El caso de Samuel Luiz nos dejó sin palabras. Su brutal asesinato en A Coruña en julio de 2021 fue un golpe muy duro y, todavía hoy, su recuerdo sigue emocionando y movilizando a mucha gente. Ahora, el Tribunal Supremo ha dado un paso definitivo y ha confirmado las penas de entre 20 y 24 años de prisión para los tres jóvenes responsables de su asesinato. Con esto, se cierran los recursos presentados por las defensas, la Fiscalía y la acusación particular, y se ratifica la gravedad de los hechos.
Lo que ocurrió con Samuel no fue un simple altercado a la salida de un local de ocio, fue un acto de violencia brutal y, además, con un componente de discriminación por orientación sexual. El Supremo ha confirmado la agravante de homofobia para uno de los condenados, lo que deja claro que detrás de este ataque había odio y prejuicio. También se ha absuelto a un cuarto acusado porque no había pruebas suficientes para demostrar su participación. Esto demuestra que la justicia, aunque algunas veces llega muy tarde, funciona con hechos, pruebas y argumentos, y no con meras suposiciones.
Además de las penas de cárcel, los condenados tendrán que indemnizar a la familia de Samuel con más de 300.000 euros. Por supuesto, ninguna cantidad de dinero puede devolverles a su hijo ni borrar lo que pasó, pero sí es un reconocimiento de la injusticia sufrida y una forma de dejar claro que los responsables tienen que asumir su culpa. La familia de Samuel ha pasado por un dolor enorme y esta sentencia, aunque no lo soluciona todo, marca un paso importante hacia la justicia.
Este caso no solo ha tenido repercusión judicial, también social. Samuel se convirtió en un símbolo y su historia generó manifestaciones, debates y reflexiones sobre la violencia, la LGTBIfobia y la importancia de proteger los derechos de todas las personas. La confirmación de las penas altas lanza un mensaje muy claro: LA VIOLENCIA Y LA DISCRIMINACIÓN NO PUEDEN QUEDAR IMPUNES Y LA SOCIEDAD DEBE ESTAR ATENTA PARA QUE NADIE MÁS VUELVA A PASAR POR ALGO ASÍ.
Aunque ninguna sentencia puede borrar el dolor que sufrió Samuel ni el sufrimiento de su familia, este fallo del Supremo cierra una etapa judicial importante en la lucha contra la LGTBIfobia. La justicia puede tardar – desgraciadamente pasa con frecuencia -, pero el odio y la violencia no pueden normalizarse ni aceptarse. Como sociedad, hemos de ser capaces de construir un país más respetuoso, en el que todas las personas puedan sentirse seguras y valoradas por quienes son.
Que la memoria de Samuel nos lleve siempre a alzar la voz contra la injusticia y a no conformarnos nunca con la indiferencia, empujándonos a luchar siempre contra la violencia, el odio y la discriminación.
Porque cada pequeño gesto de respeto y empatía puede cambiar el mundo.
Ya ha pasado un año más, pero tu historia sigue doliendo igual. Nada de lo que viviste fue una exageración, nada fue una mentira ni tampoco una chiquillada y, por supuesto, nada fue culpa tuya. Durante meses te hicieron un daño inmenso de la peor forma posible. Te acosaron, te humillaron, te destrozaron por dentro mientras tú solo pedías que pararan. Pediste ayuda muchas veces. Hiciste lo correcto y denunciaste. Tú hiciste todo lo que había que hacer. Pero no sirvió de nada.
Fuiste la mujer más valiente cuando ya no te quedaban fuerzas y aguantaste más de lo que cualquier persona debería aguantar. Y aun así, cuando más necesitabas apoyo, hubo demasiada gente que prefirió callar. Callaron quienes sabían lo que pasaba, quienes podían haber hecho algo para parar la pesadilla que sufrías. Callaron por miedo, por comodidad o por simple y pura cobardía. Y ese silencio te dejó sola, más sola de lo que nadie debería estar jamás.
Pero tu familia nunca te soltó la mano. Estuvieron contigo en cada momento, en cada paso, en cada denuncia y en cada noche de miedo. Y eso es algo que siguen haciendo hoy. Luchan por ti, por tu nombre y por tu verdad, aunque el dolor no se vaya nunca. Nunca han buscado venganza, solo justicia y respuestas. Buscan entender por qué nadie actuó a tiempo, por qué quienes podían haber parado todo esto, si porque sabían quiénes estaban detrás, no hicieron nada por ayudarte.
Tú nunca mentiste, Nieves. Tú siempre dijiste la verdad. Lo que te hicieron fue cruel, fue una tortura psicológica pensada para hacerte daño y que no pudiste soportar. Y lo consiguieron porque el sistema fue lento, demasiado lento, lo consiguieron porque se dudó de ti y porque demasiadas personas prefirieron mirar hacia otro lado de manera vil y cobarde.
Aún pesa la sensación de haber llegado demasiado tarde. Aún duele pensar que quizá se podía haber hecho algo más, algo antes y más rápido, para evitar lo que pasó al final. Esa culpa se quedará en el alma de quienes te quisieron y de quienes intentaron ayudarte, tu familia en primer lugar. Porque cuando alguien se va así, nadie vuelve a ser el mismo, nada vuelve a ser igual.
Pero hay algo que nadie podrá borrar jamás. Tu historia ha sido contada y tu nombre no está manchado. Tu familia ha protegido tu recuerdo con una dignidad inmensa fruto del amor más puro que existe en una familia. Han llenado su mundo de mariposas, de palabras dulces en tu recuerdo y de imágenes alegres en las que siempre apareces con esa sonrisa tuya que ya es eterna. Lo han hecho para que nadie olvide lo que pasó y para que ninguna otra persona tenga que pasar por lo mismo nunca más. Porque esa es la mejor manera de honrarte.
Estás presente en cada gesto de amor que hace tu familia, en cada lucha diaria pidiendo justicia y en cada verdad que lanzan en voz alta reivindicando tu nombre. Nieves, eres luz para quienes te amaron. Y lo seguirás siendo siempre.
Porque aunque te hicieron mucho daño, nunca pudieron borrar quién eras, ni apagar tu sonrisa.
Tu verdad, Nieves, sigue viva.
Como tú, desde tu estrella.
Como tú eres luz
Tu verdad sigue viva, aunque el tiempo pase y el silencio pese.
No pudieron borrar tu nombre ni apagar la luz que eras. Solo te hicieron estrella y a tu sonrisa eterna.
