¡Pobre ternero!

Es verdad, España es un cadáver que nunca supo cómo era estar vivo. Tal vez se suicidó en el vientre de la humanidad antes de nacer. 

La conocí del revés, quizá porque caí de espaldas por las escaleras de la ignorancia de sus gentes que no saben si van o vienen, si están vivos o si mueren.

España se mostró ante mí en sus huesos, luego en su carne marchita, y, por último, con sus ojos abiertos, cara al sol con la camisa desgarrada por la sangre de los que buscaron la libertad en la muerte de las almas … y de la inteligencia. 

Me recibió entre bofetadas, gritos de rancio alcohol, ecos de tortura franquista y cenizas de tabaco rubio, en una tierra donde los muertos que no conocí tienen más voz y peso en las familias que los vivos que se resisten a vivir; donde el polvo no se limpia porque tapa el pecado y es tan grueso que podría tragarse el océano de lágrimas en el que se hundió nuestra libertad para llamarnos “hermanos”.

Ahora resido en la parcela 82, en la Carrera del Caballo, lugar en el que, en las noches frías, el silencio hace más ruido que la moral del Parlamento. No hay cipreses, quizá algún pino y muchos álamos desnudos por la vergüenza que sienten al ver los olivos cargados de aceituna regados con el sudor de la España que nadie conoce. 

Me siento en la silla y a mi izquierda, una mujer, mi madre, que llora sin lágrimas por quien dio la vida pero también la muerte; a mi derecha, un alma rota que ríe sin boca, sin alma y con luciérnagas moribundas en su mente. Y frente a mí, solo veo un horizonte tan vacío como las promesas de los vivos que robaron de los que hace siglos que yacen bajo el pavimento. 

Yo no conozco a España por los mapas, aunque sueño con los amaneceres desde Covadonga, sino por sus grietas, donde me atemorizan las arañas que rasgaron mi infancia y mancharon mi cuerpo con el sudor de la pedofilia. 

La puerta no está abierta, sino arrancada para dar paso a un Dios que no sé si es consuelo o el sueño de una noche de invierno que aguarda sin esperanza las luces del alba. No sé quién entra, no en su sano juicio, pero piensan que es el paraíso cuando, en verdad, es una cárcel de puertas abiertas y bellos monumentos levantados con las mentiras que la historia de los hombres no se atreve a borrar. Por cada paso que dan, la inocencia de un niño se corrompe, la inteligencia de un sabio se pierde entre Supervivientes, la Isla de las Tentaciones y Gran Hermano; con cada fotografía, una cabra se queda sin alma y un ternero sin pensión de alimentos. 

En esta tierra, la fe y la incredulidad, la razón e Iker Jiménez, se entierran mutuamente, y el desierto más seco es el paraíso de paz para quienes buscan purificarse de sus miserias en lugar visitar los museos y las bibliotecas. 

¿Has visto a la verdad esnifándose  a sí misma en un patio de colegio? Tuvo que hacerlo para poder soportar las mentiras de la pizarra ultrajada de garabatos sin sentido, forma ni espíritu. 

No sé si aquí renaceré alguna vez, no creo que Satanás sea tan macabro, pero, si lo es, que se apiade, por favor, del pobre ternero y le devuelva su pensión de alimentos antes de ir al matadero.Quise entender a España, creyendo que todo y nada son iguales frente al espejo, que su hambre insaciable se calmaba con la previsión del tiempo y que el monstruo de la oscuridad se perdía en los libros de fábulas y de texto.

Desayunaba con los sueños de los poetas que cantaban a la esperanza, comía con los suspiros de los sueños de un niño, y cenaba con la esperanza de despertar en un paraíso llamado vida. Pero, ahora, solo hago la digestión de unos nuggets de pollo fríos de un Burger King republicano. 

España quizá se revuelva en contra de sus creadores. Quizá asesine a su inventor con un cuchillo de latón y se coma los restos recalentados en el microondas. Tal vez así, tenga valor para dar de comer a los hijos a quienes abandonó en el camino de la vida, tras la esquina de la memoria que olvida las uvas de diciembre que nunca fueron buenas para el vino. 

Al final, España creo que es un invento de sí misma. Su último acto de valentía quedó atrapado en un verso que hablaba del azul del cielo y de la infancia que soñaba perderse entre las paredes del Museo del Prado, junto a Goya, Murillo o Velázquez, el único imperio que nunca fue decadente. 

Lo que le tenía reservado el destino podría haber salvado el mundo, pero prefirió salvarse a sí misma dándose muerte tras las vitrinas de un mueble viejo que nadie quiere.  

Y mientras se ríe de sí misma, olvida el dolor y la miseria que dejó siempre a su paso. 

Esta es la España de ignorantes laureados y de sabios barrenderos. 

¡POBRE TERNERO!


España, tierra marchita,
camina bajo ecos de guerra,
su sombra arrastrada,
su carne en la tierra,
grita sorda en silencio,
de falsos mitos teñida.


Un Dios sin consuelo,
tan falso como la verdad,
se pierde en sus calles.


Los olivos de plata
lloran sucios sudores,
y el polvo del tiempo
en fachadas sin gloria
sepulta justos clamores
de vivos siempre ausentes.


Mientras, las verdades,
esas que nadie quiere,
se esnifan la vida rota,
los niños del hambre,
tristes de cielo azul
y de bibliotecas vacías,
heredan la pesada cruz
de una infancia perdida.


España, ¡te desmoronas!
De ti nadie descansa,
ríes entre restos de historia,
y un cielo, cansado,
borra tu memoria.


Solo tu sueñas ruinas,
de imperio siempre decadente.
Y en noches sin lanzas,
pastas como ternero débil
hierbas que nunca alcanzas.

(Luis F. Sánchez / 30-12-2024)

Como un ángel desde su estrella

(En memoria de Nieves La Fuente Ponce)

Ya han pasado tres años desde que te marchaste, Nieves. El 28 de diciembre de 2021, con solo 20 años, decidiste que no querías seguir sufriendo. Ese día el tiempo se detuvo en Navas de San Juan, la pequeña localidad de Jaén en la que vivías con tu familia. Durante meses, fuiste víctima de brutal acoso y ciberacoso. Cuando apenas acababas de cumplir 20 años, 20 dulces años y con toda la vida por delante, ya no pudiste soportarlo más. Desde ese momento, tu familia nunca ha dejado de luchar por limpiar tu nombre, honrar tu memoria y reivindicar tu historia. Han hecho de todo para obtener una respuesta acerca de por qué se te hizo todo esto. ¿Qué clase de persona podría ensañarse así con una chica como tú? ¿Qué mente retorcida le había hecho esto a su hija, a su hermana, a su amiga?

Tanto tú como tu familia, hicisteis lo correcto. Acudisteis a las puertas de la Justicia y pedisteis ayuda a la Fuerzas y Cuerpos de Seguridad. Lo hicisteis en cuatro ocasiones. Pusiste cuatro denuncias donde describías todo lo que te estaban haciendo: las amenazas, los insultos, las humillaciones en redes sociales y toda clase de tortura emocional a la que estuviste sometida durante seis meses hasta que no pudiste seguir soportándolo. En una de las denuncias llegaste incluso a indicar la identidad de la persona que sospechabas que estaba detrás de todo lo que te estaba pasando. Sin embargo, a pesar de tanto dolor, fuiste valiente en todo momento resistiendo cuanto podías y tu familia tampoco te abandonó jamás. 

Sin duda, lo más doloroso de todo esto no era solo la pesadilla que estabas viviendo en sí misma, sino que muchas personas sabían lo que te estaba pasando y decidieron guardar silencio de manera ruin y cobarde, sobre todo cobarde. Muchas de ellas decidieron mirar hacia otro lado o hacer como que no sabían nada para dejarte cada vez más aislada, abandonada, humillada y sin ninguna esperanza de que todo esto acabara de una vez. Te dejaron totalmente sola, pese a que, aquellas personas que decían que eran “tus amigos”, sabían todo por lo que estabas pasando y podían haber hecho algo al respecto. Pero decidieron guardar silencio y ser cómplices de todo lo que estabas sufriendo. Fue esa misma falta de apoyo lo que hizo que sintieras aún más la desesperación y el abandono frente a algo totalmente injusto, algo de lo que no eras culpable ni tampoco merecías. Porque nadie merece lo que a ti te hicieron. 

En todo este tiempo, tu familia ha mantenido viva tu memoria, luchando hasta casi perder las fuerzas para que se hiciera justicia con tu nombre. No ha sido fácil soportar todo esto para nadie. ¿Cómo puede sobrellevar una familia tanto dolor? ¿Qué había hecho mal? Nada. Ni tú ni tu familia merecíais esto. Y, a pesar del dolor que los acompañará por siempre, aún continúan buscando respuestas. Lo hacen mientras intentan retomar poco a poco sus vidas, porque, desgraciadamente, la vida sigue y hay que seguir hacia adelante, aunque el vacío y el dolor sean inmensos. 

Ya nadie con un mínimo de decencia puede dudar de tu historia, Nieves. Pediste ayuda muchas veces, pero esa ayuda nunca llegó. Y es ahora tu familia la que se enfrenta a una verdad tan dura y cruel como desgarradora: mientras tú sufrías y luchabas por sobrellevar esa tortura diaria, nadie más, a excepción de tu familia, hizo algo para evitarlo y protegerte. Todo el mundo sabía cosas, pero nadie, bajo el yugo de su cobardía, se atrevió a decir nada, a alzar la voz para defenderte de todo aquello.

A lo largo de todo este tiempo, tu familia ha lidiado con esa triste realidad. Todo esto se podía haber parado antes, mucho antes, pero el silencio cobarde, cómplice e hipócrita pudo más. Y ese silencio fue, tal vez, el mayor de los golpes. No era suficiente con el hecho que muchas personas ignoraran tu dolor, Nieves, también dejaron sola a tu familia cuando podían haber hecho algo para evitar tu marcha.

