(Escrito en 🇪🇸🇲🇽– Written in 🇬🇧🇺🇸– Scritto in 🇮🇹🇸🇲– Rédigé en 🇫🇷🇨🇩– Escrito em 🇵🇹🇧🇷)
🇪🇸ESPAÑOL🇲🇽
Con el paso de los años nos damos cuenta de que estas fechas tienen un significado muy distinto al que solemos estar acostumbrados. A pesar de las dificultades cotidianas e independientemente de nuestro credo, los sentimientos de amor y cariño hacia quienes tenemos a nuestro lado nos hacen darnos cuenta de cuál es el verdadero sentido de la vida.
Muchas personas habrán pasado por nuestras vidas en diferentes momentos. Muchas de ellas siempre estarán a nuestro lado; otras decidirán apartarse sin que nadie pida su marcha; otras regresarán a nuestro lado sin que lo esperemos, quizá en el momento justo en el que las necesitemos; y otras, desgraciadamente, se marcharán para no volver, pero seguirán estando y formando parte de nosotros y de nosotras, seguirán siempre alegres en nuestros recuerdos y su sonrisa siempre brillará en nuestros corazones. Hemos llorado, hemos sufrido, hemos sentido el vacío de quienes ya no están, pero también el calor de quienes nos han ofrecido una mano amiga en los duros momentos de tristeza. Quizá sea ese el secreto, quizá el secreto no sea pedir fuerzas a la Divina Providencia o a las Fuerzas del Universo, sino pedir nuevos retos que, al superarlos, nos hagan más fuertes cada día contando con el amor y con el apoyo de todas las personas que nos rodean.
Pero más allá de los momentos de reunión familiar, mientras casi todas las familias se reúnen alrededor de una mesa repleta de manjares, no olvidemos a todas aquellas familias que se ven obligadas a separarse o a huir de sus hogares para evitar una muerte segura por la guerra, la pobreza o el hambre. Tampoco olvidemos a quienes sufren el rechazo en sus hogares solo por ser, sentir, pensar o amar como cualquier persona tiene derecho a hacerlo; a las personas enfermas que ya no tienen fuerzas suficientes para acompañar y abrazar a quienes aman; a quienes se encuentran sin hogar y cuya única compañía será el frío de la noche; y a todas aquellas que vivirán estos días en soledad esperando un abrazo de cariño y de consuelo añorando escuchar un “te quiero” de sus seres queridos que ya apenas les recuerdan.
En esta Nochebuena, mientras nos sumergimos en el espíritu festivo rodeados de nuestras familias, no podemos olvidar a quienes ven vulnerados sus derechos humanos, derechos que deben prevalecer para toda persona, independientemente de su situación geográfica o de sus circunstancias personales.
En un mundo donde la paz sigue siendo tan esquiva, la comunidad internacional tiene la responsabilidad de trabajar hacia soluciones pacíficas y sostenibles, abordando las causas profundas de los conflictos y garantizando que se respeten los derechos humanos en todo momento. La guerra en Ucrania y Gaza nos recuerda la fragilidad de esos derechos en situaciones de conflicto. Vemos cómo la guerra desencadena sufrimiento humano y desplazamiento y la protección de los derechos humanos y fundamentales de las víctimas inocentes en estas zonas debería ser una prioridad global para una comunidad internacional cada vez más insensible.
El dolor y el derramamiento de sangre inocente nos llenan de dolor y cada vida perdida es una pérdida enorme para toda la humanidad. Millones de personas están atrapadas en zonas de conflicto, enfrentando la realidad brutal de la guerra. El derecho a la paz y la seguridad también son derechos humanos fundamentales que toda persona merece, y es nuestro deber abogar por un mundo donde el respeto hacia los derechos de toda persona no sea una excepción, sino la única y verdadera norma. Las pequeñas acciones cuentan, pero hay querer hacerlas y no solo para conseguir “likes” en Instagram o más seguidores en Tiktok.
También tenemos mucho camino por delante para acabar con la discriminación en todas sus formas. Por un lado, tenemos muchos retos por delante para poner fin a la violencia sobre mujeres y niñas en todo el mundo. Pero la discriminación persiste en muchas formas y afecta a diversas comunidades en todo el mundo. Desde la discriminación basada en el género hasta la orientación sexual, el racismo, la xenofobia, el antisemitismo, la aporofobia, es crucial reconocer que toda persona merece ser tratada con igualdad y respeto.
Esa diversidad enriquece nuestra sociedad y la aceptación de nuestras diferencias es esencial para construir un mundo más justo, libre e igualitario. Por eso, tenemos trabajar para superar los estereotipos y desafiar las normas que perpetúan toda forma de violencia, odio y discriminación si de verdad queremos una sociedad inclusiva y respetuosa entre las distintas comunidades que la conforman y construir puentes de entendimiento y abrazo. De ahí que sea una obligación, moral y legal, seguir trabajando por la igualdad de oportunidades y por el acceso a recursos básicos para el pleno ejercicio de todos los derechos humanos y fundamentales de los que toda persona es titular. Trabajar por una sociedad mejor, no es una utopía, es una meta que puede hacerse realidad si tenemos voluntad para ello.
