El sueño de un mundo mejor

(Escrito en 🇪🇸🇲🇽- Written in 🇬🇧🇺🇸- Scritto in 🇮🇹🇸🇲- Rédigé en 🇫🇷🇨🇩- Escrito em 🇵🇹🇧🇷- Написано на 🇷🇺- 用中文 🇨🇳 撰写- مكتوب بالعربية 🇸🇦🇪🇬)

🇪🇸ESPAÑOL🇲🇽

A medida que pasan los años, vamos entendiendo que estas fechas guardan un significado muy distinto al que solemos darles. Más allá de las luces, los rituales litúrgicos o las tradiciones, son días que nos invitan a detenernos y a mirar hacia nuestro interior. Más allá de cuáles sean nuestras creencias, el amor y el cariño hacia quienes nos acompañan nos recuerdan aquello que es verdaderamente importante. 

A lo largo de nuestra vida, muchas personas dejarán una huella muy profunda. Algunas permanecerán siempre a nuestro lado; otras se marcharán sin que nadie les pida que lo hagan; algunas regresarán cuando menos lo esperemos, quizá justo en ese momento en que más las necesitemos; y otras, desgraciadamente, nunca más volverán. Pero incluso entonces, seguirán formando parte de quienes somos, vivas en la memoria, en los recuerdos compartidos y en ese lugar íntimo donde habitan los sentimientos que nunca desaparecen.

Lloramos ausencias y sentimos el vacío que dejan quienes ya no están, pero también sentimos el calor de quienes nos tendieron una mano en nuestros momentos más difíciles. Tal vez ahí resida una de las grandes lecciones de la vida. No se trata de pedir fuerza, sino de aceptar aquellos retos que nos permitan crecer, apoyándonos en la compañía, en la solidaridad y en el amor de quienes nos rodean. 

Pero más allá de los encuentros familiares alrededor de la mesa, no podemos olvidar a quienes no tienen nada que celebrar. A todas esas familias que se ven obligadas a separarse o a huir de sus hogares para escapar de la guerra, la pobreza, el hambre y de una muerte segura. A quienes sufren el rechazo en su propio hogar solo por ser, sentir, pensar o amar como cualquier persona tiene derecho a hacerlo. A las personas enfermas que ya no tienen fuerzas para abrazar a quienes aman. A quienes no tienen un hogar y cuya única compañía será el frío de la noche. Y a todas aquellas personas que vivirán estos días en soledad, esperando un abrazo de cariño o añorando escuchar un “te quiero” de quienes ya apenas les recuerdan.

En esta Nochebuena, mientras muchos nos reunimos con nuestras familias, tampoco olvidemos a quienes ven vulnerados sus derechos más básicos, derechos que deben prevalecer para toda persona, sin excepción alguna, sea cual sea su lugar de origen o sus circunstancias personales.

Vivimos en un mundo donde la paz sigue siendo frágil y esquiva. Las guerras en Ucrania y en Gaza, que es prácticamente un genocidio, nos recuerdan lo frágiles que los derechos humanos cuando hay una guerra. El sufrimiento, el desplazamiento forzoso y la muerte de miles de personas inocentes deberían conmovernos como humanidad. Cada vida perdida es una pérdida irreparable para toda la humanidad. El derecho a la paz y a la seguridad no son un privilegio, sino un derecho humano fundamental que hay que proteger y garantizar en todo momento. 

La comunidad internacional tiene la responsabilidad moral y legal de trabajar por soluciones pacíficas y duraderas, que aborden las causas de los conflictos y que sitúen a la dignidad humana en el centro de toda acción política. Las pequeñas acciones importan, pero deben nacer de un compromiso sincero, no de gestos vacíos y superficiales.

Nos queda un largo camino por recorrer para eliminar toda forma de violencia, odio y discriminación. La violencia contra mujeres y niñas sigue siendo una herida abierta en muchas partes del mundo. Pero la discriminación adopta múltiples rostros: por razón de género, orientación sexual, identidad, origen, religión, color de piel, pobreza o condición social. El racismo, la xenofobia, el antisemitismo, la aporofobia, la LGTBIfobia, el antigitanismo y otras formas de odio continúan dañando vidas, causando dolor y fracturando nuestra sociedad.

La diversidad no es una amenaza, es una fuente de riqueza. Aceptar nuestras diferencias y convivir desde el respeto es esencial para construir un mundo más justo, libre e igualitario. Por eso hay que romper los estereotipos, derribar los prejuicios y desafiar las normas que permiten aún la discriminación, la violencia, el desprecio y el odio. Trabajar por la igualdad no es una utopía, es una obligación ética y un objetivo que se puede alcanzar si realmente queremos.

En esta noche celebramos la llegada de aquel niño nacido para traer esperanza, luz y amor a toda la Humanidad. Un niño que, junto a su familia, se convirtió en refugiado nada más nacer, huyendo de una muerte segura, como hoy lo hacen miles de niños y niñas en distintas partes del mundo. Para conmemorar su nacimiento, nos reunimos alrededor de mesas llenas de alimentos, recordando a un hombre que transformó nuestra manera de entender el amor y la dignidad humana.

En el Judaísmo se le reconoce bajo el nombre de יְהוֹשֻׁעַ, Yehošuaʕ, o יֵשׁוּעַ, Yešuaʕ; en el Islam se le venera como عيسى ʿĪsā o Isa; y en el Cristianismo es conocido como Jesús. Sea cual sea nuestra fe o creencia, el mensaje que nos dejó trasciende cualquier religión y puede resumirse de forma sencilla: TE AMO Y NADA MÁS IMPORTA.

Por eso, en esta noche, pensemos en todas esas familias que, como José, María y el niño Jesús, se ven obligadas a huir para salvar sus vidas. Pensemos en quienes siguen siendo rechazados por quienes no aceptan una verdad tan básica como que todos los seres humanos nacemos libres e iguales en dignidad y derechos. En quienes viven atrapados en la soledad, en quienes luchan contra el hambre y el frío, y en quienes llevan años esperando y soñando en silencio un abrazo que les consuele.

Tal vez haya llegado el momento de volver a centrarnos en lo que de verdad importa, en aquello que realmente nos une y de ponerlo en práctica todos los días del año, y no solo en estas fechas. Nunca olvidemos que todas las personas tenemos un papel esencial para construir un mundo donde el respeto hacia todas las personas y hacia sus derechos humanos, básicos y elementales, sea algo verdaderamente universal.

Estos días nos invitan a actuar desde la compasión, comprensión, bondad y amor, cuatro pilares esenciales para un futuro más justo y en paz. Tenemos que comprometernos con el respeto y la protección de la dignidad humana inviolable de toda persona, sea quien sea. 

Esto es lo que quería compartir con todas y todos, junto a mis siete deseos, que ojalá os acompañen hoy, mañana y siempre:

Dignidad, Prosperidad, Felicidad, Paz, Amor, Salud y Suerte.

En esta noche mágica y de esperanza, hagamos posible el sueño de un mundo mejor.

Un mundo con mucha Luz.

¡FELICES FIESTAS!
¡FELIZ HANUKKAH!
¡FELIZ NAVIDAD!

🇬🇧ENGLISH🇺🇸
The Dream of a Better World

As the years go by, we begin to understand that these festive days hold a very different meaning from what we usually attribute to them. Beyond the lights, the religious rituals, or the traditions, these are days that invite us to pause and reflect inwardly. Beyond any belief, the love and affection we feel for those around us remind us of what is truly important.

Throughout our lives, many people will leave a deep mark. Some will remain by our side forever; others will leave without being asked; some may return when we least expect it, perhaps just when we need them most; and others, sadly, will never come back. Yet even then, they remain part of who we are, alive in our memories, in shared recollections, and in that intimate space where feelings never disappear.

We mourn absences and feel the emptiness left by those who are no longer with us, but we also feel the warmth of those who extended a helping hand in our most difficult moments. Perhaps there lies one of life’s great lessons: it is not about asking for strength, but about embracing challenges that allow us to grow, relying on the companionship, solidarity, and love of those around us.

Beyond family gatherings around the table, let us not forget those who have nothing to celebrate. All those families forced to flee from war, poverty, hunger, or certain death. Those rejected in their own homes for being, feeling, thinking, or loving as any person has the right to do. The sick who lack the strength to embrace loved ones. Those without a home, whose only company is the cold of the night. And all those who spend these days in solitude, longing for an embrace or for the words “I love you” from those who hardly remember them anymore.

On this Christmas Eve, while many of us gather with our families, let us also remember those whose most basic rights are violated, rights that must prevail for every person, without exception, regardless of their origin or circumstances.

We live in a world where peace remains fragile. Wars in Ukraine and Gaza remind us of the fragility of human rights in times of conflict. Suffering, forced displacement, and the death of thousands of innocent people should move us as a humanity. Each life lost is an irreparable loss for all of humanity. The right to peace and security is not a privilege but a fundamental human right that must be protected and guaranteed at all times.

The international community bears a moral and legal responsibility to work toward lasting and peaceful solutions, addressing the root causes of conflicts and placing human dignity at the centre of every political action. Small actions matter, but they must come from genuine commitment, not empty or superficial gestures.

There is still a long path ahead to eliminate all forms of violence, hatred, and discrimination. Violence against women and girls remains an open wound worldwide. Discrimination takes many forms: gender, sexual orientation, identity, origin, religion, skin colour, poverty, or social condition. Racism, xenophobia, antisemitism, aporophobia, LGBT-phobia, antigypsyism, and other forms of hatred continue to harm lives, causing pain and fracturing society.

Diversity is not a threat; it is a source of richness. Accepting our differences and living with respect is essential to building a fairer, freer, and more equal world. We must break stereotypes, dismantle prejudices, and challenge norms that still allow discrimination, violence, contempt, and hatred. Working for equality is not a utopia; it is an ethical duty and an achievable goal if we truly want it.

Tonight we celebrate the arrival of the child born to bring hope, light, and love to all humanity. A child who, with his family, became a refugee at birth, fleeing certain death, as thousands of children do today in different parts of the world. To commemorate his birth, we gather around tables filled with food, remembering a man who transformed our understanding of love and human dignity.

In Judaism, he is recognised as Yehošuaʕ or Yešuaʕ, in Islam as ʿĪsā or Isa, and in Christianity as Jesus. Whatever our faith or belief, the message he left transcends any religion and can be summed up simply and profoundly: I LOVE YOU AND NOTHING ELSE MATTERS.

Tonight, let us think of all those families who, like Joseph, Mary, and the child Jesus, are forced to flee for their lives. Let us think of those still rejected for failing to acknowledge the fundamental truth that all human beings are born free and equal in dignity and rights. Of those trapped in solitude, struggling with hunger and cold, and those who have been silently longing for an embrace for years.

Perhaps it is time to focus again on what truly matters, on what really unites us, and to put it into practice every day of the year, not only at this time. Let us never forget that each of us plays a vital role in building a world where respect for all people and their basic human rights is truly universal.

These days invite us to act with compassion, understanding, kindness, and love—four pillars essential for a fairer and more peaceful future. We must commit to respecting and protecting the inviolable human dignity of every person, whoever they may be.

This is what I wanted to share with all of you, along with my seven wishes, which I hope will accompany you today, tomorrow, and always:

Dignity, Prosperity, Happiness, Peace, Love, Health, and Luck.

On this magical night of hope, let us make the dream of a better world possible.

A world filled with light.

HAPPY HOLIDAYS!
HAPPY HANUKKAH!
MERRY CHRISTMAS!

🇮🇹ITALIANO🇸🇲
Il sogno di un mondo migliore

Con il passare degli anni, comprendiamo sempre meglio che queste festività hanno un significato molto diverso da quello che siamo abituati a dare loro. Oltre le luci, i riti religiosi o le tradizioni, questi sono giorni che ci invitano a fermarci e riflettere dentro di noi. Indipendentemente dalle credenze, l’amore e l’affetto verso chi ci sta accanto ci ricordano ciò che è veramente importante.