No me cabe ninguna duda de que tu familia no parará hasta tener todas las respuestas. Quizá, ahora mismo, necesiten su tiempo para poder reponer fuerzas y recomponer toda una vida destrozada por esa maldad que, por desgracia, a veces gana. Pero, al menos, ya saben quién, cómo y desde dónde se te hizo todo este daño. Solo les falta por saber por qué no se actuó antes para evitar tu sufrimiento. Tal vez la respuesta esté en que, quienes podían haberlo parado por razón de su cargo, rango o posición, son tan responsables de tu muerte como la persona que te hizo todo esto, por no hacer lo que tenían que haber hecho mucho antes de que pasará lo que pasó. Esa sería la única explicación lógica, aunque cómplice y cobarde, del silencio de muchos para eludir su responsabilidad.

Deberías estar aquí, con tu familia, con tus amigos, con toda la gente te quiere, y no donde nadie tiene que estar a los 20 años. Tenías toda la vida por delante, pero te la robaron vilmente. A pesar de ello, tu familia siempre confió en la Justicia. En una Justicia que, a veces, funciona de manera muy lenta y deficiente. Podemos entender que los juzgados estén saturados, pero tu caso tendría que haberse tratado con mucha más rapidez para evitar el desenlace que tuvo.

El dolor de tu familia es legítimo, como lo es su deseo de inquebrantable de justicia, aunque ya nada pueda traerte de vuelta. Aun después de perderte, siguen esperando una respuesta que no llega para intentar sanar esa herida en sus corazones, una herida que nunca se curará del todo: ¿Por qué?

Mientras, quienes se creen ajenos a la responsabilidad que tuvieron en todo esto, que piensan que no tienen nada por lo que responder, siguen con sus vidas como si nada hubiera pasado, aunque, indudablemente, sobre sus hombros también recae el peso de tu marcha. Fueron ellos quienes decidieron no actuar, quienes decidieron no intervenir y quienes decidieron guardar silencio ante las consecuencias de sus decisiones. 

Tu familia nunca perderá la esperanza, Nieves. Algún día se sabrá todo y quienes tenga que rendir cuentas, ya sea en está vida o en la otra, lo harán. Lo harán a pesar del dolor, de la rabia y de la lentitud de la Justicia. La verdad siempre sale a la luz y tu familia no está dispuesta a rendirse. Ya sabes que no buscan venganza, sino Justicia para ti. Quieren honrar tu nombre para que tu recuerdo, al igual que tu sonrisa, permanezca limpio y brillante para siempre.

Siempre vivirás en los corazones de todas aquellas personas que te conocieron y, sobre todo, en el corazón de aquellas personas que te amaron profundamente. Por eso, tu memoria nunca caerá en el olvido. El amor de tu familia hacia ti es tan grande que, a pesar de la tristeza, están aprendiendo a sonreír, aunque sea de manera tímida, gracias a la luz de esa estrella tan brillante en el firmamento. Esa estrella eres tú, Nieves. Por favor, no dejes de mandarles tu luz. 

Siempre recordaré el día en que te conocí. Fue un 15 de noviembre cuando llegué por primera vez a Navas de San Juan con la intención de reunirme contigo y con tu familia en algún lugar tranquilo o en alguna cafetería. Sin embargo, al estar todo estaba cerrado, finalmente acudí hasta tu casa. Allí me recibió tu madre, Loli, y tu hermana, Mayte, que amamantaba a tu sobrino, el pequeño Marcos. Poco tiempo después, esa misma tarde, también conocí a tu padre, Juan. Jamás olvidaré la mirada de agradecimiento de tu madre. Me habían contado un poco lo que pasaba, pero quería escucharos a vosotros. 

Tu madre me ofreció un café, desde entonces siempre se acuerda de ponerme dos sobres de sacarina, y comenzó a contarme todo lo que pasaba, todo lo que estabas viviendo. Habías hecho lo que había que hacer, acudir a las autoridades. Habíais interpuesto 4 denuncias pidiendo ayuda por lo que estaba pasando, pero aún no tenías respuesta de nadie a semejante calvario. 

Al rato llegaste tú. No sé si te causé bueno impresión o no. Estaba mirando la documentación relacionada con tu caso cuando entraste por la puerta. Quizá pensaste “¿Y este “melenas” con perilla quién es?”. De forma instintiva, me levanté y te dije lo que siempre digo a toda persona a la que intento ayudar: «Hola, soy Luis. No te asustes, pero, ¿quieres un abrazo?». Y tú, de forma tímida, respondiste: «¡Vale!».

Tu sonrisa era igual a la de tu madre. Era una sonrisa limpia y pura, pero en tus ojos se notaba una profunda tristeza. Lo que te estaba sucediendo te había destrozado por completo, aunque seguías intentando poner tu mejor sonrisa. Esa tristeza en tus ojos fue aún más visible cuando te vi por segunda vez. En esa ocasión, las lágrimas comenzaron a brotar tímidamente de tus ojos de niña inocente que nunca había hecho daño a nadie y que no entendía ni merecía nada de lo que le estaban haciendo. Nadie merecía algo así y mucho menos alguien como tú. Detrás de esa sonrisa, había una tristeza que era ya muy difícil de esconder y un dolor que, aunque no lo pareciese, ya era demasiado pesado para ti. 

Revisé toda la documentación, folio a folio, bajo la atenta mirada de tu madre y con su sonrisa llena de ternura. Igual que tu hermana, que seguía amantando al pequeño Marcos, tu sobrino de pocos meses y con el que tienes algunas de tus últimas fotos. Todo parecía estar bien, con todas las pruebas y las denuncias bien relatadas. Estaba todo allí: las denuncias anteriores con las capturas de pantalla, con los carteles que pusieron por las calles de tu pueblo difamándote y los anuncios de las páginas web de contactos. Todo aquello me hizo comprender que lo estabas viviendo no podía considerarse una chiquillada. Había una intencionalidad clara en todo esto. Querían hacerte dado y lo consiguieron. Por eso pusiste cuatro denuncias, por el daño tan enorme, pero la respuesta nunca llegó a tiempo y, al final, esa pesadilla se adueñó por completo de ti. 

El dolor y la tristeza que reflejaban tus ojos me quedaron grabados para siempre. Ojalá no hubiese bajado la guardia, ojalá no me hubiera confiado en que todo iba a salir bien. Una parte de mí todavía se culpa por no haber llegado a tiempo o por no haber podido ayudarte mejor. Por eso, seguiré siempre al lado de tu familia, para que nadie más cuestione tu relato, para que nadie intente ensuciar tu nombre, para que nadie olvide tu historia y para que nadie más tenga que sufrir lo que tu sufriste injustamente. Hiciste lo correcto, denunciaste lo que te estaban haciendo, enfrentaste tu dolor con coraje y tu familia estuvo a tu lado como testigos de tu enorme valentía. Ellos nunca dejarán de honrarte y serán siempre testimonio fiel de tu lucha y de tu memoria, esperando el momento adecuado para contar toda la verdad y para que la Justicia no vuelva a equivocarse y sea rápida y eficaz en estos casos. 

Desgraciadamente, al final la lucha contra el dolor y la tristeza resultaron en  una batalla en la que no pudiste vencer. Te habían hecho tanto daño que te rendiste pensando que, quizá, era la mejor opción. Solo tú conocías lo amargo de tus lágrimas y, aunque quienes estaban a tu alrededor, dándote todo su amor y reconociendo tu enorme valentía, intentaron evitar que la tristeza se adueñara de ti, ya era demasiado tarde. 

Es verdad, lo que te hicieron era una pesadilla para ti. Todo lo que pasaste fue un acto de pura maldad que solo una mente cruel podría concebir. También habían llegado a poner tu número persona en páginas de contactos y enviaron correos electrónicos a distintas empresas y al propio ayuntamiento de tu pueblo haciéndose pasar por ti, acusando a tu familia de barbaridades o culpándote a ti de los destrozos por actos vandálicos que habían sucedido por las calles del pueblo. 

Pero lo peor de todo llego con la suplantación de tu identidad en la red social de Instagram. Desde ahí, utilizando tus fotos personales y las de tu familia, se dedicaron a amenazar e insultar a otras personas. Incluso llegaron a subir una foto tuya y de tu madre diciendo que había muerto. La gente empezó a llamarte preguntando qué era lo que había pasado y tú apenas podías dar crédito a lo que estaba pasando. Solo una persona con una mente verdaderamente retorcida y perversa podía ser capaz de llevar a cabo semejante atrocidad. 

Fruto de la desesperación, un día llegaste a escribir a esa cuenta falta de Instagram. Solo querías que la persona que estaba detrás de ese perfil falso te dijera el porqué de todo esto, saber qué era lo que quería de ti. Pero solo recibiste una respuesta aterradora:  “Sí, sí. ☠️”.

Poco más se puede decir de una respuesta que no podía más repugnante y macabra. La persona que estaba detrás parecía jactarse de una crueldad sin límites. No solo buscaba hacerte daño a nivel físico, también quería atacarte en tu dignidad como persona, un auténtico plan de tortura emocional desde la crueldad y la frialdad más espeluznante propia de una mente psicópata. 

Solo alguien con una mente retorcida, criminal y perversa, amparándose en el falso anonimato que brindan las redes sociales e internet, podría haber ideado un plan tan meticuloso y lleno de desprecio. Ese plan no consistía solo en hacerte daño, sino también en aislarte y en hacer dudar a las personas que te rodeaban para que, al final, te dieran la especial pensando que eras tú la que estabas haciendo esto para llamar la atención. Incluso, las propias Fuerzas de Seguridad llegaron a dudar de ti y te cuestionaron. ¿Cómo es posible cuestionar a una víctima que denuncia varias veces todo lo que le sucede? ¿Cómo es posible dudar de alguien cuyo dolor la está destrozado por dentro? ¿Cómo es posible un daño tan gratuito a alguien que solo pedía desesperadamente ayuda?

Pero, no, tú nunca mentiste, Nieves. Siempre dijiste la verdad en todo momento. La verdad siempre estuvo de tu lado, pero no fue suficiente para quienes estaban a tu alrededor te creyeran y actuaran a tiempo. O peor aún, quizá si lo sabían, pero no hicieron nada para no ser los siguientes o para divertirse también a costa de tu dolor. 

Vamos a decirlo claro: FUISTE VÍCTIMA DE UN DELITO, DE UN ACTO ACOSO Y CIBERACOSO. De una lacra social que cada año destruye la vida de miles de jóvenes y adolescentes por todo el mundo, causando un daño devastador en las víctimas y en sus familias a manos de mentes macabras. En tu caso, fue una forma de humillación constante, una tortura psicológica implacable que te llevó al límite hasta que no pudiste soportarlo más.