En esta noche, celebramos la llegada de aquel niño, nacido para traer la esperanza, la redención y la luz para toda la Humanidad. Un niño que, al igual que su familia, y como miles de niños y niñas en todo el mundo en la actualidad, se convirtió en un refugiado cuando apenas acababa de venir al mundo (Mateo 2:13). Para celebrarlo, nos reuniremos frente a una mesa llena de ricos platos, para conmemorar el nacimiento de un hombre que cambió nuestra manera de amar a las personas que están a nuestro lado.
En el Judaísmo se le venera como un ejemplo y modelo a seguir bajo el nombre de יְהוֹשֻׁעַ, Yehošuaʕ, o יֵשׁוּעַ, Yešuaʕ; en el Islam se conoce y venera como عيسى ʿĪsā o Isa; y en el Cristianismo, se le conoce bajo el nombre de Jesús, Hijo de Dios. Sea como fuere, nos dejó el mayor mensaje de toda la historia de la Humanidad. Quizá con el paso de los siglos, su mensaje haya podido difuminarse, pero, si lo pensamos un poco, podemos entenderlo de una manera muy fácil. Y es que el mensaje es este; TE AMO Y NADA MÁS IMPORTA.
Por esa razón, en esta noche en la que nos reunimos con nuestros seres queridos, quiero que pensemos que, cada día, miles de familias se ven obligadas a separarse o a huir, como lo hicieron José, María y el pequeño Jesús, de lo que habría sido una muerte segura de permanecer en su hogar; que hay otras muchas familias que siguen rotas por no aceptar algo tan básico como que TODOS LOS SERES HUMANOS NACEN LIBRES E IGUALES EN DIGNIDAD Y DERECHOS; que hay otras que han rechazado a sus hermanos y hermanas, a sus hijas e hijos simplemente por ser, sentir, pensar o amar como puede hacerlo cualquier otra persona; que hay miles de personas que están inmersas en la soledad esperando oír la voz de quienes hace años les decían a todas horas “te quiero”; que hay personas que, a duras penas, conseguirán zafarse del hambre y resguardarse del frío de la noche; y que hay personas que llevan años gritando en silencio por un simple abrazo de consuelo.
Tal vez haya llegado el momento de volver a pensar en aquello que nos une realmente para ponerlo en práctica todos los días al año y no únicamente en estas fechas. Nunca olvidemos que todos y cada uno de nosotros tenemos un papel vital en la construcción de un mundo donde los derechos humanos sean verdaderamente universales.
Estos días nos invitan a recordar la importancia de la compasión, la comprensión, la bondad y el amor hacia nuestros semejantes, cuatro semillas para un futuro más justo y en paz. Por eso, tenemos una oportunidad de oro para comprometernos por el respeto y la protección de los derechos humanos y la dignidad humana inviolable de toda persona.
Esto es lo que quería compartir con todas y todos y que, por supuesto, lo acompaño de mis siete deseos que, al menos así lo espero, os acompañen hoy, mañana y siempre:
Dignidad, Prosperidad, Felicidad, Paz, Amor, Salud y Suerte.
En esta noche mágica y de ensueño, hagamos que ese sueño de un mundo mejor sea una realidad.
Paz, Amor y mucha Luz.
¡FELICES FIESTAS!
¡FELIZ HANUKKAH!
¡FELIZ NAVIDAD!
🇬🇧ENGLISH🇺🇸
PEACE, LOVE AND LOTS OF LIGHT
As the years go by, we realise that these dates have a very different meaning to what we are used to. In spite of the daily difficulties and regardless of our creed, the feelings of love and affection for those around us make us realise what the true meaning of life is.
Many people will have passed through our lives at different times. Many of them will always be by our side; others will decide to leave without anyone asking for their departure; others will return to our side without us expecting it, perhaps at just the right moment when we need them; and others, unfortunately, will leave never to return, but they will continue to be with us and form part of us, they will always remain happy in our memories and their smile will always shine in our hearts. We have cried, we have suffered, we have felt the emptiness of those who are no longer with us, but also the warmth of those who have offered us a helping hand in the hard moments of sadness. Perhaps that is the secret, perhaps the secret is not to ask for strength from Divine Providence or the Forces of the Universe, but to ask for new challenges that, by overcoming them, will make us stronger every day, counting on the love and support of all the people around us.
But beyond the moments of family reunion, while almost every family gathers around a table laden with delicacies, let us not forget all those families who are forced to separate or flee their homes to avoid certain death by war, poverty or hunger. Nor let us forget those who suffer rejection in their homes just for being, feeling, thinking or loving as anyone has the right to do; those who are ill and no longer have the strength to accompany and embrace those they love; those who are homeless and whose only company will be the cold of the night; and all those who will live these days in solitude waiting for an embrace of affection and comfort, longing to hear an ‘I love you’ from their loved ones who barely remember them any more.
