(Escrito en 🇪🇸🇲🇽– Written in 🇬🇧🇺🇸– Scritto in 🇮🇹– Rédigé en 🇫🇷🇨🇩– Escrito em 🇵🇹🇧🇷)
🇪🇸ESPAÑOL🇲🇽
Hay muchas maneras de celebrar este día, 12 de octubre. Así lo hacen millones de personas en todo el mundo y de forma tan apasionada como legítima pero siempre desde civismo y la reivindicación pacífica que son del todo inexcusables.
Con la lengua que nos une y que ha visto nacer y encumbrar a grandes figuras de la Literatura Universal como Gabriel García Márquez, Rubén Darío, Mario Vargas Llosa, Lope de Vega, Federico García Lorca, Isabel Allende, Inca Garcilaso de la Vega, Calderón de la Barca, Ana María Matute, Benito Pérez Galdós, Jacinto Benavente, Juan Ramón Jiménez, Vicente Aleixandre, Camilo José Cela, Ana Teresa de la Parra Sanojo, Carmen Conde Abellán, Gloria Fuertes, Rafael Alberti, Antonio Machado o el gran Maestro y Príncipe de las Letras, Miguel de Cervantes Saavedra, hemos ser capaces de enviar un mensaje de concordia y reencuentro, más necesario que nunca, entre ambas orillas.
Hoy, cientos de miles de personas rinden hoy homenaje a la Virgen del Pilar, Patrona de España, de la Comunidad de Aragón, de la Ciudad de Zaragoza, de la Guardia Civil y del Cuerpo de Correo. Todas ellas acuden en peregrinaje a mostrar sus respetos ante una figura del siglo XV profesando la fe que une a millones de personas en todo el mundo.
En España, en este día de Fiesta Nacional, conmemoramos la primera andadura a través de los mares más allá del mundo conocido hasta ese momento. Una fecha que marcaría la unión de la Vieja Europa con el Nuevo Mundo que, siglos después, aún perdura enriqueciéndose cada día desde la diversidad de sus respectivos pueblos en sus tradiciones ancestrales que no siempre han sido objeto de protección sino, desgraciadamente, todo lo contrario.
Desde esa diversidad que nos enriquece, hemos de reconocer los esfuerzos de quienes han consagrado sus vidas a defender los derechos humanos y la dignidad inviolable de los pueblos originarios de todo el mundo y también a quienes dedican todo su tiempo a proteger y a recuperar el enorme patrimonio histórico y cultural. Un patrimonio de valor incalculable, en lo material e inmaterial, y de cuyas pérdidas irreparables debemos sentirnos responsables hasta que, al menos, sean reparadas moralmente.
Sé que habrá quien critique efusivamente estas palabras pero, al menos, y desde mi conciencia personal como ser humano, yo sí pido perdón por el dolor que, durante siglos, las generaciones pasadas infringieron sobre quienes fueron masacrados y esclavizados por mero afán de riqueza o bajo el pretexto de llevar la “civilización y la fe” destrozando la suya y persiguiendo sus creencias y tradiciones ancestrales.
Es cierto, más allá de las brillantes luces que supuso la llegada al Nuevo Mundo, no podemos olvidar el dolor, el sufrimiento y la muerte de millones de seres humanos en lo que supuso un verdadero genocidio cultural y humano (quizá el primero de la Edad Moderna) movido por la codicia, la sinrazón y la ignorancia. Siglos más tarde, hay quienes aún niegan la necesidad de una reparación, desde el perdón más sincero, tanto por el expolio ejercido como por la pérdida de millones de vidas humanas así como por la casi total desaparición de un patrimonio cultural y humano cuyos vestigios son objeto de fascinación y estudio por todo el mundo. Por estas razones, de sobra justificadas, este día también se celebra como el Día de la Resistencia de los Pueblos Indígenas en recuerdo de los Pueblos Originarios que, durante siglos, lucharon y siguen luchando por la supervivencia de su cultura, su lengua y sus tradiciones ancestrales que hubieran supuesto una pérdida irreparable para toda la Humanidad de haber desaparecido totalmente.
