(Escrito en 🇪🇸🇲🇽– Written in 🇬🇧🇺🇸– Scritto in 🇮🇹🇸🇲– Rédigé en 🇫🇷🇨🇩– Escrito em 🇵🇹🇧🇷)
🇪🇸ESPAÑOL🇲🇽
No hay manera de comenzar este texto sin explotar de ira y frustración. Todo ello con un sentimiento de repulsa que pocas veces he sentido en toda mi vida. Es frustrante la forma en la que el odio va dando pasos y cada vez actúa con más impunidad ante la falta de unión de las fuerzas democráticas. Y hay que hacerlo cuando antes para luchar contra quienes no creen en ella pero se benefician de sus reglas.
Las declaraciones del líder de la ultraderecha en España sobre el buque Open Arms no solo son repugnantes, sino que también son criminales y despreciables. No hay excusa posible. Afirmar que hay que “hundir el barco” y calificarlo de “barco de negreros” no es una opinión política: es una apología de la violencia, un insulto a la vida humana y un ataque directo a quienes salvan vidas. Y lo peor es que estas palabras se pronuncian en público, con repercusión mediática, y hasta en el Congreso de los Diputados, un lugar donde se espera, como mínimo, responsabilidad, decencia y respeto por la humanidad.
Vamos a poner las cosas en claro para quien no lo sepa: el Open Arms salva vidas. Lleva más de una década rescatando a migrantes del Mediterráneo y ahora de la ruta canaria, que se ha convertido en la más mortífera del mundo.
Cada viaje del Open Arms implica un riesgo enorme, compromiso y valentía. Nadie más se atreve a ir donde ellos llegan, a poner sus propios recursos y seguridad al servicio de quienes lo han perdido todo. Y aún así, la ultraderecha española, con su habitual desprecio por la dignidad humana, lo llama “barco de negreros”. No solo es falso; es absurdo y perverso. ¿Cómo se puede comparar salvar vidas con la trata de personas? ¿Qué clase de mente retorcida ve humanidad en la explotación y, al mismo tiempo, desprecia a quienes luchan por salvarla?
Que se hable de hundir un barco lleno de personas vulnerables y de rescatadores valientes es sencillamente un acto de locura y crueldad. Es un mensaje de odio directo, que normaliza la violencia y criminaliza la solidaridad. Estamos hablando de palabras que incitan al miedo y al desprecio por quienes más lo necesitan, que podrían animar a otros a justificar actos violentos contra migrantes y activistas humanitarios. No hay excusa, no hay contexto que justifique algo así: esto no es política, es barbarie disfrazada de discurso político neofascista.
Como siempre su retórica xenófoba y alarmista se basa en la mentira y en el miedo: habla de una “invasión de Europa”, como si miles de personas huyendo de las guerras, del hambre y de la persecución, muchas veces provocadas por occidente, fueran una amenaza, y como si la ayuda humanitaria fuera un crimen. Open Arms y otras ONG arriesgan su vida para salvar la de otros, enfrentándose a tormentas, embarcaciones precarias y corrientes marinas que ponen a prueba todo su valor.
Mientras tanto, la ultraderecha cobarde, desde la comodidad de su cargo o desde su escaño, se dedica a insultar, amenazar y sembrar odio. No hay palabras suficientes para describir lo indignante e irresponsable de esto. Bueno, sí, hay dos: la primera es asco; la segunda, delito.
El presidente de Canarias no dudó en llamar sus palabras “absolutamente inapropiadas, fascistas y xenófobas”, y no es para menos. Esto no es cuestión de opiniones políticas; es cuestión de ética, de humanidad, de respeto por la vida. Que alguien desde el Congreso pueda hablar de hundir un barco que salva vidas demuestra un nivel de deshumanización aterrador. Es como si la ultraderecha neofascista viera a los seres humanos como piezas de un tablero de ajedrez que se pueden eliminar por conveniencia política. Es repugnante, alarmante y completamente inaceptable en una democracia.