Nel corso della nostra vita, molte persone lasceranno un segno profondo. Alcune resteranno al nostro fianco per sempre; altre se ne andranno senza che nessuno lo chieda; alcune torneranno quando meno ce lo aspettiamo, forse proprio nel momento in cui ne abbiamo più bisogno; e altre, purtroppo, non torneranno mai. Eppure anche allora continueranno a far parte di chi siamo, vive nella memoria, nei ricordi condivisi e in quello spazio intimo dove i sentimenti non scompaiono mai.

Piangiamo le assenze e sentiamo il vuoto lasciato da chi non c’è più, ma proviamo anche il calore di chi ci ha teso una mano nei momenti più difficili. Forse qui risiede una delle grandi lezioni della vita: non si tratta di chiedere forza, ma di affrontare sfide che ci permettano di crescere, facendo affidamento sulla compagnia, sulla solidarietà e sull’amore di chi ci circonda.

Oltre agli incontri familiari intorno alla tavola, non dimentichiamo chi non ha nulla da celebrare. Tutte quelle famiglie costrette a fuggire da guerre, povertà, fame o morte certa. Coloro che sono rifiutati nelle loro case per essere, sentire, pensare o amare come chiunque ha diritto a fare. Malati che non hanno la forza di abbracciare i propri cari. Chi non ha una casa, la cui unica compagnia è il freddo della notte. E tutti coloro che passeranno questi giorni in solitudine, aspettando un abbraccio o ascoltando un “ti voglio bene” da chi ormai quasi non li ricorda più.

In questa vigilia di Natale, mentre molti di noi si riuniscono con le loro famiglie, ricordiamo anche chi vede violati i propri diritti più fondamentali, diritti che devono prevalere per ogni persona, senza eccezione, indipendentemente dal luogo d’origine o dalle circostanze.

Viviamo in un mondo dove la pace rimane fragile. Le guerre in Ucraina e a Gaza ci ricordano quanto siano fragili i diritti umani in tempi di conflitto. Sofferenza, sfollamento forzato e la morte di migliaia di innocenti dovrebbero commuoverci come umanità. Ogni vita persa è una perdita irreparabile per tutta l’umanità. Il diritto alla pace e alla sicurezza non è un privilegio, ma un diritto umano fondamentale da proteggere e garantire sempre.

La comunità internazionale ha la responsabilità morale e legale di lavorare per soluzioni pacifiche e durature, affrontando le cause profonde dei conflitti e mettendo la dignità umana al centro di ogni azione politica. Le piccole azioni contano, ma devono nascere da un impegno sincero, non da gesti vuoti e superficiali.

Abbiamo ancora molta strada da fare per eliminare tutte le forme di violenza, odio e discriminazione. La violenza contro donne e ragazze rimane una ferita aperta in molte parti del mondo. La discriminazione si manifesta in molte forme: genere, orientamento sessuale, identità, origine, religione, colore della pelle, povertà o condizione sociale. Razzismo, xenofobia, antisemitismo, aporofobia, omofobia, antigitanismo e altre forme di odio continuano a danneggiare vite, provocare dolore e frammentare la società.

La diversità non è una minaccia, è una fonte di ricchezza. Accettare le nostre differenze e convivere con rispetto è essenziale per costruire un mondo più giusto, libero e paritario. Dobbiamo rompere stereotipi, smantellare pregiudizi e sfidare norme che permettono ancora discriminazione, violenza, disprezzo e odio. Lavorare per l’uguaglianza non è utopia; è un dovere etico e un obiettivo raggiungibile se davvero lo vogliamo.

Questa notte celebriamo l’arrivo del bambino nato per portare speranza, luce e amore a tutta l’umanità. Un bambino che, insieme alla sua famiglia, è diventato rifugiato alla nascita, fuggendo da morte certa, come fanno oggi migliaia di bambini in diverse parti del mondo. Per commemorare la sua nascita, ci riuniamo attorno a tavole piene di cibo, ricordando un uomo che ha trasformato la nostra comprensione dell’amore e della dignità umana.

Nell’Ebraismo è riconosciuto come Yehošuaʕ o Yešuaʕ, nell’Islam come ʿĪsā o Isa, e nel Cristianesimo come Gesù. Qualunque sia la nostra fede o convinzione, il messaggio che ci ha lasciato trascende qualsiasi religione e può essere riassunto in modo semplice e profondo: TI AMO E NIENTE ALTRO IMPORTA.

Questa notte, pensiamo a tutte quelle famiglie che, come Giuseppe, Maria e il bambino Gesù, sono costrette a fuggire per salvare la propria vita. Pensiamo a chi viene ancora rifiutato da chi non riconosce la verità fondamentale che tutti gli esseri umani nascono liberi e uguali in dignità e diritti. A chi vive intrappolato nella solitudine, a chi lotta contro la fame e il freddo, e a chi da anni attende in silenzio un abbraccio consolatore.

Forse è arrivato il momento di concentrarci nuovamente su ciò che conta davvero, su ciò che ci unisce realmente, e di metterlo in pratica ogni giorno dell’anno, non solo in queste festività. Non dimentichiamo mai che ciascuno di noi ha un ruolo essenziale nella costruzione di un mondo in cui il rispetto per tutte le persone e per i loro diritti umani fondamentali sia davvero universale.

Questi giorni ci invitano ad agire con compassione, comprensione, gentilezza e amore: quattro pilastri indispensabili per un futuro più giusto e in pace. Dobbiamo impegnarci per il rispetto e la protezione della dignità umana inviolabile di ogni persona, chiunque essa sia.

Questo è ciò che volevo condividere con tutti voi, insieme ai miei sette desideri, che spero vi accompagnino oggi, domani e sempre:

Dignità, Prosperità, Felicità, Pace, Amore, Salute e Fortuna.

In questa notte magica e piena di speranza, rendiamo possibile il sogno di un mondo migliore.

Un mondo pieno di luce.

BUONE FESTE!
BUON HANUKKAH!
BUON NATALE!

🇫🇷FRANÇAIS🇨🇩
Le rêve d’un monde meilleur

Au fil des années, nous comprenons que ces dates ont une signification bien différente de celle que nous leur donnons habituellement. Au-delà des lumières, des rituels religieux ou des traditions, ce sont des jours qui nous invitent à nous arrêter et à regarder à l’intérieur de nous-mêmes. Quelle que soit notre croyance, l’amour et l’affection envers ceux qui nous entourent nous rappellent ce qui est véritablement important.

Au cours de notre vie, de nombreuses personnes laisseront une empreinte profonde. Certaines resteront toujours à nos côtés ; d’autres partiront sans que personne ne le leur demande ; certaines reviendront lorsque nous nous y attendrons le moins, peut-être au moment précis où nous en aurons le plus besoin ; et d’autres, malheureusement, ne reviendront jamais. Mais même dans ce cas, elles continueront de faire partie de ce que nous sommes, vivantes dans nos souvenirs, dans la mémoire partagée et dans cet espace intime où résident les sentiments qui ne disparaissent jamais.

Nous pleurons les absences et ressentons le vide laissé par ceux qui ne sont plus là, mais nous ressentons aussi la chaleur de ceux qui nous ont tendu la main dans nos moments les plus difficiles. Peut-être est-ce là l’une des grandes leçons de la vie. Il ne s’agit pas de demander de la force, mais d’accepter les défis qui nous permettent de grandir, en nous appuyant sur la compagnie, la solidarité et l’amour de ceux qui nous entourent.

Mais au-delà des réunions familiales autour de la table, nous ne pouvons pas oublier ceux qui n’ont rien à célébrer. Toutes ces familles qui sont contraintes de se séparer ou de fuir leur foyer pour échapper à la guerre, à la pauvreté, à la faim ou à une mort certaine. Ceux qui subissent le rejet dans leur propre foyer simplement parce qu’ils sont, ressentent, pensent ou aiment comme toute personne a le droit de le faire. Les personnes malades qui n’ont plus la force d’embrasser ceux qu’elles aiment. Ceux qui n’ont pas de foyer et dont la seule compagnie sera le froid de la nuit. Et toutes ces personnes qui passeront ces jours dans la solitude, attendant un geste d’affection ou espérant entendre un « je t’aime » de ceux qui à peine se souviennent encore d’eux.

En cette veille de Noël, alors que beaucoup d’entre nous se rassemblent avec leurs familles, n’oublions pas non plus ceux dont les droits fondamentaux sont violés, des droits qui doivent prévaloir pour chaque personne, sans exception, quel que soit leur lieu d’origine ou leurs circonstances personnelles.

Nous vivons dans un monde où la paix reste fragile et insaisissable. Les guerres en Ukraine et à Gaza, qui relèvent pratiquement du génocide, nous rappellent à quel point les droits humains sont vulnérables en temps de guerre. La souffrance, les déplacements forcés et la mort de milliers d’innocents devraient nous émouvoir en tant qu’humanité. Chaque vie perdue est une perte irréparable pour toute l’humanité. Le droit à la paix et à la sécurité n’est pas un privilège, mais un droit humain fondamental qu’il faut protéger et garantir en tout temps.

La communauté internationale a la responsabilité morale et légale de travailler à des solutions pacifiques et durables, abordant les causes profondes des conflits et plaçant la dignité humaine au centre de toute action politique. Les petites actions comptent, mais elles doivent naître d’un engagement sincère, et non de gestes vides et superficiels.

Nous avons encore un long chemin à parcourir pour éliminer toutes les formes de violence, de haine et de discrimination. La violence contre les femmes et les filles reste une plaie ouverte dans de nombreuses régions du monde. La discrimination prend de multiples visages : sexe, orientation sexuelle, identité, origine, religion, couleur de peau, pauvreté ou condition sociale. Le racisme, la xénophobie, l’antisémitisme, l’aporophobie, la LGBTIphobie, l’antitsiganisme et d’autres formes de haine continuent de blesser, de causer de la douleur et de fracturer notre société.

La diversité n’est pas une menace, c’est une richesse. Accepter nos différences et vivre dans le respect est essentiel pour construire un monde plus juste, libre et égalitaire. Il faut briser les stéréotypes, déconstruire les préjugés et défier les normes qui permettent encore la discrimination, la violence, le mépris et la haine. Travailler pour l’égalité n’est pas une utopie, c’est un devoir éthique et un objectif atteignable si nous le voulons vraiment.

Ce soir, nous célébrons l’arrivée de cet enfant né pour apporter espoir, lumière et amour à toute l’humanité. Un enfant qui, avec sa famille, est devenu réfugié dès sa naissance, fuyant une mort certaine, tout comme des milliers d’enfants et de familles dans le monde aujourd’hui. Pour commémorer sa naissance, nous nous rassemblons autour de tables garnies de nourriture, nous souvenant d’un homme qui a transformé notre manière de comprendre l’amour et la dignité humaine.

Dans le judaïsme, il est reconnu sous le nom de יְהוֹשֻׁעַ, Yehošuaʕ, ou יֵשׁוּעַ, Yešuaʕ ; dans l’islam, il est vénéré comme عيسى ʿĪsā ou Isa ; et dans le christianisme, il est connu sous le nom de Jésus. Quelle que soit notre foi ou croyance, le message qu’il a laissé transcende toute religion et peut se résumer de manière simple et profonde : JE T’AIME ET RIEN D’AUTRE N’EST IMPORTANT.

C’est pourquoi ce soir, pensons à toutes ces familles qui, comme Joseph, Marie et l’enfant Jésus, sont contraintes de fuir pour sauver leur vie. Pensons à ceux qui continuent d’être rejetés par ceux qui ne reconnaissent pas la vérité fondamentale que tous les êtres humains naissent libres et égaux en dignité et en droits. À ceux qui vivent enfermés dans la solitude, à ceux qui luttent contre la faim et le froid, et à ceux qui attendent depuis des années, en silence, un câlin réconfortant.