Como forma de reivindicar ese patrimonio humano y cultural, debemos honrar la bandera Wiphala en señal de respeto hacia todos los pueblos amerindios. Un bandera que une bajo una misma esencia a toda la Humanidad en comunión con la Naturaleza. El color rojos simboliza a la Madre Tierra, el pensamiento y los conocimiento ancestrales de los amawtas; el color naranja representa la cultura y tejido de una sociedad diversa, llena de vida y de riqueza; el color amarillo representa la fuerza y la hermandad de todos los pueblos amerindios; el color blanco representa la expresión y representación del tiempo, de la lengua común que les une y del cambio permanente a través del conocimiento y de la ciencia; el color verde representa la enorme riqueza de sus tierras que deben ser respetas y cuidadas con mimo para las próximas generaciones; el color azul que representa el manto celeste que nos cubre a todos por igual y la influencia de las estrellas que brillan en el firmamento; y, por último, el color violeta, que simboliza la fuerza de una comunidad unida bajo una misma voz y una misma identidad como pueblo.
Ciertamente, hay multitud de maneras de conmemorar este día pero, sea cual sea la forma escogida, debemos hacerlo siempre desde el civismo, el reconocimiento, el perdón y el respeto a la diversidad que tanto nos ha unido y enriquecido. Solo así honraremos a quienes lucharon por mantener esa huella que ha conseguido perdurar hasta nuestros días y que debemos proteger siempre
A pesar de los difíciles momentos que atravesamos, ahora más que nunca, sin importar quiénes seamos, cómo seamos o nuestro lugar de procedencia, debemos caminar de la mano, respetando la diversidad que nos une, bajo un mismo presente y por un futuro común para ambos horizontes.
Un futuro de paz, de libertad, de igualdad, de justicia social y de sincera hermandad.
A ambos lados del océano.
De todos los océanos.

🇬🇧ENGLISH🇺🇸
BETWEEN BOTH SHORES
There are many ways to celebrate this day, 12 October. This is how millions of people all over the world do it, in a way that is as passionate as it is legitimate, but always based on civic-mindedness and peaceful protest, which are absolutely inexcusable.
With the language that unites us and that has seen the birth and rise of great figures of Universal Literature such as Gabriel García Márquez, Rubén Darío, Mario Vargas Llosa, Lope de Vega, Federico García Lorca, Isabel Allende, Inca Garcilaso de la Vega, Calderón de la Barca, Ana María Matute, Benito Pérez Galdós, Jacinto Benavente, Juan Ramón Jiménez, Vicente Aleixandre, Camilo José Cela, Ana Teresa de la Parra Sanojo, Carmen Conde Abellán, Gloria Fuertes, Rafael Alberti, Antonio Machado or the great Master and Prince of Letters, Miguel de Cervantes Saavedra, we must be able to send a message of concord and reunion, more necessary than ever, between both shores.
Today, hundreds of thousands of people are paying homage to the Virgen del Pilar, Patron Saint of Spain, of the Community of Aragon, of the City of Zaragoza, of the Civil Guard and of the Postal Corps. All of them come on pilgrimage to pay their respects to a 15th century figure professing the faith that unites millions of people all over the world.
In Spain, on this National Holiday, we commemorate the first voyage across the seas beyond the world known up to that time. A date that would mark the union of Old Europe with the New World which, centuries later, still continues to be enriched every day by the diversity of their respective peoples in their ancestral traditions, which have not always been protected but, unfortunately, quite the opposite.
From this diversity that enriches us, we must recognise the efforts of those who have devoted their lives to defending the human rights and inviolable dignity of the original peoples of the world and also those who dedicate all their time to protecting and recovering the enormous historical and cultural heritage. A heritage of incalculable value, both tangible and intangible, and for whose irreparable losses we must feel responsible until, at least, they are morally repaired.