Deberíamos sentirnos llenos de rabia, pues mientras miles de personas mueren en el mar intentando cruzar a Europa, hay quienes en lugar de defenderlos o al menos reconocer su sufrimiento, los insulta, los criminaliza y los deshumaniza. No hay nada más repulsivo que un político que utiliza el miedo y la xenofobia como arma electoral, que convierte la tragedia humana en un espectáculo de odio para ganar votos. Y no, no estamos hablando de debate político; estamos hablando de crueldad, ignorancia y peligrosidad concentradas en una persona que ocupa un cargo público.
Mientras Open Arms trabaja para evitar tragedias, la ultraderecha neofascista dedica su tiempo a difamar, inventar y amenazar. Todo esto, es un ataque directo a la humanidad y a quienes defienden la vida en situaciones extremas. Las palabras tienen consecuencias: normalizan el odio, legitiman la violencia y desincentivan la ayuda. No hay justificación moral ni política para eso. Ni siquiera la más mínima decencia, una palabra que deberían buscar en el diccionario.
Las declaraciones no solo son inaceptables, sino peligrosas, profundamente inmorales y, por qué no decirlo, criminales. El discurso de odio puede encontrarse en lugares de poder y, por eso, si verdaderamente nos consideramos una sociedad democrática y comprometida con los derechos humanos hay que denunciarlo, confrontarlo y no permitir nunca que se naturalice.
Open Arms y quienes luchan por salvar vidas merecen respeto, apoyo y reconocimiento, no insultos y amenazas. Y sobre todo, las personas migrantes merecen empatía, protección y justicia, no ser criminalizadas por quienes se dedican a sembrar miedo y odio.
No podemos, no debemos, normalizar ni tolerar este tipo de declaraciones. Debemos alzar la voz, mostrar nuestra indignación y exigir responsabilidad. Porque la solidaridad, la humanidad y la defensa de la vida humana están por encima de cualquier ideología y de cualquier retórica de odio. La falta de empatía, ética y sentido común nunca debería ocupar un lugar de influencia política.
Porque el odio, cuando lleva a este tipo de conductas, debe tener una respuesta clara de la ley y de toda la sociedad.
Salvar vidas no es un crimen.
El odio sí lo es.
🇬🇧ENGLISH🇺🇸
Saving lives is not a crime
There is no way to begin this text without exploding with anger and frustration. All this with a feeling of revulsion that I have rarely felt in my entire life. It is frustrating to see how hatred is gaining ground and acting with increasing impunity in the face of the lack of unity among democratic forces. And we must act as soon as possible to fight against those who do not believe in democracy but benefit from its rules.
The statements made by Spain’s far-right leader about the Open Arms ship are not only repugnant, but also criminal and despicable. There is no possible excuse. Claiming that the ship should be ‘sunk’ and calling it a ‘slave ship’ is not a political opinion: it is an apology for violence, an insult to human life and a direct attack on those who save lives. And the worst thing is that these words are spoken in public, with media coverage, and even in the Congress of Deputies, a place where, at the very least, responsibility, decency and respect for humanity are expected.
Let’s set the record straight for those who don’t know: Open Arms saves lives. It has been rescuing migrants from the Mediterranean for more than a decade and now from the Canary Islands route, which has become the deadliest in the world.
Every Open Arms voyage involves enormous risk, commitment and courage. No one else dares to go where they go, to put their own resources and safety at the service of those who have lost everything. And yet, the Spanish far right, with its usual contempt for human dignity, calls it a ‘slave ship’. Not only is this false, it is absurd and perverse. How can saving lives be compared to human trafficking? What kind of twisted mind sees humanity in exploitation and, at the same time, despises those who fight to save it?
Talking about sinking a ship full of vulnerable people and brave rescuers is simply an act of madness and cruelty. It is a direct message of hate, which normalises violence and criminalises solidarity. We are talking about words that incite fear and contempt for those who need it most, which could encourage others to justify violent acts against migrants and humanitarian activists. There is no excuse, no context that justifies such a thing: this is not politics, it is barbarism disguised as neo-fascist political discourse.
As always, his xenophobic and alarmist rhetoric is based on lies and fear: he speaks of an ‘invasion of Europe’, as if thousands of people fleeing war, hunger and persecution, often caused by the West, were a threat, and as if humanitarian aid were a crime. Open Arms and other NGOs risk their lives to save others, facing storms, precarious boats and sea currents that test their courage to the limit.