On this Christmas Eve, as we immerse ourselves in the festive spirit surrounded by our families, we cannot forget those whose human rights are violated, rights that should prevail for every person, regardless of their geographical location or personal circumstances.
In a world where peace remains so elusive, the international community has a responsibility to work towards peaceful and sustainable solutions, addressing the root causes of conflict and ensuring that human rights are respected at all times. The war in Ukraine and Gaza reminds us of the fragility of these rights in conflict situations. We see how war triggers human suffering and displacement and the protection of the human and fundamental rights of innocent victims in these areas should be a global priority for an increasingly insensitive international community.
The pain and shedding of innocent blood fills us with grief and every life lost is a huge loss for all of humanity. Millions of people are trapped in conflict zones, facing the brutal reality of war. The right to peace and security are also fundamental human rights that every person deserves, and it is our duty to advocate for a world where respect for the rights of every person is not an exception, but the only true norm. Small actions count, but we must want to do them, and not just to get likes on Instagram or more followers on Tiktok.
We also have a long way to go to end discrimination in all its forms. On the one hand, we have many challenges ahead of us to end violence against women and girls around the world. But discrimination persists in many forms and affects diverse communities around the world. From gender-based discrimination to sexual orientation, racism, xenophobia, anti-Semitism, aporophobia, it is crucial to recognise that everyone deserves to be treated with equality and respect.
Such diversity enriches our society and acceptance of our differences is essential to building a fairer, freer and more equal world. That is why we must work to overcome stereotypes and challenge norms that perpetuate all forms of violence, hatred and discrimination if we truly want an inclusive and respectful society among the different communities that make it up and build bridges of understanding and embrace. It is therefore a moral and legal obligation to continue working for equal opportunities and access to basic resources for the full exercise of all human and fundamental rights to which every person is entitled. Working for a better society is not a utopia, it is a goal that can become a reality if we have the will to do so.
Tonight, we celebrate the arrival of that child, born to bring hope, redemption and light to all humanity. A child who, like his family, and like thousands of children around the world today, became a refugee when he had just come into the world (Matthew 2:13). To celebrate, we will gather around a table full of delicious food to commemorate the birth of a man who changed the way we love the people around us.
In Judaism he is venerated as an example and role model under the name יְהוֹשֻׁעַ, Yehošuaʕ, or יֵשׁוּעַ, Yešuaʕ; in Islam he is known and venerated as عيسى ʿĪsā or Isa; and in Christianity, he is known under the name of Jesus, son of God. Be that as it may, he left us the greatest message in all of human history. Perhaps with the passing of the centuries, his message may have become blurred, but, if we think about it a little, we can understand it in a very easy way. And the message is this; I LOVE YOU AND NOTHING ELSE MATTERS.
For that reason, on this night when we gather with our loved ones, I want us to think that, every day, thousands of families are forced to separate or flee, as Joseph, Mary and little Jesus did, from what would have been certain death had they remained at home; that there are many other families that remain broken because they do not accept something as basic as that ALL HUMAN BEINGS ARE BORN FREE AND EQUAL IN DIGNITY AND RIGHTS; that there are others who have rejected their brothers and sisters, their daughters and sons simply for being, feeling, thinking or loving as any other person can; that there are thousands of people who are immersed in loneliness waiting to hear the voice of those who years ago told them all the time ‘I love you’; that there are people who, with difficulty, will manage to escape hunger and shelter from the cold of the night; and that there are people who have been crying out in silence for years for a simple embrace of comfort.
Perhaps it is time to rethink what really unites us and to put it into practice every day of the year and not just at this time of year. Let us never forget that each and every one of us has a vital role to play in building a world where human rights are truly universal.
These days invite us to remember the importance of compassion, understanding, kindness and love for our fellow human beings, four seeds for a more just and peaceful future. Therefore, we have a golden opportunity to commit ourselves to the respect and protection of human rights and the inviolable human dignity of every person.
This is what I wanted to share with all of you and, of course, I accompany it with my seven wishes which, at least I hope, will be with you today, tomorrow and always:
Dignity, Prosperity, Happiness, Peace, Love, Health and Luck.
On this magical and dreamy night, let us make that dream of a better world a reality.
Peace, Love and lots of Light.
HAPPY HOLIDAYS!
HAPPY HANUKKAH!
MERRY CHRISTMAS!
🇮🇹ITALIANO🇸🇲
PACE, AMORE E TANTA LUCE
Con il passare degli anni, ci rendiamo conto che queste date hanno un significato molto diverso da quello a cui siamo abituati. Nonostante le difficoltà quotidiane e a prescindere dal nostro credo, i sentimenti di amore e di affetto per chi ci circonda ci fanno capire qual è il vero significato della vita.