La sociedad no puede seguir mirando a un lado como lo hizo contigo. Cuando una persona no puede más y toma la decisión de poner fin a todo, porque no puede aguantar el dolor, no debería hablarse de acoso o de ciberacoso, ni tampoco de homicidio imprudente o de inducción al suicidio. Debería de hablarse directamente de HOMICIDIO. 

Lo peor de todo fue, sin duda, el silencio de quienes no actuaron sabiendo que se estaba cometiendo una atrocidad contigo. Ese silencio les hace cómplices de todo lo que te pasó, porque estoy convencido de muchas más personas sabían lo que te estaba pasando y quién estaba detrás de todo esto. Pero callaron, se quedaron en silencio de manera cobarde y siguieron con sus vidas sin tener el menor cargo de conciencia por no haber hecho nada que evitara desenlace que, salvo la persona que estaba detrás, nadie más quería, o al menos es de suponer que sea así. En todo caso, no debemos callarnos nunca ni permitir que nadie nos silencia jamás ante la injusticia, ante cualquier trato cruel y macabro. Nunca hay que mirar hacia otro lado. Jamás hay que hacer. Y es que la indiferencia de quienes saben lo que está sucediendo, pero no hacen nada por evitarlo les convierte en personas tan culpables como su propio agresor. Así que, quizá hubo una única persona detrás de todo eso, pero, con su silencio, tuvo decenas de cómplices. 

Tú nunca hiciste daño a nadie, Nieves. Nunca hiciste nada en contra de nadie, sino todo lo contrario. Siempre te ponías al lado del más débil y solo querías poder vivir tu vida en paz, tranquilidad y en compañía de tus seres queridos. No merecías tanto daño, nadie lo merece. Pero hubo alguien que pensó que tenía derecho a hacer contigo lo que quería, que tenía derecho a destruirte mientras que el resto observaba impasible, sin decir nada y dejándote completamente sola con todo el sufrimiento. Y no me cansaré de decir que ese silencio fue tan responsable de tu dolor, y del desenlace fatal que tuviste, como la persona que ideó toda esta pesadilla. No sé si actuó sola, probablemente sí. Pero, desde luego, muchas más personas lo sabían, de eso ya no hay duda alguna. 

El acoso sistemático que sufriste fue una auténtica tortura psicológica para ti. Una tortura que duró meses hasta que no pudiste soportarlo más. Te hicieron muchísimo daño, a ti que nunca hiciste daño a nadie, y aunque alzaste la voz para pedir ayuda, nadie actuó a tiempo. Por esa misma razón, tu historia no puede olvidarse, ni tampoco la de ninguna víctima que haya sufrido algo tan macabro en soledad y rodeada de tanta oscuridad, maldad e indiferencia. Deberíamos hacer todo lo posible para que ninguna otra persona en el mundo sufra lo que tu sufriste. Pero, siempre, al final, todo el mundo guarda silencio. Todo el mundo calla menos la persona que pide desesperadamente ayuda.

Una semana antes de tu marcha, el 21 de diciembre de 2021, recibiste una carta del Juzgado de La Carolina. Era una citación para que fueras a ratificarte en la tercera denuncia que habías interpuesto, en esa penúltima denuncia en la que ya apuntabas la identidad de la persona que estaba detrás de todo esto. De las otras dos denuncias que habías interpuesto antes, nunca tuviste noticias, pero, al menos, y aunque fuera muy lentamente, todo parecía que empezaba a moverse. Llevabas meses esperando noticias del Juzgado, alguna clase de respuesta a todo lo que habías denunciado, y ese día significaba para ti un paso importante. 

Aquel día te acompañaron al Juzgado tu madre y tu padre. Yo también me acerqué expresamente hasta La Carolina para acompañaros y que así estuvieras más tranquila. Sin embargo, debido al protocolo anti-Covid19 que aún imperaba en aquellos momentos de pandemia, nadie más pudo entrar contigo para el acto de ratificación de la denuncia. Llevabas en una bolsa de plástico toda la documentación que habías reunido por si acaso era necesaria, pero, al final, no te hizo falta presentarla. Únicamente tenías que decir que lo que indicaste en la tercera denuncia era cierto, mantener tu versión. Esa misma versión que siempre fue la misma, que nunca cambió. No era únicamente “tu verdad”, era LA VERDAD de todo lo sufrías, pese a quien pese y moleste a quien moleste. 

Sin embargo, aquella mañana tuviste que esperar demasiado tiempo. Hasta me escribiste un mensaje por WhatsApp diciendo: “Todavía estoy esperando al Juez, que no saben ni dónde está”. Yo te respondí: “Paciencia. Quédate tranquila”. Parece que, una vez más, ese maldito dicho de “las cosas de palacio van despacio” se cumplió ese día. Y es que, cuando más necesitamos de ayuda, más lentamente parecen que van las cosas. Todo es tan lento que, precisamente por esa lentitud, las heridas del alma duelen cada vez más. 

El acto de ratificación apenas duró unos pocos minutos. Tanto tiempo esperando para algo tan breve. Sin embargo, tu ratificación fue clara: mantuviste tu versión ante el Juzgado acerca de lo que te estaba pasando y también de la persona que sospechabas que estaba detrás de todo lo que te sucedía. A pesar de todo el sufrimiento y de todo el dolor, demostraste una enorme entereza y te mantuviste firme en tus palabras, en lo que llevabas denunciando durante meses. Tu historia nunca cambió, porque esa era la única verdad, y aunque hubo quienes dudaron de ti, tú siempre dijiste la verdad. 

Cuando saliste del acto de ratificación, tus padres y yo te estábamos esperando una la cafetería cercana al Juzgado. Después de tomar un café, pasamos el resto de la mañana paseando por las calles de La Carolina y por los alrededores de Mercado Municipal. Allí estaban los tenderetes de venta ambulante y a ti te gustaba mirar todo lo que vendían. Tu madre, como siempre, decía: “Eso para los Reyes Magos”. Yo os miraba a unos pocos metros de distancia mientras pensaba en mi interior que todo iba a ir bien. Parecía que el acto de ratificación te había dado esperanzas y quitado un enorme peso de encima. Al despedirnos, te dije: “Si quieres vente a Jaén en Navidad. No soy mucho de ir a fiestas, pero si tengo que acabar en una fuente, ¡acabo en una fuente!”. 

Nunca olvidaré esa sonrisa al despedirnos. Era una sonrisa que, aunque el cielo estuviera nublado, iluminaba toda la calle. Una sonrisa pura y de verdad, pero que, desgraciadamente, escondía demasiado dolor. Sin embargo, no supe ver bien más allá de esa preciosa sonrisa y eso me hizo pensar que todo saldría bien. Nos abrazamos los unos a los otros deseándonos Felices Fiestas y, entonces, te dije otra vez: “¡Llámame, bichejo! ¡Que nos vamos de juerga!”. Volviste a sonreír y luego te marchaste con tus padres de vuelta a Navas de San Juan. Yo regresé a casa tras dar un pequeño paseo por las calles de La Carolina. Quería pensar un poco acerca de lo que te había pasado y, sin darme apenas cuenta, volví a hasta la puerta de Juzgado. Me fijé en la manera en la que ondeaban las banderas de España y Andalucía en la facha del Juzgado. Quise hacerle una foto, pero el Guardia Civil de la puerta me llamó la atención y me tomó los datos. Es curioso, para unas cosas se actúa rápidamente, mientras que, para otras, y por desgracia, todo transcurre muy lentamente. Tanto que  la espera también puede llegar a ser mortal.

Siempre he sido un apasionado de la Astronomía. Por esa razón, un par días después de vernos por última vez, te pasé una foto de una nebulosa que me gusta mucho, la Nebulosa NGC 3576. Normalmente, la gente entendida la conoce como la “Nebulosa de la Estatua de la Libertad”, pero yo prefiero llamarla la “Nebulosa de ‘Hágase la Luz’”. Quería que pensarás en esa luz como si fuera una metáfora de que siempre hay salida, de que todo puede solucionarse y que, aunque haya momentos duros a lo largo de nuestra vida, siempre hay lugar para a luz de la esperanza. Por esa razón te la pasé, para intentar darte un poco más de esperanza tras el acto de ratificación. Así que, lo hice, te pasé la foto y al poco tiempo me respondiste: “¡Qué chula!”.

Llegó el Día de Nochebuena y te envié una felicitación de Navidad a través de WhatsApp. Fue nuestra última conversación, me dijiste: “Feliz Navidad y Felices Fiestas, nos vemos pronto. Muchas gracias por todo de verdad”. Yo te respondí: “Ahí estaré siempre”. En ese momento, sentí de alguna manera que todo iba a salir bien. Pensé que, aunque fuera de manera muy lenta, poco a poco todo iría mejorando hasta dejar atrás todo lo que habías sufrido. Pero me equivoqué. Jamás pensé ni llegué a imaginar que esa sería nuestra última conversación, nuestra despedida. Y el dolor de tu marcha dejó un vacío imposible de llenar en el corazón de todas personas que te amaban y que tuvieron el inmenso regalo de poder conocerte y abrazarte. 

Entonces llegó ese fatídico 28 de diciembre, Día de los Inocentes. Sobre las 15:30 de la tarde, recibí una llamada de una vecina de tu localidad. La misma persona que había hablado de ti semanas antes de conocerte. Me dijo: “Nieves lo ha hecho”. No entendí bien lo que me quería decir hasta que no me lo dijo claramente. No pudiste soportarlo más, Nieves. El mismo Día de los Inocentes, habías decidido que no querías continuar. Tú, que eras la persona más dulce e inocente que había conocido en muchos años, habías decidido quitarle la vida, porque no podías soportar más el dolor. 

Me quedé en silencio, con la mente en blanco y sin saber cómo reaccionar. Nos habíamos despedido unos días antes y tenías esa sonrisa llena de luz. No podía entender lo que había pasado. En verdad, a día de hoy, aún no consigo explicarlo. Mientras me preparaba rápidamente para salir, tu hermana Mayte me llamó varias veces desde el teléfono de tu madre. Cuando finalmente pude devolver la llamada, escuché la voz de tu hermana al otro lado: “Luis…”. Rápidamente contesté: “Lo sé, Mayte, me acabo de enterar. Voy para allá”.