Meanwhile, the cowardly far right, from the comfort of their offices or seats in parliament, devote themselves to insulting, threatening and sowing hatred. There are not enough words to describe how outrageous and irresponsible this is. Well, yes, there are two: the first is disgust; the second, crime.
The President of the Canary Islands did not hesitate to call their words ‘absolutely inappropriate, fascist and xenophobic’, and rightly so. This is not a matter of political opinion; it is a matter of ethics, of humanity, of respect for life. That someone in Parliament can talk about sinking a ship that saves lives shows a terrifying level of dehumanisation. It is as if the neo-fascist far right sees human beings as pieces on a chessboard that can be eliminated for political convenience. It is repugnant, alarming and completely unacceptable in a democracy.
We should be filled with rage, because while thousands of people are dying at sea trying to cross into Europe, there are those who, instead of defending them or at least acknowledging their suffering, insult, criminalise and dehumanise them. There is nothing more repulsive than a politician who uses fear and xenophobia as an electoral weapon, who turns human tragedy into a spectacle of hatred to win votes. And no, we are not talking about political debate; we are talking about cruelty, ignorance and danger concentrated in one person who holds public office.
While Open Arms works to prevent tragedies, the neo-fascist far right spends its time slandering, fabricating and threatening. All of this is a direct attack on humanity and on those who defend life in extreme situations. Words have consequences: they normalise hatred, legitimise violence and discourage help. There is no moral or political justification for this. Not even the slightest decency, a word they should look up in the dictionary.
These statements are not only unacceptable, but dangerous, deeply immoral and, it must be said, criminal. Hate speech can be found in places of power, and that is why, if we truly consider ourselves a democratic society committed to human rights, we must denounce it, confront it and never allow it to become normalised.
Open Arms and those who fight to save lives deserve respect, support and recognition, not insults and threats. Above all, migrants deserve empathy, protection and justice, not to be criminalised by those who sow fear and hatred.
We cannot, and must not, normalise or tolerate such statements. We must raise our voices, show our indignation and demand accountability. Because solidarity, humanity and the defence of human life are above any ideology and any rhetoric of hatred. A lack of empathy, ethics and common sense should never occupy a position of political influence.
Because hatred, when it leads to this type of behaviour, must be met with a clear response from the law and from society as a whole.
Saving lives is not a crime.
Hatred is.
🇮🇹ITALIANO🇮🇹
Salvare vite umane non è un crimine
Non c’è modo di iniziare questo testo senza esplodere di rabbia e frustrazione. Il tutto accompagnato da un senso di repulsione che raramente ho provato in tutta la mia vita. È frustrante il modo in cui l’odio avanza e agisce con sempre maggiore impunità di fronte alla mancanza di unione delle forze democratiche. E bisogna farlo al più presto per combattere coloro che non credono in essa ma ne traggono vantaggio.
Le dichiarazioni del leader dell’estrema destra spagnola sulla nave Open Arms non solo sono ripugnanti, ma anche criminali e spregevoli. Non ci sono scuse possibili. Affermare che bisogna “affondare la nave” e definirla “nave negriera” non è un’opinione politica: è un’apologia della violenza, un insulto alla vita umana e un attacco diretto a chi salva vite umane. E la cosa peggiore è che queste parole vengono pronunciate in pubblico, con risonanza mediatica, e persino al Congresso dei deputati, un luogo dove ci si aspetta, come minimo, responsabilità, decenza e rispetto per l’umanità.
Chiariamo le cose per chi non lo sapesse: l’Open Arms salva vite umane. Da oltre un decennio soccorre i migranti nel Mediterraneo e ora anche nella rotta delle Canarie, che è diventata la più mortale al mondo.
Ogni viaggio dell’Open Arms comporta un rischio enorme, impegno e coraggio. Nessun altro osa andare dove loro arrivano, mettere le proprie risorse e la propria sicurezza al servizio di chi ha perso tutto. Eppure, l’estrema destra spagnola, con il suo solito disprezzo per la dignità umana, la definisce “nave negriera”. Non solo è falso, è assurdo e perverso. Come si può paragonare il salvataggio di vite umane alla tratta di esseri umani? Che tipo di mente contorta vede umanità nello sfruttamento e, allo stesso tempo, disprezza coloro che lottano per salvarla?
