Oda a Andalucía

(Escrito en 🇪🇸🇲🇽– Written in 🇬🇧🇺🇸– Scritto in 🇮🇹🇸🇲– Rédigé en 🇫🇷🇨🇩– Escrito em 🇵🇹🇧🇷

🇪🇸ESPAÑOL🇲🇽

(Día de Andalucía)

¡Andalucía! ¡Tierra de luz y embrujo! ¡Lugar donde la historia ha dejado su huella imborrable en cada rincón!

El tiempo parece detenerse para contemplar la belleza de sus paisajes, la calidez de sus gentes y la riqueza de su cultura y tradiciones. Quien pisa su suelo, quien respira su aire, quien siente su esencia, solo puede enamorarse de esta tierra que ha sido cuna y crisol de civilizaciones venidas de lejanas tierras para unirse en una sola: ANDALUCíA.

Desde los albores del tiempo y la memoria, Andalucía ha sido punto de encuentro de pueblos y culturas. Íberos, fenicios, romanos y árabes dejaron en su geografía las huellas de su paso, y aún hoy, en sus calles y plazas, en sus monumentos y tradiciones, resuena el eco de ese pasado de hermanamiento que aún perdura. Tierra de historia viva, donde cada piedra cuenta su propio pasado milenario, donde el presente no se entiende sin la grandeza de su pasado, la fuerza de su presente y la esperanza de su futuro.

Pero Andalucía no es solo historia, es también naturaleza desbordante. Sus montes, ríos y valles conforman un paisaje que inspira y cautiva a mil poetas de mil lenguas diferentes. Sierra Morena se alza majestuosa, mientras la Vega del Guadalquivir se extiende fértil y generosa. Sus mares, el Atlántico y el Mediterráneo, bañan sus costas, desde San Juan de los Terreros en Almería hasta Ayamonte en Huelva, con aguas de azul profundo, acariciando las playas con la brisa de la eternidad de miles de navegantes aventureros, ricos en sueños de esperanza, que abrieron el mundo desde los puertos de Andalucía. Desde los olivares interminables de Jaén, con noches de plata bajo a la luz de la Luna, hasta belleza de los atardeceres en las marismas de Doñana. La belleza de los atardeceres de la Alhambra, el aroma de azahar de las calles de Córdoba junto a la Mezquita, la magia de Sevilla con su perfume a incienso y la luz de Cádiz con la brisa marinera que todo lo envuelve. Cada rincón de esta tierra es un canto a la vida, a la esperanza y cuna de la historia reciente que sea abre para toda la humanidad. 

Sin embargo, lo que hace de Andalucía un lugar único no es solo su geografía o su historia, sino su gente. Hospitalaria y abierta, acogedora y generosa, ha hecho de su mestizaje su mayor valor. Aquí, quien llega de fuera no tarda en sentirse en casa, pues la calidez de su gente es un reflejo del sol que la ilumina el corazón y alimenta las almas de quienes buscan un lugar al que llamar “mi hogar”. Andalucía es la madre que nos mece, es el abrazo que nos acoge y la voz que nos canta, es el pueblo que comparte, ríe y, sobre todo, sueña con seguir construyendo un mañana mejor luchando cada día. 

Porque el pueblo andaluz no solo vive su tierra, la siente, la lleva dentro donde quiera que esté, la transforma en arte, en música, en poesía. Es la voz de un pueblo que se declara libre de toda cadena. Es tierra de flamenco y copla, de alegrías y penas convertidas en ingenioso duende. Es la guitarra que llora y la voz que canta, es el paso firme del bailaor y el lamento profundo de la saeta en Semana Santa. En cada feria, en cada romería, en cada taberna y en cada plaza, Andalucía se expresa con la intensidad de quien vive la vida con pasión y entrega, reivindicándose a sí misma con dignidad, desde la riqueza de su diversidad, y por derecho propio ante lo que es  justo.

Y, sin embargo, hay quienes no lo ven, quienes no lo sienten, quienes no comprenden la grandeza de esta tierra. ¡POBRES ALMAS! Porque perderse Andalucía es perderse la esencia de lo auténtico, de lo que es puro, de lo que es eterno. Es perderse el alma de un pueblo que, a pesar de todo, sigue amando, soñando y ofreciendo al mundo lo mejor de sí, por sí y para toda la humanidad. 

Andalucía no se explica, se vive. Se siente en la piel, en el alma y en el corazón. Por encima de ella solo están las estrellas que la iluminan. 

Es mi tierra, y nada hay más hermoso que poder llamarla así. 

¡Es mi tierra!

¡Andalucía!

🇬🇧ENGLISH🇺🇸

Ode to Andalusia

(Day of Andalusia)

Andalusia! Land of light and enchantment! A place where history has left its indelible mark in every corner!

Time itself seems to pause to behold the beauty of its landscapes, the warmth of its people, and the richness of its culture and traditions. Whoever treads its soil, whoever breathes its air, whoever feels its essence can only fall in love with this land—a cradle and crucible of civilisations from distant shores united as one: ANDALUSIA.

From the dawn of time and memory, Andalusia has been a meeting place for peoples and cultures. Iberians, Phoenicians, Romans and Arabs have all left their traces upon its terrain, and even today, in its streets and squares, in its monuments and traditions, the echo of that enduring unity resounds. It is a land of living history, where every stone recounts a millennial past, and the present is understood only in light of the grandeur of its past, the vigour of its now, and the hope for its future.

