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🇪🇸ESPAÑOL🇲🇽
(Día Internacional de la Mujer)
El 8 de marzo es el día en que resuena un rugido colectivo, un grito de guerra y de “¡basta ya!” que emana de mujeres de todos los rincones del mundo, de todas las etnias, religiones y culturas, quienes, día a día, desafían normas sociales y legales injustas en la lucha por sus derechos fundamentales.
Pero el día 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, es mucho más que una simple fecha en el calendario. Y es que, cuando las puertas de la igualdad de oportunidades se abren a las mujeres y las niñas, toda la sociedad sale ganando; las sociedades igualitarias se vuelven más prósperas y pacíficas, constituyendo la base para un desarrollo sostenible que beneficia a toda la humanidad.
Por ello, en este día honramos a aquellas mujeres que han consagrado su vida al combate por la igualdad, trabajando incansablemente, muchas veces en la sombra, sin recibir el reconocimiento merecido e incluso arriesgando o sacrificando su propia existencia, para derribar las barreras de género que se interponen en el ámbito personal, familiar, laboral, público y social.
Desde los albores de la Revolución Francesa, con figuras emblemáticas como Olympe de Gouges y su Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana en 1791, pasando por las pioneras del sufragio femenino del siglo XIX, tales como Susan B. Anthony y Elizabeth Cady Stanton, y continuando con las defensoras de los derechos civiles del siglo XX, entre las que se destacan Rosa Parks, Eleanor Roosevelt y Gloria Steinem, hasta llegar a las líderes contemporáneas del siglo XXI, como Malala Yousafzai, Michelle Obama y Greta Thunberg, las mujeres han estado a la vanguardia en la lucha por la igualdad entre géneros. En este Día Internacional de la Mujer, reconocemos treinta años de avances y logros desde la histórica conferencia de las Naciones Unidas en Beijing, un acontecimiento que transformó los derechos de las mujeres y los reafirmó como derechos humanos esenciales. Desde ese momento, mujeres y niñas han roto barreras, desafiado estereotipos y exigido con firmeza el reconocimiento del lugar que les corresponde en la sociedad. Un ejemplo sobresaliente es Hansa Mehta, delegada de la India durante la Conferencia de París, quien participó en la redacción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, introduciendo en su primer artículo la consigna “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”, asegurando la igualdad innegable entre mujeres y hombres por su inherente dignidad.
Todas estas mujeres, y muchas otras cuyos nombres quedan en el anonimato, han demostrado día tras día su capacidad para liderar y tomar decisiones trascendentales que han marcado el rumbo de la sociedad. Con valentía y determinación han enfrentado adversidades y han sabido inspirar a generaciones enteras, convirtiéndose en el motor esencial del progreso humano y en la fuerza impulsora de una búsqueda incesante de equidad y justicia. Su legado se refleja en cada avance social y en cada conquista que fortalece el tejido democrático y humano de nuestras comunidades.
Sin embargo, a pesar de los significativos avances en materia de igualdad de género, las mujeres continúan enfrentando desafíos profundos y persistentes en nuestra sociedad. En el ámbito laboral, la brecha salarial sigue siendo una realidad ineludible: es común que las mujeres reciban remuneraciones inferiores a las de sus colegas masculinos por realizar tareas equivalentes, sumado a una discriminación y a un acoso que se han vuelto demasiado habituales. Además, la carga del trabajo no remunerado —que abarca el cuidado de los niños, de personas mayores y las labores domésticas— recae de manera desproporcionada sobre ellas, haciendo invisible un esfuerzo fundamental para el bienestar familiar y social. Pero hay que mirar los retos con lucidez. Los derechos humanos de las mujeres están siendo objeto de ataques, evidenciados en reacciones que intentan revertir los avances conseguidos, y en la persistencia de horrores del pasado, como la violencia, la discriminación y la desigualdad económica, que continúan azotando a innumerables comunidades.
Nuevas amenazas emergen en el entorno digital, donde el sesgo de los algoritmos refuerza desigualdades en los espacios en línea y abre la puerta a novedosas formas de acoso y abuso. En lugar de expandirse la igualdad de derechos, se observa cómo la misoginia se generaliza. Es necesario que seamos conscientes de la urgencia de combatir estas lacras y continuar trabajando por la igualdad de condiciones para todas las mujeres y niñas, conscientes de que el progreso solo es posible cuando se derriban las barreras que aún persisten.
Por todas estas razones, y muchas otras más, el Día Internacional de la Mujer debe erigirse como un clamor ensordecedor que impulse el reconocimiento del esfuerzo de cada mujer y la eliminación de todos los obstáculos que se interponen en su camino. Este día no es únicamente una ocasión para celebrar los logros alcanzados a lo largo de la historia, sino también el momento apropiado para darnos cuenta urgente de que aún queda mucho por hacer. No podemos olvidar que las mujeres son una parte integral y esencial de nuestra economía y de la vida social; por ello, merecen ser reconocidas y valoradas por su labor incansable. Se vuelve imprescindible la implementación de políticas que las respalden en el ámbito laboral, garantizando la igualdad salarial por trabajo de igual valor, protegiendo la maternidad y defendiendo sus derechos frente a toda forma de violencia, discriminación y acoso.
Asimismo, es fundamental continuar trabajando en la construcción de una sociedad global en la que se valore y respete a las mujeres en todos los aspectos de la vida. Este objetivo implica desafiar los estereotipos de género y promover de manera transversal la igualdad, no solo en el seno del hogar, sino también en los centros educativos de todos los niveles y en todos los espacios de trabajo, sin importar la naturaleza o el sector.
La educación se erige como la primera línea de defensa contra la perpetuación de prejuicios; es a través de ella que se pueden desmontar los estereotipos arraigados y lograr el cambio sociocultural necesario para que las mujeres no sean nuevamente infravaloradas ni objeto de discriminación o vulneración de sus derechos. Por ello, es vital apoyar a aquellas mujeres y niñas que se ven privadas del derecho a un desarrollo personal y profesional pleno, a las que se les niega el acceso a la educación y a la formación profesional, y fomentar su capacidad de liderazgo para que puedan ocupar el lugar que justamente les corresponde en la sociedad.
