Celebrando la Diversidad

(Escrito en 🇪🇸🇲🇽- Written in 🇬🇧🇺🇸- Scritto in 🇮🇹🇸🇲- Rédigé en 🇫🇷🇨🇩- Escrito em 🇵🇹🇧🇷)

🇪🇸ESPAÑOL🇲🇽

(Día Internacional de Visibilidad Transgénero)

Sin lugar a dudas, la diversidad es la verdadera esencia y característica principal presente en la humanidad. Hoy, Día Internacional de Visibilidad Transgénero, tenemos la oportunidad de pensar acerca de la importancia de respetar el libre desarrollo de la personalidad, los derechos humanos y la dignidad humana inviolable de todas las personas, sean quienes sean. Por esta razón, hoy debemos mostrar nuestra solidaridad hacia la comunidad trans y reafirmar nuestro compromiso de seguir luchando contra toda forma de violencia, odio, discriminación y acoso que las personas trans sufren a diario en su entorno social, escolar y familiar.

De entrada, es fundamental reconocer que toda persona tiene el derecho innegable al libre desarrollo de su personalidad y a manifestar su identidad de género de manera libre, auténtica y sin miedo a la violencia, la discriminación y la exclusión. En este sentido, la defensa de la diversidad de género es mucho más que una cuestión de respeto, también es un imperativo moral que exige la plena inclusión y aceptación de todas las identidades de género con la protección legal necesaria en cualquier sociedad democrática y avanzada.

Lamentablemente, la realidad para muchas personas transgénero, particularmente para menores de edad trans, sigue estando marcada por el sufrimiento y la injusticia en muchos lugares del mundo. Los casos de violencia y discriminación salpican casi a diario las páginas de los diarios e informativos y son incontables los casos de asesinatos que han quedado en una total impunidad. Esto conlleva a que, en muchas ocasiones, los casos de agresión sean silenciados e invisibilizados, ya sea por falta de interés de quienes han de dar una respuesta clara ante las agresiones o, desgraciadamente, por el miedo de las víctimas a las represalias ejercidas por sus agresores e, incluso, por quienes han de defender los derechos de la ciudadanía. Negar esta realidad, es un acto de cinismo inadmisible que solo produce más dolor en las víctimas, muy especialmente cuando las víctimas son menores de edad.

Desde temprana edad, las infancias trans se enfrentan a un mundo hostil que niega su identidad sometiéndoles a una enorme presión para que acepten las normas binarias de género que no reconocen el derecho manifestar su identidad. Así pues, en el hogar, en los centros educativos y en la sociedad en general, menores de edad trans sufren un bombardeo constante de prejuicios, estereotipos, desinformaciones malintencionadas y actitudes claramente discriminatorias que afectan gravemente a su bienestar emocional y desarrollo personal.

Ciertamente, el acoso y la violencia verbal, física y emocional son realidades con las que jóvenes trans de todo el mundo tienen que luchar a diario. Desde insultos y burlas hasta agresiones físicas y exclusión social, todas estas formas de violencia no solo causan un profundo dolor emocional, sino que también pueden acarrear consecuencias devastadoras para su salud mental y el bienestar personal. Por esta razón, es inaceptable que cualquier persona deba vivir con miedo o sentirse avergonzada de ser quien es, simplemente porque su identidad de género no coincide con las expectativas impuestas por la sociedad y por un entorno que no comprende o no quiere comprender que la diversidad existente en la humanidad es un maravilloso don que debemos proteger. Porque esa diversidad está unida de forma inseparable a la dignidad humana de toda persona y a su derecho a manifestar libremente quien es.

Las situaciones de violencia, discriminación y acoso en los centros educativos deben preocuparnos especialmente. El entorno escolar debería ser un espacio seguro y acogedor para todo el alumnado independientemente de cuál sea identidad de género. Los centros educativos tienen la responsabilidad de crear un ambiente inclusivo donde se fomente el respeto mutuo, la empatía y la comprensión hacia la diversidad de género. Esto supone implementar medidas y programas de educación para la sensibilización y el respeto de las personas trans, así como proporcionar un apoyo adecuado a quienes sufran la discriminación o acoso debido a su identidad de género. No olvidemos que los centros educativos, más allá de impartir conocimientos, tienen como principal obligación la protección de los derechos fundamentales de todo el alumnado mientras se encuentran en el interior del centro. Y también tienen capacidad de actuación ante algunas situaciones de discriminación y violencia que puedan ocurrir fuera de los centros educativos cuando la víctima sufre alguna clase de agresión en su entorno familiar, círculo social o por parte de personas totalmente ajenas al centro, sean mayores o menores de edad. No hacer nada al respecto, supone un acto de complicidad silenciosa con la correspondiente responsabilidad civil e, incluso, penal.

De forma paralela, es vital que las familias de las personas transgénero brinden un apoyo incondicional a sus hijos e hijas, reconociendo y validando sus sentimientos y su identidad de género desde temprana edad. La razón es sencilla: no hay dolor más profundo que el rechazo de quienes más necesitamos que nos manifiesten su apoyo y su amor. Las consecuencias de esa falta de amor y de apoyo pueden ser devastadoras para la salud mental y el bienestar emocional de los jóvenes trans, aumentando su vulnerabilidad a problemas de salud mental como la depresión, la ansiedad, la autonegación y, en los casos más graves, el suicidio. Por esta razón, es fundamental que las familias sean las principales aliadas en el proceso de afirmación de género de sus hijas e hijos, brindándoles todo el amor y el apoyo que necesitan para prosperar y desarrollarse plenamente sin miedo a perder el respaldo de quienes más deben apoyarles.

Como sociedad, debemos comprometernos y trabajar por un mundo donde todas las personas, independientemente de su identidad de género, sean tratadas siempre con respeto hacia su dignidad personas, una dignidad que, por encima de todo, es totalmente inviolable y que es la fuente de todos y cada uno de los derechos de los que toda persona, sin distinción de ningún tipo, es titular. Esto significa rechazar todos los prejuicios y las normas de género restrictivas y negacionistas de derechos que perpetúan la violencia, el odio, la discriminación y la exclusión de las personas trans. Y todo ello debe estar respaldado por leyes y políticas activas que hagan realidad la inclusión y la protección de los derechos humanos y fundamentales de las personas transgénero, garantizando así la igualdad de trato ante la ley y la igualdad de oportunidades en todas las áreas de la vida pública y social.

En este día honramos el coraje y la resistencia de la comunidad trans y renovamos nuestro compromiso de trabajar juntos en la construcción de un mundo más inclusivo y equitativo para toda persona.

Toda persona, especialmente menores de edad, merece ser respetada, amada, valorada y protegida en su dignidad como persona. No puede haber excepciones ni debates al respecto.

Debemos crear un futuro donde la diversidad sea celebrada en toda su belleza, riqueza y complejidad.

Una diversidad que, sin duda, también ha de ser respetada en todo momento.

Porque defender la humanidad es defender la diversidad que hay en ella.

Defendámosla entonces.