Por amor sigues estando, en cada voz que clama justicia, en cada recuerdo que no se rinde.
Desde lo alto nos miras y aquí abajo, por ti iluminados, te seguimos soñando.
Porque la verdad, cuando es de amor, como tú eres luz, Nieves, nunca, nunca muere.
(Escrito en 🇪🇸🇲🇽- Written in 🇬🇧🇺🇸- Scritto in 🇮🇹🇸🇲- Rédigé en 🇫🇷🇨🇩- Escrito em 🇵🇹🇧🇷- Написано на 🇷🇺- 用中文 🇨🇳 撰写- مكتوب بالعربية 🇸🇦🇪🇬)
🇪🇸ESPAÑOL🇲🇽
A medida que pasan los años, vamos entendiendo que estas fechas guardan un significado muy distinto al que solemos darles. Más allá de las luces, los rituales litúrgicos o las tradiciones, son días que nos invitan a detenernos y a mirar hacia nuestro interior. Más allá de cuáles sean nuestras creencias, el amor y el cariño hacia quienes nos acompañan nos recuerdan aquello que es verdaderamente importante.
A lo largo de nuestra vida, muchas personas dejarán una huella muy profunda. Algunas permanecerán siempre a nuestro lado; otras se marcharán sin que nadie les pida que lo hagan; algunas regresarán cuando menos lo esperemos, quizá justo en ese momento en que más las necesitemos; y otras, desgraciadamente, nunca más volverán. Pero incluso entonces, seguirán formando parte de quienes somos, vivas en la memoria, en los recuerdos compartidos y en ese lugar íntimo donde habitan los sentimientos que nunca desaparecen.
Lloramos ausencias y sentimos el vacío que dejan quienes ya no están, pero también sentimos el calor de quienes nos tendieron una mano en nuestros momentos más difíciles. Tal vez ahí resida una de las grandes lecciones de la vida. No se trata de pedir fuerza, sino de aceptar aquellos retos que nos permitan crecer, apoyándonos en la compañía, en la solidaridad y en el amor de quienes nos rodean.
Pero más allá de los encuentros familiares alrededor de la mesa, no podemos olvidar a quienes no tienen nada que celebrar. A todas esas familias que se ven obligadas a separarse o a huir de sus hogares para escapar de la guerra, la pobreza, el hambre y de una muerte segura. A quienes sufren el rechazo en su propio hogar solo por ser, sentir, pensar o amar como cualquier persona tiene derecho a hacerlo. A las personas enfermas que ya no tienen fuerzas para abrazar a quienes aman. A quienes no tienen un hogar y cuya única compañía será el frío de la noche. Y a todas aquellas personas que vivirán estos días en soledad, esperando un abrazo de cariño o añorando escuchar un “te quiero” de quienes ya apenas les recuerdan.
En esta Nochebuena, mientras muchos nos reunimos con nuestras familias, tampoco olvidemos a quienes ven vulnerados sus derechos más básicos, derechos que deben prevalecer para toda persona, sin excepción alguna, sea cual sea su lugar de origen o sus circunstancias personales.
Vivimos en un mundo donde la paz sigue siendo frágil y esquiva. Las guerras en Ucrania y en Gaza, que es prácticamente un genocidio, nos recuerdan lo frágiles que los derechos humanos cuando hay una guerra. El sufrimiento, el desplazamiento forzoso y la muerte de miles de personas inocentes deberían conmovernos como humanidad. Cada vida perdida es una pérdida irreparable para toda la humanidad. El derecho a la paz y a la seguridad no son un privilegio, sino un derecho humano fundamental que hay que proteger y garantizar en todo momento.
La comunidad internacional tiene la responsabilidad moral y legal de trabajar por soluciones pacíficas y duraderas, que aborden las causas de los conflictos y que sitúen a la dignidad humana en el centro de toda acción política. Las pequeñas acciones importan, pero deben nacer de un compromiso sincero, no de gestos vacíos y superficiales.
Nos queda un largo camino por recorrer para eliminar toda forma de violencia, odio y discriminación. La violencia contra mujeres y niñas sigue siendo una herida abierta en muchas partes del mundo. Pero la discriminación adopta múltiples rostros: por razón de género, orientación sexual, identidad, origen, religión, color de piel, pobreza o condición social. El racismo, la xenofobia, el antisemitismo, la aporofobia, la LGTBIfobia, el antigitanismo y otras formas de odio continúan dañando vidas, causando dolor y fracturando nuestra sociedad.
La diversidad no es una amenaza, es una fuente de riqueza. Aceptar nuestras diferencias y convivir desde el respeto es esencial para construir un mundo más justo, libre e igualitario. Por eso hay que romper los estereotipos, derribar los prejuicios y desafiar las normas que permiten aún la discriminación, la violencia, el desprecio y el odio. Trabajar por la igualdad no es una utopía, es una obligación ética y un objetivo que se puede alcanzar si realmente queremos.
En esta noche celebramos la llegada de aquel niño nacido para traer esperanza, luz y amor a toda la Humanidad. Un niño que, junto a su familia, se convirtió en refugiado nada más nacer, huyendo de una muerte segura, como hoy lo hacen miles de niños y niñas en distintas partes del mundo. Para conmemorar su nacimiento, nos reunimos alrededor de mesas llenas de alimentos, recordando a un hombre que transformó nuestra manera de entender el amor y la dignidad humana.
En el Judaísmo se le reconoce bajo el nombre de יְהוֹשֻׁעַ, Yehošuaʕ, o יֵשׁוּעַ, Yešuaʕ; en el Islam se le venera como عيسى ʿĪsā o Isa; y en el Cristianismo es conocido como Jesús. Sea cual sea nuestra fe o creencia, el mensaje que nos dejó trasciende cualquier religión y puede resumirse de forma sencilla: TE AMO Y NADA MÁS IMPORTA.
Por eso, en esta noche, pensemos en todas esas familias que, como José, María y el niño Jesús, se ven obligadas a huir para salvar sus vidas. Pensemos en quienes siguen siendo rechazados por quienes no aceptan una verdad tan básica como que todos los seres humanos nacemos libres e iguales en dignidad y derechos. En quienes viven atrapados en la soledad, en quienes luchan contra el hambre y el frío, y en quienes llevan años esperando y soñando en silencio un abrazo que les consuele.
Tal vez haya llegado el momento de volver a centrarnos en lo que de verdad importa, en aquello que realmente nos une y de ponerlo en práctica todos los días del año, y no solo en estas fechas. Nunca olvidemos que todas las personas tenemos un papel esencial para construir un mundo donde el respeto hacia todas las personas y hacia sus derechos humanos, básicos y elementales, sea algo verdaderamente universal.
