(Escrito en 🇪🇸🇲🇽– Written in 🇬🇧🇺🇸– Scritto in 🇮🇹🇸🇲– Rédigé en 🇫🇷🇨🇩– Escrito em 🇵🇹🇧🇷)
🇪🇸ESPAÑOL🇲🇽
En pleno verano de 1936, hace casi 90 años, y apenas un mes después de que comenzara la Guerra Civil Española, la ciudad de Badajoz fue el escenario de una de las matanzas más terribles de la guerra.
El 14 de agosto, las tropas sublevadas al mando del general Juan Yagüe, conocido como el Carnicero de Badajoz, tomaron la ciudad tras una dura ofensiva. A partir de ese momento comenzó una represión masiva contra personas vinculadas o simpatizantes de la República: milicianos, sindicalistas, cargos municipales, campesinos y ciudadanos corrientes que habían defendido la ciudad o que simplemente estaban en el lugar y en el momento equivocados.
La antigua plaza de toros de Badajoz, que hoy ya no existe, fue utilizada como un gran centro de detención. Allí llevaron a cientos y cientos de prisioneros, que fueron amontonados en el ruedo. Según relatan los testigos de aquella atrocidad, se colocaron ametralladoras en distintos puntos del coso y, sin juicio alguno, se fusilaba a grupos enteros. Los disparos resonaban sin descanso y, después, los cuerpos eran retirados para dejar paso al siguiente grupo, que corría la misma suerte.
El número exacto de víctimas nunca se sabrá. Las estimaciones más aceptadas hablan de entre 1.000 y 4.000 personas asesinadas en la plaza de toros. El periodista estadounidense Jay Allen, que llegó a la ciudad poco después, aseguró que solo en la primera noche hubo unas 1.800 ejecuciones. Otros corresponsales, como el portugués Mário Neves o el francés Jacques Berthet, describieron escenas absolutamente dantescas: calles manchadas de sangre, cuerpos por todas partes y humo blanco saliendo del cementerio, donde se quemaban cadáveres para evitar epidemias o esconder pruebas.
Por otro lado, algunos trabajos de historiadores como Francisco Espinosa han documentado más de 1.500 víctimas solo en la capital, y hasta 6.610 en toda la provincia de Badajoz, basándose en los registros civiles y eclesiásticos. Sin embargo, también existen voces revisionistas que han tratado de minimizar la matanza o incluso negarla, aunque sus argumentos han sido rebatidos por la mayoría de especialistas. Los crímenes contra la humanidad nunca pueden negarse, salvo por quienes los cometieron o por sus descendientes.
La antigua plaza de toros fue finalmente demolida en 2002. En su lugar se levantó el Palacio de Congresos Manuel Rojas. Bajo el edificio hay una escultura en memoria de las víctimas, pero la señalización es escasa y no está siempre abierta al público. Cada 15 de agosto, asociaciones en defensa de la memoria histórica y democrática organizan actos en el viejo cementerio de San Juan para recordar a quienes murieron en aquellos días. También se han creado rutas históricas y exposiciones para que la memoria nunca se pierda, algo que algunas personas parecen querer evitar a toda costa. La razón quizá sea la misma de antes: los crímenes contra la humanidad son una mancha que nunca se limpia y un delito que no puede negarse, salvo por quienes tienen algún interés en ello.
A día de hoy, las palabras de Jay Allen siguen sobrecogiendo: “Filas de hombres, con los brazos en alto… hay ametralladoras esperándolos… la sangre subía un palmo del suelo”. Además, Mário Neves escribió sobre los cuerpos quemados y el olor insoportable que cubría la ciudad. Todos estos relatos, y muchos más, nos recuerdan que no hablamos de cifras, sino de vidas arrebatadas brutalmente.
La masacre de Badajoz es un ejemplo de cómo, en una guerra irracional y fratricida –como toda guerra–, lugares cotidianos pueden transformarse en auténticos escenarios de horror. No fue solo una batalla más dentro de las muchas que hubo durante la guerra, sino un acto planificado de exterminio contra quienes representaban un modelo de sociedad diferente. Por eso, a pesar del paso de los años y de los muchos intentos de silenciarla, esta historia sigue latiendo y la memoria de las víctimas sigue siendo reivindicada.