🇬🇧ENGLISH🇺🇸

CELEBRATING DIVERSITY

(International Transgender Day of Visibility)

Undoubtedly, diversity is the true essence and main characteristic present in humanity. Today, on International Transgender Day of Visibility, we have the opportunity to think about the importance of respecting the free development of personality, human rights and the inviolable human dignity of all people, whoever they are. For this reason, today we must show our solidarity with the transgender community and reaffirm our commitment to continue fighting against all forms of violence, hatred, discrimination and harassment that transgender people suffer daily in their social, school and family environments.

From the outset, it is fundamental to recognise that everyone has the undeniable right to the free development of their personality and to manifest their gender identity freely, authentically and without fear of violence, discrimination and exclusion. In this sense, the defence of gender diversity is much more than a matter of respect, it is also a moral imperative that demands the full inclusion and acceptance of all gender identities with the legal protection necessary in any democratic and advanced society.

Sadly, the reality for many transgender people, particularly trans children, continues to be marked by suffering and injustice in many parts of the world. Cases of violence and discrimination splash across the pages of newspapers and news reports almost daily, and countless cases of murder have gone unpunished. This means that, on many occasions, cases of aggression are silenced and made invisible, either due to a lack of interest on the part of those who have to give a clear response to the aggressions or, unfortunately, due to the victims’ fear of reprisals by their aggressors or even by those who have to defend the rights of citizens. To deny this reality is an unacceptable act of cynicism that only causes more pain for the victims, especially when the victims are minors.

From an early age, trans children face a hostile world that denies their identity, subjecting them to enormous pressure to accept binary gender norms that do not recognise the right to manifest their identity. Thus, at home, in schools and in society in general, trans children are constantly bombarded with prejudice, stereotypes, malicious misinformation and clearly discriminatory attitudes that severely affect their emotional well-being and personal development.

Indeed, verbal, physical and emotional harassment and violence are realities that young transgender people all over the world struggle with on a daily basis. From insults and taunts to physical assaults and social exclusion, all these forms of violence not only cause deep emotional pain, but can also have devastating consequences for their mental health and personal well-being. For this reason, it is unacceptable that anyone should have to live in fear or feel ashamed of who they are, simply because their gender identity does not match the expectations imposed by society and by an environment that does not or will not understand that humanity’s diversity is a wonderful gift that we must protect. Because this diversity is inseparably linked to the human dignity of every person and their right to freely express who they are.

Situations of violence, discrimination and harassment in schools should be of particular concern to us. The school environment should be a safe and welcoming space for all students regardless of their gender identity. Schools have a responsibility to create an inclusive environment where mutual respect, empathy and understanding of gender diversity is fostered. This means implementing education measures and programmes to raise awareness and respect for transgender people, as well as providing adequate support for those who suffer discrimination or harassment because of their gender identity. Let us not forget that educational establishments, beyond imparting knowledge, have as their main obligation the protection of the fundamental rights of all students while they are inside the centre. And they also have the capacity to act in the face of certain situations of discrimination and violence that may occur outside the educational centres when the victim suffers some kind of aggression in their family environment, social circle or by people completely outside the centre, whether they are adults or minors. Doing nothing about it is an act of silent complicity with the corresponding civil and even criminal liability.

In parallel, it is vital that families of transgender people provide unconditional support to their children, acknowledging and validating their feelings and gender identity from an early age. The reason is simple: there is no deeper pain than rejection by those who most need to show their support and love. The consequences of this lack of love and support can be devastating to the mental health and emotional well-being of trans youth, increasing their vulnerability to mental health problems such as depression, anxiety, self-denial and, in the most severe cases, suicide. For this reason, it is crucial that families are the primary allies in the gender affirming process of their children, giving them all the love and support they need to thrive and develop fully without fear of losing the support of those who should support them most.

As a society, we must commit ourselves to and work for a world where all people, regardless of their gender identity, are always treated with respect for their dignity as persons, a dignity which, above all else, is totally inviolable and which is the source of each and every one of the rights to which every person, without distinction of any kind, is entitled. This means rejecting all prejudices and restrictive, rights-denying gender norms that perpetuate violence, hatred, discrimination and exclusion of trans people. And all of this must be backed by active laws and policies that make inclusion and the protection of the human and fundamental rights of transgender people a reality, thus ensuring equal treatment before the law and equal opportunities in all areas of public and social life.

On this day we honour the courage and resilience of the transgender community and renew our commitment to work together to build a more inclusive and equitable world for all people.

Every person, especially minors, deserves to be respected, loved, valued and protected in their dignity as a person. There can be no exceptions and no debate about this.

We must create a future where diversity is celebrated in all its beauty, richness and complexity.

A diversity that, of course, must also be respected at all times.

Because to defend humanity is to defend the diversity within it.

So let us defend it.

🇮🇹ITALIANO🇸🇲

CELEBRARE LA DIVERSITÀ

(Giornata internazionale della visibilità transgender)

Senza dubbio, la diversità è la vera essenza e la principale caratteristica presente nell’umanità. Oggi, nella Giornata internazionale della visibilità transgender, abbiamo l’opportunità di riflettere sull’importanza di rispettare il libero sviluppo della personalità, i diritti umani e l’inviolabile dignità umana di tutte le persone, chiunque esse siano. Per questo motivo, oggi dobbiamo mostrare la nostra solidarietà alla comunità transgender e riaffermare il nostro impegno a continuare a lottare contro tutte le forme di violenza, odio, discriminazione e molestie che le persone transgender subiscono quotidianamente nel loro ambiente sociale, scolastico e familiare.

Fin dall’inizio è fondamentale riconoscere che ogni persona ha l’innegabile diritto al libero sviluppo della propria personalità e a manifestare la propria identità di genere in modo libero, autentico e senza timore di violenza, discriminazione ed esclusione. In questo senso, la difesa della diversità di genere è molto più di una questione di rispetto, è anche un imperativo morale che richiede la piena inclusione e accettazione di tutte le identità di genere con la protezione legale necessaria in qualsiasi società democratica e avanzata.

Purtroppo, la realtà per molte persone transgender, in particolare per i bambini trans, continua a essere segnata da sofferenze e ingiustizie in molte parti del mondo. Casi di violenza e discriminazione campeggiano quasi quotidianamente sulle pagine dei giornali e dei telegiornali, e innumerevoli casi di omicidio sono rimasti impuniti. Ciò significa che, in molte occasioni, i casi di aggressione vengono messi a tacere e resi invisibili, sia per mancanza di interesse da parte di chi deve dare una risposta chiara alle aggressioni sia, purtroppo, per la paura delle vittime di subire rappresaglie da parte dei loro aggressori o anche da parte di chi deve difendere i diritti dei cittadini. Negare questa realtà è un atto di cinismo inaccettabile che non fa altro che causare maggiore dolore alle vittime, soprattutto quando queste sono minorenni.

Fin dalla più tenera età, i bambini trans si trovano ad affrontare un mondo ostile che nega la loro identità, sottoponendoli a enormi pressioni per accettare norme binarie di genere che non riconoscono il diritto di manifestare la propria identità. Così, a casa, a scuola e nella società in generale, i bambini trans sono costantemente bombardati da pregiudizi, stereotipi, disinformazione malevola e atteggiamenti chiaramente discriminatori che incidono pesantemente sul loro benessere emotivo e sullo sviluppo personale.