Estos días nos invitan a actuar desde la compasión, comprensión, bondad y amor, cuatro pilares esenciales para un futuro más justo y en paz. Tenemos que comprometernos con el respeto y la protección de la dignidad humana inviolable de toda persona, sea quien sea.
Esto es lo que quería compartir con todas y todos, junto a mis siete deseos, que ojalá os acompañen hoy, mañana y siempre:
Dignidad, Prosperidad, Felicidad, Paz, Amor, Salud y Suerte.
En esta noche mágica y de esperanza, hagamos posible el sueño de un mundo mejor.
As the years go by, we begin to understand that these festive days hold a very different meaning from what we usually attribute to them. Beyond the lights, the religious rituals, or the traditions, these are days that invite us to pause and reflect inwardly. Beyond any belief, the love and affection we feel for those around us remind us of what is truly important.
Throughout our lives, many people will leave a deep mark. Some will remain by our side forever; others will leave without being asked; some may return when we least expect it, perhaps just when we need them most; and others, sadly, will never come back. Yet even then, they remain part of who we are, alive in our memories, in shared recollections, and in that intimate space where feelings never disappear.
We mourn absences and feel the emptiness left by those who are no longer with us, but we also feel the warmth of those who extended a helping hand in our most difficult moments. Perhaps there lies one of life’s great lessons: it is not about asking for strength, but about embracing challenges that allow us to grow, relying on the companionship, solidarity, and love of those around us.
Beyond family gatherings around the table, let us not forget those who have nothing to celebrate. All those families forced to flee from war, poverty, hunger, or certain death. Those rejected in their own homes for being, feeling, thinking, or loving as any person has the right to do. The sick who lack the strength to embrace loved ones. Those without a home, whose only company is the cold of the night. And all those who spend these days in solitude, longing for an embrace or for the words “I love you” from those who hardly remember them anymore.
On this Christmas Eve, while many of us gather with our families, let us also remember those whose most basic rights are violated, rights that must prevail for every person, without exception, regardless of their origin or circumstances.
We live in a world where peace remains fragile. Wars in Ukraine and Gaza remind us of the fragility of human rights in times of conflict. Suffering, forced displacement, and the death of thousands of innocent people should move us as a humanity. Each life lost is an irreparable loss for all of humanity. The right to peace and security is not a privilege but a fundamental human right that must be protected and guaranteed at all times.
The international community bears a moral and legal responsibility to work toward lasting and peaceful solutions, addressing the root causes of conflicts and placing human dignity at the centre of every political action. Small actions matter, but they must come from genuine commitment, not empty or superficial gestures.
There is still a long path ahead to eliminate all forms of violence, hatred, and discrimination. Violence against women and girls remains an open wound worldwide. Discrimination takes many forms: gender, sexual orientation, identity, origin, religion, skin colour, poverty, or social condition. Racism, xenophobia, antisemitism, aporophobia, LGBT-phobia, antigypsyism, and other forms of hatred continue to harm lives, causing pain and fracturing society.
Diversity is not a threat; it is a source of richness. Accepting our differences and living with respect is essential to building a fairer, freer, and more equal world. We must break stereotypes, dismantle prejudices, and challenge norms that still allow discrimination, violence, contempt, and hatred. Working for equality is not a utopia; it is an ethical duty and an achievable goal if we truly want it.
Tonight we celebrate the arrival of the child born to bring hope, light, and love to all humanity. A child who, with his family, became a refugee at birth, fleeing certain death, as thousands of children do today in different parts of the world. To commemorate his birth, we gather around tables filled with food, remembering a man who transformed our understanding of love and human dignity.
In Judaism, he is recognised as Yehošuaʕ or Yešuaʕ, in Islam as ʿĪsā or Isa, and in Christianity as Jesus. Whatever our faith or belief, the message he left transcends any religion and can be summed up simply and profoundly: I LOVE YOU AND NOTHING ELSE MATTERS.
Tonight, let us think of all those families who, like Joseph, Mary, and the child Jesus, are forced to flee for their lives. Let us think of those still rejected for failing to acknowledge the fundamental truth that all human beings are born free and equal in dignity and rights. Of those trapped in solitude, struggling with hunger and cold, and those who have been silently longing for an embrace for years.
Perhaps it is time to focus again on what truly matters, on what really unites us, and to put it into practice every day of the year, not only at this time. Let us never forget that each of us plays a vital role in building a world where respect for all people and their basic human rights is truly universal.
These days invite us to act with compassion, understanding, kindness, and love—four pillars essential for a fairer and more peaceful future. We must commit to respecting and protecting the inviolable human dignity of every person, whoever they may be.
This is what I wanted to share with all of you, along with my seven wishes, which I hope will accompany you today, tomorrow, and always:
Dignity, Prosperity, Happiness, Peace, Love, Health, and Luck.
On this magical night of hope, let us make the dream of a better world possible.
A world filled with light.
HAPPY HOLIDAYS! HAPPY HANUKKAH! MERRY CHRISTMAS!
🇮🇹ITALIANO🇸🇲 Il sogno di un mondo migliore
Con il passare degli anni, comprendiamo sempre meglio che queste festività hanno un significato molto diverso da quello che siamo abituati a dare loro. Oltre le luci, i riti religiosi o le tradizioni, questi sono giorni che ci invitano a fermarci e riflettere dentro di noi. Indipendentemente dalle credenze, l’amore e l’affetto verso chi ci sta accanto ci ricordano ciò che è veramente importante.
Nel corso della nostra vita, molte persone lasceranno un segno profondo. Alcune resteranno al nostro fianco per sempre; altre se ne andranno senza che nessuno lo chieda; alcune torneranno quando meno ce lo aspettiamo, forse proprio nel momento in cui ne abbiamo più bisogno; e altre, purtroppo, non torneranno mai. Eppure anche allora continueranno a far parte di chi siamo, vive nella memoria, nei ricordi condivisi e in quello spazio intimo dove i sentimenti non scompaiono mai.
Piangiamo le assenze e sentiamo il vuoto lasciato da chi non c’è più, ma proviamo anche il calore di chi ci ha teso una mano nei momenti più difficili. Forse qui risiede una delle grandi lezioni della vita: non si tratta di chiedere forza, ma di affrontare sfide che ci permettano di crescere, facendo affidamento sulla compagnia, sulla solidarietà e sull’amore di chi ci circonda.
