clear: the defense of human rights is an inexcusable task that involves the entire society. In a world where peace and justice are fundamental values, we must remember that the fight for human rights is not optional but a common responsibility we share as a society. This year-end, let’s do everything possible to build a fairer, freer, and more equal world.
The defense of human rights knows no boundaries; it has no limits. No matter where we live or what we do, we have a shared and unavoidable responsibility to work towards an environment where every person can live freely with the utmost respect for their inviolable human dignity. And, in these times when inequality, violence, hatred, and discrimination still persist, there are no excuses that should prevent us from working to eradicate any form of injustice, violence, discrimination, and pain.
Indeed, violence, hatred, and discrimination are poisons threatening our global society. We must fight against these destructive forces with the same determination with which we face other threats, such as climate change, which is already an undeniable reality. However, unquestionably, in our diversity, we also find the necessary strength to overcome any obstacle, no matter how difficult. We must open our minds to understanding, compassion, kindness, and love to recognize our true greatness as members of humanity and from mutual acceptance and respect.
Let us never forget that human rights are not a privilege for a few but an inherent right for every person, whoever they may be and wherever they are in the world. Thus, freedom of expression, equal opportunities for women and men, social justice, freedom, and, ultimately, each and every right recognized by the Universal Declaration of Human Rights should be accessible to every person, regardless of their ethnic origin, religious creed, ideology, sex, gender, sexual orientation, gender identity, or any personal circumstance or characteristic. Therefore, we must be able to demand and, therefore, ensure that all these rights are fully respected and adequately protected anywhere in the world.
If we had to make a single wish as a global society, I believe that, without a doubt, we would wish for the end of all wars, many of them forgotten, still existing in the world. War not only takes lives but also forever marks entire communities with profound suffering that extends for generations. As human beings, as conscious and compassionate members of this family that is humanity as a whole, we must tirelessly work for peace everywhere.
In these last two years, two conflicts have captured our attention: the War in Ukraine and in Gaza. In Ukraine, these two years of war have left deep wounds in society and caused unimaginable suffering for many people. It is time for the international community to stop being divided and redouble its efforts to seek peaceful solutions to end a war in which, in the end, regardless of the outcome, no one will win.
In Gaza, the tragedy is even more heartbreaking. After the abominable Hamas attacks, Israel’s response, totally disproportionate, has claimed the lives of thousands of innocent children caught in the midst of a conflict they did not choose.
The Spanish poet Jacinto Benavente once said, «In every child, humanity is born.» In this case, every time a child dies in Gaza or any other armed conflict in the world, humanity dies, especially when we look the other way, either because we don’t want to give up our comfort or because we don’t want to fall into the feeling of shame. But, no matter how much we try to avoid thinking about it, the loss of human lives, especially girls and boys, is entirely unacceptable in any circumstance, particularly when we could have prevented it and it hasn’t been done, or hasn’t been wanted to be done, enough.
But peace is not only the absence of war; it is also the presence of equality and justice. If we do not combat inequality and the lack of social justice or access to the most basic necessities, we cannot address any war situation.
We have a common responsibility, and we cannot remain indifferent to the injustices happening around us. Each person has the power to make a difference, either through a small action or by joining a larger project. But whatever option we choose, let us never underestimate our potential when we act with courage and determination.
In an interconnected world, the defense of human rights is not only a noble cause but an urgent necessity that cannot be avoided. Our actions have an impact on all those around us. Therefore, we must always act with responsibility, empathy, and not remain indifferent to injustice. Let us raise our voices, work together, and build a future of equality, justice, and freedom.
Now that we are starting a new year, we must renew our commitment to the fairest of causes and defend the dignity and rights of all people.
The beginning of a new year is also the start of a new path where nothing is written, and everything is yet to be done.
Hope lies in our hands.
Let us never forget.
Happy New Year.

🇮🇹ITALIANIO🇮🇹
LA SPERANZA RISIEDE NELLE NOSTRE MANI
Con l’inizio del nuovo anno, non posso fare a meno di condividere alcune riflessioni sui molti ostacoli che abbiamo affrontato e sulle numerose lezioni che abbiamo imparato, a volte in modo drammatico, nel corso del 2023.