Parlare di affondare una nave piena di persone vulnerabili e di coraggiosi soccorritori è semplicemente un atto di follia e crudeltà. È un messaggio di odio diretto, che normalizza la violenza e criminalizza la solidarietà. Stiamo parlando di parole che incitano alla paura e al disprezzo per chi ne ha più bisogno, che potrebbero incoraggiare altri a giustificare atti violenti contro migranti e attivisti umanitari. Non ci sono scuse, non c’è contesto che giustifichi una cosa del genere: questa non è politica, è barbarie mascherata da discorso politico neofascista.
Come sempre, la sua retorica xenofoba e allarmistica si basa sulla menzogna e sulla paura: parla di una “invasione dell’Europa”, come se migliaia di persone in fuga da guerre, fame e persecuzioni, spesso provocate dall’Occidente, fossero una minaccia, e come se l’aiuto umanitario fosse un crimine. Open Arms e altre ONG rischiano la vita per salvare quella degli altri, affrontando tempeste, imbarcazioni precarie e correnti marine che mettono alla prova tutto il loro coraggio.
Nel frattempo, la codarda estrema destra, dalla comodità della sua carica o dal suo seggio, si dedica a insultare, minacciare e seminare odio. Non ci sono parole sufficienti per descrivere quanto questo sia indignante e irresponsabile. Beh, sì, ce ne sono due: la prima è disgusto; la seconda, crimine.
Il presidente delle Canarie non ha esitato a definire le sue parole “assolutamente inappropriate, fasciste e xenofobe”, e non c’è da stupirsi. Non è una questione di opinioni politiche, è una questione di etica, di umanità, di rispetto per la vita. Il fatto che qualcuno dal Congresso possa parlare di affondare una nave che salva vite umane dimostra un livello di disumanizzazione terrificante. È come se l’estrema destra neofascista vedesse gli esseri umani come pedine su una scacchiera che possono essere eliminate per convenienza politica. È ripugnante, allarmante e del tutto inaccettabile in una democrazia.
Dovremmo sentirci pieni di rabbia, perché mentre migliaia di persone muoiono in mare cercando di raggiungere l’Europa, c’è chi, invece di difenderle o almeno riconoscere la loro sofferenza, le insulta, le criminalizza e le disumanizza. Non c’è niente di più ripugnante di un politico che usa la paura e la xenofobia come arma elettorale, che trasforma la tragedia umana in uno spettacolo di odio per guadagnare voti. E no, non stiamo parlando di dibattito politico; stiamo parlando di crudeltà, ignoranza e pericolosità concentrate in una persona che ricopre una carica pubblica.
Mentre Open Arms lavora per evitare tragedie, l’estrema destra neofascista dedica il suo tempo a diffamare, inventare e minacciare. Tutto questo è un attacco diretto all’umanità e a coloro che difendono la vita in situazioni estreme. Le parole hanno conseguenze: normalizzano l’odio, legittimano la violenza e scoraggiano l’aiuto. Non c’è alcuna giustificazione morale o politica per questo. Nemmeno la minima decenza, una parola che dovrebbero cercare nel dizionario.
Le dichiarazioni non solo sono inaccettabili, ma anche pericolose, profondamente immorali e, perché non dirlo, criminali. Il discorso dell’odio può essere trovato nei luoghi di potere e, per questo motivo, se ci consideriamo veramente una società democratica e impegnata nei diritti umani, dobbiamo denunciarlo, affrontarlo e non permettere mai che diventi normale.
Open Arms e coloro che lottano per salvare vite umane meritano rispetto, sostegno e riconoscimento, non insulti e minacce. E soprattutto, i migranti meritano empatia, protezione e giustizia, non di essere criminalizzati da coloro che si dedicano a seminare paura e odio.
Non possiamo, non dobbiamo normalizzare né tollerare questo tipo di dichiarazioni. Dobbiamo alzare la voce, mostrare la nostra indignazione ed esigere responsabilità. Perché la solidarietà, l’umanità e la difesa della vita umana sono al di sopra di qualsiasi ideologia e di qualsiasi retorica di odio. La mancanza di empatia, etica e buon senso non dovrebbe mai occupare un posto di influenza politica.