In effetti, le molestie e le violenze verbali, fisiche ed emotive sono realtà con cui i giovani transgender di tutto il mondo si scontrano quotidianamente. Dagli insulti e le prese in giro alle aggressioni fisiche e all’esclusione sociale, tutte queste forme di violenza non solo causano un profondo dolore emotivo, ma possono anche avere conseguenze devastanti per la loro salute mentale e il loro benessere personale. Per questo motivo, è inaccettabile che qualcuno debba vivere nella paura o vergognarsi di ciò che è, semplicemente perché la sua identità di genere non corrisponde alle aspettative imposte dalla società e da un ambiente che non capisce o non vuole capire che la diversità dell’umanità è un dono meraviglioso che dobbiamo proteggere. Perché questa diversità è indissolubilmente legata alla dignità umana di ogni persona e al suo diritto di esprimere liberamente ciò che è.

Le situazioni di violenza, discriminazione e molestie nelle scuole devono preoccuparci particolarmente. L’ambiente scolastico deve essere uno spazio sicuro e accogliente per tutti gli studenti, indipendentemente dalla loro identità di genere. Le scuole hanno la responsabilità di creare un ambiente inclusivo in cui vengano promossi il rispetto reciproco, l’empatia e la comprensione della diversità di genere. Ciò significa attuare misure e programmi educativi per sensibilizzare e rispettare le persone transgender, nonché fornire un sostegno adeguato a coloro che subiscono discriminazioni o molestie a causa della loro identità di genere. Non dimentichiamo che gli istituti scolastici, oltre a impartire conoscenze, hanno come obbligo principale la tutela dei diritti fondamentali di tutti gli studenti mentre si trovano all’interno del centro. E hanno anche la capacità di agire di fronte a certe situazioni di discriminazione e violenza che possono verificarsi al di fuori dei centri educativi, quando la vittima subisce un qualche tipo di aggressione nel suo ambiente familiare, nella sua cerchia sociale o da parte di persone completamente estranee al centro, siano esse adulti o minori. Non fare nulla al riguardo è un atto di complicità silenziosa con le relative responsabilità civili e persino penali.

Parallelamente, è fondamentale che le famiglie delle persone transgender forniscano un sostegno incondizionato ai loro figli, riconoscendo e convalidando i loro sentimenti e la loro identità di genere fin dalla più tenera età. Il motivo è semplice: non c’è dolore più profondo del rifiuto da parte di chi ha più bisogno di mostrare il proprio sostegno e amore. Le conseguenze di questa mancanza di amore e sostegno possono essere devastanti per la salute mentale e il benessere emotivo dei giovani trans, aumentando la loro vulnerabilità a problemi di salute mentale come la depressione, l’ansia, l’auto-negazione e, nei casi più gravi, il suicidio. Per questo motivo, è essenziale che le famiglie siano i principali alleati nel processo di affermazione del genere dei loro figli, dando loro tutto l’amore e il sostegno di cui hanno bisogno per prosperare e svilupparsi pienamente senza temere di perdere l’appoggio di coloro che dovrebbero sostenerli maggiormente.

Come società, dobbiamo impegnarci e lavorare per un mondo in cui tutte le persone, a prescindere dalla loro identità di genere, siano sempre trattate nel rispetto della loro dignità di persone, una dignità che, al di sopra di ogni altra cosa, è totalmente inviolabile e che è all’origine di tutti i diritti di cui ogni persona, senza distinzioni di alcun tipo, è titolare. Ciò significa rifiutare tutti i pregiudizi e le norme di genere restrittive, che negano i diritti, che perpetuano la violenza, l’odio, la discriminazione e l’esclusione delle persone trans. Tutto questo deve essere sostenuto da leggi e politiche attive che rendano l’inclusione e la protezione dei diritti umani e fondamentali delle persone trans una realtà, garantendo così la parità di trattamento davanti alla legge e le pari opportunità in tutti gli ambiti della vita pubblica e sociale.

In questa giornata onoriamo il coraggio e la resilienza della comunità transgender e rinnoviamo il nostro impegno a lavorare insieme per costruire un mondo più inclusivo ed equo per tutte le persone.

Ogni persona, soprattutto i minori, merita di essere rispettata, amata, valorizzata e protetta nella sua dignità di persona. Non ci possono essere eccezioni né dibattiti su questo.

Dobbiamo creare un futuro in cui la diversità sia celebrata in tutta la sua bellezza, ricchezza e complessità.

Una diversità che, ovviamente, deve essere sempre rispettata.

Perché difendere l’umanità significa difendere la diversità al suo interno.

Difendiamola, dunque.

🇫🇷FRANÇAIS🇨🇩

CÉLÉBRER LA DIVERSITÉ

(Journée internationale de la visibilité transgenre)

Il ne fait aucun doute que la diversité est la véritable essence et la principale caractéristique de l’humanité. Aujourd’hui, à l’occasion de la Journée internationale de de la visibilité transgenre, nous avons l’occasion de réfléchir à l’importance du respect du libre développement de la personnalité, des droits de l’homme et de la dignité humaine inviolable de toutes les personnes, quelles qu’elles soient. C’est pourquoi nous devons aujourd’hui montrer notre solidarité avec la communauté transgenre et réaffirmer notre engagement à poursuivre la lutte contre toutes les formes de violence, de haine, de discrimination et de harcèlement que les personnes transgenres subissent quotidiennement dans leur environnement social, scolaire et familial.

D’emblée, il est fondamental de reconnaître que chacun a le droit indéniable au libre développement de sa personnalité et de manifester son identité de genre librement, authentiquement et sans craindre la violence, la discrimination et l’exclusion. En ce sens, la défense de la diversité des genres est bien plus qu’une question de respect, c’est aussi un impératif moral qui exige l’inclusion et l’acceptation totales de toutes les identités de genre avec la protection juridique nécessaire dans toute société démocratique et avancée.

Malheureusement, la réalité de nombreuses personnes transgenres, en particulier les enfants transgenres, reste marquée par la souffrance et l’injustice dans de nombreuses régions du monde. Des cas de violence et de discrimination font presque quotidiennement la une des journaux et des reportages, et d’innombrables meurtres sont restés impunis. Cela signifie que, dans de nombreuses occasions, les cas d’agression sont passés sous silence et rendus invisibles, soit par manque d’intérêt de la part de ceux qui doivent donner une réponse claire aux agressions, soit, malheureusement, par crainte des victimes de représailles de la part de leurs agresseurs ou même de ceux qui doivent défendre les droits des citoyens. Nier cette réalité est un acte de cynisme inacceptable qui ne fait qu’accroître la douleur des victimes, surtout lorsqu’il s’agit de mineurs.

Dès leur plus jeune âge, les enfants transgenres sont confrontés à un monde hostile qui nie leur identité, les soumettant à une pression énorme pour qu’ils acceptent des normes de genre binaires qui ne reconnaissent pas le droit de manifester leur identité. Ainsi, à la maison, à l’école et dans la société en général, les enfants transgenres sont constamment bombardés de préjugés, de stéréotypes, de fausses informations malveillantes et d’attitudes clairement discriminatoires qui affectent gravement leur bien-être émotionnel et leur développement personnel.