Yet Andalusia is not only history—it is also boundless nature. Its hills, rivers and valleys form a landscape that inspires and captivates a thousand poets in a thousand different tongues. The Sierra Morena rises majestically, while the fertile, generous expanse of the Guadalquivir plain unfolds beneath the sun. Its seas—the Atlantic and the Mediterranean—wash its coasts, from San Juan de los Terreros in Almería to Ayamonte in Huelva, their deep blue waters caressing the beaches with the eternal breeze of countless adventurous mariners, rich in dreams of hope, who once opened up the world from Andalusian ports. From the endless olive groves of Jaén, where silver nights glow under the Moon’s light, to the sublime beauty of sunsets over the marshes of Doñana; from the resplendent dusk over the Alhambra, to the orange-blossom scent that lingers in the streets of Córdoba beside the Mosque, from the magic of Seville with its incense-laden air to the luminous Cádiz bathed in a maritime breeze that envelops all—every corner of this land is a hymn to life, a paean to hope, and a cradle of recent history that opens its arms to all humanity.

But what makes Andalusia truly unique is not merely its geography or its history—it is its people. Hospitable and open, welcoming and generous, they have turned their cultural blend into their greatest treasure. Here, anyone arriving from afar soon feels at home, for the warmth of its people mirrors the sun that illuminates its heart and nourishes the souls of those seeking a place to call “home”. Andalusia is the mother who cradles us, the embrace that welcomes us, the voice that sings to us; it is a people who share, laugh, and above all, dream of building a better tomorrow, fighting each day with determination.

For the Andalusian people do not merely live their land—they feel it, carry it within them wherever they go, and transform it into art, music, and poetry. They are the voice of a people who proclaim themselves free of every chain. It is a land of flamenco and copla, of joys and sorrows transmuted into a clever “duende”. It is the weeping guitar and the singing voice, the steady step of the dancer and the profound lament of the saeta during Holy Week. In every fair, every pilgrimage, every tavern, every square, Andalusia expresses itself with the intensity of those who live life with passion and devotion, asserting its dignity through the wealth of its diversity and standing up for what is right.

And yet there are those who do not see it, who do not feel it, who fail to grasp the greatness of this land. Poor souls! For to lose Andalusia is to lose the very essence of the authentic, the pure, the eternal. It is to forfeit the soul of a people who, despite everything, continue to love, to dream, and to offer the best of themselves to the world—both for themselves and for all humanity.

Andalusia cannot be explained—it must be lived. It is felt on the skin, in the soul, and in the heart. Above it all, only the stars shine down upon it.

It is my land, and nothing is more beautiful than to call it so.

It is my land!

Andalusia!

🇮🇹ITALIANO🇸🇲

Ode ad Andalusia

(Giornata dell’Andalusia)

Andalusia! Terra di luce e incanto! Luogo in cui la storia ha lasciato il suo segno indelebile in ogni angolo!

Il tempo stesso sembra fermarsi per contemplare la bellezza dei suoi paesaggi, il calore della sua gente e la ricchezza della sua cultura e delle sue tradizioni. Chi mette piede su questa terra, chi ne respira l’aria, chi ne percepisce l’essenza, può solo innamorarsi di essa: una culla e un crogiolo di civiltà venute da terre lontane per unirsi in un’unica realtà: ANDALUSIA.

Fin dall’alba dei tempi e della memoria, l’Andalusia è stata un crocevia di popoli e culture. Iberi, Fenici, Romani e Arabi hanno tutti lasciato il loro segno sul suo territorio e ancora oggi, nelle sue strade e piazze, nei suoi monumenti e nelle sue tradizioni, riecheggia l’eco di quell’unità duratura. È una terra di storia viva, dove ogni pietra narra di un passato millenario, e il presente si comprende solo alla luce della grandiosità del passato, della forza del presente e della speranza per il futuro.

Eppure l’Andalusia non è solo storia: è anche natura sconfinata. Le sue colline, i suoi fiumi e le sue valli disegnano un paesaggio che ispira e incanta mille poeti in mille lingue diverse. La Sierra Morena si erge maestosa, mentre l’ampia e generosa pianura del Guadalquivir si stende sotto il sole. I suoi mari—l’Atlantico e il Mediterraneo—accarezzano le sue coste, da San Juan de los Terreros in Almería ad Ayamonte in Huelva, con le loro acque di un blu profondo che lambiscono le spiagge accompagnate dalla brezza eterna di innumerevoli marinai avventurosi, ricchi di sogni di speranza, che un tempo aprirono il mondo dai porti andalusi. Dalle infinite campagne di ulivi di Jaén, dove le notti argentate brillano sotto la luce della Luna, alla sublime bellezza dei tramonti sulle paludi di Doñana; dal crepuscolo risplendente dell’Alhambra, al profumo d’arancio che aleggia nelle vie di Córdoba accanto alla Moschea, dalla magia di Siviglia, con il suo incenso pervaso d’aria, alla luminosa Cádiz, baciata dalla brezza marina che tutto avvolge—ogni angolo di questa terra è un inno alla vita, una lode alla speranza, una culla di storia recente che apre le sue braccia a tutta l’umanità.

