(Escrito en 🇪🇸🇲🇽– Written in 🇬🇧🇺🇸– Scritto in 🇮🇹🇸🇲– Rédigé en 🇫🇷🇨🇩– Escrito em 🇵🇹🇧🇷)
🇪🇸ESPAÑOL🇲🇽
Hoy se cumplen 18 años del asesinato de Carlos Palomino, un joven de 16 años que fue apuñalado en el metro de Madrid por un militar neonazi, Josué Estébanez de la Hija. Aunque se quiso hacer ver lo contrario, Carlos no era ningún criminal, ni un violento, ni tampoco alguien que buscara problemas. Era un estudiante, un chico corriente de 16 años con toda una vida por delante. Aquella mañana iba con sus amigos a una manifestación antirracista en el barrio de Usera, convocada para rechazar el racismo y el fascismo. Iban con sus pancartas, con su ilusión y con la idea de defender la igualdad y el respeto para todas las personas. Pero el fascismo le arrebató la vida.
El autor de su muerte, un militar con ideología neonazi, llevaba una camiseta con símbolos de odio y un cuchillo escondido. Cuando vio a Carlos y a otros jóvenes con pegatinas y símbolos antifascistas, sacó el arma y lo apuñaló directamente en el corazón. Lo hizo sin más, sin provocación alguna, como así quedó grabado por las cámaras del metro. El crimen fue brutal, sin sentido y motivado únicamente por el odio ideológico. En 2009 fue condenado a 26 años de prisión por asesinato con agravante ideológica y tentativa de homicidio, una de las primeras sentencias en España que reconoció el odio político como agravante. Sin embargo, en todos estos años no ha indemnizado a la familia, a pesar de estar obligado a hacerlo por la justicia.
Carlos se convirtió, sin quererlo, en un símbolo de la lucha contra el fascismo. Su nombre representa a todos los que han sufrido las consecuencias del odio y la intolerancia. El antifascismo no es una moda ni una etiqueta, es una postura humana y ética ante la vida. Es rechazar el racismo, la homofobia, el machismo y cualquier forma de discriminación. Es decirle no al odio y sí a la convivencia desde la diversidad.
Su madre, Mamen Domínguez, ha sido desde entonces una voz incansable en la defensa de la memoria de su hijo y de todas las víctimas del fascismo. Con una fuerza admirable, ha convertido su dolor en un compromiso férreo. Ha participado en charlas, actos, concentraciones y homenajes, repitiendo siempre un mismo mensaje. Y ese mensaje no es otro que la memoria no es venganza, sino justicia y conciencia. Gracias a ella, el nombre de Carlos sigue vivo y su historia no se ha borrado del recuerdo colectivo.
Cada 11 de noviembre, cientos de personas salen a las calles de distintas ciudades para recordarle. No solo como homenaje, sino como un acto de compromiso para seguir luchando contra lo que le arrebató la vida. Por eso, recordar a Carlos es recordar que el fascismo no se combate solo en los libros de historia, sino también en el presente, cuando alguien sufre discriminación o es señalado únicamente por ser diferente. ¿Y por qué no podemos permanecer impasibles ante el fascismo? Pues porque debemos ser muy conscientes de que la indiferencia es el terreno donde crece el odio, y nuestro silencio nos hace cómplices.
Aunque el tiempo avance, la herida sigue abierta. Pero también sigue viva la memoria, la solidaridad y la dignidad de quienes no se resignan. Es verdad que Carlos ya no está, pero su nombre aún se ve en murales, resuena en canciones, sigue escribiéndose en pancartas y está grabado en los corazones de quienes nunca lo olvidarán y siguen luchando contra el fascismo. Nunca olvidemos que el silencio y la pasividad son cómplices del odio, que van unidos de la mano, y que solo con empatía, determinación, justicia y memoria se puede construir un futuro diferente.
No solo hay que pensar en el joven de 16 años que perdió la vida por creer en un mundo más justo. También hay que pensar en todo lo que nos queda por hacer para que nadie más muera por sus ideas o por su color de piel.