Indubbiamente, è stato un anno ricco di alti e bassi, di momenti molto difficili che hanno messo alla prova la nostra resilienza e la nostra capacità di adattarci a circostanze particolarmente complesse. Tuttavia, nonostante tutto, siamo riusciti a superare e a rimanere in piedi per chiudere un altro capitolo delle nostre vite mentre attendiamo con ansia cosa ci riserverà il 2024.
Nel corso del 2023, abbiamo assistito all’importanza di mostrare empatia e solidarietà verso coloro che ci circondano. Abbiamo visto intere comunità unirsi per sostenersi a vicenda, individui che mostravano coraggio in mezzo alle avversità, lavorando fianco a fianco, e leader di tutto il mondo che hanno preso decisioni estremamente difficili, con maggiore o minore successo, per il benessere della popolazione. Tuttavia, abbiamo anche assistito alla persistenza dell’ingiustizia, della violenza, dell’odio e della discriminazione in molte parti del mondo.
Il richiamo all’azione nel 2024 è chiaro: la difesa dei diritti umani è un compito inderogabile che coinvolge l’intera società. In un mondo in cui la pace e la giustizia sono valori fondamentali, dobbiamo ricordare che la lotta per i diritti umani non è qualcosa di opzionale, ma una responsabilità comune che condividiamo come società. In questo fine anno, facciamo tutto il possibile per costruire un mondo più giusto, libero e uguale.
La difesa dei diritti umani non conosce confini, non ha limiti. Non importa affatto dove viviamo o a cosa ci dedichiamo. Abbiamo una responsabilità condivisa e ineludibile di lavorare per un ambiente in cui ogni persona possa vivere liberamente nel massimo rispetto della sua inviolabile dignità umana. E, in questi momenti in cui l’ineguaglianza, la violenza, l’odio e la discriminazione persistono ancora, non esistono scuse che ci impediscano di lavorare per eradicare ogni forma di ingiustizia, ogni forma di violenza, di discriminazione e di dolore.
È vero, la violenza, l’odio e la discriminazione sono veleni che minacciano la nostra società globale. Dobbiamo combattere queste forze distruttive con la stessa determinazione con cui affrontiamo altre minacce, come il cambiamento climatico, che è già una realtà innegabile. Ma, senza dubbio, nella nostra diversità troviamo anche la forza necessaria per superare qualsiasi ostacolo, per quanto difficile possa essere. Dobbiamo aprire le nostre coscienze a comprensione, compassione, bontà e amore per riconoscere la nostra vera grandezza come membri dell’umanità e dall’accettazione reciproca e dal rispetto.
Non dimentichiamo mai che i diritti umani non sono un privilegio per pochi, ma un diritto innato di ogni persona, chiunque essa sia e ovunque si trovi nel mondo. Quindi, la libertà di espressione, la parità di opportunità tra donne e uomini, la giustizia sociale, la libertà e, in definitiva, ciascun diritto riconosciuto dalla Dichiarazione Universale dei Diritti Umani, devono essere accessibili a ogni persona, indipendentemente dalla sua origine etnica, credo religioso, ideologia, sesso, genere, orientamento sessuale, identità di genere o qualsiasi circostanza o caratteristica personale. Pertanto, dobbiamo essere in grado di esigere e, quindi, garantire che tutti questi diritti siano pienamente rispettati e adeguatamente protetti ovunque nel mondo.
Se dovessimo esprimere come società globale un unico desiderio, credo che, senza dubbio, chiederemmo la fine di tutte le guerre, molte delle quali dimenticate, che ancora esistono nel mondo. La guerra non porta via solo vite, ma segna per sempre intere comunità con una sofferenza profonda che si prolunga per generazioni. Come esseri umani, come membri consapevoli e compassionevoli di questa famiglia che è l’umanità nel suo complesso, dobbiamo lavorare instancabilmente per la pace ovunque.
In questi ultimi due anni, due conflitti hanno attirato la nostra attenzione: la Guerra in Ucraina e a Gaza. In Ucraina, questi due anni di guerra hanno lasciato ferite profonde nella società e causato sofferenze inimmaginabili per molte persone. È tempo che la comunità internazionale smetta di essere divisa e raddoppi gli sforzi per cercare soluzioni pacifiche che pongano fine a una guerra in cui, alla fine, qualunque sia il risultato, nessuno vincerà.