Recordar la masacre de Badajoz no es abrir viejas heridas, sino impedir que se vuelvan a abrir en el futuro.
Porque un país que olvida su historia corre el riesgo de repetirla.
Siempre ha sido así.

🇬🇧ENGLISH🇺🇸
The Forgotten Massacre of Badajoz
In the height of the summer of 1936, nearly 90 years ago, and scarcely a month after the Spanish Civil War began, the city of Badajoz became the scene of one of the war’s most horrific massacres.
On 14 August, rebel troops under the command of General Juan Yagüe, known as the Butcher of Badajoz, captured the city following a fierce offensive. From that moment, a massive repression was unleashed against anyone linked to or sympathetic to the Republic: militiamen, trade unionists, municipal officials, peasants, and ordinary citizens who had defended the city—or who were simply in the wrong place at the wrong time.
The old bullring in Badajoz, which no longer exists, was used as a large detention centre. Hundreds of prisoners were brought there and herded into the arena. According to witnesses of the atrocity, machine guns were placed at various points, and entire groups were executed without trial. Gunfire rang out relentlessly, and afterwards the bodies were removed to make way for the next group, who met the same fate.
The exact number of victims will never be known. The most widely accepted estimates range from 1,000 to 4,000 people killed in the bullring. American journalist Jay Allen, who arrived in the city shortly afterwards, reported that around 1,800 executions took place on the first night alone. Other correspondents, including the Portuguese Mário Neves and the French Jacques Berthet, described utterly nightmarish scenes: streets soaked in blood, bodies strewn everywhere, and white smoke rising from the cemetery, where corpses were burned to prevent epidemics or conceal evidence.
Meanwhile, the work of historians such as Francisco Espinosa has documented over 1,500 victims in the city itself, and up to 6,610 across the entire province of Badajoz, based on civil and ecclesiastical records. Yet revisionist voices have attempted to minimise—or even deny—the massacre, though their arguments have been refuted by the majority of specialists. Crimes against humanity can never be denied, except by those who committed them or their descendants.
The old bullring was finally demolished in 2002. In its place stands the Manuel Rojas Conference Centre. Beneath the building, a sculpture commemorates the victims, though signage is limited and it is not always open to the public. Every 15 August, associations devoted to historical and democratic memory organise ceremonies at the old San Juan cemetery to remember those who died during those days. Historical routes and exhibitions have also been created to ensure the memory is never lost—something that some appear determined to avoid. The reason, perhaps, remains the same as before: crimes against humanity are a stain that can never be washed away, and a crime that cannot be denied, except by those with an interest in doing so.
To this day, Jay Allen’s words remain haunting: “Rows of men, arms raised… machine guns waiting for them… the blood rose a hand’s breadth from the ground”. Mário Neves also wrote of the burned bodies and the unbearable stench that pervaded the city. All these accounts, and many more, remind us that we are not talking about numbers, but lives brutally taken.
The massacre of Badajoz is an example of how, in an irrational and fratricidal war—as all wars are—everyday places can be transformed into scenes of genuine horror. It was not merely another battle among the many fought during the war, but a planned act of extermination against those representing a different model of society. That is why, despite the passage of time and numerous attempts to silence it, this story continues to resonate, and the memory of the victims continues to be upheld.
Remembering the massacre of Badajoz is not about reopening old wounds; it is about ensuring they are never opened again.
For a country that forgets its history risks repeating it.
It has always been so.

🇮🇹ITALIANO🇸🇲
La Strage Dimenticata di Badajoz
Nel pieno dell’estate del 1936, quasi 90 anni fa, e a neanche un mese dall’inizio della Guerra Civile Spagnola, la città di Badajoz fu teatro di una delle più terribili stragi del conflitto.
Il 14 agosto, le truppe ribelli al comando del generale Juan Yagüe, noto come il Macellaio di Badajoz, conquistarono la città dopo una dura offensiva. Da quel momento iniziò una repressione massiccia contro chiunque fosse legato o simpatizzante della Repubblica: miliziani, sindacalisti, funzionari municipali, contadini e cittadini comuni che avevano difeso la città, o che si trovavano semplicemente nel posto sbagliato al momento sbagliato.