Por supuesto, además de la educación, es imprescindible abogar por políticas que defiendan la igualdad de género en todos los ámbitos de la vida. Esto requiere garantizar la participación activa de las mujeres en la toma de decisiones y promover su representación en espacios políticos y sociales, ya sea mediante manifestaciones, protestas o a través del trabajo de organizaciones que luchan por la igualdad ante gobiernos e instituciones. En este sentido, se hacen necesarias medidas concretas para desbloquear la financiación que permita a los países invertir en igualdad y priorizar estas inversiones. Se requieren políticas que fomenten la igualdad de oportunidades para acceder a empleos decentes, que reduzcan la brecha salarial de género y aborden de manera efectiva la problemática del trabajo de cuidados. Igualmente, es fundamental reforzar y aplicar leyes que pongan fin a toda forma de violencia contra mujeres y niñas, garantizando su plena participación en instancias decisorias, especialmente en áreas cruciales como la consolidación de la paz.
No menos importante es eliminar los obstáculos que enfrentan en campos tan estratégicos como la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas. El Pacto de las Naciones Unidas para el Futuro y el Pacto Digital Global ofrecen pautas claras para guiar estas medidas. Cuando mujeres y niñas pueden abrirse paso en todos los ámbitos, toda la sociedad prospera. Por ello, debemos mantenernos firmes y unidos para hacer realidad los derechos, la igualdad y el empoderamiento de todas, en pro del bienestar de todas las personas y en cualquier rincón del planeta.
En este día tan significativo, debemos honrar a las mujeres que han allanado el camino hacia la igualdad para millones de personas. Sin embargo, es crucial recordar que la lucha por la igualdad de género está lejos de haber concluido. Cada persona, sin importar su género, tiene la oportunidad y la responsabilidad de desempeñar un papel vital en la promoción y defensa de la igualdad, asegurando que nunca retrocedamos en los derechos y en la equidad alcanzados. Defender la igualdad de género es una tarea compartida que demanda la atención y el compromiso de toda la sociedad, y existen múltiples formas en las que cada uno puede contribuir a este objetivo. El tiempo de los estereotipos y de los roles de género tradicionales debe quedar definitivamente en el pasado. Es necesario desterrar para siempre aquellos roles que limitan el empoderamiento de las mujeres y que impiden avanzar hacia una sociedad verdaderamente diversa e inclusiva.
Esta diversidad e inclusión pasa, necesariamente, por el reconocimiento de los derechos inherentes a todas las personas, sin distinción alguna, y por aceptar que todas las personas nacemos libres e iguales en dignidad y derechos. Por eso, cuando hablamos de igualdad entre hombres y mujeres, también hay que subrayar que esa igualdad también ha de serlo entre todos los hombres y entre todas las mujeres. Por esta razón, es inadmisible la exclusión de las mujeres trans de la lucha por la igualdad de derechos. Porque las mujeres trans son mujeres y, por ende, también son titulares de todos los derechos que les corresponden como seres humanos, sin que exista debate alguno al respecto. Porque los derechos humanos no se debaten, únicamente se respetan y se garantizan.
Indudablemente, este día es mucho más que una fecha que nos recuerda la importancia de continuar la lucha por la igualdad en el seno de la sociedad global; es una jornada para celebrar las conquistas alcanzadas, detener cualquier intento de retroceso y enfrentar con valentía los desafíos que aún persisten. Los retos pendientes solo podrán superarse si trabajamos conjuntamente en favor de la igualdad de oportunidades y de la prosperidad compartida por todas las personas, sin que nadie quede excluido.
Nunca olvidemos que los mayores avances en materia de derechos humanos, en derechos fundamentales y en las libertades públicas han llevado siempre la impronta del feminismo y de aquellas mujeres que entregaron todo por alcanzar la igualdad. No reconocer esta realidad, que forma parte ineludible de nuestra historia, equivale a un acto de cinismo, no de desmemoria.
Porque solo entrelazando nuestras manos, apoyándonos mutuamente, lograremos avanzar hacia un futuro de igualdad.
Sigamos ese camino, trabajemos incansablemente por la igualdad y, sobre todo, hagamos que la igualdad se convierta en una realidad palpable.
Por las que fueron, por las que son y por las que serán.
Sigamos recorriendo el camino de la igualdad.
🇬🇧ENGLISH🇺🇸
INTERTWINING OUR HANDS
(International Women’s Day)
March 8th is the day when a collective roar resounds—a battle cry and a shout of “enough is enough!”—emanating from women in every corner of the world, from all ethnicities, religions and cultures, who, day after day, challenge unjust social and legal norms in the fight for their fundamental rights.
But March 8th, International Women’s Day, is much more than just a date on the calendar. Indeed, when the doors to equal opportunities are opened for women and girls, the whole of society benefits; egalitarian communities become more prosperous and peaceful, laying the foundation for sustainable development that benefits all of humanity.
For this reason, on this day we honour those women who have devoted their lives to the struggle for equality, working tirelessly—often in the shadows—without receiving the recognition they deserve, and even risking or sacrificing their own lives to dismantle the gender barriers that impede progress in personal, familial, professional, public and social spheres.
From the dawn of the French Revolution, with emblematic figures such as Olympe de Gouges and her *Declaration of the Rights of Woman and of the Female Citizen* in 1791, through the pioneers of women’s suffrage in the 19th century like Susan B. Anthony and Elizabeth Cady Stanton, and continuing with the civil rights defenders of the 20th century—among whom Rosa Parks, Eleanor Roosevelt and Gloria Steinem stand out—up to the contemporary leaders of the 21st century, such as Malala Yousafzai, Michelle Obama and Greta Thunberg, women have been at the forefront of the struggle for gender equality. On this International Women’s Day, we acknowledge thirty years of progress and achievements since the historic United Nations conference in Beijing, an event that transformed women’s rights and reaffirmed them as essential human rights. Since then, women and girls have broken down barriers, defied stereotypes and steadfastly demanded recognition of the role they rightfully deserve in society. An outstanding example is Hansa Mehta, India’s delegate at the Paris Conference, who helped draft the Universal Declaration of Human Rights, introducing in its first article the motto “All human beings are born free and equal in dignity and rights,” thereby affirming the undeniable equality between women and men by virtue of their inherent dignity.
All these women, and many others whose names remain unknown, have demonstrated day after day their ability to lead and to make momentous decisions that have shaped the course of society. With courage and determination, they have faced adversities and inspired entire generations, becoming the essential engine of human progress and the driving force behind an unceasing pursuit of fairness and justice. Their legacy is reflected in every social advance and every achievement that strengthens the democratic and humane fabric of our communities.