Molte persone sono passate nella nostra vita in momenti diversi. Molte di loro saranno sempre al nostro fianco; altre decideranno di andarsene senza che nessuno ne chieda la partenza; altre torneranno al nostro fianco senza che ce lo aspettiamo, magari nel momento giusto in cui ne abbiamo bisogno; altre ancora, purtroppo, se ne andranno per non tornare mai più, ma continueranno a stare con noi e a far parte di noi, resteranno sempre felici nei nostri ricordi e il loro sorriso brillerà sempre nei nostri cuori. Abbiamo pianto, abbiamo sofferto, abbiamo sentito il vuoto di chi non c’è più, ma anche il calore di chi ci ha dato una mano nei momenti di tristezza. Forse è questo il segreto, forse il segreto non è chiedere forza alla Divina Provvidenza o alle Forze dell’Universo, ma chiedere nuove sfide che, superate, ci renderanno ogni giorno più forti, contando sull’amore e sul sostegno di tutte le persone che ci circondano.
Ma al di là dei momenti di riunione familiare, mentre quasi tutte le famiglie si riuniscono intorno a una tavola imbandita di leccornie, non dimentichiamo tutte quelle famiglie che sono costrette a separarsi o a fuggire dalle loro case per evitare una morte certa a causa della guerra, della povertà o della fame. Non dimentichiamo nemmeno coloro che subiscono il rifiuto nelle loro case solo per il fatto di essere, sentire, pensare o amare come chiunque ha il diritto di fare; coloro che sono malati e non hanno più la forza di accompagnare e abbracciare coloro che amano; coloro che sono senza casa e la cui unica compagnia sarà il freddo della notte; e tutti coloro che vivranno questi giorni in solitudine in attesa di un abbraccio di affetto e di conforto, desiderosi di sentire un “ti amo” dai loro cari che a malapena si ricordano di loro.
In questa vigilia di Natale, mentre ci immergiamo nello spirito di festa circondati dalle nostre famiglie, non possiamo dimenticare coloro i cui diritti umani sono violati, diritti che dovrebbero prevalere per ogni persona, indipendentemente dalla sua posizione geografica o dalle circostanze personali.
In un mondo in cui la pace rimane così sfuggente, la comunità internazionale ha la responsabilità di lavorare per soluzioni pacifiche e sostenibili, affrontando le cause profonde dei conflitti e assicurando che i diritti umani siano sempre rispettati. La guerra in Ucraina e a Gaza ci ricorda la fragilità di questi diritti nelle situazioni di conflitto. Vediamo come la guerra scateni la sofferenza umana e lo sfollamento e la protezione dei diritti umani e fondamentali delle vittime innocenti in queste aree dovrebbe essere una priorità globale per una comunità internazionale sempre più insensibile.
Il dolore e lo spargimento di sangue innocente ci riempie di tristezza e ogni vita persa è una perdita enorme per tutta l’umanità. Milioni di persone sono intrappolate nelle zone di conflitto e devono affrontare la brutale realtà della guerra. Il diritto alla pace e alla sicurezza sono anche diritti umani fondamentali che ogni persona merita, ed è nostro dovere sostenere un mondo in cui il rispetto dei diritti di ogni persona non sia un’eccezione, ma l’unica vera norma. Le piccole azioni contano, ma dobbiamo volerle fare, e non solo per ottenere like su Instagram o più follower su Tiktok.
Abbiamo anche una lunga strada da percorrere per porre fine alla discriminazione in tutte le sue forme. Da un lato, abbiamo molte sfide da affrontare per porre fine alla violenza contro le donne e le ragazze in tutto il mondo. Ma la discriminazione persiste in molte forme e colpisce comunità diverse in tutto il mondo. Dalla discriminazione di genere all’orientamento sessuale, dal razzismo alla xenofobia, dall’antisemitismo all’aporofobia, è fondamentale riconoscere che tutti meritano di essere trattati con uguaglianza e rispetto.
Questa diversità arricchisce la nostra società e l’accettazione delle nostre differenze è essenziale per costruire un mondo più giusto, più libero e più equo. Per questo motivo dobbiamo lavorare per superare gli stereotipi e sfidare le norme che perpetuano tutte le forme di violenza, odio e discriminazione, se vogliamo davvero una società inclusiva e rispettosa delle diverse comunità che la compongono e costruire ponti di comprensione e abbraccio. È quindi un obbligo morale e legale continuare a lavorare per le pari opportunità e l’accesso alle risorse di base per il pieno esercizio di tutti i diritti umani e fondamentali a cui ogni persona ha diritto. Lavorare per una società migliore non è un’utopia, è un obiettivo che può diventare realtà se abbiamo la volontà di farlo.
Questa sera celebriamo l’arrivo di quel bambino, nato per portare speranza, redenzione e luce a tutta l’umanità. Un bambino che, come la sua famiglia e come migliaia di bambini in tutto il mondo oggi, è diventato un rifugiato appena venuto al mondo (Matteo 2:13). Per festeggiare, ci riuniremo attorno a una tavola piena di cibo delizioso per commemorare la nascita di un uomo che ha cambiato il modo in cui amiamo le persone che ci circondano.