No sé cómo pude conducir durante esa hora interminable de camino hasta llegar a Navas de San Juan. No dejaba de pensar en nuestra última conversación. No entendía qué había pasado, cómo podía haber sucedido, qué era lo que se me había escapado. Todo parecía que iba a salir bien, pero no fue así. Únicamente recuerdo llegar hasta tu pueblo y, desde el fondo de la calle, ver a lo lejos el enorme caos que había en la puerta de tu casa. Fue en ese instante cuando me di cuenta de lo que había ocurrido realmente. 

Había llegado demasiado tarde, no había sido capaz de poder ayudarte. Me sentía como si te hubiera fallado. Y, sí, me sentí culpable de lo que había pasado. Sé que gente dirá que no fue mi culpa, que la culpa es de quien estaba detrás de todo esto. Pero, después de todo este tiempo, una parte de mí sigue sintiéndose culpable. Ojalá me hubiese dado cuenta de hasta dónde llegaba tu dolor, Nieves, Ojalá hubiese visto más allá de esa sonrisa que lo escondía todo. Ojalá hubiese estado allí para poder darte un abrazo de consuelo antes de que tomaras esa decisión sin vuelta atrás. 

Fui caminando hasta la puerta de tu casa, pero, con todo el revuelo que había, no me era posible llegar. Así que llamé a tu hermana al teléfono para avisarle de que ya estaba allí, que estaba fuera. Me dijo que pasara y me dirigí al portal. Allí me encontré frente a frente con una agente de la Guardia Civil que custodiaba la entra al salón de tu casa, el lugar donde estuve por primera vez y donde te conocí y te abracé por primera vez. En ese momento, la puerta del salón se abrió y salió un hombre con mascarilla que le dijo a la agente que custodiaba la puerta: “Que no entre nadie más”. 

La puerta se cerró y la agente me miró fijamente durante unos segundos, como preguntándose quién era yo y qué era lo que hacía allí. Instintivamente, antes de que ella me preguntara nada, le dije: “Agente, mi nombre es Luis Francisco Sánchez Cáceres y soy de la Fundación Internacional de Derechos Humanos. Estaba asistiendo a la chica y sé lo que estaba pasando. Por favor, tome mis datos por si necesitan algo”. La agente tomó mis datos en un pequeño trozo de papel. Pero nunca me llamaron. Tal vez no lo consideraron necesario, o, tal vez no quisieron hacerlo. 

Fue allí mismo donde conocí a tu tía Loles y a tu cuñado Pedro. Tu tía estaba completamente destrozada, y tu cuñado Pedro intentaba a duras penas mantener la entereza mientras sostenía a tu sobrino Marcos en brazos. Estuvimos allí de pie unos minutos, preguntándonos que había pasado y totalmente destrozados. En ese momento, la puerta se abrió de nuevo. Había que despejar la entrada de tu casa y hacer que la gente se retirara a unos metros de distancia. Había llegado el momento en el que tenían que trasladarte hasta Jaén.

Cuando salí del portal, mucha gente se había agolpado en la calle. Entre todas aquellas personas, vi a una chica a la que había conocido días antes en el Instituto de Enseñanza Secundaria San Juan de Dios, el instituto en el que tu estudiaste, allí mismo, en Navas de San Juan. Había estado unos días antes para dar una charla sobre acoso y ciberacoso y derechos humanos a algunos grupos de 3º y 4º de E.S.O. Gemma, que así se llamaba, había sido algo revoltosa en clase y tuve que pedirle que se cambiara de asiento durante la charla. La reconocí porque iba vestida de la misma manera que la otra vez en el instituto. Estaba llorando, me acerqué a ella y entonces le dije: “¿Entiendes ahora lo que os expliqué el otro día? Perdóname si fui un poco duro contigo”. Ella asintió con la cabeza y, en ese momento, nos fundimos en un abrazo. Tiempo después supe que Gemma era prima tuya. 

En la distancia, vi cómo se alejaba la furgoneta que debía trasladarte hasta Jaén. Había que seguir los protocolos que, tristemente, deben seguirse en estos casos. Me quedé mirando al vacío unos minutos y cuando volví a ser consciente de lugar en el que me encontraba, no tuve dudas de lo que me tocaba hacer. 

Llamé a mis superiores de la Fundación Internacional de Derechos Humanos. Tenía que explicarles lo que había sucedido y conseguir que me autorizaran para poder ayudar a tu familia en todo lo posible para llevar ante la Justicia a la persona que te había hecho tanto daño. Llamé al que, por aquel entonces, era el Delegado Nacional, al Secretario General y la Presidenta Interina que, en ese momento, se encontraba en Colombia. Uno a uno, les expliqué lo había pasado y les pedí “carta blanca” para poder actuar. A cambio, puse todos mis cargos a disposición por si me extralimitaba en algún momento. La respuesta fue unánime. Recibí la autorización para actuar y hacer cuanto estuviera en mi mano para ayudar a tu familia. Todo lo que legal y humanamente me fuera posible hacer, lo haría. 

Cuando entré nuevamente en tu casa, me encontré a toda tu familia destrozada. Era imposible para cualquier persona que supiera lo había pasado poder contener las lágrimas en mitad de tanto todo. Tu muerte podía haberse evitado, pero no se llegó a tiempo. Nunca sabré las razones por las que no se hizo nada antes. Hubo gente que se lamentó de lo que había pasado, gente a la que tú misma habías pedido ayuda desde hacía meses. Pero ya era demasiado tarde. Lo que está claro es que, ese día, el mal había ganado. 

Muchas personas que sabían lo que te pasaba, miraron para otro lado de manera cobarde. Otras tantas, entre ellas quienes se hacían llamar “tus amigos”, simplemente no te creyeron y te abandonaron a tu suerte. Quienes te dieron la espalda, llegando incluso a decir que te lo habías inventado, tuvieron la poca vergüenza de presentarse en la puerta de tu casa al saber lo que había sucedido. Pero tu familia, a pesar del dolor, tuvo un gesto de entereza y expulsaron de allí a quienes ahora se acercaban llenos de falsa pena y mucha hipocresía. Tu familia no iba a tolerar más hipocresía después de lo sucedido. Todas aquellas personas eran cómplices de lo que te había pasado. Quizá no lo fueran con sus acciones, pero sí lo fueron con su silencio. Y quien niegue esto, estará pecando nuevamente de hipocresía y de cinismo. 

Ese día, ante toda tu familia, hice una promesa que mantendré mientras viva. Estaré al lado de tu familia en todo momento, hasta que se haga Justicia, ya sea Justicia Divina o justicia humana, o, al menos, hasta que se sepa toda la verdad. Esa promesa que hice de rodillas ante tu familia, hoy la sigo manteniendo. Seguiré pidiendo perdón por si llegué demasiado tarde, por si me equivoqué en algo en el algún momento o por si me equivoco en el futuro. Nieves, quiero que sepas que, después de todo este tiempo, seguiré manteniendo mi promesa para con tu familia y, estés donde estés, también la mantengo para ti. Nunca, nunca abandonaré a tu familia. A fin de cuentas, les quiero tanto como si fueran mi propia familia, y nadie abandona a las personas que quiere. Jamás. 

Durante todo esto, a pesar de todo lo que también han sufrido, a pesar del silencio cobarde de mucha gente, toda tu familia nunca ha dejado de luchar de manera incansable. Aunque poco a poco han vuelto a la rutina, porque a fin de cuentas hay que seguir viviendo como buenamente se pueda, han seguido reivindicando tu nombre y honrado tu memoria todos y cada uno de los días. Han protegido tu historia y contado tu verdad en todas y cada una de las concentraciones que hicieron en tu nombre, en las redes sociales y todas las entrevistas que han dado a los medios de comunicación de todo el país. Lo han hecho con una única finalidad: que a nadie más le pase lo que te sucedió a ti. ¿Y sabes por qué lo hacen? Porque te aman profundamente, Nieves. Lo hacen por AMOR a ti. Lo hacen desde el fondo de su alma, esa que, poco a poco intentan recomponer, aunque nunca podrán hacerlo totalmente porque les faltas tú. Lo harán mientras reciben ese mismo AMOR de parte de toda tu familia, de quienes eran tus amigos de verdad, de quienes jamás les abandonarán ni les darán de lado.

Vayan donde vayan, estén donde estén, llenarán cada lugar con mariposas de colores, el símbolo de tu recuerdo que siempre acompañará a toda tu familia y a las personas que amaron y conocieron. Lo harán y lo seguirán haciendo a pesar de los insultos y las amenazas que también tuvieron que soportar por parte del entorno de quien estuvo detrás de tanto dolor. Porque, sí, es cierto, tu familia también fue víctima tiempo después de lo mismo que te hicieron a ti. La misma forma de actuar, los mismos medios, la misma maldad y la misma cobardía.  

Al final, de una forma u otra, la Justicia hablará y quienes tuvieron algo que ver con el calvario que sufriste, sin duda, pagarán por ello. Y si por cualquier circunstancia, la Justicia no llegara a hablar nunca, sé que tu familia, cuando tenga las fuerzas suficientes para hacerlo, hablará y llegará hasta el final. Y yo, si ellos quieren, estaré a su lado para hacer que quienes pudieron hacer algo para evitar lo que sucedió asuman toda la responsabilidad de sus actos, ya sea penal o moral. Que nadie tenga duda de que, tarde o temprano, así será. Y quien se sienta aludido, aunque tu familia no quiera dar nombres, al menos no hasta que hayan recuperado un poco más las fuerzas, sabrá perfectamente por qué siente esa alusión en lo más profundo de su conciencia. Pero, para eso, obviamente, primero deberán de tener conciencia. 

Así que, Nieves, estés donde estés, ahí arriba, desde tu estrella, ten claro que, a pesar del dolor y del enorme peso de tu ausencia, tu familia va a seguir luchando siempre de una manera u otra. Siempre que puedan, mientras les quede aliento, seguirán reivindicando tu nombre, honrando tu memoria y demostrando que tu verdad era la única. Lo harán por todas partes para evitar que lo que te sucedió a ti no le vuelva a pasar a nadie nunca más.

