(Escrito en 🇪🇸🇲🇽– Written in 🇬🇧🇺🇸– Scritto in 🇮🇹🇸🇲– Rédigé en 🇫🇷🇨🇩– Escrito em 🇵🇹🇧🇷)
🇪🇸ESPAÑOL🇲🇽
Cada año, el 23 de agosto, Día Internacional del Recuerdo de la Trata de Esclavos y de su Abolición, no solo recordamos las vidas perdidas, desgarradas y sometidas bajo el yugo de la esclavitud, también celebramos la resistencia, lucha y valor inquebrantable de quienes se alzaron contra la opresión y abrieron el camino hacia la libertad, la igualdad y la justicia.
La trata de esclavos fue un crimen contra la humanidad que dejó una profunda cicatriz en la historia de la humanidad. Millones de hombres, mujeres y niños fueron arrancados de África, la tierra que les vio nacer y transportados a la fuerza, en condiciones inhumanas hacia tierras lejanas al otro lado del Atlántico, donde fueron vendidos como mera mercancía. Despojados de su identidad, de sus derechos y de su dignidad, fueron sometidos a una vida de brutalidad, explotación y sufrimiento indescriptible. Las cadenas físicas que los ataban eran solo un reflejo de las cadenas mentales y sociales que buscaban imponerles un sentido de servidumbre, negándoles toda su valía y humanidad.
Bajo estas circunstancias oscuras, cuando parecía que no hay esperanza, la chispa de la resistencia surgió como nunca antes había ocurrido hasta ese momento. En plantaciones, minas y hogares, los esclavos llevaron a cabo rebeliones, actos de fuga y de reivindicación de su cultura y tradiciones y, sobre todo, mantuvieron viva la esperanza de libertad.
Todo comenzó el 23 de agosto de 1791, en la isla de Santo Domingo, hoy Haití, donde estalló una de las rebeliones más significativas de la historia: la Revolución Haitiana. Los esclavos se alzaron en armas, desafiando al imperio colonial y a un sistema que los había deshumanizado durante siglos. Su lucha, que culminó en la independencia de Haití en 1804, fue un faro de esperanza y un duro golpe contra el sistema esclavista que imperaba y se extendía en todo el mundo.
La abolición de la esclavitud tras décadas de lucha y sacrificio, fue un triunfo inmenso, pero la victoria no fue completa. Los pensamientos racistas que justificaban la práctica de la esclavitud no desaparecieron con la firma de decretos o leyes que abolían la esclavitud. Al contrario, se transformaron adoptando nuevas formas de violencia, opresión, discriminación y exclusión que persisten hasta nuestros días en distintas formas. Y es que, es evidente la permanencia de un racismo sistémico donde la desigualdad económica, la violencia y la negación de derechos y oportunidades continúan afectando a las comunidades afrodescendientes en todo el mundo. Por tanto, la lucha por la igualdad, la libertad y la justicia está lejos de haber terminado. Más bien, apenas ha iniciado su camino, especialmente si tenemos en cuenta que aquellos pensamientos profundamente racistas y discriminatorios vuelven a extenderse por toda nuestra sociedad.
He de ser capaces, no solo de mirar al pasado, sino también de cuestionar el presente para poder construir un futuro más justo. Como sociedad tenemos la obligación de reconocer la misma dignidad y humanidad compartida que pertenece a todas las personas, independientemente de su raza, etnia o origen. Por ello, al recordar a las víctimas de la esclavitud, también nos comprometemos con la erradicación de cualquier forma de explotación y discriminación que aún persisten en nuestra sociedad.
Hoy celebramos la riqueza de las culturas afrodescendientes, reconociendo su capacidad de resiliencia y sus enormes contribuciones al mundo en todos los ámbitos: en la música, el arte, la literatura, la ciencia, el deporte y mucho más. La riqueza de nuestras comunidades comunidades fue forjada en el crisol del sufrimiento y la resistencia de quienes, a pesar de todo el sufrimiento injusto, han regalado al mundo un legado cultural y espiritual de valor invaluable.
Hemos de ser capaces de enseñar a las nuevas generaciones la realidad acerca de las atrocidades del pasado, no solo para que nunca se repitan, sino también para que comprendan la enorme importancia de la solidaridad, el respeto mutuo y la defensa de los derechos humanos. Recordemos que la historia de la esclavitud no es solo una historia de dolor, sino también una historia de lucha y liberación que debe ser conocida y, sobre todo, reconocida.