Nell’ebraismo è venerato come esempio e modello con il nome di יְהוֹשֻׁעַ, Yehošuaʕ, o יֵשׁוּעַ, Yešuaʕ; nell’Islam è conosciuto e venerato come عيسى ʿĪsā o Isa; e nel Cristianesimo è conosciuto con il nome di Gesù, Figlio di Dio. Comunque sia, egli ci ha lasciato il più grande messaggio di tutta la storia umana. Forse con il passare dei secoli il suo messaggio si è offuscato, ma, se ci pensiamo un po’, possiamo comprenderlo in modo molto semplice. Il messaggio è questo: IO TI AMO E NULLA ALTRO HA PIÙ IMPORTANZA.
Per questo motivo, in questa notte in cui ci riuniamo con i nostri cari, voglio che pensiamo che, ogni giorno, migliaia di famiglie sono costrette a separarsi o a fuggire, come Giuseppe, Maria e il piccolo Gesù, da quella che sarebbe stata una morte certa se fossero rimasti a casa; che ci sono molte altre famiglie che rimangono spezzate perché non accettano qualcosa di così basilare come il fatto che TUTTI GLI ESSERI UMANI SONO NATI LIBERI ED UGUALI IN DIGNITÀ E DIRITTI; che ci sono altre persone che hanno rifiutato i loro fratelli e sorelle, le loro figlie e i loro figli semplicemente perché sono, sentono, pensano o amano come qualsiasi altra persona; che ci sono migliaia di persone che sono immerse nella solitudine in attesa di sentire la voce di chi anni fa ha detto loro sempre “ti amo”; che ci sono persone che, con difficoltà, riusciranno a sfuggire alla fame e a ripararsi dal freddo della notte; e che ci sono persone che da anni gridano in silenzio per un semplice abbraccio di conforto.
Forse è arrivato il momento di ripensare a ciò che ci unisce davvero e di metterlo in pratica ogni giorno dell’anno e non solo in questo periodo. Non dimentichiamo mai che ognuno di noi ha un ruolo vitale da svolgere nella costruzione di un mondo in cui i diritti umani siano davvero universali.
Questi giorni ci invitano a ricordare l’importanza della compassione, della comprensione, della gentilezza e dell’amore per il prossimo, quattro semi per un futuro più giusto e pacifico. Abbiamo quindi un’occasione d’oro per impegnarci a rispettare e proteggere i diritti umani e l’inviolabile dignità umana di ogni persona.
Questo è ciò che ho voluto condividere con tutti voi e, naturalmente, lo accompagno con i miei sette auguri che, almeno spero, saranno con voi oggi, domani e sempre:
Dignità, Prosperità, Felicità, Pace, Amore, Salute e Fortuna.
In questa notte magica e sognante, facciamo in modo che il sogno di un mondo migliore diventi realtà.
Pace, Amore e tanta Luce.
BUONE FESTE!
BUON HANUKKAH!
BUON NATALE!
🇫🇷FRANÇAIS🇨🇩
PAIX, AMOUR ET BEAUCOUP DE LUMIÈRE
Au fil des années, nous nous rendons compte que ces dates ont une signification très différente de celle à laquelle nous sommes habitués. Malgré les difficultés quotidiennes et quelle que soit notre croyance, les sentiments d’amour et d’affection pour ceux qui nous entourent nous font prendre conscience du véritable sens de la vie.
De nombreuses personnes ont traversé notre vie à différentes époques. Beaucoup d’entre elles seront toujours à nos côtés ; d’autres décideront de partir sans que personne ne le demande ; d’autres reviendront à nos côtés sans que nous nous y attendions, peut-être juste au moment où nous avons besoin d’elles ; et d’autres, malheureusement, partiront pour ne jamais revenir, mais elles continueront à être avec nous et à faire partie de nous, elles resteront toujours heureuses dans nos mémoires et leur sourire brillera toujours dans nos cœurs. Nous avons pleuré, nous avons souffert, nous avons ressenti le vide de ceux qui ne sont plus avec nous, mais aussi la chaleur de ceux qui nous ont tendu une main secourable dans les durs moments de tristesse. Peut-être est-ce là le secret, peut-être le secret n’est-il pas de demander la force à la Divine Providence ou aux Forces de l’Univers, mais de demander de nouveaux défis qui, en les surmontant, nous rendront chaque jour plus forts, en comptant sur l’amour et le soutien de toutes les personnes qui nous entourent.
Mais au-delà des moments de retrouvailles familiales, alors que presque toutes les familles se réunissent autour d’une table chargée de délices, n’oublions pas toutes ces familles qui sont obligées de se séparer ou de fuir leur foyer pour éviter une mort certaine à cause de la guerre, de la pauvreté ou de la faim. N’oublions pas non plus ceux qui souffrent de rejet dans leur foyer simplement parce qu’ils sont, ressentent, pensent ou aiment comme tout le monde a le droit de le faire ; ceux qui sont malades et n’ont plus la force d’accompagner et d’embrasser ceux qu’ils aiment ; ceux qui sont sans abri et dont la seule compagnie sera le froid de la nuit ; et tous ceux qui vivront ces jours dans la solitude en attendant une étreinte d’affection et de réconfort, désirant entendre un « je t’aime » de la part de ceux qu’ils aiment et qui ne se souviennent presque plus d’eux.