Tu familia siempre te echará de menos y seguirá llenando cara rincón de su casa de mariposas. Por cada lágrima que derramen recordándote, siempre habrá una mariposa que acaricie sus almas con su dulce aleteo. 

Siempre reivindicarán tu nombre, tu presencia, tu legado de amor y tu recuerdo como el ser de luz que eras y siguen siendo. 

Lo harán con la fuerza de quienes no olvidan, con la fuerza de quienes seguirán luchando por ti hasta el final de sus días.

Y lo harán desde el amor y siempre en tu nombre, Nieves.

Con la luz que tú les envías desde el firmamento.

Como un ángel desde su estrella.


Eterna rosa tatuada,
tu sonrisa acaricia el alma.
Bella mariposa delicada 
que alzaste libre el vuelo,
abrazando el azul del cielo.

Inocencia de pura luz soñada,
en noches frías de alma herida,
eres abrazo cálido que no se apaga.

Vuela libre, dulce mariposa,
sin lágrimas ni cadenas pesadas.
Estrella de amor en secreto lugar,
pensamiento, poema y susurro,
eres dulce melodía que hace soñar.

Secreto de amor en pecho guardado,
siempre eterno y jamás olvidado.
Desde su estrella manda su calor,
tejiendo de luz un manto de amor.

Nieves, eterna rosa tatuada,
mariposas de colores traen tu aroma.
Su alma os abraza, 
os cuida, yo lo sé,
y en cada latido, 
sentís lo que nadie ve. 


(Luis F. Sánchez / 28-12-2024)

Paz, Amor y Mucha Luz.

(Escrito en 🇪🇸🇲🇽– Written in 🇬🇧🇺🇸– Scritto in 🇮🇹🇸🇲– Rédigé en 🇫🇷🇨🇩– Escrito em 🇵🇹🇧🇷

🇪🇸ESPAÑOL🇲🇽

Con el paso de los años nos damos cuenta de que estas fechas tienen un significado muy distinto al que solemos estar acostumbrados. A pesar de las dificultades cotidianas e independientemente de nuestro credo, los sentimientos de amor y cariño hacia quienes tenemos a nuestro lado nos hacen darnos cuenta de cuál es el verdadero sentido de la vida. 

Muchas personas habrán pasado por nuestras vidas en diferentes momentos. Muchas de ellas siempre estarán a nuestro lado; otras decidirán apartarse sin que nadie pida su marcha; otras regresarán a nuestro lado sin que lo esperemos, quizá en el momento justo en el que las necesitemos; y otras, desgraciadamente, se marcharán para no volver, pero seguirán estando y formando parte de nosotros y de nosotras, seguirán siempre alegres en nuestros recuerdos y su sonrisa siempre brillará en nuestros corazones. Hemos llorado, hemos sufrido, hemos sentido el vacío de quienes ya no están, pero también el calor de quienes nos han ofrecido una mano amiga en los duros momentos de tristeza. Quizá sea ese el secreto, quizá el secreto no sea pedir fuerzas a la Divina Providencia o a las Fuerzas del Universo, sino pedir nuevos retos que, al superarlos, nos hagan más fuertes cada día contando con el amor y con el apoyo de todas las personas que nos rodean. 

Pero más allá de los momentos de reunión familiar, mientras casi todas las familias se reúnen alrededor de una mesa repleta de manjares, no olvidemos a todas aquellas familias que se ven obligadas a separarse o a huir de sus hogares para evitar una muerte segura por la guerra, la pobreza o el hambre. Tampoco olvidemos a quienes sufren el rechazo en sus hogares solo por ser, sentir, pensar o amar como cualquier persona tiene derecho a hacerlo; a las personas enfermas que ya no tienen fuerzas suficientes para acompañar y abrazar a quienes aman; a quienes se encuentran sin hogar y cuya  única compañía será el frío de la noche; y a todas aquellas que vivirán estos días en soledad esperando un abrazo de cariño y de consuelo añorando escuchar un “te quiero” de sus seres queridos que ya apenas les recuerdan. 

En esta Nochebuena, mientras nos sumergimos en el espíritu festivo rodeados de nuestras familias, no podemos olvidar a quienes ven vulnerados sus derechos humanos, derechos que deben prevalecer para toda persona, independientemente de su situación geográfica o de sus circunstancias personales. 

En un mundo donde la paz sigue siendo tan esquiva, la comunidad internacional tiene la responsabilidad de trabajar hacia soluciones pacíficas y sostenibles, abordando las causas profundas de los conflictos y garantizando que se respeten los derechos humanos en todo momento. La guerra en Ucrania y Gaza nos recuerda la fragilidad de esos derechos en situaciones de conflicto. Vemos cómo la guerra desencadena sufrimiento humano y desplazamiento y la protección de los derechos humanos y fundamentales de las víctimas inocentes en estas zonas debería ser una prioridad global para una comunidad internacional cada vez más insensible. 

El dolor y el derramamiento de sangre inocente nos llenan de dolor y cada vida perdida es una pérdida enorme para toda la humanidad. Millones de personas están atrapadas en zonas de conflicto, enfrentando la realidad brutal de la guerra. El derecho a la paz y la seguridad también son derechos humanos fundamentales que toda persona merece, y es nuestro deber abogar por un mundo donde el respeto hacia los derechos de toda persona no sea una excepción, sino la única y verdadera norma. Las pequeñas acciones cuentan, pero hay querer hacerlas y no solo para conseguir “likes” en Instagram o más seguidores en Tiktok.

También tenemos mucho camino por delante para acabar con la discriminación en todas sus formas. Por un lado, tenemos muchos retos por delante para poner fin a la violencia sobre mujeres y niñas en todo el mundo. Pero la discriminación persiste en muchas formas y afecta a diversas comunidades en todo el mundo. Desde la discriminación basada en el género hasta la orientación sexual, el racismo, la xenofobia, el antisemitismo, la aporofobia, es crucial reconocer que toda persona merece ser tratada con igualdad y respeto. 

Esa diversidad enriquece nuestra sociedad y la aceptación de nuestras diferencias es esencial para construir un mundo más justo, libre e igualitario. Por eso, tenemos trabajar para superar los estereotipos y desafiar las normas que perpetúan toda forma de violencia, odio y discriminación si de verdad queremos una sociedad inclusiva y respetuosa entre las distintas comunidades que la conforman y construir puentes de entendimiento y abrazo. De ahí que sea una obligación, moral y legal, seguir trabajando por la igualdad de oportunidades y por el acceso a recursos básicos para el pleno ejercicio de todos los derechos humanos y fundamentales de los que toda persona es titular. Trabajar por una sociedad mejor, no es una utopía, es una meta que puede hacerse realidad si tenemos voluntad para ello.

En esta noche, celebramos la llegada de aquel niño, nacido para traer la esperanza, la redención y la luz para toda la Humanidad. Un niño que, al igual que su familia, y como miles de niños y niñas en todo el mundo en la actualidad, se convirtió en un refugiado cuando apenas acababa de venir al mundo (Mateo 2:13). Para celebrarlo, nos reuniremos frente a una mesa llena de ricos platos, para conmemorar el nacimiento de un hombre que cambió nuestra manera de amar a las personas que están a nuestro lado. 

En el Judaísmo se le venera como un ejemplo y modelo a seguir bajo el nombre de יְהוֹשֻׁעַ, Yehošuaʕ, o יֵשׁוּעַ, Yešuaʕ; en el Islam se conoce y venera como عيسى ʿĪsā o Isa; y en el Cristianismo, se le conoce bajo el nombre de Jesús, Hijo de Dios. Sea como fuere, nos dejó el mayor mensaje de toda la historia de la Humanidad. Quizá con el paso de los siglos, su mensaje haya podido difuminarse, pero, si lo pensamos un poco, podemos entenderlo de una manera muy fácil. Y es que el mensaje es este; TE AMO Y NADA MÁS IMPORTA.

Por esa razón, en esta noche en la que nos reunimos con nuestros seres queridos, quiero que pensemos que, cada día, miles de familias se ven obligadas a separarse o a huir, como lo hicieron José, María y el pequeño Jesús, de lo que habría sido una muerte segura de permanecer en su hogar; que hay otras muchas familias que siguen rotas por no aceptar algo tan básico como que TODOS LOS SERES HUMANOS NACEN LIBRES E IGUALES EN DIGNIDAD Y DERECHOS; que hay otras que han rechazado a sus hermanos y hermanas, a sus hijas e hijos simplemente por ser, sentir, pensar o amar como puede hacerlo cualquier otra persona; que hay miles de personas que están inmersas en la soledad esperando oír la voz de quienes hace años les decían a todas horas “te quiero”; que hay personas que, a duras penas, conseguirán zafarse del hambre y resguardarse del frío de la noche; y que hay personas que llevan años gritando en silencio por un simple abrazo de consuelo. 

Tal vez haya llegado el momento de volver a pensar en aquello que nos une realmente para ponerlo en práctica todos los días al año y no únicamente en estas fechas. Nunca olvidemos que todos y cada uno de nosotros tenemos un papel vital en la construcción de un mundo donde los derechos humanos sean verdaderamente universales.

Estos días nos invitan a recordar la importancia de la compasión, la comprensión, la bondad y el amor hacia nuestros semejantes, cuatro semillas para un futuro más justo y en paz. Por eso, tenemos una oportunidad de oro para comprometernos por el respeto y la protección de los derechos humanos y la dignidad humana inviolable de toda persona. 

Esto es lo que quería compartir con todas y todos y que, por supuesto, lo acompaño de mis siete deseos que, al menos así lo espero, os acompañen hoy, mañana y siempre:

Dignidad, Prosperidad, Felicidad, Paz, Amor, Salud y Suerte. 

En esta noche mágica y de ensueño, hagamos que ese sueño de un mundo mejor sea una realidad.

Paz, Amor y mucha Luz.

¡FELICES FIESTAS!

¡FELIZ HANUKKAH!

¡FELIZ NAVIDAD!

🇬🇧ENGLISH🇺🇸

PEACE, LOVE AND LOTS OF LIGHT

As the years go by, we realise that these dates have a very different meaning to what we are used to. In spite of the daily difficulties and regardless of our creed, the feelings of love and affection for those around us make us realise what the true meaning of life is. 