Ma ciò che rende l’Andalusia veramente unica non è solo la sua geografia o la sua storia, bensì la sua gente. Accogliente e aperta, generosa e calorosa, essa ha trasformato il suo mosaico culturale nel suo più grande tesoro. Qui, chiunque arrivi da lontano si sente subito a casa, poiché il calore della sua gente rispecchia il sole che illumina il cuore di questa terra e nutre le anime di chi cerca un luogo da chiamare “casa”. L’Andalusia è la madre che ci culla, l’abbraccio che ci accoglie, la voce che ci canta; è un popolo che condivide, ride e, soprattutto, sogna di costruire un domani migliore, lottando ogni giorno con determinazione.

Infatti, il popolo andaluso non vive semplicemente la sua terra: la sente, la porta con sé ovunque vada, e la trasforma in arte, in musica, in poesia. È la voce di un popolo che si proclama libero da ogni catena. È la terra del flamenco e della copla, delle gioie e dei dolori trasmutati in un ingegnoso “duende”. È la chitarra che piange e la voce che canta, il passo deciso del ballerino e il profondo lamento della saeta durante la Settimana Santa. In ogni fiera, in ogni romeria, in ogni taverna, in ogni piazza, l’Andalusia si esprime con l’intensità di chi vive la vita con passione e dedizione, affermando la propria dignità attraverso la ricchezza della sua diversità e sostenendo ciò che è giusto.

Eppure ci sono coloro che non la vedono, che non la sentono, che non colgono la grandezza di questa terra. Povere anime! Perché perdersi l’Andalusia significa rinunciare all’essenza stessa dell’autentico, del puro, dell’eterno. Significa perdere l’anima di un popolo che, nonostante tutto, continua ad amare, a sognare e a offrire il meglio di sé al mondo—sia per se stesso che per tutta l’umanità.

L’Andalusia non si spiega, si vive. Si sente sulla pelle, nell’anima e nel cuore. Sopra tutto, solo le stelle la illuminano.

È la mia terra, e nulla è più bello che poterla chiamare così.

È la mia terra!

Andalusia!

🇫🇷FRANÇAIS🇨🇩

Ode à l’Andalousie

(Journée d’Andalousie)

Andalousie ! Terre de lumière et d’enchantement ! Un lieu où l’histoire a laissé son empreinte indélébile à chaque recoin !

Le temps semble s’arrêter pour contempler la beauté de ses paysages, la chaleur de son peuple et la richesse de sa culture et de ses traditions. Quiconque foule son sol, qui respire son air, qui en ressent l’essence, ne peut que tomber amoureux de cette terre qui a été le berceau et le creuset de civilisations venues de contrées lointaines pour s’unir en une seule réalité : L’ANDALOUSIE.

Depuis l’aube des temps et de la mémoire, l’Andalousie a été un carrefour de peuples et de cultures. Ibères, Phéniciens, Romains et Arabes ont tous laissé leurs traces sur son territoire et, encore aujourd’hui, dans ses rues et places, dans ses monuments et traditions, résonne l’écho d’un passé de fraternité qui perdure. Terre d’histoire vivante, où chaque pierre raconte son millénaire passé, où le présent ne s’explique qu’à la lumière de la grandeur de son histoire, de la force de son aujourd’hui et de l’espoir de son demain.

Mais l’Andalousie n’est pas seulement histoire, c’est aussi une nature débordante. Ses collines, ses rivières et ses vallées dessinent un paysage qui inspire et envoûte mille poètes, dans mille langues différentes. La Sierra Morena se dresse majestueusement, tandis que la plaine fertile et généreuse du Guadalquivir s’étend sous le soleil. Ses mers – l’Atlantique et la Méditerranée – caressent ses côtes, de San Juan de los Terreros en Almería à Ayamonte en Huelva, leurs eaux d’un bleu profond effleurant les plages au gré de la brise éternelle d’innombrables marins aventuriers, riches de rêves d’espoir, qui autrefois ouvrirent le monde depuis les ports andalous. Des oliveraies sans fin de Jaén, où les nuits argentées brillent sous la lumière de la lune, à la sublime beauté des couchers de soleil sur les marais de Doñana ; du crépuscule éclatant de l’Alhambra, au parfum d’oranger qui flotte dans les rues de Cordoue près de la mosquée, de la magie de Séville, avec son air d’encens, à la clarté de Cadix, caressée par la brise marine qui enveloppe tout – chaque recoin de cette terre est un hymne à la vie, une ode à l’espoir et le berceau d’une histoire récente qui s’ouvre à toute l’humanité.

Pourtant, ce qui rend l’Andalousie véritablement unique, ce n’est pas seulement sa géographie ou son histoire, mais son peuple. Accueillant et ouvert, chaleureux et généreux, il a fait de son métissage sa plus grande richesse. Ici, quiconque vient de l’étranger se sent rapidement chez lui, car la chaleur de ses habitants reflète le soleil qui illumine le cœur de cette terre et nourrit l’âme de ceux qui cherchent un lieu à appeler « maison ». L’Andalousie est la mère qui nous berce, l’étreinte qui nous accueille, la voix qui nous chante ; c’est un peuple qui partage, rit et, surtout, rêve de construire un avenir meilleur en luttant chaque jour avec détermination.

Car le peuple andalou ne se contente pas de vivre sa terre, il la ressent, la porte en lui où qu’il aille et la transforme en art, en musique, en poésie. C’est la voix d’un peuple qui se proclame libre de toute chaîne. C’est la terre du flamenco et de la copla, des joies et des peines transmutées en un duende ingénieux. C’est la guitare qui pleure et la voix qui chante, le pas assuré du danseur et le profond lament de la saeta lors de la Semaine Sainte. Dans chaque fête, chaque romeria, chaque taverne et chaque place, l’Andalousie s’exprime avec l’intensité de ceux qui vivent leur vie avec passion et dévouement, affirmant leur dignité par la richesse de leur diversité et en revendiquant ce qui est juste.