Oltre agli incontri familiari intorno alla tavola, non dimentichiamo chi non ha nulla da celebrare. Tutte quelle famiglie costrette a fuggire da guerre, povertà, fame o morte certa. Coloro che sono rifiutati nelle loro case per essere, sentire, pensare o amare come chiunque ha diritto a fare. Malati che non hanno la forza di abbracciare i propri cari. Chi non ha una casa, la cui unica compagnia è il freddo della notte. E tutti coloro che passeranno questi giorni in solitudine, aspettando un abbraccio o ascoltando un “ti voglio bene” da chi ormai quasi non li ricorda più.
In questa vigilia di Natale, mentre molti di noi si riuniscono con le loro famiglie, ricordiamo anche chi vede violati i propri diritti più fondamentali, diritti che devono prevalere per ogni persona, senza eccezione, indipendentemente dal luogo d’origine o dalle circostanze.
Viviamo in un mondo dove la pace rimane fragile. Le guerre in Ucraina e a Gaza ci ricordano quanto siano fragili i diritti umani in tempi di conflitto. Sofferenza, sfollamento forzato e la morte di migliaia di innocenti dovrebbero commuoverci come umanità. Ogni vita persa è una perdita irreparabile per tutta l’umanità. Il diritto alla pace e alla sicurezza non è un privilegio, ma un diritto umano fondamentale da proteggere e garantire sempre.
La comunità internazionale ha la responsabilità morale e legale di lavorare per soluzioni pacifiche e durature, affrontando le cause profonde dei conflitti e mettendo la dignità umana al centro di ogni azione politica. Le piccole azioni contano, ma devono nascere da un impegno sincero, non da gesti vuoti e superficiali.
Abbiamo ancora molta strada da fare per eliminare tutte le forme di violenza, odio e discriminazione. La violenza contro donne e ragazze rimane una ferita aperta in molte parti del mondo. La discriminazione si manifesta in molte forme: genere, orientamento sessuale, identità, origine, religione, colore della pelle, povertà o condizione sociale. Razzismo, xenofobia, antisemitismo, aporofobia, omofobia, antigitanismo e altre forme di odio continuano a danneggiare vite, provocare dolore e frammentare la società.
La diversità non è una minaccia, è una fonte di ricchezza. Accettare le nostre differenze e convivere con rispetto è essenziale per costruire un mondo più giusto, libero e paritario. Dobbiamo rompere stereotipi, smantellare pregiudizi e sfidare norme che permettono ancora discriminazione, violenza, disprezzo e odio. Lavorare per l’uguaglianza non è utopia; è un dovere etico e un obiettivo raggiungibile se davvero lo vogliamo.
Questa notte celebriamo l’arrivo del bambino nato per portare speranza, luce e amore a tutta l’umanità. Un bambino che, insieme alla sua famiglia, è diventato rifugiato alla nascita, fuggendo da morte certa, come fanno oggi migliaia di bambini in diverse parti del mondo. Per commemorare la sua nascita, ci riuniamo attorno a tavole piene di cibo, ricordando un uomo che ha trasformato la nostra comprensione dell’amore e della dignità umana.
Nell’Ebraismo è riconosciuto come Yehošuaʕ o Yešuaʕ, nell’Islam come ʿĪsā o Isa, e nel Cristianesimo come Gesù. Qualunque sia la nostra fede o convinzione, il messaggio che ci ha lasciato trascende qualsiasi religione e può essere riassunto in modo semplice e profondo: TI AMO E NIENTE ALTRO IMPORTA.
Questa notte, pensiamo a tutte quelle famiglie che, come Giuseppe, Maria e il bambino Gesù, sono costrette a fuggire per salvare la propria vita. Pensiamo a chi viene ancora rifiutato da chi non riconosce la verità fondamentale che tutti gli esseri umani nascono liberi e uguali in dignità e diritti. A chi vive intrappolato nella solitudine, a chi lotta contro la fame e il freddo, e a chi da anni attende in silenzio un abbraccio consolatore.
Forse è arrivato il momento di concentrarci nuovamente su ciò che conta davvero, su ciò che ci unisce realmente, e di metterlo in pratica ogni giorno dell’anno, non solo in queste festività. Non dimentichiamo mai che ciascuno di noi ha un ruolo essenziale nella costruzione di un mondo in cui il rispetto per tutte le persone e per i loro diritti umani fondamentali sia davvero universale.
Questi giorni ci invitano ad agire con compassione, comprensione, gentilezza e amore: quattro pilastri indispensabili per un futuro più giusto e in pace. Dobbiamo impegnarci per il rispetto e la protezione della dignità umana inviolabile di ogni persona, chiunque essa sia.
Questo è ciò che volevo condividere con tutti voi, insieme ai miei sette desideri, che spero vi accompagnino oggi, domani e sempre:
Dignità, Prosperità, Felicità, Pace, Amore, Salute e Fortuna.
In questa notte magica e piena di speranza, rendiamo possibile il sogno di un mondo migliore.
Un mondo pieno di luce.
BUONE FESTE! BUON HANUKKAH! BUON NATALE!
🇫🇷FRANÇAIS🇨🇩 Le rêve d’un monde meilleur
Au fil des années, nous comprenons que ces dates ont une signification bien différente de celle que nous leur donnons habituellement. Au-delà des lumières, des rituels religieux ou des traditions, ce sont des jours qui nous invitent à nous arrêter et à regarder à l’intérieur de nous-mêmes. Quelle que soit notre croyance, l’amour et l’affection envers ceux qui nous entourent nous rappellent ce qui est véritablement important.
Au cours de notre vie, de nombreuses personnes laisseront une empreinte profonde. Certaines resteront toujours à nos côtés ; d’autres partiront sans que personne ne le leur demande ; certaines reviendront lorsque nous nous y attendrons le moins, peut-être au moment précis où nous en aurons le plus besoin ; et d’autres, malheureusement, ne reviendront jamais. Mais même dans ce cas, elles continueront de faire partie de ce que nous sommes, vivantes dans nos souvenirs, dans la mémoire partagée et dans cet espace intime où résident les sentiments qui ne disparaissent jamais.
Nous pleurons les absences et ressentons le vide laissé par ceux qui ne sont plus là, mais nous ressentons aussi la chaleur de ceux qui nous ont tendu la main dans nos moments les plus difficiles. Peut-être est-ce là l’une des grandes leçons de la vie. Il ne s’agit pas de demander de la force, mais d’accepter les défis qui nous permettent de grandir, en nous appuyant sur la compagnie, la solidarité et l’amour de ceux qui nous entourent.