Trabajemos juntos para construir un mundo en el que la dignidad humana de toda persona sea respetada y celebrada en toda su diversidad, sin olvidar las voces de quienes lucharon por su libertad.
Que su espíritu nos guíe.

🇬🇧ENGLISH🇺🇸
HOPE FOR FREEDOM
Each year, on the 23rd of August, International Day for the Remembrance of the Slave Trade and its Abolition, we not only remember the lives lost, torn apart, and subjugated under the yoke of slavery, but we also celebrate the resistance, struggle, and unwavering courage of those who rose against oppression and paved the way for freedom, equality, and justice.
The slave trade was a crime against humanity that left a deep scar on human history. Millions of men, women, and children were torn from Africa, the land of their birth, and forcibly transported under inhumane conditions to distant lands across the Atlantic, where they were sold as mere commodities. Stripped of their identity, their rights, and their dignity, they were subjected to a life of brutality, exploitation, and unspeakable suffering. The physical chains that bound them were only a reflection of the mental and social chains that sought to impose a sense of servitude, denying them their worth and humanity.
In these dark circumstances, when hope seemed lost, the spark of resistance arose as never before. On plantations, in mines, and within households, the enslaved carried out rebellions, acts of escape, and reclaimed their culture and traditions, above all, keeping the hope of freedom alive.
It all began on the 23rd of August, 1791, on the island of Saint-Domingue, now Haiti, where one of the most significant rebellions in history erupted: the Haitian Revolution. The enslaved took up arms, defying the colonial empire and a system that had dehumanised them for centuries. Their struggle, which culminated in Haiti’s independence in 1804, was a beacon of hope and a devastating blow to the global system of slavery.
The abolition of slavery, after decades of struggle and sacrifice, was an immense triumph, but the victory was not complete. The racist ideologies that justified the practice of slavery did not disappear with the signing of decrees or laws abolishing it. On the contrary, they evolved, adopting new forms of violence, oppression, discrimination, and exclusion that persist to this day in various forms. Indeed, systemic racism endures, where economic inequality, violence, and the denial of rights and opportunities continue to affect Afro-descendant communities around the world. Therefore, the fight for equality, freedom, and justice is far from over. Rather, it has only just begun, especially considering that deeply racist and discriminatory ideologies are once again spreading throughout our society.
We must be capable not only of looking to the past but also of questioning the present in order to build a more just future. As a society, we have an obligation to recognise the shared dignity and humanity that belongs to all people, regardless of race, ethnicity, or origin. Thus, in remembering the victims of slavery, we also commit ourselves to the eradication of any form of exploitation and discrimination that still persists in our society.
Today, we celebrate the richness of Afro-descendant cultures, acknowledging their resilience and their immense contributions to the world in all areas: music, art, literature, science, sport, and much more. The richness of our communities was forged in the crucible of suffering and resistance by those who, despite all unjust suffering, have gifted the world a cultural and spiritual legacy of inestimable value.
We must be able to teach the new generations the truth about the atrocities of the past, not only so that they are never repeated but also so that they understand the immense importance of solidarity, mutual respect, and the defence of human rights. Let us remember that the history of slavery is not just a story of pain but also a story of struggle and liberation that must be known and, above all, acknowledged.
Let us work together to build a world in which the human dignity of every person is respected and celebrated in all its diversity, never forgetting the voices of those who fought for their freedom.
May their spirit guide us.

🇮🇹ITALIANO🇸🇲
SPERANZA DI LIBERTÀ
Ogni anno, il 23 agosto, Giornata Internazionale del Ricordo della Tratta degli Schiavi e della sua Abolizione, non solo ricordiamo le vite perse, distrutte e sottomesse sotto il giogo della schiavitù, ma celebriamo anche la resistenza, la lotta e il coraggio incrollabile di coloro che si sono ribellati contro l’oppressione e hanno aperto la strada alla libertà, all’uguaglianza e alla giustizia.