Il vecchio coso dei tori di Badajoz, oggi non più esistente, fu utilizzato come grande centro di detenzione. Centinaia di prigionieri furono portati lì e ammassati nell’arena. Secondo i testimoni di quella atrocità, furono posizionate mitragliatrici in diversi punti e interi gruppi furono fucilati senza processo. I colpi di arma da fuoco risuonavano incessantemente, e i corpi venivano poi rimossi per fare spazio al gruppo successivo, che subiva la stessa sorte.
Il numero esatto delle vittime non sarà mai conosciuto. Le stime più accreditate parlano di tra 1.000 e 4.000 persone uccise nel coso dei tori. Il giornalista americano Jay Allen, giunto in città poco dopo, riferì che nella sola prima notte furono eseguite circa 1.800 esecuzioni. Altri corrispondenti, tra cui il portoghese Mário Neves e il francese Jacques Berthet, descrissero scene assolutamente infernali: strade macchiate di sangue, corpi ovunque e fumo bianco che si alzava dal cimitero, dove i cadaveri venivano bruciati per prevenire epidemie o nascondere le prove.
Nel frattempo, il lavoro di storici come Francisco Espinosa ha documentato oltre 1.500 vittime solo nella città, e fino a 6.610 in tutta la provincia di Badajoz, sulla base dei registri civili ed ecclesiastici. Tuttavia, esistono anche voci revisioniste che hanno cercato di minimizzare o persino negare la strage, sebbene i loro argomenti siano stati confutati dalla maggior parte degli specialisti. I crimini contro l’umanità non possono mai essere negati, se non da chi li ha commessi o dai loro discendenti.
Il vecchio coso dei tori fu infine demolito nel 2002. Al suo posto sorse il Palazzo dei Congressi Manuel Rojas. Sotto l’edificio si trova una scultura in memoria delle vittime, sebbene la segnaletica sia scarsa e non sempre accessibile al pubblico. Ogni 15 agosto, associazioni dedicate alla memoria storica e democratica organizzano cerimonie presso l’antico cimitero di San Juan per ricordare chi morì in quei giorni. Sono stati creati anche percorsi storici ed esposizioni per assicurare che la memoria non vada mai perduta, qualcosa che alcuni sembrano determinati a evitare. La ragione, forse, resta la stessa di allora: i crimini contro l’umanità sono una macchia che non si può mai lavare, e un crimine che non può essere negato, se non da chi ha un interesse a farlo.
Ancora oggi, le parole di Jay Allen restano angoscianti: “File di uomini, braccia alzate… mitragliatrici ad attenderli… il sangue saliva di una mano da terra”. Anche Mário Neves scrisse dei corpi bruciati e del fetore insopportabile che avvolgeva la città. Tutte queste testimonianze, e molte altre, ci ricordano che non parliamo di numeri, ma di vite brutalmente strappate.
La strage di Badajoz è un esempio di come, in una guerra irrazionale e fratricida – come tutte le guerre – i luoghi quotidiani possano trasformarsi in autentici scenari di orrore. Non fu semplicemente un’altra battaglia tra le molte combattute durante la guerra, ma un atto pianificato di sterminio contro chi rappresentava un modello di società diverso. Per questo, nonostante il passare degli anni e i numerosi tentativi di silenziarla, questa storia continua a risuonare e la memoria delle vittime continua a essere tutelata.
Ricordare la strage di Badajoz non significa riaprire vecchie ferite; significa impedire che si riaprano in futuro.
Perché un paese che dimentica la propria storia rischia di ripeterla.
È sempre stato così.

🇫🇷FRANÇAIS🇨🇩
Le Massacre Oublié de Badajoz
Au cœur de l’été 1936, il y a près de 90 ans, et à peine un mois après le début de la guerre civile espagnole, la ville de Badajoz fut le théâtre de l’un des massacres les plus horribles du conflit.
