(Escrito en 🇪🇸🇲🇽– Written in 🇬🇧🇺🇸– Scritto in 🇮🇹🇸🇲– Rédigé en 🇫🇷🇨🇩– Escrito em 🇵🇹🇧🇷)
🇪🇸ESPAÑOL🇲🇽
(Día de Andalucía)
¡Andalucía! ¡Tierra de luz y embrujo! ¡Lugar donde la historia ha dejado su huella imborrable en cada rincón!
El tiempo parece detenerse para contemplar la belleza de sus paisajes, la calidez de sus gentes y la riqueza de su cultura y tradiciones. Quien pisa su suelo, quien respira su aire, quien siente su esencia, solo puede enamorarse de esta tierra que ha sido cuna y crisol de civilizaciones venidas de lejanas tierras para unirse en una sola: ANDALUCíA.
Desde los albores del tiempo y la memoria, Andalucía ha sido punto de encuentro de pueblos y culturas. Íberos, fenicios, romanos y árabes dejaron en su geografía las huellas de su paso, y aún hoy, en sus calles y plazas, en sus monumentos y tradiciones, resuena el eco de ese pasado de hermanamiento que aún perdura. Tierra de historia viva, donde cada piedra cuenta su propio pasado milenario, donde el presente no se entiende sin la grandeza de su pasado, la fuerza de su presente y la esperanza de su futuro.
Pero Andalucía no es solo historia, es también naturaleza desbordante. Sus montes, ríos y valles conforman un paisaje que inspira y cautiva a mil poetas de mil lenguas diferentes. Sierra Morena se alza majestuosa, mientras la Vega del Guadalquivir se extiende fértil y generosa. Sus mares, el Atlántico y el Mediterráneo, bañan sus costas, desde San Juan de los Terreros en Almería hasta Ayamonte en Huelva, con aguas de azul profundo, acariciando las playas con la brisa de la eternidad de miles de navegantes aventureros, ricos en sueños de esperanza, que abrieron el mundo desde los puertos de Andalucía. Desde los olivares interminables de Jaén, con noches de plata bajo a la luz de la Luna, hasta belleza de los atardeceres en las marismas de Doñana. La belleza de los atardeceres de la Alhambra, el aroma de azahar de las calles de Córdoba junto a la Mezquita, la magia de Sevilla con su perfume a incienso y la luz de Cádiz con la brisa marinera que todo lo envuelve. Cada rincón de esta tierra es un canto a la vida, a la esperanza y cuna de la historia reciente que sea abre para toda la humanidad.
Sin embargo, lo que hace de Andalucía un lugar único no es solo su geografía o su historia, sino su gente. Hospitalaria y abierta, acogedora y generosa, ha hecho de su mestizaje su mayor valor. Aquí, quien llega de fuera no tarda en sentirse en casa, pues la calidez de su gente es un reflejo del sol que la ilumina el corazón y alimenta las almas de quienes buscan un lugar al que llamar “mi hogar”. Andalucía es la madre que nos mece, es el abrazo que nos acoge y la voz que nos canta, es el pueblo que comparte, ríe y, sobre todo, sueña con seguir construyendo un mañana mejor luchando cada día.

Porque el pueblo andaluz no solo vive su tierra, la siente, la lleva dentro donde quiera que esté, la transforma en arte, en música, en poesía. Es la voz de un pueblo que se declara libre de toda cadena. Es tierra de flamenco y copla, de alegrías y penas convertidas en ingenioso duende. Es la guitarra que llora y la voz que canta, es el paso firme del bailaor y el lamento profundo de la saeta en Semana Santa. En cada feria, en cada romería, en cada taberna y en cada plaza, Andalucía se expresa con la intensidad de quien vive la vida con pasión y entrega, reivindicándose a sí misma con dignidad, desde la riqueza de su diversidad, y por derecho propio ante lo que es justo.
Y, sin embargo, hay quienes no lo ven, quienes no lo sienten, quienes no comprenden la grandeza de esta tierra. ¡POBRES ALMAS! Porque perderse Andalucía es perderse la esencia de lo auténtico, de lo que es puro, de lo que es eterno. Es perderse el alma de un pueblo que, a pesar de todo, sigue amando, soñando y ofreciendo al mundo lo mejor de sí, por sí y para toda la humanidad.
Andalucía no se explica, se vive. Se siente en la piel, en el alma y en el corazón. Por encima de ella solo están las estrellas que la iluminan.
Es mi tierra, y nada hay más hermoso que poder llamarla así.
¡Es mi tierra!
¡Andalucía!