Por eso, 18 años después, hay que seguir gritando con la misma fuerza y la misma convicción.
¡Carlos Palomino, presente!
¡Ahora y siempre!

🇬🇧ENGLISH🇺🇸
Memory Against Hatred
Today marks eighteen years since the murder of Carlos Palomino, a sixteen-year-old boy who was stabbed to death on the Madrid underground by a neo-Nazi soldier, Josué Estébanez de la Hija. Although some tried to make it seem otherwise, Carlos was not a criminal, nor a violent person, nor someone looking for trouble. He was a student, an ordinary sixteen-year-old with his whole life ahead of him. That morning, he was on his way with friends to an anti-racist demonstration in the Usera district, organised to denounce racism and fascism. They went with their banners, their enthusiasm, and their belief in equality and respect for all people. But fascism took his life away.
The man responsible for his death, a soldier with neo-Nazi ideology, was wearing a T-shirt with hate symbols and carrying a concealed knife. When he saw Carlos and other young people with anti-fascist badges and stickers, he drew the weapon and stabbed him directly in the heart. He did so without hesitation, without any provocation, as was later confirmed by the underground’s security cameras. The crime was brutal, senseless, and driven purely by ideological hatred. In 2009, he was sentenced to twenty-six years in prison for murder with ideological aggravation and attempted homicide, one of the first court rulings in Spain to recognise political hatred as an aggravating factor. However, in all these years, he has never compensated the family, despite being legally obliged to do so.
Carlos became, unintentionally, a symbol of the struggle against fascism. His name represents all those who have suffered the consequences of hatred and intolerance. Anti-fascism is not a fashion or a label; it is a human and ethical stance towards life. It means rejecting racism, homophobia, sexism, and every form of discrimination. It means saying no to hatred and yes to coexistence in diversity.
His mother, Mamen Domínguez, has since been a tireless voice in defending the memory of her son and all victims of fascism. With admirable strength, she has turned her pain into an unwavering commitment. She has participated in talks, events, rallies and tributes, always repeating the same message. And that message is none other than that memory is not revenge, but justice and conscience. Thanks to her, Carlos’ name lives on and his story has not been erased from the collective memory.
Every 11th of November, hundreds of people take to the streets in different cities to remember him. Not only as a tribute, but also as a pledge to continue fighting against what took his life. Remembering Carlos means remembering that fascism is not fought only in history books, but also in the present, whenever someone suffers discrimination or is singled out simply for being different. And why can we not remain indifferent to fascism? Because we must be fully aware that indifference is the ground on which hatred grows, and our silence makes us complicit.
As time goes by, the wound remains open. Yet memory, solidarity, and dignity also remain alive among those who refuse to give in. It is true that Carlos is no longer here, but his name can still be seen on murals, heard in songs, written on banners, and felt in the hearts of those who will never forget him and who continue to fight against fascism. We must never forget that silence and passivity are accomplices of hatred, that they go hand in hand, and that only through empathy, determination, justice, and memory can a different future be built.
We must not only think of the sixteen-year-old who lost his life for believing in a fairer world, but also of all that remains to be done so that no one else dies for their ideas or the colour of their skin.
That is why, eighteen years later, we must continue to shout with the same strength and conviction.
Carlos Palomino, present!
Now and always!

🇮🇹ITALIANO🇸🇲
La memoria contro l’odio
Oggi ricorrono diciotto anni dall’omicidio di Carlos Palomino, un ragazzo di sedici anni accoltellato nella metropolitana di Madrid da un militare neonazista, Josué Estébanez de la Hija. Sebbene alcuni abbiano cercato di far sembrare il contrario, Carlos non era un criminale, né una persona violenta, né qualcuno in cerca di problemi. Era uno studente, un ragazzo comune di sedici anni con tutta la vita davanti a sé. Quella mattina si stava recando con gli amici a una manifestazione antirazzista nel quartiere di Usera, organizzata per denunciare il razzismo e il fascismo. Andavano con i loro striscioni, il loro entusiasmo e la convinzione di difendere l’uguaglianza e il rispetto per tutte le persone. Ma il fascismo gli tolse la vita.