Mais au-delà des réunions familiales autour de la table, nous ne pouvons pas oublier ceux qui n’ont rien à célébrer. Toutes ces familles qui sont contraintes de se séparer ou de fuir leur foyer pour échapper à la guerre, à la pauvreté, à la faim ou à une mort certaine. Ceux qui subissent le rejet dans leur propre foyer simplement parce qu’ils sont, ressentent, pensent ou aiment comme toute personne a le droit de le faire. Les personnes malades qui n’ont plus la force d’embrasser ceux qu’elles aiment. Ceux qui n’ont pas de foyer et dont la seule compagnie sera le froid de la nuit. Et toutes ces personnes qui passeront ces jours dans la solitude, attendant un geste d’affection ou espérant entendre un « je t’aime » de ceux qui à peine se souviennent encore d’eux.
En cette veille de Noël, alors que beaucoup d’entre nous se rassemblent avec leurs familles, n’oublions pas non plus ceux dont les droits fondamentaux sont violés, des droits qui doivent prévaloir pour chaque personne, sans exception, quel que soit leur lieu d’origine ou leurs circonstances personnelles.
Nous vivons dans un monde où la paix reste fragile et insaisissable. Les guerres en Ukraine et à Gaza, qui relèvent pratiquement du génocide, nous rappellent à quel point les droits humains sont vulnérables en temps de guerre. La souffrance, les déplacements forcés et la mort de milliers d’innocents devraient nous émouvoir en tant qu’humanité. Chaque vie perdue est une perte irréparable pour toute l’humanité. Le droit à la paix et à la sécurité n’est pas un privilège, mais un droit humain fondamental qu’il faut protéger et garantir en tout temps.
La communauté internationale a la responsabilité morale et légale de travailler à des solutions pacifiques et durables, abordant les causes profondes des conflits et plaçant la dignité humaine au centre de toute action politique. Les petites actions comptent, mais elles doivent naître d’un engagement sincère, et non de gestes vides et superficiels.
Nous avons encore un long chemin à parcourir pour éliminer toutes les formes de violence, de haine et de discrimination. La violence contre les femmes et les filles reste une plaie ouverte dans de nombreuses régions du monde. La discrimination prend de multiples visages : sexe, orientation sexuelle, identité, origine, religion, couleur de peau, pauvreté ou condition sociale. Le racisme, la xénophobie, l’antisémitisme, l’aporophobie, la LGBTIphobie, l’antitsiganisme et d’autres formes de haine continuent de blesser, de causer de la douleur et de fracturer notre société.
La diversité n’est pas une menace, c’est une richesse. Accepter nos différences et vivre dans le respect est essentiel pour construire un monde plus juste, libre et égalitaire. Il faut briser les stéréotypes, déconstruire les préjugés et défier les normes qui permettent encore la discrimination, la violence, le mépris et la haine. Travailler pour l’égalité n’est pas une utopie, c’est un devoir éthique et un objectif atteignable si nous le voulons vraiment.
Ce soir, nous célébrons l’arrivée de cet enfant né pour apporter espoir, lumière et amour à toute l’humanité. Un enfant qui, avec sa famille, est devenu réfugié dès sa naissance, fuyant une mort certaine, tout comme des milliers d’enfants et de familles dans le monde aujourd’hui. Pour commémorer sa naissance, nous nous rassemblons autour de tables garnies de nourriture, nous souvenant d’un homme qui a transformé notre manière de comprendre l’amour et la dignité humaine.
Dans le judaïsme, il est reconnu sous le nom de יְהוֹשֻׁעַ, Yehošuaʕ, ou יֵשׁוּעַ, Yešuaʕ ; dans l’islam, il est vénéré comme عيسى ʿĪsā ou Isa ; et dans le christianisme, il est connu sous le nom de Jésus. Quelle que soit notre foi ou croyance, le message qu’il a laissé transcende toute religion et peut se résumer de manière simple et profonde : JE T’AIME ET RIEN D’AUTRE N’EST IMPORTANT.
C’est pourquoi ce soir, pensons à toutes ces familles qui, comme Joseph, Marie et l’enfant Jésus, sont contraintes de fuir pour sauver leur vie. Pensons à ceux qui continuent d’être rejetés par ceux qui ne reconnaissent pas la vérité fondamentale que tous les êtres humains naissent libres et égaux en dignité et en droits. À ceux qui vivent enfermés dans la solitude, à ceux qui luttent contre la faim et le froid, et à ceux qui attendent depuis des années, en silence, un câlin réconfortant.
Peut-être est-il temps de revenir à ce qui compte vraiment, à ce qui nous unit réellement, et de le pratiquer tous les jours de l’année, et pas seulement pendant ces fêtes. N’oublions jamais que chacun de nous a un rôle essentiel dans la construction d’un monde où le respect de toutes les personnes et de leurs droits humains fondamentaux est vraiment universel.
Ces jours nous invitent à agir avec compassion, compréhension, bonté et amour : quatre piliers essentiels pour un avenir plus juste et en paix. Nous devons nous engager à respecter et à protéger la dignité humaine inviolable de chaque personne, quelle qu’elle soit.
C’est ce que je voulais partager avec vous tous, accompagné de mes sept vœux, qui, je l’espère, vous accompagneront aujourd’hui, demain et toujours :
Dignité, Prospérité, Bonheur, Paix, Amour, Santé et Chance.
En cette nuit magique et pleine d’espoir, rendons possible le rêve d’un monde meilleur.
Un monde rempli de lumière.
JOYEUSES FÊTES ! JOYEUX HANOUKKA ! JOYEUX NOËL !
🇵🇹PORTUGUÊS🇧🇷 O sonho de um mundo melhor
Com o passar dos anos, vamos entendendo que estas datas têm um significado muito diferente daquele que normalmente lhes damos. Para além das luzes, dos rituais religiosos ou das tradições, são dias que nos convidam a parar e a olhar para dentro de nós mesmos. Independentemente das nossas crenças, o amor e o carinho por aqueles que nos acompanham lembram-nos do que é verdadeiramente importante.
Ao longo da nossa vida, muitas pessoas deixarão uma marca profunda. Algumas permanecerão sempre ao nosso lado; outras partirão sem que ninguém lhes peça; algumas voltarão quando menos esperarmos, talvez exatamente no momento em que mais precisarmos delas; e outras, infelizmente, nunca mais voltarão. Mas mesmo assim, continuarão a fazer parte de quem somos, vivas na memória, nas recordações partilhadas e naquele espaço íntimo onde habitam os sentimentos que nunca desaparecem.