Perché l’odio, quando porta a questo tipo di comportamenti, deve avere una risposta chiara da parte della legge e di tutta la società.
Salvare vite umane non è un crimine.
L’odio sì.
🇫🇷FRANÇAIS🇨🇩
Sauver des vies n’est pas un crime.
Il m’est impossible de commencer ce texte sans laisser éclater ma colère et ma frustration. Tout cela accompagné d’un sentiment de répulsion que j’ai rarement éprouvé dans ma vie. Il est frustrant de voir comment la haine gagne du terrain et agit de plus en plus en toute impunité face au manque d’union des forces démocratiques. Il faut agir au plus vite pour lutter contre ceux qui ne croient pas en la démocratie mais profitent de ses règles.
Les déclarations du leader d’extrême droite en Espagne sur le navire Open Arms sont non seulement répugnantes, mais aussi criminelles et méprisables. Il n’y a aucune excuse possible. Affirmer qu’il faut « couler le bateau » et le qualifier de « bateau négrier » n’est pas une opinion politique : c’est une apologie de la violence, une insulte à la vie humaine et une attaque directe contre ceux qui sauvent des vies. Et le pire, c’est que ces propos sont tenus en public, avec un retentissement médiatique, et même au Congrès des députés, un lieu où l’on attend, au minimum, responsabilité, décence et respect de l’humanité.
Soyons clairs pour ceux qui ne le savent pas : l’Open Arms sauve des vies. Depuis plus d’une décennie, il sauve des migrants en Méditerranée et maintenant sur la route des Canaries, qui est devenue la plus meurtrière au monde.
Chaque voyage de l’Open Arms implique un risque énorme, un engagement et du courage. Personne d’autre n’ose aller là où ils vont, mettre ses propres ressources et sa sécurité au service de ceux qui ont tout perdu. Et pourtant, l’extrême droite espagnole, avec son mépris habituel pour la dignité humaine, le qualifie de « bateau négrier ». Non seulement c’est faux, mais c’est absurde et pervers. Comment peut-on comparer le fait de sauver des vies à la traite des êtres humains ? Quel genre d’esprit tordu voit de l’humanité dans l’exploitation et, en même temps, méprise ceux qui se battent pour la sauver ?
Parler de couler un bateau rempli de personnes vulnérables et de sauveteurs courageux est tout simplement un acte de folie et de cruauté. C’est un message de haine direct, qui normalise la violence et criminalise la solidarité. Il s’agit de propos qui incitent à la peur et au mépris envers ceux qui en ont le plus besoin, qui pourraient encourager d’autres personnes à justifier des actes violents contre les migrants et les militants humanitaires. Il n’y a aucune excuse, aucun contexte qui puisse justifier une telle chose : ce n’est pas de la politique, c’est de la barbarie déguisée en discours politique néofasciste.
Comme toujours, sa rhétorique xénophobe et alarmiste repose sur le mensonge et la peur : il parle d’une « invasion de l’Europe », comme si des milliers de personnes fuyant les guerres, la faim et les persécutions, souvent provoquées par l’Occident, constituaient une menace, et comme si l’aide humanitaire était un crime. Open Arms et d’autres ONG risquent leur vie pour sauver celle des autres, affrontant les tempêtes, les embarcations précaires et les courants marins qui mettent leur courage à rude épreuve.
Pendant ce temps, l’extrême droite lâche, depuis le confort de son poste ou de son siège, se consacre à insulter, menacer et semer la haine. Il n’y a pas de mots suffisants pour décrire à quel point cela est scandaleux et irresponsable. Enfin, si, il y en a deux : le premier est le dégoût, le second, le crime.
Le président des Canaries n’a pas hésité à qualifier ses propos d’« absolument inappropriés, fascistes et xénophobes », et à juste titre. Ce n’est pas une question d’opinions politiques, c’est une question d’éthique, d’humanité, de respect de la vie. Le fait que quelqu’un au Congrès puisse parler de couler un bateau qui sauve des vies témoigne d’un niveau de déshumanisation terrifiant. C’est comme si l’extrême droite néofasciste considérait les êtres humains comme des pions sur un échiquier qui peuvent être éliminés pour des raisons politiques. C’est répugnant, alarmant et totalement inacceptable dans une démocratie.