🇬🇧ENGLISH🇺🇸
Ode to Andalusia
(Day of Andalusia)
Andalusia! Land of light and enchantment! A place where history has left its indelible mark in every corner!
Time itself seems to pause to behold the beauty of its landscapes, the warmth of its people, and the richness of its culture and traditions. Whoever treads its soil, whoever breathes its air, whoever feels its essence can only fall in love with this land—a cradle and crucible of civilisations from distant shores united as one: ANDALUSIA.
From the dawn of time and memory, Andalusia has been a meeting place for peoples and cultures. Iberians, Phoenicians, Romans and Arabs have all left their traces upon its terrain, and even today, in its streets and squares, in its monuments and traditions, the echo of that enduring unity resounds. It is a land of living history, where every stone recounts a millennial past, and the present is understood only in light of the grandeur of its past, the vigour of its now, and the hope for its future.
Yet Andalusia is not only history—it is also boundless nature. Its hills, rivers and valleys form a landscape that inspires and captivates a thousand poets in a thousand different tongues. The Sierra Morena rises majestically, while the fertile, generous expanse of the Guadalquivir plain unfolds beneath the sun. Its seas—the Atlantic and the Mediterranean—wash its coasts, from San Juan de los Terreros in Almería to Ayamonte in Huelva, their deep blue waters caressing the beaches with the eternal breeze of countless adventurous mariners, rich in dreams of hope, who once opened up the world from Andalusian ports. From the endless olive groves of Jaén, where silver nights glow under the Moon’s light, to the sublime beauty of sunsets over the marshes of Doñana; from the resplendent dusk over the Alhambra, to the orange-blossom scent that lingers in the streets of Córdoba beside the Mosque, from the magic of Seville with its incense-laden air to the luminous Cádiz bathed in a maritime breeze that envelops all—every corner of this land is a hymn to life, a paean to hope, and a cradle of recent history that opens its arms to all humanity.
But what makes Andalusia truly unique is not merely its geography or its history—it is its people. Hospitable and open, welcoming and generous, they have turned their cultural blend into their greatest treasure. Here, anyone arriving from afar soon feels at home, for the warmth of its people mirrors the sun that illuminates its heart and nourishes the souls of those seeking a place to call “home”. Andalusia is the mother who cradles us, the embrace that welcomes us, the voice that sings to us; it is a people who share, laugh, and above all, dream of building a better tomorrow, fighting each day with determination.

For the Andalusian people do not merely live their land—they feel it, carry it within them wherever they go, and transform it into art, music, and poetry. They are the voice of a people who proclaim themselves free of every chain. It is a land of flamenco and copla, of joys and sorrows transmuted into a clever “duende”. It is the weeping guitar and the singing voice, the steady step of the dancer and the profound lament of the saeta during Holy Week. In every fair, every pilgrimage, every tavern, every square, Andalusia expresses itself with the intensity of those who live life with passion and devotion, asserting its dignity through the wealth of its diversity and standing up for what is right.
And yet there are those who do not see it, who do not feel it, who fail to grasp the greatness of this land. Poor souls! For to lose Andalusia is to lose the very essence of the authentic, the pure, the eternal. It is to forfeit the soul of a people who, despite everything, continue to love, to dream, and to offer the best of themselves to the world—both for themselves and for all humanity.
Andalusia cannot be explained—it must be lived. It is felt on the skin, in the soul, and in the heart. Above it all, only the stars shine down upon it.
It is my land, and nothing is more beautiful than to call it so.
It is my land!
Andalusia!