However, despite significant progress in gender equality, women continue to face deep-rooted and persistent challenges in our society. In the workplace, the gender pay gap remains an inescapable reality: it is common for women to receive lower wages than their male colleagues for performing equivalent tasks, compounded by discrimination and harassment that have become all too common. Moreover, the burden of unpaid work—which encompasses childcare, caring for the elderly and domestic duties—falls disproportionately on them, rendering invisible an effort that is fundamental to the well-being of families and society.
Yet, we must view these challenges with clarity. Women’s human rights are under attack, as evidenced by reactions that seek to reverse the progress achieved, and by the persistence of past horrors such as violence, discrimination and economic inequality, which continue to afflict countless communities.
New threats are emerging in the digital realm, where algorithmic bias reinforces inequalities in online spaces and paves the way for novel forms of harassment and abuse. Instead of furthering the expansion of equal rights, we witness the generalisation of misogyny. It is imperative that we recognise the urgency of combating these scourges and continue working towards equal conditions for all women and girls, fully aware that progress is only possible when the barriers that still persist are dismantled.
For all these reasons—and many more—International Women’s Day must stand as a deafening cry that drives the recognition of every woman’s efforts and the elimination of all obstacles that stand in her way. This day is not only an occasion to celebrate the achievements of the past, but also the appropriate moment to acknowledge, with urgency, that much remains to be done. We must not forget that women are an integral and essential part of our economy and social life; therefore, they deserve to be recognised and valued for their tireless work. It is imperative to implement policies that support them in the workplace, ensuring equal pay for work of equal value, protecting maternity and defending their rights against all forms of violence, discrimination and harassment.
Furthermore, it is crucial to continue working towards building a global society in which women are valued and respected in every aspect of life. This objective entails challenging gender stereotypes and promoting equality across the board—not only within the home, but also in educational institutions at every level and in every workplace, regardless of its nature or sector.
Education stands as the first line of defence against the perpetuation of prejudices; it is through education that deeply ingrained stereotypes can be dismantled and the sociocultural change necessary for women to no longer be undervalued or subjected to discrimination or violations of their rights can be achieved. Therefore, it is vital to support those women and girls who are deprived of the right to full personal and professional development, who are denied access to education and vocational training, and to foster their leadership abilities so that they can occupy the position to which they are rightfully entitled in society.
Of course, in addition to education, it is essential to advocate for policies that uphold gender equality in every sphere of life. This requires ensuring the active participation of women in decision-making and promoting their representation in political and social arenas—whether through demonstrations, protests or the work of organisations fighting for equality before governments and institutions. In this regard, concrete measures are needed to unlock funding that enables countries to invest in equality and to prioritise such investments. Policies must be introduced that promote equal opportunities to access decent employment, reduce the gender pay gap, and effectively address the challenges of care work. Equally, it is crucial to strengthen and enforce laws that put an end to all forms of violence against women and girls, ensuring their full participation in decision-making bodies, especially in crucial areas such as peacebuilding.
Equally important is the elimination of obstacles in strategic fields such as science, technology, engineering and mathematics. The United Nations Pact for the Future and the Global Digital Pact offer clear guidelines to steer these measures. When women and girls can make headway in all spheres, society as a whole prospers. Therefore, we must stand firm and united to realise the rights, equality and empowerment of all, for the benefit of everyone, in every corner of the planet.
On this significant day, we must honour the women who have paved the way towards equality for millions. However, it is crucial to remember that the struggle for gender equality is far from over. Every person, regardless of gender, has both the opportunity and the responsibility to play a vital role in promoting and defending equality, ensuring that we never backslide on the rights and equity we have achieved. Defending gender equality is a shared endeavour that demands the attention and commitment of society as a whole, and there are many ways in which each of us can contribute to this goal. The era of stereotypes and traditional gender roles must be left firmly in the past. It is necessary to permanently banish those roles that limit the empowerment of women and hinder the progress towards a truly diverse and inclusive society.
This diversity and inclusion necessarily involves recognising the inherent rights of all individuals, without any distinction, and accepting that all people are born free and equal in dignity and rights. Therefore, when we speak of equality between men and women, we must also emphasise that such equality must extend to all men and all women. For this reason, the exclusion of trans women from the struggle for equal rights is utterly unacceptable. Trans women are women and, consequently, are entitled to all the rights accorded to them as human beings—there is no debate on this matter. For human rights are not open to debate; they must simply be respected and guaranteed.
Undoubtedly, this day is much more than just a reminder of the importance of continuing the fight for equality within global society; it is a day to celebrate the achievements reached, to halt any attempt at regression and to face with courage the challenges that still persist. The remaining challenges can only be overcome if we work together in favour of equal opportunities and shared prosperity for all, ensuring that no one is left behind.
Let us never forget that the greatest advances in human rights, in fundamental rights and in public liberties have always borne the stamp of feminism and of those women who gave everything to achieve equality. Failing to recognise this reality—an inescapable part of our history—amounts to an act of cynicism, not forgetfulness.
For only by intertwining our hands, by supporting one another, will we be able to advance towards a future of equality.
Let us continue down that path, work tirelessly for equality and, above all, make equality a tangible reality.
For those who were, for those who are, and for those who will be.
Let us continue to walk the path of equality.
🇮🇹ITALIANO🇸🇲
INTRECCIANDO LE NOSTRE MANI
(Giornata Internazionale della Donna)
L’8 marzo è il giorno in cui risuona un ruggito collettivo—un grido di battaglia e di “basta!”—che proviene da donne di ogni angolo del mondo, di tutte le etnie, religioni e culture, le quali, giorno dopo giorno, sfidano norme sociali e legali ingiuste nella lotta per i loro diritti fondamentali.
Ma l’8 marzo, Giornata Internazionale della Donna, è molto più di una semplice data sul calendario. Infatti, quando le porte delle pari opportunità si aprono per donne e ragazze, l’intera società ne trae beneficio; le comunità egualitarie diventano più prosperose e pacifiche, costituendo la base per uno sviluppo sostenibile che giova all’intera umanità.