Nous devrions être remplis de rage, car alors que des milliers de personnes meurent en mer en tentant de rejoindre l’Europe, certains, au lieu de les défendre ou au moins de reconnaître leur souffrance, les insultent, les criminalisent et les déshumanisent. Il n’y a rien de plus répugnant qu’un politicien qui utilise la peur et la xénophobie comme arme électorale, qui transforme une tragédie humaine en un spectacle de haine pour gagner des voix. Et non, nous ne parlons pas ici de débat politique, mais de cruauté, d’ignorance et de dangerosité concentrées dans une personne occupant une fonction publique.
Alors qu’Open Arms s’efforce d’éviter les tragédies, l’extrême droite néofasciste consacre son temps à diffamer, inventer et menacer. Tout cela constitue une attaque directe contre l’humanité et ceux qui défendent la vie dans des situations extrêmes. Les mots ont des conséquences : ils normalisent la haine, légitiment la violence et découragent l’aide. Il n’y a aucune justification morale ou politique à cela. Pas même la moindre décence, un mot qu’ils devraient chercher dans le dictionnaire.
Ces déclarations sont non seulement inacceptables, mais aussi dangereuses, profondément immorales et, pourquoi ne pas le dire, criminelles. Le discours de haine peut se trouver dans les lieux de pouvoir et, par conséquent, si nous nous considérons véritablement comme une société démocratique et engagée en faveur des droits humains, nous devons le dénoncer, le combattre et ne jamais permettre qu’il se normalise.
Open Arms et ceux qui luttent pour sauver des vies méritent respect, soutien et reconnaissance, et non insultes et menaces. Et surtout, les migrants méritent empathie, protection et justice, et non d’être criminalisés par ceux qui s’emploient à semer la peur et la haine.
Nous ne pouvons pas, nous ne devons pas normaliser ni tolérer ce type de déclarations. Nous devons élever la voix, montrer notre indignation et exiger des comptes. Car la solidarité, l’humanité et la défense de la vie humaine sont au-dessus de toute idéologie et de toute rhétorique haineuse. Le manque d’empathie, d’éthique et de bon sens ne devrait jamais occuper une place d’influence politique.
Car la haine, lorsqu’elle conduit à ce type de comportements, doit recevoir une réponse claire de la part de la loi et de l’ensemble de la société.
Sauver des vies n’est pas un crime.
La haine, oui.
🇵🇹PORTUGUÊS🇧🇷
Salvar vidas não é um crime
Não há como começar este texto sem explodir de raiva e frustração. Tudo isso com um sentimento de repulsa que raramente senti em toda a minha vida. É frustrante a forma como o ódio avança e age cada vez mais impunemente diante da falta de união das forças democráticas. E é preciso agir o mais rápido possível para lutar contra aqueles que não acreditam nela, mas se beneficiam das suas regras.
As declarações do líder da extrema-direita em Espanha sobre o navio Open Arms não só são repugnantes, como também criminosas e desprezíveis. Não há desculpa possível. Afirmar que é preciso «afundar o barco» e classificá-lo de «barco de traficantes de escravos» não é uma opinião política: é uma apologia à violência, um insulto à vida humana e um ataque direto àqueles que salvam vidas. E o pior é que estas palavras são proferidas em público, com repercussão mediática, e até mesmo no Congresso dos Deputados, um lugar onde se espera, no mínimo, responsabilidade, decência e respeito pela humanidade.
Vamos deixar as coisas claras para quem não sabe: o Open Arms salva vidas. Há mais de uma década que resgata migrantes no Mediterrâneo e agora na rota das Canárias, que se tornou a mais mortífera do mundo.
Cada viagem do Open Arms implica um risco enorme, compromisso e coragem. Ninguém mais se atreve a ir onde eles vão, a colocar os seus próprios recursos e segurança ao serviço daqueles que perderam tudo. E, mesmo assim, a extrema-direita espanhola, com o seu habitual desprezo pela dignidade humana, chama-lhe «navio de traficantes de escravos». Não só é falso, como é absurdo e perverso. Como se pode comparar salvar vidas com o tráfico de pessoas? Que tipo de mente distorcida vê humanidade na exploração e, ao mesmo tempo, despreza aqueles que lutam para salvá-la?