Et pourtant, il existe ceux qui ne la voient pas, qui ne la ressentent pas, qui ne comprennent pas la grandeur de cette terre. Pauvres âmes! Car se perdre en Andalousie, c’est perdre l’essence même de l’authentique, du pur, de l’éternel. C’est renoncer à l’âme d’un peuple qui, malgré tout, continue d’aimer, de rêver et d’offrir le meilleur de lui-même au monde, pour lui-même et pour toute l’humanité.

L’Andalousie ne se décrit pas, elle se vit. On la ressent sur la peau, dans l’âme et dans le cœur. Par-dessus tout, seules les étoiles la scintillent.

C’est ma terre, et rien n’est plus beau que de pouvoir l’appeler ainsi.

C’est ma terre !

Andalousie !

🇵🇹PORTUGUÊS🇧🇷

Ode à Andaluzia

Andaluzia! Terra de luz e encanto! Lugar onde a história deixou a sua marca indelével em cada recanto!

O tempo parece parar para contemplar a beleza das suas paisagens, o calor do seu povo e a riqueza da sua cultura e tradições. Quem pisa o seu solo, quem respira o seu ar, quem sente a sua essência, só pode apaixonar-se por esta terra que foi berço e cadinho de civilizações vindas de terras distantes para se unirem numa só: ANDALUZIA.

Desde a aurora dos tempos e da memória, a Andaluzia tem sido um ponto de encontro de povos e culturas. Ibéricos, fenícios, romanos e árabes deixaram todos os seus traços neste território e, ainda hoje, nas suas ruas e praças, nos seus monumentos e tradições, ressoa o eco dessa fraternidade que perdura. É uma terra de história viva, onde cada pedra conta um passado milenar, e o presente só se compreende à luz da grandeza do seu passado, da força do seu agora e da esperança do seu futuro.

Mas a Andaluzia não é só história; é também uma natureza exuberante. As suas colinas, rios e vales formam uma paisagem que inspira e cativa mil poetas, em mil línguas diferentes. A Sierra Morena ergue-se majestosa, enquanto a fértil e generosa planície do Guadalquivir estende-se ao sol. Os seus mares – o Atlântico e o Mediterrâneo – banham as suas costas, desde San Juan de los Terreros, em Almería, até Ayamonte, em Huelva, com as suas águas de um azul profundo, acariciando as praias ao sabor da brisa eterna de inumeráveis marinheiros aventureiros, ricos em sonhos de esperança, que há muito abriram o mundo a partir dos portos andaluzes. Dos intermináveis olivais de Jaén, onde as noites argentadas brilham sob a luz da lua, à sublime beleza dos entardeceres nos pântanos de Doñana; do crepúsculo resplandecente da Alhambra, ao perfume de laranjeira que paira nas ruas de Córdoba junto à mesquita, da magia de Sevilha, com o seu incenso envolvente, à luz de Cádiz, beijada pela brisa marítima que tudo abraça – cada recanto desta terra é um hino à vida, uma ode à esperança, e o berço de uma história recente que se abre a toda a humanidade.

Contudo, o que torna a Andaluzia verdadeiramente única não é apenas a sua geografia ou a sua história, mas sim o seu povo. Hospitalário e aberto, acolhedor e generoso, o povo andaluz fez do seu mestizagem o seu maior valor. Aqui, quem chega de fora não demora a sentir-se em casa, pois o calor dos seus habitantes reflete o sol que ilumina o coração desta terra e nutre as almas daqueles que procuram um lugar para chamar de “lar”. Andaluzia é a mãe que nos embala, o abraço que nos acolhe, a voz que nos canta; é um povo que partilha, ri e, sobretudo, sonha em construir um amanhã melhor, lutando dia após dia com determinação.

Pois o povo andaluz não vive apenas a sua terra – sente-a, carrega-a consigo onde quer que vá e transforma-a em arte, música e poesia. É a voz de um povo que se proclama livre de todas as correntes. É a terra do flamenco e da copla, das alegrias e das dores transmutadas num duende engenhoso. É a guitarra que chora e a voz que canta, o passo firme do bailarino e o profundo lamento da saeta durante a Semana Santa. Em cada feira, em cada romaria, em cada taverna e em cada praça, a Andaluzia expressa-se com a intensidade de quem vive a vida com paixão e entrega, afirmando a sua dignidade através da riqueza da sua diversidade e reivindicando o que é justo.

E, no entanto, há aqueles que não a veem, que não a sentem, que não compreendem a grandeza desta terra. Pobres almas! Pois perder a Andaluzia é perder a própria essência do que é autêntico, do que é puro, do que é eterno. É perder a alma de um povo que, apesar de tudo, continua a amar, a sonhar e a oferecer o melhor de si ao mundo – por si e para toda a humanidade.

Andaluzia não se explica, tem de se viver. É sentida na pele, na alma e no coração. Acima de tudo, só as estrelas a iluminam.

É a minha terra, e nada é mais belo do que poder chamá-la assim.

É a minha terra!

Andaluzia!

Nueva Aventura de Misterio

¿Estás listo para una nueva aventura literaria que te haga vibrar de principio a fin?