I know that there will be some who will criticise these words effusively but, at least, and from my personal conscience as a human being, I do ask forgiveness for the pain that, for centuries, past generations inflicted on those who were massacred and enslaved for the mere pursuit of wealth or under the pretext of bringing «civilisation and faith» by destroying their own and persecuting their ancestral beliefs and traditions.
It is true that, beyond the brilliant lights of the arrival in the New World, we cannot forget the pain, suffering and death of millions of human beings in what was a true cultural and human genocide (perhaps the first of the Modern Age) driven by greed, unreason and ignorance. Centuries later, there are those who still deny the need for reparation, based on the most sincere forgiveness, both for the plunder carried out and for the loss of millions of human lives, as well as for the almost total disappearance of a cultural and human heritage whose vestiges are the object of fascination and study all over the world. For these reasons, which are more than justified, this day is also celebrated as the Day of Resistance of Indigenous Peoples in memory of the Original Peoples who, for centuries, fought and continue to fight for the survival of their culture, language and ancestral traditions that would have been an irreparable loss for the whole of humanity if they had disappeared completely.
As a way of vindicating this human and cultural heritage, we must honour the Wiphala flag as a sign of respect for all Amerindian peoples. A flag that unites under the same essence all Humanity in communion with Nature. The red colour symbolises Mother Earth, the thought and ancestral knowledge of the Amawtas; the orange colour represents the culture and fabric of a diverse society, full of life and wealth; the yellow colour represents the strength and brotherhood of all Amerindian peoples; the white colour represents the expression and representation of time, of the common language that unites them and of the permanent change through knowledge and science; the colour green represents the enormous richness of their lands that must be respected and cared for with care for the next generations; the colour blue represents the celestial mantle that covers us all equally and the influence of the stars that shine in the firmament; and, finally, the colour violet, which symbolises the strength of a community united under one voice and one identity as a people.
Certainly, there are a multitude of ways to commemorate this day but, whichever way we choose, we must always do so with civility, recognition, forgiveness and respect for the diversity that has united and enriched us so much. Only in this way will we honour those who fought to maintain that footprint that has managed to endure to the present day and that we must always protect.
Despite the difficult times we are going through, now more than ever, no matter who we are, how we are or where we come from, we must walk hand in hand, respecting the diversity that unites us, under the same present and for a common future for both horizons.
A future of peace, freedom, equality, social justice and sincere brotherhood.
On both sides of the ocean.
Of all oceans.

🇮🇹ITALIANO🇮🇹
TRA LE DUE SPONDE
Ci sono molti modi per celebrare questo giorno, il 12 ottobre. È così che lo fanno milioni di persone in tutto il mondo, in un modo tanto appassionato quanto legittimo, ma sempre basato sul senso civico e sulla protesta pacifica, che sono assolutamente inescusabili.
Con la lingua che ci unisce e che ha visto nascere e crescere grandi figure della letteratura universale come Gabriel García Márquez, Rubén Darío, Mario Vargas Llosa, Lope de Vega, Federico García Lorca, Isabel Allende, Inca Garcilaso de la Vega, Calderón de la Barca, Ana María Matute, Benito Pérez Galdós, Jacinto Benavente, Juan Ramón Jiménez, Vicente Aleixandre, Camilo José Cela, Ana Teresa de la Parra Sanojo, Carmen Conde Abellán, Gloria Fuertes, Rafael Alberti, Antonio Machado o il grande Maestro e Principe delle Lettere, Miguel de Cervantes Saavedra, dobbiamo essere capaci di inviare un messaggio di concordia e riunione, più che mai necessario, tra le due sponde.
Oggi, centinaia di migliaia di persone rendono omaggio alla Virgen del Pilar, patrona della Spagna, della Comunità di Aragona, della città di Saragozza, della Guardia Civile e del Corpo Postale. Tutti vengono in pellegrinaggio per rendere omaggio a una figura del XV secolo che professa la fede che unisce milioni di persone in tutto il mondo.