Per questo, in questo giorno onoriamo quelle donne che hanno consacrato la loro vita alla lotta per l’uguaglianza, lavorando instancabilmente—spesso nell’ombra—senza ricevere il giusto riconoscimento e, talvolta, rischiando o sacrificando la propria esistenza per abbattere le barriere di genere che si frappongono in ambito personale, familiare, lavorativo, pubblico e sociale.
Dagli albori della Rivoluzione Francese, con figure emblematiche come Olympe de Gouges e la sua *Dichiarazione dei Diritti della Donna e della Cittadina* del 1791, passando per le pioniere del suffragio femminile del XIX secolo, come Susan B. Anthony ed Elizabeth Cady Stanton, e proseguendo con le difensori dei diritti civili del XX secolo, tra le quali spiccano Rosa Parks, Eleanor Roosevelt e Gloria Steinem, fino ad arrivare alle leader contemporanee del XXI secolo, come Malala Yousafzai, Michelle Obama e Greta Thunberg, le donne sono state in prima linea nella lotta per la parità di genere. In questa Giornata Internazionale della Donna celebriamo trent’anni di progressi e conquiste a partire dalla storica conferenza delle Nazioni Unite a Pechino, un evento che ha trasformato i diritti delle donne, riconoscendoli come diritti umani essenziali. Da allora, donne e ragazze hanno abbattuto barriere, infranto stereotipi e reclamato con fermezza il riconoscimento del ruolo che giustamente spetta loro nella società. Un esempio straordinario è Hansa Mehta, delegata dell’India durante la Conferenza di Parigi, che partecipò alla stesura della Dichiarazione Universale dei Diritti Umani, introducendo nel primo articolo la formula “Tutti gli esseri umani nascono liberi ed eguali in dignità e diritti”, sancendo così l’inevitabile uguaglianza tra donne e uomini per via della loro intrinseca dignità.
Tutte queste donne, e molte altre i cui nomi restano nell’anonimato, hanno dimostrato giorno dopo giorno la loro capacità di guidare e prendere decisioni trascendentali che hanno segnato il corso della società. Con coraggio e determinazione hanno affrontato avversità e saper ispirare intere generazioni, divenendo il motore essenziale del progresso umano e la forza trainante di una ricerca incessante di equità e giustizia. Il loro lascito si riflette in ogni avanzamento sociale e in ogni conquista che rafforza il tessuto democratico e umano delle nostre comunità.
Tuttavia, nonostante i significativi progressi in materia di parità di genere, le donne continuano ad affrontare sfide profonde e persistenti nella nostra società. Sul piano lavorativo, il divario retributivo rimane una realtà ineludibile: è comune che le donne percepiscano salari inferiori a quelli dei colleghi maschi per compiti equivalenti, a cui si aggiungono discriminazioni e molestie ormai troppo diffuse. Inoltre, il peso del lavoro non retribuito—che comprende la cura dei bambini, degli anziani e le faccende domestiche—ricade in maniera sproporzionata su di esse, rendendo invisibile uno sforzo fondamentale per il benessere familiare e sociale.
Occorre però affrontare le sfide con lucidità. I diritti umani delle donne sono oggetto di attacchi, come evidenziato da reazioni che cercano di invertire i progressi ottenuti, e dalla persistenza di orrori del passato, quali violenza, discriminazione e disuguaglianza economica, che continuano a colpire innumerevoli comunità.
Nuove minacce emergono nel contesto digitale, dove il bias algoritmico rafforza le disuguaglianze negli spazi online e apre la porta a nuove forme di molestie e abusi. Invece di favorire l’espansione dei diritti, si assiste alla generalizzazione della misoginia. È fondamentale riconoscere l’urgenza di combattere questi mali e continuare a lavorare per condizioni di uguaglianza per tutte le donne e ragazze, consapevoli che il progresso è possibile solo abbattendo le barriere ancora esistenti.
Per tutte queste ragioni, e molte altre, la Giornata Internazionale della Donna deve erigersi come un grido assordante che promuove il riconoscimento dello sforzo di ogni donna e l’eliminazione di tutti gli ostacoli che si frappongono sul suo cammino. Questa giornata non è soltanto un’occasione per celebrare le conquiste raggiunte nel corso della storia, ma anche il momento propizio per rendersi conto con urgenza che molto resta ancora da fare. Non possiamo dimenticare che le donne sono una parte integrante ed essenziale della nostra economia e della vita sociale; perciò, meritano di essere riconosciute e valorizzate per il loro instancabile contributo. È imprescindibile attuare politiche che le sostengano nel mondo del lavoro, garantendo parità salariale per lavoro di pari valore, tutelando la maternità e difendendo i loro diritti contro ogni forma di violenza, discriminazione e molestia.
Allo stesso modo, è fondamentale continuare a lavorare per costruire una società globale in cui le donne siano apprezzate e rispettate in ogni aspetto della vita. Tale obiettivo implica sfidare gli stereotipi di genere e promuovere la uguaglianza in modo trasversale, non solo nel nucleo familiare, ma anche nelle istituzioni educative di ogni ordine e in tutti gli ambienti lavorativi, indipendentemente dalla natura o dal settore.
L’educazione si erge come la prima linea di difesa contro la perpetuazione dei pregiudizi; è attraverso di essa che è possibile smantellare gli stereotipi radicati e realizzare il cambiamento socioculturale necessario affinché le donne non siano più sottovalutate o vittime di discriminazioni e violazioni dei loro diritti. Per questo motivo, è vitale sostenere quelle donne e ragazze private del diritto a uno sviluppo personale e professionale pieno, a cui viene negato l’accesso all’istruzione e alla formazione, e promuovere la loro capacità di leadership affinché possano occupare il posto che le spetta di diritto nella società.
Naturalmente, oltre all’istruzione, è imprescindibile difendere politiche che tutelino la parità di genere in ogni ambito della vita. Ciò richiede di garantire la partecipazione attiva delle donne nelle decisioni e promuovere la loro rappresentanza negli spazi politici e sociali, sia attraverso manifestazioni, proteste o mediante il lavoro delle organizzazioni che lottano per la uguaglianza davanti a governi e istituzioni. In questo senso, sono necessarie misure concrete per sbloccare i finanziamenti che permettano ai paesi di investire in parità e di dare priorità a tali investimenti. Occorrono politiche che incentivino pari opportunità per accedere a impieghi dignitosi, che riducano il divario retributivo di genere e affrontino in modo efficace la questione del lavoro di cura. Allo stesso modo, è fondamentale rafforzare e applicare leggi che pongano fine a ogni forma di violenza contro donne e ragazze, garantendo la loro piena partecipazione nelle istanze decisionali, specialmente in ambiti cruciali come la costruzione della pace.