L’autore della sua morte, un militare con ideologia neonazista, indossava una maglietta con simboli d’odio e portava nascosto un coltello. Quando vide Carlos e altri giovani con spille e adesivi antifascisti, estrasse l’arma e lo colpì direttamente al cuore. Lo fece senza esitazione, senza alcuna provocazione, come confermato dalle telecamere della metropolitana. Il crimine fu brutale, senza senso e motivato esclusivamente dall’odio ideologico. Nel 2009 fu condannato a ventisei anni di carcere per omicidio con aggravante ideologica e tentato omicidio, una delle prime sentenze in Spagna a riconoscere l’odio politico come circostanza aggravante. Tuttavia, in tutti questi anni, non ha mai risarcito la famiglia, nonostante fosse obbligato dalla legge.
Carlos divenne, suo malgrado, un simbolo della lotta contro il fascismo. Il suo nome rappresenta tutti coloro che hanno subito le conseguenze dell’odio e dell’intolleranza. L’antifascismo non è una moda né un’etichetta, è una posizione umana ed etica di fronte alla vita. Significa rifiutare il razzismo, l’omofobia, il sessismo e qualsiasi forma di discriminazione. Significa dire no all’odio e sì alla convivenza nella diversità.
Sua madre, Mamen Domínguez, è stata da allora una voce instancabile nella difesa della memoria di suo figlio e di tutte le vittime del fascismo. Con una forza ammirevole, ha trasformato il suo dolore in un impegno incrollabile. Ha partecipato a conferenze, eventi, manifestazioni e commemorazioni, ripetendo sempre lo stesso messaggio. E quel messaggio non è altro che la memoria non è vendetta, ma giustizia e coscienza. Grazie a lei, il nome di Carlos continua a vivere e la sua storia non è stata cancellata dalla memoria collettiva.
Ogni 11 novembre, centinaia di persone scendono in strada in diverse città per ricordarlo. Non solo come tributo, ma anche come impegno a continuare a combattere contro ciò che gli ha tolto la vita. Ricordare Carlos significa ricordare che il fascismo non si combatte solo nei libri di storia, ma anche nel presente, ogni volta che qualcuno subisce discriminazioni o viene preso di mira semplicemente per essere diverso. E perché non possiamo rimanere indifferenti di fronte al fascismo? Perché dobbiamo essere pienamente consapevoli che l’indifferenza è il terreno dove cresce l’odio e il nostro silenzio ci rende complici.
Col passare del tempo, la ferita resta aperta. Eppure la memoria, la solidarietà e la dignità rimangono vive in chi non si arrende. È vero che Carlos non c’è più, ma il suo nome si vede ancora sui murales, risuona nelle canzoni, continua a essere scritto sugli striscioni ed è inciso nei cuori di chi non lo dimenticherà mai e continua a combattere contro il fascismo. Non dobbiamo mai dimenticare che il silenzio e la passività sono complici dell’odio, che vanno di pari passo e che solo con empatia, determinazione, giustizia e memoria si può costruire un futuro diverso.
Non bisogna pensare solo al ragazzo di sedici anni che ha perso la vita per credere in un mondo più giusto. Bisogna pensare anche a tutto ciò che resta da fare affinché nessuno muoia più per le proprie idee o per il colore della pelle.
Per questo, diciotto anni dopo, dobbiamo continuare a gridare con la stessa forza e la stessa convinzione.
Carlos Palomino, presente!
Ora e sempre!