Iván Calahorro Bueno se ha ganado un sitio en el corazón de los jóvenes con dos obras que rompen esquemas y te invitan a explorar emociones intensas. Por un lado, tenemos «Oscuro Pasado: La historia de Anne Swanson», una novela que te sumerge en un mundo lleno de misterios y giros inesperados, y por el otro, «Intangible Presente: la historia de Alexander Wayman», donde cada palabra palpita con la fuerza de un presente lleno de pasión y rebeldía.

En «Oscuro Pasado», la historia arranca con una atmósfera cargada de suspense. Imagina llegar a una vieja mansión, la Mansión Friedrich, donde los secretos del pasado se esconden en cada rincón y las paredes parecen susurrar historias olvidadas. La protagonista, Anne Swanson, es esa chica que no se conforma con lo evidente; ella lucha por descubrir la verdad detrás de los oscuros sucesos que marcaron a su familia. A lo largo de la trama, te verás atrapado en flashbacks que van revelando poco a poco esos traumas y misterios que hacen que la novela sea una montaña rusa de emociones. Cada página te engancha más, haciendo que no puedas soltar el libro, mientras te preguntas: ¿qué pasará a continuación?

Pero eso no es todo. Con «Intangible Presente: La historia de Alexander Wayman», Iván Calahorro nos invita a vivir el aquí y el ahora con una energía renovada. Desde el primer saludo, que se siente casi como una charla entre amigos, el autor nos presenta un relato lleno de vida, en el que se mezcla la tradición literaria con un estilo fresco y actual. En esta segunda novela, centrada en el personaje de Alexander Wayman, las palabras fluyen de manera tan natural que parece que el autor te está contando su propia historia en un café con tus amigos. Aquí, la narrativa se llena de matices: amor, misterio y ese toque de thriller psicológico que te mantiene en vilo. Es como si cada frase te envolviera y te transportara a un universo donde la realidad y la fantasía se fusionan en un baile apasionado.

Lo más interesante de las dos obras es cómo se complementan y se potencian mutuamente. Mientras «Oscuro Pasado» te lleva por un camino lleno de sombras y secretos en una antigua mansión, «Intangible Presente» te ofrece una mirada fresca y vibrante sobre la vida, explorando temas que resuenan especialmente en quienes vivimos con el pie en el presente y la mirada en el futuro. Así, Iván Calahorro demuestra que no hay límites cuando se trata de contar historias: su narrativa salta entre el suspense de un misterio en el pasado y la energía caótica y sincera del ahora.

Si eres de los que disfruta de una prosa que combina lo clásico con un lenguaje que se siente cercano y auténtico, vas a flipar con cómo este autor maneja sus palabras. En «Oscuro Pasado», la alternancia entre el presente y los flashbacks crea un ritmo que te atrapa, como si estuvieras descubriendo cada secreto junto a la protagonista. Y en «Intangible Presente», cada párrafo está diseñado para que sientas la fuerza de una vida vivida a todo ritmo, sin miedo a mostrar tanto la luz como la oscuridad. La narrativa se siente como un diálogo sincero, donde cada confesión y cada giro inesperado te hacen pensar en tus propias experiencias y en esa lucha interna que todos tenemos.

Además, el toque autodidacta en el diseño de «Intangible Presente» le da un aire único, como si el autor hubiera decidido romper todas las reglas y crear algo totalmente suyo a la par que nuevo. La portada, la maquetación y cada detalle gráfico están impregnados de esa pasión por lo que hace, y se nota. No es solo una novela; es una experiencia visual y emocional que te invita a sumergirte sin reservas. Y es precisamente esa originalidad la que hace que sus obras sean tan atractivas para los jóvenes, que buscan algo más que historias predecibles: buscan relatos que les hagan sentir vivos, que hablen directamente a sus inquietudes y sueños.

Imagina combinar el misterio y el suspense de una mansión encantada con la frescura y la intensidad de una confesión personal. Eso es lo que logran fusionar estos dos universos literarios. Por un lado, tienes el pasado lleno de enigmas y sombras, y por otro, un presente vibrante y casi poético que te impulsa a mirar más allá de lo evidente. Iván Calahorro Bueno no solo escribe libros; crea mundos en los que cada lector puede perderse y encontrarse a la vez.

En resumen, tanto «Oscuro Pasado: La historia de Anne Swanson» como «Intangible Presente: La historia de Alexander Wayman» son como dos caras de la misma moneda, que juntas te ofrecen una experiencia literaria completa. Son ideales para aquellos que buscan una lectura que vaya más allá de lo tradicional, algo que desafíe tus expectativas y te haga cuestionar la realidad. Con un lenguaje cercano, dinámico y lleno de energía, estas obras te invitan a vivir una aventura única, donde cada capítulo es una invitación a descubrir algo nuevo, a sentir con intensidad y a dejarte llevar por la magia de las palabras.

Así que si eres de los que se anima a experimentar historias que te atrapen desde el primer momento, no dudes en sumergirte en estos relatos. Descubre el misterio, siente la pasión y déjate llevar por la narrativa audaz de Iván Calahorro Bueno. 

¡Atrévete a vivir una experiencia literaria que te hará ver el mundo de otra forma y te invitará a soñar sin límites!

¡Déjate atrapar por el misterio! 

¡Vive la aventura! 