In Spagna, in questa festa nazionale, si commemora il primo viaggio attraverso i mari oltre il mondo conosciuto fino a quel momento. Una data che segnerebbe l’unione della Vecchia Europa con il Nuovo Mondo che, secoli dopo, continua ancora ad arricchirsi ogni giorno della diversità dei rispettivi popoli nelle loro tradizioni ancestrali, che non sempre sono state protette ma, purtroppo, al contrario.
Da questa diversità che ci arricchisce, dobbiamo riconoscere gli sforzi di coloro che hanno dedicato la loro vita alla difesa dei diritti umani e della dignità inviolabile dei popoli originari del mondo e anche di coloro che dedicano tutto il loro tempo a proteggere e recuperare l’enorme patrimonio storico e culturale. Un patrimonio di valore incalcolabile, sia materiale che immateriale, e delle cui perdite irreparabili dobbiamo sentirci responsabili fino a quando, almeno, saranno moralmente riparate.
So che ci saranno alcuni che criticheranno queste parole in modo effusivo ma, almeno, e dalla mia coscienza personale di essere umano, chiedo perdono per il dolore che, per secoli, le generazioni passate hanno inflitto a coloro che sono stati massacrati e schiavizzati per la sola ricerca di ricchezza o con il pretesto di portare «civiltà e fede» distruggendo la loro e perseguitando le loro credenze e tradizioni ancestrali.
È vero che, al di là delle luci brillanti dell’arrivo nel Nuovo Mondo, non possiamo dimenticare il dolore, la sofferenza e la morte di milioni di esseri umani in quello che fu un vero genocidio culturale e umano (forse il primo dell’Età Moderna) guidato dall’avidità, dall’irragionevolezza e dall’ignoranza. A distanza di secoli, c’è ancora chi nega la necessità di un risarcimento, basato sul più sincero perdono, sia per il saccheggio compiuto che per la perdita di milioni di vite umane, così come per la quasi totale scomparsa di un patrimonio culturale e umano le cui vestigia sono oggetto di fascino e di studio in tutto il mondo. Per queste ragioni, più che giustificate, questo giorno si celebra anche come il Giorno della Resistenza dei Popoli Indigeni in memoria dei Popoli Originari che, per secoli, hanno lottato e continuano a lottare per la sopravvivenza della loro cultura, lingua e tradizioni ancestrali che sarebbero state una perdita irreparabile per tutta l’umanità se fossero scomparse completamente.
Per rivendicare questo patrimonio umano e culturale, dobbiamo onorare la bandiera Wiphala come segno di rispetto per tutti i popoli amerindi. Una bandiera che unisce sotto la stessa essenza tutta l’Umanità in comunione con la Natura. Il colore rosso simboleggia la Madre Terra, il pensiero e la conoscenza ancestrale degli Amawtas; il colore arancione rappresenta la cultura e il tessuto di una società diversa, piena di vita e di ricchezza; il colore giallo rappresenta la forza e la fratellanza di tutti i popoli amerindi; il colore bianco rappresenta l’espressione e la rappresentazione del tempo, della lingua comune che li unisce e del cambiamento permanente attraverso la conoscenza e la scienza; il colore verde rappresenta l’enorme ricchezza delle loro terre che deve essere rispettata e curata con attenzione per le prossime generazioni; il colore blu rappresenta il manto celeste che ci copre tutti allo stesso modo e l’influenza delle stelle che brillano nel firmamento; e, infine, il colore viola, che simboleggia la forza di una comunità unita sotto una sola voce e una sola identità come popolo.
Certamente, ci sono una moltitudine di modi per commemorare questo giorno ma, qualunque sia il modo che scegliamo, dobbiamo sempre farlo con civiltà, riconoscimento, perdono e rispetto per la diversità che ci ha uniti e arricchiti così tanto. Solo in questo modo onoreremo coloro che hanno lottato per mantenere quell’impronta che è riuscita a resistere fino ad oggi e che dobbiamo sempre proteggere.