Lamentamos as ausências e sentimos o vazio deixado por aqueles que já não estão presentes, mas também sentimos o calor daqueles que nos estenderam a mão nos momentos mais difíceis. Talvez aí resida uma das grandes lições da vida. Não se trata de pedir força, mas de aceitar os desafios que nos permitem crescer, apoiando-nos na companhia, na solidariedade e no amor de quem nos rodeia.
Mas para além dos encontros familiares à mesa, não podemos esquecer aqueles que não têm nada para celebrar. Todas as famílias que são obrigadas a separar-se ou a fugir das suas casas para escapar à guerra, à pobreza, à fome ou à morte certa. Aqueles que sofrem rejeição no seu próprio lar simplesmente por serem, sentirem, pensarem ou amarem como qualquer pessoa tem direito de o fazer. As pessoas doentes que já não têm forças para abraçar aqueles que amam. Aqueles que não têm um lar e cuja única companhia será o frio da noite. E todas aquelas pessoas que passarão estes dias na solidão, esperando um gesto de carinho ou desejando ouvir um “amo-te” daqueles que mal se lembram delas.
Nesta véspera de Natal, enquanto muitos nos reunimos com as nossas famílias, não nos esqueçamos também daqueles cujos direitos mais básicos são violados, direitos que devem prevalecer para cada pessoa, sem exceção, independentemente do seu local de origem ou das suas circunstâncias pessoais.
Vivemos num mundo onde a paz continua frágil e esquiva. As guerras na Ucrânia e em Gaza, que são praticamente um genocídio, lembram-nos da vulnerabilidade dos direitos humanos em tempos de guerra. O sofrimento, o deslocamento forçado e a morte de milhares de inocentes deveriam comover-nos enquanto humanidade. Cada vida perdida é uma perda irreparável para toda a humanidade. O direito à paz e à segurança não é um privilégio, mas um direito humano fundamental que deve ser protegido e garantido em todos os momentos.
A comunidade internacional tem a responsabilidade moral e legal de trabalhar por soluções pacíficas e duradouras, abordando as causas profundas dos conflitos e colocando a dignidade humana no centro de toda ação política. As pequenas ações contam, mas devem nascer de um compromisso sincero, e não de gestos vazios e superficiais.
Ainda temos um longo caminho a percorrer para eliminar todas as formas de violência, ódio e discriminação. A violência contra mulheres e meninas continua a ser uma ferida aberta em muitas partes do mundo. A discriminação assume múltiplas formas: género, orientação sexual, identidade, origem, religião, cor da pele, pobreza ou condição social. O racismo, a xenofobia, o antissemitismo, a aporofobia, a LGBTIfobia, o antigitanismo e outras formas de ódio continuam a ferir vidas, a causar dor e a fragmentar a nossa sociedade.
A diversidade não é uma ameaça, é uma riqueza. Aceitar as nossas diferenças e conviver com respeito é essencial para construir um mundo mais justo, livre e igualitário. Por isso, devemos quebrar estereótipos, derrubar preconceitos e desafiar normas que ainda permitem discriminação, violência, desprezo e ódio. Trabalhar pela igualdade não é uma utopia, é um dever ético e um objetivo alcançável se tivermos verdadeira vontade.
Nesta noite, celebramos a chegada daquela criança nascida para trazer esperança, luz e amor à Humanidade. Uma criança que, juntamente com a sua família, se tornou refugiada logo ao nascer, fugindo de uma morte certa, tal como hoje fazem milhares de crianças e famílias em diferentes partes do mundo. Para comemorar o seu nascimento, reunimo-nos em torno de mesas cheias de alimentos, lembrando-nos de um homem que transformou a nossa forma de compreender o amor e a dignidade humana.
No Judaísmo, ele é reconhecido pelo nome יְהוֹשֻׁעַ, Yehošuaʕ, ou יֵשׁוּעַ, Yešuaʕ; no Islão, é venerado como عيسى ʿĪsā ou Isa; e no Cristianismo, é conhecido como Jesus. Seja qual for a nossa fé ou crença, a mensagem que nos deixou transcende qualquer religião e pode ser resumida de forma simples e profunda: EU AMO-TE E MAIS NADA IMPORTA.
Por isso, nesta noite, pensemos em todas aquelas famílias que, como José, Maria e o menino Jesus, são obrigadas a fugir para salvar as suas vidas. Pensemos naqueles que continuam a ser rejeitados por quem não aceita a verdade fundamental de que todos os seres humanos nascem livres e iguais em dignidade e direitos. Naqueles que vivem presos na solidão, naqueles que lutam contra a fome e o frio, e naqueles que há anos esperam em silêncio um abraço reconfortante.
Talvez tenha chegado o momento de voltar a centrar-nos no que realmente importa, naquilo que nos une verdadeiramente, e pô-lo em prática todos os dias do ano, e não apenas nesta época. Nunca nos esqueçamos de que cada pessoa tem um papel essencial na construção de um mundo onde o respeito por todos e pelos seus direitos humanos básicos e fundamentais seja verdadeiramente universal.
Estes dias convidam-nos a agir com compaixão, compreensão, bondade e amor: quatro pilares essenciais para um futuro mais justo e em paz. Devemos comprometer-nos a respeitar e proteger a dignidade humana inviolável de cada pessoa, seja quem for.
É isto que queria partilhar com todos vocês, acompanhado pelos meus sete desejos, que, espero, vos acompanhem hoje, amanhã e sempre:
Dignidade, Prosperidade, Felicidade, Paz, Amor, Saúde e Sorte.
Nesta noite mágica e cheia de esperança, tornemos possível o sonho de um mundo melhor.
Um mundo cheio de Luz.
FELIZES FESTAS! FELIZ HANUCÁ! FELIZ NATAL!
🇷🇺 РУССКИЙ 🇧🇾 Мечта о лучшем мире
С годами мы начинаем понимать, что эти дни несут в себе совсем иной смысл, нежели тот, к которому мы привыкли. За пределами огней, литургических ритуалов и традиций это время приглашает нас остановиться и заглянуть внутрь себя. Независимо от наших убеждений, любовь и забота о тех, кто рядом с нами, напоминают нам о том, что действительно важно.