🇮🇹ITALIANO🇸🇲
Ode ad Andalusia
(Giornata dell’Andalusia)
Andalusia! Terra di luce e incanto! Luogo in cui la storia ha lasciato il suo segno indelebile in ogni angolo!
Il tempo stesso sembra fermarsi per contemplare la bellezza dei suoi paesaggi, il calore della sua gente e la ricchezza della sua cultura e delle sue tradizioni. Chi mette piede su questa terra, chi ne respira l’aria, chi ne percepisce l’essenza, può solo innamorarsi di essa: una culla e un crogiolo di civiltà venute da terre lontane per unirsi in un’unica realtà: ANDALUSIA.
Fin dall’alba dei tempi e della memoria, l’Andalusia è stata un crocevia di popoli e culture. Iberi, Fenici, Romani e Arabi hanno tutti lasciato il loro segno sul suo territorio e ancora oggi, nelle sue strade e piazze, nei suoi monumenti e nelle sue tradizioni, riecheggia l’eco di quell’unità duratura. È una terra di storia viva, dove ogni pietra narra di un passato millenario, e il presente si comprende solo alla luce della grandiosità del passato, della forza del presente e della speranza per il futuro.
Eppure l’Andalusia non è solo storia: è anche natura sconfinata. Le sue colline, i suoi fiumi e le sue valli disegnano un paesaggio che ispira e incanta mille poeti in mille lingue diverse. La Sierra Morena si erge maestosa, mentre l’ampia e generosa pianura del Guadalquivir si stende sotto il sole. I suoi mari—l’Atlantico e il Mediterraneo—accarezzano le sue coste, da San Juan de los Terreros in Almería ad Ayamonte in Huelva, con le loro acque di un blu profondo che lambiscono le spiagge accompagnate dalla brezza eterna di innumerevoli marinai avventurosi, ricchi di sogni di speranza, che un tempo aprirono il mondo dai porti andalusi. Dalle infinite campagne di ulivi di Jaén, dove le notti argentate brillano sotto la luce della Luna, alla sublime bellezza dei tramonti sulle paludi di Doñana; dal crepuscolo risplendente dell’Alhambra, al profumo d’arancio che aleggia nelle vie di Córdoba accanto alla Moschea, dalla magia di Siviglia, con il suo incenso pervaso d’aria, alla luminosa Cádiz, baciata dalla brezza marina che tutto avvolge—ogni angolo di questa terra è un inno alla vita, una lode alla speranza, una culla di storia recente che apre le sue braccia a tutta l’umanità.
Ma ciò che rende l’Andalusia veramente unica non è solo la sua geografia o la sua storia, bensì la sua gente. Accogliente e aperta, generosa e calorosa, essa ha trasformato il suo mosaico culturale nel suo più grande tesoro. Qui, chiunque arrivi da lontano si sente subito a casa, poiché il calore della sua gente rispecchia il sole che illumina il cuore di questa terra e nutre le anime di chi cerca un luogo da chiamare “casa”. L’Andalusia è la madre che ci culla, l’abbraccio che ci accoglie, la voce che ci canta; è un popolo che condivide, ride e, soprattutto, sogna di costruire un domani migliore, lottando ogni giorno con determinazione.

Infatti, il popolo andaluso non vive semplicemente la sua terra: la sente, la porta con sé ovunque vada, e la trasforma in arte, in musica, in poesia. È la voce di un popolo che si proclama libero da ogni catena. È la terra del flamenco e della copla, delle gioie e dei dolori trasmutati in un ingegnoso “duende”. È la chitarra che piange e la voce che canta, il passo deciso del ballerino e il profondo lamento della saeta durante la Settimana Santa. In ogni fiera, in ogni romeria, in ogni taverna, in ogni piazza, l’Andalusia si esprime con l’intensità di chi vive la vita con passione e dedizione, affermando la propria dignità attraverso la ricchezza della sua diversità e sostenendo ciò che è giusto.
Eppure ci sono coloro che non la vedono, che non la sentono, che non colgono la grandezza di questa terra. Povere anime! Perché perdersi l’Andalusia significa rinunciare all’essenza stessa dell’autentico, del puro, dell’eterno. Significa perdere l’anima di un popolo che, nonostante tutto, continua ad amare, a sognare e a offrire il meglio di sé al mondo—sia per se stesso che per tutta l’umanità.
L’Andalusia non si spiega, si vive. Si sente sulla pelle, nell’anima e nel cuore. Sopra tutto, solo le stelle la illuminano.
È la mia terra, e nulla è più bello che poterla chiamare così.
È la mia terra!
Andalusia!