En effet, le harcèlement et la violence verbale, physique et émotionnelle sont des réalités auxquelles les jeunes transgenres du monde entier sont confrontés quotidiennement. Des insultes et moqueries aux agressions physiques et à l’exclusion sociale, toutes ces formes de violence provoquent non seulement une profonde douleur émotionnelle, mais peuvent également avoir des conséquences dévastatrices sur leur santé mentale et leur bien-être personnel. C’est pourquoi il est inacceptable que quiconque doive vivre dans la peur ou avoir honte de ce qu’il est, simplement parce que son identité de genre ne correspond pas aux attentes imposées par la société et par un environnement qui ne comprend pas ou ne veut pas comprendre que la diversité de l’humanité est un merveilleux cadeau que nous devons protéger. Car cette diversité est indissociable de la dignité humaine de chaque personne et de son droit à exprimer librement ce qu’elle est.

Les situations de violence, de discrimination et de harcèlement à l’école doivent nous préoccuper particulièrement. L’environnement scolaire doit être un espace sûr et accueillant pour tous les élèves, quelle que soit leur identité sexuelle. Les écoles ont la responsabilité de créer un environnement inclusif où le respect mutuel, l’empathie et la compréhension de la diversité des genres sont encouragés. Cela implique de mettre en œuvre des mesures et des programmes éducatifs visant à sensibiliser et à respecter les personnes transgenres, ainsi que d’apporter un soutien approprié aux personnes victimes de discrimination ou de harcèlement en raison de leur identité de genre. N’oublions pas que les établissements d’enseignement, au-delà de la transmission de connaissances, ont pour principale obligation de protéger les droits fondamentaux de tous les étudiants pendant qu’ils se trouvent dans le centre. Ils ont également la capacité d’agir face à certaines situations de discrimination et de violence qui peuvent se produire en dehors des centres éducatifs, lorsque la victime subit une forme d’agression dans son environnement familial, son cercle social ou par des personnes totalement extérieures au centre, qu’il s’agisse d’adultes ou de mineurs. Ne rien faire est un acte de complicité silencieuse avec la responsabilité civile et même pénale correspondante.

Parallèlement, il est essentiel que les familles de personnes transgenres apportent un soutien inconditionnel à leurs enfants, en reconnaissant et en validant leurs sentiments et leur identité de genre dès leur plus jeune âge. La raison en est simple : il n’y a pas de douleur plus profonde que le rejet par ceux qui ont le plus besoin de montrer leur soutien et leur amour. Les conséquences de ce manque d’amour et de soutien peuvent être dévastatrices pour la santé mentale et le bien-être émotionnel des jeunes transgenres, augmentant leur vulnérabilité aux problèmes de santé mentale tels que la dépression, l’anxiété, le déni de soi et, dans les cas les plus graves, le suicide. C’est pourquoi il est essentiel que les familles soient les premières alliées du processus d’affirmation du genre de leurs enfants, en leur donnant tout l’amour et le soutien dont ils ont besoin pour s’épanouir et se développer pleinement sans craindre de perdre le soutien de ceux qui devraient les soutenir le plus.

En tant que société, nous devons nous engager et œuvrer pour un monde où toutes les personnes, quelle que soit leur identité de genre, sont toujours traitées dans le respect de leur dignité en tant que personnes, une dignité qui, par-dessus tout, est totalement inviolable et qui est la source de chacun des droits auxquels chaque personne, sans distinction d’aucune sorte, peut prétendre. Cela signifie qu’il faut rejeter tous les préjugés et les normes de genre restrictives et privatives de droits qui perpétuent la violence, la haine, la discrimination et l’exclusion des personnes transgenres. Tout cela doit être soutenu par des lois et des politiques actives qui font de l’inclusion et de la protection des droits humains et fondamentaux des personnes transgenres une réalité, garantissant ainsi l’égalité de traitement devant la loi et l’égalité des chances dans tous les domaines de la vie publique et sociale.

En cette journée, nous rendons hommage au courage et à la résilience de la communauté transgenre et renouvelons notre engagement à travailler ensemble pour construire un monde plus inclusif et plus équitable pour tous.

Chaque personne, en particulier les mineurs, mérite d’être respectée, aimée, valorisée et protégée dans sa dignité en tant que personne. Il ne peut y avoir aucune exception ni aucun débat à ce sujet.

Nous devons créer un avenir où la diversité est célébrée dans toute sa beauté, sa richesse et sa complexité.

Une diversité qui, bien sûr, doit aussi être respectée à tout moment.

Car défendre l’humanité, c’est défendre la diversité en son sein.

Alors défendons-la.

🇵🇹PORTUGUÊS🇧🇷

CELEBRAR A DIVERSIDADE

(Dia Internacional da Visibilidade Transgénero)

Sem dúvida, a diversidade é a verdadeira essência e a principal caraterística presente na humanidade. Hoje, no Dia Internacional da Visibilidade Transgénero, temos a oportunidade de refletir sobre a importância do respeito pelo livre desenvolvimento da personalidade, pelos direitos humanos e pela inviolável dignidade humana de todas as pessoas, sejam elas quem forem. Por esta razão, hoje devemos mostrar a nossa solidariedade para com a comunidade transgénero e reafirmar o nosso compromisso de continuar a lutar contra todas as formas de violência, ódio, discriminação e assédio que as pessoas transgénero sofrem diariamente no seu ambiente social, escolar e familiar.

Desde logo, é fundamental reconhecer que todas as pessoas têm o direito incontestável ao livre desenvolvimento da sua personalidade e a manifestar a sua identidade de género de forma livre, autêntica e sem receio de violência, discriminação e exclusão. Neste sentido, a defesa da diversidade de género é muito mais do que uma questão de respeito, é também um imperativo moral que exige a plena inclusão e aceitação de todas as identidades de género com a proteção legal necessária em qualquer sociedade democrática e avançada.

Infelizmente, a realidade de muitas pessoas transgénero, em particular das crianças transgénero, continua a ser marcada pelo sofrimento e pela injustiça em muitas partes do mundo. Casos de violência e discriminação surgem quase diariamente nas páginas dos jornais e nos noticiários, e inúmeros casos de assassínio ficam impunes. Isto significa que, em muitas ocasiões, os casos de agressão são silenciados e invisibilizados, quer por desinteresse daqueles que têm de dar uma resposta clara às agressões, quer, infelizmente, por receio das vítimas de represálias por parte dos seus agressores ou mesmo daqueles que têm de defender os direitos dos cidadãos. Negar esta realidade é um ato de cinismo inaceitável que só causa mais dor às vítimas, sobretudo quando estas são menores.

Desde muito cedo, as crianças trans enfrentam um mundo hostil que nega a sua identidade, sujeitando-as a uma enorme pressão para aceitarem normas binárias de género que não reconhecem o direito de manifestarem a sua identidade. Assim, em casa, nas escolas e na sociedade em geral, as crianças trans são constantemente bombardeadas com preconceitos, estereótipos, desinformação maliciosa e atitudes claramente discriminatórias que afectam gravemente o seu bem-estar emocional e desenvolvimento pessoal.