En cette veille de Noël, alors que nous nous plongeons dans l’esprit festif entourés de nos familles, nous ne pouvons pas oublier ceux dont les droits de l’homme sont violés, des droits qui devraient prévaloir pour chaque personne, indépendamment de sa situation géographique ou de ses circonstances personnelles.
Dans un monde où la paix reste si insaisissable, la communauté internationale a la responsabilité d’œuvrer en faveur de solutions pacifiques et durables, en s’attaquant aux causes profondes des conflits et en veillant à ce que les droits de l’homme soient respectés à tout moment. La guerre en Ukraine et à Gaza nous rappelle la fragilité de ces droits dans les situations de conflit. La protection des droits de l’homme et des droits fondamentaux des victimes innocentes dans ces régions devrait être une priorité mondiale pour une communauté internationale de plus en plus insensible.
La douleur et l’effusion de sang innocent nous remplissent de chagrin et chaque vie perdue est une perte énorme pour l’ensemble de l’humanité. Des millions de personnes sont piégées dans des zones de conflit, confrontées à la réalité brutale de la guerre. Le droit à la paix et à la sécurité sont également des droits humains fondamentaux que chaque personne mérite, et il est de notre devoir de plaider en faveur d’un monde où le respect des droits de chaque personne n’est pas une exception, mais la seule véritable norme. Les petites actions comptent, mais nous devons vouloir les faire, et pas seulement pour obtenir des « likes » sur Instagram ou plus de « followers » sur Tiktok.
Nous avons également un long chemin à parcourir pour mettre fin à la discrimination sous toutes ses formes. D’une part, nous avons de nombreux défis à relever pour mettre fin à la violence à l’égard des femmes et des filles dans le monde entier. Mais la discrimination persiste sous de nombreuses formes et touche diverses communautés dans le monde. De la discrimination fondée sur le sexe à l’orientation sexuelle, en passant par le racisme, la xénophobie, l’antisémitisme et l’aporophobie, il est essentiel de reconnaître que chacun mérite d’être traité avec égalité et respect.
Cette diversité enrichit notre société et l’acceptation de nos différences est essentielle pour construire un monde plus juste, plus libre et plus égalitaire. C’est pourquoi nous devons nous efforcer de surmonter les stéréotypes et de remettre en question les normes qui perpétuent toutes les formes de violence, de haine et de discrimination si nous voulons vraiment une société inclusive et respectueuse des différentes communautés qui la composent et construire des ponts de compréhension et d’acceptation. C’est donc une obligation morale et juridique de continuer à œuvrer pour l’égalité des chances et l’accès aux ressources de base pour le plein exercice de tous les droits humains et fondamentaux auxquels chaque personne peut prétendre. Œuvrer pour une société meilleure n’est pas une utopie, c’est un objectif qui peut devenir une réalité si nous en avons la volonté.
Ce soir, nous célébrons l’arrivée de cet enfant, né pour apporter l’espoir, la rédemption et la lumière à toute l’humanité. Un enfant qui, comme sa famille et comme des milliers d’enfants dans le monde aujourd’hui, est devenu un réfugié alors qu’il venait de venir au monde (Matthieu 2:13). Pour fêter cela, nous nous réunirons autour d’une table remplie de mets délicieux pour commémorer la naissance d’un homme qui a changé notre façon d’aimer les gens qui nous entourent.
Dans le judaïsme, il est vénéré comme un exemple et un modèle sous le nom de יְהוֹשֻׁעַ, Yehošuaʕ, ou יֵשׁוּעַ, Yešuaʕ ; dans l’islam, il est connu et vénéré sous le nom de عيسى ʿĪsā ou Isa ; et dans le christianisme, il est connu sous le nom de Jésus, Fils de Dieu. Quoi qu’il en soit, il nous a laissé le plus grand message de toute l’histoire de l’humanité. Peut-être qu’au fil des siècles, son message s’est estompé, mais si nous y réfléchissons un peu, nous pouvons le comprendre très facilement. Ce message est le suivant : JE T’AIME ET RIEN D’AUTRE NE COMPTE.
C’est pourquoi, en cette nuit où nous nous réunissons avec nos proches, je veux que nous pensions que, chaque jour, des milliers de familles sont obligées de se séparer ou de fuir, comme l’ont fait Joseph, Marie et le petit Jésus, ce qui aurait été une mort certaine s’ils étaient restés dans leur maison ; qu’il y a beaucoup d’autres familles qui sont encore brisées parce qu’elles n’acceptent pas quelque chose d’aussi fondamental que le fait que TOUS LES ÊTRES HUMAINS SONT NÉS LIBRES ET ÉGAUX DANS LA DIGNITÉ ET LES DROITS ; Il y a d’autres personnes qui ont rejeté leurs frères et sœurs, leurs filles et leurs fils simplement parce qu’ils sont, ressentent, pensent ou aiment comme n’importe quelle autre personne ; il y a des milliers de personnes qui sont plongées dans la solitude et qui attendent d’entendre la voix de ceux qui, il y a des années, leur ont toujours dit « Je t’aime » ; il y a des personnes qui, avec difficulté, parviennent à échapper à la faim et à s’abriter du froid de la nuit ; et il y a des personnes qui crient en silence depuis des années pour obtenir une simple étreinte de réconfort.