Falar em afundar um barco cheio de pessoas vulneráveis e de salvadores corajosos é simplesmente um ato de loucura e crueldade. É uma mensagem de ódio direto, que normaliza a violência e criminaliza a solidariedade. Estamos a falar de palavras que incitam ao medo e ao desprezo por aqueles que mais precisam, que podem encorajar outros a justificar atos violentos contra migrantes e ativistas humanitários. Não há desculpa, não há contexto que justifique tal coisa: isto não é política, é barbárie disfarçada de discurso político neofascista.
Como sempre, a sua retórica xenófoba e alarmista baseia-se na mentira e no medo: fala de uma «invasão da Europa», como se milhares de pessoas que fogem das guerras, da fome e da perseguição, muitas vezes provocadas pelo Ocidente, fossem uma ameaça, e como se a ajuda humanitária fosse um crime. A Open Arms e outras ONG arriscam a vida para salvar a de outros, enfrentando tempestades, embarcações precárias e correntes marítimas que põem à prova toda a sua coragem.
Entretanto, a extrema-direita cobarde, a partir do conforto do seu cargo ou do seu lugar no parlamento, dedica-se a insultar, ameaçar e semear o ódio. Não há palavras suficientes para descrever o quão indignante e irresponsável isto é. Bem, sim, há duas: a primeira é repugnância; a segunda, crime.
O presidente das Canárias não hesitou em chamar as suas palavras de «absolutamente inadequadas, fascistas e xenófobas», e não é de admirar. Não se trata de uma questão de opiniões políticas; é uma questão de ética, de humanidade, de respeito pela vida. Que alguém no Congresso possa falar em afundar um barco que salva vidas demonstra um nível de desumanização assustador. É como se a extrema-direita neofascista visse os seres humanos como peças de um tabuleiro de xadrez que podem ser eliminadas por conveniência política. É repugnante, alarmante e completamente inaceitável numa democracia.
Devemos sentir-nos cheios de raiva, pois enquanto milhares de pessoas morrem no mar tentando atravessar para a Europa, há quem, em vez de defendê-las ou pelo menos reconhecer o seu sofrimento, as insulte, criminalize e desumanize. Não há nada mais repugnante do que um político que usa o medo e a xenofobia como arma eleitoral, que transforma a tragédia humana num espetáculo de ódio para ganhar votos. E não, não estamos a falar de debate político; estamos a falar de crueldade, ignorância e periculosidade concentradas numa pessoa que ocupa um cargo público.
Enquanto a Open Arms trabalha para evitar tragédias, a extrema-direita neofascista dedica o seu tempo a difamar, inventar e ameaçar. Tudo isto é um ataque direto à humanidade e àqueles que defendem a vida em situações extremas. As palavras têm consequências: normalizam o ódio, legitimam a violência e desincentivam a ajuda. Não há justificação moral ou política para isso. Nem mesmo a mais mínima decência, uma palavra que deveriam procurar no dicionário.
As declarações não só são inaceitáveis, como também perigosas, profundamente imorais e, por que não dizer, criminosas. O discurso de ódio pode ser encontrado em lugares de poder e, por isso, se realmente nos consideramos uma sociedade democrática e comprometida com os direitos humanos, devemos denunciá-lo, confrontá-lo e nunca permitir que se torne natural.
A Open Arms e aqueles que lutam para salvar vidas merecem respeito, apoio e reconhecimento, não insultos e ameaças. E, acima de tudo, os migrantes merecem empatia, proteção e justiça, não serem criminalizados por aqueles que se dedicam a semear o medo e o ódio.
Não podemos, não devemos normalizar nem tolerar este tipo de declarações. Devemos levantar a voz, mostrar a nossa indignação e exigir responsabilidade. Porque a solidariedade, a humanidade e a defesa da vida humana estão acima de qualquer ideologia e de qualquer retórica de ódio. A falta de empatia, ética e bom senso nunca deveria ocupar um lugar de influência política.
Porque o ódio, quando leva a este tipo de comportamentos, deve ter uma resposta clara da lei e de toda a sociedade.
Salvar vidas não é um crime.
O ódio é.