🇫🇷FRANÇAIS🇨🇩
Mémoire contre la haine
Aujourd’hui marque les dix-huit ans depuis le meurtre de Carlos Palomino, un jeune de seize ans poignardé dans le métro de Madrid par un militaire néonazi Josué Estébanez de la Hija. Bien que certains aient voulu faire croire le contraire, Carlos n’était pas un criminel, ni une personne violente, ni quelqu’un cherchant les ennuis. C’était un étudiant, un garçon ordinaire de seize ans avec toute la vie devant lui. Ce matin-là, il se rendait avec ses amis à une manifestation antiracistedans le quartier de Usera organisée pour dénoncer le racisme et le fascisme. Ils étaient porteurs de leurs pancartes, pleins d’enthousiasme et animés par la volonté de défendre l’égalité et le respect de toutes les personnes. Mais le fascisme lui a arraché la vie.
L’auteur de sa mort, un militaire avec une idéologie néonazie, portait un T-shirt avec des symboles de haine et cachait un couteau. Lorsqu’il a vu Carlos et d’autres jeunes avec des badges et des autocollants antifascistes, il a sorti l’arme et l’a poignardé directement au cœur. Il l’a fait sans hésitation, sans aucune provocation, comme l’ont confirmé les caméras de sécurité du métro. Le crime a été brutal, insensé et motivé uniquement par la haine idéologique. En 2009, il a été condamné à vingt-six ans de prison pour meurtre avec circonstance aggravante idéologique et tentative d’homicide, l’une des premières décisions en Espagne à reconnaître la haine politique comme circonstance aggravante. Cependant, pendant toutes ces années, il n’a jamais indemnisé la famille malgré l’obligation légale de le faire.
Carlos est devenu malgré lui un symbole de la lutte contre le fascisme. Son nom représente tous ceux qui ont souffert des conséquences de la haine et de l’intolérance. L’antifascisme n’est pas une mode ni une étiquette, c’est une position humaine et éthique face à la vie. Cela signifie rejeter le racisme, l’homophobie, le sexisme et toute forme de discrimination. Cela signifie dire non à la haine et oui à la coexistence dans la diversité.
Sa mère, Mamen Domínguez, n’a cessé depuis lors de défendre la mémoire de son fils et de toutes les victimes du fascisme. Avec une force admirable, elle a transformé sa douleur en un engagement sans faille. Elle a participé à des conférences, des manifestations, des rassemblements et des hommages, répétant toujours le même message. Et ce message n’est autre que la mémoire n’est pas vengeance, mais justice et conscience. Grâce à elle, le nom de Carlos reste vivant et son histoire n’a pas été effacée de la mémoire collective.
Chaque 11 novembre, des centaines de personnes descendent dans les rues de différentes villes pour se souvenir de lui. Non seulement comme un hommage mais aussi comme un engagement à continuer à lutter contre ce qui lui a ôté la vie. Se souvenir de Carlos signifie se rappeler que le fascisme ne se combat pas seulement dans les livres d’histoire mais aussi dans le présent lorsque quelqu’un subit des discriminations ou est ciblé simplement pour être différent. Et pourquoi ne pouvons-nous pas rester indifférents face au fascisme ? Parce que nous devons être pleinement conscients que l’indifférence est le terrain où la haine grandit et que notre silence nous rend complices.
Avec le temps, la blessure reste ouverte. Mais la mémoire, la solidarité et la dignité demeurent vivantes chez ceux qui refusent de céder. Il est vrai que Carlos n’est plus là, mais son nom se voit encore sur les murs, résonne dans les chansons, continue à être écrit sur les pancartes et est gravé dans le cœur de ceux qui ne l’oublieront jamais et qui continuent à lutter contre le fascisme. N’oublions jamais que le silence et la passivité sont complices de la haine, qu’ils vont de pair et que seul l’empathie, la détermination, la justice et la mémoire peuvent construire un avenir différent.
Il ne faut pas seulement penser au jeune de seize ans qui a perdu la vie pour croire en un monde plus juste. Il faut aussi penser à tout ce qu’il reste à faire pour que personne d’autre ne meure pour ses idées ou la couleur de sa peau.
C’est pourquoi dix-huit ans plus tard nous devons continuer à crier avec la même force et la même conviction.
Carlos Palomino, présent!
Maintenant et toujours!