Nonostante i tempi difficili che stiamo attraversando, ora più che mai, non importa chi siamo, come siamo o da dove veniamo, dobbiamo camminare mano nella mano, rispettando la diversità che ci unisce, sotto lo stesso presente e per un futuro comune per entrambi gli orizzonti.
Un futuro di pace, libertà, uguaglianza, giustizia sociale e fratellanza sincera.
Su entrambi i lati dell’oceano.
Di tutti gli oceani.

🇫🇷FRANÇAIS🇨🇩
ENTRE LES DEUX RIVES
Il existe de nombreuses façons de célébrer cette journée du 12 octobre. C’est ainsi que le font des millions de personnes dans le monde entier, d’une manière aussi passionnée que légitime, mais toujours basée sur le civisme et la protestation pacifique, qui sont absolument inexcusables.
Avec la langue qui nous unit et qui a vu naître et s’élever de grandes figures de la littérature universelle comme Gabriel García Márquez, Rubén Darío, Mario Vargas Llosa, Lope de Vega, Federico García Lorca, Isabel Allende, Inca Garcilaso de la Vega, Calderón de la Barca, Ana María Matute, Benito Pérez Galdós, Jacinto Benavente, Juan Ramón Jiménez, Vicente Aleixandre, Camilo José Cela, Ana Teresa de la Parra Sanojo, Carmen Conde Abellán, Gloria Fuertes, Rafael Alberti, Antonio Machado ou le grand maître et prince des lettres, Miguel de Cervantes Saavedra, nous devons pouvoir envoyer un message de concorde et de réunion, plus nécessaire que jamais, entre les deux rives.
Aujourd’hui, des centaines de milliers de personnes rendent hommage à la Virgen del Pilar, patronne de l’Espagne, de la Communauté d’Aragon, de la ville de Saragosse, de la Garde civile et du Corps postal. Tous viennent en pèlerinage pour rendre hommage à un personnage du XVe siècle qui professe la foi qui unit des millions de personnes dans le monde entier.
En Espagne, en cette fête nationale, nous commémorons le premier voyage au-delà des mers du monde connu jusqu’à cette époque. Une date qui marquerait l’union de la Vieille Europe avec le Nouveau Monde qui, des siècles plus tard, continue à s’enrichir chaque jour de la diversité de leurs peuples respectifs dans leurs traditions ancestrales, qui n’ont pas toujours été protégées mais, malheureusement, bien au contraire.
De cette diversité qui nous enrichit, nous devons reconnaître les efforts de ceux qui ont consacré leur vie à la défense des droits de l’homme et de la dignité inviolable des peuples originaires du monde et aussi de ceux qui consacrent tout leur temps à la protection et à la récupération de l’énorme patrimoine historique et culturel. Un patrimoine d’une valeur incalculable, tant matériel qu’immatériel, et dont nous devons nous sentir responsables des pertes irréparables jusqu’à ce que, au moins, elles soient moralement réparées.
Je sais que certains critiqueront ces paroles avec effusion mais, au moins, et de par ma conscience personnelle d’être humain, je demande pardon pour la douleur que, pendant des siècles, les générations passées ont infligée à ceux qui ont été massacrés et réduits en esclavage pour la simple recherche de la richesse ou sous le prétexte d’apporter «la civilisation et la foi» en détruisant les leurs et en persécutant leurs croyances et traditions ancestrales.
Il est vrai qu’au-delà des lumières brillantes de l’arrivée dans le Nouveau Monde, nous ne pouvons pas oublier la douleur, la souffrance et la mort de millions d’êtres humains dans ce qui fut un véritable génocide culturel et humain (peut-être le premier de l’ère moderne) motivé par la cupidité, la déraison et l’ignorance. Des siècles plus tard, certains continuent de nier la nécessité d’une réparation, fondée sur le pardon le plus sincère, tant pour le pillage effectué et la perte de millions de vies humaines que pour la disparition presque totale d’un patrimoine culturel et humain dont les vestiges font l’objet de fascination et d’étude dans le monde entier. Pour ces raisons, qui sont plus que justifiées, ce jour est également célébré comme la Journée de la résistance des peuples autochtones, en mémoire des peuples originels qui, pendant des siècles, ont lutté et continuent de lutter pour la survie de leur culture, de leur langue et de leurs traditions ancestrales, dont la disparition totale aurait constitué une perte irréparable pour l’ensemble de l’humanité.