Many people will have passed through our lives at different times. Many of them will always be by our side; others will decide to leave without anyone asking for their departure; others will return to our side without us expecting it, perhaps at just the right moment when we need them; and others, unfortunately, will leave never to return, but they will continue to be with us and form part of us, they will always remain happy in our memories and their smile will always shine in our hearts. We have cried, we have suffered, we have felt the emptiness of those who are no longer with us, but also the warmth of those who have offered us a helping hand in the hard moments of sadness. Perhaps that is the secret, perhaps the secret is not to ask for strength from Divine Providence or the Forces of the Universe, but to ask for new challenges that, by overcoming them, will make us stronger every day, counting on the love and support of all the people around us. 

But beyond the moments of family reunion, while almost every family gathers around a table laden with delicacies, let us not forget all those families who are forced to separate or flee their homes to avoid certain death by war, poverty or hunger. Nor let us forget those who suffer rejection in their homes just for being, feeling, thinking or loving as anyone has the right to do; those who are ill and no longer have the strength to accompany and embrace those they love; those who are homeless and whose only company will be the cold of the night; and all those who will live these days in solitude waiting for an embrace of affection and comfort, longing to hear an ‘I love you’ from their loved ones who barely remember them any more. 

On this Christmas Eve, as we immerse ourselves in the festive spirit surrounded by our families, we cannot forget those whose human rights are violated, rights that should prevail for every person, regardless of their geographical location or personal circumstances. 

In a world where peace remains so elusive, the international community has a responsibility to work towards peaceful and sustainable solutions, addressing the root causes of conflict and ensuring that human rights are respected at all times. The war in Ukraine and Gaza reminds us of the fragility of these rights in conflict situations. We see how war triggers human suffering and displacement and the protection of the human and fundamental rights of innocent victims in these areas should be a global priority for an increasingly insensitive international community. 

The pain and shedding of innocent blood fills us with grief and every life lost is a huge loss for all of humanity. Millions of people are trapped in conflict zones, facing the brutal reality of war. The right to peace and security are also fundamental human rights that every person deserves, and it is our duty to advocate for a world where respect for the rights of every person is not an exception, but the only true norm. Small actions count, but we must want to do them, and not just to get likes on Instagram or more followers on Tiktok.

We also have a long way to go to end discrimination in all its forms. On the one hand, we have many challenges ahead of us to end violence against women and girls around the world. But discrimination persists in many forms and affects diverse communities around the world. From gender-based discrimination to sexual orientation, racism, xenophobia, anti-Semitism, aporophobia, it is crucial to recognise that everyone deserves to be treated with equality and respect. 

Such diversity enriches our society and acceptance of our differences is essential to building a fairer, freer and more equal world. That is why we must work to overcome stereotypes and challenge norms that perpetuate all forms of violence, hatred and discrimination if we truly want an inclusive and respectful society among the different communities that make it up and build bridges of understanding and embrace. It is therefore a moral and legal obligation to continue working for equal opportunities and access to basic resources for the full exercise of all human and fundamental rights to which every person is entitled. Working for a better society is not a utopia, it is a goal that can become a reality if we have the will to do so.

Tonight, we celebrate the arrival of that child, born to bring hope, redemption and light to all humanity. A child who, like his family, and like thousands of children around the world today, became a refugee when he had just come into the world (Matthew 2:13). To celebrate, we will gather around a table full of delicious food to commemorate the birth of a man who changed the way we love the people around us. 

In Judaism he is venerated as an example and role model under the name יְהוֹשֻׁעַ, Yehošuaʕ, or יֵשׁוּעַ, Yešuaʕ; in Islam he is known and venerated as عيسى ʿĪsā or Isa; and in Christianity, he is known under the name of Jesus, son of God. Be that as it may, he left us the greatest message in all of human history. Perhaps with the passing of the centuries, his message may have become blurred, but, if we think about it a little, we can understand it in a very easy way. And the message is this; I LOVE YOU AND NOTHING ELSE MATTERS.

For that reason, on this night when we gather with our loved ones, I want us to think that, every day, thousands of families are forced to separate or flee, as Joseph, Mary and little Jesus did, from what would have been certain death had they remained at home; that there are many other families that remain broken because they do not accept something as basic as that ALL HUMAN BEINGS ARE BORN FREE AND EQUAL IN DIGNITY AND RIGHTS; that there are others who have rejected their brothers and sisters, their daughters and sons simply for being, feeling, thinking or loving as any other person can; that there are thousands of people who are immersed in loneliness waiting to hear the voice of those who years ago told them all the time ‘I love you’; that there are people who, with difficulty, will manage to escape hunger and shelter from the cold of the night; and that there are people who have been crying out in silence for years for a simple embrace of comfort. 

Perhaps it is time to rethink what really unites us and to put it into practice every day of the year and not just at this time of year. Let us never forget that each and every one of us has a vital role to play in building a world where human rights are truly universal.

These days invite us to remember the importance of compassion, understanding, kindness and love for our fellow human beings, four seeds for a more just and peaceful future. Therefore, we have a golden opportunity to commit ourselves to the respect and protection of human rights and the inviolable human dignity of every person. 

This is what I wanted to share with all of you and, of course, I accompany it with my seven wishes which, at least I hope, will be with you today, tomorrow and always:

Dignity, Prosperity, Happiness, Peace, Love, Health and Luck. 

On this magical and dreamy night, let us make that dream of a better world a reality.

Peace, Love and lots of Light.

HAPPY HOLIDAYS!

HAPPY HANUKKAH!

MERRY CHRISTMAS!

🇮🇹ITALIANO🇸🇲

PACE, AMORE E TANTA LUCE

Con il passare degli anni, ci rendiamo conto che queste date hanno un significato molto diverso da quello a cui siamo abituati. Nonostante le difficoltà quotidiane e a prescindere dal nostro credo, i sentimenti di amore e di affetto per chi ci circonda ci fanno capire qual è il vero significato della vita. 

Molte persone sono passate nella nostra vita in momenti diversi. Molte di loro saranno sempre al nostro fianco; altre decideranno di andarsene senza che nessuno ne chieda la partenza; altre torneranno al nostro fianco senza che ce lo aspettiamo, magari nel momento giusto in cui ne abbiamo bisogno; altre ancora, purtroppo, se ne andranno per non tornare mai più, ma continueranno a stare con noi e a far parte di noi, resteranno sempre felici nei nostri ricordi e il loro sorriso brillerà sempre nei nostri cuori. Abbiamo pianto, abbiamo sofferto, abbiamo sentito il vuoto di chi non c’è più, ma anche il calore di chi ci ha dato una mano nei momenti di tristezza. Forse è questo il segreto, forse il segreto non è chiedere forza alla Divina Provvidenza o alle Forze dell’Universo, ma chiedere nuove sfide che, superate, ci renderanno ogni giorno più forti, contando sull’amore e sul sostegno di tutte le persone che ci circondano. 

Ma al di là dei momenti di riunione familiare, mentre quasi tutte le famiglie si riuniscono intorno a una tavola imbandita di leccornie, non dimentichiamo tutte quelle famiglie che sono costrette a separarsi o a fuggire dalle loro case per evitare una morte certa a causa della guerra, della povertà o della fame. Non dimentichiamo nemmeno coloro che subiscono il rifiuto nelle loro case solo per il fatto di essere, sentire, pensare o amare come chiunque ha il diritto di fare; coloro che sono malati e non hanno più la forza di accompagnare e abbracciare coloro che amano; coloro che sono senza casa e la cui unica compagnia sarà il freddo della notte; e tutti coloro che vivranno questi giorni in solitudine in attesa di un abbraccio di affetto e di conforto, desiderosi di sentire un “ti amo” dai loro cari che a malapena si ricordano di loro. 

In questa vigilia di Natale, mentre ci immergiamo nello spirito di festa circondati dalle nostre famiglie, non possiamo dimenticare coloro i cui diritti umani sono violati, diritti che dovrebbero prevalere per ogni persona, indipendentemente dalla sua posizione geografica o dalle circostanze personali. 

In un mondo in cui la pace rimane così sfuggente, la comunità internazionale ha la responsabilità di lavorare per soluzioni pacifiche e sostenibili, affrontando le cause profonde dei conflitti e assicurando che i diritti umani siano sempre rispettati. La guerra in Ucraina e a Gaza ci ricorda la fragilità di questi diritti nelle situazioni di conflitto. Vediamo come la guerra scateni la sofferenza umana e lo sfollamento e la protezione dei diritti umani e fondamentali delle vittime innocenti in queste aree dovrebbe essere una priorità globale per una comunità internazionale sempre più insensibile. 

Il dolore e lo spargimento di sangue innocente ci riempie di tristezza e ogni vita persa è una perdita enorme per tutta l’umanità. Milioni di persone sono intrappolate nelle zone di conflitto e devono affrontare la brutale realtà della guerra. Il diritto alla pace e alla sicurezza sono anche diritti umani fondamentali che ogni persona merita, ed è nostro dovere sostenere un mondo in cui il rispetto dei diritti di ogni persona non sia un’eccezione, ma l’unica vera norma. Le piccole azioni contano, ma dobbiamo volerle fare, e non solo per ottenere like su Instagram o più follower su Tiktok.

Abbiamo anche una lunga strada da percorrere per porre fine alla discriminazione in tutte le sue forme. Da un lato, abbiamo molte sfide da affrontare per porre fine alla violenza contro le donne e le ragazze in tutto il mondo. Ma la discriminazione persiste in molte forme e colpisce comunità diverse in tutto il mondo. Dalla discriminazione di genere all’orientamento sessuale, dal razzismo alla xenofobia, dall’antisemitismo all’aporofobia, è fondamentale riconoscere che tutti meritano di essere trattati con uguaglianza e rispetto. 

Questa diversità arricchisce la nostra società e l’accettazione delle nostre differenze è essenziale per costruire un mondo più giusto, più libero e più equo. Per questo motivo dobbiamo lavorare per superare gli stereotipi e sfidare le norme che perpetuano tutte le forme di violenza, odio e discriminazione, se vogliamo davvero una società inclusiva e rispettosa delle diverse comunità che la compongono e costruire ponti di comprensione e abbraccio. È quindi un obbligo morale e legale continuare a lavorare per le pari opportunità e l’accesso alle risorse di base per il pieno esercizio di tutti i diritti umani e fondamentali a cui ogni persona ha diritto. Lavorare per una società migliore non è un’utopia, è un obiettivo che può diventare realtà se abbiamo la volontà di farlo.