Peut-être est-il temps de revenir à ce qui compte vraiment, à ce qui nous unit réellement, et de le pratiquer tous les jours de l’année, et pas seulement pendant ces fêtes. N’oublions jamais que chacun de nous a un rôle essentiel dans la construction d’un monde où le respect de toutes les personnes et de leurs droits humains fondamentaux est vraiment universel.

Ces jours nous invitent à agir avec compassion, compréhension, bonté et amour : quatre piliers essentiels pour un avenir plus juste et en paix. Nous devons nous engager à respecter et à protéger la dignité humaine inviolable de chaque personne, quelle qu’elle soit.

C’est ce que je voulais partager avec vous tous, accompagné de mes sept vœux, qui, je l’espère, vous accompagneront aujourd’hui, demain et toujours :

Dignité, Prospérité, Bonheur, Paix, Amour, Santé et Chance.

En cette nuit magique et pleine d’espoir, rendons possible le rêve d’un monde meilleur.

Un monde rempli de lumière.

JOYEUSES FÊTES !
JOYEUX HANOUKKA !
JOYEUX NOËL !

🇵🇹PORTUGUÊS🇧🇷
O sonho de um mundo melhor

Com o passar dos anos, vamos entendendo que estas datas têm um significado muito diferente daquele que normalmente lhes damos. Para além das luzes, dos rituais religiosos ou das tradições, são dias que nos convidam a parar e a olhar para dentro de nós mesmos. Independentemente das nossas crenças, o amor e o carinho por aqueles que nos acompanham lembram-nos do que é verdadeiramente importante.

Ao longo da nossa vida, muitas pessoas deixarão uma marca profunda. Algumas permanecerão sempre ao nosso lado; outras partirão sem que ninguém lhes peça; algumas voltarão quando menos esperarmos, talvez exatamente no momento em que mais precisarmos delas; e outras, infelizmente, nunca mais voltarão. Mas mesmo assim, continuarão a fazer parte de quem somos, vivas na memória, nas recordações partilhadas e naquele espaço íntimo onde habitam os sentimentos que nunca desaparecem.

Lamentamos as ausências e sentimos o vazio deixado por aqueles que já não estão presentes, mas também sentimos o calor daqueles que nos estenderam a mão nos momentos mais difíceis. Talvez aí resida uma das grandes lições da vida. Não se trata de pedir força, mas de aceitar os desafios que nos permitem crescer, apoiando-nos na companhia, na solidariedade e no amor de quem nos rodeia.

Mas para além dos encontros familiares à mesa, não podemos esquecer aqueles que não têm nada para celebrar. Todas as famílias que são obrigadas a separar-se ou a fugir das suas casas para escapar à guerra, à pobreza, à fome ou à morte certa. Aqueles que sofrem rejeição no seu próprio lar simplesmente por serem, sentirem, pensarem ou amarem como qualquer pessoa tem direito de o fazer. As pessoas doentes que já não têm forças para abraçar aqueles que amam. Aqueles que não têm um lar e cuja única companhia será o frio da noite. E todas aquelas pessoas que passarão estes dias na solidão, esperando um gesto de carinho ou desejando ouvir um “amo-te” daqueles que mal se lembram delas.

Nesta véspera de Natal, enquanto muitos nos reunimos com as nossas famílias, não nos esqueçamos também daqueles cujos direitos mais básicos são violados, direitos que devem prevalecer para cada pessoa, sem exceção, independentemente do seu local de origem ou das suas circunstâncias pessoais.

Vivemos num mundo onde a paz continua frágil e esquiva. As guerras na Ucrânia e em Gaza, que são praticamente um genocídio, lembram-nos da vulnerabilidade dos direitos humanos em tempos de guerra. O sofrimento, o deslocamento forçado e a morte de milhares de inocentes deveriam comover-nos enquanto humanidade. Cada vida perdida é uma perda irreparável para toda a humanidade. O direito à paz e à segurança não é um privilégio, mas um direito humano fundamental que deve ser protegido e garantido em todos os momentos.

A comunidade internacional tem a responsabilidade moral e legal de trabalhar por soluções pacíficas e duradouras, abordando as causas profundas dos conflitos e colocando a dignidade humana no centro de toda ação política. As pequenas ações contam, mas devem nascer de um compromisso sincero, e não de gestos vazios e superficiais.

Ainda temos um longo caminho a percorrer para eliminar todas as formas de violência, ódio e discriminação. A violência contra mulheres e meninas continua a ser uma ferida aberta em muitas partes do mundo. A discriminação assume múltiplas formas: género, orientação sexual, identidade, origem, religião, cor da pele, pobreza ou condição social. O racismo, a xenofobia, o antissemitismo, a aporofobia, a LGBTIfobia, o antigitanismo e outras formas de ódio continuam a ferir vidas, a causar dor e a fragmentar a nossa sociedade.

A diversidade não é uma ameaça, é uma riqueza. Aceitar as nossas diferenças e conviver com respeito é essencial para construir um mundo mais justo, livre e igualitário. Por isso, devemos quebrar estereótipos, derrubar preconceitos e desafiar normas que ainda permitem discriminação, violência, desprezo e ódio. Trabalhar pela igualdade não é uma utopia, é um dever ético e um objetivo alcançável se tivermos verdadeira vontade.

Nesta noite, celebramos a chegada daquela criança nascida para trazer esperança, luz e amor à Humanidade. Uma criança que, juntamente com a sua família, se tornou refugiada logo ao nascer, fugindo de uma morte certa, tal como hoje fazem milhares de crianças e famílias em diferentes partes do mundo. Para comemorar o seu nascimento, reunimo-nos em torno de mesas cheias de alimentos, lembrando-nos de um homem que transformou a nossa forma de compreender o amor e a dignidade humana.

No Judaísmo, ele é reconhecido pelo nome יְהוֹשֻׁעַ, Yehošuaʕ, ou יֵשׁוּעַ, Yešuaʕ; no Islão, é venerado como عيسى ʿĪsā ou Isa; e no Cristianismo, é conhecido como Jesus. Seja qual for a nossa fé ou crença, a mensagem que nos deixou transcende qualquer religião e pode ser resumida de forma simples e profunda: EU AMO-TE E MAIS NADA IMPORTA.

Por isso, nesta noite, pensemos em todas aquelas famílias que, como José, Maria e o menino Jesus, são obrigadas a fugir para salvar as suas vidas. Pensemos naqueles que continuam a ser rejeitados por quem não aceita a verdade fundamental de que todos os seres humanos nascem livres e iguais em dignidade e direitos. Naqueles que vivem presos na solidão, naqueles que lutam contra a fome e o frio, e naqueles que há anos esperam em silêncio um abraço reconfortante.

Talvez tenha chegado o momento de voltar a centrar-nos no que realmente importa, naquilo que nos une verdadeiramente, e pô-lo em prática todos os dias do ano, e não apenas nesta época. Nunca nos esqueçamos de que cada pessoa tem um papel essencial na construção de um mundo onde o respeito por todos e pelos seus direitos humanos básicos e fundamentais seja verdadeiramente universal.

Estes dias convidam-nos a agir com compaixão, compreensão, bondade e amor: quatro pilares essenciais para um futuro mais justo e em paz. Devemos comprometer-nos a respeitar e proteger a dignidade humana inviolável de cada pessoa, seja quem for.

É isto que queria partilhar com todos vocês, acompanhado pelos meus sete desejos, que, espero, vos acompanhem hoje, amanhã e sempre:

Dignidade, Prosperidade, Felicidade, Paz, Amor, Saúde e Sorte.

Nesta noite mágica e cheia de esperança, tornemos possível o sonho de um mundo melhor.

Um mundo cheio de Luz.

FELIZES FESTAS!
FELIZ HANUCÁ!
FELIZ NATAL!

🇷🇺 РУССКИЙ 🇧🇾
Мечта о лучшем мире

С годами мы начинаем понимать, что эти дни несут в себе совсем иной смысл, нежели тот, к которому мы привыкли. За пределами огней, литургических ритуалов и традиций это время приглашает нас остановиться и заглянуть внутрь себя. Независимо от наших убеждений, любовь и забота о тех, кто рядом с нами, напоминают нам о том, что действительно важно.

На протяжении жизни многие люди оставляют в нас глубокий след. Одни остаются рядом навсегда; другие уходят, не прощаясь; кто-то возвращается неожиданно, возможно, именно тогда, когда мы нуждаемся в этом больше всего; а некоторые, к сожалению, не возвращаются никогда. Но даже тогда они продолжают быть частью нас — живыми в памяти, в общих воспоминаниях и в том сокровенном месте, где обитают чувства, которые никогда не исчезают.

Мы скорбим об утрате и чувствуем пустоту, оставленную теми, кого больше нет, но в то же время ощущаем тепло тех, кто протянул нам руку помощи в самые трудные моменты. Возможно, в этом и заключается один из главных уроков жизни. Речь не о том, чтобы просить сил, а о том, чтобы принять испытания, которые помогают нам расти, опираясь на поддержку, солидарность и любовь окружающих.

Но за пределами семейных встреч за праздничным столом мы не можем забывать о тех, кому нечего праздновать. О семьях, вынужденных разлучаться или покидать свои дома, спасаясь от войны, бедности, голода и неминуемой смерти. О тех, кто сталкивается с отвержением в собственном доме лишь за то, что они есть, чувствуют, думают или любят так, как каждый человек имеет право. О больных, у которых больше нет сил обнять тех, кого они любят. О людях без дома, чьим единственным спутником становится холод ночи. И о всех тех, кто проведёт эти дни в одиночестве, ожидая жеста тепла или тоскуя по словам «я тебя люблю» от тех, кто уже почти их забыл.

В этот сочельник, когда многие из нас собираются с семьями, давайте не забывать о тех, чьи самые базовые права нарушаются — правах, которые должны принадлежать каждому человеку без исключения, независимо от места рождения или жизненных обстоятельств.

Мы живём в мире, где мир остаётся хрупким и ускользающим. Войны в Украине и Газе напоминают нам о том, насколько уязвимы права человека в условиях вооружённых конфликтов. Страдания, вынужденное перемещение и гибель тысяч невинных людей должны волновать нас как человечество. Каждая потерянная жизнь — это невосполнимая утрата для всего мира. Право на мир и безопасность — не привилегия, а фундаментальное право человека, которое необходимо защищать и гарантировать всегда.

Международное сообщество несёт моральную и юридическую ответственность за поиск мирных и устойчивых решений, устраняющих коренные причины конфликтов и ставящих человеческое достоинство в центр любой политической деятельности. Малые поступки имеют значение, но они должны рождаться из искренней приверженности, а не из пустых и поверхностных жестов.

Нам ещё предстоит долгий путь, чтобы искоренить все формы насилия, ненависти и дискриминации. Насилие в отношении женщин и девочек остаётся открытой раной во многих уголках мира. Но дискриминация имеет множество лиц: по признаку пола, сексуальной ориентации, идентичности, происхождения, религии, цвета кожи, бедности или социального положения. Расизм, ксенофобия, антисемитизм, апорофобия, ЛГБТИфобия, антицыганские настроения и другие формы ненависти продолжают разрушать жизни, причинять боль и раскалывать общество.

Разнообразие — не угроза, а источник богатства. Принятие наших различий и уважительное сосуществование необходимы для построения более справедливого, свободного и равноправного мира. Поэтому важно разрушать стереотипы, преодолевать предрассудки и бросать вызов нормам, которые всё ещё допускают дискриминацию, насилие, презрение и ненависть. Стремление к равенству — не утопия, а этическая обязанность и достижимая цель, если мы действительно этого хотим.

В эту ночь мы отмечаем рождение ребёнка, принесшего надежду, свет и любовь всему человечеству. Ребёнка, который вместе со своей семьёй стал беженцем с самого рождения, спасаясь от неминуемой смерти, как это сегодня происходит с тысячами детей по всему миру. Отмечая его рождение, мы собираемся за столами, полными еды, вспоминая человека, изменившего наше понимание любви и человеческого достоинства.