A Gaza, la tragedia è ancora più straziante. Dopo gli abominevoli attacchi di Hamas, la risposta di Israele, totalmente sproporzionata, ha causato la morte di migliaia di bambini innocenti intrappolati in mezzo a un conflitto che non hanno scelto.
Il poeta spagnolo Jacinto Benavente diceva una volta: «In ogni bambino nasce l’umanità». In questo caso, ogni volta che muore un bambino a Gaza o in qualsiasi altro conflitto armato nel mondo, muore l’umanità, specialmente quando voltiamo lo sguardo dall’altra parte, sia perché non vogliamo rinunciare al nostro comfort, sia perché non vogliamo cadere nel sentimento di vergogna. Ma, per quanto cerchiamo di evitare di pensarci, la perdita di vite umane, specialmente di ragazze e ragazzi, è del tutto inaccettabile in qualsiasi circostanza, soprattutto quando avremmo potuto evitarlo e non è stato fatto, o non è stato voluto fare, abbastanza.
Ma la pace non è solo l’assenza di guerra, è anche la presenza di uguaglianza e giustizia. Se non combattiamo l’ineguaglianza e la mancanza di giustizia sociale o l’accesso alle necessità più fondamentali, non possiamo affrontare nessuna situazione di guerra.
Abbiamo una responsabilità comune e non possiamo rimanere indifferenti alle ingiustizie che accadono intorno a noi. Ogni persona ha il potere di fare la differenza, sia attraverso una piccola azione sia unendosi a un progetto più grande. Ma qualunque opzione scegliamo, non sottostimiamo mai il nostro potenziale quando agiamo con coraggio e determinazione.
In un mondo interconnesso, la difesa dei diritti umani non è solo una causa nobile, ma una necessità urgente che non può essere elusa. Le nostre azioni hanno un impatto su tutte le persone che ci circondano. Pertanto, dobbiamo agire sempre con responsabilità, empatia e non restare impassibili di fronte all’ingiustizia. Alziamo la voce, lavoriamo insieme e costruiamo un futuro di uguaglianza, giustizia e libertà.
Ora che iniziamo un nuovo anno, dobbiamo rinnovare il nostro impegno per la causa più giusta e difendere la dignità e i diritti di tutte le persone.
L’inizio di un nuovo anno è anche l’inizio di un nuovo percorso in cui nulla è scritto e tutto è da fare.
La speranza risiede nelle nostre mani.
Non dimentichiamolo mai.
Felice Anno Nuovo.

🇫🇷🇨🇩FRANÇAIS🇫🇷🇨🇩
L’ESPOIR RÉSIDE ENTRE NOS MAINS
Avec le début de la nouvelle année, je ne peux m’empêcher de partager quelques réflexions sur les nombreux défis que nous avons rencontrés et les nombreuses leçons que nous avons apprises, parfois de manière dramatique, tout au long de l’année 2023.
Indéniablement, cela a été une année pleine de hauts et de bas, de moments très difficiles qui ont mis à l’épreuve notre résilience et notre capacité à nous adapter à des circonstances particulièrement difficiles. Cependant, malgré tout cela, nous avons réussi à surmonter ces épreuves et à rester debout pour clore un autre chapitre de nos vies tout en anticipant ce que nous réserve l’année 2024.
Tout au long de 2023, nous avons été témoins de l’importance de montrer de l’empathie et de la solidarité envers ceux qui nous entourent. Nous avons vu des communautés entières se rassembler pour se soutenir mutuellement, des individus faisant preuve de courage au milieu de l’adversité, travaillant côte à côte, et des dirigeants du monde entier prenant des décisions extrêmement difficiles, avec plus ou moins de succès, pour le bien-être de la population. Cependant, nous avons également constaté la persistance de l’injustice, de la violence, de la haine et de la discrimination dans de nombreuses parties du monde.