Le 14 août, les troupes rebelles sous le commandement du général Juan Yagüe, surnommé le Boucher de Badajoz, prirent la ville après une offensive féroce. Dès lors, une répression massive s’abattit sur tous ceux qui étaient liés ou sympathisants de la République : miliciens, syndicalistes, fonctionnaires municipaux, paysans et citoyens ordinaires qui avaient défendu la ville ou qui se trouvaient simplement au mauvais endroit au mauvais moment.
L’ancienne arène de Badajoz, qui n’existe plus aujourd’hui, fut utilisée comme un vaste centre de détention. Des centaines de prisonniers y furent conduits et entassés dans l’arène. Selon les témoins de cette atrocité, des mitrailleuses furent disposées à différents endroits et des groupes entiers furent fusillés sans jugement. Les coups de feu retentissaient sans relâche, et les corps étaient ensuite retirés pour laisser place au groupe suivant, qui subissait le même sort.
Le nombre exact des victimes ne sera jamais connu. Les estimations les plus fiables parlent de 1 000 à 4 000 personnes tuées dans l’arène. Le journaliste américain Jay Allen, arrivé en ville peu après, rapporta que seulement la première nuit vit environ 1 800 exécutions. D’autres correspondants, comme le Portugais Mário Neves ou le Français Jacques Berthet, décrivirent des scènes absolument cauchemardesques : des rues maculées de sang, des corps éparpillés partout, et de la fumée blanche s’élevant du cimetière, où les cadavres étaient brûlés pour prévenir les épidémies ou dissimuler les preuves.
Par ailleurs, les travaux d’historiens tels que Francisco Espinosa ont documenté plus de 1 500 victimes rien que dans la ville, et jusqu’à 6 610 dans toute la province de Badajoz, en se basant sur les registres civils et ecclésiastiques. Cependant, il existe aussi des voix révisionnistes qui ont tenté de minimiser ou même de nier le massacre, bien que leurs arguments aient été réfutés par la majorité des spécialistes. Les crimes contre l’humanité ne peuvent jamais être niés, sauf par ceux qui les ont commis ou par leurs descendants.
L’ancienne arène fut finalement démolie en 2002. À sa place se trouve aujourd’hui le Palais des Congrès Manuel Rojas. Sous le bâtiment se trouve une sculpture en mémoire des victimes, mais la signalisation est limitée et le site n’est pas toujours accessible au public. Chaque 15 août, des associations dédiées à la mémoire historique et démocratique organisent des cérémonies au cimetière ancien de San Juan pour se souvenir de ceux qui sont morts ces jours-là. Des parcours historiques et des expositions ont également été créés afin que la mémoire ne soit jamais perdue—ce que certains semblent déterminés à éviter. La raison en est peut-être la même qu’autrefois : les crimes contre l’humanité sont une tache qui ne peut être effacée, et un crime que l’on ne peut nier, sauf par ceux qui ont un intérêt à le faire.
À ce jour, les mots de Jay Allen restent glaçants : « Des rangées d’hommes, les bras levés… des mitrailleuses les attendent… le sang montait à la hauteur d’une main du sol ». Mário Neves a également décrit les corps brûlés et l’odeur insupportable qui enveloppait la ville. Tous ces récits, et bien d’autres, nous rappellent que nous ne parlons pas de chiffres, mais de vies arrachées brutalement.
Le massacre de Badajoz est un exemple de la manière dont, dans une guerre irrationnelle et fratricide—comme toutes les guerres—des lieux du quotidien peuvent se transformer en véritables scènes d’horreur. Ce n’était pas seulement une bataille parmi tant d’autres durant la guerre, mais un acte planifié d’extermination contre ceux qui représentaient un modèle de société différent. C’est pourquoi, malgré le temps qui passe et les nombreuses tentatives pour le faire taire, cette histoire continue de résonner, et la mémoire des victimes continue d’être défendue.
Se souvenir du massacre de Badajoz n’est pas rouvrir de vieilles blessures ; c’est empêcher qu’elles ne s’ouvrent à nouveau.
Car un pays qui oublie son histoire risque de la répéter.
Il en a toujours été ainsi.