Fotografía del autor, Iván Calahorro Bueno

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OSCURO PASADO

INTANGIBLE PRESENTE

¡NO TE QUEDES SIN TU EJEMPLAR!

La Justicia Social no es caridad

(Escrito en 🇪🇸🇲🇽– Written in 🇬🇧🇺🇸– Scritto in 🇮🇹🇸🇲– Rédigé en 🇫🇷🇨🇩– Escrito em 🇵🇹🇧🇷

🇪🇸ESPAÑOL🇲🇽

(Día Mundial de la Justicia Social)

Nos falta mucho por hacer. Esa es la principal conclusión cuando hablamos de justicia social. Porque, por desgracia, cuando hablamos de trabajar por la Justicia Social, hablamos de una realidad que no es la misma para todos. Vivimos en un mundo donde millones de personas siguen siendo excluidas, marginadas y discriminadas desde el prejuicio y la violencia. Un mundo donde tener lo que entendemos por un trabajo digno ya no es una garantía y donde la desigualdad parece haberse normalizado. ¿Por qué hemos permitido que así sea?

La justicia social no es caridad, ni un favor que alguien le hace a otra persona. La justicia social es un derecho. Es la base de una sociedad justa, donde todas las personas tengan las mismas oportunidades sin importar cuál su origen, sexo, género, color de piel, orientación sexual, identidad de género, discapacidad o nivel socioeconómico. Pero la realidad es bien distinta: hay quienes trabajan jornadas enteras y apenas pueden sobrevivir, hay niños y niñas que no pueden estudiar porque tienen que ayudar a sostener sus hogares, hay comunidades enteras que parecen que han olvidadas por completo por el sistema. 

Mirar hacia otro lado nunca puede ser una opción. Y, sin embargo, es justo lo que estamos haciendo como sociedad. Nos hemos olvidado que la justicia social es un compromiso común. Un compromiso que no solo implica a los gobiernos e instituciones, también a las empresas, a las organizaciones de acción social y, en definitiva, a todas las personas. Estar comprometido con la justicia social significa luchar contra la precariedad laboral, exigir salarios dignos, defender los derechos humanos y la dignidad humana inviolable de toda persona, erradicar cualquier forma de violencia, odio y discriminación y, por supuesto, garantizar que nadie quede atrás. Porque si, como sociedad, dejamos a una sola atrás abandonada a su suerte, entonces nuestra sociedad está fallando y somos cómplices de ese fracaso. 

Pero hablar de justicia social también es hablar de acceso a la salud, a una educación de calidad y también a una vivienda digna. Hablar de justicia social es entender que no existe un progreso real si quienes avanzan son solo un reducido grupo de personas mientras las demás siguen atrapadas bajo las cadenas de la pobreza, de la exclusión o, en peor, bajo el yugo de la guerra y la violencia. 

Este 20 de febrero, Día Mundial de la Justicia Social, más allá de compartir frases bonitas en redes sociales, os pido que hagamos algo. Cuestionemos todo, informémonos de lo que sucede a nuestro alrededor y alcemos la voz ante las injusticias. Apoyemos los proyectos sociales, defendamos los derechos básicos de quienes no pueden hacerlo, exijamos políticas que realmente cierren las brechas de la desigualdad. Un mundo más justo no se construye únicamente con palabras, sino con acciones. 

Nunca olvidemos que cuando la justicia es solo para unos pocos, lo que existe no es una verdadera justicia, sino un privilegio injusto. 

La justicia social no puede seguir siendo un sueño lejano ni una utopía.

Debe ser una realidad por la que luchemos cada día. 

Y cambiar eso, está en nuestra mano.

Hagámoslo una realidad.

Hagamos que pase.

🇬🇧ENGLISH🇺🇸

SOCIAL JUSTICE IS NOT CHARITY

(World Day of Social Justice)

We have a long way to go. That is the main conclusion when we talk about social justice. Because, unfortunately, when we talk about working for Social Justice, we are talking about a reality that is not the same for everyone. We live in a world where millions of people continue to be excluded, marginalised and discriminated against through prejudice and violence. A world where having what we understand as a decent job is no longer a guarantee and where inequality seems to have become normalised. Why have we allowed this to happen?

Social justice is not charity, nor is it a favour that someone does for someone else. Social justice is a right. It is the basis of a just society, where all people have the same opportunities regardless of their origin, sex, gender, skin colour, sexual orientation, gender identity, disability or socio-economic status. But the reality is quite different: there are those who work full days and can barely survive, there are children who cannot go to school because they have to help support their households, there are entire communities that seem to have been completely forgotten by the system. 

Looking the other way can never be an option. And yet that is exactly what we are doing as a society. We have forgotten that social justice is a common commitment. A commitment that involves not only governments and institutions, but also businesses, social action organisations and, in short, all people. Being committed to social justice means fighting against job insecurity, demanding decent wages, defending human rights and the inviolable human dignity of every person, eradicating all forms of violence, hatred and discrimination and, of course, ensuring that no one is left behind. Because if, as a society, we leave just one person behind abandoned to their fate, then our society is failing and we are complicit in that failure. 

But to talk about social justice is also to talk about access to health, to quality education and also to decent housing. To speak of social justice is to understand that there is no real progress if only a small group of people make progress while the rest remain trapped in the chains of poverty, exclusion or, worse, under the yoke of war and violence. 