В иудаизме его знают как יְהוֹשֻׁעַ (Йехошуа) или יֵשׁוּעַ (Йешуа); в исламе его почитают как عيسى (ʿИса); а в христианстве он известен как Иисус. Независимо от нашей веры или убеждений, оставленное им послание выходит за рамки любой религии и может быть выражено просто: Я ЛЮБЛЮ ТЕБЯ, И БОЛЬШЕ НИЧТО НЕ ИМЕЕТ ЗНАЧЕНИЯ.

Поэтому в эту ночь давайте вспомним все те семьи, которые, подобно Иосифу, Марии и младенцу Иисусу, вынуждены бежать, чтобы спасти свои жизни. Вспомним тех, кого по-прежнему отвергают за непринятие простой истины: все люди рождаются свободными и равными в своём достоинстве и правах. Тех, кто живёт в одиночестве, кто борется с голодом и холодом, и тех, кто годами в тишине мечтает об утешительном объятии.

Возможно, пришло время вновь сосредоточиться на том, что действительно важно, на том, что нас объединяет, и воплощать это в жизнь каждый день, а не только в праздничные даты. Никогда не забывайте: каждый из нас играет важную роль в построении мира, где уважение к каждому человеку и его основным правам станет по-настоящему универсальным.

Эти дни призывают нас действовать, руководствуясь состраданием, пониманием, добротой и любовью — четырьмя основами более справедливого и мирного будущего. Мы должны взять на себя обязательство уважать и защищать неприкосновенное человеческое достоинство каждого, кем бы он ни был.

Вот чем я хотел(а) поделиться со всеми вами, вместе с моими семью пожеланиями, которые, надеюсь, будут сопровождать вас сегодня, завтра и всегда:

Достоинство, Процветание, Счастье, Мир, Любовь, Здоровье и Удача.

В эту волшебную и наполненную надеждой ночь давайте сделаем мечту о лучшем мире реальностью.

Мире, полном Света.

С ПРАЗДНИКАМИ!
С ХАНУКОЙ!
С РОЖДЕСТВОМ ХРИСТОВЫМ!

🇨🇳 中文🇨🇳
美好世界的梦想

随着岁月流逝,我们逐渐明白,这些节日蕴含的意义远比我们通常赋予它们的更深刻。超越灯光、宗教仪式或传统,它们提醒我们停下脚步,倾听内心。无论信仰如何,对身边人的爱与关怀让我们意识到真正重要的东西。

在我们的一生中,许多人会在我们心中留下深刻的印记。有些人会永远陪伴在我们身边;有些人会在无人要求的情况下离开;有些人会在意想不到的时候回到我们身边,或许正是在我们最需要的时候;而另一些人,遗憾的是,再也不会回来。但即使如此,他们仍然是我们的一部分,活在记忆中,活在共同的回忆里,活在那片情感永不消逝的心灵之地。

我们为缺席而流泪,为已逝之人的空虚而感伤,但同时也感受到那些在我们最困难时伸出援手的人的温暖。也许,这正是人生的一大课题。重点不是请求力量,而是接受那些让我们成长的挑战,并在身边人的陪伴、团结与爱中获得支持。

然而,除了家庭团聚的时刻,当几乎所有家庭围坐在丰盛的餐桌旁时,我们不能忘记那些无所庆祝的人。那些被迫离开或逃离家园以躲避战争、贫困、饥饿甚至死亡的家庭。那些仅因真实自我而在家中遭受排斥的人。那些病重无力拥抱所爱之人的人。那些无家可归、唯一陪伴是寒夜的人。还有那些将在孤独中度过节日、渴望被拥抱、渴望听到“我爱你”的人。

在这个平安夜,当许多人与家人团聚时,也不要忘记那些最基本权利受到侵犯的人,这些权利应适用于每个人,无论其出身或个人情况如何。

我们生活在一个和平依然脆弱的世界中。乌克兰和加沙的战争提醒我们,在战争中人权是多么脆弱。无辜者的痛苦、被迫流离失所以及成千上万人的死亡,应该让全人类为之动容。每一条生命的逝去,都是对整个人类的不可弥补的损失。和平与安全的权利不是特权,而是必须随时保护和保障的人权。

国际社会负有道义和法律责任,致力于和平、持久的解决方案,解决冲突根源,并将人的尊严置于所有政治行动的核心。微小的行动很重要,但必须发自真心,而非空洞的举动。

我们还有很长的路要走,以消除一切形式的暴力、仇恨与歧视。针对妇女和女孩的暴力在世界许多地方仍是一道伤口。歧视以多种面貌存在:基于性别、性取向、身份、出身、宗教、肤色、贫困或社会状况。种族主义、仇外心理、反犹主义、恐贫症、LGBT恐惧症、反吉普赛主义及其他形式的仇恨持续伤害生命,造成痛苦,分裂社会。

多样性不是威胁,而是财富。接纳差异、尊重共处是建设一个更公正、自由和平等世界的关键。因此,我们必须打破刻板印象,消除偏见,挑战允许歧视、暴力、蔑视与仇恨存在的规范。追求平等不是乌托邦,而是道德义务与可实现目标,只要我们真心付诸行动。

今晚,我们庆祝那位降生的孩子带来希望、光明与爱。他与家人一同成为新生的难民,逃离迫在眉睫的死亡,如今世界上成千上万的儿童也在经历相似的命运。为纪念他的诞生,我们围坐在丰盛的餐桌旁,回忆这位改变我们对爱与人类尊严理解的人。

在犹太教中,他被称为 יְהוֹשֻׁעַ Yehošuaʕ 或 יֵשׁוּעַ Yešuaʕ;在伊斯兰教中,他被称为 عيسى ʿĪsā 或 Isa;在基督教中,他被称为耶稣。无论信仰如何,他留下的信息超越宗教,可以用一句话概括:我爱你,仅此而已。

因此,在这个夜晚,让我们想起那些如约瑟、玛丽亚和耶稣婴孩般,为了生存被迫逃离的家庭。想起那些因不被接受而遭排斥的人。想起孤独中的人,抗争饥饿与寒冷的人,以及多年默默渴望慰藉拥抱的人。

也许,是时候重新聚焦真正重要的事情,将其贯彻于全年,而不仅仅是节日期间。永远不要忘记,每个人在建设一个尊重所有人及其基本权利的世界中,都扮演着关键角色。

这些日子提醒我们,从同情、理解、善意与爱出发,播撒四个支柱,为一个更公正与和平的未来奠基。我们必须承诺尊重并保护每个人不可侵犯的人类尊严。

这就是我想与大家分享的内容,并附上我的七个愿望,希望它们今天、明天以及永远伴随你们:

尊严、繁荣、幸福、和平、爱、健康与好运。

在这个充满魔力与希望的夜晚,让我们实现一个更美好的世界的梦想。

一个充满光明的世界。

节日快乐!
光明安息!
圣诞快乐!

🇸🇦 العربية 🇪🇬

حلم عالم أفضل

مع مرور السنوات، ندرك أن هذه المناسبات تحمل معنى مختلفًا تمامًا عما نعتاد على اعتباره. بعيدًا عن الأضواء والطقوس الدينية أو التقاليد، فإن هذه الأيام تدعونا للتوقف والنظر إلى داخل أنفسنا. بغض النظر عن معتقداتنا، فإن الحب والمودة تجاه من يرافقوننا يذكّرنا بما هو فعلاً مهم.

طوال حياتنا، سيترك العديد من الأشخاص أثرًا عميقًا. بعضهم سيظل دائمًا إلى جانبنا؛ آخرون سيرحلون دون أن يطلب أحد منهم ذلك؛ البعض سيعود في أوقات غير متوقعة، ربما في اللحظة التي نحتاجهم فيها أكثر؛ وآخرون، للأسف، لن يعودوا أبدًا. ومع ذلك، يظلون جزءًا من كياننا، أحياء في الذكريات والتجارب المشتركة، وفي ذلك المكان الداخلي حيث تعيش المشاعر التي لا تختفي أبدًا.

نحزن على غياب من رحلوا ونشعر بالفراغ الذي تركوه، لكننا أيضًا نشعر بدفء من مدّوا لنا يد العون في أصعب لحظاتنا. ربما تكمن هناك إحدى أعظم دروس الحياة. المسألة ليست طلب القوة، بل قبول التحديات التي تساعدنا على النمو، بالاعتماد على الحب والدعم والتضامن من حولنا.

ومع ذلك، بعيدًا عن لقاءاتنا العائلية حول المائدة، يجب ألا ننسى من لا شيء لديهم للاحتفال به. كل تلك العائلات التي تُجبر على الانفصال أو الهروب من منازلها هربًا من الحرب أو الفقر أو الجوع أو الموت المحتوم. من يعانون من الرفض في منازلهم لمجرد كونهم أو شعورهم أو تفكيرهم أو حبهم كما يحق لأي شخص أن يفعل. المرضى الذين لم يعد لديهم القوة لاحتضان أحبائهم. من لا مأوى لهم وتكون وحدتهم الوحيدة هي برد الليل. وكل من سيقضي هذه الأيام وحيدًا، منتظرًا حضنًا مليئًا بالحب أو متمنيًا سماع «أحبك» من أحبائهم الذين بالكاد يتذكرونهم.

في ليلة عيد الميلاد هذه، بينما يجتمع الكثيرون منا مع عائلاتهم، لا ننسى أيضًا من تنتهك حقوقهم الأساسية، الحقوق التي يجب أن تسري على الجميع دون استثناء، بغض النظر عن مكانهم أو ظروفهم.

نعيش في عالم حيث السلام لا يزال هشًا وهشًا للغاية. الحروب في أوكرانيا وغزة تذكّرنا بمدى ضعف حقوق الإنسان أثناء الحرب. المعاناة، والنزوح القسري، وموت آلاف الأبرياء يجب أن تهز ضميرنا الإنساني. كل حياة مفقودة تمثل خسارة لا تعوّض للبشرية جمعاء. الحق في السلام والأمن ليس امتيازًا، بل هو حق إنساني أساسي يجب حمايته وضمانه في كل لحظة.

المجتمع الدولي يتحمل المسؤولية الأخلاقية والقانونية للعمل من أجل حلول سلمية ومستدامة، ومعالجة الأسباب الجذرية للنزاعات، ووضع كرامة الإنسان في قلب كل عمل سياسي. الأعمال الصغيرة مهمة، لكنها يجب أن تنبع من التزام صادق، وليس من أجل الظهور فقط.

لا يزال أمامنا طريق طويل للقضاء على كل أشكال العنف والكراهية والتمييز. العنف ضد النساء والفتيات لا يزال جرحًا مفتوحًا في أجزاء كثيرة من العالم. ومع ذلك، فإن التمييز يتخذ أشكالًا متعددة: بسبب الجنس، التوجه الجنسي، الهوية، الأصل، الدين، لون البشرة، الفقر أو الوضع الاجتماعي. العنصرية، كراهية الأجانب، معاداة السامية، رهاب الفقر، رهاب المثلية، رهاب الغجر وأشكال أخرى من الكراهية تستمر في إيذاء الأرواح، وإحداث الألم، وتفتيت المجتمع.

التنوع ليس تهديدًا، بل مصدر ثراء. قبول اختلافاتنا والتعايش بالاحترام أمر أساسي لبناء عالم أكثر عدلاً وحرية ومساواة. لذلك، علينا كسر الصور النمطية، وتفكيك الأحكام المسبقة، وتحدي القواعد التي ما زالت تسمح بالتمييز والعنف والازدراء والكراهية. العمل من أجل المساواة ليس حلمًا utopia، بل واجب أخلاقي وهدف يمكن تحقيقه إذا كان لدينا إرادة حقيقية.