🇵🇹PORTUGUÊS🇧🇷
O Massacre Esquecido de Badajoz
No meio do verão de 1936, há quase 90 anos, e apenas um mês após o início da Guerra Civil Espanhola, a cidade de Badajoz foi palco de um dos massacres mais terríveis da guerra.
A 14 de agosto, as tropas rebeldes sob o comando do general Juan Yagüe, conhecido como o Açougueiro de Badajoz, tomaram a cidade após uma ofensiva feroz. A partir desse momento, começou uma repressão maciça contra pessoas ligadas ou simpáticas à República: milicianos, sindicalistas, funcionários municipais, camponeses e cidadãos comuns que haviam defendido a cidade ou que simplesmente se encontravam no lugar errado à hora errada.
A antiga praça de touros de Badajoz, que hoje não existe mais, foi usada como um grande centro de detenção. Centenas e centenas de prisioneiros foram levados para lá e amontoados na arena. Segundo testemunhas da atrocidade, metralhadoras foram posicionadas em diferentes pontos do recinto e grupos inteiros eram executados sem julgamento. Os disparos soavam incessantemente e, depois, os corpos eram retirados para dar lugar ao próximo grupo, que sofria o mesmo destino.
O número exato de vítimas nunca será conhecido. As estimativas mais aceitas indicam que entre 1.000 e 4.000 pessoas foram mortas na praça de touros. O jornalista norte-americano Jay Allen, que chegou à cidade pouco depois, afirmou que apenas na primeira noite ocorreram cerca de 1.800 execuções. Outros correspondentes, como o português Mário Neves e o francês Jacques Berthet, descreveram cenas absolutamente dantescas: ruas manchadas de sangue, corpos espalhados por toda parte e fumaça branca subindo do cemitério, onde os cadáveres eram queimados para evitar epidemias ou ocultar provas.
Por outro lado, alguns trabalhos de historiadores como Francisco Espinosa documentaram mais de 1.500 vítimas apenas na cidade, e até 6.610 em toda a província de Badajoz, com base em registos civis e eclesiásticos. No entanto, também existem vozes revisionistas que tentaram minimizar ou mesmo negar o massacre, embora os seus argumentos tenham sido refutados pela maioria dos especialistas. Crimes contra a humanidade nunca podem ser negados, exceto por aqueles que os cometeram ou por seus descendentes.
A antiga praça de touros foi finalmente demolida em 2002. Em seu lugar, foi construído o Palácio de Congressos Manuel Rojas. Sob o edifício, há uma escultura em memória das vítimas, mas a sinalização é escassa e nem sempre está aberta ao público. Todos os anos, a 15 de agosto, associações em defesa da memória histórica e democrática organizam eventos no antigo cemitério de San Juan para lembrar aqueles que morreram nesses dias. Também foram criados percursos históricos e exposições para que a memória nunca se perca—algo que algumas pessoas parecem querer evitar a todo custo. A razão talvez seja a mesma de antes: crimes contra a humanidade são uma mancha que nunca se apaga e um crime que não pode ser negado, exceto por aqueles que têm interesse nisso.
Até hoje, as palavras de Jay Allen permanecem chocantes: “Fileiras de homens, braços levantados… metralhadoras à espera… o sangue subia até a altura de uma mão do chão”. Além disso, Mário Neves escreveu sobre os corpos queimados e o cheiro insuportável que cobria a cidade. Todos esses relatos, e muitos outros, nos lembram de que não estamos falando de números, mas de vidas brutalmente arrancadas.
O massacre de Badajoz é um exemplo de como, numa guerra irracional e fratricida—como todas as guerras—lugares do dia a dia podem se transformar em verdadeiros cenários de horror. Não foi apenas mais uma batalha entre tantas durante a guerra, mas um ato planeado de extermínio contra aqueles que representavam um modelo de sociedade diferente. Por isso, apesar do passar dos anos e das muitas tentativas de silenciá-lo, esta história continua a ressoar e a memória das vítimas continua a ser reivindicada.
Lembrar o massacre de Badajoz não é reabrir velhas feridas, mas impedir que se abram novamente no futuro.
Porque um país que esquece a sua história corre o risco de repeti-la.
Sempre foi assim.