L’appel à l’action en 2024 est clair : la défense des droits de l’homme est une tâche incontournable qui concerne toute la société. Dans un monde où la paix et la justice sont des valeurs fondamentales, nous devons nous rappeler que la lutte pour les droits de l’homme n’est pas une option, mais une responsabilité commune que nous partageons en tant que société. En cette fin d’année, faisons tout notre possible pour construire un monde plus juste, libre et égalitaire.
La défense des droits de l’homme ne connaît pas de frontières, elle n’a pas de limites. Peu importe où nous vivons ou à quoi nous nous consacrons. Nous avons une responsabilité partagée et inéluctable de travailler en faveur d’un environnement où chaque personne puisse vivre librement dans le plus grand respect de sa dignité humaine inviolable. Et, en ces temps où l’inégalité, la violence, la haine et la discrimination persistent, il n’y a aucune excuse qui devrait nous empêcher de travailler pour éradiquer toute forme d’injustice, de violence, de discrimination et de douleur.
En effet, la violence, la haine et la discrimination sont des poisons qui menacent notre société mondiale. Nous devons lutter contre ces forces destructrices avec la même détermination avec laquelle nous affrontons d’autres menaces, telles que le changement climatique, qui est déjà une réalité indéniable. Cependant, sans aucun doute, dans notre diversité, nous trouvons également la force nécessaire pour surmonter tout obstacle, aussi difficile soit-il. Nous devons ouvrir nos esprits à la compréhension, à la compassion, à la bonté et à l’amour pour reconnaître notre véritable grandeur en tant que membres de l’humanité et à partir de l’acceptation mutuelle et du respect.
N’oublions jamais que les droits de l’homme ne sont pas un privilège pour quelques-uns, mais un droit inhérent à chaque personne, où qu’elle soit dans le monde. Ainsi, la liberté d’expression, l’égalité des chances entre les femmes et les hommes, la justice sociale, la liberté et, en fin de compte, chacun des droits reconnus par la Déclaration universelle des droits de l’homme devraient être accessibles à chaque personne, quel que soit son origine ethnique, sa croyance religieuse, son idéologie, son sexe, son genre, son orientation sexuelle, son identité de genre ou toute autre circonstance ou caractéristique personnelle. Par conséquent, nous devons être en mesure d’exiger et, par conséquent, de garantir que tous ces droits soient pleinement respectés et correctement protégés partout dans le monde.
Si nous devions formuler en tant que société mondiale un seul souhait, je crois que, sans aucun doute, nous demanderions la fin de toutes les guerres, dont beaucoup sont oubliées et persistent dans le monde. La guerre ne prend pas seulement des vies, elle marque également à jamais des communautés entières d’une souffrance profonde qui perdure pendant des générations. En tant qu’être humain, en tant que membres conscients et compatissants de cette famille qu’est l’humanité dans son ensemble, nous devons travailler sans relâche pour la paix partout.
Au cours de ces deux dernières années, deux conflits ont retenu notre attention : la guerre en Ukraine et à Gaza. En Ukraine, ces deux années de guerre ont laissé des blessures profondes dans la société et ont causé des souffrances inimaginables pour de nombreuses personnes. Il est temps que la communauté internationale cesse d’être divisée et redouble d’efforts pour rechercher des solutions pacifiques mettant fin à une guerre où, en fin de compte, quel que soit le résultat, personne ne gagnera.
À Gaza, la tragédie est encore plus déchirante. Après les attentats abominables du Hamas, la réponse d’Israël, totalement disproportionnée, a coûté la vie à des milliers d’enfants innocents pris au milieu d’un conflit qu’ils n’ont pas choisi.
Le poète espagnol Jacinto Benavente disait autrefois : «Dans chaque enfant naît l’humanité». Dans ce cas, chaque fois qu’un enfant meurt à Gaza ou dans tout autre conflit armé dans le monde, l’humanité meurt, surtout lorsque nous détournons le regard, soit parce que nous ne voulons pas renoncer à notre confort, soit parce que nous ne voulons pas ressentir la honte. Mais, peu importe à quel point nous essayons d’éviter d’y penser, la perte de vies humaines, en particulier de filles et de garçons, est totalement inacceptable dans n’importe quelle circonstance, surtout lorsque nous aurions pu l’éviter et que cela n’a pas été fait, ou n’a pas été assez voulu.