De facto, o assédio e a violência verbal, física e emocional são realidades com que os jovens transgéneros de todo o mundo se debatem diariamente. Desde insultos e provocações a agressões físicas e exclusão social, todas estas formas de violência não só causam uma dor emocional profunda, como também podem ter consequências devastadoras para a sua saúde mental e bem-estar pessoal. Por esta razão, é inaceitável que alguém tenha de viver com medo ou sentir vergonha de quem é, simplesmente porque a sua identidade de género não corresponde às expectativas impostas pela sociedade e por um ambiente que não compreende ou não quer compreender que a diversidade da humanidade é um dom maravilhoso que devemos proteger. Porque esta diversidade está inseparavelmente ligada à dignidade humana de cada pessoa e ao seu direito de exprimir livremente quem é.

As situações de violência, discriminação e assédio nas escolas devem preocupar-nos particularmente. O ambiente escolar deve ser um espaço seguro e acolhedor para todos os alunos, independentemente da sua identidade de género. As escolas têm a responsabilidade de criar um ambiente inclusivo onde se fomente o respeito mútuo, a empatia e a compreensão da diversidade de género. Isto implica a implementação de medidas e programas educativos para aumentar a sensibilização e o respeito pelas pessoas transgénero, bem como a prestação de apoio adequado àqueles que sofrem discriminação ou assédio devido à sua identidade de género. Não esqueçamos que os estabelecimentos de ensino, para além de transmitirem conhecimentos, têm como principal obrigação a proteção dos direitos fundamentais de todos os estudantes enquanto estão dentro do centro. E também têm a capacidade de atuar perante certas situações de discriminação e violência que podem ocorrer fora dos centros educativos quando a vítima sofre algum tipo de agressão no seu ambiente familiar, círculo social ou por pessoas completamente alheias ao centro, quer sejam adultos ou menores. Não fazer nada contra isso é um ato de cumplicidade silenciosa com a correspondente responsabilidade civil e até penal.

Paralelamente, é vital que as famílias de pessoas transgénero dêem apoio incondicional aos seus filhos, reconhecendo e validando os seus sentimentos e identidade de género desde tenra idade. A razão é simples: não há dor mais profunda do que a rejeição por parte daqueles que mais precisam de demonstrar o seu apoio e amor. As consequências desta falta de amor e apoio podem ser devastadoras para a saúde mental e o bem-estar emocional dos jovens trans, aumentando a sua vulnerabilidade a problemas de saúde mental como a depressão, a ansiedade, a auto-negação e, nos casos mais graves, o suicídio. Por esta razão, é essencial que as famílias sejam os principais aliados no processo de afirmação do género dos seus filhos, dando-lhes todo o amor e apoio de que necessitam para prosperarem e se desenvolverem plenamente, sem medo de perderem o apoio daqueles que mais os deveriam apoiar.

Como sociedade, devemos empenhar-nos e trabalhar por um mundo onde todas as pessoas, independentemente da sua identidade de género, sejam sempre tratadas com respeito pela sua dignidade como pessoas, uma dignidade que, acima de tudo, é totalmente inviolável e que é a fonte de todos e cada um dos direitos a que todas as pessoas, sem distinção de qualquer tipo, têm direito. Isto significa rejeitar todos os preconceitos e normas de género restritivas e negadoras de direitos que perpetuam a violência, o ódio, a discriminação e a exclusão das pessoas trans. E tudo isto deve ser apoiado por leis e políticas activas que tornem a inclusão e a proteção dos direitos humanos e fundamentais das pessoas transgénero uma realidade, garantindo assim a igualdade de tratamento perante a lei e a igualdade de oportunidades em todas as áreas da vida pública e social.

Neste dia, honramos a coragem e a resiliência da comunidade transgénero e renovamos o nosso compromisso de trabalhar em conjunto para construir um mundo mais inclusivo e equitativo para todas as pessoas.

Todas as pessoas, especialmente os menores, merecem ser respeitadas, amadas, valorizadas e protegidas na sua dignidade de pessoa. Não pode haver excepções nem debate sobre isto.

Temos de criar um futuro em que a diversidade seja celebrada em toda a sua beleza, riqueza e complexidade.

Uma diversidade que, naturalmente, também deve ser respeitada em todos os momentos.

Porque defender a humanidade é defender a diversidade que nela existe.

Defendamo-la, pois.

Versos de libertad

(Homenaje a Miguel Hernández)

En un rincón del tiempo, entre el eco de sus versos y el susurro del viento, perdura la memoria del poeta Miguel Hernández, quien hace 82 años partió físicamente, pero cuya voz sigue resonando en el alma de quienes aman la poesía sincera y profunda. Su legado es un faro que ilumina los senderos de la literatura española y universal, una llama que arde en el corazón de cada verso, cada estrofa, cada palabra que brota de su pluma.

Miguel Hernández nació el 30 de octubre de 1910 en Orihuela, una tierra fértil en poesía y pasión. Desde joven, mostró un talento deslumbrante que floreció en medio de la adversidad. Autodidacta y apasionado, encontró en la escritura su refugio y su voz, una voz que resonaría a lo largo de los años con una fuerza imparable.

Su poesía es un canto a la vida, a la naturaleza, al amor y a la lucha por la justicia. En cada verso, palpita la pasión de un hombre comprometido con su tiempo, con su pueblo, con su tierra. Sus palabras son como semillas que germinan en el alma del lector, invitándolo a reflexionar, a sentir, a soñar.

La Guerra Civil española marcó profundamente la vida y la obra de Miguel Hernández. Como muchos otros jóvenes de su generación, se vio arrastrado por el torbellino de la contienda, pero en medio del caos y la violencia, encontró la fuerza para alzar su voz contra la injusticia, para defender con ardor los ideales en los que creía.

Sus poemas de guerra son testimonios estremecedores de aquellos años oscuros, pero también son himnos de esperanza y resistencia. En ellos, la belleza y el dolor se funden en una danza conmovedora que conmueve y estremece, recordándonos la fragilidad y la grandeza del ser humano en tiempos de crisis.

Pero Miguel Hernández no fue solo el poeta de la guerra. También fue el poeta del amor, de la vida cotidiana, de la naturaleza. Sus versos son como ventanas abiertas al mundo, que nos permiten asomarnos a la belleza y la complejidad de la existencia humana.

En su poesía, encontramos la exaltación del amor, la ternura hacia los seres queridos, la celebración de la vida en todas sus manifestaciones. Sus poemas son como puentes que nos unen a los demás, que nos recuerdan la importancia de amar y ser amados, de valorar cada instante como un regalo precioso.

Miguel Hernández también fue un poeta comprometido con su tiempo, un luchador incansable por la libertad y la justicia. Su compromiso con los ideales republicanos y su participación activa en la defensa de la democracia le valieron el reconocimiento de sus contemporáneos, pero también el sufrimiento y la cárcel.

En las cárceles franquistas, Miguel Hernández encontró la oscuridad más profunda, pero también la luz más intensa. Allí, en medio del sufrimiento y la privación, siguió escribiendo, siguió creando, aferrándose a la poesía como un salvavidas en medio de la tormenta.

Su poesía carcelaria es un testimonio desgarrador de aquellos años de dolor y opresión, pero también es un canto a la libertad y la dignidad humanas. En cada verso, se escucha el eco de su voz valiente y apasionada, que se niega a doblegarse ante la adversidad, que sigue luchando por un mundo más justo y humano.