🇫🇷FRANÇAIS🇨🇩
Ode à l’Andalousie
(Journée d’Andalousie)
Andalousie ! Terre de lumière et d’enchantement ! Un lieu où l’histoire a laissé son empreinte indélébile à chaque recoin !
Le temps semble s’arrêter pour contempler la beauté de ses paysages, la chaleur de son peuple et la richesse de sa culture et de ses traditions. Quiconque foule son sol, qui respire son air, qui en ressent l’essence, ne peut que tomber amoureux de cette terre qui a été le berceau et le creuset de civilisations venues de contrées lointaines pour s’unir en une seule réalité : L’ANDALOUSIE.
Depuis l’aube des temps et de la mémoire, l’Andalousie a été un carrefour de peuples et de cultures. Ibères, Phéniciens, Romains et Arabes ont tous laissé leurs traces sur son territoire et, encore aujourd’hui, dans ses rues et places, dans ses monuments et traditions, résonne l’écho d’un passé de fraternité qui perdure. Terre d’histoire vivante, où chaque pierre raconte son millénaire passé, où le présent ne s’explique qu’à la lumière de la grandeur de son histoire, de la force de son aujourd’hui et de l’espoir de son demain.
Mais l’Andalousie n’est pas seulement histoire, c’est aussi une nature débordante. Ses collines, ses rivières et ses vallées dessinent un paysage qui inspire et envoûte mille poètes, dans mille langues différentes. La Sierra Morena se dresse majestueusement, tandis que la plaine fertile et généreuse du Guadalquivir s’étend sous le soleil. Ses mers – l’Atlantique et la Méditerranée – caressent ses côtes, de San Juan de los Terreros en Almería à Ayamonte en Huelva, leurs eaux d’un bleu profond effleurant les plages au gré de la brise éternelle d’innombrables marins aventuriers, riches de rêves d’espoir, qui autrefois ouvrirent le monde depuis les ports andalous. Des oliveraies sans fin de Jaén, où les nuits argentées brillent sous la lumière de la lune, à la sublime beauté des couchers de soleil sur les marais de Doñana ; du crépuscule éclatant de l’Alhambra, au parfum d’oranger qui flotte dans les rues de Cordoue près de la mosquée, de la magie de Séville, avec son air d’encens, à la clarté de Cadix, caressée par la brise marine qui enveloppe tout – chaque recoin de cette terre est un hymne à la vie, une ode à l’espoir et le berceau d’une histoire récente qui s’ouvre à toute l’humanité.
Pourtant, ce qui rend l’Andalousie véritablement unique, ce n’est pas seulement sa géographie ou son histoire, mais son peuple. Accueillant et ouvert, chaleureux et généreux, il a fait de son métissage sa plus grande richesse. Ici, quiconque vient de l’étranger se sent rapidement chez lui, car la chaleur de ses habitants reflète le soleil qui illumine le cœur de cette terre et nourrit l’âme de ceux qui cherchent un lieu à appeler « maison ». L’Andalousie est la mère qui nous berce, l’étreinte qui nous accueille, la voix qui nous chante ; c’est un peuple qui partage, rit et, surtout, rêve de construire un avenir meilleur en luttant chaque jour avec détermination.

Car le peuple andalou ne se contente pas de vivre sa terre, il la ressent, la porte en lui où qu’il aille et la transforme en art, en musique, en poésie. C’est la voix d’un peuple qui se proclame libre de toute chaîne. C’est la terre du flamenco et de la copla, des joies et des peines transmutées en un duende ingénieux. C’est la guitare qui pleure et la voix qui chante, le pas assuré du danseur et le profond lament de la saeta lors de la Semaine Sainte. Dans chaque fête, chaque romeria, chaque taverne et chaque place, l’Andalousie s’exprime avec l’intensité de ceux qui vivent leur vie avec passion et dévouement, affirmant leur dignité par la richesse de leur diversité et en revendiquant ce qui est juste.
Et pourtant, il existe ceux qui ne la voient pas, qui ne la ressentent pas, qui ne comprennent pas la grandeur de cette terre. Pauvres âmes! Car se perdre en Andalousie, c’est perdre l’essence même de l’authentique, du pur, de l’éternel. C’est renoncer à l’âme d’un peuple qui, malgré tout, continue d’aimer, de rêver et d’offrir le meilleur de lui-même au monde, pour lui-même et pour toute l’humanité.
L’Andalousie ne se décrit pas, elle se vit. On la ressent sur la peau, dans l’âme et dans le cœur. Par-dessus tout, seules les étoiles la scintillent.
C’est ma terre, et rien n’est plus beau que de pouvoir l’appeler ainsi.
C’est ma terre !
Andalousie !