Mais la paix n’est pas seulement l’absence de guerre, c’est aussi la présence d’égalité et de justice. Si nous ne combattons pas l’inégalité et le manque de justice sociale ou l’accès aux besoins les plus fondamentaux, nous ne pouvons pas aborder une quelconque situation de guerre.
Nous avons une responsabilité commune et nous ne pouvons pas rester indifférents aux injustices qui se produisent autour de nous. Chaque personne a le pouvoir de faire la différence, que ce soit par une petite action ou en rejoignant un projet plus vaste. Mais quelle que soit l’option que nous choisissons, ne sous-estimons jamais notre potentiel lorsque nous agissons avec courage et détermination.
Dans un monde interconnecté, la défense des droits de l’homme n’est pas seulement une noble cause, mais une nécessité urgente qui ne peut être évitée. Nos actions ont un impact sur toutes les personnes qui nous entourent. Par conséquent, nous devons toujours agir avec responsabilité, empathie et ne pas rester indifférents face à l’injustice. Élevons la voix, travaillons ensemble et construisons un avenir d’égalité, de justice et de liberté.
Maintenant que nous entamons une nouvelle année, nous devons renouveler notre engagement envers la cause la plus juste et défendre la dignité et les droits de toutes les personnes.
Le début d’une nouvelle année marque également le commencement d’un nouveau chemin où rien n’est écrit et tout reste à faire.
L’espoir réside entre nos mains.
N’oublions jamais.
Bonne année.

🇵🇹🇧🇷PORTUGUÊS🇵🇹🇧🇷
A ESPERANÇA RESIDE EM NOSSAS MÃOS
Com o início do novo ano, não posso deixar de compartilhar algumas reflexões sobre os muitos desafios que enfrentamos e as inúmeras lições que aprendemos, às vezes de maneira dramática, ao longo de 2023.
Sem dúvida, foi um ano cheio de altos e baixos, de momentos muito difíceis que testaram nossa resiliência e nossa capacidade de nos adaptarmos a circunstâncias particularmente difíceis. No entanto, apesar de tudo, conseguimos superar e permanecemos de pé para encerrar mais um capítulo de nossas vidas, enquanto aguardamos o que 2024 nos reserva.
Ao longo de 2023, testemunhamos a importância de mostrar empatia e solidariedade para com aqueles ao nosso redor. Vimos comunidades inteiras se unindo para se apoiarem mutuamente, indivíduos demonstrando coragem em meio à adversidade, trabalhando lado a lado, e líderes do mundo todo tomando decisões extremamente difíceis, com maior ou menor sucesso, em busca do bem-estar da população. No entanto, também testemunhamos a persistência da injustiça, da violência, do ódio e da discriminação em muitas partes do mundo.
O apelo à ação em 2024 é claro: a defesa dos direitos humanos é uma tarefa inadiável que envolve toda a sociedade. Em um mundo onde a paz e a justiça são valores fundamentais, devemos lembrar que a luta pelos direitos humanos não é algo opcional, mas uma responsabilidade comum que compartilhamos como sociedade. Neste final de ano, vamos fazer tudo o que estiver ao nosso alcance para construir um mundo mais justo, livre e igualitário.
A defesa dos direitos humanos não conhece fronteiras, não tem limites. Não importa onde vivemos ou a que nos dedicamos. Temos uma responsabilidade compartilhada e inescapável de trabalhar por um ambiente onde cada pessoa possa viver livremente, com o máximo respeito por sua dignidade humana inviolável. E, nestes momentos em que a desigualdade, a violência, o ódio e a discriminação ainda persistem, não há desculpas que nos impeçam de trabalhar para erradicar qualquer forma de injustiça, violência, discriminação e dor.
É verdade, a violência, o ódio e a discriminação são venenos que ameaçam nossa sociedade global. Devemos lutar contra essas forças destrutivas com a mesma determinação com que enfrentamos outras ameaças, como as mudanças climáticas, que já são uma realidade inegável. No entanto, sem dúvida, em nossa diversidade, encontramos também a força necessária para superar qualquer obstáculo, por mais difícil que seja. Devemos abrir nossas mentes para a compreensão, a compaixão, a bondade e o amor para reconhecer nossa verdadeira grandeza como membros da humanidade, a partir da aceitação mútua e do respeito.