El 28 de marzo de 1942, Miguel Hernández partió de este mundo dejando tras de sí un legado inmortal. Pero su memoria sigue viva en cada rincón de España y más allá, en cada corazón que se conmueve con sus versos, en cada voz que se alza en defensa de la libertad y la justicia.

En este 82 aniversario de su muerte, rendimos homenaje a Miguel Hernández, al poeta, al luchador, al hombre que supo convertir el dolor en belleza, la adversidad en esperanza. Que su ejemplo siga inspirándonos a todos a seguir luchando por un mundo mejor, donde la poesía sea siempre un faro de luz en la oscuridad, un bálsamo para el alma en tiempos de tempestad.

El Océano del Olvido

(Escrito en 🇪🇸🇲🇽 – Written in 🇬🇧🇺🇸 – Scritto in 🇮🇹 – Rédigé en 🇫🇷🇨🇩 – Escrito em 🇵🇹🇧🇷)

🇪🇸ESPAÑOL🇲🇽

(Día Internacional de Recuerdo de las Víctimas de la Esclavitud y la Trata Transatlántica de Esclavos)

Aunque no seamos capaces de entenderlo, existe una forma de dolor que perdura a lo largo de los siglos. El llanto de quienes fueron sometidos al yugo de la esclavitud es como un desgarro del alma que, generaciones después, aún no ha cicatrizado por completo. Cada historia y cada lágrima derramada nos evoca el sufrimiento de quienes fueron arrancados de su tierra natal por la codicia de aquellas personas que veían en el tráfico de esclavos una forma de obtener beneficios a costa de deshumanizar y de arrebatar la dignidad a quienes fueron víctimas de esta deleznable práctica.

Cada una de las personas víctimas de la esclavitud es una cicatriz que nos recuerda el sufrimiento de millones de personas en uno de los periodos más oscuros de la historia de la humanidad. Ese dolor, transmitido de generación en generación, continúa arraigado en lo más profundo de los corazones de sus descendientes como una fría losa que aún lastra su presente a través de esa triste maldición que es la discriminación racial.

La esclavitud no solo robó la libertad a millones de personas, también les desposeyó de su identidad y de su dignidad como seres humanos. Cuesta imaginar el sufrimiento de aquellas personas que fueron arrancadas cruelmente de sus hogares, separadas de sus familias y arrojadas a un futuro incierto en tierras extrañas. Es casi del todo imposible poder comprender el inmenso dolor que atravesaron, las incontables lágrimas que se perdieron para siempre en la oscuridad de la noche y los gritos de desesperación ahogados en la inmensidad del océano.

Todas y cada una de aquellas personas tenían una historia que merece ser contada, una vida que fue privada de su libertad y una dignidad cruelmente pisoteada. Millones de personas fueron tratadas como simples objetos, en piezas de la maquinaria de la codicia puesta al servicio de quienes se creían con derecho de adueñarse de la vida de quienes consideraban falazmente seres inferiores por el color de su piel cuando, en realidad, eran seres humanos semejantes a ellos. Familias enteras fueron desmembradas y comunidades enteras fueron arrasadas. Todo ello mientras que la humanidad, tan indiferente ayer como ahora, contemplaba impasible el desgarrador llanto de quienes iban a ser vendidos tras un viaje de miles de kilómetros a través del océano.

Siglos después, aunque los barcos de esclavos han dejado de surcar los mares, los ecos de aquel pasado doloroso aún resuenan entre las olas del mar junto con el lamento de quienes perdieron la vida durante la travesía. Un lamento que, en nuestros días, se ha transformado en la violencia, el odio y la discriminación que siguen acechando en la sombra mientras esperan el momento adecuado para volver a sembrar el dolor entre quienes siguen luchando por su libertad, por la igualdad de sus derechos y por el respeto hacia su dignidad.

Como sociedad, es nuestro deber alzar la voz ante toda forma de opresión, discriminación e injusticia. Hemos de ser la luz que prevalece sobre la oscuridad, el faro que guíe al barco de la libertad frente al odio y la intolerancia y la voz que clame por la igualdad y el respeto hacia la dignidad humana inviolable de toda persona sin importar el color de piel o el lugar de procedencia. Solo cuando seamos capaces de reconocer la humanidad en la mirada de quien tenemos enfrente, cuando veamos nuestro reflejo en la mirada de quienes más sufren, las heridas cicatrizarán y podremos construir un mundo justo, libre e igualdad para toda persona, sea quien sea y en cualquier lugar del mundo.

Mientras tanto, hemos de impedir que las historias de quienes sufrieron bajo el yugo de la esclavitud se pierdan para siempre en la profundidad del océano o sean borradas de los libros de historia. Cada persona, cada ser humano víctima de la esclavitud merece ser recordada y honrada. Su historia y su legado han de conocerse para que jamás olvidemos la fuerza indomable del espíritu humano en su búsqueda por la libertad.

Que se conozca cada historia, cada nombre y cada rostro para nunca se pierdan en el océano del olvido.

Aprendamos de los errores del pasado, para forjar un mañana de igualdad y justicia.

Hagamos posible un mundo mejor para las generaciones del mañana.

Naveguemos juntos a través del mar de la libertad. 

Y honremos su recuerdo.

🇬🇧ENGLISH🇺🇸

THE OCEAN OF OBLIVION

(International Day of Remembrance of the Victims of Slavery and the Transatlantic Slave Trade)

Although we may not be able to understand it, there is a form of pain that endures through the centuries. The weeping of those who were subjected to the yoke of slavery is like a tearing of the soul that, generations later, has not yet fully healed. Every story and every tear shed evokes the suffering of those who were torn from their homeland by the greed of those who saw the slave trade as a way to profit at the cost of dehumanising and robbing the victims of this despicable practice of their dignity.

Each of the victims of slavery is a scar that reminds us of the suffering of millions of people in one of the darkest periods of human history. That pain, passed down from generation to generation, remains rooted deep in the hearts of their descendants like a cold slab that still weighs down their present through the sad curse of racial discrimination.

Slavery not only robbed millions of people of their freedom, it also robbed them of their identity and their dignity as human beings. It is hard to imagine the suffering of those people who were cruelly torn from their homes, separated from their families and thrown into an uncertain future in a strange land. It is almost impossible to comprehend the immense pain they went through, the countless tears that were lost forever in the darkness of the night and the cries of despair drowned in the vastness of the ocean.

Each and every one of those people had a story that deserves to be told, a life that was deprived of its freedom and a dignity that was cruelly trampled upon. Millions of people were treated as mere objects, cogs in the machinery of greed at the service of those who believed they had the right to take over the lives of those they fallaciously considered inferior because of the colour of their skin when, in reality, they were human beings just like themselves. Whole families were dismembered and entire communities were razed to the ground. All this while humanity, as indifferent yesterday as it is now, watched impassively the heart-rending cries of those who were to be sold after a journey of thousands of miles across the ocean.

Centuries later, although the slave ships have ceased to sail the seas, the echoes of that painful past still resound among the waves of the sea along with the lament of those who lost their lives during the voyage. A lament that, in our times, has been transformed into the violence, hatred and discrimination that continue to lurk in the shadows as they wait for the right moment to re-sow pain among those who continue to fight for their freedom, for equal rights and for respect for their dignity.