Questa sera celebriamo l’arrivo di quel bambino, nato per portare speranza, redenzione e luce a tutta l’umanità. Un bambino che, come la sua famiglia e come migliaia di bambini in tutto il mondo oggi, è diventato un rifugiato appena venuto al mondo (Matteo 2:13). Per festeggiare, ci riuniremo attorno a una tavola piena di cibo delizioso per commemorare la nascita di un uomo che ha cambiato il modo in cui amiamo le persone che ci circondano. 

Nell’ebraismo è venerato come esempio e modello con il nome di יְהוֹשֻׁעַ, Yehošuaʕ, o יֵשׁוּעַ, Yešuaʕ; nell’Islam è conosciuto e venerato come عيسى ʿĪsā o Isa; e nel Cristianesimo è conosciuto con il nome di Gesù, Figlio di Dio. Comunque sia, egli ci ha lasciato il più grande messaggio di tutta la storia umana. Forse con il passare dei secoli il suo messaggio si è offuscato, ma, se ci pensiamo un po’, possiamo comprenderlo in modo molto semplice. Il messaggio è questo: IO TI AMO E NULLA ALTRO HA PIÙ IMPORTANZA.

Per questo motivo, in questa notte in cui ci riuniamo con i nostri cari, voglio che pensiamo che, ogni giorno, migliaia di famiglie sono costrette a separarsi o a fuggire, come Giuseppe, Maria e il piccolo Gesù, da quella che sarebbe stata una morte certa se fossero rimasti a casa; che ci sono molte altre famiglie che rimangono spezzate perché non accettano qualcosa di così basilare come il fatto che TUTTI GLI ESSERI UMANI SONO NATI LIBERI ED UGUALI IN DIGNITÀ E DIRITTI; che ci sono altre persone che hanno rifiutato i loro fratelli e sorelle, le loro figlie e i loro figli semplicemente perché sono, sentono, pensano o amano come qualsiasi altra persona; che ci sono migliaia di persone che sono immerse nella solitudine in attesa di sentire la voce di chi anni fa ha detto loro sempre “ti amo”; che ci sono persone che, con difficoltà, riusciranno a sfuggire alla fame e a ripararsi dal freddo della notte; e che ci sono persone che da anni gridano in silenzio per un semplice abbraccio di conforto. 

Forse è arrivato il momento di ripensare a ciò che ci unisce davvero e di metterlo in pratica ogni giorno dell’anno e non solo in questo periodo. Non dimentichiamo mai che ognuno di noi ha un ruolo vitale da svolgere nella costruzione di un mondo in cui i diritti umani siano davvero universali.

Questi giorni ci invitano a ricordare l’importanza della compassione, della comprensione, della gentilezza e dell’amore per il prossimo, quattro semi per un futuro più giusto e pacifico. Abbiamo quindi un’occasione d’oro per impegnarci a rispettare e proteggere i diritti umani e l’inviolabile dignità umana di ogni persona. 

Questo è ciò che ho voluto condividere con tutti voi e, naturalmente, lo accompagno con i miei sette auguri che, almeno spero, saranno con voi oggi, domani e sempre:

Dignità, Prosperità, Felicità, Pace, Amore, Salute e Fortuna. 

In questa notte magica e sognante, facciamo in modo che il sogno di un mondo migliore diventi realtà.

Pace, Amore e tanta Luce.

BUONE FESTE!

BUON HANUKKAH!

BUON NATALE!

🇫🇷FRANÇAIS🇨🇩

PAIX, AMOUR ET BEAUCOUP DE LUMIÈRE

Au fil des années, nous nous rendons compte que ces dates ont une signification très différente de celle à laquelle nous sommes habitués. Malgré les difficultés quotidiennes et quelle que soit notre croyance, les sentiments d’amour et d’affection pour ceux qui nous entourent nous font prendre conscience du véritable sens de la vie. 

De nombreuses personnes ont traversé notre vie à différentes époques. Beaucoup d’entre elles seront toujours à nos côtés ; d’autres décideront de partir sans que personne ne le demande ; d’autres reviendront à nos côtés sans que nous nous y attendions, peut-être juste au moment où nous avons besoin d’elles ; et d’autres, malheureusement, partiront pour ne jamais revenir, mais elles continueront à être avec nous et à faire partie de nous, elles resteront toujours heureuses dans nos mémoires et leur sourire brillera toujours dans nos cœurs. Nous avons pleuré, nous avons souffert, nous avons ressenti le vide de ceux qui ne sont plus avec nous, mais aussi la chaleur de ceux qui nous ont tendu une main secourable dans les durs moments de tristesse. Peut-être est-ce là le secret, peut-être le secret n’est-il pas de demander la force à la Divine Providence ou aux Forces de l’Univers, mais de demander de nouveaux défis qui, en les surmontant, nous rendront chaque jour plus forts, en comptant sur l’amour et le soutien de toutes les personnes qui nous entourent. 

Mais au-delà des moments de retrouvailles familiales, alors que presque toutes les familles se réunissent autour d’une table chargée de délices, n’oublions pas toutes ces familles qui sont obligées de se séparer ou de fuir leur foyer pour éviter une mort certaine à cause de la guerre, de la pauvreté ou de la faim. N’oublions pas non plus ceux qui souffrent de rejet dans leur foyer simplement parce qu’ils sont, ressentent, pensent ou aiment comme tout le monde a le droit de le faire ; ceux qui sont malades et n’ont plus la force d’accompagner et d’embrasser ceux qu’ils aiment ; ceux qui sont sans abri et dont la seule compagnie sera le froid de la nuit ; et tous ceux qui vivront ces jours dans la solitude en attendant une étreinte d’affection et de réconfort, désirant entendre un « je t’aime » de la part de ceux qu’ils aiment et qui ne se souviennent presque plus d’eux. 

En cette veille de Noël, alors que nous nous plongeons dans l’esprit festif entourés de nos familles, nous ne pouvons pas oublier ceux dont les droits de l’homme sont violés, des droits qui devraient prévaloir pour chaque personne, indépendamment de sa situation géographique ou de ses circonstances personnelles. 

Dans un monde où la paix reste si insaisissable, la communauté internationale a la responsabilité d’œuvrer en faveur de solutions pacifiques et durables, en s’attaquant aux causes profondes des conflits et en veillant à ce que les droits de l’homme soient respectés à tout moment. La guerre en Ukraine et à Gaza nous rappelle la fragilité de ces droits dans les situations de conflit. La protection des droits de l’homme et des droits fondamentaux des victimes innocentes dans ces régions devrait être une priorité mondiale pour une communauté internationale de plus en plus insensible. 

La douleur et l’effusion de sang innocent nous remplissent de chagrin et chaque vie perdue est une perte énorme pour l’ensemble de l’humanité. Des millions de personnes sont piégées dans des zones de conflit, confrontées à la réalité brutale de la guerre. Le droit à la paix et à la sécurité sont également des droits humains fondamentaux que chaque personne mérite, et il est de notre devoir de plaider en faveur d’un monde où le respect des droits de chaque personne n’est pas une exception, mais la seule véritable norme. Les petites actions comptent, mais nous devons vouloir les faire, et pas seulement pour obtenir des « likes » sur Instagram ou plus de « followers » sur Tiktok.

Nous avons également un long chemin à parcourir pour mettre fin à la discrimination sous toutes ses formes. D’une part, nous avons de nombreux défis à relever pour mettre fin à la violence à l’égard des femmes et des filles dans le monde entier. Mais la discrimination persiste sous de nombreuses formes et touche diverses communautés dans le monde. De la discrimination fondée sur le sexe à l’orientation sexuelle, en passant par le racisme, la xénophobie, l’antisémitisme et l’aporophobie, il est essentiel de reconnaître que chacun mérite d’être traité avec égalité et respect. 

Cette diversité enrichit notre société et l’acceptation de nos différences est essentielle pour construire un monde plus juste, plus libre et plus égalitaire. C’est pourquoi nous devons nous efforcer de surmonter les stéréotypes et de remettre en question les normes qui perpétuent toutes les formes de violence, de haine et de discrimination si nous voulons vraiment une société inclusive et respectueuse des différentes communautés qui la composent et construire des ponts de compréhension et d’acceptation. C’est donc une obligation morale et juridique de continuer à œuvrer pour l’égalité des chances et l’accès aux ressources de base pour le plein exercice de tous les droits humains et fondamentaux auxquels chaque personne peut prétendre. Œuvrer pour une société meilleure n’est pas une utopie, c’est un objectif qui peut devenir une réalité si nous en avons la volonté.

Ce soir, nous célébrons l’arrivée de cet enfant, né pour apporter l’espoir, la rédemption et la lumière à toute l’humanité. Un enfant qui, comme sa famille et comme des milliers d’enfants dans le monde aujourd’hui, est devenu un réfugié alors qu’il venait de venir au monde (Matthieu 2:13). Pour fêter cela, nous nous réunirons autour d’une table remplie de mets délicieux pour commémorer la naissance d’un homme qui a changé notre façon d’aimer les gens qui nous entourent. 

Dans le judaïsme, il est vénéré comme un exemple et un modèle sous le nom de יְהוֹשֻׁעַ, Yehošuaʕ, ou יֵשׁוּעַ, Yešuaʕ ; dans l’islam, il est connu et vénéré sous le nom de عيسى ʿĪsā ou Isa ; et dans le christianisme, il est connu sous le nom de Jésus, Fils de Dieu. Quoi qu’il en soit, il nous a laissé le plus grand message de toute l’histoire de l’humanité. Peut-être qu’au fil des siècles, son message s’est estompé, mais si nous y réfléchissons un peu, nous pouvons le comprendre très facilement. Ce message est le suivant : JE T’AIME ET RIEN D’AUTRE NE COMPTE.