Nunca esqueçamos que os direitos humanos não são um privilégio de alguns, mas um direito inerente de toda pessoa, seja quem for e onde quer que esteja no mundo. Assim, a liberdade de expressão, a igualdade de oportunidades entre mulheres e homens, a justiça social, a liberdade e, em última instância, todos os direitos reconhecidos pela Declaração Universal dos Direitos Humanos devem estar ao alcance de toda pessoa, independentemente de sua origem étnica, crença religiosa, ideologia, sexo, gênero, orientação sexual, identidade de gênero ou qualquer circunstância ou característica pessoal. Portanto, devemos ser capazes de exigir e, consequentemente, garantir que todos esses direitos sejam plenamente respeitados e adequadamente protegidos em qualquer lugar do mundo.
Se tivéssemos que fazer como sociedade global um único desejo, eu acredito que, sem dúvida, pediríamos o fim de todas as guerras, muitas delas esquecidas, que ainda existem no mundo. A guerra não apenas tira vidas, mas também marca para sempre comunidades inteiras com um sofrimento profundo que se estende por gerações. Como seres humanos, como membros conscientes e compassivos desta família que é a humanidade como um todo, devemos trabalhar incansavelmente pela paz em todos os lugares.
Nos últimos dois anos, dois conflitos têm chamado nossa atenção: a Guerra na Ucrânia e em Gaza. Na Ucrânia, esses dois anos de guerra deixaram feridas profundas na sociedade e causaram sofrimento inimaginável para muitas pessoas. É hora de a comunidade internacional deixar de estar dividida e redobrar os esforços para buscar soluções pacíficas que ponham fim a uma guerra em que, no final, seja qual for o resultado, ninguém sairá vencedor.
Em Gaza, a tragédia é ainda mais angustiante. Após os abomináveis ataques do Hamas, a resposta de Israel, totalmente desproporcional, ceifou a vida de milhares de crianças inocentes presas no meio de um conflito que não escolheram.
O poeta espanhol Jacinto Benavente dizia que «em cada criança nasce a humanidade». Neste caso, cada vez que uma criança morre em Gaza ou em qualquer outro conflito armado no mundo, a humanidade morre, especialmente quando viramos o olhar para o outro lado, seja porque não queremos renunciar ao nosso conforto, seja porque não queremos sentir vergonha. Mas, por mais que tentemos evitar pensar nisso, a perda de vidas humanas, especialmente de meninas e meninos, é totalmente inaceitável em qualquer circunstância, especialmente quando poderíamos tê-la evitado e não foi feito, ou não quisemos fazer o suficiente.
Mas a paz não é apenas a ausência de guerra, também é a presença de igualdade e justiça. Se não combatemos a desigualdade e a falta de justiça social ou o acesso ao mais básico, também não conseguiremos lidar com qualquer situação de guerra.
Temos uma responsabilidade comum e não podemos permanecer indiferentes às injustiças que ocorrem ao nosso redor. Cada pessoa tem o poder de fazer a diferença, seja por meio de uma pequena ação ou se juntando a um projeto maior. Mas, seja qual for a opção que escolhermos, nunca subestimemos nosso potencial quando agimos com coragem e determinação.
Em um mundo interconectado, a defesa dos direitos humanos não é apenas uma causa nobre, mas uma necessidade premente que não pode ser evitada. Nossas ações têm repercussões em todas as pessoas ao nosso redor. Portanto, devemos agir sempre com responsabilidade, empatia e não permanecer impassíveis diante da injustiça. Levantemos a voz, trabalhemos juntos e construamos um futuro de igualdade, justiça e liberdade.
Agora que começamos um novo ano, devemos renovar nosso compromisso com a causa mais justa e defender a dignidade e os direitos de todas as pessoas.
O início de um novo ano também é o início de um novo caminho onde nada está escrito e tudo está por fazer.
A esperança reside em nossas mãos.
Nunca esqueçamos.
Feliz Ano Novo.