На протяжении жизни многие люди оставляют в нас глубокий след. Одни остаются рядом навсегда; другие уходят, не прощаясь; кто-то возвращается неожиданно, возможно, именно тогда, когда мы нуждаемся в этом больше всего; а некоторые, к сожалению, не возвращаются никогда. Но даже тогда они продолжают быть частью нас — живыми в памяти, в общих воспоминаниях и в том сокровенном месте, где обитают чувства, которые никогда не исчезают.
Мы скорбим об утрате и чувствуем пустоту, оставленную теми, кого больше нет, но в то же время ощущаем тепло тех, кто протянул нам руку помощи в самые трудные моменты. Возможно, в этом и заключается один из главных уроков жизни. Речь не о том, чтобы просить сил, а о том, чтобы принять испытания, которые помогают нам расти, опираясь на поддержку, солидарность и любовь окружающих.
Но за пределами семейных встреч за праздничным столом мы не можем забывать о тех, кому нечего праздновать. О семьях, вынужденных разлучаться или покидать свои дома, спасаясь от войны, бедности, голода и неминуемой смерти. О тех, кто сталкивается с отвержением в собственном доме лишь за то, что они есть, чувствуют, думают или любят так, как каждый человек имеет право. О больных, у которых больше нет сил обнять тех, кого они любят. О людях без дома, чьим единственным спутником становится холод ночи. И о всех тех, кто проведёт эти дни в одиночестве, ожидая жеста тепла или тоскуя по словам «я тебя люблю» от тех, кто уже почти их забыл.
В этот сочельник, когда многие из нас собираются с семьями, давайте не забывать о тех, чьи самые базовые права нарушаются — правах, которые должны принадлежать каждому человеку без исключения, независимо от места рождения или жизненных обстоятельств.
Мы живём в мире, где мир остаётся хрупким и ускользающим. Войны в Украине и Газе напоминают нам о том, насколько уязвимы права человека в условиях вооружённых конфликтов. Страдания, вынужденное перемещение и гибель тысяч невинных людей должны волновать нас как человечество. Каждая потерянная жизнь — это невосполнимая утрата для всего мира. Право на мир и безопасность — не привилегия, а фундаментальное право человека, которое необходимо защищать и гарантировать всегда.
Международное сообщество несёт моральную и юридическую ответственность за поиск мирных и устойчивых решений, устраняющих коренные причины конфликтов и ставящих человеческое достоинство в центр любой политической деятельности. Малые поступки имеют значение, но они должны рождаться из искренней приверженности, а не из пустых и поверхностных жестов.
Нам ещё предстоит долгий путь, чтобы искоренить все формы насилия, ненависти и дискриминации. Насилие в отношении женщин и девочек остаётся открытой раной во многих уголках мира. Но дискриминация имеет множество лиц: по признаку пола, сексуальной ориентации, идентичности, происхождения, религии, цвета кожи, бедности или социального положения. Расизм, ксенофобия, антисемитизм, апорофобия, ЛГБТИфобия, антицыганские настроения и другие формы ненависти продолжают разрушать жизни, причинять боль и раскалывать общество.
Разнообразие — не угроза, а источник богатства. Принятие наших различий и уважительное сосуществование необходимы для построения более справедливого, свободного и равноправного мира. Поэтому важно разрушать стереотипы, преодолевать предрассудки и бросать вызов нормам, которые всё ещё допускают дискриминацию, насилие, презрение и ненависть. Стремление к равенству — не утопия, а этическая обязанность и достижимая цель, если мы действительно этого хотим.
В эту ночь мы отмечаем рождение ребёнка, принесшего надежду, свет и любовь всему человечеству. Ребёнка, который вместе со своей семьёй стал беженцем с самого рождения, спасаясь от неминуемой смерти, как это сегодня происходит с тысячами детей по всему миру. Отмечая его рождение, мы собираемся за столами, полными еды, вспоминая человека, изменившего наше понимание любви и человеческого достоинства.
В иудаизме его знают как יְהוֹשֻׁעַ (Йехошуа) или יֵשׁוּעַ (Йешуа); в исламе его почитают как عيسى (ʿИса); а в христианстве он известен как Иисус. Независимо от нашей веры или убеждений, оставленное им послание выходит за рамки любой религии и может быть выражено просто: Я ЛЮБЛЮ ТЕБЯ, И БОЛЬШЕ НИЧТО НЕ ИМЕЕТ ЗНАЧЕНИЯ.
Поэтому в эту ночь давайте вспомним все те семьи, которые, подобно Иосифу, Марии и младенцу Иисусу, вынуждены бежать, чтобы спасти свои жизни. Вспомним тех, кого по-прежнему отвергают за непринятие простой истины: все люди рождаются свободными и равными в своём достоинстве и правах. Тех, кто живёт в одиночестве, кто борется с голодом и холодом, и тех, кто годами в тишине мечтает об утешительном объятии.
Возможно, пришло время вновь сосредоточиться на том, что действительно важно, на том, что нас объединяет, и воплощать это в жизнь каждый день, а не только в праздничные даты. Никогда не забывайте: каждый из нас играет важную роль в построении мира, где уважение к каждому человеку и его основным правам станет по-настоящему универсальным.
Эти дни призывают нас действовать, руководствуясь состраданием, пониманием, добротой и любовью — четырьмя основами более справедливого и мирного будущего. Мы должны взять на себя обязательство уважать и защищать неприкосновенное человеческое достоинство каждого, кем бы он ни был.
Вот чем я хотел(а) поделиться со всеми вами, вместе с моими семью пожеланиями, которые, надеюсь, будут сопровождать вас сегодня, завтра и всегда:
Достоинство, Процветание, Счастье, Мир, Любовь, Здоровье и Удача.
В эту волшебную и наполненную надеждой ночь давайте сделаем мечту о лучшем мире реальностью.
مع مرور السنوات، ندرك أن هذه المناسبات تحمل معنى مختلفًا تمامًا عما نعتاد على اعتباره. بعيدًا عن الأضواء والطقوس الدينية أو التقاليد، فإن هذه الأيام تدعونا للتوقف والنظر إلى داخل أنفسنا. بغض النظر عن معتقداتنا، فإن الحب والمودة تجاه من يرافقوننا يذكّرنا بما هو فعلاً مهم.
طوال حياتنا، سيترك العديد من الأشخاص أثرًا عميقًا. بعضهم سيظل دائمًا إلى جانبنا؛ آخرون سيرحلون دون أن يطلب أحد منهم ذلك؛ البعض سيعود في أوقات غير متوقعة، ربما في اللحظة التي نحتاجهم فيها أكثر؛ وآخرون، للأسف، لن يعودوا أبدًا. ومع ذلك، يظلون جزءًا من كياننا، أحياء في الذكريات والتجارب المشتركة، وفي ذلك المكان الداخلي حيث تعيش المشاعر التي لا تختفي أبدًا.