Il est peut-être temps de repenser à ce qui nous unit vraiment et de le mettre en pratique chaque jour de l’année et pas seulement à cette période. N’oublions jamais que chacun d’entre nous a un rôle essentiel à jouer dans la construction d’un monde où les droits de l’homme sont véritablement universels.
Ces journées nous invitent à nous souvenir de l’importance de la compassion, de la compréhension, de la bonté et de l’amour pour nos semblables, quatre graines pour un avenir plus juste et plus pacifique. Nous avons donc une occasion en or de nous engager en faveur du respect et de la protection des droits de l’homme et de la dignité humaine inviolable de chaque personne.
Voilà ce que je voulais partager avec vous tous et, bien sûr, je l’accompagne de mes sept vœux qui, du moins je l’espère, vous accompagneront aujourd’hui, demain et toujours :
Dignité, Prospérité, Bonheur, Paix, Amour, Santé et Chance.
En cette nuit magique et rêveuse, faisons de ce rêve d’un monde meilleur une réalité.
Paix, amour et beaucoup de lumière.
JOYEUSES FÊTES !
JOYEUX HANUKKAH !
JOYEUX NOËL !
🇵🇹PORTUGUÊS🇧🇷
PAZ, AMOR E MUITA LUZ.
Com o passar dos anos, apercebemo-nos de que estas datas têm um significado muito diferente daquele a que estamos habituados. Apesar das dificuldades do quotidiano e independentemente do nosso credo, os sentimentos de amor e de afeto pelos que nos rodeiam fazem-nos compreender qual é o verdadeiro sentido da vida.
Muitas pessoas terão passado pelas nossas vidas em diferentes alturas. Muitas delas estarão sempre ao nosso lado; outras decidirão partir sem que ninguém peça a sua partida; outras voltarão para o nosso lado sem que o esperemos, talvez no momento certo em que precisamos delas; e outras, infelizmente, partirão para nunca mais voltar, mas continuarão a estar connosco e a fazer parte de nós, permanecerão sempre felizes nas nossas memórias e o seu sorriso brilhará sempre nos nossos corações. Chorámos, sofremos, sentimos o vazio daqueles que já não estão connosco, mas também o calor daqueles que nos ofereceram uma mão amiga nos momentos difíceis de tristeza. Talvez seja esse o segredo, talvez o segredo não seja pedir forças à Divina Providência ou às Forças do Universo, mas pedir novos desafios que, ao serem superados, nos tornem mais fortes a cada dia, contando com o amor e o apoio de todas as pessoas que nos rodeiam.
Mas para além dos momentos de reunião familiar, em que quase todas as famílias se reúnem à volta de uma mesa carregada de iguarias, não nos esqueçamos de todas as famílias que são obrigadas a separar-se ou a fugir de casa para evitar a morte certa pela guerra, pela pobreza ou pela fome. Não esqueçamos também aqueles que sofrem rejeição nas suas casas apenas por serem, sentirem, pensarem ou amarem como qualquer pessoa tem o direito de fazer; aqueles que estão doentes e já não têm forças para acompanhar e abraçar aqueles que amam; aqueles que estão sem abrigo e cuja única companhia será o frio da noite; e todos aqueles que viverão estes dias na solidão à espera de um abraço de afeto e conforto, ansiando por ouvir um “eu amo-te” dos seus entes queridos que já mal se lembram deles.
Nesta véspera de Natal, ao mergulharmos no espírito festivo rodeados pelas nossas famílias, não podemos esquecer aqueles cujos direitos humanos são violados, direitos que devem prevalecer para todas as pessoas, independentemente da sua localização geográfica ou circunstâncias pessoais.
Num mundo em que a paz continua a ser tão esquiva, a comunidade internacional tem a responsabilidade de trabalhar para encontrar soluções pacíficas e sustentáveis, abordando as causas profundas dos conflitos e garantindo que os direitos humanos sejam sempre respeitados. A guerra na Ucrânia e em Gaza recorda-nos a fragilidade destes direitos em situações de conflito. Vemos como a guerra desencadeia o sofrimento humano e as deslocações, e a proteção dos direitos humanos e fundamentais das vítimas inocentes nestas áreas deve ser uma prioridade global para uma comunidade internacional cada vez mais insensível.