As a society, it is our duty to speak out against all forms of oppression, discrimination and injustice. We must be the light that prevails over the darkness, the lighthouse that guides the ship of freedom in the face of hatred and intolerance, and the voice that cries out for equality and respect for the inviolable human dignity of every person regardless of skin colour or place of origin. Only when we are able to recognise the humanity in the eyes of those in front of us, when we see our reflection in the eyes of those who suffer most, will the wounds heal and we will be able to build a just, free and equal world for all people, whoever they are and wherever they are in the world.

In the meantime, we must prevent the stories of those who suffered under the yoke of slavery from being lost forever in the depths of the ocean or erased from the history books. Every person, every human being who was a victim of slavery deserves to be remembered and honoured. Their story and their legacy must be known so that we never forget the indomitable strength of the human spirit in its quest for freedom.
Let every story, every name and every face be known so that they will never be lost in the ocean of oblivion.

Let us learn from the mistakes of the past, to forge a tomorrow of equality and justice.

Let us make a better world possible for tomorrow’s generations.

Let us sail together across the sea of freedom. 

And let us honour their memory.

🇮🇹ITALIANO🇮🇹

L’OCEANO DELL’OBLIO

(Giornata Internazionale in Ricordo delle Vittime delle Schiavitù e della Tratta Transatlantica degli Schiavi)

Anche se non siamo in grado di capirlo, c’è una forma di dolore che resiste nei secoli. Il pianto di coloro che sono stati sottoposti al giogo della schiavitù è come una lacerazione dell’anima che, a distanza di generazioni, non è ancora completamente guarita. Ogni storia e ogni lacrima versata evoca la sofferenza di coloro che sono stati strappati dalla loro patria dall’avidità di coloro che hanno visto nella tratta degli schiavi un modo per trarre profitto a costo di disumanizzare e privare della loro dignità le vittime di questa pratica spregevole.

Ogni vittima della schiavitù è una cicatrice che ci ricorda la sofferenza di milioni di persone in uno dei periodi più bui della storia umana. Quel dolore, tramandato di generazione in generazione, rimane radicato nel cuore dei loro discendenti come una lastra fredda che pesa ancora sul loro presente attraverso la triste maledizione della discriminazione razziale.

La schiavitù non solo ha privato milioni di persone della loro libertà, ma le ha anche private della loro identità e della loro dignità di esseri umani. È difficile immaginare la sofferenza di quelle persone che sono state crudelmente strappate dalle loro case, separate dalle loro famiglie e gettate in un futuro incerto in una terra sconosciuta. È quasi impossibile comprendere l’immenso dolore che hanno provato, le innumerevoli lacrime che si sono perse per sempre nell’oscurità della notte e le grida di disperazione annegate nella vastità dell’oceano.

Ognuna di quelle persone aveva una storia che merita di essere raccontata, una vita che è stata privata della sua libertà e una dignità che è stata crudelmente calpestata. Milioni di persone sono state trattate come semplici oggetti, ingranaggi della macchina dell’avidità al servizio di coloro che credevano di avere il diritto di appropriarsi delle vite di coloro che consideravano fallacemente inferiori a causa del colore della loro pelle quando, in realtà, erano esseri umani proprio come loro. Intere famiglie sono state smembrate e intere comunità sono state rase al suolo. Tutto questo mentre l’umanità, indifferente ieri come oggi, assisteva impassibile alle grida strazianti di coloro che dovevano essere venduti dopo un viaggio di migliaia di chilometri attraverso l’oceano.

A distanza di secoli, sebbene le navi negriere abbiano smesso di solcare i mari, gli echi di quel doloroso passato risuonano ancora tra le onde del mare insieme al lamento di coloro che persero la vita durante il viaggio. Un lamento che, ai nostri giorni, si è trasformato nella violenza, nell’odio e nella discriminazione che continuano ad annidarsi nell’ombra in attesa del momento giusto per seminare nuovamente dolore tra coloro che continuano a lottare per la loro libertà, per l’uguaglianza dei diritti e per il rispetto della loro dignità.

Come società, è nostro dovere parlare contro ogni forma di oppressione, discriminazione e ingiustizia. Dobbiamo essere la luce che prevale sulle tenebre, il faro che guida la nave della libertà di fronte all’odio e all’intolleranza, e la voce che grida per l’uguaglianza e il rispetto dell’inviolabile dignità umana di ogni persona, indipendentemente dal colore della pelle o dal luogo di origine. Solo quando saremo in grado di riconoscere l’umanità negli occhi di chi ci sta di fronte, quando vedremo il nostro riflesso negli occhi di chi soffre di più, le ferite si rimargineranno e saremo in grado di costruire un mondo giusto, libero e uguale per tutte le persone, chiunque esse siano e ovunque si trovino nel mondo.

Nel frattempo, dobbiamo evitare che le storie di coloro che hanno sofferto sotto il giogo della schiavitù si perdano per sempre nelle profondità dell’oceano o vengano cancellate dai libri di storia. Ogni persona, ogni essere umano che è stato vittima della schiavitù merita di essere ricordato e onorato. La loro storia e la loro eredità devono essere conosciute per non dimenticare mai la forza indomabile dello spirito umano nella sua ricerca della libertà.

Facciamo conoscere ogni storia, ogni nome e ogni volto, affinché non si perdano mai nell’oceano dell’oblio.

Impariamo dagli errori del passato per forgiare un domani di uguaglianza e giustizia.

Rendiamo possibile un mondo migliore per le generazioni di domani.

Navighiamo insieme nel mare della libertà. 

E onoriamo la loro memoria.

🇫🇷FRANÇAIS🇨🇩

L’OCÉAN DE L’OUBLI

(Journée internationale de commémoration des victimes de l’esclavage et de la traite transatlantique des esclaves)

Sans que nous puissions la comprendre, il existe une forme de douleur qui traverse les siècles. Les pleurs de ceux qui ont subi le joug de l’esclavage sont comme une déchirure de l’âme qui, des générations plus tard, n’a pas encore totalement cicatrisé. Chaque histoire, chaque larme versée évoque la souffrance de ceux qui ont été arrachés à leur patrie par la cupidité de ceux qui ont vu dans la traite des esclaves un moyen de faire du profit au prix de la déshumanisation et de la privation de dignité des victimes de cette pratique abjecte.

Chacune des victimes de l’esclavage est une cicatrice qui nous rappelle la souffrance de millions de personnes au cours de l’une des périodes les plus sombres de l’histoire de l’humanité. Cette douleur, transmise de génération en génération, reste ancrée dans le cœur de leurs descendants comme une plaque froide qui pèse encore sur leur présent par la triste malédiction de la discrimination raciale.

L’esclavage a non seulement privé des millions de personnes de leur liberté, mais aussi de leur identité et de leur dignité en tant qu’êtres humains. Il est difficile d’imaginer la souffrance de ces personnes qui ont été cruellement arrachées à leur foyer, séparées de leur famille et jetées dans un avenir incertain en terre étrangère. Il est presque impossible de comprendre l’immense douleur qu’ils ont endurée, les innombrables larmes qui se sont perdues à jamais dans l’obscurité de la nuit et les cris de désespoir noyés dans l’immensité de l’océan.