Pour valoriser cet héritage humain et culturel, nous devons honorer le drapeau Wiphala en signe de respect pour tous les peuples amérindiens. Un drapeau qui unit sous une même essence toute l’Humanité en communion avec la Nature. La couleur rouge symbolise la Terre Mère, la pensée et les connaissances ancestrales des Amawtas ; la couleur orange représente la culture et le tissu d’une société diversifiée, pleine de vie et de richesse ; la couleur jaune représente la force et la fraternité de tous les peuples amérindiens ; la couleur blanche représente l’expression et la représentation du temps, de la langue commune qui les unit et du changement permanent par la connaissance et la science ; la couleur verte représente l’énorme richesse de leurs terres qui doivent être respectées et entretenues avec soin pour les prochaines générations ; la couleur bleue représente le manteau céleste qui nous couvre tous de manière égale et l’influence des étoiles qui brillent au firmament ; et, enfin, la couleur violette, qui symbolise la force d’une communauté unie sous une seule voix et une seule identité en tant que peuple.
Il existe certainement une multitude de façons de commémorer cette journée mais, quelle que soit la manière choisie, nous devons toujours le faire avec civilité, reconnaissance, pardon et respect de la diversité qui nous a tant unis et enrichis. Ce n’est que de cette manière que nous rendrons hommage à ceux qui se sont battus pour maintenir cette empreinte qui a réussi à perdurer jusqu’à aujourd’hui et que nous devons toujours protéger.
Malgré les moments difficiles que nous traversons, aujourd’hui plus que jamais, peu importe qui nous sommes, comment nous sommes et d’où nous venons, nous devons marcher main dans la main, dans le respect de la diversité qui nous unit, sous un même présent et pour un avenir commun aux deux horizons.
Un avenir de paix, de liberté, d’égalité, de justice sociale et de fraternité sincère.
Des deux côtés de l’océan.
De tous les océans.

🇵🇹PORTUGUÊS🇧🇷
ENTRE AS DUAS MARGENS
Há muitas maneiras de celebrar este dia, 12 de Outubro. É assim que milhões de pessoas em todo o mundo o fazem, de uma forma tão apaixonada quanto legítima, mas sempre baseada na civismo e no protesto pacífico, que são absolutamente indesculpáveis.
Com a linguagem que nos une e que assistiu ao nascimento e ascensão de grandes figuras da Literatura Universal como Gabriel García Márquez, Rubén Darío, Mario Vargas Llosa, Lope de Vega, Federico García Lorca, Isabel Allende, Inca Garcilaso de la Vega, Calderón de la Barca, Ana María Matute, Benito Pérez Galdós, Jacinto Benavente, Juan Ramón Jiménez, Vicente Aleixandre, Camilo José Cela, Ana Teresa de la Parra Sanojo, Carmen Conde Abellán, Gloria Fuertes, Rafael Alberti, Antonio Machado ou o grande Mestre e Príncipe de Letras, Miguel de Cervantes Saavedra, devemos ser capazes de enviar uma mensagem de concórdia e de reunião, mais necessária do que nunca, entre as duas margens.
Hoje, centenas de milhares de pessoas prestam homenagem à Virgen del Pilar, padroeira de Espanha, da Comunidade de Aragão, da Cidade de Saragoça, da Guarda Civil e do Corpo dos Correios. Todos eles vêm em peregrinação para prestar a sua homenagem a uma figura do século XV que professa a fé que une milhões de pessoas em todo o mundo.