This 20th February, World Day of Social Justice, beyond sharing nice phrases on social networks, I ask you to do something. Let’s question everything, let’s inform ourselves about what is happening around us and let’s raise our voices in the face of injustice. Let’s support social projects, let’s defend the basic rights of those who cannot, let’s demand policies that really close the inequality gaps. A fairer world is not only built with words, but with actions. 

Let us never forget that when justice is only for the few, what exists is not true justice, but unjust privilege. 

Social justice can no longer be a distant dream or a utopia.

It must be a reality that we fight for every day. 

And to change that, it is in our hands.

Let’s make it a reality.

Let’s make it happen.

🇮🇹ITALIANO🇸🇲

LA GIUSTIZIA SOCIALE NON È CARITÀ

(Giornata mondiale della giustizia sociale)

Abbiamo una lunga strada da percorrere. Questa è la conclusione principale quando parliamo di giustizia sociale. Perché, purtroppo, quando parliamo di lavorare per la giustizia sociale, parliamo di una realtà che non è uguale per tutti. Viviamo in un mondo in cui milioni di persone continuano a essere escluse, emarginate e discriminate attraverso il pregiudizio e la violenza. Un mondo in cui avere quello che noi intendiamo come un lavoro dignitoso non è più una garanzia e in cui la disuguaglianza sembra essersi normalizzata. Perché abbiamo permesso che questo accadesse?

La giustizia sociale non è carità, né un favore che qualcuno fa a qualcun altro. La giustizia sociale è un diritto. È la base di una società giusta, in cui tutte le persone hanno le stesse opportunità a prescindere da origine, sesso, genere, colore della pelle, orientamento sessuale, identità di genere, disabilità o status socio-economico. Ma la realtà è ben diversa: c’è chi lavora a tempo pieno e riesce a malapena a sopravvivere, ci sono bambini che non possono andare a scuola perché devono contribuire al sostentamento della famiglia, ci sono intere comunità che sembrano essere state completamente dimenticate dal sistema. 

Guardare dall’altra parte non può mai essere un’opzione. Eppure è proprio quello che stiamo facendo come società. Abbiamo dimenticato che la giustizia sociale è un impegno comune. Un impegno che coinvolge non solo i governi e le istituzioni, ma anche le imprese, le organizzazioni di azione sociale e, in definitiva, tutte le persone. Impegnarsi per la giustizia sociale significa lottare contro la precarietà del lavoro, esigere salari dignitosi, difendere i diritti umani e l’inviolabile dignità di ogni persona, sradicare ogni forma di violenza, odio e discriminazione e, naturalmente, fare in modo che nessuno venga lasciato indietro. Perché se, come società, lasciamo una sola persona abbandonata al suo destino, allora la nostra società sta fallendo e noi siamo complici di questo fallimento. 

Ma parlare di giustizia sociale significa anche parlare di accesso alla salute, a un’istruzione di qualità e a un alloggio dignitoso. Parlare di giustizia sociale significa capire che non c’è vero progresso se solo un piccolo gruppo di persone progredisce mentre il resto rimane intrappolato nelle catene della povertà, dell’esclusione o, peggio, sotto il giogo della guerra e della violenza. 

In questo 20 febbraio, Giornata mondiale della giustizia sociale, oltre a condividere belle frasi sui social network, vi chiedo di fare qualcosa. Mettiamo in discussione tutto, informiamoci su ciò che accade intorno a noi e alziamo la voce di fronte all’ingiustizia. Sosteniamo i progetti sociali, difendiamo i diritti fondamentali di chi non può farlo, chiediamo politiche che colmino davvero i divari di disuguaglianza. Un mondo più giusto non si costruisce solo con le parole, ma con le azioni. 

Non dimentichiamo mai che quando la giustizia è solo per pochi, non esiste una vera giustizia, ma un ingiusto privilegio. 

La giustizia sociale non può più essere un sogno lontano o un’utopia.

Deve essere una realtà per cui lottare ogni giorno. 

E per cambiare le cose, è nelle nostre mani.

Facciamo in modo che diventi realtà.

Facciamo in modo che accada.

🇫🇷FRANÇAIS🇨🇩

LA JUSTICE SOCIALE N’EST PAS DE LA CHARITÉ

(Journée mondiale de la justice sociale)

Nous avons un long chemin à parcourir. C’est la principale conclusion lorsque nous parlons de justice sociale. Car, malheureusement, lorsque nous parlons de travailler pour la justice sociale, nous parlons d’une réalité qui n’est pas la même pour tout le monde. Nous vivons dans un monde où des millions de personnes continuent d’être exclues, marginalisées et discriminées par les préjugés et la violence. Un monde où avoir ce que nous considérons comme un emploi décent n’est plus une garantie et où l’inégalité semble s’être normalisée. Pourquoi avons-nous permis que cela se produise ?

La justice sociale n’est pas de la charité, ni une faveur que quelqu’un fait à quelqu’un d’autre. La justice sociale est un droit. C’est la base d’une société juste, où tous les individus ont les mêmes chances, quels que soient leur origine, leur sexe, leur genre, leur couleur de peau, leur orientation sexuelle, leur identité de genre, leur handicap ou leur statut socio-économique. Mais la réalité est tout autre : il y a ceux qui travaillent des journées entières et arrivent à peine à survivre, il y a des enfants qui ne peuvent pas aller à l’école parce qu’ils doivent aider à subvenir aux besoins de leur foyer, il y a des communautés entières qui semblent avoir été complètement oubliées par le système. 