🇵🇹PORTUGUÊS🇧🇷
Memória contra o ódio
Hoje completam-se dezoito anos desde o assassinato de Carlos Palomino, um jovem de dezasseis anos esfaqueado no metro de Madrid por um militar neonazi Josué Estébanez de la Hija. Embora alguns tenham tentado fazer parecer o contrário, Carlos não era um criminoso, nem uma pessoa violenta, nem alguém à procura de problemas. Era um estudante, um rapaz comum de dezasseis anos com toda a vida pela frente. Naquela manhã, dirigia-se com os amigos a uma manifestação antirracista no bairro de Usera, organizada para denunciar o racismo e o fascismo. Iam com os seus cartazes, com entusiasmo e com a convicção de defender a igualdade e o respeito por todas as pessoas. Mas o fascismo tirou-lhe a vida.
O autor da sua morte, um militar com ideologia neonazi, vestia uma camisola com símbolos de ódio e levava uma faca escondida. Quando viu Carlos e outros jovens com emblemas e autocolantes antifascistas, sacou a arma e esfaqueou-o diretamente no coração. Fez-o sem hesitação, sem qualquer provocação, como foi confirmado pelas câmaras de segurança do metro. O crime foi brutal, sem sentido e motivado exclusivamente pelo ódio ideológico. Em 2009, foi condenado a vinte e seis anos de prisão por homicídio com agravante ideológica e tentativa de homicídio, uma das primeiras sentenças em Espanha a reconhecer o ódio político como agravante. No entanto, durante todos estes anos, nunca indemnizou a família, apesar de estar legalmente obrigado a fazê-lo.
Carlos tornou-se, seu malgrado, um símbolo da luta contra o fascismo. O seu nome representa todos aqueles que sofreram as consequências do ódio e da intolerância. O antifascismo não é uma moda nem uma etiqueta, é uma posição humana e ética perante a vida. Significa rejeitar o racismo, a homofobia, o sexismo e qualquer forma de discriminação. Significa dizer não ao ódio e sim à convivência na diversidade.
A sua mãe, Mamen Domínguez, tem sido desde então uma voz incansável na defesa da memória do seu filho e de todas as vítimas do fascismo. Com uma força admirável, transformou a sua dor num compromisso inabalável. Participou em palestras, eventos, concentrações e homenagens, repetindo sempre a mesma mensagem. E essa mensagem não é outra senão que a memória não é vingança, mas justiça e consciência. Graças a ela, o nome de Carlos continua vivo e a sua história não foi apagada da memória coletiva.
Todos os 11 de novembro, centenas de pessoas saem às ruas em diferentes cidades para se lembrarem dele. Não apenas como homenagem, mas também como um compromisso de continuar a lutar contra aquilo que lhe tirou a vida. Lembrar Carlos significa recordar que o fascismo não se combate apenas nos livros de história mas também no presente, sempre que alguém sofre discriminação ou é alvo apenas por ser diferente. E porque não podemos permanecer indiferentes perante o fascismo? Porque devemos estar plenamente conscientes de que a indiferença é o terreno onde o ódio cresce e o nosso silêncio torna-nos cúmplices.
Com o passar do tempo, a ferida continua aberta. Mas a memória, a solidariedade e a dignidade permanecem vivas em quem não se rende. É verdade que Carlos já não está aqui, mas o seu nome continua visível nos murais, ressoa nas canções, continua a ser escrito nos cartazes e está gravado nos corações de quem nunca o esquecerá e continua a lutar contra o fascismo. Não devemos esquecer que o silêncio e a passividade são cúmplices do ódio, que andam de mãos dadas e que apenas com empatia, determinação, justiça e memória se pode construir um futuro diferente.
Não devemos pensar apenas no jovem de dezasseis anos que perdeu a vida por acreditar num mundo mais justo. Devemos também pensar em tudo o que ainda falta fazer para que ninguém mais morra pelas suas ideias ou pela cor da sua pele.
É por isso que, dezoito anos depois, devemos continuar a gritar com a mesma força e a mesma convicção.
¡Carlos Palomino, presente!
¡Agora e sempre!