Chacune de ces personnes avait une histoire qui mérite d’être racontée, une vie qui a été privée de sa liberté et une dignité qui a été cruellement bafouée. Des millions de personnes ont été traitées comme de simples objets, des rouages dans la machine de la cupidité au service de ceux qui croyaient avoir le droit de s’approprier la vie de ceux qu’ils considéraient fallacieusement comme inférieurs en raison de la couleur de leur peau, alors qu’en réalité, il s’agissait d’êtres humains comme eux. Des familles entières ont été démembrées et des communautés entières ont été rasées. Tout cela pendant que l’humanité, aussi indifférente hier qu’aujourd’hui, regardait impassiblement les cris déchirants de ceux qui allaient être vendus après un voyage de plusieurs milliers de kilomètres à travers l’océan.

Des siècles plus tard, bien que les navires négriers aient cessé de sillonner les mers, les échos de ce passé douloureux résonnent encore sur les vagues de la mer, avec la complainte de ceux qui ont perdu la vie au cours de la traversée. Une complainte qui, à notre époque, s’est transformée en violence, en haine et en discrimination qui restent tapies dans l’ombre et attendent le bon moment pour semer à nouveau la douleur parmi ceux qui continuent à lutter pour leur liberté, pour l’égalité des droits et pour le respect de leur dignité.

En tant que société, il est de notre devoir de nous élever contre toutes les formes d’oppression, de discrimination et d’injustice. Nous devons être la lumière qui l’emporte sur les ténèbres, le phare qui guide le navire de la liberté face à la haine et à l’intolérance, et la voix qui réclame l’égalité et le respect de la dignité humaine inviolable de chaque personne, quelle que soit la couleur de sa peau ou son lieu d’origine. Ce n’est que lorsque nous serons capables de reconnaître l’humanité dans les yeux de ceux qui sont en face de nous, lorsque nous verrons notre reflet dans les yeux de ceux qui souffrent le plus, que les blessures se refermeront et que nous pourrons construire un monde juste, libre et égal pour tous, qui qu’ils soient et où qu’ils se trouvent dans le monde.

En attendant, nous devons empêcher que les histoires de ceux qui ont souffert sous le joug de l’esclavage ne se perdent à jamais dans les profondeurs de l’océan ou ne soient effacées des livres d’histoire. Chaque personne, chaque être humain qui a été victime de l’esclavage mérite qu’on se souvienne de lui et qu’on l’honore. Leur histoire et leur héritage doivent être connus afin que nous n’oubliions jamais la force indomptable de l’esprit humain dans sa quête de liberté.

Que chaque histoire, chaque nom et chaque visage soient connus afin qu’ils ne se perdent jamais dans l’océan de l’oubli.

Tirons les leçons des erreurs du passé pour forger un avenir d’égalité et de justice.

Rendons possible un monde meilleur pour les générations de demain.

Naviguons ensemble sur la mer de la liberté.

Et honorons leur mémoire.

🇵🇹PORTUGUÊS🇧🇷

O OCEANO DO ESQUECIMENTO

(Dia Internacional em Memória das Vítimas da Escravidão e do Tráfico Transatlântico de Escravos)

Embora não sejamos capazes de a compreender, há uma forma de dor que perdura ao longo dos séculos. O choro dos que foram submetidos ao jugo da escravatura é como um rasgão na alma que, gerações depois, ainda não sarou completamente. Cada história e cada lágrima derramada evocam o sofrimento daqueles que foram arrancados da sua pátria pela ganância daqueles que viam no tráfico de escravos uma forma de lucro à custa da desumanização e do roubo da dignidade das vítimas desta prática desprezível.

Cada uma das vítimas da escravatura é uma cicatriz que nos recorda o sofrimento de milhões de pessoas num dos períodos mais negros da história da humanidade. Essa dor, transmitida de geração em geração, permanece enraizada no coração dos seus descendentes como uma laje fria que ainda pesa sobre o seu presente através da triste maldição da discriminação racial.

A escravatura não só roubou a liberdade a milhões de pessoas, como também lhes roubou a sua identidade e a sua dignidade enquanto seres humanos. É difícil imaginar o sofrimento dessas pessoas que foram cruelmente arrancadas das suas casas, separadas das suas famílias e atiradas para um futuro incerto numa terra estranha. É quase impossível compreender a imensa dor por que passaram, as inúmeras lágrimas que se perderam para sempre na escuridão da noite e os gritos de desespero afogados na vastidão do oceano.

Cada uma dessas pessoas tinha uma história que merece ser contada, uma vida que foi privada da sua liberdade e uma dignidade que foi cruelmente espezinhada. Milhões de pessoas foram tratadas como meros objectos, engrenagens da máquina da ganância ao serviço daqueles que se julgavam no direito de se apoderarem das vidas daqueles que falaciosamente consideravam inferiores devido à cor da sua pele, quando, na realidade, eram seres humanos como eles próprios. Famílias inteiras foram desmembradas e comunidades inteiras foram arrasadas. Tudo isto enquanto a humanidade, tão indiferente ontem como hoje, assistia impassível aos gritos de dor daqueles que iam ser vendidos depois de uma viagem de milhares de quilómetros através do oceano.

Séculos depois, embora os navios negreiros tenham deixado de navegar pelos mares, os ecos desse passado doloroso ainda ressoam entre as ondas do mar, juntamente com o lamento daqueles que perderam a vida durante a viagem. Um lamento que, nos nossos dias, se transformou na violência, no ódio e na discriminação que continuam a espreitar na sombra, à espera do momento certo para voltar a semear a dor entre aqueles que continuam a lutar pela sua liberdade, pela igualdade de direitos e pelo respeito da sua dignidade.

Como sociedade, é nosso dever manifestarmo-nos contra todas as formas de opressão, discriminação e injustiça. Temos de ser a luz que prevalece sobre as trevas, o farol que guia o barco da liberdade face ao ódio e à intolerância, e a voz que clama pela igualdade e pelo respeito da dignidade humana inviolável de cada pessoa, independentemente da cor da pele ou do local de origem. Só quando formos capazes de reconhecer a humanidade nos olhos de quem está à nossa frente, quando virmos o nosso reflexo nos olhos de quem mais sofre, é que as feridas sararão e poderemos construir um mundo justo, livre e igual para todas as pessoas, sejam elas quem forem e estejam elas onde estiverem no mundo.

Entretanto, temos de evitar que as histórias dos que sofreram sob o jugo da escravatura se percam para sempre nas profundezas do oceano ou sejam apagadas dos livros de História. Cada pessoa, cada ser humano que foi vítima da escravatura merece ser recordado e honrado. A sua história e o seu legado devem ser conhecidos para que nunca esqueçamos a força indomável do espírito humano na sua busca pela liberdade.

Que todas as histórias, todos os nomes e todos os rostos sejam conhecidos para que nunca se percam no oceano do esquecimento.

Aprendamos com os erros do passado, para forjarmos um futuro de igualdade e justiça.

Tornemos possível um mundo melhor para as gerações de amanhã.

Naveguemos juntos no mar da liberdade. 

E honremos a sua memória.