نحزن على غياب من رحلوا ونشعر بالفراغ الذي تركوه، لكننا أيضًا نشعر بدفء من مدّوا لنا يد العون في أصعب لحظاتنا. ربما تكمن هناك إحدى أعظم دروس الحياة. المسألة ليست طلب القوة، بل قبول التحديات التي تساعدنا على النمو، بالاعتماد على الحب والدعم والتضامن من حولنا.
ومع ذلك، بعيدًا عن لقاءاتنا العائلية حول المائدة، يجب ألا ننسى من لا شيء لديهم للاحتفال به. كل تلك العائلات التي تُجبر على الانفصال أو الهروب من منازلها هربًا من الحرب أو الفقر أو الجوع أو الموت المحتوم. من يعانون من الرفض في منازلهم لمجرد كونهم أو شعورهم أو تفكيرهم أو حبهم كما يحق لأي شخص أن يفعل. المرضى الذين لم يعد لديهم القوة لاحتضان أحبائهم. من لا مأوى لهم وتكون وحدتهم الوحيدة هي برد الليل. وكل من سيقضي هذه الأيام وحيدًا، منتظرًا حضنًا مليئًا بالحب أو متمنيًا سماع «أحبك» من أحبائهم الذين بالكاد يتذكرونهم.
في ليلة عيد الميلاد هذه، بينما يجتمع الكثيرون منا مع عائلاتهم، لا ننسى أيضًا من تنتهك حقوقهم الأساسية، الحقوق التي يجب أن تسري على الجميع دون استثناء، بغض النظر عن مكانهم أو ظروفهم.
نعيش في عالم حيث السلام لا يزال هشًا وهشًا للغاية. الحروب في أوكرانيا وغزة تذكّرنا بمدى ضعف حقوق الإنسان أثناء الحرب. المعاناة، والنزوح القسري، وموت آلاف الأبرياء يجب أن تهز ضميرنا الإنساني. كل حياة مفقودة تمثل خسارة لا تعوّض للبشرية جمعاء. الحق في السلام والأمن ليس امتيازًا، بل هو حق إنساني أساسي يجب حمايته وضمانه في كل لحظة.
المجتمع الدولي يتحمل المسؤولية الأخلاقية والقانونية للعمل من أجل حلول سلمية ومستدامة، ومعالجة الأسباب الجذرية للنزاعات، ووضع كرامة الإنسان في قلب كل عمل سياسي. الأعمال الصغيرة مهمة، لكنها يجب أن تنبع من التزام صادق، وليس من أجل الظهور فقط.
لا يزال أمامنا طريق طويل للقضاء على كل أشكال العنف والكراهية والتمييز. العنف ضد النساء والفتيات لا يزال جرحًا مفتوحًا في أجزاء كثيرة من العالم. ومع ذلك، فإن التمييز يتخذ أشكالًا متعددة: بسبب الجنس، التوجه الجنسي، الهوية، الأصل، الدين، لون البشرة، الفقر أو الوضع الاجتماعي. العنصرية، كراهية الأجانب، معاداة السامية، رهاب الفقر، رهاب المثلية، رهاب الغجر وأشكال أخرى من الكراهية تستمر في إيذاء الأرواح، وإحداث الألم، وتفتيت المجتمع.
التنوع ليس تهديدًا، بل مصدر ثراء. قبول اختلافاتنا والتعايش بالاحترام أمر أساسي لبناء عالم أكثر عدلاً وحرية ومساواة. لذلك، علينا كسر الصور النمطية، وتفكيك الأحكام المسبقة، وتحدي القواعد التي ما زالت تسمح بالتمييز والعنف والازدراء والكراهية. العمل من أجل المساواة ليس حلمًا utopia، بل واجب أخلاقي وهدف يمكن تحقيقه إذا كان لدينا إرادة حقيقية.
في هذه الليلة، نحتفل بميلاد الطفل الذي جاء ليجلب الأمل والنور والحب للبشرية. هذا الطفل، مع عائلته، أصبح لاجئًا منذ ولادته، هاربًا من الموت المحتوم، كما يفعل اليوم آلاف الأطفال في مختلف أنحاء العالم. لتكريم ميلاده، نجتمع حول موائد مليئة بالطعام، مذكرين أنفسنا برجل غيّر طريقة فهمنا للحب وكرامة الإنسان.
في اليهودية يُعرف باسم יְהוֹשֻׁעַ Yehošuaʕ أو יֵשׁוּעַ Yešuaʕ؛ وفي الإسلام يُكرّم باسم عيسى ʿĪsā أو Isa؛ وفي المسيحية يُعرف باسم يسوع. بغض النظر عن إيماننا، فإن الرسالة التي تركها تتجاوز أي دين، ويمكن تلخيصها ببساطة: أحبك وهذا كل شيء.
لذلك، في هذه الليلة، دعونا نفكر في كل تلك العائلات التي، مثل يوسف ومريم والمسيح الطفل، اضطرّت للهروب لحماية حياتهم. نفكر في من يُرفضون لأن أحدًا لا يقبل الحقيقة الأساسية أن جميع البشر يولدون أحرارًا ومتساوين في الكرامة والحقوق. فيمن يعيشون في الوحدة، وفيمن يكافحون الجوع والبرد، وفيمن انتظروا سنوات في صمت لعناق يخفف عنهم.
ربما حان الوقت الآن للتركيز على ما هو حقًا مهم، وما يوحدنا حقًا، وتطبيقه طوال العام وليس فقط في هذه المناسبات. لا ننسى أبدًا أن لكل فرد دور أساسي في بناء عالم تُحترم فيه حقوق الإنسان الأساسية للجميع.
تدعونا هذه الأيام للعمل من منطلق التعاطف والتفهم واللطف والمحبة، أربعة أعمدة أساسية لمستقبل أكثر عدلاً وسلامًا. علينا الالتزام باحترام وحماية الكرامة الإنسانية غير القابلة للمساس لكل شخص، بغض النظر عن هويته.
هذه هي الرسالة التي أردت مشاركتها مع الجميع، مع أمنياتي السبعة، التي آمل أن ترافقكم اليوم وغدًا ودائمًا:
الكرامة، الازدهار، السعادة، السلام، الحب، الصحة والحظ.
في هذه الليلة الساحرة والمليئة بالأمل، دعونا نجعل حلم عالم أفضل حقيقة.