La tratta degli schiavi è stata un crimine contro l’umanità che ha lasciato una profonda cicatrice nella storia dell’umanità. Milioni di uomini, donne e bambini furono strappati all’Africa, la terra che li aveva visti nascere, e trasportati con la forza, in condizioni disumane, verso terre lontane dall’altra parte dell’Atlantico, dove furono venduti come semplici merci. Spogliati della loro identità, dei loro diritti e della loro dignità, furono costretti a una vita di brutalità, sfruttamento e sofferenza indicibile. Le catene fisiche che li legavano erano solo un riflesso delle catene mentali e sociali che miravano a imporre loro un senso di servitù, negando loro ogni valore e umanità.
In queste circostanze oscure, quando sembrava che non ci fosse speranza, la scintilla della resistenza emerse come mai prima di allora. Nelle piantagioni, nelle miniere e nelle case, gli schiavi misero in atto ribellioni, atti di fuga e rivendicazioni della loro cultura e delle loro tradizioni e, soprattutto, mantennero viva la speranza di libertà.
Tutto ebbe inizio il 23 agosto 1791, sull’isola di Santo Domingo, oggi Haiti, dove scoppiò una delle ribellioni più significative della storia: la Rivoluzione Haitiana. Gli schiavi presero le armi, sfidando l’impero coloniale e un sistema che li aveva disumanizzati per secoli. La loro lotta, culminata nell’indipendenza di Haiti nel 1804, fu un faro di speranza e un duro colpo contro il sistema schiavista che imperava e si estendeva in tutto il mondo.
L’abolizione della schiavitù, dopo decenni di lotte e sacrifici, fu un trionfo immenso, ma la vittoria non fu completa. I pensieri razzisti che giustificavano la pratica della schiavitù non scomparvero con la firma di decreti o leggi che abolivano la schiavitù. Al contrario, si trasformarono, adottando nuove forme di violenza, oppressione, discriminazione ed esclusione che persistono fino ai nostri giorni in varie forme. Infatti, è evidente la permanenza di un razzismo sistemico in cui l’ineguaglianza economica, la violenza e la negazione di diritti e opportunità continuano ad avere un impatto sulle comunità afrodiscendenti in tutto il mondo. Pertanto, la lotta per l’uguaglianza, la libertà e la giustizia è ben lontana dall’essere terminata. Piuttosto, è appena iniziata, soprattutto se consideriamo che quei pensieri profondamente razzisti e discriminatori stanno tornando a diffondersi nella nostra società.
Dobbiamo essere in grado non solo di guardare al passato, ma anche di mettere in discussione il presente per poter costruire un futuro più giusto. Come società abbiamo l’obbligo di riconoscere la stessa dignità e umanità condivisa che appartiene a tutte le persone, indipendentemente dalla loro razza, etnia o origine. Per questo, nel ricordare le vittime della schiavitù, ci impegniamo anche a sradicare ogni forma di sfruttamento e discriminazione che ancora persiste nella nostra società.
Oggi celebriamo la ricchezza delle culture afrodiscendenti, riconoscendo la loro capacità di resilienza e i loro enormi contributi al mondo in tutti i settori: nella musica, nell’arte, nella letteratura, nella scienza, nello sport e molto altro. La ricchezza delle nostre comunità è stata forgiata nel crogiolo della sofferenza e della resistenza di coloro che, nonostante tutta l’ingiusta sofferenza, hanno donato al mondo un’eredità culturale e spirituale di valore inestimabile.
Dobbiamo essere in grado di insegnare alle nuove generazioni la verità sulle atrocità del passato, non solo affinché non si ripetano mai più, ma anche affinché comprendano l’enorme importanza della solidarietà, del rispetto reciproco e della difesa dei diritti umani. Ricordiamo che la storia della schiavitù non è solo una storia di dolore, ma anche una storia di lotta e liberazione che deve essere conosciuta e, soprattutto, riconosciuta.
Lavoriamo insieme per costruire un mondo in cui la dignità umana di ogni persona sia rispettata e celebrata in tutta la sua diversità, senza dimenticare le voci di coloro che hanno lottato per la loro libertà.
Che il loro spirito ci guidi.

🇫🇷FRANÇAIS🇨🇩
ESPOIR DE LIBERTÉ
Chaque année, le 23 août, Journée internationale du souvenir de la traite négrière et de son abolition, nous ne commémorons pas seulement les vies perdues, brisées et soumises sous le joug de l’esclavage, mais nous célébrons également la résistance, la lutte et le courage inébranlable de ceux qui se sont levés contre l’oppression et ont ouvert la voie à la liberté, à l’égalité et à la justice.