في هذه الليلة، نحتفل بميلاد الطفل الذي جاء ليجلب الأمل والنور والحب للبشرية. هذا الطفل، مع عائلته، أصبح لاجئًا منذ ولادته، هاربًا من الموت المحتوم، كما يفعل اليوم آلاف الأطفال في مختلف أنحاء العالم. لتكريم ميلاده، نجتمع حول موائد مليئة بالطعام، مذكرين أنفسنا برجل غيّر طريقة فهمنا للحب وكرامة الإنسان.

في اليهودية يُعرف باسم יְהוֹשֻׁעַ Yehošuaʕ أو יֵשׁוּעַ Yešuaʕ؛ وفي الإسلام يُكرّم باسم عيسى ʿĪsā أو Isa؛ وفي المسيحية يُعرف باسم يسوع. بغض النظر عن إيماننا، فإن الرسالة التي تركها تتجاوز أي دين، ويمكن تلخيصها ببساطة: أحبك وهذا كل شيء.

لذلك، في هذه الليلة، دعونا نفكر في كل تلك العائلات التي، مثل يوسف ومريم والمسيح الطفل، اضطرّت للهروب لحماية حياتهم. نفكر في من يُرفضون لأن أحدًا لا يقبل الحقيقة الأساسية أن جميع البشر يولدون أحرارًا ومتساوين في الكرامة والحقوق. فيمن يعيشون في الوحدة، وفيمن يكافحون الجوع والبرد، وفيمن انتظروا سنوات في صمت لعناق يخفف عنهم.

ربما حان الوقت الآن للتركيز على ما هو حقًا مهم، وما يوحدنا حقًا، وتطبيقه طوال العام وليس فقط في هذه المناسبات. لا ننسى أبدًا أن لكل فرد دور أساسي في بناء عالم تُحترم فيه حقوق الإنسان الأساسية للجميع.

تدعونا هذه الأيام للعمل من منطلق التعاطف والتفهم واللطف والمحبة، أربعة أعمدة أساسية لمستقبل أكثر عدلاً وسلامًا. علينا الالتزام باحترام وحماية الكرامة الإنسانية غير القابلة للمساس لكل شخص، بغض النظر عن هويته.

هذه هي الرسالة التي أردت مشاركتها مع الجميع، مع أمنياتي السبعة، التي آمل أن ترافقكم اليوم وغدًا ودائمًا:

الكرامة، الازدهار، السعادة، السلام، الحب، الصحة والحظ.

في هذه الليلة الساحرة والمليئة بالأمل، دعونا نجعل حلم عالم أفضل حقيقة.

عالم مليء بالنور.

أعياد سعيدة!
عيد حانوكا سعيد!
عيد ميلاد مجيد!

Cuando el estigma sigue presente

(Escrito en 🇪🇸🇲🇽– Written in 🇬🇧🇺🇸– Scritto in 🇮🇹🇸🇲– Rédigé en 🇫🇷🇨🇩– Escrito em 🇵🇹🇧🇷

🇪🇸ESPAÑOL🇲🇽

Hablar del VIH hoy, cuando estamos a punto de acabar 2025, debería ser algo claro y sencillo, sin miedos y sin discursos exagerados. A pesar de la inexplicable falta de información a pie de calle que aún existe en la actualidad, la realidad médica es conocida desde hace años. Una persona con VIH que sigue su tratamiento y alcanza la carga viral indetectable no transmite el virus. Por tanto, si la carga es indetectable, el virus es intransmisible. Este dato debería bastar para cambiar muchas conversaciones en torno al VIH, pero lo cierto es que el virus se ha controlado antes que los prejuicios que aún existen en nuestra sociedad. 

El VIH ya no es lo que fue en el pasado, ya no es una sentencia a muerte. Gracias a los tratamientos actuales, quienes conviven con él pueden llevar una vida larga, activa y plena. El problema no está en el cuerpo, sino en el entorno que rodea a la persona. Porque aunque la salud física esté bien, el contexto social sigue marcando diferencias profundamente discriminatorias. Y esas diferencias tienen un impacto directo en la salud mental. 

Muchas personas con VIH viven sabiendo que no representan un riesgo para nadie, pero aun así se enfrentan a miradas cargadas de desinformación, prejuicios y odio. No siempre pueden hablar con libertad sobre su situación, no porque lo vivan con vergüenza, sino porque conocen las reacciones que todavía existen. Para todas esas personas, elegir el silencio, en muchos casos, no es una decisión cómoda, sino una forma de protección frente al rechazo o la incomprensión, una forma de sobrevivir en un entorno aún demasiado hostil y dominado por el prejuicio y el estigma. 

Ese silencio sostenido con el tiempo pasa factura. No por el virus, sino por todo lo que lo rodea. La ansiedad, la sensación de estar siempre midiendo el terreno, las palabras y el cansancio emocional de explicar lo obvio una y otra vez. Indudablemente, ante esta situación, la salud mental se ve afectada cuando una persona siente que debe justificar constantemente su normalidad.

El diagnóstico de VIH sigue siendo un momento importante en la vida de quien lo recibe. No tanto por la enfermedad en sí, que hoy es tratable y controlable, como cualquier enfermedad crónica, sino por el peso simbólico que todavía arrastra a nivel social. Aún hay ideas equivocadas que circulan, miedos que no se corresponden con la realidad médica y una falta de información que sigue alimentando el estigma social, la exclusión y la discriminación. Todo eso se convierte en una carga que no debería existir. Sin embargo, aún no se ha hecho lo suficiente. 

A lo largo de las últimas décadas, la ciencia ha hecho su trabajo. Los tratamientos no solo funcionan, también mejoran con los avances en investigación y las evidencias están ahí. Pero, lo que aún queda pendiente es el cambio social. Buena parte de la sociedad aún tiene que entender que el VIH no define a nadie, que no marca una forma de vivir ni de relacionarse y, que, por supuesto, no convierte a nadie en un problema. Así que, cuando esa comprensión no llega, el impacto no es solo físico, también es profundamente emocional.

Pero hablar de VIH implica también hablar de salud mental, de bienestar y de calidad de vida. Implica reconocer que no basta con controlar el virus si el entorno sigue generando discriminación y está influenciado por el miedo o la desconfianza. Porque la normalización no pasa únicamente por discursos grandilocuentes, sino por tratar el tema con la misma naturalidad que cualquier otra condición de salud de la persona. 

Tenemos que ser capaces de romper el tabú. Porque no se trata de una obligación individual, sino de una responsabilidad colectiva. Hay que saber informarse, revisar ideas obsoletas que solo han causado dolor y dejar de señalar a las personas con VIH. Todo esto es esencial para que el VIH deje de ser un tema cargado de tensión y, sobre todo, de discriminación. Porque cuando el prejuicio desaparece, lo que queda es algo muy simple. Lo que quedan son personas, como tú y como yo, intentando vivir su vida, sin necesidad de esconder nada a nadie.

Quizá lo que más necesitamos ahora es empatía, escucha y, sobre todo, respeto. Los discursos tienen que ir mucho más allá de los actos solemnes, los hallazgos tienen que ir mucho más más allá de los simposios sobre los nuevos avances en investigación y los titulares de prensa tienen que ir mucho más allá del tuit, de los 50 segundos de telediario y de las páginas de publicaciones especializadas. Si todo eso no se traslada a la sociedad, si todo eso no se materializa en apoyo, normalización y acompañamiento hacia quienes conviven con el VIH, de manera real y sin condiciones, entonces seguiremos permitiendo que el estigma siga presente junto con la discriminación que lleva aparejada. 

Por eso, quiero que las últimas palabras de este texto sean para ti. Si sientes que he tocado algo en ti al hablar de este tema, si sientes que algo se ha removido en tu corazón, solo quiero que sepas que estoy aquí para abrazarte. 

Sin ataduras, sin tabúes y sin estigmas.

Siempre. 

🇬🇧ENGLISH🇺🇸
When stigma is still present

Talking about HIV today, as we approach the end of 2025, should be something clear and straightforward, without fear and without exaggerated narratives. Despite the inexplicable lack of information that still exists at street level, the medical reality has been known for years. A person living with HIV who follows their treatment and reaches an undetectable viral load does not transmit the virus. Therefore, if the viral load is undetectable, the virus is untransmittable. This fact alone should be enough to change many conversations around HIV, but the truth is that the virus has been brought under control faster than the prejudices that still persist in our society.

HIV is no longer what it once was. It is no longer a death sentence. Thanks to current treatments, people living with HIV can lead long, active and fulfilling lives. The problem is not in the body, but in the environment that surrounds the person. Because even when physical health is stable, the social context continues to impose deeply discriminatory differences. And those differences have a direct impact on mental health.

Many people living with HIV know that they pose no risk to anyone, yet they still face looks filled with misinformation, prejudice and hatred. They cannot always speak freely about their situation, not because they feel ashamed, but because they are aware of the reactions that still exist. For many, choosing silence is not a comfortable decision, but a form of protection against rejection or misunderstanding, a way of surviving in an environment that remains too hostile and dominated by prejudice and stigma.

That prolonged silence takes its toll. Not because of the virus, but because of everything that surrounds it. Anxiety, the constant need to assess the ground and measure words, and the emotional exhaustion of explaining the obvious over and over again. Undoubtedly, in such circumstances, mental health is affected when a person feels they must constantly justify their normality.

An HIV diagnosis is still a significant moment in the life of the person who receives it. Not so much because of the illness itself, which today is treatable and controllable like any other chronic condition, but because of the symbolic weight it still carries socially. Misconceptions continue to circulate, fears that do not match medical reality, and a lack of information that keeps feeding stigma, exclusion and discrimination. All of this becomes a burden that should not exist. Yet not enough has been done.

Over the past decades, science has done its job. Treatments not only work, they continue to improve as research advances and the evidence is there. What remains pending is social change. A large part of society still needs to understand that HIV does not define anyone, that it does not dictate how someone lives or relates to others, and that it certainly does not turn anyone into a problem. When that understanding does not arrive, the impact is not only physical, but deeply emotional.

Talking about HIV also means talking about mental health, wellbeing and quality of life. It means recognising that controlling the virus is not enough if the environment continues to generate discrimination and is driven by fear or distrust. Normalisation does not come from grand speeches, but from treating HIV with the same naturalness as any other health condition.

We need to be able to break the taboo. Because this is not an individual obligation, but a collective responsibility. We need to inform ourselves, revisit outdated ideas that have caused nothing but pain, and stop pointing fingers at people living with HIV. This is essential if HIV is to stop being a topic loaded with tension and, above all, discrimination. Because when prejudice disappears, what remains is something very simple. What remains are people, like you and me, trying to live their lives without having to hide anything from anyone.

Perhaps what we need most right now is empathy, listening and, above all, respect. Discourses must go far beyond solemn acts, discoveries must go far beyond academic symposiums on new research advances, and headlines must go far beyond a tweet, fifty seconds on the evening news or the pages of specialised publications. If none of this reaches society, if it does not translate into real, unconditional support, normalisation and care for those living with HIV, then we will continue to allow stigma to exist alongside the discrimination that comes with it.

That is why I want the final words of this text to be for you. If you feel that something in you has been touched while reading this, if something has stirred in your heart, I just want you to know that I am here to hold you.

Without constraints, without taboos and without stigma.

Always.

🇮🇹ITALIANO🇸🇲
Quando lo stigma è ancora presente

Parlare di HIV oggi, mentre ci avviciniamo alla fine del 2025, dovrebbe essere qualcosa di chiaro e semplice, senza paure e senza discorsi esagerati. Nonostante l’inspiegabile mancanza di informazione che ancora esiste nella vita quotidiana, la realtà medica è nota da anni. Una persona che vive con l’HIV, segue la terapia e raggiunge una carica virale non rilevabile non trasmette il virus. Pertanto, se la carica virale è non rilevabile, il virus è intrasmissibile. Questo dato dovrebbe essere sufficiente per cambiare molte conversazioni sull’HIV, ma la verità è che il virus è stato controllato prima dei pregiudizi che ancora persistono nella nostra società.