Non meno importante è eliminare gli ostacoli che incontrano in settori strategici quali scienza, tecnologia, ingegneria e matematica. Il Patto delle Nazioni Unite per il Futuro e il Patto Digitale Globale offrono linee guida chiare per indirizzare queste misure. Quando donne e ragazze possono affermarsi in ogni ambito, l’intera società prospera. Per questo dobbiamo restare uniti e determinati nel realizzare i diritti, la parità e l’empowerment di tutte, a beneficio di ogni individuo, in ogni angolo del pianeta.
In questo giorno così significativo, dobbiamo rendere omaggio alle donne che hanno aperto la strada alla uguaglianza per milioni di persone. Tuttavia, è cruciale ricordare che la lotta per la parità di genere è tutt’altro che conclusa. Ogni persona, indipendentemente dal genere, ha l’opportunità e la responsabilità di giocare un ruolo vitale nella promozione e difesa della uguaglianza, affinché non si arretri mai quanto ai diritti e all’equità conquistati. Difendere la parità di genere è un compito collettivo che richiede l’attenzione e l’impegno dell’intera società, e vi sono molteplici modi in cui ciascuno di noi può contribuire a questo obiettivo. L’epoca degli stereotipi e dei ruoli di genere tradizionali deve rimanere definitivamente nel passato. È necessario bandire per sempre quei ruoli che limitano l’empowerment delle donne e impediscono di progredire verso una società veramente diversificata e inclusiva.
Questa diversità e inclusione passa necessariamente attraverso il riconoscimento dei diritti intrinseci di ogni individuo, senza alcuna distinzione, e l’accettazione che tutti noi nasciamo liberi ed uguali in dignità e diritti. Perciò, quando parliamo di parità tra uomini e donne, va altresì sottolineato che tale uguaglianza deve estendersi a tutti gli uomini e a tutte le donne. Per questo motivo, è inammissibile l’esclusione delle donne trans dalla lotta per la parità di diritti. Le donne trans sono donne e, di conseguenza, hanno diritto a tutti i diritti che spettano loro in quanto esseri umani—senza alcun dibattito al riguardo. I diritti umani, infatti, non sono in discussione: vanno semplicemente rispettati e garantiti.
Indubbiamente, questo giorno è molto più di una semplice ricorrenza che ci ricorda l’importanza di proseguire la lotta per la parità nella società globale; è una giornata per celebrare le conquiste ottenute, per fermare ogni tentativo di regressione e per affrontare con coraggio le sfide ancora presenti. Le difficoltà residue potranno essere superate solo se lavoriamo insieme a favore di pari opportunità e di una prosperità condivisa da tutti, affinché nessuno rimanga escluso.
Non dimentichiamo mai che i maggiori progressi in materia di diritti umani, diritti fondamentali e libertà pubbliche hanno sempre portato l’impronta del femminismo e di quelle donne che hanno dato tutto per raggiungere la uguaglianza. Non riconoscere questa realtà—parte ineludibile della nostra storia—equivale a un atto di cinismo, non di oblio.
Perché solo intrecciando le nostre mani, sostenendoci a vicenda, riusciremo ad avanzare verso un futuro di uguaglianza.
Continuiamo su questa strada, lavoriamo instancabilmente per la uguaglianza e, soprattutto, facciamo in modo che la uguaglianza diventi una realtà tangibile.
Per quelle che sono state, per quelle che sono e per quelle che saranno.
Proseguiamo insieme il cammino verso la uguaglianza
🇫🇷FRANÇAIS🇨🇩
ENTRELAÇANT NOS MAINS
(Journée internationale de la femme)
Le 8 mars est le jour où résonne un rugueux cri collectif, un appel à la révolte et à « assez, c’est assez ! », émanant de femmes de tous les coins du monde, de toutes les ethnies, religions et cultures, qui, jour après jour, défient des normes sociales et légales injustes dans leur lutte pour leurs droits fondamentaux.
Mais le 8 mars, Journée internationale de la femme, est bien plus qu’une simple date sur le calendrier. En effet, lorsque les portes de l’égalité des chances s’ouvrent aux femmes et aux filles, toute la société en bénéficie ; des communautés égalitaires deviennent plus prospères et pacifiques, posant ainsi les bases d’un développement durable qui profite à l’ensemble de l’humanité.
C’est pourquoi, en ce jour, nous honorons ces femmes qui ont consacré leur vie à la lutte pour l’égalité, travaillant inlassablement – souvent dans l’ombre – sans recevoir la reconnaissance méritée et allant même jusqu’à risquer ou sacrifier leur existence pour abattre les barrières de genre qui se dressent dans les sphères personnelle, familiale, professionnelle, publique et sociale.
Depuis les débuts de la Révolution française, avec des figures emblématiques telles qu’Olympe de Gouges et sa Déclaration des droits de la femme et de la citoyenne en 1791, en passant par les pionnières du suffrage féminin du XIXᵉ siècle, comme Susan B. Anthony et Elizabeth Cady Stanton, et en poursuivant avec les défenseuses des droits civils du XXᵉ siècle – parmi lesquelles Rosa Parks, Eleanor Roosevelt et Gloria Steinem se distinguent – jusqu’aux dirigeantes contemporaines du XXIᵉ siècle telles que Malala Yousafzai, Michelle Obama et Greta Thunberg, les femmes ont toujours été à l’avant-garde de la lutte pour l’égalité des sexes. En cette Journée internationale de la femme, nous reconnaissons trente ans de progrès et de réalisations depuis la conférence historique des Nations Unies à Beijing, un événement qui a transformé les droits des femmes en les réaffirmant comme des droits humains essentiels. Depuis lors, femmes et filles ont brisé les barrières, défié les stéréotypes et exigé avec fermeté la reconnaissance de la place qui leur revient dans la société. Un exemple remarquable est Hansa Mehta, déléguée de l’Inde lors de la Conférence de Paris, qui participa à la rédaction de la Déclaration universelle des droits de l’homme en introduisant dans son premier article la devise « Tous les êtres humains naissent libres et égaux en dignité et en droits », garantissant ainsi l’égalité incontestable entre femmes et hommes en raison de leur dignité inhérente.