🇵🇹PORTUGUÊS🇧🇷
Ode à Andaluzia
Andaluzia! Terra de luz e encanto! Lugar onde a história deixou a sua marca indelével em cada recanto!
O tempo parece parar para contemplar a beleza das suas paisagens, o calor do seu povo e a riqueza da sua cultura e tradições. Quem pisa o seu solo, quem respira o seu ar, quem sente a sua essência, só pode apaixonar-se por esta terra que foi berço e cadinho de civilizações vindas de terras distantes para se unirem numa só: ANDALUZIA.
Desde a aurora dos tempos e da memória, a Andaluzia tem sido um ponto de encontro de povos e culturas. Ibéricos, fenícios, romanos e árabes deixaram todos os seus traços neste território e, ainda hoje, nas suas ruas e praças, nos seus monumentos e tradições, ressoa o eco dessa fraternidade que perdura. É uma terra de história viva, onde cada pedra conta um passado milenar, e o presente só se compreende à luz da grandeza do seu passado, da força do seu agora e da esperança do seu futuro.
Mas a Andaluzia não é só história; é também uma natureza exuberante. As suas colinas, rios e vales formam uma paisagem que inspira e cativa mil poetas, em mil línguas diferentes. A Sierra Morena ergue-se majestosa, enquanto a fértil e generosa planície do Guadalquivir estende-se ao sol. Os seus mares – o Atlântico e o Mediterrâneo – banham as suas costas, desde San Juan de los Terreros, em Almería, até Ayamonte, em Huelva, com as suas águas de um azul profundo, acariciando as praias ao sabor da brisa eterna de inumeráveis marinheiros aventureiros, ricos em sonhos de esperança, que há muito abriram o mundo a partir dos portos andaluzes. Dos intermináveis olivais de Jaén, onde as noites argentadas brilham sob a luz da lua, à sublime beleza dos entardeceres nos pântanos de Doñana; do crepúsculo resplandecente da Alhambra, ao perfume de laranjeira que paira nas ruas de Córdoba junto à mesquita, da magia de Sevilha, com o seu incenso envolvente, à luz de Cádiz, beijada pela brisa marítima que tudo abraça – cada recanto desta terra é um hino à vida, uma ode à esperança, e o berço de uma história recente que se abre a toda a humanidade.
Contudo, o que torna a Andaluzia verdadeiramente única não é apenas a sua geografia ou a sua história, mas sim o seu povo. Hospitalário e aberto, acolhedor e generoso, o povo andaluz fez do seu mestizagem o seu maior valor. Aqui, quem chega de fora não demora a sentir-se em casa, pois o calor dos seus habitantes reflete o sol que ilumina o coração desta terra e nutre as almas daqueles que procuram um lugar para chamar de “lar”. Andaluzia é a mãe que nos embala, o abraço que nos acolhe, a voz que nos canta; é um povo que partilha, ri e, sobretudo, sonha em construir um amanhã melhor, lutando dia após dia com determinação.

Pois o povo andaluz não vive apenas a sua terra – sente-a, carrega-a consigo onde quer que vá e transforma-a em arte, música e poesia. É a voz de um povo que se proclama livre de todas as correntes. É a terra do flamenco e da copla, das alegrias e das dores transmutadas num duende engenhoso. É a guitarra que chora e a voz que canta, o passo firme do bailarino e o profundo lamento da saeta durante a Semana Santa. Em cada feira, em cada romaria, em cada taverna e em cada praça, a Andaluzia expressa-se com a intensidade de quem vive a vida com paixão e entrega, afirmando a sua dignidade através da riqueza da sua diversidade e reivindicando o que é justo.
E, no entanto, há aqueles que não a veem, que não a sentem, que não compreendem a grandeza desta terra. Pobres almas! Pois perder a Andaluzia é perder a própria essência do que é autêntico, do que é puro, do que é eterno. É perder a alma de um povo que, apesar de tudo, continua a amar, a sonhar e a oferecer o melhor de si ao mundo – por si e para toda a humanidade.
Andaluzia não se explica, tem de se viver. É sentida na pele, na alma e no coração. Acima de tudo, só as estrelas a iluminam.
É a minha terra, e nada é mais belo do que poder chamá-la assim.
É a minha terra!
Andaluzia!