Em Espanha, neste feriado nacional, comemoramos a primeira viagem através dos mares para além do mundo conhecido até essa altura. Uma data que marcaria a união da Velha Europa com o Novo Mundo que, séculos mais tarde, continua a ser enriquecida todos os dias pela diversidade dos seus respectivos povos nas suas tradições ancestrais, que nem sempre foram protegidas mas, infelizmente, muito pelo contrário.
Desta diversidade que nos enriquece, devemos reconhecer os esforços daqueles que dedicaram as suas vidas à defesa dos direitos humanos e da dignidade inviolável dos povos originais do mundo e também daqueles que dedicam todo o seu tempo à protecção e recuperação do enorme património histórico e cultural. Um património de valor incalculável, tanto material como imaterial, e por cujas perdas irreparáveis nos devemos sentir responsáveis até, pelo menos, serem moralmente reparadas.
Sei que haverá quem critique estas palavras efusivamente mas, pelo menos, e da minha consciência pessoal como ser humano, peço perdão pela dor que, durante séculos, gerações passadas infligiram àqueles que foram massacrados e escravizados pela mera busca da riqueza ou sob o pretexto de trazer «civilização e fé», destruindo a sua própria e perseguindo as suas crenças e tradições ancestrais.
É verdade que, para além das luzes brilhantes da chegada ao Novo Mundo, não podemos esquecer a dor, o sofrimento e a morte de milhões de seres humanos no que foi um verdadeiro genocídio cultural e humano (talvez o primeiro da Idade Moderna) movido pela ganância, desarrazoado e ignorância. Séculos mais tarde, há quem ainda negue a necessidade de reparação, baseada no perdão mais sincero, tanto pelo saque efectuado como pela perda de milhões de vidas humanas, bem como pelo desaparecimento quase total de um património cultural e humano cujos vestígios são objecto de fascínio e estudo em todo o mundo. Por estas razões, mais do que justificadas, este dia é também celebrado como o Dia da Resistência dos Povos Indígenas em memória dos Povos Originais que, durante séculos, lutaram e continuam a lutar pela sobrevivência da sua cultura, língua e tradições ancestrais que teriam sido uma perda irreparável para toda a humanidade se tivessem desaparecido completamente.
Como forma de reivindicar este património humano e cultural, devemos honrar a bandeira de Wiphala como sinal de respeito por todos os povos ameríndios. Uma bandeira que une sob a mesma essência toda a Humanidade em comunhão com a Natureza. A cor vermelha simboliza a Mãe Terra, o pensamento e conhecimento ancestral dos Amawtas; a cor laranja representa a cultura e o tecido de uma sociedade diversificada, cheia de vida e riqueza; a cor amarela representa a força e a fraternidade de todos os povos ameríndios; a cor branca representa a expressão e representação do tempo, da linguagem comum que os une e da mudança permanente através do conhecimento e da ciência; a cor verde representa a enorme riqueza das suas terras que deve ser respeitada e cuidada com cuidado para as próximas gerações; a cor azul representa o manto celeste que nos cobre a todos igualmente e a influência das estrelas que brilham no firmamento; e, finalmente, a cor violeta, que simboliza a força de uma comunidade unida sob uma só voz e uma só identidade como povo.
Há certamente uma multiplicidade de formas de comemorar este dia mas, seja qual for a nossa escolha, devemos fazê-lo sempre com civilidade, reconhecimento, perdão e respeito pela diversidade que tanto nos uniu e enriqueceu. Só assim honraremos aqueles que lutaram para manter essa pegada que conseguiu suportar até aos dias de hoje e que devemos sempre proteger.
Apesar dos tempos difíceis que estamos a atravessar, agora mais do que nunca, não importa quem somos, como somos ou de onde vimos, devemos caminhar de mãos dadas, respeitando a diversidade que nos une, sob o mesmo presente e por um futuro comum para ambos os horizontes.
Um futuro de paz, liberdade, igualdade, justiça social e fraternidade sincera.
De ambos os lados do oceano.
De todos os oceanos.