La traite négrière fut un crime contre l’humanité qui a laissé une cicatrice profonde dans l’histoire de l’humanité. Des millions d’hommes, de femmes et d’enfants ont été arrachés à l’Afrique, la terre qui les a vus naître, et transportés de force, dans des conditions inhumaines, vers des terres lointaines de l’autre côté de l’Atlantique, où ils furent vendus comme de simples marchandises. Dépouillés de leur identité, de leurs droits et de leur dignité, ils furent soumis à une vie de brutalité, d’exploitation et de souffrance indescriptible. Les chaînes physiques qui les attachaient n’étaient qu’un reflet des chaînes mentales et sociales qui cherchaient à leur imposer un sentiment de servitude, niant toute leur valeur et leur humanité.
Dans ces circonstances sombres, alors que l’espoir semblait perdu, l’étincelle de la résistance est apparue comme jamais auparavant. Dans les plantations, les mines et les foyers, les esclaves ont mené des rébellions, des actes de fuite et de revendication de leur culture et de leurs traditions et, surtout, ont gardé vivant l’espoir de la liberté.
Tout a commencé le 23 août 1791, sur l’île de Saint-Domingue, aujourd’hui Haïti, où a éclaté l’une des rébellions les plus significatives de l’histoire : la Révolution haïtienne. Les esclaves prirent les armes, défiant l’empire colonial et un système qui les avait déshumanisés pendant des siècles. Leur lutte, qui s’est soldée par l’indépendance d’Haïti en 1804, fut un phare d’espoir et un coup sévère porté contre le système esclavagiste qui prévalait et s’étendait dans le monde entier.
L’abolition de l’esclavage, après des décennies de lutte et de sacrifice, fut un immense triomphe, mais la victoire ne fut pas complète. Les pensées racistes qui justifiaient la pratique de l’esclavage ne disparurent pas avec la signature de décrets ou de lois l’abolissant. Au contraire, elles se transformèrent, adoptant de nouvelles formes de violence, d’oppression, de discrimination et d’exclusion qui persistent encore de nos jours sous différentes formes. En effet, le racisme systémique demeure, où l’inégalité économique, la violence et le déni des droits et des opportunités continuent d’affecter les communautés afro-descendantes à travers le monde. Par conséquent, la lutte pour l’égalité, la liberté et la justice est loin d’être terminée. Au contraire, elle ne fait que commencer, surtout si l’on considère que ces pensées profondément racistes et discriminatoires se répandent à nouveau dans notre société.
Nous devons être capables non seulement de regarder le passé, mais aussi de remettre en question le présent afin de construire un avenir plus juste. En tant que société, nous avons l’obligation de reconnaître la même dignité et humanité partagée qui appartient à toutes les personnes, quelle que soit leur race, leur ethnie ou leur origine. Ainsi, en nous souvenant des victimes de l’esclavage, nous nous engageons également à éradiquer toute forme d’exploitation et de discrimination qui persiste encore dans notre société.
Aujourd’hui, nous célébrons la richesse des cultures afro-descendantes, en reconnaissant leur capacité de résilience et leurs immenses contributions au monde dans tous les domaines : dans la musique, l’art, la littérature, la science, le sport et bien plus encore. La richesse de nos communautés a été forgée dans le creuset de la souffrance et de la résistance de ceux qui, malgré toutes les souffrances injustes, ont légué au monde un héritage culturel et spirituel d’une valeur inestimable.
Nous devons être capables d’enseigner aux nouvelles générations la vérité sur les atrocités du passé, non seulement pour qu’elles ne se répètent jamais, mais aussi pour qu’elles comprennent l’importance immense de la solidarité, du respect mutuel et de la défense des droits de l’homme. Rappelons que l’histoire de l’esclavage n’est pas seulement une histoire de douleur, mais aussi une histoire de lutte et de libération qui doit être connue et, surtout, reconnue.
Travaillons ensemble pour construire un monde où la dignité humaine de chaque personne est respectée et célébrée dans toute sa diversité, sans oublier les voix de ceux qui se sont battus pour leur liberté.
Que leur esprit nous guide.