Ces femmes, ainsi que bien d’autres dont les noms demeurent anonymes, ont démontré jour après jour leur capacité à diriger et à prendre des décisions transcendantales qui ont façonné le cours de la société. Avec courage et détermination, elles ont surmonté les adversités et su inspirer des générations entières, devenant le moteur essentiel du progrès humain et la force motrice d’une quête incessante d’équité et de justice. Leur héritage se reflète dans chaque avancée sociale et dans chaque conquête qui renforce le tissu démocratique et humain de nos communautés.
Pourtant, malgré les progrès significatifs en matière d’égalité des sexes, les femmes continuent de faire face à des défis profonds et persistants dans notre société. Dans le domaine professionnel, l’écart salarial demeure une réalité incontournable : il est courant que les femmes perçoivent des rémunérations inférieures à celles de leurs collègues masculins pour des tâches équivalentes, auquel s’ajoutent discrimination et harcèlement, devenus trop fréquents. De plus, la charge du travail non rémunéré – comprenant la garde des enfants, l’assistance aux personnes âgées et les tâches ménagères – repose de manière disproportionnée sur elles, rendant invisible un effort fondamental pour le bien-être familial et social. Il faut cependant aborder ces défis avec lucidité. Les droits humains des femmes font l’objet d’attaques, comme en témoignent des réactions tentant d’inverser les progrès accomplis, et la persistance d’horreurs du passé – violence, discrimination et inégalité économique – continue de frapper d’innombrables communautés.
De nouvelles menaces émergent également dans le domaine numérique, où le biais algorithmique renforce les inégalités en ligne et ouvre la porte à de nouvelles formes de harcèlement et d’abus. Plutôt que de favoriser l’expansion de l’égalité des droits, on assiste à une généralisation de la misogynie. Il est impératif que nous prenions conscience de l’urgence de combattre ces fléaux et de poursuivre nos efforts pour garantir des conditions égales pour toutes les femmes et toutes les filles, car le progrès ne sera possible qu’en abattant les barrières qui subsistent.
Pour toutes ces raisons, et bien d’autres encore, la Journée internationale de la femme doit se dresser comme un cri assourdissant qui incite à reconnaître l’effort de chaque femme et à éliminer tous les obstacles sur son chemin. Ce jour n’est pas seulement l’occasion de célébrer les réussites accumulées au fil de l’histoire, mais également le moment propice pour prendre conscience, en urgence, qu’il reste encore beaucoup à faire. Nous ne devons pas oublier que les femmes constituent une partie intégrante et essentielle de notre économie et de la vie sociale ; elles méritent d’être reconnues et valorisées pour leur travail inlassable. Il est impératif de mettre en œuvre des politiques qui les soutiennent dans le monde du travail, en garantissant l’égalité salariale pour un travail de valeur égale, en protégeant la maternité et en défendant leurs droits contre toute forme de violence, de discrimination et de harcèlement.
De même, il est fondamental de continuer à œuvrer à la construction d’une société globale dans laquelle les femmes sont valorisées et respectées dans tous les aspects de la vie. Cet objectif implique de défier les stéréotypes de genre et de promouvoir l’égalité de manière transversale, non seulement au sein du foyer, mais aussi dans les établissements éducatifs de tous niveaux et dans tous les espaces professionnels, quelle que soit leur nature ou leur secteur.
L’éducation constitue la première ligne de défense contre la perpétuation des préjugés ; c’est grâce à elle que l’on peut déconstruire les stéréotypes ancrés et opérer le changement socioculturel nécessaire pour que les femmes ne soient plus sous-évaluées ni victimes de discrimination ou de violations de leurs droits. C’est pourquoi il est vital de soutenir ces femmes et ces filles privées du droit à un épanouissement personnel et professionnel complet, à qui l’accès à l’éducation et à la formation professionnelle est refusé, et de favoriser leur capacité de leadership afin qu’elles puissent occuper la place qui leur revient légitimement dans la société.
Bien entendu, outre l’éducation, il est indispensable de promouvoir des politiques qui défendent l’égalité des sexes dans tous les domaines de la vie. Cela nécessite de garantir la participation active des femmes dans la prise de décision et de promouvoir leur représentation dans les sphères politiques et sociales – que ce soit par le biais de manifestations, de protestations ou grâce au travail des organisations luttant pour l’égalité auprès des gouvernements et des institutions. À cet égard, des mesures concrètes sont requises pour débloquer des financements permettant aux pays d’investir dans l’égalité et de prioriser ces investissements. Il faut adopter des politiques qui encouragent l’égalité des chances pour accéder à des emplois décents, qui réduisent l’écart salarial entre les sexes et qui traitent efficacement la problématique du travail de soins. De même, il est crucial de renforcer et d’appliquer des lois mettant fin à toute forme de violence contre les femmes et les filles, tout en garantissant leur pleine participation aux instances décisionnelles, en particulier dans des domaines cruciaux tels que la consolidation de la paix.
Tout aussi important est d’éliminer les obstacles auxquels elles font face dans des domaines stratégiques tels que la science, la technologie, l’ingénierie et les mathématiques. Le Pacte des Nations Unies pour l’avenir et le Pacte numérique mondial offrent des directives claires pour orienter ces mesures. Lorsque les femmes et les filles peuvent s’affirmer dans tous les domaines, c’est l’ensemble de la société qui prospère. Nous devons donc rester unis et déterminés à concrétiser les droits, l’égalité et l’autonomisation de toutes, pour le bien de chacun, dans tous les recoins de la planète.
En ce jour si significatif, nous devons honorer les femmes qui ont ouvert la voie à l’égalité pour des millions de personnes. Toutefois, il est crucial de se rappeler que la lutte pour l’égalité des sexes est loin d’être terminée. Chaque individu, quel que soit son genre, a l’opportunité et la responsabilité de jouer un rôle vital dans la promotion et la défense de l’égalité, veillant ainsi à ce que nous ne reculions jamais sur les droits et l’équité acquis. Défendre l’égalité des sexes est une tâche collective qui exige l’attention et l’engagement de l’ensemble de la société, et chacun peut contribuer de multiples façons à cet objectif. L’époque des stéréotypes et des rôles traditionnels de genre doit appartenir définitivement au passé. Il est nécessaire de bannir à jamais ces rôles qui limitent l’autonomisation des femmes et freinent l’avancée vers une société véritablement diverse et inclusive.