L’HIV non è più quello che era in passato, non è più una condanna a morte. Grazie alle terapie attuali, le persone che convivono con il virus possono condurre una vita lunga, attiva e piena. Il problema non è nel corpo, ma nell’ambiente che circonda la persona. Perché anche quando la salute fisica è stabile, il contesto sociale continua a creare differenze profondamente discriminatorie. E queste differenze hanno un impatto diretto sulla salute mentale.

Molte persone con HIV sanno di non rappresentare un rischio per nessuno, eppure si trovano ad affrontare sguardi carichi di disinformazione, pregiudizi e odio. Non sempre possono parlare liberamente della propria condizione, non per vergogna, ma perché conoscono le reazioni che ancora esistono. Per molte di loro, scegliere il silenzio non è una decisione comoda, ma una forma di protezione contro il rifiuto o l’incomprensione, un modo per sopravvivere in un ambiente ancora troppo ostile e dominato dallo stigma.

Questo silenzio protratto nel tempo ha un prezzo. Non per il virus, ma per tutto ciò che lo circonda. L’ansia, la sensazione costante di dover misurare il terreno e le parole, e la stanchezza emotiva di spiegare l’ovvio ancora e ancora. Inevitabilmente, in queste condizioni, la salute mentale ne risente quando una persona sente di dover giustificare continuamente la propria normalità.

La diagnosi di HIV resta un momento significativo nella vita di chi la riceve. Non tanto per la malattia in sé, oggi trattabile e controllabile come qualsiasi patologia cronica, quanto per il peso simbolico che ancora porta con sé a livello sociale. Continuano a circolare idee sbagliate, paure che non corrispondono alla realtà medica e una mancanza di informazione che alimenta lo stigma, l’esclusione e la discriminazione. Tutto questo diventa un peso che non dovrebbe esistere. Eppure non si è ancora fatto abbastanza.

Negli ultimi decenni, la scienza ha fatto il suo lavoro. Le terapie non solo funzionano, ma migliorano con i progressi della ricerca e le prove sono evidenti. Ciò che resta da fare è il cambiamento sociale. Gran parte della società deve ancora comprendere che l’HIV non definisce una persona, non determina il modo di vivere o di relazionarsi e, soprattutto, non rende nessuno un problema. Quando questa comprensione non arriva, l’impatto non è solo fisico, ma profondamente emotivo.

Parlare di HIV significa anche parlare di salute mentale, benessere e qualità della vita. Significa riconoscere che non basta controllare il virus se l’ambiente continua a generare discriminazione ed è influenzato dalla paura o dalla diffidenza. La normalizzazione non passa solo attraverso grandi discorsi, ma attraverso un approccio naturale, come per qualsiasi altra condizione di salute.

Dobbiamo essere capaci di rompere il tabù. Perché non si tratta di un obbligo individuale, ma di una responsabilità collettiva. È necessario informarsi, rivedere idee obsolete che hanno causato solo dolore e smettere di puntare il dito contro le persone che vivono con l’HIV. Tutto questo è essenziale affinché l’HIV smetta di essere un tema carico di tensione e, soprattutto, di discriminazione. Perché quando il pregiudizio scompare, resta qualcosa di molto semplice. Restano persone, come te e come me, che cercano di vivere la propria vita senza dover nascondere nulla a nessuno.

Forse ciò di cui abbiamo più bisogno oggi è empatia, ascolto e, soprattutto, rispetto. I discorsi devono andare ben oltre gli atti solenni, le scoperte devono andare ben oltre i simposi sugli ultimi progressi della ricerca e i titoli di giornale devono andare oltre un tweet, cinquanta secondi al telegiornale o le pagine delle riviste specializzate. Se tutto questo non arriva alla società, se non si traduce in sostegno reale, normalizzazione e accompagnamento per chi convive con l’HIV, allora continueremo a permettere che lo stigma e la discriminazione restino presenti.

Per questo voglio che le ultime parole di questo testo siano per te. Se senti che qualcosa dentro di te si è mosso leggendo queste righe, voglio solo che tu sappia che sono qui per abbracciarti.

Senza vincoli, senza tabù e senza stigma.

Sempre.

🇫🇷FRANÇAIS🇨🇩
Quand le stigmate est encore présent

Parler du VIH aujourd’hui, alors que nous approchons de la fin de l’année 2025, devrait être quelque chose de clair et de simple, sans peurs ni discours excessifs. Malgré le manque d’information inexplicable qui existe encore dans la vie quotidienne, la réalité médicale est connue depuis des années. Une personne vivant avec le VIH, qui suit son traitement et atteint une charge virale indétectable, ne transmet pas le virus. Ainsi, si la charge virale est indétectable, le virus est intransmissible. Cette information devrait suffire à transformer de nombreuses conversations autour du VIH, mais la vérité est que le virus a été maîtrisé avant les préjugés qui persistent encore dans notre société.

Le VIH n’est plus ce qu’il était autrefois, ce n’est plus une condamnation à mort. Grâce aux traitements actuels, les personnes qui vivent avec le VIH peuvent mener une vie longue, active et épanouie. Le problème n’est pas dans le corps, mais dans l’environnement qui entoure la personne. Car même lorsque la santé physique est stable, le contexte social continue de produire des différences profondément discriminatoires. Et ces différences ont un impact direct sur la santé mentale.

De nombreuses personnes vivant avec le VIH savent qu’elles ne représentent aucun danger pour qui que ce soit, mais elles doivent malgré tout faire face à des regards chargés de désinformation, de préjugés et de haine. Elles ne peuvent pas toujours parler librement de leur situation, non par honte, mais parce qu’elles connaissent les réactions qui existent encore. Pour beaucoup, le silence n’est pas un choix confortable, mais une forme de protection face au rejet ou à l’incompréhension, une manière de survivre dans un environnement encore trop hostile et dominé par le stigmate.

Ce silence prolongé finit par avoir un coût. Non pas à cause du virus, mais à cause de tout ce qui l’entoure. L’anxiété, le sentiment permanent de devoir mesurer le terrain et les mots, et l’épuisement émotionnel d’expliquer l’évidence encore et encore. Inévitablement, dans ces conditions, la santé mentale est affectée lorsqu’une personne a le sentiment de devoir constamment justifier sa normalité.

Le diagnostic du VIH reste un moment important dans la vie de la personne qui le reçoit. Non pas tant à cause de la maladie elle-même, aujourd’hui traitable et contrôlable comme toute maladie chronique, mais en raison du poids symbolique qu’elle continue de porter sur le plan social. Des idées fausses circulent encore, des peurs qui ne correspondent pas à la réalité médicale et un manque d’information qui continue d’alimenter le stigmate, l’exclusion et la discrimination. Tout cela devient un fardeau qui ne devrait pas exister. Pourtant, on n’en a pas encore fait assez.

Au cours des dernières décennies, la science a fait son travail. Les traitements fonctionnent et continuent de s’améliorer grâce aux avancées de la recherche, et les preuves sont là. Ce qui reste à accomplir, c’est le changement social. Une grande partie de la société doit encore comprendre que le VIH ne définit personne, qu’il ne détermine pas une manière de vivre ou de se relier aux autres et qu’il ne transforme certainement personne en problème. Lorsque cette compréhension n’arrive pas, l’impact n’est pas seulement physique, il est profondément émotionnel.

Parler du VIH, c’est aussi parler de santé mentale, de bien-être et de qualité de vie. C’est reconnaître qu’il ne suffit pas de contrôler le virus si l’environnement continue de générer de la discrimination et reste influencé par la peur ou la méfiance. La normalisation ne passe pas par de grands discours, mais par un traitement du sujet avec la même naturalité que toute autre condition de santé.

Nous devons être capables de briser le tabou. Car il ne s’agit pas d’une obligation individuelle, mais d’une responsabilité collective. Il faut s’informer, remettre en question des idées obsolètes qui n’ont causé que de la souffrance et cesser de stigmatiser les personnes vivant avec le VIH. Tout cela est essentiel pour que le VIH cesse d’être un sujet chargé de tension et, surtout, de discrimination. Car lorsque le préjugé disparaît, il reste quelque chose de très simple. Il reste des personnes, comme toi et comme moi, qui essaient de vivre leur vie sans avoir à cacher quoi que ce soit à qui que ce soit.

Peut-être que ce dont nous avons le plus besoin aujourd’hui, c’est d’empathie, d’écoute et, surtout, de respect. Les discours doivent aller bien au-delà des actes solennels, les découvertes doivent aller bien au-delà des colloques sur les nouvelles avancées de la recherche, et les titres de presse doivent aller bien au-delà d’un tweet, de cinquante secondes au journal télévisé ou des pages de publications spécialisées. Si tout cela n’atteint pas la société, si cela ne se traduit pas par un soutien réel, une normalisation et un accompagnement sans conditions pour les personnes vivant avec le VIH, alors nous continuerons à permettre au stigmate et à la discrimination qui l’accompagne de perdurer.

C’est pourquoi je veux que les derniers mots de ce texte soient pour toi. Si tu sens que quelque chose a été touché en toi en lisant ces lignes, je veux simplement que tu saches que je suis là pour t’enlacer.

Sans contraintes, sans tabous et sans stigmates.

Toujours.

🇵🇹PORTUGUÊS🇧🇷
Quando o estigma ainda está presente

Falar sobre o VIH hoje, quando estamos prestes a terminar 2025, deveria ser algo claro e simples, sem medos nem discursos exagerados. Apesar da inexplicável falta de informação que ainda existe no dia a dia, a realidade médica é conhecida há muitos anos. Uma pessoa que vive com VIH, segue o tratamento e atinge uma carga viral indetetável não transmite o vírus. Assim, se a carga viral é indetetável, o vírus é intransmissível. Este facto deveria ser suficiente para mudar muitas conversas em torno do VIH, mas a verdade é que o vírus foi controlado antes dos preconceitos que ainda persistem na nossa sociedade.

O VIH já não é o que foi no passado, já não é uma sentença de morte. Graças aos tratamentos atuais, as pessoas que convivem com o vírus podem ter uma vida longa, ativa e plena. O problema não está no corpo, mas no ambiente que rodeia a pessoa. Porque, mesmo quando a saúde física está estável, o contexto social continua a criar diferenças profundamente discriminatórias. E essas diferenças têm um impacto direto na saúde mental.

Muitas pessoas que vivem com VIH sabem que não representam um risco para ninguém, mas ainda assim enfrentam olhares carregados de desinformação, preconceito e ódio. Nem sempre podem falar livremente sobre a sua situação, não por vergonha, mas porque conhecem as reações que ainda existem. Para muitas delas, escolher o silêncio não é uma decisão confortável, mas uma forma de proteção contra a rejeição ou a incompreensão, uma maneira de sobreviver num ambiente ainda demasiado hostil e dominado pelo estigma.

Esse silêncio prolongado cobra o seu preço. Não por causa do vírus, mas por tudo o que o rodeia. A ansiedade, a sensação constante de estar a medir o terreno e as palavras, e o cansaço emocional de explicar o óbvio vezes sem conta. Inevitavelmente, nestas circunstâncias, a saúde mental é afetada quando uma pessoa sente que tem de justificar constantemente a sua normalidade.

O diagnóstico de VIH continua a ser um momento marcante na vida de quem o recebe. Não tanto pela doença em si, que hoje é tratável e controlável como qualquer doença crónica, mas pelo peso simbólico que ainda carrega a nível social. Continuam a circular ideias erradas, medos que não correspondem à realidade médica e uma falta de informação que continua a alimentar o estigma, a exclusão e a discriminação. Tudo isso se transforma num fardo que não deveria existir. No entanto, ainda não se fez o suficiente.

Ao longo das últimas décadas, a ciência fez o seu trabalho. Os tratamentos não só funcionam como continuam a melhorar com os avanços da investigação, e as evidências estão aí. O que ainda falta é a mudança social. Uma grande parte da sociedade ainda precisa de compreender que o VIH não define ninguém, que não determina uma forma de viver ou de se relacionar e que, certamente, não transforma ninguém num problema. Quando essa compreensão não chega, o impacto não é apenas físico, é também profundamente emocional.