🇵🇹PORTUGUÊS🇧🇷
ESPERANÇA DE LIBERDADE
A cada ano, em 23 de agosto, Dia Internacional da Lembrança do Tráfico de Escravos e de sua Abolição, não apenas lembramos as vidas perdidas, destruídas e subjugadas sob o jugo da escravidão, mas também celebramos a resistência, a luta e a coragem inabalável daqueles que se ergueram contra a opressão e abriram o caminho para a liberdade, a igualdade e a justiça.
O tráfico de escravos foi um crime contra a humanidade que deixou uma cicatriz profunda na história da humanidade. Milhões de homens, mulheres e crianças foram arrancados da África, a terra que os viu nascer, e transportados à força, em condições desumanas, para terras distantes do outro lado do Atlântico, onde foram vendidos como simples mercadoria. Despojados de sua identidade, de seus direitos e de sua dignidade, foram submetidos a uma vida de brutalidade, exploração e sofrimento indescritível. As correntes físicas que os prendiam eram apenas um reflexo das correntes mentais e sociais que buscavam lhes impor um sentido de servidão, negando-lhes todo o seu valor e humanidade.
Sob essas circunstâncias sombrias, quando parecia não haver esperança, a centelha da resistência surgiu como nunca antes. Em plantações, minas e lares, os escravos realizaram rebeliões, atos de fuga e de reivindicação de sua cultura e tradições e, acima de tudo, mantiveram viva a esperança de liberdade.
Tudo começou em 23 de agosto de 1791, na ilha de São Domingos, hoje Haiti, onde eclodiu uma das rebeliões mais significativas da história: a Revolução Haitiana. Os escravos se levantaram em armas, desafiando o império colonial e um sistema que os havia desumanizado durante séculos. Sua luta, que culminou na independência do Haiti em 1804, foi um farol de esperança e um duro golpe contra o sistema escravista que imperava e se estendia por todo o mundo.
A abolição da escravidão, após décadas de luta e sacrifício, foi um triunfo imenso, mas a vitória não foi completa. Os pensamentos racistas que justificavam a prática da escravidão não desapareceram com a assinatura de decretos ou leis que a aboliam. Pelo contrário, transformaram-se, adotando novas formas de violência, opressão, discriminação e exclusão que persistem até os dias de hoje em várias formas. De fato, é evidente a permanência de um racismo sistêmico, onde a desigualdade econômica, a violência e a negação de direitos e oportunidades continuam a afetar as comunidades afrodescendentes em todo o mundo. Portanto, a luta pela igualdade, liberdade e justiça está longe de ter terminado. Pelo contrário, ela mal começou, especialmente se levarmos em conta que esses pensamentos profundamente racistas e discriminatórios voltam a se espalhar por toda a nossa sociedade.
Devemos ser capazes não só de olhar para o passado, mas também de questionar o presente para construir um futuro mais justo. Como sociedade, temos a obrigação de reconhecer a mesma dignidade e humanidade compartilhada que pertence a todas as pessoas, independentemente de sua raça, etnia ou origem. Por isso, ao lembrar as vítimas da escravidão, também nos comprometemos com a erradicação de qualquer forma de exploração e discriminação que ainda persistem em nossa sociedade.
Hoje celebramos a riqueza das culturas afrodescendentes, reconhecendo sua capacidade de resiliência e suas enormes contribuições ao mundo em todas as áreas: na música, na arte, na literatura, na ciência, no esporte e muito mais. A riqueza de nossas comunidades foi forjada no cadinho do sofrimento e da resistência daqueles que, apesar de todo o sofrimento injusto, legaram ao mundo um patrimônio cultural e espiritual de valor inestimável.
Devemos ser capazes de ensinar às novas gerações a verdade sobre as atrocidades do passado, não só para que nunca se repitam, mas também para que compreendam a enorme importância da solidariedade, do respeito mútuo e da defesa dos direitos humanos. Lembremos que a história da escravidão não é apenas uma história de dor, mas também uma história de luta e libertação que deve ser conhecida e, acima de tudo, reconhecida.
Trabalhemos juntos para construir um mundo em que a dignidade humana de cada pessoa seja respeitada e celebrada em toda a sua diversidade, sem esquecer as vozes daqueles que lutaram por sua liberdade.
Que seu espírito nos guie.