Cette diversité et cette inclusion reposent nécessairement sur la reconnaissance des droits inhérents à chaque personne, sans aucune distinction, et sur l’acceptation que nous naissons tous libres et égaux en dignité et en droits. C’est pourquoi, lorsque nous parlons d’égalité entre hommes et femmes, il convient également de souligner que cette égalité doit s’appliquer à tous les hommes et à toutes les femmes. Pour cette raison, il est inacceptable d’exclure les femmes trans de la lutte pour l’égalité des droits. Les femmes trans sont des femmes et, de ce fait, elles jouissent de tous les droits qui leur reviennent en tant qu’êtres humains, sans qu’aucun débat ne soit nécessaire. Car les droits humains ne se discutent pas : ils se respectent et se garantissent.
Indubitablement, ce jour est bien plus qu’une date nous rappelant l’importance de poursuivre la lutte pour l’égalité au sein de la société mondiale ; c’est une journée pour célébrer les conquêtes réalisées, pour stopper toute tentative de régression et pour affronter avec courage les défis qui persistent. Les obstacles restants ne pourront être surmontés que si nous travaillons ensemble en faveur de l’égalité des chances et d’une prospérité partagée par tous, sans laisser personne de côté.
N’oublions jamais que les plus grands progrès en matière de droits humains, de droits fondamentaux et de libertés publiques ont toujours porté l’empreinte du féminisme et de ces femmes qui ont tout donné pour atteindre l’égalité. Ne pas reconnaître cette réalité, qui fait partie intégrante de notre histoire, équivaut à un acte de cynisme, et non d’oubli.
Car ce n’est qu’en entrelaçant nos mains, en nous soutenant mutuellement, que nous parviendrons à avancer vers un avenir d’égalité.
Continuons sur cette voie, travaillons sans relâche pour l’égalité et, surtout, faisons en sorte que l’égalité devienne une réalité tangible.
Pour celles qui ont été, pour celles qui sont et pour celles qui seront.
Continuons à parcourir le chemin de l’égalité.
🇵🇹PORTUGUÊS🇧🇷
ENTRELAÇANDO NOSSAS MÃOS
(Dia Internacional da Mulher)
8 de março é o dia em que ressoa um rugido coletivo, um grito de guerra e de “basta!” que emana de mulheres de todos os cantos do mundo, de todas as etnias, religiões e culturas, que, dia após dia, desafiam normas sociais e legais injustas na luta por seus direitos fundamentais.
Mas o dia 8 de março, Dia Internacional da Mulher, é muito mais do que uma simples data no calendário. Pois, quando as portas da igualdade de oportunidades se abrem para mulheres e meninas, toda a sociedade sai ganhando; sociedades igualitárias tornam-se mais prósperas e pacíficas, estabelecendo a base para um desenvolvimento sustentável que beneficia toda a humanidade.
Por isso, neste dia homenageamos aquelas mulheres que dedicaram suas vidas à luta pela igualdade, trabalhando incansavelmente – muitas vezes nas sombras – sem receber o reconhecimento que merecem e, por vezes, arriscando ou sacrificando suas próprias vidas para derrubar as barreiras de gênero que se interpõem nos âmbitos pessoal, familiar, profissional, público e social.
Desde os primórdios da Revolução Francesa, com figuras emblemáticas como Olympe de Gouges e sua Declaração dos Direitos da Mulher e da Cidadã em 1791, passando pelas pioneiras do sufrágio feminino do século XIX, como Susan B. Anthony e Elizabeth Cady Stanton, e continuando com as defensoras dos direitos civis do século XX – entre as quais se destacam Rosa Parks, Eleanor Roosevelt e Gloria Steinem – até chegar às líderes contemporâneas do século XXI, como Malala Yousafzai, Michelle Obama e Greta Thunberg, as mulheres estiveram na vanguarda da luta pela igualdade de gênero. Neste Dia Internacional da Mulher, reconhecemos trinta anos de avanços e conquistas desde a histórica conferência das Nações Unidas em Pequim, um evento que transformou os direitos das mulheres e os reafirmou como direitos humanos essenciais. Desde então, mulheres e meninas romperam barreiras, desafiaram estereótipos e exigiram com firmeza o reconhecimento do lugar que lhes cabe na sociedade. Um exemplo notável é Hansa Mehta, delegada da Índia na Conferência de Paris, que participou da elaboração da Declaração Universal dos Direitos Humanos, introduzindo em seu primeiro artigo o lema “Todos os seres humanos nascem livres e iguais em dignidade e em direitos”, assegurando, assim, a inegável igualdade entre mulheres e homens por sua dignidade inerente.
Todas essas mulheres, e muitas outras cujos nomes permanecem anônimos, demonstraram dia após dia sua capacidade de liderar e tomar decisões transcendentais que marcaram o rumo da sociedade. Com coragem e determinação, enfrentaram adversidades e souberam inspirar gerações inteiras, tornando-se o motor essencial do progresso humano e a força impulsionadora de uma busca incessante por equidade e justiça. Seu legado reflete-se em cada avanço social e em cada conquista que fortalece o tecido democrático e humano de nossas comunidades.
Entretanto, apesar dos significativos avanços em matéria de igualdade de gênero, as mulheres continuam enfrentando desafios profundos e persistentes na nossa sociedade. No âmbito profissional, a disparidade salarial permanece uma realidade inescapável: é comum que as mulheres recebam remunerações inferiores às de seus colegas masculinos por desempenharem funções equivalentes, somado à discriminação e ao assédio que se tornaram demasiadamente frequentes. Além disso, o peso do trabalho não remunerado — que abrange o cuidado de crianças, de idosos e as tarefas domésticas — recai de forma desproporcional sobre elas, tornando invisível um esforço fundamental para o bem-estar familiar e social. Mas é preciso encarar esses desafios com clareza. Os direitos humanos das mulheres estão sendo alvo de ataques, evidenciados por reações que tentam reverter os avanços conquistados, e pela persistência de horrores do passado, como violência, discriminação e desigualdade econômica, que continuam a assolar inúmeras comunidades.