Falar de VIH implica também falar de saúde mental, de bem-estar e de qualidade de vida. Implica reconhecer que não basta controlar o vírus se o ambiente continua a gerar discriminação e é influenciado pelo medo ou pela desconfiança. A normalização não passa apenas por discursos grandiosos, mas por tratar o tema com a mesma naturalidade que qualquer outra condição de saúde.

Temos de ser capazes de quebrar o tabu. Porque não se trata de uma obrigação individual, mas de uma responsabilidade coletiva. É preciso informar-se, rever ideias obsoletas que apenas causaram dor e deixar de apontar o dedo às pessoas que vivem com VIH. Tudo isto é essencial para que o VIH deixe de ser um tema carregado de tensão e, sobretudo, de discriminação. Porque quando o preconceito desaparece, o que fica é algo muito simples. Ficam pessoas, como tu e como eu, a tentar viver a sua vida sem necessidade de esconder nada de ninguém.

Talvez o que mais precisemos agora seja empatia, escuta e, acima de tudo, respeito. Os discursos têm de ir muito além dos atos solenes, as descobertas têm de ir muito além dos simpósios sobre os novos avanços da investigação e as manchetes têm de ir muito além de um tweet, de cinquenta segundos no telejornal ou das páginas de publicações especializadas. Se tudo isso não chega à sociedade, se não se traduz em apoio real, normalização e acompanhamento para quem vive com VIH, de forma verdadeira e sem condições, então continuaremos a permitir que o estigma permaneça juntamente com a discriminação que o acompanha.

Por isso, quero que as últimas palavras deste texto sejam para ti. Se sentes que algo em ti foi tocado ao ler estas palavras, quero apenas que saibas que estou aqui para te abraçar.

Sem amarras, sem tabus e sem estigmas.

Sempre.

Qué hacer cuando los centros educativos miran hacia otro lado

Hay situaciones que ninguna familia debería vivir y, sin embargo, esas situaciones pasan con mucha más frecuencia de lo que nos gustaría admitir. Imagina que tu hijo o tu hija empieza a cambiar. Ya no duerme igual, tiene miedo de ir al colegio, se encierra, llora sin saber explicar por qué y, cuando por fin te cuenta lo que ocurre, descubres que está sufriendo acoso o ciberacoso. 

Sientes en todo tu cuerpo un escalofrío que te recorre de arriba a abajo y, tras el miedo inicial, sabiendo que tienes que hacer algo, decides dar el paso y hablar con el centro educativo. Sin embargo, en lugar de respuestas claras y conseguir protección inmediata, te encuentras con silencios, con actitudes que minimizan todo o directamente con la inacción del centro. 

Si esto que te cuento te está pasando, quiero decirte que este texto está pensado para ti. Para que sepas, con calma y con claridad, qué hacer cuando un centro educativo no cumple con su obligación de proteger a un menor ante un situación de acoso y ciberacoso. 

De entrada, hay que decir que en España ningún centro educativo puede mirar hacia otro lado ante una situación de acoso o de ciberacoso. Esto no es una cuestión de voluntad ni de interpretación, sino una obligación legal. La ley educativa establece que todos los centros educativos deben contar con protocolos contra el acoso escolar y el ciberacoso y, lo que es más importante, deben activarlos en cuanto existan indicios. Por tanto, aquí va la primera idea clara, no hace falta que el acoso esté probado al cien por cien. Basta con la sospecha razonable de que un menor puede estar siendo víctima para que el centro tenga que actuar de inmediato.

Cuando un centro no activa el protocolo o lo hace de forma superficial, tarde o incorrecta, no solo está fallando a nivel humano, también está incumpliendo su deber de cuidado. Y ese incumplimiento tiene consecuencias administrativas, civiles y, en algunos casos, penales.

Lo primero y más importante es entender que la prioridad absoluta del centro es la protección del menor en todos sus derechos humanos y fundamentales. Esa es su principal obligación y está por encima de la actividad docente. Por tanto, lo prioritario no es la imagen del centro ni la comodidad del profesorado, ni tampoco el miedo al conflicto. Lo que debe primar siempre es la seguridad física y emocional del niño o la niña que está por encima de todo. 

Partiendo de esta base, hay que actuar con serenidad, pero también con firmeza. Pero ahora, lo más importante. ¿Qué hacemos?  El primer paso siempre es documentarlo todo. Así, hay que documentar todas las pruebas que tengamos. Desde el primer comentario ofensivo hasta el último mensaje recibido en redes sociales. También es fundamental anotarfechas, horas, lugares, personas implicadas y testigos, tanto directos como indirectos, que sepan o haya visto u oído algo. Guardar capturas de pantalla de mensajes, audios, vídeos, publicaciones o comentarios. Conservar los enlaces y, si es posible, los datos que acrediten cuándo y desde dónde se publicaron. Si hay síntomas físicos o psicológicos, hay que acudir a un profesional sanitario y pedir informes. Estos documentos no solo ayudan a entender la gravedad de lo que está pasando, sino que más adelante pueden ser determinantes para que las autoridades actúen.

Con esa base, hay que comunicar los hechos al centro educativo POR ESCRITO. No basta con una conversación de pasillo ni con una llamada telefónica. Es imprescindible presentar un escrito formal en la secretaría del centro, describiendo lo ocurrido de forma clara y solicitando expresamente la activación inmediata del protocolo contra el acoso y la adopción de medidas de protección para el menor. Ese escrito debe quedar registrado y hay que conservar una copia sellada. Si el centro no responde o responde de manera evasiva, conviene insistir por un medio que deje constancia, como un burofax o una comunicación certificada.

Si aun así el centro no actúa o lo hace de manera claramente insuficiente, la siguiente puerta es la Inspección Educativa de la comunidad autónoma. La Inspección tiene la función de supervisar que los centros cumplan la ley y los protocolos. Presentar una reclamación ante Inspección no es un gesto agresivo ni exagerado. Es un derecho de las familias y una herramienta fundamental para obligar al centro a reaccionar. En esa reclamación se debe adjuntar toda la documentación disponible y explicar que el centro ha sido informado y no ha cumplido con su obligación de proteger al menor.

Ahora bien, hay situaciones en las que no se puede ni se debe esperar a que la vía educativa funcione. Cuando el acoso incluye amenazas graves, agresiones físicas, coacciones, humillaciones constantes, difusión de imágenes íntimas, extorsión o cualquier conducta que pueda ser delito, es necesario acudir directamente a la Policía Nacional, a la Guardia Civil, a la Fiscalía de Menores al Juzgado de Guardia. Denunciar no es exagerar, sino proteger. En la denuncia se deben aportar todas las pruebas y explicar con claridad que la víctima es un menor de edad.A partir de ahí se activan los mecanismos penales y la Fiscalía puede intervenir.

La Fiscalía, especialmente la Fiscalía de Menores, tiene un papel clave en estos casos. Puede actuar cuando hay indicios de delito, cuando existe una situación de riesgo para el menor o cuando las instituciones no están respondiendo adecuadamente. Remitir la información a la Fiscalía o solicitar su intervención es una opción legítima y, en muchos casos, necesaria.

Además de la vía penal, existe la vía civil. Cuando un centro educativo, por acción u omisión, ha causado un daño al menor, ya sea psicológico o físico, puede exigirse responsabilidad. Existen sentencias en España que han condenado a centros a indemnizar a familias por no haber actuado a tiempo ante situaciones de acoso. Esto no se hace por venganza, sino por justicia y por prevención, para que no vuelva a ocurrir.

Paralelamente a todo esto, nunca hay que descuidar el acompañamiento emocional del menor. Buscar apoyo psicológico no es un signo de debilidad, sino que es una forma de cuidado. También se puede pedir ayuda a los servicios sociales y a entidades especializadas en infancia y acoso escolar, que ofrecen orientación, apoyo y, en algunos casos, acompañamiento durante todo el proceso.

Conviene recordar que el acoso no es cosa de niños ni conflictos normales del crecimiento. Es una forma de violencia, ES UN DELITO. Y cuando se da en la infancia o la adolescencia, sus consecuencias pueden ser devastadoras si no se actúa con rapidez y determinación.

Por eso hay que insistir en una serie de pasos que siempre deben seguirse cuando un menor sufre acoso o ciberacoso. 

  • Documentar todo desde el primer momento. 
  • Guardar pruebas sin borrar nada. 
  • Comunicar por escrito al centro y exigir la activación del protocolo. 
  • Pedir explicaciones y medidas concretas. 
  • Acudir a Inspección Educativa si el centro falla. 
  • Denunciar ante la policía o el juzgado cuando hay delitos o riesgo grave. 
  • Informar a la Fiscalía si es necesario. 
  • Garantizar atención psicológica y social al menor. 
  • Solicitar medidas de protección cuando la situación lo requiera. 
  • Y buscar asesoramiento legal y apoyo especializado para no caminar solos.

Nada de esto convierte a una familia en conflictiva. La convierte en responsable. Defender a un hijo o a una hija frente al acoso no es un exceso, es un deber. Y aunque el camino sea duro, cada paso dado con claridad y firmeza envía un mensaje poderoso al menor. No estás solo. Te creemos. Te protegemos.

Porque cuando un niño sufre acoso y los adultos no reaccionan, el daño se multiplica. Pero cuando una familia actúa, cuando exige, cuando no se rinde, se abre la posibilidad de sanar y de cambiar las cosas.

Proteger a un menor hoy es sembrar un futuro donde nadie tenga que pedir permiso para vivir sin miedo.

No lo olvides nunca.

DECÁLOGO IMPRESCINSIBLE ANTE EL ACOSO

1. ESCUCHA Y CREE AL MENOR DESDE EL PRIMER MOMENTO

Cuando un niño o una niña se atreve a contar que está sufriendo acoso, lo más importante es creerle. No minimizar, no relativizar y no buscar excusas. Escuchar con calma, sin interrogar ni culpabilizar, es el primer acto de protección. Sentirse creído puede marcar la diferencia entre pedir ayuda o encerrarse en el silencio.

2. GARANTIZA SU SEGURIDAD INMEDIATA

Antes de cualquier trámite, asegúrate de que el menor está a salvo. Si hay miedo, ansiedad intensa, amenazas graves o riesgo físico, hay que actuar de inmediato. La protección del menor está por encima de cualquier procedimiento administrativo o educativo.

3. DOCUMENTA ABSOLUTAMENTE TODO DESDE EL INICIO

Anota fechas, lugares, personas implicadas, testigos y hechos concretos. Guarda mensajes, audios, vídeos, capturas de pantalla y enlaces. No borres nada. Haz copias de seguridad. La documentación es la base para que el acoso sea reconocido y se pueda actuar con eficacia.

4. COMUNICA LOS HECHOS AL CENTRO EDUCATIVO POR ESCRITO

Presenta un escrito formal en el centro solicitando la activación inmediata del protocolo contra el acoso y medidas de protección. Evita que todo quede en conversaciones verbales. Conserva siempre una copia registrada de lo entregado.

5. EXIGE MEDIDAS CLARAS Y SEGUIMIENTO REAL

No basta con buenas palabras. El centro debe adoptar medidas concretas para proteger al menor y debe informar por escrito de qué acciones se están tomando. Si las medidas no existen o no funcionan, hay que decirlo y dejar constancia.

6. ACUDE A LA INSPECCIÓN EDUCATIVA SI EL CENTRO NO ACTÚA

Si el colegio o instituto no activa el protocolo, lo hace tarde o de forma insuficiente, presenta una reclamación ante la Inspección Educativa de tu comunidad autónoma. Es un derecho de las familias y una herramienta clave para exigir responsabilidades.

7. DENUNCIA ANTE LA POLICÍA O EL JUZGADO CUANDO HAYA GRAVEDAD

Si existen amenazas, agresiones, coacciones, humillaciones graves, difusión de imágenes íntimas o cualquier posible delito, presenta denuncia ante la Policía Nacional, la Guardia Civil o el Juzgado de Guardia. No esperes a que el centro reaccione.