C’est pourquoi, en cette nuit où nous nous réunissons avec nos proches, je veux que nous pensions que, chaque jour, des milliers de familles sont obligées de se séparer ou de fuir, comme l’ont fait Joseph, Marie et le petit Jésus, ce qui aurait été une mort certaine s’ils étaient restés dans leur maison ; qu’il y a beaucoup d’autres familles qui sont encore brisées parce qu’elles n’acceptent pas quelque chose d’aussi fondamental que le fait que TOUS LES ÊTRES HUMAINS SONT NÉS LIBRES ET ÉGAUX DANS LA DIGNITÉ ET LES DROITS ; Il y a d’autres personnes qui ont rejeté leurs frères et sœurs, leurs filles et leurs fils simplement parce qu’ils sont, ressentent, pensent ou aiment comme n’importe quelle autre personne ; il y a des milliers de personnes qui sont plongées dans la solitude et qui attendent d’entendre la voix de ceux qui, il y a des années, leur ont toujours dit « Je t’aime » ; il y a des personnes qui, avec difficulté, parviennent à échapper à la faim et à s’abriter du froid de la nuit ; et il y a des personnes qui crient en silence depuis des années pour obtenir une simple étreinte de réconfort. 

Il est peut-être temps de repenser à ce qui nous unit vraiment et de le mettre en pratique chaque jour de l’année et pas seulement à cette période. N’oublions jamais que chacun d’entre nous a un rôle essentiel à jouer dans la construction d’un monde où les droits de l’homme sont véritablement universels.

Ces journées nous invitent à nous souvenir de l’importance de la compassion, de la compréhension, de la bonté et de l’amour pour nos semblables, quatre graines pour un avenir plus juste et plus pacifique. Nous avons donc une occasion en or de nous engager en faveur du respect et de la protection des droits de l’homme et de la dignité humaine inviolable de chaque personne. 

Voilà ce que je voulais partager avec vous tous et, bien sûr, je l’accompagne de mes sept vœux qui, du moins je l’espère, vous accompagneront aujourd’hui, demain et toujours :

Dignité, Prospérité, Bonheur, Paix, Amour, Santé et Chance. 

En cette nuit magique et rêveuse, faisons de ce rêve d’un monde meilleur une réalité.

Paix, amour et beaucoup de lumière.

JOYEUSES FÊTES !

JOYEUX HANUKKAH !

JOYEUX NOËL !

🇵🇹PORTUGUÊS🇧🇷

PAZ, AMOR E MUITA LUZ.

Com o passar dos anos, apercebemo-nos de que estas datas têm um significado muito diferente daquele a que estamos habituados. Apesar das dificuldades do quotidiano e independentemente do nosso credo, os sentimentos de amor e de afeto pelos que nos rodeiam fazem-nos compreender qual é o verdadeiro sentido da vida. 

Muitas pessoas terão passado pelas nossas vidas em diferentes alturas. Muitas delas estarão sempre ao nosso lado; outras decidirão partir sem que ninguém peça a sua partida; outras voltarão para o nosso lado sem que o esperemos, talvez no momento certo em que precisamos delas; e outras, infelizmente, partirão para nunca mais voltar, mas continuarão a estar connosco e a fazer parte de nós, permanecerão sempre felizes nas nossas memórias e o seu sorriso brilhará sempre nos nossos corações. Chorámos, sofremos, sentimos o vazio daqueles que já não estão connosco, mas também o calor daqueles que nos ofereceram uma mão amiga nos momentos difíceis de tristeza. Talvez seja esse o segredo, talvez o segredo não seja pedir forças à Divina Providência ou às Forças do Universo, mas pedir novos desafios que, ao serem superados, nos tornem mais fortes a cada dia, contando com o amor e o apoio de todas as pessoas que nos rodeiam. 

Mas para além dos momentos de reunião familiar, em que quase todas as famílias se reúnem à volta de uma mesa carregada de iguarias, não nos esqueçamos de todas as famílias que são obrigadas a separar-se ou a fugir de casa para evitar a morte certa pela guerra, pela pobreza ou pela fome. Não esqueçamos também aqueles que sofrem rejeição nas suas casas apenas por serem, sentirem, pensarem ou amarem como qualquer pessoa tem o direito de fazer; aqueles que estão doentes e já não têm forças para acompanhar e abraçar aqueles que amam; aqueles que estão sem abrigo e cuja única companhia será o frio da noite; e todos aqueles que viverão estes dias na solidão à espera de um abraço de afeto e conforto, ansiando por ouvir um “eu amo-te” dos seus entes queridos que já mal se lembram deles. 

Nesta véspera de Natal, ao mergulharmos no espírito festivo rodeados pelas nossas famílias, não podemos esquecer aqueles cujos direitos humanos são violados, direitos que devem prevalecer para todas as pessoas, independentemente da sua localização geográfica ou circunstâncias pessoais. 

Num mundo em que a paz continua a ser tão esquiva, a comunidade internacional tem a responsabilidade de trabalhar para encontrar soluções pacíficas e sustentáveis, abordando as causas profundas dos conflitos e garantindo que os direitos humanos sejam sempre respeitados. A guerra na Ucrânia e em Gaza recorda-nos a fragilidade destes direitos em situações de conflito. Vemos como a guerra desencadeia o sofrimento humano e as deslocações, e a proteção dos direitos humanos e fundamentais das vítimas inocentes nestas áreas deve ser uma prioridade global para uma comunidade internacional cada vez mais insensível. 

A dor e o derramamento de sangue inocente enchem-nos de tristeza e cada vida perdida é uma enorme perda para toda a humanidade. Milhões de pessoas estão presas em zonas de conflito, enfrentando a realidade brutal da guerra. O direito à paz e à segurança são também direitos humanos fundamentais que todas as pessoas merecem, e é nosso dever defender um mundo onde o respeito pelos direitos de todas as pessoas não seja uma exceção, mas a única norma verdadeira. As pequenas acções contam, mas temos de querer fazê-las, e não apenas para obter likes no Instagram ou mais seguidores no Tiktok.

Também temos um longo caminho a percorrer para acabar com a discriminação em todas as suas formas. Por um lado, temos muitos desafios pela frente para acabar com a violência contra as mulheres e as raparigas em todo o mundo. Mas a discriminação persiste sob muitas formas e afecta diversas comunidades em todo o mundo. Da discriminação baseada no género à orientação sexual, passando pelo racismo, a xenofobia, o antissemitismo e a aporofobia, é fundamental reconhecer que todos merecem ser tratados com igualdade e respeito. 

Esta diversidade enriquece a nossa sociedade e a aceitação das nossas diferenças é essencial para a construção de um mundo mais justo, mais livre e mais igualitário. É por isso que temos de trabalhar para ultrapassar os estereótipos e desafiar as normas que perpetuam todas as formas de violência, ódio e discriminação, se queremos verdadeiramente uma sociedade inclusiva e respeitadora entre as diferentes comunidades que a compõem e construir pontes de compreensão e de abraço. Por conseguinte, é uma obrigação moral e legal continuar a trabalhar em prol da igualdade de oportunidades e do acesso aos recursos básicos para o pleno exercício de todos os direitos humanos e fundamentais a que cada pessoa tem direito. Trabalhar para uma sociedade melhor não é uma utopia, é um objetivo que pode tornar-se realidade se tivermos vontade de o fazer.

Esta noite, celebramos a chegada dessa criança, nascida para trazer esperança, redenção e luz a toda a humanidade. Uma criança que, tal como a sua família, e como milhares de crianças em todo o mundo hoje em dia, se tornou um refugiado quando tinha acabado de vir ao mundo (Mateus 2:13). Para celebrar, vamos reunir-nos à volta de uma mesa cheia de comida deliciosa para comemorar o nascimento de um homem que mudou a forma como amamos as pessoas que nos rodeiam. 

No judaísmo, ele é venerado como exemplo e modelo sob o nome de יְהוֹשֻׁעַ, Yehošuaʕ, ou יֵשׁוּעַ, Yešuaʕ; no Islão, é conhecido e venerado como عيسى ʿĪsā ou Isa; e no Cristianismo, é conhecido sob o nome de Jesus, Filho de Deus. Seja como for, ele deixou-nos a maior mensagem de toda a história da humanidade. Talvez com o passar dos séculos, a sua mensagem possa ter-se esbatido, mas, se pensarmos um pouco, podemos compreendê-la de uma forma muito fácil. E a mensagem é esta: EU AMO-TE E NADA MAIS IMPORTA.

Por isso, nesta noite em que nos reunimos com os nossos entes queridos, quero que pensemos que, todos os dias, milhares de famílias são obrigadas a separar-se ou a fugir, como fizeram José, Maria e o pequeno Jesus, do que teria sido a morte certa se tivessem ficado em casa; que há muitas outras famílias que permanecem destroçadas porque não aceitam algo tão básico como o facto de TODOS OS SERES HUMANOS NASCEREM LIVRES E IGUAIS EM DIGNIDADE E DIREITOS; que há outros que rejeitaram os seus irmãos e irmãs, as suas filhas e filhos simplesmente por serem, sentirem, pensarem ou amarem como qualquer outra pessoa; que há milhares de pessoas que estão imersas na solidão à espera de ouvir a voz daqueles que há anos lhes disseram a toda a hora “eu amo-te”; que há pessoas que, com dificuldade, conseguirão escapar à fome e abrigar-se do frio da noite; e que há pessoas que há anos clamam em silêncio por um simples abraço de conforto. 

Talvez seja altura de repensar o que realmente nos une e de o pôr em prática todos os dias do ano e não apenas nesta altura do ano. Nunca esqueçamos que cada um de nós tem um papel vital a desempenhar na construção de um mundo onde os direitos humanos sejam verdadeiramente universais.

Estes dias convidam-nos a recordar a importância da compaixão, da compreensão, da bondade e do amor pelos nossos semelhantes, quatro sementes para um futuro mais justo e pacífico. Por conseguinte, temos uma oportunidade de ouro para nos empenharmos no respeito e na proteção dos direitos humanos e da dignidade humana inviolável de cada pessoa. 

Era isto que queria partilhar com todos vós e, naturalmente, acompanho-o com os meus sete desejos que, pelo menos assim o espero, estarão convosco hoje, amanhã e sempre:

Dignidade, Prosperidade, Felicidade, Paz, Amor, Saúde e Sorte. 

Nesta noite mágica e sonhadora, vamos tornar realidade esse sonho de um mundo melhor.

Paz, Amor e muita Luz.

BOAS FESTAS!

FELIZ HANUKKAH!

FELIZ NATAL!