Novas ameaças emergem no ambiente digital, onde o viés dos algoritmos reforça desigualdades nos espaços online e abre a porta para novas formas de assédio e abuso. Em vez de promover a expansão dos direitos, observa-se a generalização da misoginia. É necessário termos consciência da urgência de combater essas pragas e de continuar trabalhando pela igualdade de condições para todas as mulheres e meninas, cientes de que o progresso só é possível quando as barreiras que ainda persistem são derrubadas.
Por todas essas razões, e muitas outras, o Dia Internacional da Mulher deve se erguer como um clamor ensurdecedor que impulsione o reconhecimento do esforço de cada mulher e a eliminação de todos os obstáculos que se interpõem em seu caminho. Este dia não é apenas uma ocasião para celebrar as conquistas alcançadas ao longo da história, mas também o momento apropriado para nos darmos conta, com urgência, de que ainda há muito a ser feito. Não podemos esquecer que as mulheres são parte integrante e essencial de nossa economia e da vida social; por isso, merecem ser reconhecidas e valorizadas por seu trabalho incansável. Torna-se imprescindível a implementação de políticas que as amparem no âmbito profissional, garantindo igualdade salarial por trabalho de igual valor, protegendo a maternidade e defendendo seus direitos contra toda forma de violência, discriminação e assédio.
Da mesma forma, é fundamental continuar trabalhando na construção de uma sociedade global na qual as mulheres sejam valorizadas e respeitadas em todos os aspectos da vida. Esse objetivo implica desafiar os estereótipos de gênero e promover, de forma transversal, a igualdade não apenas no seio familiar, mas também em centros educacionais de todos os níveis e em todos os espaços de trabalho, independentemente de sua natureza ou setor.
A educação se impõe como a primeira linha de defesa contra a perpetuação de preconceitos; é por meio dela que é possível desmontar os estereótipos arraigados e promover a mudança sociocultural necessária para que as mulheres não sejam novamente desvalorizadas ou objeto de discriminação ou violação de seus direitos. Por isso, é vital apoiar aquelas mulheres e meninas privadas do direito a um pleno desenvolvimento pessoal e profissional, a quem é negado o acesso à educação e à formação, e fomentar sua capacidade de liderança para que possam ocupar o lugar que lhes é justamente destinado na sociedade.
Claro que, além da educação, é imprescindível advogar por políticas que defendam a igualdade de gênero em todos os âmbitos da vida. Isso requer garantir a participação ativa das mulheres na tomada de decisões e promover sua representação em espaços políticos e sociais, seja por meio de manifestações, protestos ou pelo trabalho de organizações que lutam pela igualdade diante dos governos e instituições. Nesse sentido, são necessárias medidas concretas para liberar financiamentos que permitam aos países investir na igualdade e priorizar esses investimentos. São requeridas políticas que incentivem a igualdade de oportunidades para o acesso a empregos decentes, que reduzam a disparidade salarial entre os gêneros e que enfrentem, de forma efetiva, a questão do trabalho de cuidados. Igualmente, é fundamental reforçar e aplicar leis que ponham fim a todas as formas de violência contra mulheres e meninas, garantindo sua plena participação em instâncias decisórias, especialmente em áreas cruciais como a consolidação da paz.
Não menos importante é eliminar os obstáculos que enfrentam em campos estratégicos como a ciência, a tecnologia, a engenharia e a matemática. O Pacto das Nações Unidas para o Futuro e o Pacto Digital Global oferecem diretrizes claras para orientar essas medidas. Quando mulheres e meninas podem se destacar em todas as áreas, toda a sociedade prospera. Por isso, devemos permanecer firmes e unidos para fazer com que os direitos, a igualdade e o empoderamento de todas se tornem realidade, beneficiando todas as pessoas em qualquer recanto do planeta.
Neste dia tão significativo, devemos homenagear as mulheres que abriram o caminho para a igualdade de milhões de pessoas. Contudo, é crucial lembrar que a luta pela igualdade de gênero está longe de ter terminado. Cada pessoa, independentemente de seu gênero, tem a oportunidade e a responsabilidade de desempenhar um papel vital na promoção e defesa da igualdade, garantindo que nunca retrocedamos nos direitos e na equidade conquistados. Defender a igualdade de gênero é uma tarefa compartilhada que demanda a atenção e o compromisso de toda a sociedade, e há múltiplas formas de cada um contribuir para esse objetivo. Chegou a hora de deixar para trás os estereótipos e os papéis tradicionais de gênero. É necessário banir de vez aqueles papéis que limitam o empoderamento das mulheres e impedem o avanço rumo a uma sociedade verdadeiramente diversa e inclusiva.
Essa diversidade e inclusão passa, necessariamente, pelo reconhecimento dos direitos inerentes a todas as pessoas, sem qualquer distinção, e pela aceitação de que todos nós nascemos livres e iguais em dignidade e em direitos. Por isso, quando falamos de igualdade entre homens e mulheres, é preciso também enfatizar que essa igualdade deve se estender a todos os homens e a todas as mulheres. Por essa razão, é inadmissível a exclusão das mulheres trans na luta pelos direitos iguais. Porque as mulheres trans são mulheres e, por conseguinte, possuem todos os direitos que lhes são devidos como seres humanos, sem que haja qualquer debate a respeito. Pois os direitos humanos não se discutem: devem simplesmente ser respeitados e garantidos.
Indubitavelmente, este dia é muito mais do que uma data que nos lembra a importância de continuar a luta pela igualdade na sociedade global; é um dia para celebrar as conquistas obtidas, para impedir qualquer tentativa de retrocesso e para enfrentar, com coragem, os desafios que ainda persistem. Os desafios remanescentes só poderão ser superados se trabalharmos juntos em favor da igualdade de oportunidades e da prosperidade compartilhada por todos, sem deixar ninguém para trás.
Nunca nos esqueçamos de que os maiores avanços em matéria de direitos humanos, de direitos fundamentais e de liberdades públicas sempre carregaram a marca do feminismo e daquelas mulheres que deram tudo para alcançar a igualdade. Não reconhecer essa realidade, que faz parte inescapável de nossa história, equivale a um ato de cinismo, e não de esquecimento.
Porque só entrelaçando nossas mãos, apoiando-nos mutuamente, conseguiremos avançar rumo a um futuro de igualdade.
Continuemos por esse caminho, trabalhemos incansavelmente pela igualdade e, sobretudo, façamos com que a igualdade se torne uma realidade palpável.
Pelas que foram, pelas que são e pelas que serão.
Continuemos trilhando o caminho da igualdade.