8. SOLICITA LA INTERVENCIÓN DE LA FISCALÍA SI ES NECESARIO

Cuando el acoso es grave, afecta a menores o las instituciones no están respondiendo, la Fiscalía, especialmente la de Menores, puede intervenir para proteger al menor y coordinar actuaciones.

9. ASEGURA APOYO PSICOLÓGICO Y SOCIAL AL MENOR

Busca atención psicológica especializada y, si es necesario, apoyo de servicios sociales o entidades especializadas. El daño emocional del acoso existe aunque no siempre se vea, y debe ser atendido desde el primer momento.

10. BUSCA ASESORAMIENTO Y NO CAMINES SOLO

Apóyate en profesionales del derecho, asociaciones y organizaciones especializadas en acoso escolar. Contar con orientación experta ayuda a tomar decisiones correctas, evita errores y protege mejor al menor y a la familia.

CONCLUSIÓN FINAL

Cuando un menor sufre acoso, cada paso que das con firmeza y amor no solo le protege hoy, también le enseña que su dignidad siempre merece ser defendida.

CASO PRÁCTICO

Caso práctico de Acoso físico y ciberacoso a un menor con inacción del centro educativo

Imaginemos el caso de Daniel, un menor de 13 años que cursa 2º de ESO en un instituto público. Desde hace varios meses, Daniel sufre una situación continuada de acoso por parte de varios compañeros de su mismo curso. El acoso no es puntual ni aislado, sino reiterado y sostenido en el tiempo.

Dentro del centro educativo, Daniel es empujado en los pasillos, insultado en clase, ridiculizado delante del profesorado y agredido físicamente en los recreos. En varias ocasiones le han escondido el material escolar, le han tirado la mochila al suelo y le han propinado golpes en zonas del cuerpo que no dejan marcas visibles. Fuera del centro, los mismos compañeros lo esperan a la salida para intimidarlo, le lanzan objetos y lo siguen por el barrio con amenazas. A través de redes sociales y grupos de mensajería, Daniel recibe mensajes constantes llamándolo inútil, ridiculizando su aspecto físico y animándolo a que no vuelva al instituto. También circulan vídeos grabados sin su consentimiento en los que se le ve llorando tras una agresión.

La situación empieza a afectar gravemente a Daniel. Tiene miedo, presenta ansiedad, insomnio, dolores de estómago y se niega a asistir al centro. Sus padres observan un cambio radical en su comportamiento y, tras varias semanas, después de un ingreso hospitalario por un intento de suicidio, Daniel se atreve a contar lo que está ocurriendo.

Primera actuación de la familia

Lo primero que hacen los padres es escucharle sin cuestionar su relato y asegurarle que no está solo. A continuación, comienzan a documentar todo lo sucedido. Anotan fechas, horas, lugares, nombres de los agresores y posibles testigos. Guardan capturas de pantalla de los mensajes y vídeos difundidos en redes sociales, conservando la fecha y el origen. Acuden al centro de salud, donde un profesional emite un informe psicológico que recoge síntomas compatibles con acoso escolar y ansiedad grave.

Con toda esta información, los padres presentan un escrito formal en la secretaría del instituto solicitando la activación inmediata del protocolo contra el acoso escolar y la adopción de medidas urgentes de protección para su hijo. El escrito queda registrado.

Inacción del centro educativo

El instituto convoca una reunión informal con los padres y les comunica que se trata de conflictos normales entre adolescentes. No se activa formalmente el protocolo ni se adoptan medidas reales de protección. Las agresiones continúan y, en algunos casos, se intensifican.

Ante esta situación, los padres envían un segundo escrito al centro, esta vez por burofax, dejando constancia de que el acoso persiste y de que el centro está incumpliendo su obligación legal de proteger al menor.

Reclamación ante la Inspección Educativa

Al no recibir una respuesta adecuada, los padres presentan una reclamación ante la Inspección Educativa de su provincia o comunidad autónoma. Aportan toda la documentación, incluidas las pruebas del acoso, los informes médicos y las comunicaciones previas con el centro. Solicitan expresamente que se investigue la actuación del instituto y que se ordene la activación del protocolo y la adopción de medidas inmediatas. La Inspección inicia actuaciones y requiere al centro explicaciones por escrito.

Actuaciones a nivel penal

Dado que Daniel ha sufrido agresiones físicas, amenazas y humillaciones graves, y que se han difundido vídeos sin su consentimiento, los padres presentan denuncia ante la Policía Nacional. En la denuncia describen detalladamente los hechos, aportan las pruebas digitales y el informe psicológico, y dejan constancia de que la víctima es un menor de edad.

La policía inicia diligencias, identifica a los presuntos agresores y remite el atestado al juzgado y a la Fiscalía de Menores. La Fiscalía valora la adopción de medidas de protección y la posible responsabilidad penal de los menores agresores, así como la intervención de sus familias.

Intervención de la Fiscalía

La Fiscalía de Menores abre diligencias y solicita información al centro educativo, a la Inspección y a los servicios sociales. Valora la existencia de una situación de riesgo para Daniel y puede instar medidas como la prohibición de contacto entre agresores y víctima o la adopción de medidas educativas correctoras.

Medidas de protección para el menor

Paralelamente, los padres solicitan medidas urgentes para proteger a Daniel. Se acuerda que no coincida con los agresores en horarios y espacios, se refuerza la vigilancia en el centro y se adoptan medidas provisionales para evitar el contacto fuera del ámbito escolar. Daniel comienza un tratamiento psicológico continuado.

Responsabilidad del centro educativo

Una vez acreditado que el centro tuvo conocimiento del acoso y no actuó de forma diligente, los padres, asesorados por un abogado especializado, valoran interponer una reclamación de responsabilidad contra la administración educativa o el centro, según su naturaleza. En esta reclamación se solicita una indemnización por los daños psicológicos sufridos por Daniel como consecuencia de la inacción del centro, aportando informes periciales y toda la documentación recopilada.

Otras actuaciones posibles

Además de las vías descritas, los padres denuncian los contenidos ofensivos en las redes sociales para su retirada inmediata. También informan a los servicios sociales municipales para que valoren la situación de riesgo del menor y activen recursos de apoyo.

Conclusión del caso

Gracias a la actuación firme y documentada de la familia, la intervención de la Inspección, la policía y la Fiscalía, se logra frenar el acoso y proteger a Daniel. El caso sirve también para exigir responsabilidades al centro educativo y para evitar que otros menores pasen por situaciones similares.

REFLEXIÓN FINAL

Cuando un menor es acosado dentro y fuera del centro y también en redes sociales, no basta con confiar en la buena voluntad del colegio. Actuar, documentar y acudir a todas las vías legales disponibles no es exagerar, es cumplir con el deber más importante que existe, que es proteger a un niño y defender su derecho a vivir sin miedo.

GUIA BREVE RESUMIDA

Si un centro educativo omite su responsabilidad de cuidado ante una situación de acoso, la familia no solo puede actuar, sino que debe hacerlo. La ley en España es clara el centro tiene una obligación activa de protección del menor y su incumplimiento no es un fallo menor, es una vulneración grave de derechos. A continuación tienes una guía clara, directa y urgente de qué hacer, paso a paso, cuando el colegio o instituto no cumple con su deber.

Primero: proteger al menor sin esperar al centro

Si el niño o la niña tiene miedo, presenta ansiedad intensa, ha sufrido agresiones físicas, amenazas o muestra signos de autolesión o bloqueo emocional, la prioridad es sacarlo de la situación de riesgo. Esto puede implicar que no acuda temporalmente al centro, que cambie de horario o que reciba atención médica o psicológica inmediata. Proteger no es exagerar, es actuar con responsabilidad.

Segundo: Documentar la omisión del centro

No basta con demostrar el acoso, también hay que dejar constancia de que el centro sabe lo que ocurre y no actúa. Todo debe hacerse por escrito. Escritos registrados en secretaría, correos electrónicos, burofax o comunicaciones certificadas donde conste la solicitud de activación del protocolo y la falta de respuesta o una respuesta claramente insuficiente. Esta documentación será clave para cualquier acción posterior.

Tercer: Exigir por escrito la activación del protocolo

Hay que presentar un escrito formal solicitando la activación inmediata del protocolo contra el acoso y medidas de protección concretas. No es una petición, es una exigencia basada en la ley. El centro está obligado a responder y a actuar. Si no lo hace, queda acreditado su incumplimiento.

Cuarto: Acudir de inmediato a la Inspección Educativa

Cuando el centro omite su responsabilidad, la Inspección Educativa es la vía administrativa urgente. Se debe presentar una reclamación detallada con todas las pruebas y copias de los escritos dirigidos al centro. La Inspección puede requerir al colegio, abrir expediente y obligar a la adopción de medidas. No es un paso opcional, es esencial.

Quinto: Denunciar ante Policía Nacional o Guardia Civil

Si hay agresiones, amenazas, coacciones, humillaciones graves, difusión de imágenes o cualquier conducta que pueda ser delito, hay que presentar denuncia penal. No se necesita el permiso del centro ni esperar a que actúe. La denuncia activa la intervención judicial y pone el foco en la protección del menor.

Sexto: Solicitar la intervención de la Fiscalía

Cuando la víctima es un menor y existe una situación de riesgo o una inacción institucional, la Fiscalía, especialmente la de Menores, puede intervenir. Se puede remitir un escrito o hacerlo a través de la denuncia policial. La Fiscalía puede exigir información al centro, coordinar actuaciones y promover medidas de protección.

Séptimo: Pedir medidas urgentes de protección

A nivel judicial se pueden solicitar medidas cautelares para evitar el contacto entre agresores y víctima. Prohibición de acercamiento, medidas de no comunicación, cambios de aula o de grupo, vigilancia reforzada o cualquier medida necesaria para garantizar la seguridad del menor. Estas medidas pueden solicitarse incluso antes de que el procedimiento termine.

Octavo: Responsabilidad legal del centro

Si se acredita que el centro conocía la situación y no actuó con diligencia, puede exigirse responsabilidad. En centros públicos y concertados, mediante reclamación de responsabilidad patrimonial frente a la administración educativa. En centros privados, mediante demanda civil. Existen precedentes judiciales con indemnizaciones por daños psicológicos causados por la inacción.

Noveno: Activar servicios sociales y sanitarios

La omisión del centro puede constituir una situación de desprotección del menor. Informar a servicios sociales permite activar recursos de apoyo y dejar constancia oficial del riesgo. La atención psicológica continuada es esencial tanto para la recuperación del menor como para acreditar el daño sufrido.

Décimo: Buscar asesoramiento legal especializado

Cuando un centro falla, la familia no debe caminar sola. Un abogado especializado en acoso escolar y protección de menores puede coordinar todas las vías, evitar errores y acelerar las medidas de protección. También es recomendable contactar con asociaciones especializadas que acompañan a las familias en estos procesos.

MENSAJE CLAVE

Cuando un centro educativo no protege ante el acoso y el ciberacoso, la ley no ampara su silencio. Hay que actuar con rapidez, dejar constancia escrita y acudir a las autoridades. Esto no es crear un conflicto, sino la única forma de garantizar la seguridad y la dignidad del menor.

REFLEXIÓN FINAL

LA RESPONSABILIDAD DE PROTEGER A LOS MENORES DE EDAD FRENTE A TODA FORMA DE VIOLENCIA, ASÍ COMO FRENTE A LOS CASOS DE ACOSO Y DE CIBERACOSO, NO SE DELEGA NI SE APLAZA CUANDO FALLA EL SISTEMA.

LA DEFENSA DEL MENOR ES UNA OBLIGACIÓN IRRENUNCIABLE DE TODA LA SOCIEDAD.

SI NECESITAS AYUDA ADICIONAL
ACCEDE AL FORMULARIO DE CONTACTO