Regarder ailleurs ne peut jamais être une option. Et pourtant, c’est exactement ce que nous faisons en tant que société. Nous avons oublié que la justice sociale est un engagement commun. Un engagement qui concerne non seulement les gouvernements et les institutions, mais aussi les entreprises, les organisations d’action sociale et, en définitive, toutes les personnes. S’engager pour la justice sociale, c’est lutter contre la précarité, exiger des salaires décents, défendre les droits de l’homme et la dignité humaine inviolable de chaque personne, éradiquer toutes les formes de violence, de haine et de discrimination et, bien sûr, veiller à ce que personne ne soit laissé pour compte. Car si, en tant que société, nous laissons une seule personne derrière nous, abandonnée à son sort, alors notre société échoue et nous sommes complices de cet échec. 

Mais parler de justice sociale, c’est aussi parler d’accès à la santé, à une éducation de qualité, mais aussi à un logement décent. Parler de justice sociale, c’est comprendre qu’il n’y a pas de véritable progrès si seul un petit groupe de personnes progresse tandis que le reste demeure prisonnier des chaînes de la pauvreté, de l’exclusion ou, pire, sous le joug de la guerre et de la violence. 

En ce 20 février, Journée mondiale de la justice sociale, au-delà des belles phrases partagées sur les réseaux sociaux, je vous demande d’agir. Remettons tout en question, informons-nous sur ce qui se passe autour de nous et élevons nos voix face à l’injustice. Soutenons les projets sociaux, défendons les droits fondamentaux de ceux qui ne le peuvent pas, exigeons des politiques qui comblent réellement les inégalités. Un monde plus juste ne se construit pas seulement avec des mots, mais aussi avec des actes. 

N’oublions jamais que lorsque la justice n’est que pour quelques-uns, ce n’est pas une véritable justice qui existe, mais des privilèges injustes. 

La justice sociale ne peut plus être un rêve lointain ou une utopie.

Elle doit être une réalité pour laquelle nous nous battons chaque jour. 

Et pour changer cela, c’est entre nos mains.

Faisons-en une réalité.

Passons à l’action.

🇵🇹PORTUGUÊS🇧🇷

JUSTIÇA SOCIAL NÃO É CARIDADE

(Dia Mundial da Justiça Social)

Temos um longo caminho a percorrer. Essa é a principal conclusão quando falamos de justiça social. Porque, infelizmente, quando falamos em trabalhar pela Justiça Social, estamos a falar de uma realidade que não é igual para todos. Vivemos num mundo onde milhões de pessoas continuam a ser excluídas, marginalizadas e discriminadas através do preconceito e da violência. Um mundo onde ter o que entendemos por um emprego digno já não é uma garantia e onde a desigualdade parece ter-se normalizado. Porque é que permitimos que isto aconteça?

Justiça social não é caridade, nem é um favor que alguém faz para outra pessoa. A justiça social é um direito. É a base de uma sociedade justa, onde todas as pessoas têm as mesmas oportunidades, independentemente da sua origem, sexo, género, cor da pele, orientação sexual, identidade de género, deficiência ou estatuto socioeconómico. Mas a realidade é bem diferente: há quem trabalhe a tempo inteiro e mal consiga sobreviver, há crianças que não podem ir à escola porque têm de ajudar a sustentar o agregado familiar, há comunidades inteiras que parecem ter sido completamente esquecidas pelo sistema. 

Olhar para o outro lado nunca pode ser uma opção. E, no entanto, é exatamente isso que estamos a fazer enquanto sociedade. Esquecemo-nos de que a justiça social é um compromisso comum. Um compromisso que envolve não só os governos e as instituições, mas também as empresas, as organizações de ação social e, em suma, todas as pessoas. Comprometermo-nos com a justiça social significa lutar contra a precariedade laboral, exigir salários dignos, defender os direitos humanos e a dignidade humana inviolável de cada pessoa, erradicar todas as formas de violência, ódio e discriminação e, claro, garantir que ninguém é deixado para trás. Porque se, enquanto sociedade, deixarmos apenas uma pessoa para trás, abandonada à sua sorte, então a nossa sociedade está a falhar e nós somos cúmplices desse fracasso. 

Mas falar de justiça social é também falar de acesso à saúde, a uma educação de qualidade e também a uma habitação condigna. Falar de justiça social é compreender que não há verdadeiro progresso se apenas um pequeno grupo de pessoas progredir enquanto os restantes permanecem presos nas cadeias da pobreza, da exclusão ou, pior ainda, sob o jugo da guerra e da violência. 

Neste dia 20 de fevereiro, Dia Mundial da Justiça Social, mais do que partilhar frases bonitas nas redes sociais, peço-vos que façam alguma coisa. Vamos questionar tudo, vamos informar-nos sobre o que se passa à nossa volta e vamos levantar a voz perante a injustiça. Apoiemos os projectos sociais, defendamos os direitos básicos dos que não podem, exijamos políticas que reduzam realmente as desigualdades. Um mundo mais justo não se constrói apenas com palavras, mas com acções. 

Nunca nos esqueçamos que quando a justiça é só para alguns, o que existe não é justiça verdadeira, mas privilégio injusto. 

A justiça social não pode continuar a ser um sonho distante ou uma utopia.

Tem de ser uma realidade pela qual lutamos todos os dias. 

E para mudar isso, está nas nossas mãos.

Vamos torná-la uma realidade.

Vamos fazer acontecer.