A dor e o derramamento de sangue inocente enchem-nos de tristeza e cada vida perdida é uma enorme perda para toda a humanidade. Milhões de pessoas estão presas em zonas de conflito, enfrentando a realidade brutal da guerra. O direito à paz e à segurança são também direitos humanos fundamentais que todas as pessoas merecem, e é nosso dever defender um mundo onde o respeito pelos direitos de todas as pessoas não seja uma exceção, mas a única norma verdadeira. As pequenas acções contam, mas temos de querer fazê-las, e não apenas para obter likes no Instagram ou mais seguidores no Tiktok.
Também temos um longo caminho a percorrer para acabar com a discriminação em todas as suas formas. Por um lado, temos muitos desafios pela frente para acabar com a violência contra as mulheres e as raparigas em todo o mundo. Mas a discriminação persiste sob muitas formas e afecta diversas comunidades em todo o mundo. Da discriminação baseada no género à orientação sexual, passando pelo racismo, a xenofobia, o antissemitismo e a aporofobia, é fundamental reconhecer que todos merecem ser tratados com igualdade e respeito.
Esta diversidade enriquece a nossa sociedade e a aceitação das nossas diferenças é essencial para a construção de um mundo mais justo, mais livre e mais igualitário. É por isso que temos de trabalhar para ultrapassar os estereótipos e desafiar as normas que perpetuam todas as formas de violência, ódio e discriminação, se queremos verdadeiramente uma sociedade inclusiva e respeitadora entre as diferentes comunidades que a compõem e construir pontes de compreensão e de abraço. Por conseguinte, é uma obrigação moral e legal continuar a trabalhar em prol da igualdade de oportunidades e do acesso aos recursos básicos para o pleno exercício de todos os direitos humanos e fundamentais a que cada pessoa tem direito. Trabalhar para uma sociedade melhor não é uma utopia, é um objetivo que pode tornar-se realidade se tivermos vontade de o fazer.
Esta noite, celebramos a chegada dessa criança, nascida para trazer esperança, redenção e luz a toda a humanidade. Uma criança que, tal como a sua família, e como milhares de crianças em todo o mundo hoje em dia, se tornou um refugiado quando tinha acabado de vir ao mundo (Mateus 2:13). Para celebrar, vamos reunir-nos à volta de uma mesa cheia de comida deliciosa para comemorar o nascimento de um homem que mudou a forma como amamos as pessoas que nos rodeiam.
No judaísmo, ele é venerado como exemplo e modelo sob o nome de יְהוֹשֻׁעַ, Yehošuaʕ, ou יֵשׁוּעַ, Yešuaʕ; no Islão, é conhecido e venerado como عيسى ʿĪsā ou Isa; e no Cristianismo, é conhecido sob o nome de Jesus, Filho de Deus. Seja como for, ele deixou-nos a maior mensagem de toda a história da humanidade. Talvez com o passar dos séculos, a sua mensagem possa ter-se esbatido, mas, se pensarmos um pouco, podemos compreendê-la de uma forma muito fácil. E a mensagem é esta: EU AMO-TE E NADA MAIS IMPORTA.
Por isso, nesta noite em que nos reunimos com os nossos entes queridos, quero que pensemos que, todos os dias, milhares de famílias são obrigadas a separar-se ou a fugir, como fizeram José, Maria e o pequeno Jesus, do que teria sido a morte certa se tivessem ficado em casa; que há muitas outras famílias que permanecem destroçadas porque não aceitam algo tão básico como o facto de TODOS OS SERES HUMANOS NASCEREM LIVRES E IGUAIS EM DIGNIDADE E DIREITOS; que há outros que rejeitaram os seus irmãos e irmãs, as suas filhas e filhos simplesmente por serem, sentirem, pensarem ou amarem como qualquer outra pessoa; que há milhares de pessoas que estão imersas na solidão à espera de ouvir a voz daqueles que há anos lhes disseram a toda a hora “eu amo-te”; que há pessoas que, com dificuldade, conseguirão escapar à fome e abrigar-se do frio da noite; e que há pessoas que há anos clamam em silêncio por um simples abraço de conforto.
Talvez seja altura de repensar o que realmente nos une e de o pôr em prática todos os dias do ano e não apenas nesta altura do ano. Nunca esqueçamos que cada um de nós tem um papel vital a desempenhar na construção de um mundo onde os direitos humanos sejam verdadeiramente universais.
Estes dias convidam-nos a recordar a importância da compaixão, da compreensão, da bondade e do amor pelos nossos semelhantes, quatro sementes para um futuro mais justo e pacífico. Por conseguinte, temos uma oportunidade de ouro para nos empenharmos no respeito e na proteção dos direitos humanos e da dignidade humana inviolável de cada pessoa.
Era isto que queria partilhar com todos vós e, naturalmente, acompanho-o com os meus sete desejos que, pelo menos assim o espero, estarão convosco hoje, amanhã e sempre:
Dignidade, Prosperidade, Felicidade, Paz, Amor, Saúde e Sorte.
Nesta noite mágica e sonhadora, vamos tornar realidade esse sonho de um mundo melhor.
Paz, Amor e muita Luz.
BOAS FESTAS!
FELIZ HANUKKAH!
FELIZ NATAL!